Chile: Dictablanda militar
¿Por qué sucesivos Presidentes no han intervenido para generar un verdadero control civil, a pesar de que hoy un golpe militar ya sería inconcebible? La ciudadanía sin duda los apoyaría. Aquí aventuramos una hipótesis: los mecanismos de ascenso. En teoría, van a ascendiendo los “mejores”. Con toda seguridad se considera su capacidad, disciplina y entrega, pero el criterio de “mejores” también incluye su nivel de adhesión a la ideología del pinochetismo y su pertenencia a la “familia militar”. Con ello, se asegura la autorreproducción de la especie, en esta organización instalada en el nepotismo, la corrupción y la provocación, impropia de una institución digna, llamada a ser modelo para el país y la región.
¿Qué significa ser pinochetista en el Chile de 2018?
La última semana, la agenda pública ha estado marcada por hechos, opiniones y comentarios que, de alguna u otra forma, reivindican el legado del dictador Augusto Pinochet. Expresiones como la de la diputada de Renovación Nacional, Camila Flores, quien asegura estar orgullosa de ser pinochetista, parecen no ser aisladas, sino que representan a un sector relevante de la población en nuestro país.
Sebastián Piñera, el presidente camaleón
Nuestro Presidente es el rey de los lugares comunes de las frases hechos y de “pasar al sol que más calienta”: hace pocos días, con la conmemoración del NO de cartón piedra, se presentaba como un gran demócrata – nada menos que el hijo de don Patricio Aylwin, desplazando a su hija Mariana – que, en su discurso en La Moneda, dijo la vulgaridad de que el triunfo del NO a Pinochet pertenecía a todos los chilenos, en presencia y beneplácito de puros fanáticos del SÍ, y que se les sigue cayendo la baba por el “Tata”.
Ojo: los muchachos del Sí
Tres décadas más jóvenes, algunos de esos «muchachos» del régimen hoy son actuales ministros, como Andrés Chadwick (Interior), Alberto Espina (Defensa) y Marcela Cubillos (Educación); alcaldes, como Joaquín Lavín; o senadores, como Andrés Allamand. Esto es lo que pensaban y defendían en 1988. Véalos y escúchelos. Son los mismos de hoy
Amnesia social y ganó Piñera
Un factor del triunfo de Piñera, bien parecido a la irrupción de Trump en Estados Unidos, es la amnesia social promovida por la Concertación, la que ha debilitado nuestra memoria, imponiendo el olvido, avivado por la desinformación. El olvido no solo de las luchas sociales recientes, sino también de lo que el flamante presidente representa, fugitivo de la justicia y envuelto en fraudes y robos al fisco.
El recetario facista nazi para esconder la corrupcion Penta-UDI
En el país se dispone de múltiples recursos para desenmascarar y castigar a los corruptos, pero hay que hacer funcionar estos dispositivos, me refiero a las instancias de control del ejercicio de la función pública, la fiscalización parlamentaria, las elecciones periódicas, los tribunales de justicia, los medios de comunicación alternativos y plurales, la libre expresión y la organización ciudadana.
La UDI; moralismo acérrimo y corrupción política
En su génesis fundacional, además del modelo político y económico, la UDI se arraigó en un catolicismo preconciliar tutelado por el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y la parroquia El Bosque de Fernando Karadima. Eran los días en que Pinochet conseguía crear un espacio propio dentro de la Iglesia, conformando a un reducido grupo jerárquico incondicional, liderado por el nuncio Angelo Sodano, obispos castrenses y algunos sacerdotes que sacralizaron los horrores de la dictadura.
“¡El dinero debe servir y no gobernar!”: (Papa Francisco, Audiencia en el Palacio Apostólico del Vaticano, 16 de Mayo de 2013).
La crisis de pánico de la derecha
La reacción de la derecha es además inaceptable desde un punto de vista político. Lo es porque el pánico nubla la razón y una razón nublada hace imposible un proceso deliberativo serio. Estamos en un momento de transformaciones importantes. La derecha tiene que asumirlo con madurez política si quiere demostrarle al país y al mundo que su compromiso con la democracia es genuino. Tan genuino como su miedo.
La política sobre un polvorín
La reelección de Michelle Bachelet entrañaba el compromiso de un cambio profundo que ahora es desafiado con arrogancia por las grandes patronales, la poderosa prensa opositora, pero también por la dispersión de su base política. Desacuerdos que ya no le aseguran plenamente al Ejecutivo contar con los votos en el Parlamento para implementar sus iniciativas, lo que indefectiblemente llevará a la población a radicalizar sus demandas, desahuciar la última posibilidad de un cambio dentro de la institucionalidad heredada, cuanto a buscar derroteros políticos por fuera del orden vigente.