La educación no es un bien de consumo
“La educación es un bien de consumo”, dijo hace unas semanas Sebastián Piñera y luego tartamudeó una explicación que no convenció a nadie. “Nada es gratis en esta vida”, filosofó más tarde, como si fuera un padre que descubre en el hijo ideales hermosos pero inalcanzables y su misión fuera mostrarle la cruda verdad. Eso piensan quienes nos gobiernan. No consideran grave que las instituciones lucren impunemente. Que unos pocos se hagan más ricos a costa de los más pobres.
Falsedades, distorsiones y sordera contra las demandas estudiantiles
Las demandas de los estudiantes y de la ciudadanía respecto del sistema educacional instaurado por la dictadura pinochetista y defendido ahora por sus herederos espirituales en el gobierno, son absolutamente claras y se podrían reducir a las siguientes: 1) Adopción de políticas para una educación de calidad; 2) Reestablecimiento de la educación pública gratuita; 3) Fin del lucro en la educación; 4) Término de la municipalización escolar básica y media y reinserción de ésta bajo la tuición del ministerio de Educación.
¿Libia: sangre, sudor y lágrimas?
En una entrevista reciente Samir Amin manifestó que toda la operación montada en contra de Gadafi no tiene que ver con el petróleo porque las potencias imperialistas ya lo tienen en sus manos. Su objetivo es otro, y esta es la segunda razón de la invasión: «establecer el Africom (el Comando Militar de Estados Unidos para África) actualmente con sede en Stuttgart, Alemania, dado que los países africanos, no importa lo que se piense de ellos, se negaron a aceptar su radicación en África.»
Lo que requiere el imperialismo es establecer una cabeza de playa para lanzar sus operaciones militares en África. Hacerlo desde Alemania aparte de poco práctico es altamente irritativo, por no decir ridículo. Ahora tratarán de que el régimen lacayo que se instale en Trípoli acepte la amable “invitación” que seguramente le cursará la OTAN.
¿Qué es el neoliberalismo?
A comienzos del sigo XX algunos críticos llamaron al fascismo “capitalismo sin guantes”, queriendo significar que el fascismo era puro capitalismo sin los derechos democráticos ni las organizaciones. En realidad, sabemos que el fascismo es mucho más complejo que esto. El neoliberalismo, por otra parte, es en verdad “capitalismo sin guantes”. Representa una época en la cual las fuerzas empresariales son más fuertes y más agresivas, y confrontan menos oposición organizada que nunca antes.
¿Vivimos una revolución?
El arribo de la derecha al gobierno fue el efecto colateral de la desesperación ciudadana ante una Concertación incapaz de acoger demandas acumuladas desde los albores de la dictadura. Con la llegada de la derecha al poder se exacerbaron todas las grandes contradicciones de la Constitución espuria expresadas en el sistema binominal y el modelo neoliberal. El malestar ciudadano no se detiene en el rechazo a una u otra coalición política: impugna la esencia.
«El cobre: ¿sueldo de quién?»
«…los trabajadores del cobre tienen que entender, lo saben y lo van a vivir, que el esfuerzo de ellos estará destinado a hacer posible que cambie la vida del niño y la mujer chilena, que el esfuerzo de ellos y el cobre estarán destinados al progreso de la patria, y al sudar trabajando el fondo de la mina están haciéndolo por un Chile distinto, por una sociedad nueva, por el camino que abrimos hacia el socialismo. Compañeros mineros, trabajadores duros del rojo metal: una vez más debo recordarles que el cobre es el sueldo de Chile, así como la tierra es su pan. El pan de Chile lo van a garantizar los campesinos con su conciencia revolucionaria. El futuro de la patria, el sueldo de Chile, está en las manos de ustedes.»
Salvador Allende Gossens
Guatemala: Todavía puede ser peor.
El 11 de setiembre algo más de siete milllones de ciudadanos guatemaltecos estarán habilitados para elegir al próximo presidente del país centroamericano. Se llega a este relevo con unas perspectivas poco esperanzadoras para los sectores populares, que una vez más no han podido articular una fuerza política, un movimiento con la organización y la extensión social necesaria como para presentarse como opción viable. Esta vez, el general represor Otto Pérez Molina no tendrá dificultades para hacerse con el gobierno a través de las urnas, tras haber fallado en su intento de hace cuatro años.
Movimiento estudiantil: Las cartas están sobre la mesa
La intransigencia gubernamental está tensando la situación. El intento de retomar la normalidad (vía clases en locales especialmente habilitados, exámenes libres…) y de llevar la discusión al parlamento requiere una respuesta contundente, ya no bastará la marcha, tampoco la toma, ni forma alguna de violencia aguda. Ahora bien, para pensar en una respuesta contundente, el movimiento cuenta ya no solo con el copamiento de la calle, se agrega a este la reaparición de la memoria olvidada. El copamiento de la calle, la marcha, acompañado ahora del cacerolazo y la fogata, son coreografías de alto simbolismo representantes de una ciudadanía que reclama por lo perdido, por lo impuesto, por lo negado.
Libia: La OTAN de espaldas a su misión
En 150 días de bombardeos, la OTAN ha arrasado gran parte de la infraestructura libia sin obtener por ello el menor resultado definitorio en el plano militar. Este fracaso es el resultado de su falta de reflexión estratégica previa. La OTAN creyó poder aplicar en Libia los protocolos preconcebidos para otros escenarios y se encuentra ahora sin respuestas ante un caso particular. La mayor alianza militar de la historia mundial, la misma que había sido concebida para enfrentar a la URSS y que soñó después con convertirse en el gendarme mundial, no logra llenar el nuevo papel que pretende asumir.
En agosto los de arriba vagan sin rumbo en Chile
El movimiento estudiantil no es revolucionario ni socialista, no es anticapitalista ni parte de una insurrección en ciernes. En su momento real, es un movimiento de cientos de miles de estudiantes que, en general, buscan la reconquista de la educación pública como un derecho, un bien común, y no como una mercancía. Son jóvenes que aspiran a una educación pagable y de excelencia que les ofrezca movilidad social. Los estudiantes de secundaria quieren ser universitarios y los universitarios quieren ser profesionales con trabajo estable y pago justo.