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Los límites entre lo religioso y lo político deben estar claros 

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Debe respetarse sincera y profundamente la religión de quienes la tengan y rechazar con fuerza cualquier ideología de violencia.

En Chile una mala declaración del presidente de los profesores contra el ministro del interior por la represión al movimiento estudiantil colocó en los medios el tema de la religión y la política.

El profesor expresó: «Los métodos que hoy día se han aplicado hacia el movimiento por la educación pública nos recuerdan a los métodos sionistas del apartheid (…) y además queremos decir que Hinzpeter tiene alguna formación en alguna escuela de Israel porque aquí se están repitiendo los mismos métodos».

En realidad la dura represión policial estuvo distante de los brutales actos sionistas y el ministro marcha con políticos que fueron parte de la dictadura ligada claramente a Washington.

La reacción por supuesto fue interesada y apenas disimuló la defensa de un sionismo confundido como religión.

Las declaraciones del dirigente fueron calificadas de “antirreligiosas”, “racistas”, “discriminatorias”, “antisemitas”. El embajador del sionista Netanyahu usó el momento para atacar a Irán. En la confusión la representante de un organismo de derechos humanos sostuvo que ninguna persona puede ser descalificada por su ideología, acreditando así a nazis, fascistas, sionistas, miembros del Ku Klux Klan.

Nadie debe tocar al ministro por ser judío. Distinto es si políticamente pudiera ser sionista.

El judaísmo es la religión de Jesús en su adolescencia, no es una raza, tiene seguidores caucásicos europeos, semitas, negros.

El sionismo es una doctrina política de conducta nazi. El sionismo en Palestina es responsable de hacer limpieza étnica, ha levantado un apartheid, roba propiedades, agua y tierras, destruye viviendas y olivares, en Gaza asesina a más de tres mil personas incluidos mujeres y niños, bombardea con fósforo blanco. En aguas internacionales mata a turcos que participan en una operación pacífica de solidaridad. En el Líbano participa en las matanzas de Sabra y Chatila.

El profesor chileno apuntó al sionismo, no al judaísmo, pero erró con el ministro porque de él solo conoce su fe religiosa. Pudo haber considerado que el presidente es católico para concluir que lo religioso no explicaba nada. Como consecuencia se vio obligado a pedir disculpas.

A los sionistas les conviene cubrirse de una intocabilidad religiosa que no tiene sustento porque existe la Liga judía antisionista. Entonces lo peor sería seguir su juego.

El judaísmo no es responsable de las brutalidades sionistas, igual que el cristianismo no es la causa de los crímenes de Obama en Libia, o el catolicismo de lo que dirigió el general Videla en Argentina.

Paz con los judíos, rechazo a los sionistas. Paz con todas las religiones. Paz con el ministro en cuanto judío.

Contacto romulo.pardo@gmail.com

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