La izquierda argentina, cada vez más lejos de las masas
por Gustavo Robles (Argenpress.info)
19 años atrás 5 min lectura
La Izquierda en su laberinto
A veces se hace complicado mantener la compostura. Después de todo, por más 'científicos' que pretendamos hacer nuestros razonamientos, los que nos declamamos militantes 'de izquierda' somos, antes que nada, seres humanos. A mí, particularmente, va a ser difícil sacarme la bronca de encima, después de repasar los resultados de las elecciones del domingo que acaba de pasar.
Da bronca que los millones de asalariados y desocupados que sufren todo tipo de privaciones día a día voten a sus verdugos. Bronca y tristeza. Sin embargo, racionalmente encuentro respuesta para ello: vivimos en el sistema capitalista, en el sistema burgués, es decir, en un mundo y en un país donde mandan los patrones, que no sólo viven de explotar la riqueza que las mayorías producen, sino que le imponen a sus explotados una cultura, una manera de pensar, de ver la vida. La mayoría piensa como ellos quieren que piensen. Es decir, así es la realidad, y es por eso que luchamos para cambiarla, y es tan difícil lograrlo.
Da bronca pensar en cómo manipulan los números los lacayos de los patrones, los políticos del sistema, y sus herramientas de difusión. Por ejemplo, dicen que 'la señora' Kristina logró casi el 45% de los votos (lo cual, en principio, no es una 'mayoría', sino una 'primera minoría', ya que para serlo debería superar el 50%). Sin embargo, nada dicen que del padrón electoral cosechó alrededor del 30% (8.200.000 sobre 27.100.000). Y se olvidan de mencionar que el abstencionismo, el voto en blanco y nulo, suman más de 8.500.000 voluntades (31% del padrón), constituyéndose en la verdadera 'primera minoría' del país, superando a la presidenta electa (por supuesto algunos dirán que no es correcto contar el 'abstencionismo estructural', que bajaría el porcentaje del, de todas maneras, impresionante número que expresa la bronca 'contra todos'; pero a esos mismos nunca se les ocurre descalificar los votos clientelares -por ejemplo- de los partidos del sistema. Así que vayamos a los números sin más vueltas). Sin embargo, también a esto le encuentro la respuesta 'racional': estos tipos son lo que son, profesionales de la mentira, del engaño, de la entrega, y viven de eso ¿se puede esperar otra cosa de ellos? Por supuesto que no.
Por eso la mayor bronca me sacude cuando veo -otra vez y van…- los resultados de la izquierda. Recuerdo haber escrito algo parecido en cada elección, pero los infames números son como un eco eterno y lacerante, que vuelve, y vuelve, y vuelve… repitiéndose hasta el infinito. Y hasta el hartazgo.
Es que la izquierda que quiere 'cambiar la realidad de raíz', logró algo que parecía imposible: superarse a sí misma en cuanto a patéticos resultados:
La izquierda clasista, toda junta, sacó: 1,9%
Si contamos a Solanas: (1,61 + 1,9) 3,51%
y haciendo un esfuerzo, contando al PCA, y a Castells: (0,71 + 3,51) 4,22% .
Esto, visto desde el mismo punto de vista que los partidos del sistema, porque si contamos del total del padrón electoral, ese 4,22% se transforma en: 2,82% (766.096 votos sobre un padrón de 27.090.236)
Números, lamentables, por cierto. Siempre decimos convencidos, desde el marxismo, que a través de los votos no se va a hacer la Revolución. Pero estos sí deben servirnos como parámetro para saber dónde estamos parados en la consideración de las masas. Muy bien, en ese sentido, las elecciones del domingo nos dicen taladrantemente que somos de una insignificancia dolorosa; casi inexistentes.
Y en este punto, cuando quiero encontrar respuestas 'racionales', es donde la razón empieza a fallar. Porque, ¿cómo es posible que en el sector de la población donde 'en teoría' se encuentra el pensamiento más humanista y más avanzado, se persista en cometer los mismos errores una y otra y otra vez? ¿Cómo es posible que aquellos que se autoproclaman vanguardia no se den cuenta de una vez por todas que no vanguardizan nada más que a su propia militancia (un grano de arena en el desierto), mientras que 'el sujeto de cambio' les da la espalda y los rechaza? ¿Cómo es posible que aquellos que se manejan como los dueños de 'la Verdad' no caigan en la cuenta que esa 'verdad' -sólo de ellos- los ha aislado hasta el extremo de las aspiraciones de los hombres y mujeres de nuestro suelo? ¿Cómo es posible que no se den cuenta que ninguno por sí solo puede hacer nada? ¿Cómo puede ser que privilegien sus 'caprichos ideológicos' por sobre la necesidad imperiosa de millones de seres humanos? ¿qué pensamiento dialéctico es el que se estanca y se convierte en dogma? ¿qué método científico repite experimentos que probadamente llevan al fracaso?
Tengo miedo de que esto se siga repitiendo.
Hay que decir: basta.
Basta.
¡Basta.!
No podemos seguir así.
Hay que terminar con la auto proclamación, con la intolerancia, con el sectarismo, con la atomización, con el autismo, con la mezquindad, caminos que nos llevan en dirección contraria a nuestros objetivos, y que demuestran cuán atravesado por la cultura burguesa está hoy el movimiento revolucionario. La izquierda así no va más. La Unidad de la Izquierda debe ser, sí o sí a partir de ahora, la máxima prioridad para los revolucionarios en Argentina.
Ahí está la realidad, implacable, dolorosa. La injusticia esparcida por doquier. Millones de vidas que no pueden satisfacer sus necesidades más básicas. La niñez empobrecida, violada, explotada. La vejez irrespetada y abandonada.
Por más reveses que nos depare la lucha de clases, por más que hoy el pueblo nos ignore, por más que el barro nos llegue al cuello, la necesidad de cambio permanece inalterable. Y la vigencia de las ideas que nos guían son banderas irrenunciables, porque sabemos que el mundo puede ser un bello lugar si lo compartimos equitativamente entre todos los seres humanos, sin miseria ni explotación, porque la vida merece ser vivida y gozada por todos y no por unos pocos.
La única salida para la Humanidad sigue siendo el Socialismo, porque la alternativa que nos ofrece el capitalismo es el oprobio y la extinción.
Si de verdad queremos concretar lo que decimos, no queda otra solución que terminar con los viejos vicios y las viejas prácticas. Para demostrar que somos capaces de cambiar la realidad, primero debemos ser capaces de cambiar nosotros.
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