Un país de bucaneros

El bucanero nada dirá en China sobre los derechos humanos ni democracia de la que alardea ser el valiente guardián y defensor.

Guardará el típico silencio del gato para las castañas. Existiendo todas las condiciones para definir a China como una “dictadura comunista” contraria a los valores democráticos que exigen a Venezuela, Piñera y su séquito de depredadores guardarán silencio. Hasta allí llega la paupérrima valentía de la derecha, aquella que se ufana de marginar, desconocer y excluir a Venezuela. En Chile para hablar de política se debe pagar peaje y condenar al presidente Maduro. Hasta el presidente del PPD ha reconocido a Guaidó al dar carácter de legal el reconocimiento de quien se dice la embajadora de Venezuela.

Cobardes, pelafustanes, lacayos y mediocres. Bucaneros de poca monta y algo más.

La extrema precariedad de la institucionalidad política por la que atraviesa Chile, no es posible encontrarla en periodos anteriores. Deberán hacerse cargo de las graves consecuencias que tendrá esta escalada de jugarreta con que los actores políticos se ufanan de conducir los destinos del país. La derecha en el gobierno jugando su rol de populismo/nepotismo en caída libre, y una oposición desintegrada, sin discurso, fragmentada atrincherada en el parlamento sin saber que hacer.

La corrupción se viene arrastrando desde hace ya bastantes años, y en ella están incluidos políticos, iglesias con distintos pastores nada de santos, empresarios, banqueros, candidatos presidenciales perdedores, parlamentarios en liquidación permanente/segundones, parientes del presidente, jefes de campaña y tantos y tantos más.

Un sistema judicial en crisis grave que desconoce la igualdad de todos frente a la ley. Condenas irrisorias para favorecer a la clase dominante y el encierro para los que cometen el mismo delito, pero que viven en poblaciones o provincias alejadas de la capital. Fiscales convertidos en cajas pagadoras para favorecer a clientes de perfumes caros, parientes de los que gobiernan.

A pesar de que la Constitución de 1925 declara a Chile como un Estado Laico, la intromisión en los asuntos del Estado de las sotanas es de público conocimiento, a pesar que sus autoridades hace largo tiempo vienen siendo investigadas por delitos graves y en todo el territorio nacional. Ezzati/Karadima/Errazuriz y otros conocidos pensantes/predicadores tienen a sus seguidores sumidos en la más profunda depresión y credibilidad. Pero no sólo los católicos.

Poco se conoce de lo que sucede entre los hijos del príncipe de los príncipes. Jehová no da conferencias de prensa, no aparece en las páginas de la farándula que está instalada en Jotabeche, donde el dinero robado a sus creyentes sirve para saciar las bajas pasiones de los pastores/encantadores de serpientes. El diezmo en cualquier tiempo es un asalto, más aún cuando por gracia presidencial se mantiene vigente un decreto que posibilita declarar las ganancias pastoriles sin trabajar, pero NO pagar tributos.

Se hace necesario colocar en la larga fila de corruptos a los empresarios atrincherados en sus grupos económicos, las forestales, pesqueras, las catedrales del retail en todas las esquinas que el modelo les ha construido para que se mantengan a resguardo en el gigantesco negocio de no solamente ganar más dinero, sino que meter las manos en el precario modelo democrático dictatorial que se mantiene dando tumbos desde 1980.

En Chile los corruptos no sólo están instalados en el parlamento como diputados/senadores. Y cuando los agarran, los envían no a la cárcel, sino a clases de ética, pagan multas, se convierten en voceros/presidente de sus partidos, llegando a sostener desvergonzadamente que sus opiniones son iguales a la de sus mecenas/benefactores, como el privilegio mágico de JVR/UDI y otros más.

El robo, fraude, cohecho y blanqueo de dinero viene habitando desde mucho tiempo en las fuerzas armadas y carabineros. Por años, desde 1990 el binominalismo se dedicó a instalar en la opinión pública la imagen que los militares son ejemplo de conducta, el abandono tranquilo de La Moneda da cuenta de aquello. Finalmente la dura realidad demuestra que a los militares los concertacionistas le colocaron corbata y siguen marchando al mismo paso pinochetista con su desafinada música militar. Por años los dejaron entregados al robo y desfalco mientras le dictaban a los subsecretarios lo que tenían que decir a la opinión pública.

Van pasando los años y aún reina una profunda desinformación de lo que aconteció en carabineros. Una verdadera bandada de rapiñas bajo pretexto de seguridad nacional vaciando cajas de dineros fiscales, generales lanzados a la vida de hacerse ricos sin sacar un parte. Cuidadores de lenocinios mintiendo descaradamente en el cruel asesinato de un comunero mapuche.

Todo un alto mando de generales trabajando para cubrirse las espaldas y mostrar resultados policiales cuando se inculpó a inocentes con un famoso golpe publicitario para demostrar eficiencia de la que están extremadamente alejados. Todos convertidos en narcos:

Los corruptos de todas las raleas aprendieron el juego de hacer lento todo; de esta manera, cuando llega la hora de los fallos ya casi todos los han olvido y la prescripción les cae del cielo incluyendo votos para seguir ocupando altos cargos. En aquel trabajo de panteonero y mal gitano el arco político es muy amplio hay espacio para todos. Los hay quienes inventan informes de asesores, copiados como si de una composición de vuelta de vacaciones se tratara, para financiar sus centros de estudios. Se puede ver a familiares de familiares víctimas de violaciones a los derechos fundamentales pasando por la ventanilla de pago del yerno del dictador.

El ciudadano sencillo, el chileno de a pie, transita mientras todo un enorme aparato político/institucional lo somete y subordina a los intereses de una clase política que hace mucho no da un real ancho en lo político. Rebeldes que deben arrodillarse por vestir una simple camiseta o por un café en París con un valiente.

Deberíamos preguntarnos dónde está la voz crítica, la palabra consecuente, los voceros de las causas nobles, aquellas por las cuales vale la pena trabajar. Esos que en algún tiempo pedirán el respaldo popular para sus candidatos elegidos en algún paseo de curso. La legalidad los envolvió, le envenenaron la pasión, les quitaron las plumas de colores con la que llegaron ufanos y también vanidosos, pisando el viejo pasado del que no quieren hacerse cargo, posiblemente por tener la camiseta de ser popular con algo de historia.

Y en estos día de claro/oscuro nadie habla de López Obrador que a paso lento sigue instalando la idea que dijera hace algún tiempo y que poniéndola en duda ayuda a creer que es posible: en México llegó la hora de enterrar el capitalismo. Pocos parlamentarios/de lanpass hablan que crearon una guardia nacional para enfrentar la corrupción que por décadas las derecha entregó sin tapujos a empresarios/policías/políticos, de la misma forma como sucedió y se mantiene en Chile.

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