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¿Y si nos diera por comenzar a caminar con proyectos creativos? 

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Le invito a entendernos. Sólo a eso. Porque es relevante que hoy u ojala a partir de hoy, logremos colocarnos de acuerdo en algunos puntos para mantener un diálogo. ¿Ejemplos? Que la historia no se ha terminado, que las personas siguen siendo lo más importante y lo relevante que es forjar cada vez más espacios democráticos.
Pero a este tipo de parámetros de entendimiento, requeriremos proponerles un norte, de lo contrario la acción es inevitablemente situacional. Y para quienes creemos que las mejores ideas y acciones provienen necesariamente de las corrientes de izquierda o progresistas o revolucionarias (según quiera llamarlas), necesitamos definir un poco más allá y consensuar una base para ver si avanzamos.

Es que más que nunca necesitamos progresar. Aprendiendo del pasado, pero sin repetirlo.
Eduardo Galeano, escritor uruguayo, lo planteó: “nos han invitado a un entierro que no es el nuestro. Ese socialismo que murió, no es nuestro muerto, porque el socialismo que nosotros defendemos, y que nosotros queremos construir no es el socialismo que se construyó en la Unión Soviética. No es el socialismo burocrático estatista, represor en muchos casos, es un socialismo esencialmente democrático, con plena participación popular“. Exacto.
Entonces es tiempo de proponer. Y como lo expuso Marta Harnecker, en Venezuela ante el estudiantado: “(esta charlas es para) darles algunos elementos históricos porque no se puede, construir proyectos en el aire, nosotros tenemos que aprender de la historia. Tenemos que elaborar respuestas creadoras, es cierto; no podemos copiar soluciones de otros lados, pero tenemos que conocer las experiencias históricas para aprender de sus éxitos y sus derrotas, no podemos partir de la nada, de lo que se nos ocurra en un escritorio”.

Una base de entendimiento
Parafraseando y citando a un hermano mexicano, Guillermo Almeyra, deberíamos establecer cuatro puntos para desde ahí entender una izquierda de ideas y de acciones:
1º Asumir que el sistema capitalista no es el único posible, ni siquiera modificándolo.
2º Entender que se debe terminar con los regimenes aprovechadores, ladrones y racistas; pero ante todo promotores de una excesiva desigualdad.
3º Comprender que la historia muestra que todos los imperios pueden terminar vencidos.
4º Y que se debe trabajar para construir un sistema social futuro donde imperen la ética, la igualdad, la fraternidad, gracias a que todos serán libres porque no existirán poderes sobre otros.
(Citas del artículo “Izquierda y derecha”, de Almeyra).

¿Y por qué es importante ubicarnos con estos conceptos? Porque cuando en Chile se vive inevitablemente la fiebre electoral, se requiere calma para tomar una bocanada de aire y observar qué sucede. Así podremos tener que ver con lo que sucederá.
Toda esta reflexión nace porque el viernes pasado asistí silenciosamente -y porque la cesantía y el buen ocio me lo permiten-, a un seminario que instó a reflexionar a un sector que parece entender que el mundo necesita transformaciones.

El problema es que hasta aquí, ese mundo parece entrampado en la propuesta de fórmulas alternativas, en los procesos de votaciones, en las recetas acumuladas, en sus líderes desgastados, pero más que nada envueltos en derrotas sucesivas que les hacen perder el norte sobre qué se debiera discutir y pensar.

Entonces cuando se pide nos preguntemos: ¿qué es el socialismo del siglo XXI?, uno debe al menos respetar la intención de plantearlo. Y más aún la inteligencia para intentar darle vigencia a una discusión que parece los iluminados de siempre insisten en tener decidida, aunque incapaces de que todos la tengamos resuelta e irresolutos para comprender que los tiempos hoy requieren acciones nuevas, propuestas renovadas e imaginación política a partir de conceptos comunes. Porque estaremos de acuerdo que el gran rival es el sistema neoliberal, pero también lo es el reformismo y los cantos añejos de la izquierda desgastada. Y es bueno quitarles caretas a muchos.

Y esta discusión nos llega porque se la plantea Venezuela y su revolución bolivariana, el constante diálogo de Cuba pese a sus falencias y los esfuerzos de organizaciones sociales latinoamericanas, como el MST de Brasil o el MAS boliviano, en plenos procesos de acción política, que a años de distancia de sus símiles chilenos logran entrar sin bajar la cabeza a las disputas de injerencia.
A uno podrán gustarle o no las propuestas que se van difundiendo, pero eso no quita respetarlas, porque así desde el inicio terminaremos con sectarismos y vanguardias todosabedoras. Claro que tampoco es solución aplaudir porque sí a los ingeniosos o dejar las tareas a los avanzados, porque si hay algo que demostró la historia de las caídas del “socialismo real”, es que para defender cualquier proceso, éste debe llevarse y concretarse con la gente y desde la gente. Para que nunca más sea por la gente, ni en representación de ella. O se terminará como cada uno de esos intentos: con la cara contra el piso.

Darle aire a las nuevas ideas
Entonces discutamos. Incluso si hay que hablar de socialismo o de revolución. Tal vez recuperar lo socialista, sea necesario. Pero nada impide hablar de transformación en vez de lo revolucionario. O cambiar ambas, o mantenerlas. Lo que sea y se requiera para generar un lenguaje común y apto para llevarse adelante.

En lo que sí uno podrá observar una plataforma común, es en el carácter rupturista de lo que se debe concebir. Porque seguir encaminados en el proceso maquillador y reformador de lo pequeño que lleva adelante el mundo socialdemócrata de hoy, o ir a uno cada vez más derechista y explotador que ofrecen los sectores del polo opuesto, terminarán no sólo con la derrota de quienes quieren cambiar el mundo, si no también con la pérdida total del planeta en que vivimos.
Hoy comenzar a discutir, replantear, reformular, imaginar, es no sólo necesario, si no que imprescindible. El desgaste del mundo unipolar e imperial que cumple más de quince años, el debilitamiento y desgaste de los pueblos que impone el modelo neoliberal -reformado o no-, la masacre impuesta desde las transnacionales a los recursos naturales de la Tierra, nos llevan sin duda a un punto sin retorno.

Y ya no es sólo cuidar o procurar la sobrevivencia de las personas, si no de las que vienen y del entorno que debemos legarles. Son tiempos en que la culpabilidad por mala acción u omisión son directas.
PiensaChile cada día da luz a informes, entre otros, del desgaste de las reservas de agua, del avance de las tecnologías encaminadas a la obtención de ganancias para las corporaciones e independiente de sus perjuicios a la salud de las personas, de la deforestación, de la disminución de la fauna marina, de los cambios globales de temperatura. Es decir, una globalización absoluta del dominio de la avaricia, que trae castigos que al hombre le corresponden por permitir el despojo abierto que se le genera al planeta.

Plantear soluciones de inmediato es un tanto absurdo. Porque más allá de que algunos lleven discutiendo algún tiempo, lo que se requiere es horizontalizar tal debate, socializando un lenguaje y haciendo comunitaria la necesidad de búsqueda de un camino.
Hoy más que nunca hay que partir desde el inicio… desde abajo. Y hacerlo bien.

Frases latinoamericanas
A esos personajes como el que sentado en el puesto delantero al mío en el seminario, se dedicaba a caricaturizar las intervenciones, garabatear de “chantas” en su cuaderno a los expositores, o reclamaba una línea firme (que supongo era la suya), y que terminó pa
rtiendo molesto ante tanto hombre por debajo de su sabiduría, permítanme pedirles que no asistan, pues no pueden ser parte de este proceso. Los sabios del trasnoche y la discusión de cerveza, en sus casas, por favor.

Agradeciendo la iniciativa de Punto Final, en su 40 años y más allá de si debe ser quién levante este proceso, es bueno quedarse con frases de un encuentro que ojala logre establecerse con fuerza, con mayores dimensiones y, dentro de las organizaciones sociales y políticas que desde hace algún tiempo -más allá del cerco- intentan levantar propuestas.

Alvaro Ramis, teólogo chileno: “a renovar el socialismo, la palabra y su significado”, “aprender más de la acción colectiva, que de la búsqueda racional”; “es tiempo de pensar más en las relaciones de poder, que en las económicas”; “(lo tremendo) es que hoy las evaluaciones políticas y económicas de los países, las hacen once mil empresarios”.

Plinio de Arruda, dirigente del Partido de los Trabajadores del Brasil y asesor del MST: “El capitalismo de los 80’s y 90’s, es la pérdida del miedo de los ricos ante los pobres”; “el problema del socialismo en el siglo XXI es reajustar el lenguaje”; “no hay más horas para el reformismo socialista en el capitalismo. Es la hora de la ruptura socialista en el capitalismo”; “América Latina tiene los recursos para ofrecer la sobrevivencia a sus pueblos (…) Por eso debe ofrecerles un patrón de vida sustentable, y así actuaremos unidos”; “hay que renovar el concepto de participación”.

Tubal Páez, diputado cubano y presidente de los periodistas isleños: “las soluciones no pueden venir de un organismo como el FMI, que sacrifica la salud, la alimentación y la sobrevivencia de las poblaciones”; “hay que generar individuos concientes, para hacerlos sujetos de acción”; “En el S. XXI, cada pueblo hará lo que pueda, dentro de sus condiciones, pero sólo el socialismo hará frente a la vorágine del neoliberalismo”.

Nicolás Maduro, presidente del parlamento de Venezuela: “hay que hurgar más la historia nuestra, la latinoamericana”; “este debate, debe ser un debate que asuma América Latina”; “ninguna de las fórmulas nacidas dentro del capitalismo, nos permitieron dar una respuesta estructural a la población, y sus urgencias”; “este debate debe hacerse con el pueblo y al calor de las luchas diarias, de la acción en la calle (…) Debe ser un debate de calle, de pueblo, no de puertas cerradas”.

Es tiempo de intentar dar un paso adelante en el intento de transformar el mundo, ¿no lo cree?
Para eso son necesarias todas las manos, todas las piernas, todas las voces, las nuevas y las históricas con capacidad de aprendizaje.
Es momento de avanzar, más allá de los tristes tiempos electoralistas.
Por un planeta mejor para todos
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