¿Cómo se fraguó el turbio acuerdo Burgos-Rossi?

Dejar a los colaboradores  de Rossi en el Gobierno Regional de Tarapacá fue el precio que pagó el gobierno por su  voto para elegir al Contralor General de la República.
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 Tarapacá fue nuevamente vendido a los intereses personales del señor feudal en nombre de los intereses de Estado. Burgos hizo lo que su posición le obligaba a hacer y Rossi se aprovechó de ello, haciendo lo que mejor sabe hacer: utilizar los asuntos públicos para su interés personal. Llegó el tiempo de que los pueblos de nuestra región hagan también lo suyo: repudiar las lógicas que hacen de nuestra gente, moneda de cambio.
“Razones de Estado…”, pensó el ministro del Interior de la Presidenta Bachelet al terminar su “transacción” telefónica con el senador Fulvio Rossi. Burgos se estaba jugando su capital político para conseguir que su amigo Enrique Rajevic fuera el próximo Contralor y según sus cálculos, sólo le faltaba un voto en la Cámara Alta. Había por fin logrado sofocar los amagues de rebelión en las filas oficialistas, logrando 20 de los 22 votos que se requerían para asegurar la nominación. Creía contar además con un voto de la Derecha –todo apunta al senador Hernán Larraín quien también era amigo de Rajevic- y sólo faltaba un último impulso: el convaleciente senador Rossi, quien en medio del escándalo por haber solicitado platas truchas a SQM, se encontraba convenientemente, con licencia médica.
Aquella mañana gris de Santiago, el enfermo Rossi recibe una llamada urgente de Palacio, era el ministro Burgos quien personalmente solicitaba al senador concurrir con su voto clave en favor de su delfín. Rossi venía hace días haciéndose querer, aún no respondía las solicitudes persistentes de su partido para votar y los plazos se acortaban. De hecho, La Moneda se vio obligada a postergar la votación del Contralor ante la perspectiva cierta de una derrota. Burgos insiste, no está disponible para un no por respuesta.
En Tarapacá las cosas seguían su propio curso. La situación política hace insostenible la mantención del grupo de “wasaperos” en los puestos clave del Gobierno Regional en los que los había puesto su padrino senador. Una vez producida la salida del Director de Serviu, Edinson Jara, precisamente por una decisión indeclinable del Ministerio de Vivienda; la siguiente pieza en caer era el Director de Corfo, Luis “Pipo” Guzmán, un operador clave de Rossi, en una Dirección Pública también clave.
Guzmán no sólo es un ícono de los “wasaperos”, tristemente célebre por afirmar que el movimiento de los indignados era más bien de “ahueonaos”; sino que además es el director regional de Corfo  peor evaluado a nivel nacional. Su salida era ya un hecho, tanto que la Gerencia Corporativa de Corfo ya había definido un reemplazante. El propio Guzmán entendía su destino y solicitó a la intendenta Rojas –otra operadora de Rossi- que le permitiera tomarse sus vacaciones antes de presentar la renuncia. En Tarapacá ya todos daban por hecho su salida, hasta que, de vuelta de sus vacaciones reaparece en plenitud retomando sus funciones… ¿Qué pasó?
La “Transa”
Rossi finalmente le dice al ministro que está dispuesto a hacer una pausa en su convalecencia en pos del gobierno y de la patria… eso sí, la patria también tenía que hacer algo por él: detener la salida de Guzmán de la Corfo y reafirmar a sus principales operadores en el gobierno regional, incluyendo a su cuestionado primo, Luigi Ciocca, en la Seremía de Gobierno. Burgos asintió y expeditamente se contactó con la Corfo. El hombre repudiado por la ciudadanía y quien había hecho una pésima gestión en un cargo público crucial para la región, debía permanecer en el cargo. Por su parte Rossi, apenas colgó a Burgos decidió llamar a la “Clau” -que es como de cariño le dice a la intendenta de Tarapacá- para informarle que Guzmán se quedaba.  El trato estaba cerrado. El senador escenificó su compromiso asistiendo unos minutos al hemiciclo para votar la carta de Burgos.
Se impuso la lógica feudal con que Santiago se relaciona con las regiones. Asimismo, lo que aquí ocurrió y lo que aquí se denuncia es propio de la ambivalente situación  del senador Rossi: si bien no tiene futuro político, si tiene presente. Su posición de tener un valioso voto en el senado para viabilizar movimientos de importancia crítica para el gobierno, le da el suficiente poder para seguir imponiendo su reinado en Tarapacá, pero el hecho de que dicho poder tenga los días contados, hace que sus maniobras sigan filtrándose aún de su círculo más íntimo, desde aquellos que no quieren pelarse con él, pero tampoco morir por él.   Este “hombre muerto caminando” aún puede dar algunas mordidas.
Si a Burgos finalmente no le resultó la maniobra –su delfín para Contralor fue igualmente rechazado en la Cámara Alta- llegó el tiempo de hacer que la maniobra de Rossi tampoco resulte: imponernos un gobierno regional a la medida de sus intereses; esto último es tarea pendiente sólo de los tarapaqueños.
– El autor, Eduardo Montecinos R., esAntropólogo de la U de Chile
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