Chile: ¿Quién mató al líder sindical Juan Pablo Jiménez?
por Alejandra Carmona (Chile)
14 años atrás 9 min lectura
25 de Febrero de 2013
El jueves, un disparo en la cabeza hizo que se desplomara en su lugar de trabajo. Estaba hace más de 10 años en Azeta, subcontratista de Chilectra. Uno de los gerentes de la primera empresa dice que también llevarán adelante acciones legales para esclarecer el final de Jiménez, mientras que en su familia y círculo de amigos, dudan de la teoría de la “bala loca” lanzada por la PDI para explicar su muerte. Sólo piden verdad y justicia.
Los labios raperos se pegan al micrófono, sin tregua:
-“Te quieren laborando, alejado del sindicato, trabajando piola sin desacato a su mandato, te quieren bajo el chorro del guanaco si protestas, como pobladores de Aysén o también de Dichato…”.
Cada palabra del rapero Portavoz –parado bajo el toldo oscuro que protege la fosa– hace apretar más las manos, los dientes, las fotos antiguas, las flores que serán depositadas, las banderas rojas que reclaman contra la subcontratación en Chile. Los lienzos con lecturas para “la patronal”, más banderas con la estampa de Clotario Blest. Las botellas con agua para enfriar los 30 grados que calientan el cementerio El Prado de Puente Alto la tarde del sábado 23 de febrero. Lienzos y más lienzos. Afiches y más afiches. Un pedazo de cartón que lleva una de las frases que más repetía Juan Pablo Jiménez: “Prefiero luchar y perder, que perder sin haber luchado”.
Cada estrofa rapera aprieta también el corazón y las pequeñas manos de Benjamín contra su botella de Fanta. El niño, desde ahora el hombre de la casa, entrelaza sus dedos pequeños con los de su mamá, Ximena Acevedo, a quien Juan Pablo conoció el 24 de febrero de 2003 en un paseo por El Quisco. Ambos le dan la última mirada al ataúd café, al papá-esposo que se va entre aplausos, entre lágrimas, con decenas de gargantas gritando “arriba los que luchan”. Que se va en medio de preguntas, del impacto, de la desconfianza de trabajadores y amigos, que hoy sólo están llenos de dudas y se preguntan por qué fue asesinado.
El Necio
Juan Pablo Jiménez tenía 35 años –el 18 de abril cumplía 36– y más de 10 como trabajador de Azeta, empresa subcontratista de Chilectra. Empezó como chofer. Antes de morir, era supervisor de Servicios de Emergencia.
En el cementerio El Prado, con tumbas llenas de remolinos, una joven conecta su Smartphone a un parlante. “Para no hacer de mi ícono pedazos, para salvarme entre únicos e impares, para cederme un lugar en su parnaso, para darme un rinconcito en sus altares…”, ahora suena El Necio de Silvio Rodríguez. La canción que más le gustaba tocar con la guitarra a Juan Pablo, un instrumento que conocía bien y con el que llegaba a las reuniones que hacía su papá Juan Carlos con sus vecinos en la Villa Los Andes del Sur, en Puente Alto. La misma con que animaba a sus compañeros del Domingo Matte Mesías, el liceo industrial donde estudió la enseñanza media, fue presidente de curso, del centro de alumnos y aprendió sobre Tornería. La misma que llevaba al hombro cuando en los ‘90 iba a una pastoral en el paradero 16 de Avenida La Florida.
Aunque había partido a formar su propia familia al paradero 15 de Gran Avenida, mantuvo siempre cercanía con el familión. Con sus dos hermanas, su papá y su mamá, Nancy, que luchó desde que el niño Juan Pablo nació hasta que tuvo cinco años. No fue fácil sacarlo adelante y dejar atrás el Pie bot, una malformación en las extremidades inferiores que requiere sobre todo paciencia para su recuperación.
-Era buen hermano, padre, esposo, hijo y no lo digo sólo en estas circunstancias. Yo siempre le decía ‘llegai a ser hueón de bueno’ –dice Carolina, la hermana de Juan Pablo, ocho años menor, los ojos hinchados de lágrimas en medio del cementerio.
Sin embargo, la desconfianza es el único factor común entre quienes van esta tarde de sábado a despedirlo al cementerio. “Ahora me entero que él había recibido amenazas y seguramente quiso mantenerme al margen protegiéndose un poco porque éramos demasiado unidos, entonces no me quiso contar ni asustar”, dice Ximena Acevedo, sumando más datos a la situación previa a la muerte de Jiménez.
Por eso nadie se explica que el jueves se desplomara sin vida en su lugar de trabajo.
-Nosotros queremos justicia, que se investigue hasta el final. Él tenía dos hijos pequeños… una esposa. Es como si me faltara una mano ahora. Yo no tengo plata para investigar, por eso, si se puede decir que alguien nos ayude… Queremos saber toda la verdad –dice Juan Carlos, papá de Juan Pablo, a quien le gustaba perderse en literatura sobre la Federación Obrera Campesina (FOCH) y que admiraba la CUT. Eso sí, la de 1953, la de Clotario Blest.
Lo que dice la familia, los amigos, los murmullos de las personas que asisten al funeral, es lo mismo. La Policía de Investigaciones, a sólo horas de la muerte del dirigente sindical, lanzó una tesis que no gustó por lo apresurada: “Recabada una grabación de una cámara de seguridad de la empresa, la línea investigativa nos orienta a que el señor Jiménez Garrido fue víctima de lo que se denomina comúnmente como una bala perdida”, comentó el comisario y jefe subrogante de la Policía de Investigaciones, Francisco Orellana.
Una tesis en la que no creen su familia ni sus cercanos.
-Por lo que hemos hablado con la familia, se ha llegado a la conclusión de que seguramente mandaron a matar a Juan Pablo porque es muy poco probable que una bala loca le haya llegado de la forma en la que le llegó a la cabeza- dice Javier Saud (22), amigo de la infancia de Juan Pablo-. A pesar de la diferencia de edad, Javier lo recuerda siempre presente en la vida del pasaje Manao de la Villa Andes del Sur. En el guitarreo, las fiestas colectivas de Navidad y los partidos de baby, donde Juan Pablo siempre se lució como arquero.
-Un día yo traje a un amigo futbolista profesional, Hugo Bravo, y el Juan Pablo le atajó todos los goles –comenta César Hormázabal, otro vecino.
Javier entrega otros detalles que los hacen dudar: “Juan Pablo también presentaba hematomas en el cuerpo. En ningún momento los amigos y la familia aceptamos lo que dice la PDI. Nosotros sólo pedimos que se diga la verdad”.
La duda
El gerente de la Unidad de Negocios Eléctricos de Azeta, Daniel Belmar, sabe lo que se comenta y las preguntas que caen espesas sobre una eventual relación entre la muerte de Jiménez y su labor como líder sindical.
Cientos de personas acompañaron el cuerpo de Jiménez en el cementerio El Prado de Puente Alto. Adelante iba su amigo Javier Saud, con un cartel que recordaba unas de las frases de Juan Pablo: “Prefiero luchar y perder, que perder sin haber luchado”.
-Azeta tiene mil trabajadores, aproximadamente, y el 40% de los trabajadores están sindicalizados. El sindicato de Juan Pablo tenía 40 trabajadores. Negociamos en diciembre y llegamos a acuerdo. La relación fue siempre en medio del respeto. Nunca ha existido agresión o maltrato o la teoría que se está planteando –comenta por teléfono, antes de decir que también se sumarán a la investigación–. “Nos vamos a querellar. Porque tenemos una obligación de trasmitirle seguridad a todas las familias de nuestros trabajadores”, dice.
Belmar fue uno de los primeros en llegar después de la muerte de Jiménez. Según dice, estaba en la misma empresa, pero en diferentes zonas de la sede ubicada en Isabel Riquelme, esquina Carmen, en San Joaquín.
-Juan Pablo estaba sentado afuera, en una banca de una oficina de madera donde está la guardia. 30 segundos antes había conversado con unos compañeros. Cuando se desplomó me fueron a buscar a mí que estaba 100 metros más allá. Todos pensamos que había sido un desmayo, pero no se veía nada de bien. Tenía los ojos fijos y los labios morados. Yo vi muy poca sangre en el suelo. No pensé nunca que podía ser una bala. Cuando me avisaron, eran aproximadamente las 15:58 del jueves. Llamé a la ambulancia, pero decidimos llevarlo en mi camioneta (una Chevrolet D-Max) hasta la Asociación Chilena de Seguridad. Iban cuatro personas e intentamos reanimarlo en todo momento. No tardamos más de 12 minutos en el traslado.
Sin embargo, nada se pudo hacer. Belmar revisó con la PDI las grabaciones de la empresa:
-Sólo se ve que se desploma.
Margarita Peña, abogada y asesora del sindicato que presidía Jiménez, le comentó a El Dínamo que el viernes pasado “había una audiencia en que Juan Pablo era partidario de denunciar, ante los Tribunales y la Dirección del Trabajo, todos los atropellos de los derechos laborales y, especialmente, los despidos injustificados. Hace poco echaron a dos trabajadores, arbitrariamente después de 9 años”.
Juan Pablo Jiménez, presidente del sindicato Nº1 de la empresa Azeta, también participó con la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) en la campaña “Yo No Presto el Voto”.
La CUT pedirá un fiscal especial para indagar la muerte de Juan Pablo y el ministro del Trabajo (s) Bruno Baranda, informó que el jefe de fiscalizaciones de la Dirección del Trabajo, Jorge Arriagada, ya se acercó a la empresa para tener más antecedentes e investigar. Raúl Guzmán, fiscal regional metropolitano sur, dijo a CNN que “hubo denuncias que el día jueves en horas de la tarde se produjeron enfrentamientos y balaceras en el sector de La Legua (colindante con la empresa). En ese sentido están encaminadas hoy día las diligencias para identificar el lugar y quienes participaron en estos hechos”.
Sin embargo, la desconfianza es el único factor común entre quienes van esta tarde de sábado a despedir a Juan Pablo Jiménez al cementerio. “Ahora me entero que él había recibido amenazas y seguramente quiso mantenerme al margen protegiéndose un poco porque éramos demasiado unidos, entonces no me quiso contar ni asustar”, dice Ximena Acevedo, sumando más datos previos a la muerte.
Antes de que la urna comience a enterrarse en el suelo, el cementerio es un desgarro. Uno de los asistentes levanta el puño izquierdo y grita: “Justicia, verdad, no a la impunidad”. Todos repiten. Una, dos, tres veces. Por un momento, en ese cementerio, se siente a Chile retroceder 40 años.
El Smartphone lanza por el parlante la canción de despedida. La guitarra y la voz de Silvio Rodríguez suenan en el adiós: “De tres hermanos el más grande se fue, por la vereda a descubrir y a fundar…”. Y la música de nuevo hace apretar las manos, los dientes, las fotos antiguas, las flores que son depositadas, las banderas rojas que reclaman contra la subcontratación en Chile. Los lienzos con lecturas para “la patronal”, más banderas con la estampa de Clotario Blest. Las botellas con agua para enfriar los 30 grados que calientan el cementerio El Prado de Puente Alto.
*Fuente: El Mostrador
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