Estoy hastiado de esos contactos en vivo, haciendo preguntas estúpidas a
los familiares de esos mineros, buscando una frase que enganche a la
dueña de casa del matinal, al oficinista que prende la tele luego del
trabajo, a todos nosotros, morbosos despiadados que seguimos este drama
con interés animal. Molesto con la utilización patética y asquerosa del
Gobierno, de sus llamadas a la espera de milagros, de los viajes del
Presidente, de su esposa, del Ministro de Minería (llore o no llore) de
cuanto tonto oportunista de izquierda y de derecha que pueda colgarse de
la noticia y relacionarla con el Bicentenario… Estoy asqueado con los
reportes pelotudos que relacionan esta tragedia con algún otro evento
similar, con el conteo de los metros que avanzan las máquinas esas y del
despliegue de conocimiento minero de Amaro Gómez Pablos, en fin, de la
portada de los diarios electrónicos que actualizan la noticia minuto a
minuto: “¿está aburrido en su oficina? Lea acá que pasa con los mineros
pobres”.
La solidaridad de la clase trabajadora se hundió hace rato en el
fondo del mar y los partidos de la mal denominada izquierda se encargan
que no reflote.
Todo esto es una porquería, falsa, insensata, que no parece acabar
nunca. Nadie está satisfecho. Hay que seguir mirando, mientras
calentamos la sopa, sorbeteamos el plato de tallarines, le echamos sal a
la ensalada y vemos como van los sondajes. ¿Importa esta gente en
realidad? Un níspero. La realidad de esta gente no vale nada, para
nadie. Los políticos de izquierda –puro progresismo desclasado- están
más preocupados de un royalty que se relaciona con los derechos
laborales de mineros que trabajan en óptimas condiciones, que reciben
bonos espectaculares y que prefieren enviar a sub-contratistas que
entrar ellos mismos a las faenas más duras. La solidaridad de la clase
trabajadora se hundió hace rato en el fondo del mar y los partidos de la
mal denominada izquierda se encargan que no reflote.
¿Qué tiene que decir el PPD sobre la explotación de los pirquineros?
Nada. El tema es otro, la diversidad, reencantar a la gente con la
política, más participación ciudadana, y los mismos rotos olvidados. Los
políticos de derecha, en tanto, en silencio máximo. Salvo los que creen
que la injusticia social se subsana con milagros, no hay nada que
decir. ¿Cómo se enfrenta esa miseria cuando uno está pensando en
cualquier otra cosa, menos en el fenómeno de la explotación de algunos
hombres por otros hombres?
Seguro creerán que el tema es el management de esa institución que
vinimos a conocer recién ahora (SERNAGEOMIN) y que cambiando algunas
prácticas ahí, estamos al otro lado. Ingenuidad o maldad, no sé. Lo que
si se es que el entierro de esos mineros pobres es el síntoma de cuanto
importa en realidad la vida de quienes tienen que vivir como animales
para que otros hombres y mujeres vivamos como reyes (igual que los
trabajadores de temporada agrícola, los pescadores artesanales, los
inmigrantes ilegales). Pero se supone que nada de esto tiene que ver con
el capitalismo.
Lo cierto es que las máquinas llegarán al fondo, a descubrir esos
cadáveres, hediondos, con costras, destrozados. No los veremos, si los
reportajes de TVN, Megavisión, Chilevisión y UCTV, con historias de
esfuerzo, música para emocionar, las emotivas palabras del Presidente
–que ya deben estar circulando en el Segundo Piso-, la propuesta de
revisión a la institucionalidad de la minería informal, etc., etc.,
etc. Cuando eso pase, y la parrilla programática nos haga volver a
Fiebre de Baile, Yingo o SQP, habremos sólo pasado de un reality a otro.
Nada habrá cambiado en nosotros, como tampoco cambia cuando la Vale
Roth se dobla el pie o la Geisha queda embarazada. Bienvenidos al
Reality del Dolor.
– El autor es Abogado y Master en Derecho Internacional. Profesor de las
universidades Adolfo Ibáñez y Central. Consultor de Unicef y socio
fundador de la Corporación Interés Público.
*Fuente: El Mostrador
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