La razón en fase de larva y de capullo
por Leonardo Boff (Brasil)
14 años atrás 4 min lectura
2012-08-03
Quien haya leido mis últimos textos sobre ecología y la situación dramática de la Tierra, tal vez se haya quedado con una impresión de pesimismo. No puede ser pesimista quien se da cuenta de los peligros reales que pesan sobre nuestro destino. Debemos siempre respetar la realidad, pero al mismo tiempo es necesario ampliar la comprensión de la realidad. Ésta es mayor de lo que se muestra, pues lo potencial también es parte de lo real. Siempre hay una reserva utópica presente en todos los eventos. Si comprendemos la realidad así enriquecida, no se justifica un pesimismo cerrado, sino un realismo esperanzador. Éste capta la eventual irrupción de lo nuevo escondido dentro de lo potencial y de lo utópico. Esto nuevo hace entonces historia y funda otro estado de conciencia e inaugura un ensayo social distinto.
Además, si tomamos distancia y medimos nuestro tiempo histórico con el tiempo cósmico, tenemos aún más razones para la esperanza. Si condensamos en un año el tiempo cósmico, los 13,7 miles de millones de años que es la edad presumible de nuestro universo, notaremos que como humanos existimos hace solo una pequeñísima fracción de tiempo. Así, el 31 de diciembre a las 5 de la tarde nacieron nuestros antepasados pre-humanos. El 31 de diciembre a las 10 de la noche entró en escena el ser humano primitivo. El 31 de diciembre a las 23 horas, 58 minutos y 10 segundos surgió el hombre de hoy llamado sapiens sapiens. El 31 de diciembre a las 23.00 horas, 59 minutos y 56 segundos nació Jesucristo. El 31 de diciembre a las 23.00 horas 59 minutos y 59,2 segundos Cabral llegó a Brasil.
Como se deduce, temporalmente somos casi nada.
Además de esto, si tenemos en cuenta las 15 grandes destrucciones que conoció la Tierra, especialmente la del Cambriano hace 570 millones de años en la cual desapareció entre el 75 y el 90% del capital biótico, verificamos que la vida sempre resistió y sobrevivió. Y si nos concentramos solamente en el ser humano, siempre sobrevivió a las muchas glaciaciones. Y aún más, tuvo un proceso de encefalización altamente acelerado. Desde hace 2,2 millones de años aparecieron sucesivamente el homo habilis, el homo erectus, y en los últimos cien mil años, el homo sapiens, ya plenamente humano. Sus representantes eran seres sociales, se mostraban cooperativos y usaban el habla, característica humana.
En el intervalo de un millón de años, el cerebro de estos tres tipos de homo se duplicó en volumen. Después de la aparición del homo sapiens, surgido hace 100 mil años, el cerebro no creció más. Ya no era necesario, pues surgió el cerebro exterior, la inteligencia artificial, que es la capacidad de conocer, de crear instrumentos y artefactos para transformar el mundo y crear cultura, característica singular del homo sapiens sapiens.
A partir del neolítico, hace cerca de diez mil años, surgieron las primeras ciudades que dieron origen a la cultura elaborada, al estado, a la burocracia y también a la guerra. Comenzó también una utilización sistemática de la razón instrumental para dominar la natureza, conquistar y someter a otros. Obviamente allí también estaban otros tipos de razón como la emocional, la simbólica y la cordial, pero sometidas a la razón instrumental que, desde entonces hasta culminar en nuestro tiempo, asumió la hegemonía, razón a la vez creativa y destructiva.
El proceso de la mariposa nos ofrece una sugestiva metáfora. La mariposa no nace mariposa. Es al principio un simple huevo que se transforma en una larva, devoradora insaciable de hojas. Después se enrolla sobre sí misma en foma de capullo (crisálida). Dentro de él, la natureza teje su cuerpo y lo pinta de colores. Cuando todo está listo se rompe el capullo y surge una mariposa espléndida.
Nosotros estamos todavía en el estadio de larva y de capullo. Larva, porque día y noche devoramos la naturaleza; capullo, porque estamos cerrados sobre nosotros mismos, sin ver nada a nuestro alrededor.
¿Cuál es nuestra esperanza? Que la razón rompa el capullo y surja como razón-mariposa. Tal vez la situación actual de gran peligro fuerce el nacimiento de la razón-mariposa. Ella revolotea por ahí, no es destructiva sino cooperativa, pues poliniza las flores.
Estamos todavía en génesis. No hemos acabado de nacer. Una vez nacidos, vamos a respetar y a convivir con todos los seres. Habremos superado para siempre la fase de larva y de capullo. Como mariposas seremos portadores de la razón sensata que nos concede tener junto con la Tierra un futuro sin amenazas.
*Fuente: Koinonia
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Magnífico artículo.
Algunos piensan y dicen y hasta creen que ya la razón no da para más, que necesitamos mas religión y fe que ponernos a pensar.
Si piensas mucho no haces nada.
En realidad, pensar bien es pensar en lo que tenemos que hacer. Especialmente, crear la disposición a dejar a un lado el millón de cosas que sentimos querer hacer, y limitarnos a lo único necesario de cada momento.
Esto, claro está, cuesta más…
Pero es exactamente el futuro de la tierra lo que está en juego.
O, mejor dicho, de la especie humana y las otras que lo acompañan…