Aun cuando en sus visitas al Sahara a finales de los 70, las misiones de la ONU reconocieron como “evidente” la voluntad del pueblo saharaui por la independencia y su prácticamente unánime apoyo al Frente Polisario, el conflicto saharaui ha encallado, esperando un referéndum que nunca llega.
Si España no deja de eludir sus responsabilidades y toma como propia la problemática saharaui, convirtiéndola en una cuestión de Estado, será responsable de un nuevo conflicto y el Sahara terminará muriendo de indiferencia. Las relaciones exteriores de nuestro país necesitan un cambio de rumbo sin precedentes, no como simple deber legal sino moral.