«No se pueden omitir los silencios de universidades, centros académicos y espacios educativos que han callado por años abusos y violencias de toda índole, con tal de no perder prestigio y seguir en la vorágine de un capitalismo académico, centrado en la desenfrenada publicación de investigaciones y documentos científicos, subordinándose a lógicas competitivas, que pasan por alto prácticas racistas, sexistas y mercantiles en distintos lugares.»