Dávalos, ¿el “rey de los huevones” o “Pepe Antártico”?
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
11 años atrás 4 min lectura
El primer personaje es muy conocido por la película del mismo nombre y, el segundo, pertenece a la revista picaresca chilena de los años cincuenta, y representa a un frescolín. En primer lugar, Sebastián Dávalos se puede ganar gratuitamente el título de “el rey de los huevones”, pues no dejó estupidez por hacer sobre la base de su insaciable amor al dinero, a los autos de lujo, a la propiedad raíz y, en general, a la vida burguesa; se convierte así en un socialista pillín – lo son algunos ex Mapu como los Correa, los Brunner y los Tironi -.
Me parece ridículo el compadecer a la Presidenta de la República por tener un hijo “cacho”, pues en el fondo, ella también es responsable como madre, en primer lugar, por la educación desde su infancia; en segundo lugar, ella no puede alegar desconocer las inclinaciones y actuaciones de su hijo a través de la vida, en especial cuando ocupó un cargo en el cargo en el área comercial de la Cancillería – ya había quejas y denuncias, entre ellas, la del connotado periodista de la Radio Bío Bío, Tomás Mosciatti, que le valió una querella de parte de Sebastián Dávalos, con el cargo de injurias y calumnias -; en tercer lugar, al nombrarlo en La Moneda en un cargo de su exclusiva responsabilidad, conocedora de los antecedentes de su hijo, no tomó los resguardos necesarios; en cuarto lugar, antepuso su amor maternal – abismo sin medida – a los intereses del Estado, su combinación política y su partido; en quinto lugar, la derecha nunca hubiera imaginado recibir el mejor regalo de la Presidenta de la República; en sexto lugar, debió haber pedido la renuncia, de inmediato, a su hijo y funcionario – tal cual lo hizo con la ministra de Salud, Helia Molina, por decir la verdad en sus declaraciones sobre el aborto y las “cuicas” -.
El periodista José Miguel Villouta tiene toda la razón al hablar, en uno de los programas de la Red, Los vigilantes, de la cobardía de los periodistas y de la Prensa en general al no atreverse a entrevistar a la Mandataria, ni menos preguntarle nada sobre el tema, mucho menos, dar opiniones y análisis. Es necesario saber que los Luksic son propietarios del Canal 13 y que además, la mayoría de los medios de comunicación radial, escrita y televisiva está en manos de los empresarios, por consiguiente, la línea editorial está determinada por ello, y si algún periodista osara traspasar este límite sería, de inmediato, exonerado de su cargo; los pocos medios independientes que existen actualmente tienen baja sintonía – incluso CIPER Chile, que se atreve a realizar investigaciones un poco más audaces, también depende COPESA <dudo que se atrevan a investigar a fondo a Álvaro Saieh, su patrón> -.
Me pregunto, si los políticos son mozos fieles de los empresarios, como está probado con el PentaGate-UDI-Soquimich, ¿por qué no lo van a ser sus periodistas como empleados directos que, cotidianamente son pauteados por sus empleadores? ¿Se puede hablar de opinión pública en un país en que el 70% de los ciudadanos no comprende lo que lee, ni de sistematizar lo que escucha, es decir analfabetos funcionales? Un país donde apenas vota el 40% de los ciudadanos para elegir a sus autoridades, significa que el 60% son analfabetos políticos. Actualmente, el presidente de la república representa sólo el 25% de los ciudadanos, y los diputados, el 8%.
El único personaje que pasa desapercibido en este derrumbe de las instituciones políticas es Andrónico Luksic, uno de los principales responsables en este caso, al conceder un crédito de seis millones de pesos, exigiendo como aval la comparecencia del hijo de la Presidenta de la República, Sebastián Dávalos – hay que ser ingenuo para creer que estos regalos no son cobrados al poder político, considerando que cualquier Presidente en Chile tiene más poder que Luis XIV -.
Hemos llegado a tal grado de podredumbre moral, que Chile, la Fenicia de América Latina, se ha convertido en una sociedad de siete familias plutocráticas que manejan el país a su antojo, y que tiene a su servicio a Ex Presidentes, parlamentarios, jueces y periodistas, que vendrían ser como en La visita de la anciana dama, de Friederich Dürrenmatt, una millonaria que compró las conciencias de todo un pueblo con su dinero.
14/02/2015
Los Luksic se niegan a acatar el fallo de la Corte Suprema y el pueblo de Caimanes lleva 60 días movilizado y la “prensa seria” calla y oculta
por Julia Muñoz Orrego (Chile)
Publicado el 24 enero, 2015
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Para mantener la supremacía la élite debe tener bajo su dominio no solo el poder económico sino también el político y social. Por eso necesita de los dirigentes de la derecha duopólica en cuanto éstos constituyen sus representantes directos. Así, sosteniendo aquella «democracia» en la medida de lo posible, controla a los trabajadores, subordinándonos a sus propias leyes y normas, siendo que todas ellas se reducen, en lo central, a un solo objetivo: sostener el poder incluso en perjuicio del bienestar común, sea a través de la mentira o del «pragmatismo» de la «democracia» de muy baja intensidad.
Por eso Chile no es democrático, porque la sociedad neoliberal que nos caracteriza es fiel expresión de la división de clases en la que los asalariados nos encontramos oprimidos a tal punto que nuestra dependencia es total respecto de esa minoría que dictamina el desarrollo del comercio, la lógica del intercambio de las mercancías, de los derechos de los trabajadores o la capacidad adquisitiva de nuestros salarios. Ello en función de la acumulación privada del capital que no acepta ningún principio o moral que coloque en entredicho la desmezurada ganancia conseguida a costa de la satisfacción de las necesidades de la mayor parte de la población. ¿Cómo hablar de ética en esas condiciones?
Certero el articulo, habría que agregar que Chile, está entre los países del mundo, donde no existe prensa de oposición.
Parece que el verdadero gobernante es el que maneja el bolsillo de la masa popular.
Y el de los que elegimos para representarnos.
Y el de los que se consideran individuos autorealizados.
¿Oscila la historia entre democracias y tiranías populistas por una diferencia considerable en la «calidad de la corrupción»?
¿Es que funcionan con más futuro las colonias de hormigas y abejas que nosotros?