El repaso permanente de la realidad latinoamericana, contribuye a enfatizar la necesaria comparación con el resto del mundo, signado casi excluyentemente por la vigencia hegemónica del neoliberalismo, la violencia y la barbarie. Desde una perspectiva histórica, éste es el mejor momento de la historia de América Latina, aún con su inconclusa descolonización y modernización plena. Pero ante esta apretada síntesis (que no debe desalentar el análisis crítico de cada experiencia nacional con sus límites y contradicciones) surge inevitablemente el interrogante acerca de cómo conservar lo logrado, profundizar los cambios y estrechar aún más los lazos.