Los profusos homenajes y discursos en los funerales de Patricio Aylwin no fueron el cierre simbólico de la transición política representada por el ex presidente DC y su “democracia en la medida de lo posible”, sino que fueron un intento de levantar su impronta transaccional y pragmática como proyecto político. El mismo espíritu que inundó a aquellas figuras políticas en los inicios de la transición se reprodujo, de manera exaltada y amplificada, pero también falseada, durante los días de abril.
Pero al volver la mirada, éste ha sido un camino a ninguna otra parte que al mercado. No ha sido un proceso, sino una estación animada con elementos propios del espectáculo, con el cambio y la confrontación como piezas dramáticas bien elaboradas y divulgadas. Es en esta categoría que muere la Concertación para dar paso a la Nueva Mayoría, vehículo para hacer circular durante esta década la misma estrategia inspirada en las dos anteriores. Transacción, negociación, pero más que nada capitulación y cooptación. Y finalmente, corrupción.
Las reformas impulsadas desde 2014 responden a la categoría de esta transformación simulada: han sido discursos de campaña, promociones electorales que en los hechos se han derretido en un compendio de impresiones y efectos. Pasó desde la reforma tributaria hasta la laboral, liquidada ulteriormente con el tiro de gracia de la derecha, el Tribunal Constitucional y la propia Constitución.
Pero este no ha sido un proceso único en la política de esta década. Es la continuidad de los consensos en las diversas instituciones, es una expresión más de la debilidad de la coalición gobernante ante las presiones de las elites. Los homenajes a la “democracia en la medida de lo posible” de Patricio Aylwin, justificada por la Concertación-Nueva Mayoría como una sabia respuesta a un permanente ruido de sables, son a fin de cuentas un no tan tácito reconocimiento complaciente de las actuales políticas. Desde entonces hasta la fecha la política ha sido un espectáculo aparentemente dramático, pero en los hechos bastante frívolo, montado sobre el verdadero escenario, que ha sido toda la institucionalidad neoliberal consensuada con la derecha y el gran empresariado.
El proceso constituyente que impulsa el gobierno de la Nueva Mayoría no escapa a estas categorías. En realidad, tiene todos los elementos de las reformas anteriores, todas levantadas desde sus orígenes con el mismo espíritu transaccional de la transición. Se trata de un mecanismo que tiene en su diseño una trampa, que acotará sus posibilidades de ampliación del debate cuando ingrese en un escasamente representativo Parlamento. Del mismo modo como todas las reformas fueron desguazadas durante su paso por el Senado, con el trabajo entusiasta de no pocos miembros de la misma coalición gubernamental, el proceso constituyente seguirá sin lugar a dudas este mismo curso.
A escasas semanas de haber sido impulsado el proceso constitucional se está reproduciendo con bastante exactitud el clásico esquema. Por un lado, una derecha fundamentalista atrincherada en la Constitución dictatorial de 1980; en el otro bando, una coalición de gobierno silenciada y abierta a todo tipo de negociaciones. Si todas las anteriores y debilitadas reformas terminaron por reforzar el modelo y la institucionalidad política y económica, un proceso constituyente desvaído y consensuado con las elites y el poder de las corporaciones será su plena certificación.
El gobierno y no pocas organizaciones sociales llaman a la participación y el debate, que sabemos no es vinculante en cuanto será la actual institucionalidad política la encargada de zanjar y tomar las decisiones finales. Si el debate senatorial a puertas cerradas ha sido nefasto con las intenciones de cambio al modelo neoliberal, no hay hasta el momento ninguna señal que indique que estos parlamentarios tomen actitudes diferentes. Ante la duda del sentido y eventual utilización de nuestra participación, ¿no sería mejor abstenerse?
-El autor, Paul Walder, es periodista, articulista y analista chileno, licenciado en la Universidad Autónoma de Barcelona.
*Fuente: Nodal
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