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Argentina: El bloqueo a Monsanto, en defensa de la salud 

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“Podremos perder la vida, pero Monsanto no se va a instalar”, entrevista a Sofía Gatica.

Rebanadas de Realidad – Rel-UITA, Malvinas Argentinas, 11/02/14.- En 1999 Sofía Gatica perdió a su beba de tres días quien padecía insuficiencia renal. Las fumigaciones aéreas de los cultivos transgénicos tuvieron mucho que ver con la muerte de su hija. Para denunciarlas y reclamar el fin de esas prácticas, Gatica fundó el Grupo de Madres del Barrio Ituzaingó Anexo, en la provincia de Córdoba, y desde entonces no ha cesado de participar en todas las luchas que se desarrollan en Argentina con ese objetivo. Por eso no es de extrañar que hoy sea un puntal de la resistencia de la población de Malvinas Argentinas a la instalación de una planta de la transnacional Monsanto.

¿Cómo se inició la lucha contra Monsanto en Malvinas Argentinas?

-Comienza en agosto de 2013, en pleno juicio de Barrio Ituzaingó Anexo. Estábamos peleando con los sojeros que habían envenenado y fumigado a la gente del barrio y nos enteramos de que la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, acababa de anunciar en Estados Unidos que se iba a instalar Monsanto en la ciudad Malvinas Argentinas, muy cerca nuestro, apenas a 14 kilómetros del Centro de la capital provincial.

Justo en uno de los momentos más calientes de nuestra lucha contra las fumigaciones, esta señora nos da la noticia de que la misma transnacional que enfermó y contaminó al Barrio Ituzaingo Anexo, montaría una mega fábrica aquí. Al enterarnos decidimos acercarnos a la ciudad de Malvinas, que ya había comenzado con marchas y protestas contra Monsanto.

Allí llegamos y dimos nuestra opinión: “Basta de marchas; tenemos que tomar el predio para que la empresa no siga construyendo”. No lo entendieron así los compañeros de Malvinas, que se enojaron mucho con nosotros. Pero de a poco se fueron sumando referentes, y con ellos vino más gente.

Primavera sin Monsanto

No van a pasar

Decidimos organizar un festival en conjunto, y realizamos “Primavera sin Monsanto”. La idea ya era tomar el predio, pero no lo hicimos, lo bloqueamos. Cuando terminó el festival y nos quedamos en las carpas, bloqueamos el lugar y a las 5 de la mañana tuvimos las primeras visitas: dos camiones que quisieron ingresar. Nosotros -semidormidos, descalzos y algunos semidesnudos, todos con mucho frío- nos pusimos delante de los camiones y dijimos: “No van a pasar”.

Los choferes no entendían nada, en medio de insultos decían que tenían que ingresar. Desde ese día, hace cuatro meses, están cerradas las cinco entradas del predio.

No debe ser fácil sostenerse acá…

-¡No…! Estamos alejados de todo, no tenemos agua, baños ni comida, estamos a la intemperie, con el agravante de que nos atacan a palos.

El 30 de setiembre de 2013 más de 300 efectivos policiales y de la Infantería vinieron a sacarnos. Nosotros estábamos agarrados de las manos: 30 mujeres y 30 hombres. Ellos en filas de a 30 policías. Avanzaban y nos gaseaban en los ojos, les tiraban las pertenencias a las compañeras, se llevaron a dos detenidas y luego llegaron los camiones. Allí me suelto y voy a enfrentarlos.

Estaba sola, y no me quedaba otra que tirarme y quedar bajo las ruedas para que no avanzaran. Los compañeros me ven y hacen lo mismo: se tiran como 30 delante de las ruedas.

La Policía interviene y nos saca, pero yo insisto y me quedo. Les costó sacarme. Me golpearon la cabeza hasta que me desmayaron. Ese día los policías me pegaron mucho y los camiones no pudieron ingresar. Este fue el primer enfrentamiento grande que hubo.

Las patotas transgénicas

Hubo otros enfrentamientos luego, también muy duros, y no en todos ellos tuvieron enfrente a policías….

-Sí, la siguiente represión fue cuando todos los obreros estaban adentro. Nosotros dejábamos entrar agua, comida y a los trabajadores. Nada más. Ni camiones ni material. Salieron entonces los obreros, unos 200, nos rodearon, nos insultaron, nos rompieron las carpas y destruyeron todo. Eran patoteros de la UOCRA (el sindicato de los trabajadores de la construcción).

Cuando la tercera represión, yo estaba trabajando. Fue protagonizada también por patotas de unos 70 integrantes de la UOCRA, hombres y mujeres, con palos. Se metieron en las carpas de las mujeres, las manosearon. Algunos compañeros fueron muy golpeados y a todos los lastimaron en la cabeza.

Yo llegué por la mañana con la custodia que me acompaña a raíz de las amenazas que había recibido por lo que estaba haciendo en Malvinas Argentinas. Veo a los compañeros golpeados y ensangrentados.

Ahí me tiré debajo de los camiones, pero de nuevo me golpearon hasta desmayarme. Yo estaba sola, porque mis compañeros no habían podido pasar. Ester Quispe, compañera de Malvinas, trató de ayudarme, pero la golpearon y la tiraron sobre mí. Llegó otra compañera, Gisela, y pasó lo mismo.

La última represión fue hace dos semanas. Quisieron entrar, pero en una Asamblea decidimos no dejar ingresar nada, ni agua, ni comida, ni gente, con la excepción del combustible que nos permitía tener luz.

Llegaron efectivos policiales y comenzaron a disparar balas al aire y a la gente que se acercaba.

A Lucas Vaca lo reprimieron con gases en los ojos, y como los compañeros se tomaron de las manos para que no pasaran les tiraron a las piernas. Ya tenemos más de 60 personas heridas. Después del fallo de la Corte, en enero, amparando nuestra lucha y paralizando las obras de la planta, se detuvo la represión. La construcción, de hecho, sigue frenada.

Hoy por hoy la planta está vacía, solo con custodia, pero no hay nadie trabajando. Y no nos vamos a mover. Hemos decidido que si tenemos que perder la vida, la perderemos, pero Monsanto no se va a instalar en Malvinas Argentinas.

REGIONAL LATINOAMERICANA DE LA UNIÓN INTERNACIONAL DE TRABAJADORES DE LA ALIMENTACIÓN, AGRÍCOLAS, HOTELES, RESTAURANTES, TABACO Y AFINES (UITA)

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