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El legado de nuestro abuelo Timoteo, parte de la Memoria del Caliche

El legado de nuestro abuelo Timoteo, parte de la Memoria del Caliche
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05 de octubre de 2026

Los hombres del nitrato
Pablo Neruda

Yo estaba en el salitre, con los héroes oscuros,
con el que cava nieve fertilizante y fina
en la corteza dura del planeta,
y estreché con orgullo sus manos de tierra.

Ellos me dijeron: «Mira,
hermano, cómo vivimos,
aquí en «Humberstone», aquí en «Mapocho»,
en «Ricaventura», en «Paloma»,
en «Pan de Azúcar», en «Piojillo»».

Memorias del Caliche…Legado de familia

En la imagen, mi abuelo Timoteo Cámara Contreras. Nació en 1867, en la oficina salitrera Santa Catalina, al norte del pueblo de Huara. Por entonces, la provincia de Tarapacá era territorio peruano, y una zona, al igual que Antofagasta, poseedora de ricos yacimientos de caliche, apetecido por empresarios de distinto pelaje, que quizá ya tramaban planes para acceder con ventajas a esas valiosas pampas.
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Junto a su esposa, mi abuela Sebastiana Donaire, nacida en 1868 en el pueblo de La Noria, construyeron una familia, con seis hijos, uno de ellos mi padre, también un obrero pampino desde su temprana adolescencia.
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En diciembre de 1907, lo sabemos por herencia oral, el abuelo, ya con numerosa prole a cuestas, se encontraba laborando en las duras faenas del salitre en la oficina Buen Retiro, próxima a Pozo Almonte. Desde allí, y animado de principios solidarios se sumó también al movimiento huelguístico de los obreros de la pampa, bajando a Iquique, a la fatídica escuela Santa María, junto a su cuñado Silverio Donaire, hermano de mi abuela Sebastiana, y lograron sobrevivir a la cruel matanza perpetrada, vaya triste coincidencia, otro funesto día 21.
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Timoteo Cámara Contreras. Fotografía de la década de 1920, en la oficina salitrera La Palma, hoy Santiago Humberstone.

El abuelo Timoteo aprendió por dura experiencia propia, que las difíciles condiciones laborales ligadas a la producción del salitre, en manos de voraces capitales privados, gatilló inevitablemente el despertar de la conciencia de clase y la organización de los obreros de la pampa. La tendencia casi natural a la unidad y un sólido sentimiento de solidaridad entre los asalariados, se impuso por sobre fronteras administrativas y políticas, porque la lucha por el pan y la represión que ésta acarrea no hace distingos de nacionalidades a la hora de proteger privilegios..

Y supo aprender también, que las justas aspiraciones de pretender una mejor vida y condiciones laborales más justas y dignas en las oficinas y campamentos salitreros del norte, así como en otras zonas del país, históricamente han generado como respuesta gubernamental, terribles acciones represivas hacia los trabajadores y sus organizaciones, sucesos que la historia de Chile aún no reconoce a cabalidad.
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En los tiempos que vivimos, cuando la mentirosa y mezquina elite gobernante se propone un “desmantelamiento” de las conquistas y derechos sociales y laborales alcanzados, es relevante y necesario reiterar que los avances y mejoramiento en las condiciones de vida de las mayorías, nunca han sido concesión gratuita de las clases dominantes, muy por el contrario, han sido fruto de la organización, unidad y lucha de los asalariados y asalariadas, de quienes en muchos episodios de la historia ofrendaron sus vidas por un mundo mejor.
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Tenga plena conciencia que la manera más digna de honrar el legado de nuestro abuelo Timoteo, es continuar trabajando y aportando en la construcción de un Chile mejor, con mayor justicia y dignidad.
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