Hasta siempre Helmut Frenz. Perdona lo poco.
por Andrés Monares (Chile)
15 años atrás 6 min lectura
El pastor luterano Helmut Frenz falleció en Hamburgo, Alemania, el pasado martes 13 de septiembre. Su muerte mereció una cobertura menos que mínima de los medios. Por un lado, él muerto en una cama contra 21 compatriotas fallecidos en un terrible accidente… es una contienda desigual ante el olfato “periodístico” de cualquiera de nuestros editores-mercachifles. Pero asimismo, Helmut Frenz es un personaje del pasado y de un pasado que, se ha insistido desde esos mismos medios, debe olvidarse. Sería necesario dar vuelta la página. Recordar es seguir pegados en ese pasado, es no mirar al futuro. Gente como Helmut debe ser desaparecida junto con los desaparecidos.
De ahí los continuos despachos de hasta el más absurdo y superficial detalle de lo que ocurre en Juan Fernández. Es comprensible la preocupación de los periodistas porque nadie se pierda, por ejemplo, dónde duermen o quién les cocina. Para peor, tragedia sobre tragedia, murió un suboficial de la FACH en otro lamentable accidente. El nuevo fallecido había ido a la isla como voluntario y estaba a punto de subir al avión que lo traería de vuelta.
Por si fuera poca esa competencia, la cercanía del 18 tiene intensamente ocupados a los medios. Es de la mayor relevancia mostrarnos dónde adquirir trajes típicos por buen precio, cuántos autos saldrán de Santiago por el fin de semana largo, cómo hay que cuidarse para no subir de peso en las fiestas, qué locales son los más baratos para comprar para un asado e incontables etcéteras. Cuál más absurdo y vano que el otro.
Definitivamente Helmut Frenz eligió una pésima semana para dejar este mundo. Pero así parece que era. Desarrolló, cual fijación quizás, una capacidad para ir contra la corriente. O contra ciertas corrientes.
Tal como lo cuenta en Mi Vida Chilena (LOM Ediciones, 2006), llegó al país en 1965. En una etapa de convulsiones y cambios. Y arribó como un extraño… y uno muy alemán por lo demás: con su orden germánico que calzaba con el de la colonia germánica y al cual debían adecuarse los chilenos. Sin embargo, poco a poco los hechos y su forma de ser o su forma de ser y los hechos, lo fueron metiendo cada vez más en el torbellino de la vida nacional. Un torbellino que aún le deparaba sucesos terribles tras el golpe.
Su humildad lo hacía capaz de reírse de su período de alemanote conservador. Cuando me regaló su libro autobiográfico, nos encontramos al poco tiempo después y lo primero que me preguntó en tono festivo, burlándose abiertamente de sí mismo, es qué me había parecido su alarmante “Primer Informe Sobre la Situación en Chile”. Le divertía a Frenz el tono conservador y timorato de ese pastor alemán que en algún momento había sido. Por fortuna pudo librarse de él y servir a sus prójimos con admirable valentía, sin hacer preguntas ni discriminaciones.
Ese deber irrenunciable que tenía como cristiano lo llevó a denunciar injusticias, esconder perseguidos, gestionar liberaciones, organizar y coordinar ayuda para los fugitivos y encarcelados, y a esforzarse por difundir lo que sucedía en Chile. En eso estaba al momento de su expulsión del país en 1975. Este Frenz distaba mucho del despistado pastor que llegara diez años antes y había desarrollado un nexo con estas tierras y su gente al punto de que en su propia Alemania decía sentirse “exiliado”.
Conocí a Helmut Frenz hace unos pocos años, no más de seis o siete creo. No fui su amigo ni mucho menos. Mas, su transparencia hacía que no hubiera que compartir con él por largo tiempo para darse cuenta de su forma de ser. Yo sabía quién era ese “personaje”: un gran “luchador” por los Derechos Humanos, alguien que se jugó su propia vida por salvar las de otros. Su seriedad y el hecho de que fuera un viejo grandote, el típico alemanote a ojos de un chileno, le hacían honor a su cartel de “personaje”. Sin embargo, al tratarlo quedó claro que su calidez no calzaba con esos próceres inmortalizados en alguna estatua por ser “luchadores incansables”. No era grave ni vanidoso, todo lo contrario.
Frenz me pareció un hombre de fe sincera, de esos que hacen que hasta el ateo más acérrimo termine respetando una religión y el anticlerical militante a un pastor. Sin duda fue lo que los cristianos llaman un hombre de buena voluntad. Y fue un tipo muy valiente cuando comprendió que no podía escapar de las exigencias éticas radicales de Jesús. ¡Qué suerte que lo entendiera o se dejara guiar por su fe! Cuántos y cuántas siguieron viviendo gracias a eso.
En la ceremonia que se organizó en su ex parroquia de Ñuñoa en Santiago, el mismo martes de su muerte, más de alguien le agradeció emocionado el seguir vivo o el que algún ser querido no hubiera sido asesinado por la dictadura. Para mi es muy difícil describir los sentimientos que despiertan esos relatos en primera persona. Ellos, en el fondo, hablan de la sencilla grandeza de Frenz. Quien pudiendo haber escogido una vida sosegada escondiéndose tras las cuatro paredes de su iglesia, dejó una huella tan hermosa y singular: salvar vidas y ayudar a quienes sufren lo horrendo. Admiración que aumenta al haberlo conocido y haber tratado a un hombre muy gentil y, podría decirse, hasta manso. Pero alguien igualmente capaz de indignarse y actuar en consecuencia.
Estimado Helmut, tu muerte, que recuerda tu vida, pasará desapercibida en el gran escenario mediático. A los editores-mercachifles no les sirves. Tu humanidad no aumenta el rating y por ende no atrae auspiciadores. Tus años de consecuencia, los problemas y peligros que te trajeron, no son nada. No figuras en el recién levantado panteón mediático de los fallecidos comprometidos ni en el de los fallecidos bondadosos. Para ti no habrá duelos nacionales, ni cámaras en las ceremonias donde se te recuerde. Tu caridad y valor te convirtió en chileno antes de serlo legalmente y hoy nos toca ser testigos del modo en que te paga el Chile oficial.
Pero ese país de plástico no representa a todos y todas tus compatriotas. Tenlo por seguro. Las vidas que ayudaste a mantener son la mejor prueba de ello. Será un lazo indestructible entre tú y esas vidas, y entre las y los que siempre te recordarán aunque no hayan sufrido en carne propia la cárcel, la tortura o el exilio.
Muchas gracias Helmut Frenz y perdona lo poco.
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Excelente columna, que nos representa a muchos chilenos. Un abrazo a Andrés y «honor y gloria» a Helmut.
Marco Fajardo
Las palabras de Andrés Monares me representan. Helmut estarás siempre en nuestra memoria al igual que cientos o miles que te recordarán por tu humanidad y solidaridad con el pueblo perseguido y avasallado.
Angel Barrientos Vera
Excelente artîculo para un hombre que merece toda nuestra admiraciôn. Sabemos que la prensa oficialista le darâ el «pago de Chile» pero jamâs podrân arrebatarle el cariño de tantos perseguidos por la infame dictadura. Hasta siempre, gracias Helmut Frenz.
Me inclino respetuosamente ante la memoria y la obra de un hombre que supo, ante todo, defender los valores de la Humanidad, el respeto a la persona, la Libertad, la igualdad y la Fraternidad con el ejemplo de sus actos.
Que su vida sea fuente de inspiration para todos.
Alejandro
Muchos hijos de víctimas de la dictadura, fueron adoptados por familias europeas gracias a las gestiones de Helmut Frenz, aun hoy ellos buscan a sus familiares biológicos en Chile, son cientos en Alemania Francia Inglaterra e Italia, que siguen esperando saber la verdad de lo que pasó con sus padres, es de esperar que esa información no se la haya llevado a la tumba y que la iglesia ayude a estos jóvenes a reencontrarse con su patria y con sus familias.
Un abrazo fraterno para todas y todos ellos.
Honor para Helmut Frenz. Ayudó a muchos en los tiempos dificiles, cuando la derecha gobernó con las bayonetas y fusiles de los uniformados, que también tuvieron parte en el botin de los ricos de este país.