La crisis de la oligarquía política metropolitana está en su clímax y por más que la prensa, que repite el carácter centralista del Estado, invisibilice el conflicto, este está ahí, a la vuelta de la esquina. En el pasado, el asunto se resolvió a punta de cañones y balas o mediante la cooptación de los líderes regionalistas –ayer Manuel Antonio Matta y hoy día Iván Fuentes–, más la entrega de algunas prebendas. Es el agotamiento del modelo feudal que rige a nuestra política desde que Chile es Chile y que coloca a Santiago como ciudad europea y al resto de las provincias como su patio trasero.