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Los mercaderes de la Venecia mapochina 

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La Venecia del siglo XVI es muy parecida a la ciudad del Mapocho, en pleno siglo XXI: los Partidos son dirigidos por príncipes que se  turnan en el poder; todos son mercaderes millonarios y los quehaceres políticos constituyen un juego dentro de su ocio. El PPD fue una creación del profesor Lagos, que de partido instrumental, se convirtió en eterno. Como la legión extranjera, a nadie le piden carnet de identidad, ni le preguntan por su pasado; en él militan judíos, musulmanes, católicos y de otra gama de credos; los hay ex Mapus, como el inspector Columbo Barrueto y el cuate Fernando Flores; ex Izquierda Cristiana, como el converso Mohamed Bitar; ex radicales, como Schaulsohn y manitos de ángel, Rebolledo; ex comunistas, como Antonio Leal y el gran arquitecto, Patricio Hales, y así, suma y sigue. Ante tanta mezcolanza, no se le puede pedir a este Partido que tenga una ideología común y, ni siquiera, ideas propias: nada de raro, pues este fenómeno de partidos personalistas se está expandiendo, como la peste, en todos los países de América Latina.

Shylock Schaulsohn, un prestamista judío, famoso en la Venecia Mapochina y Jeremy Irons Bitar, un musulmán libanés, convertido al cristianismo, enamorado de Porcia Bachelet, convencido de que una vez que su amada triunfe en las elecciones presidenciales, podrá conquistar su corazón y le ofrecerá un puesto en su ducado, por consiguiente, se atreve a pedirle un préstamo en dinero a Shylock Schaulsohn. El avaro judío, envidioso, hace firmar al ingenuo Jeremy un contrato, según el cual si éste no paga a tiempo la deuda, el prestamista podrá cortar un pedazo de su humanidad. Como en todas las tragedias, las situaciones se complican: Jeremy no logra el amor de Porcia, ni el puesto soñado y, al no tener el capital para pagar lo adeudado, da el gusto al prestamista, que le corta porciones de su cuerpo. El mercader cuate Flores, caracterizado por inventar unos métodos ontológicos, por medio de los cuales empleados y patrones dibujan unos elefantitos y, al fin del día, terminan amándose los unos a los otros, asegurando fenomenales relaciones laborales y buena rentabilidad para las empresas, se encuentra ahora en un estado eufórico, pues aparece eliminando a uno de los mercaderes aspirantes al ducado del PPD.

En esta lucha de los mercaderes de la Venecia Mapochina, lo único cierto es que ninguno de los candidatos ha logrado el amor de Porcia Bachelet, quien esquiva, se niega a concederle su mano a tan avaros y ambiciosos mercaderes.
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