Las redes sociales facilitan precisamente este descompromiso con los otros, pues se puede entrar y salir de las redes con la misma facilidad, no existe ninguna condición de persistencia, de constancia que constriña a los individuos a mantenerse unidos a una causa o a un grupo determinado. Las verdaderas disputas se producen en las calles, en la solidaridad de los cuerpos. La calle es el lugar del encuentro por antonomasia, es donde se ponen en contacto nuestras emociones, nuestros proyectos colectivos y nuestras esperanzas.