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Chile, Perú y Bolivia: La necesidad de desmantelar un conflicto ampliando la cooperación

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Cuando los argumentos se empapan de expresiones chauvinistas o se despiertan fundamentalismos nacionalistas o aparecen peligrosas reacciones xenofóbicas, es tiempo para callar.
El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. En la Diplomacia la acción mesurada es determinante, no se negocia para la galería, se busca potenciar intereses con racionalidad y juridicidad. La disuasión de la Defensa Nacional es un elemento necesario de la negociación internacional. Pero, junto a las cancillerías y los ejércitos, la civilidad, los pueblos conscientes de la necesidad de espantar los fantasmas del odio, saben que con los conflictos armados los únicos que lucran son los mercaderes de la muerte o quienes terminan manejando las riquezas que se disputaron por la fuerza. Por ello, es necesario aislar los problemas de las distorsiones cortoplacistas  que produce la manipulación mediática de temas que necesariamente son de Estado y de largo plazo.

Estamos viviendo una situación de crisis en las relaciones bilaterales con Perú, pero necesariamente la solución o el acto diplomático que desmantele las tensiones, pasan por incluir a Bolivia en dicha solución.

Elementos de juicio para entender el problema
Partiría preguntando por qué un tema diplomático bilateral se precipitó de pronto con esta ley sobre Línea de Bases del Dominio Marítimo del Perú acordada por unanimidad y promulgada en forma  express el mismo día por el Presidente Toledo. Un presidente que había llegado a tener un índice de respaldo del 5%, que ha tenido altísimo rechazo en el sur del Perú,  aparece recurriendo, en las postrimerías de su mandato a un tema que aglutina  nacionalismos viscerales antichilenos.
De parte de Chile se observó un manejo noticioso un tanto desmedido. Mucha vocería, muchos micrófonos y algunos errores, como haber mencionado que se podría acudir a OEA o los medios transmitiendo el mensaje del Ministro de Defensa señalando que estamos preparados (sic). Una noticia que creció demasiado hasta que  el propio Lagos hizo un llamado a la cautela. Dentro de la vorágine mediática, el tropezón del tema con la campaña presidencial. No bastó con la expresión de respaldo al gobierno de los cuatro candidatos: Lavín apareció navegando por la costa de Arica y Bachelet reuniéndose con el Presidente.

En resumen, Perú ha instalado una controversia y generado una amenaza  En la agenda de las relaciones exteriores se ha instalado un tema político y económico. Una prueba  de fuego para la Cancillería. A partir de los episodios referidos ha quedado la percepción de que Chile no tuvo un seguimiento adecuado del proyecto levantado por Toledo para la fijación unilateral de su proyección marítima. El tema estalló a nivel mediático justo cuando se anunciaba el próximo TLC con China. La necesidad de encarar las relaciones en las fronteras del norte cobra ahora máxima prioridad y exige un manejo silencioso y mesurado, como debe ser la diplomacia.

Fortalecer la ciudad de Arica
En la ciudad de Arica se concentra en interés nacional en estos momentos. Una ciudad con 170 mil habitantes que necesita aumentar su población con medidas especiales. La interrelación fronteriza con Perú y Bolivia genera en Arica un centro de interés regional. La Aduana de Bolivia mantiene oficinas en la ciudad y el Puerto otorga tratamientos especiales a las cargas bolivianas.

La soberanía de Chile exige frente a las fronteras norte, medidas audaces de parte del Estado. La ciudad de Arica debe ser apoyada de manera directa. Podría dotársela de un régimen tributario especial para convertirla en un paraíso fiscal que favorezca la instalación de banca offshore, de proyectos de perfil exportador, ampliando el alcance de los centros de exportación de Parinacota. Arica necesita contrapesar la influencia de Iquique que cuenta con zona franca. Creo que el nuevo socio, China, sería un seguro usuario de un paraíso fiscal en Arica
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Sin embargo, de manera realista, la frontera norte sería mucho más segura para Chile si se dispusiera para Bolivia de un corredor fronterizo que le permitiera romper su mediterraneidad. Permitiría establecer una franja de separación con Perú y solucionar en cooperación temas estratégicos, como las fuentes hídricas para el norte, la provisión de gas, la red energética y el corredor Atlántico Pacífico por la Primera Región de Tarapacá.

Hacia una diplomacia de disuasión y cooperación 
Potenciar el corredor bioceánico norte, combinándolo con un régimen atractivo para la inversión extranjera en Arica, permitiría que más personas decidieran residir en la ciudad de la eterna primavera.

Si Chile lograra destrabar el nudo de la relación bilateral con Bolivia actuando con realismo, reestableciendo en forma urgente las relaciones diplomáticas con este vecino altiplánico;  si se lograse negociar una salida al mar para Bolivia por una franja fronteriza que siguiera la línea de la Concordia, pienso que podría generarse una situación geopolítica favorable para Chile, pues pondría entre Perú y nuestro país una posible franja territorial boliviana, consolidando un nuevo escenario para asegurar una paz estable.

En diciembre se realizarán las elecciones en Bolivia. Las posiciones de Tuto Quiroga y Evo Morales coinciden en activar las relaciones diplomáticas bilaterales con Chile.

Es importante articular propuestas de colaboración que impliquen al mundo aymará y quechua, un tema que requiere que nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores aprenda a comprender las culturas precolombinas en su expresión actual, para poder generar empatía al imaginar acciones de cooperación horizontal entre nuestros países. Un gran desafío para diplomáticos de salón, acostumbrados a codearse con contrapartes del hemisferio norte, pero con notorias falencias respecto de nuestros vecinos altiplánicos.

Un tema que  constituye materia de Estado y que exige un análisis reposado, sin las confusiones que inducen las cámaras de televisión o las campañas electorales. Pienso que la civilidad de Perú, Bolivia y Chile pueden aislar los fundamentalismos nacionalistas, buscando la cuota de racionalidad que requiere construir proyectos de cooperación fronteriza.
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