A 101 años de la masacre de la Santa María continúa retroceso de trabajadores chilenos
por Luis Espinoza Garrido (Iquique, Chile)
18 años atrás 6 min lectura
El próximo 21 de diciembre se cumplen 101 años de la masacre ocurrida en la escuela Santa María de Iquique, hecho que ha sido reconocido como el Chicago del hemisferio sur por el carácter que alcanzó, aunque más allá del factor histórico, tal acontecimiento obliga a analizar descarnadamente la actual situación de los trabajadores chilenos, de lo contrario la fecha sería sólo un argumento para plañideras e inconducentes evocaciones.
En efecto, durante las últimas décadas el retroceso del trabajador y la trabajadora chilena no sólo se manifestó en la disminuida participación en la distribución de la riqueza, en la sobreexplotación de su fuerza física y su cerebro, en las pésimas condiciones de trabajo, en la precariedad del empleo, en la adversa negociación colectiva o en la prepotencia patronal, sino que además, se consolidó el conjunto de leyes pinochetistas que institucionaliza dichos atropellos, aunque lo más negativo es la imposición del patrón-empresario como el sujeto hegemónico en la sociedad chilena, dueño del éxito y sobre el cual se tipifican atributos que se extienden como universales al resto de la comunidad. Tal es el caso del “emprendedor” chileno, representación del “empresario empoderado” que triunfa por encima de los eternos perdedores, léase los explotados que sólo viven de su salario y no de ganancias que les pudiesen permitir un acceso ilimitado al consumo, verdadero barómetro del éxito nacional. De esta manera, ideológicamente se ubica al trabajador como una sub categoría, sin atributos que imitar, por el contrario, una condición en la que permanecen sólo los derrotados. Así, muchos pobladores prefieren ser emprendedores del microtráfico, con impensados y rápidos dividendos, y no disciplinados obreros que mal venden su energía en la nueva empresa red, con una disposición a veces de 24 horas y con el peligro de ser despedidos en cualquier momento por necesidades de la empresa.
El trabajador chileno, debido a la implementación temprana del neoliberalismo en el país, es quien se encuentra en peor situación con relación a sus congéneres sudamericanos, sólo los colombianos están en inferiores condiciones, principalmente por el terrorismo de Estado y las razias antisindicales de los paramilitares.
Cuando comenzó la denominada transición la gran mayoría pensó que se revertiría el proceso regresivo iniciado por los militares en 1973, craso error, porque la Concertación, como en la mayoría de los casos, no cumplió con sus promesas y prosiguió sin cambiar los aspectos sustantivos de la legislación laboral pinochetista. La clave debe buscarse a fines de los años 80 cuando se decidió unificar los departamentos sindicales de los partidos de la Concertación y del Partido Comunista en un organismo al que le pusieron el nombre de Central Unitaria de Trabajadores, utilizando mañosamente el nombre de la CUT que fundó Clotario Blest pretendiendo cierta continuidad. La intención hoy parece obvia, se trataba de construir un instrumento que sirviera acríticamente a la estrategia concertacionista que argumentaba el fin de la lucha de clases y trataba de imponer un pacto social que consensuase los intereses de patrones y obreros con la presencia del Estado como garante. Su base ideológica se construyó a partir de la falsa premisa de la existencia de un Estado neutral, denominado moderno, que supuestamente aseguraba el respeto de los intereses de ambos bandos.
La actual CUT en los hechos se convirtió en una institución gobiernista cuyos dirigentes son especialistas en “tongos” que les permiten reciclarse, a costa de ingenuos que creen que es la continuadora de la antigua CUT, aunque incluso aquella ya había sido sobrepasada por los acontecimientos durante los años de la Unida Popular. En su presidencia se han alternado democratacristianos, comunistas y socialistas, pero nada ha cambiado, la reivindicación más importante como el término del artículo 161 del Código del trabajo que permite los despidos por necesidades de la empresa y admite en los hechos que todo trabajador en Chile es transitorio, ni siquiera se ha discutido. La negociación colectiva favorece abiertamente a los empresarios, la subcontratación tuvo un cambio “gatopardiano”, se suavizó para que nada cambiase y en el sistema previsional sigue primando el sector privado y la capitalización individual. Pero además, ideológicamente se han cooptado como sostenedores del sistema a numerosos compañeros y compañeras que no tienen ningún problema en atentar contras sus hermanos de clase con el fin de agradar a sus patrones o tratar de asegurarse más ingresos. Tal es el caso de los empleados de farmacia, de las grandes tiendas, de las telefónicas, los bancos, financieras y muchos otros, que engañan vilmente a sus clientes, otros trabajadores, para aumentar sus ventas y obtener unas pocas monedas. Esta degradación es una muestra cotidiana del Chile salvaje, promocionado por los neoliberales de la Derecha y de la Concertación.
El ex ministro Andrade, en su blog, se despidió señalando misión cumplida, ¿alguien puede encontrar mejor chiste? Únicamente quedará el recuerdo de un triste personaje que administró para las fotos y la galería, pensando en una campaña al Parlamento, nunca le interesó la situación de los sindicatos, sólo deseaba proyectarse como candidato.
Del mismo modo. ¿Qué se puede esperar de la actual cúpula farandulera de los trabajadores? Obviamente que nada, hoy, cuando comienza arreciar la crisis Arturo Martínez, en su dualidad de trasnochado dirigente sindical y dirigente de la Concertación al mismo tiempo, desvía la atención del problema central, porque si no hay cambios profundos la crisis afectará fuertemente a los trabajadores. ¿Por qué no convoca a un paro? ¿Está esperando que, nuevamente en la espalda de los hogares humildes se concentre lo peor? Martínez no saca nada con efectuar shows frente a las cámaras querellándose contra las AFPs, y al unísono apoyar al gobierno de la Bachelet que propicia la capitalización individual. Asimismo, el Partido Comunista que dice ser vanguardia obrera, en plena crisis, no tiene recato en aliarse con el Gobierno neoliberal, fortaleciendo el piso político de la Concertación, a cambio de un par de parlamentarios.
Pero no sacamos nada con criticar, al calor de la crisis que ya nos afecta, debemos reconstruir el sindicalismo de base y desarrollarlo, luchar contra el 161, por estatizar las AFP’s, un salario mínimo decente, mayor participación en la dirección de las empresas, adquiriendo conocimiento y una negociación colectiva efectiva, entre otros, todo ello en la perspectiva de construir las nuevas organizaciones políticas populares. Los sindicatos deben atacar el actual régimen político que sostiene la sobre explotación existente. De nuestra capacidad para enfrentar la grave situación que ya comienza a afectar los hogares pobres dependerá la forma en cómo se desarrolle un verdadero movimiento de trabajadores, el que unido a estudiantes, indígenas y otros grupos, podrá constituirse en una sólida alternativa al capitalismo neoliberal. Insistir en charadas para la televisión o en un parlamentarismo cínico y estéril, con una elite que se autorreproduce legitimando el fracasado régimen político, sólo consolida el dominio de los empresarios. En la perspectiva de homenajear a los mártires de ayer pensando en el futuro es que recordamos a los compañeros y compañeras asesinados por el Ejército en la Escuela Santa María de Iquique hace 101 años.
Iquique, 18 de diciembre de 2008
* El autor es dirigente de la Intersindical de Trabajadores
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