Las dificultades que pesan sobre Donald Trump, y las que pueden sumarse

Los últimos acontecimientos políticos dan cuenta de un Donald Trump errático que amenaza a diestra y siniestra, lo que incluye a los Senadores de su propio partido en su intento por avanzar en su agenda. Las dificultades lo han obligado a improvisar para destrabar sus movimientos dentro de la gama de tendencias neo liberal de extrema derecha que operan en el partido republicano. Su estilo de delirio mesiánico lo vuelve aún más peligroso, porque el tiempo que lleva en el poder aprendiendo a gobernar lo inducen a buscar y presionar a sus asesores para usar subterfugios al filo de la ley, que pueda utilizar en sus propósitos.

La cámara baja, aprobó  recientemente por 419 votos a favor y solo 3 en contra, incluido por cierto a los representantes republicanos, un aumento de las sanciones a Rusia, Irán y Corea del Norte, lo que constituye un golpe mayor para Trump, porque cambia nuevamente su propósito de despejar las dificultades con Moscú, dejándolo sometido nuevamente a la voluntad del Congreso, lo que no es en absoluto de su agrado.

Con grandes tropiezos ha logrado que el Senado de Estados Unidos avance en la discusión para eliminar el programa de salud “Obamacare”, conocida la oposición en su propio partido, quienes no están dispuestos a eliminar totalmente el programa de salud sin un programa de reemplazo que deje a 22 ó 30 millones de ciudadanos pobres sin asistencia en salud. Eliminar el “Obamacare”  le permitiría cumplir su promesa de rebajar los impuestos a los más ricos en más de US$ 1.000 millones de dólares, pero sin tener un paliativo que ofrecer, puede significar un gran costo electoral para los Senadores y Representantes Republicanos.

Las acusaciones sobre intervención de Rusia en las elecciones de Estados Unidos, y la intervención que le habría correspondido a Donald Trump, a su yerno, su hijo y otros personajes que colaboraron en la campaña, están siendo investigadas por el agente especial del FBI, Robert Mueller nombrado por su propio gobierno, quien vino a reemplazar a James Comey, despedido por D. Trump abruptamente como Director del FBI, en un arrebato que le ha significado graves consecuencias. Muy por el contrario a lo esperado, el nombramiento del nuevo agente Mueller, amplió la investigación sobre Trump, y ha logrado que se especule sobre la posibilidad de un “impeachment”, es decir, una acusación constitucional.

Acusar constitucionalmente y destituir al presidente requiere al menos de dos tercios de los votos de los senadores, mayorías que parecen improbable que se alcancen en contra de Trump, debido a que su Partido Republicano controla ambas cámaras del Congreso. Como alternativa al “impeachment”, se menciona removerlo usando la 25ª enmienda de la Constitución, es decir, un mecanismo que permite a una mayoría del gabinete advertir al Congreso que el presidente es “incapaz de cumplir con los poderes y deberes de su cargo”, sin embargo, nuevamente, se requerirían dos tercios de los votos de ambas cámaras del Congreso para destituirlo, en caso de que el presidente impugnara esa acusación.

Un asunto que ha seguido escalando, es la abierta crítica en contra de su Ministro de Justicia, el Fiscal General de los Estados Unidos, Jeff Sessions, quien era parte del equipo electoral y amigo de Donald Trump, el cual  obviamente no cuenta con el apoyo del Presidente, de quién ha recibido fuertes críticas públicas. Sin embargo, la lógica indica que el sustento del Fiscal General Sessions provendría del apoyo del Partido Republicano, lo cual abre otro frente de dificultades a Trump, que se puede agravar, debido a que la estrategia de sacar al Fiscal General, quién se recusó negándose  a participar en la investigación sobre la interferencia de Rusia en las elecciones de 2016, es seguir escalando en la Jerarquía hacia abajo hasta encontrar un funcionario, dispuesto a despedir al agente especial del FBI, Robert Mueller. Esta alternativa, de ser cierta, abriría un conflicto de marca mayor y puede ser motivo para aumentar las  presiones para un realzar un “impeachment” al Presidente.

Las cifras económicas tampoco ayudan ni son concluyentes para decir que se está avanzando en la economía. De hecho, el anuncio de la FED de ir subiendo las tasas y empezar a vender los activos comprados para estimular la economía, podría estar variando un tanto en el sentido de suavizar las alzas de tasas y deshacerse de las compras de activos en poder de la FED con cifras iniciales muy bajas, US$ 10.000 millones de activos de un total de US$ 4.5 billones. Los datos recientes han bajado la intención de subir con más frecuencia las tasas, porque la inflación no es la esperada en relación a las estimaciones previas.

Esta situación puede generar discrepancias entre el gobierno y la FED, en el sentido que a Donald Trump le convendría asumir un dólar bajo. La posibilidad de aumentar la tasa cayó con la publicación de las actas y el tono negativo que predomina en los mercados globales, según la reunión de Junio de la Fed, cuya pauta de aumentar las tasas y normalizar la política monetaria, puede chocar con la política económica de Trump, partidaria de no subir el dólar y actuar más rápido en el caso de los activos. Esta particularidad puede dar sentido a las vedadas amenazas de Trump de sacar a Janet Yellen de la FED a principios del 2018 y poner a un hombre de negocios a cargo de esa institución.

Dicen los economistas que, “cuando la economía se contrae, hay que expandir la política fiscal y monetaria”, en consecuencia, la persistente deflación según los datos del gobierno, pese a que ha bajado el desempleo, también en cifras del gobierno, no ha producido un aumento de las tarifas salariales que mejoren la demanda y aumenten el consumo de la población. En algunos sectores se observan caídas en rubros importantes como las ventas de automóviles. Los bonos del Tesoro subieron, el dólar cayó y las acciones estadounidenses terminaron con pocos cambios después de que la FED señaló que la inflación permanece persistentemente por debajo de su objetivo, incluso mientras la economía “se recupera”. La caída del dólar, el alza del petróleo y de algunos commodities como el cobre, tienen relación con esta situación.

Estas y otras dificultades como la lentitud a la que está avanzando la economía norteamericana, podrían estar fortaleciendo los objetivos en política exterior de Trump, de generar más tensión con Corea del Norte. Según las informaciones que llegan de China, este país ha aumentado sus defensas a lo largo de su frontera con Corea del Norte para prepararse para una posible crisis en la península. Esta información adquiere más sentido, cuando se conoce que Donald Trump está considerando una acción militar que tendría por objetivo parar el avance nuclear de Corea del Norte, aún cuando fuentes militares norteamericanas han señalado que una acción bélica en Contra de Corea del Norte es inviable, porque afectaría a toda la población de Corea del Sur.

Efectivamente, se trata de  25 millones de habitantes del área metropolitana de Seúl que están al alcance de  una “impresionante masa de artillería norcoreana” y que se puede extender a Japón, la base aérea de Guam y tal vez a objetivos más cercanos a EE UU. El secretario de Defensa de los EE.UU., James Mattis, dijo ante el Congreso que, “Podríamos tener la guerra más grave en términos de sufrimiento humano que cualquier otra cosa que hayamos visto desde 1953”.

Las dificultades que enfrenta la presidencia de Donald Trump, sumada la baja adhesión popular interna y la posibilidad de un cuestionamiento o “impeachment” por la cuestión con Rusia, podrían constituir un gran aliciente para desviar el foco de la atención hacia la política exterior que evite su propio cuestionamiento, al coste de caer en una guerra de enormes consecuencias, que puede derivar a su vez en un conflicto nuclear con repercusión para todo el mundo.

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