Los norteamericanos aprendieron, luego de la derrota sufrida en Vietnam, que el control de la prensa y la opinión pública, es tanto o más importante que el aparato militar que se despliega en sus invasiones por el mundo. De ahí que desde entonces la industria cultural estadounidense se haya dedicado (salvo honrosas excepciones) a “reeducar” a su población para que piense que sus tropas de asalto que conduce su país las vean como una heroica cruzada destinadas a perseguir a supuestos terroristas e instaurar el principio de la , “civilización” occidental (democracia, derechos humanos, justicia y, por supuesto, libertad de mercado). Y también ser garantes de la seguridad nacional norteamericana ante tantos enemigos.
Uno de los componentes de esa decadencia moral ha sido el adormecimiento de la conciencia pública.
Esto se expresa, por ejemplo, en la intensa propaganda conducente a legitimar la tortura, presentada como el único recurso eficaz a la hora de preservar la vida y la propiedad de los norteamericanos de los criminales designios de los terroristas. Son innumerables las series de televisión, películas, programas radiales y medios gráficos que se encargan de inocular, con perversa meticulosidad, este veneno en la población estadounidense.
Claro está que este masivo y persistente lavado de cerebros no se limita tan solo a legitimar la tortura. Su ambición es mucho mayor: se trata de “etiquetar” la conciencia pública a los efectos de otorgar credibilidad al relato épico, según el cual ellos son la “policía del mundo”. Ante él, cualquier discrepancia cae peligrosamente en la traición. La conquista de ese mundo feliz no es una empresa fácil: exige sacrificios y la aceptación de dolorosas realidades, como la tortura y los “daños colaterales” (léase asesinatos y masacres) inevitables en toda guerra. Pero ahora el énfasis de la campaña propagandística se ha venido concentrando sobre la ética y legalidad de los asesinatos selectivos perpetrados contra los enemigos del sistema, cuyos nombres constan en una tétrica nómina aprobada por la Casa Blanca. Instrumento fundamental de este plan criminal son los aviones no tripulados: los drones.
La eficacia de ese proceso de insensibilización moral ha sido notable. Tal como lo han reconocido especialistas en cuestiones militares de los Estados Unidos. Este es el único país en el cual una mayoría de la población (56 %) está abiertamente a favor de enviar drones a cualquier lugar del planeta con tal de capturar o aniquilar terroristas. Una de las últimas encuestas levantadas por la “PewResearch” en marzo de este año señala que 68 por ciento de los votantes o simpatizantes republicanos está de acuerdo con esa práctica criminal, mientras que comparten este punto de vista el 58 por ciento de los demócratas y el 50 por ciento de los independientes. En ningún otro país del mundo se registran sentimientos de este tipo. La medición internacional relevada por PewResearch demuestra que en Francia el 63 por ciento reprueba la utilización de drones; 59 por ciento en Alemania y, ya fuera de Europa, el 73 por ciento en México; 81 por en Turquía, 89 por ciento en Egipto al paso que en Pakistán, donde la actividad criminal de los drones es cosa de todos los días, un previsible 97 por ciento de los encuestados condena el empleo de ese mortal instrumento.
No obstante, pese a este generalizado rechazo fuera de Estados Unidos las operaciones terroristas a cargo de aviones no tripulados crecieron exponencialmente durante el mandato del inútil e inverosímil Premio Nobel de la Paz Barack Obama. Esta opción presidencial es tan fuerte que en la actualidad la Fuerza Aérea de Estados Unidos está entrenando un número mucho mayor de pilotos de drones que de los aviones tripulados. Todo un signo de la virulencia de la actual contraofensiva imperialista, que desmiente en los hechos, y con las miles de víctimas que crecen sin cesar, los discursos humanistas de Obama, las Naciones Unidas y sus países amigos.
Los medios del sistema presentan al Presidente como un hombre de bien cuando, solamente se trata de otro asesino serial más de los varios que han ocupado la Casa Blanca en las últimas décadas. Un solo dato es suficiente para inculparlo: según un informe del “Bureau of Investigative Journalism” por cada “terrorista” eliminado mediante ataques de drones (dejando de lado un análisis de lo que el gobierno estadounidense entiende por “terrorista”) mueren aproximadamente 50 civiles inocentes. Nada de esto es ventilado por la prensa hegemónica dentro de Estados Unidos y sus secuaces, incluido Chile. Tampoco nada dicen de quien o quienes son los que deciden quién es terrorista y debe ser asesinado o no. Porque esto último se puede prestar para todo tipo de tropelías en nombre de La “Seguridad de Estados Unidos”.
La decisión del gobierno colombiano de ingresar a la Otan, o al menos de sellar varios acuerdos de cooperación con esa organización terrorista internacional, sólo puede entenderse al interior de los cambios operados en la estrategia militar de los Estados Unidos. Todas las operaciones militares que ese país está llevando a cabo en estos momentos en Oriente Medio, Asia, África y América Latina tienen componentes distintos, los cuales fueron diseñados para encubrir la magnitud del gasto bélico en que incurre Washington y, de paso, evitar sus responsabilidades por la comisión de los grandes crímenes de guerra que podrían llevar a sus responsables ante la Corte Penal Internacional.
De este modo se preserva a la Casa Blanca de las condenas y críticas que suscitaría una intervención militar directa en las zonas en conflicto, a la vez que logra que los muertos los pongan sus aliados. Por ejemplo, en Siria, apelando a los mercenarios enviados por las teocracias del golfo para cumplir las tareas que tendrían que hacer las tropas norteamericanas. No es demasiado difícil imaginar cuál es el plan de operaciones que Washington tiene preparado para América Latina y el Caribe, y cuál será el papel que en la ejecución del mismo se le asigne a un país, Colombia, cuyo gobierno redobla sin pausa a convertirse en el “Israel de América Latina”.
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