El capitalismo y la alienación económica de los trabajadores
por Jorge Molina Araneda (Chile)
7 años atrás 6 min lectura
“En la artesanía y la manufactura, el trabajador emplea una herramienta; en la fábrica, la máquina utiliza al obrero. En el primer caso, los movimientos de los instrumentos de trabajo provienen de él; en el segundo, ha de seguir el movimiento de las máquinas. En la manufactura, los trabajadores son una parte de un mecanismo vivo; en la fábrica, hay un mecanismo inerte, independiente del obrero, quien se convierte en un simple apéndice vivo”.
Karl Marx, Das Kapital
La Alienación Económica
Tras el pensamiento marxista existe una voluntad de transformación social. Para que dicha voluntad sea posible es necesario denunciar las injusticias e incoherencias del sistema. Tanto Marx como Engels así lo hicieron, y consideraron que el miserable estado de gran parte de la humanidad tenía como causante las relaciones de producción propias del capitalismo, pues este supone una organización internacional del trabajo donde el ser humano no se realiza en plenitud… Más bien se aliena.
El trabajo es natural y esencial para el ser humano. El trabajo, como forma de transformación de la naturaleza y medio para garantizar la subsistencia, se convierte en una necesidad, pero también en una forma de humanización porque permite la realización personal. No obstante, en la sociedad capitalista el trabajo, en lugar de dignificar, solo desposee y aliena, ya que se convierte en una forma de explotación.
Estar alienado significa no identificarse ni reconocerse a sí mismo, ni con aquello que nos define, por ende, implica deshumanización. Se genera alienación cuando el trabajador no se siente reconocido ni valorado, además de percibir que aquello que crea con su labor no pertenece realmente a él. De esto último se destilan tres niveles de alienación económica:
–Respecto del producto del trabajo: se desencadena cuando el trabajador no se reconoce en aquello que crea, ya que no le pertenece. El objeto de su labor o trabajo deviene mercancía y con la transacción comercial se convierte en capital, es decir, se transforma en un instrumento más de explotación. Gran paradoja: el trabajador produce el medio de su opresión.
–Respecto del acto de trabajar: muchas veces se desarrolla en paupérrimas condiciones. Amén, el trabajador carece de posibilidades de desarrollar su habilidad intelectual porque solo es un pequeño agente en el gigantesco engranaje productivo.
–Respecto de la sociedad: la alienación económica hace que el objeto producido no le pertenezca al trabajador sino a otro, creando con ello una escisión en la sociedad, dando lugar a dos grupos o clases sociales antagónicas: la clase oprimida que realmente produce las mercancías y la clase opresora que se apropia de ellas.
La alienación económica tiene plena concreción en la plusvalía, mecanismo que de acuerdo a Marx está en la base de la explotación que ejercita la clase dominante sobre la clase obrera.
La acumulación de capital solo es posible si unas pocas manos acaparan el dominio de los medios de producción y, por lo tanto, se aprovechan de ello. Esta acumulación proviene del incremento que se da entre el capital invertido en la producción y el capital obtenido en la compra-venta de la mercancía, es decir, se crea un plusvalor del producto… Una diferencia que exclusivamente favorece al capitalista, pues éste no se lo retribuye en su salario al trabajador, en tanto que el precio de venta de un determinado producto creado por este último no corresponde a lo que se le paga por crearlo. El propietario o capitalista justifica lo anterior aduciendo que en el valor del producto no solo se cuenta el valor del trabajo del obrero, sino que también adiciona el valor de los medios de producción, y como estos últimos pertenecen al capitalista es de toda justicia que éste se beneficie de ellos. Marx denuncia este hecho como una apropiación ilegítima pues la maquinaria no solo pertenece al patrón de la fábrica que la ha adquirido, sino que también debiese pertenecer al obrero que la ha fabricado, por ende, los medios de producción deberían ser sociales, mas no privados.
En sus Manuscritos Económico-Filosóficos, Marx señalaba:
“El salario se determina por la lucha antagónica entre capitalista y obrero. Triunfa necesariamente el capitalista. El capitalista puede sostenerse más tiempo sin el obrero que éste sin aquél. Las agrupaciones de capitalistas son habituales y efectivas; las coaliciones de obreros están prohibidas y les suponen daños. Además, el terrateniente y el capitalista pueden añadir a sus rentas los beneficios industriales; en cambio, el obrero no complementa con rentas de la tierra ni con intereses del capital aquello que gana con su trabajo en la industria… Por eso es tan grande la competencia entre los obreros. Solo para el obrero es esencial, necesaria y perjudicial la separación de capital, propiedad territorial y trabajo”.
La plusvalía es inherente al capitalismo, donde todo se convierte en mercancía y queda supeditado a las leyes de la oferta y la demanda, incluso el trabajo humano. El excedente de mano de obra determina que el trabajo del obrero se valore muy por debajo de su valor real, lo que se traduce en salarios risibles que lindan con el nivel de subsistencia, es decir, con el mínimo suficiente para que el trabajador continúe laborando al servicio del capital.
Para refrendar lo anterior, el informe de la fundación Oxfam Premiar el trabajo, no la riqueza (2018), señala que:
“En 2017 el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares alcanzó su máximo histórico, con un nuevo milmillonario cada dos días. Este incremento podría haber terminado con la pobreza extrema en el mundo hasta siete veces. El 82% de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del 1% más rico, mientras que la riqueza del 50% más pobre no aumentó lo más mínimo. La riqueza extrema de unos pocos se erige sobre el trabajo peligroso y mal remunerado de una mayoría”.
Para mayor abundamiento, dicho informe también plantea que:
-El esfuerzo en el trabajo ya no necesariamente garantiza progreso para las clases trabajadoras. El 43 % de la población joven activa no tiene trabajo o, si trabaja, sigue viviendo en la pobreza. Entre 1995 y 2014, en 91 países de un total de 135, el aumento de la productividad laboral no vino acompañado con incrementos salariales.
-En definitiva, los ricos observan sentados como su riqueza crece mientras que los trabajadores, a pesar de su esfuerzo, no mejoran su nivel de vida.
Además, el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2018, indica que
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