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		<title>Umberto D. (Film)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Aug 2026 21:28:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>08 de agosto de 2026<br />
Umberto D. apareció como una película profundamente incómoda. No solo por la precariedad económica que mostraba, sino porque colocaba en el centro a una figura casi invisible para el relato moderno: un anciano pobre, solo y progresivamente expulsado del espacio social.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>08 de agosto de 2026</p>
<p>En 1952, cuando Vittorio De Sica estrenó <strong><em>Umberto D.</em></strong>, el neorrealismo italiano comenzaba a atravesar una crisis. La Italia de la posguerra intentaba reconstruirse material y simbólicamente mientras el cine empezaba a desplazarse hacia relatos menos incómodos para una sociedad deseosa de abandonar las imágenes de miseria y devastación que habían definido los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto, <strong><em>Umberto D.</em> </strong>apareció como una película profundamente incómoda. No solo por la precariedad económica que mostraba, sino porque colocaba en el centro a una figura casi invisible para el relato moderno: un anciano pobre, solo y progresivamente expulsado del espacio social.</p>
<p>Lejos de las grandes narrativas heroicas, De Sica construye un relato mínimo donde el drama no surge de acontecimientos extraordinarios, sino de la acumulación silenciosa de pequeñas humillaciones cotidianas. Umberto Domenico Ferrari, jubilado del Estado italiano, vive atrapado entre alquileres imposibles, indiferencia social y una progresiva pérdida de dignidad que amenaza incluso su voluntad de seguir viviendo. La película no presenta villanos absolutos ni conflictos espectaculares. El verdadero antagonista es una estructura social incapaz de mirar a quienes dejan de ser productivos.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Umberto D (1952)" src="https://www.youtube.com/embed/jl_w2bnrL6g" width="780" height="450" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" data-mce-type="bookmark" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
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		<title>Joan Manuel Serrat: «A los viejos se les abandona en la soledad»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 11:01:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Vejez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>02 de mayo de 2026<br />
A los viejos se les abandona en la soledad. Porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez, y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil. ¡Es como quemar los libros! ¡Es destruir la memoria!</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>02 de mayo de 2026</p>
<p>¿Qué quieren que les diga? A mí, a mí personalmente, siempre me pareció estúpido y criminal el quemar los libros, destruir los archivos, pisotear el conocimiento o despreciar la experiencia. Y esto es lo que esta sociedad, o sea, nosotros, hacemos cada día con los viejos. Esto lo cuento porque viene a colación de esta historia, escrita para esos niños que llegaron más lejos, porque salieron antes.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Joan Manuel Serrat reflexiona sobre la tercera edad en la Universitat de Barcelona" src="https://www.youtube.com/embed/iOBOTWC9csw" width="780" height="450" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<p>«Hola, bona tarda». Me llamo Joan Manuel Serrat.</p>
<p>Algunos de ustedes me conocerán. Escribo canciones y las canto.</p>
<p>Tengo 82 años. Gozo de buena salud. Y un estado de conservación más que aceptable. ¿82 años? Sí, 82. «Está muy bien para su edad».</p>
<p>Eso me dicen, esperando que les devuelva el cumplido. Será que la gente quiere lucir joven. Verse en el retrato de Dorian Gray.</p>
<p>De momento, yo estoy encantado de estar aquí compartiendo la clausura de estas jornadas de reflexión acerca del colectivo al que se conoce como la tercera edad. Las personas mayores, en fin. Lo que llamaremos, en confianza, los viejos.</p>
<p>Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama el veranillo de la vida. O sea, ese tiempo de propina en que, a menudo, el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida. Y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones. Y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis. Las gafas, los audífonos&#8230; En fin, esas cosas.</p>
<p>Me gusta la vida. Me gusta estar vivo. Y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación.</p>
<p>Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos. En tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades.</p>
<p>A los viejos se les abandona en la soledad. Porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez, y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil. ¡Es como quemar los libros! ¡Es destruir la memoria!</p>
<p>Vivir más años no significa vivir mejor. Pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida.</p>
<p>Y queremos hacerlo con dignidad. Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles.</p>
<p>Que escuchen y respeten nuestras preferencias. Que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades. Que nos tengan en cuenta en sus decisiones.</p>
<p>Hacer otra cosa sería tirar piedras al tejado propio.</p>
<p>«Bé, Moltes gràcies, bona tarda i molt agraït per haver-vos pogut acompanyar aquests dies. Passeu-ho bé».</p>
<h3>Más sobre el tema:</h3>
<p><iframe loading="lazy" title="Joan Manuel Serrat - Llegar a viejo -" src="https://www.youtube.com/embed/CByu0OhDKes?list=RDCByu0OhDKes" width="780" height="450" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
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		<title>La soledad masculina en la vejez: un silencio que nos mata</title>
		<link>https://piensachile.com/2026/04/20/la-soledad-masculina-en-la-vejez-un-silencio-que-nos-mata/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 19:05:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>
		<category><![CDATA[andres kogan valderrama]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>20 de abril de 2026<br />
Chile atraviesa un rápido proceso de envejecimiento. Actualmente, el 32 % de la población tiene más de 50 años, lo que ha traído consigo consecuencias sociales muy dramáticas para las personas mayores</p>
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<div><b></b><b></b>20 de abril de 2026</div>
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<blockquote><p>Según datos actuales sobre la realidad demográfica en Chile, el país atraviesa un rápido proceso de envejecimiento. Actualmente, el 32 % de la población tiene más de 50 años, lo que ha traído consigo consecuencias sociales muy dramáticas para las personas mayores, entre ellas la soledad no deseada y el aislamiento social. De hecho, cerca del 49 % de las personas mayores declara sentirse sola y el 56% presenta un alto riesgo de aislamiento social (1).</p></blockquote>
<p>Si bien la evidencia muestra que las mujeres enfrentan mayores dificultades en este ámbito —debido a la desigualdad de género en ingresos, discriminación y violencias, además de la sobrecarga en el trabajo doméstico y de cuidados—, me gustaría centrarme en los varones mayores desde un enfoque de masculinidades. Este problema suele ser invisibilizado en los medios de comunicación, especialmente el rol negativo que juega la masculinidad hegemónica en él.</p>
<p>No es casualidad que, según datos del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, entre los hombres la prevalencia de aislamiento social sea 9 puntos porcentuales mayor para quienes no tienen pareja (58,8 %), mientras que para las mujeres este factor no genera una diferencia significativa.</p>
<p>Esto evidencia que la experiencia de separación o viudez genera secuelas graves en la salud de los hombres. Sumado a la cesantía, la jubilación y el propio envejecimiento, el impacto resulta devastador, ya que muchos continúan funcionando bajo lógicas insostenibles para su bienestar integral.</p>
<p>Desde niños se nos enseña que debemos ser autosuficientes, fuertes, productivos, independientes y estoicos, y que no debemos manifestar vulnerabilidad. Esto deriva en que muchos hombres no se autoobserven emocionalmente ni compartan sus emociones con los demás, a diferencia de lo que ocurre con mayor frecuencia entre las mujeres.</p>
<p>Como consecuencia, se genera una identidad masculina con redes relacionales débiles. Las amistades suelen ser funcionales (trabajo, asados, cerveza, fútbol), y la pareja termina convirtiéndose en el principal —y muchas veces único— refugio afectivo ante las dificultades de la vida (problemas de salud, cesantía, pérdidas).</p>
<p>Por eso, cuando los hombres se divorcian o enviudan, presentan mayores problemas de salud mental que las mujeres. La pareja era quien los sostenía emocionalmente. En cambio, muchas mujeres pueden experimentar incluso cierto alivio tras una ruptura, al liberarse de la sobrecarga de trabajo doméstico y cuidados.</p>
<p>No es extraño, entonces, que para el hombre sea mucho más difícil estar solo después de un divorcio o viudez: cuenta con menos redes afectivas y existe una fuerte presión social para que permanezca emparejado. Estar solo puede llevar a que se cuestione incluso su sexualidad.</p>
<p>En consecuencia, muchos hombres experimentan una especie de “desmasculinización” de su autoestima al llegar a la vejez, asociada a la menor fuerza física, la reducción de la virilidad percibida y los menores ingresos. Esto contribuye a que vivan menos años que las mujeres y presenten tasas de suicidio hasta cuatro veces más altas, brecha que se profundiza especialmente a partir de los 70 y 80 años.</p>
<p>El desafío, tanto como sociedad como desde la política pública, es promover masculinidades más saludables en la vejez, alejadas de modelos insostenibles. Se trata de permitir que los hombres acepten e integren su vulnerabilidad como parte de una inteligencia emocional que históricamente se les ha negado desarrollar.</p>
<p>Asimismo, es necesario cultivar y fomentar redes afectivas desde edades tempranas. Desarrollar amistades masculinas profundas, crear grupos de conversación entre varones mayores y generar espacios seguros donde se pueda hablar sin juicio sobre el cuerpo que cambia, la sexualidad que se transforma o el sentido de la vida que ya no depende del cargo ni del dinero.</p>
<p>No basta con programas generales de envejecimiento activo. Se requieren intervenciones específicas que acompañen a los hombres en la transición hacia la vejez: talleres de duelo, grupos de apoyo entre pares y actividades que ayuden a reconstruir lazos.</p>
<p>Pero también es fundamental trabajar desde la educación temprana, en los colegios, para valorar el cuidado de uno mismo y de los demás desde la infancia, dejando atrás mandatos masculinos que persiguen hasta la vejez e impiden vivir una vida más relacional, más presente, más cercana y orientada al disfrute del tiempo libre, en lugar de una retirada resignada y llena de frustración.</p>
<p>En definitiva, la soledad no deseada de tantos hombres mayores es el saldo pendiente de una masculinidad que priorizó la dominación y la autosuficiencia por sobre la vida y las relaciones. Romper ese ciclo no solo mejorará la calidad de vida de los hombres que hoy envejecen, sino que liberará a las generaciones más jóvenes de cargar con el mismo peso.</p>
<p>Es hora de construir, también en la vejez, masculinidades que cuiden la vida: la propia y la de los demás. Porque envejecer no tiene por qué ser sinónimo de soledad no deseada ni de aislamiento social. Puede ser, si nos lo proponemos, un tiempo de mayor conexión, ternura y sentido compartido.</p>
<p><span style="font-size: 12px;">-El autor, <strong>Andrés Kogan Valderrama</strong>, es Sociólogo, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea, Diplomado en Masculinidades y Cambio Social </span></p>
<h3>Nota:</h3>
<p>1:  https://www.uc.cl/noticias/soledad-no-deseada-casi-la-mitad-de-la-poblacion-mayor-declara-sentirse-en-soledad/</p>
<h3>Más sobre el tema:</h3>
<article>
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<div class="col-12">
<div class="article-title">
<h3 class="title">En Chile se encuentra el hombre más viejo del mundo</h3>
</div>
<div class="article-sub-title ">
<p><strong>Se llama Celino Villanueva Jaramillo pero en Chile lo conocen como «don Celino»,tiene 121 años, cuatro más que el hombre reconocido como el más longevo del mundo por el libro Guinness.</strong></p>
</div>
<div class="article-date"><time datetime="2017-11-07T03:00:00.000Z">07 de noviembre de 2017 &#8211; 00:00</time></div>
</div>
</div>
</div>
</article>
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<p>«Don Celino» mide poco más de un metro veinte de altura y es el hombre más viejo del planeta según el gobierno chileno, que aseguró que nació el 25 de julio de 1896. Hace 121 años. Jaramillo atravesó tres siglos y es cuatro años mayor que el japonés Nabi Tajima, el hombre reconocido como el «más longevo del mundo» por el libro Guinness de los récords. El problema de Jaramillo es que perdió su certificado de nacimiento junto a todas sus pertenencias cuando su casa se incendió hace más de 20 años. No obstante, los registros oficiales confirmaron lo que decía el anciano. «Al revisar nuestros registros, Celino Villanueva Jaramillo nació efectivamente el 25 de julio de 1896, y todavía está vivo», dijo al diario británico <em>The Guardian</em> Jacqueline Salinas, del departamento de demografía de la oficina de estadísticas de Chile. En 2011, el entonces presidente Sebastián Piñera y su Ministro de Desarrollo Social Joaquín Lavin, incluso festejaron con él sus 115 años y le entregaron un certificado, audífonos, dos bastones y un calefactor a leña. <span style="font-size: 14px;"><strong>«Lamentablemente, no hubo ofrecimiento de un especialista geriátrico al ser el humano más viejo del mundo. En Chile, esa atención está reservada a pacientes del sistema privado y Villanueva, que es pobre, tiene que ir al sistema público, que es de inferior calidad»</strong></span>, apuntó el <a href="https://www.theguardian.com/world/2017/nov/06/born-in-1896-and-still-going-meet-the-worlds-oldest-man-probably"><em>Guardian</em>.   <strong>La historia de Don Celino</strong> </a>Villanueva Jaramillo</p>
<blockquote><p>Don Celino nació en la ciudad de Río Bueno, en la Región de los Ríos, y durante la mayor parte de su vida trabajó en el campo para un terrateniente llamado Ambrosio Toledo. Cuando cumplió 80 años, lo reemplazaron por un empleado más joven y el anciano tuvo que dejar la casa que ocupaba.</p></blockquote>
<p>Gracias a una pequeña pensión, se pudo alquilar una cabaña en la ciudad costera de Mehuín pero un incendio lo dejó en la calle y sin nada poco antes de que cumpliera cien años. Marta Ramírez, una mujer de 63 años, se apiadó de él y lo recibió en su casa «pensando que no iba a vivir mucho más». Pero ya pasaron 22 años y su huésped sigue allí, aunque ya apenas ve ni escucha. «Está casi un 90% ciego debido a sus cataratas, 85% sordo y no tiene dientes hace mucho tiempo, por lo que es muy difícil entender lo que dice», indicó <em>The Guardian</em> . Además un neumonía que sufrió a principios de año lo debilitó mucho. Según Marta Ramírez, don Celino «no es el mismo» desde que fue al hospital.   Fuente: tn.com.ar</p>
<p>*Fuente: <a href="https://www.carasycaretas.com.uy/chile-se-encuentra-hombre-mas-viejo-del-mundo"><strong>Caras y Caretas Diario</strong></a></p>
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		<title>Una triste realidad</title>
		<link>https://piensachile.com/2022/07/24/una-triste-realidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 Jul 2022 16:47:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[egoísmo]]></category>
		<category><![CDATA[hijos desagradecidos]]></category>
		<category><![CDATA[hogar de ancianos]]></category>
		<category><![CDATA[vejez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sentados en la mesa de la sala de una casa sencilla y simple, donde vivo ahora solo, empezamos a hablar. El tema es sobre mi futuro. Un frío me recorre la espalda. Pronto ellos tratando de convencerme de que lo mejor para mí es vivir en un hogar para ancianos.</p>
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<div class="qzhwtbm6 knvmm38d" style="text-align: right;">24 de julio de 2022</div>
<div class="qzhwtbm6 knvmm38d" style="text-align: right;">Roberto, un amigo de los años escolares, me ha enviado una nota que recibió vía facebook. Duele leer lo que escribe el autor, un ser humano que va llegando al final de vida. En un mundo que se viene abajo, es indispensable salvar aquellos valores que se supone que elevan y diferencian al ser humano de otros seres no concientes, los animales, aunque a menudo vemos en estos actitudes que van desapareciendo de la sociedad humana.<br />
Angel Nuñez</div>
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<div dir="auto">Al final de la tarde fría, recibo la visita inesperada de mis dos hijos. Uno es médico, el otro ingeniero. Ambos exitosos en sus profesiones.</div>
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<div dir="auto">Hace menos de una semana sufrí la muerte de mi amada esposa. Todavía me siento abatido por la pérdida que cambió el rumbo y el sentido de la vida para mí.</div>
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<div dir="auto">Sentados en la mesa de la sala de una casa sencilla y simple, donde vivo ahora solo, empezamos a hablar. El tema es sobre mi futuro. Un frío me recorre la espalda. Pronto ellos tratando de convencerme de que lo mejor para mí es vivir en un hogar para ancianos.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">Reacciono&#8230; Argumento que la sombra de la soledad no me asusta y la vejez, mucho menos. Pero mis hijos insisten «preocupados»? Lamentan, mientras tanto, que las dependencias de sus amplios apartamentos junto al mar estén ocupadas y por lo tanto yo no pueda estar ni con uno, ni con otro&#8230; así dicen ellos. Además, mis hijos y mis nueras viven muy ocupados. Así que no tendrían como verme. Eso sin contar con mis nietos, estudian casi todo el día, es imposible.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">En mi favor, argumento ya sin mucha convicción que, en ese caso, ellos bien podrían ayudarme a pagar una cuidadora. Frente a mí, el médico y el ingeniero dicen que serían necesarias, en realidad, «tres cuidadoras en tres turnos y todas con cartera firmada». Lo que sería, en tiempos de crisis, una pequeña fortuna al final de cada mes.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">Me niego aceptar la propuesta de vivir en un refugio. Y aquí viene otra sugerencia: me piden que debo vender la casa.</div>
<div dir="auto">El dinero servirá para pagar los gastos del hogar a donde iré por un buen tiempo, para que nadie se preocupe. Ni ellos, ni yo.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">Me rindo a los argumentos por no tener más fuerzas para enfrentar tanta ingratitud y frialdad. Cerré mis labios y no hablo del sacrificio que hice durante toda mi vida para financiar los estudios de ambos. No digo que dejé de viajar con la familia a algún paseo, de frecuentar buenos restaurantes, de ir a un teatro o cambiar de coche para que nada les faltara a ellos. No valdría la pena alegar tales hechos a esta altura de la conversación. De ahí, sin decir una sola palabra, decido juntar mis pertenencias. En poco tiempo, veo toda una vida resumida en dos maletas. Con ellas, me embarco hacia otra realidad, mucho más dura. Un hogar para ancianos, lejos de los hijos y los nietos.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">Hoy, en los brazos de la soledad, reconozco que pude enseñar valores morales a mis hijos. Pero no pude transmitir a ninguno de los dos una virtud llamada GRATITUD.</div>
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<div dir="auto">La culpa es nuestra por cuanto siempre le estamos dando lo que quieren o piden, cuando debemos enseñarle que deben «ganárselo».</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">¿Cómo? Trabajando con esfuerzo, ayudando a limpiar la casa, cocinar, lavar platos, etc., para cuando lleguen a adultos sepan que las cosas se consiguen con esfuerzo y sean responsables y gratos, quieran a sus padres por haberles enseñado a ser buenos hijos. La juventud actual te busca cuando quiere algo, cuando te necesita, pero cómo es lógico existen sus excepciones.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">La gratitud hay que forjarla, no viene incluida en el corazón de los humanos, a no ser que se les haya inculcado amor y temor a Dios primeramente.</div>
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<div dir="auto">Pido disculpas por manifestar lo que pienso, pero deben saber que cuando lleguen a ser «viejos» querrán ser bien tratados por sus hijos y/o nietos y eso no se consigue con dinero sino con la bondad sembrada en sus corazones.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">Habrá padres que están a tiempo de forjar sentimientos.</div>
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<div dir="auto">Dios tenga misericordia de las nuevas generaciones.</div>
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<div dir="auto">«Para los últimos tiempos habrá hijos amadores de sí mismos, indiferentes, egoístas, vanagloriosos, desleales que gozan de la injusticia y se apartan de la verdad»»</div>
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		<title>«La vejez, eso que le pasa a los otros» (1)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Apr 2019 02:30:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[edmundo moure]]></category>
		<category><![CDATA[jorge luis borges]]></category>
		<category><![CDATA[kazantzakis]]></category>
		<category><![CDATA[vejez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Para Antonio Soler Leyendo “Catón el Viejo”, de Marco Tulio Cicerón, me he propuesto no llegar a la edad provecta. Algunos –muchos– me dirán que con setenta y ocho...</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/04/05/la-vejez-eso-que-le-pasa-a-los-otros-1/">«La vejez, eso que le pasa a los otros» (1)</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure style="width: 557px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" src="https://ci3.googleusercontent.com/proxy/bDIEraLhk5HcskLDw5M766MrZ-FrxLaUDTYDiGuw3qTKNPLv6Df77_m3J5jVnisyVtRvN70KBBiXGF44TRr7Op0GAYme5p6sR7eKCkU4lwR2_3cCvP3vFjWxIouRv8_ZBPeUy5qSApDQWyfhVQUELwtYWyaI6RfPtE_TEhcS=s0-d-e1-ft#https://cascade.madmimi.com/promotion_images/8788/6285/original/janko-ferlic-401704-unsplash.jpg?1554396948" alt="janko-ferlic-401704-unsplash" width="557" height="487" /><figcaption class="wp-caption-text">Photo by Janko Ferlič on Unsplash</figcaption></figure>
<p style="text-align: right;" align="left"><em>Para Antonio Soler</em></p>
<p align="left">Leyendo “Catón el Viejo”, de Marco Tulio Cicerón, me he propuesto no llegar a la edad provecta. Algunos –muchos– me dirán que con setenta y ocho años a cuestas ya se es “viejo de más”, como afirma un amigo socarrón y picaresco. Pero lo cierto es que aún no aprecio mi vejez, quizá en virtud de esa limitación de no verse a sí mismo, por mirarse a diario en el espejo, sin percatarse de los pasos vertiginosos del implacable Cronos. Me siento con energías suficientes para madrugar y moverme, entre afanes contables y literarios, con la ilusión de vislumbrar proyectos, es decir anhelos factibles de cumplirse.</p>
<p align="left">Pero la verdad es que Cicerón no se solaza, como yo, en mi torpe consuelo de esa fuerza física que creo perdurable y que trato de cautelar con largas caminatas por las rúas de esta ciudad agobiante. No, el pensador romano apela a la sabiduría que el paso del tiempo otorga –o debiera otorgar– a quienes se acercan al fin del camino, premunidos de la virtud de la ataraxia, es decir la imperturbabilidad del ánimo. Y lo hace en su bella y elocuente prosa. Escuchémosle.</p>
<p style="padding-left: 60px;" align="left"><em>Quiero aliviarte a ti, y también a mí mismo, de esta carga que comparto contigo, la vejez, que o bien nos oprime o nos amenaza con certeza; aunque yo estoy seguro que tú, como todo lo demás que te acaece, soportas esto y lo seguirás soportando con mesura e sabiduría. Pero a mí, al querer escribir algo sobre la vejez, me parecías tú digno de un don del que ambos podríamos aprovecharnos de manera conjunta. A mí, de verdad, me ha resultado tan grata la composición de este libro, que no sólo me dispensó de todas las molestias de la vejez, sino que incluso me hizo la senectud suave y agradable. Nunca, pues, podrá la filosofía ser elogiada con suficiente merecimiento, ya que quien la obedezca podrá vivir su existencia exento de todo desasosiego.</em></p>
<p align="left">Loable reflexión del sabio, digna de admiración. Pero me siento muy lejos de ello, aunque trato de paliar las amarguras del tiempo transcurrido y de las sucesivas miserias, aferrándome al humor, que no siempre suena festivo a través de mis palabras, sino ácido, muchas veces, o corrosivo y asaz destructor, porque el lenguaje puede actuar como acerado cuchillo, según apunta mi buen amigo catalán, y “lector cautivo” de mis crónicas semanales, Antonio Soler, quien procura enderezar la visión de su ojo derecho, díscolo de raro estrabismo, mientras construye su paraíso de Punta de Choros, bautizado como Las Cubas de Cydonia. Él contemporiza y tolera, con la ecuanimidad de las viejas razas, los tropiezos que la vida y el prójimo van sembrando en nuestra senda, sin caer en la rotunda –y poco sabia– apreciación de que “el infierno son los otros”.</p>
<p align="left">Respecto a la Filosofía, procuro retomar el aficionado estudio que un día emprendí, desde que María Elena Cruz Ponce, la bella “Melé” del Paradero 27, allá por el año 1958, me obsequiara la <em>Historia de la Filosofía</em>, de Will Durant, que releo ahora en una antigua edición, propiedad de Marisol –que en esta casa también los libros tienen, a lo menos, cuatro dueños celosos–. Aquel volumen que hoy vive en mi porfiada nostalgia, me fue arrebatado, como otros muchos folios impresos, por feroces hados del destino.</p>
<p align="left">Pero el posible remedio se está volviendo peor que la enfermedad, según rezaba el refrán favorito de mi abuela nancagüina, porque me tienen atrapado Nietzsche y sus lúcidos exégetas, Jaspers y Deleuze, con lo cual duda uno hasta del sentido etimológico de esta verba quemante, misteriosa, opaca o diamantina, pero jamás quieta o indiferente, que llamamos filosofía, que alguna vez cantara Cicerón para que yo memorizara la hermosa definición:</p>
<p style="padding-left: 60px;" align="left"><em>“La Filosofía es, siguiendo la etimología de la palabra, el amor a la sabiduría; y la sabiduría, siguiendo la tradición de los antiguos filósofos, es la ciencia de las cosas divinas y humanas y de los principios que las informan”.</em></p>
<p align="left">Deduzco que Marco Tulio Cicerón no vivió en una época tan agitada y crítica como la nuestra, donde parece imposible toda ecuanimidad; ni siquiera un mínimo entendimiento o tolerancia entre los hombres. Pero el maestro objetaría, por necia, mi extemporánea reflexión, porque toda época histórica, toda generación humana han padecido semejante desasosiego y similar angustia existencial, pues son parte de nuestra naturaleza y condición, sujetos como estamos a la pérdida del paraíso y al móvil de encontrar la Casa extraviada, bajo los impulsos desbocados de Eros y Tánatos.</p>
<p align="left">Prometo redoblar mañana mis caminatas, comprensivo lector, y adicionaré algunas flexiones de brazos y piernas en las máquinas gratuitas del parque… Aunque me temo que mis músculos flaquearán, hasta que el asma vuelque en mí su llanto ahogado y nocturnal, mientras releo al tronante germano y repito la oración poética del griego Kazantzakis:</p>
<p style="padding-left: 60px;" align="left"><em>“No es el hombre lo que me maravilla, sino el fuego que devora al hombre”.</em></p>
<p align="left">Presiento que no voy a llegar a viejo.</p>
<p align="left"><strong>Nota:</strong></p>
<p align="left">(1) Frase memorable de Jorge Luis Borges.</p>
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		<title>Sobre sexualidad y vejez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Jan 2019 23:30:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derechos de la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[discriminacion social]]></category>
		<category><![CDATA[ereccion]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo]]></category>
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		<category><![CDATA[orgasmo]]></category>
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		<category><![CDATA[vejez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> Según Kinsey, a lo largo de toda la vida hay mayor estabilidad sexual en la mujer que en el hombre; a los 60 años, sus posibilidades de deseo, de placer, son las mismas que a los 30. Según Masters y Johnson, la intensidad de la respuesta sexual disminuye con la edad; sin embargo, la mujer sigue siendo capaz de llegar al orgasmo, sobre todo si es objeto de un estímulo sexual eficaz y regular. </p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/01/14/sobre-sexualidad-y-vejez/">Sobre sexualidad y vejez</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ni en la literatura ni en la vida he encontrado ninguna mujer que considerara su vejez con complacencia. Tampoco se habla jamás de una “hermosa anciana”; en el mejor de los casos se la califica de “encantadora”.<strong>[1]</strong>En cambio, se admira a ciertos “viejos hermosos”; el varón no es una presa; no se le pide ni frescura, ni dulzura, ni gracia, sino la fuerza y la inteligencia del sujeto conquistador; el pelo blanco, las arrugas no contradicen este ideal viril.Como se puede imaginar a priori, dada la diferencia de su destino biológico y de su estatuto social, el caso de los hombres es muy diferente del de las mujeres. Biológicamente, los hombres están en mayor desventaja; socialmente, la condición de objeto erótico desfavorece a las mujeres.El comportamiento de unos y otros es poco conocido. Ha sido objeto de cierto número de encuestas que han servido de base a estadísticas. El valor de las respuestas obtenidas por los encuestadores es siempre discutible. Y en este terreno la noción de término medio no tiene mucho sentido. Sin embargo, indico en un apéndice las que he consultado y de las cuales he retenido algunas indicaciones.</p>
<p>Biológicamente, la sexualidad de la mujer se ve menos afectada por la vejez que la del hombre. Es lo que observa Brantome en el capítulo de la <em>Vie des dames galantes</em> que dedica a “Algunas señoras viejas a quienes les gusta tanto hacer el amor como a las jóvenes”. Mientras que el hombre a cierta edad ya no es capaz de erección, la mujer “a cualquier edad que sea recibe en sí como un horno todo fuego y toda materia”. Una larga tradición popular subraya ese contraste. En uno de los cantos de las <em>Alegres musas de Caledonia, </em>[2] una mujer de edad se queja de la impotencia de su viejo marido; añora “los locos abrazos de sus años juveniles” que ya no son más que un pálido recuerdo, pues en la cama él no piensa más que en dormir mientras que ella se consume en deseo.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/?attachment_id=15482" rel="attachment wp-att-15482"><img loading="lazy" class="wp-image-15482 alignright" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-2.jpg" sizes="(max-width: 748px) 100vw, 748px" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-2.jpg 1024w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-2-150x150.jpg 150w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-2-300x300.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-2-768x768.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-2-125x125.jpg 125w" alt="" width="351" height="351" /></a>La ciencia de hoy confirma la validez de esas indicaciones. Según Kinsey, a lo largo de toda la vida hay mayor estabilidad sexual en la mujer que en el hombre; a los 60 años, sus posibilidades de deseo, de placer, son las mismas que a los 30. Según Masters y Johnson, la intensidad de la respuesta sexual disminuye con la edad; sin embargo, la mujer sigue siendo capaz de llegar al orgasmo, sobre todo si es objeto de un estímulo sexual eficaz y regular. Entre las que no tienen relaciones físicas frecuentes, el coito provoca a veces dolores –durante o más tarde-, así como fenómenos de dispareunia y disuria; no se sabe si el origen de esos trastornos es físico o psicológico. Añado que a la mujer puede gustarle hacer el amor aunque no llegue al orgasmo: los “placeres preliminares” cuentan para ella quizá más todavía que para los hombres. Es normalmente menos sensible que el hombre a la apariencia de su pareja y en consecuencia menos afectada por su envejecimiento. Aunque su papel en el amor no sea tan pasivo como se ha pretendido, no tiene por qué temer un fracaso. Puede cumplir actividades sexuales hasta sus últimos días.</p>
<p>Sin embargo, todas las encuestas muestran que sus actividades son de hecho mucho menos numerosas que las de los hombres. A los 50 años, según Kinsey, 97% de los hombres tienen todavía una vida sexual y sólo 93% de las mujeres; a los 60 años, 94% de los hombres y sólo 80% de las mujeres. Es que socialmente el hombre, a toda edad, es sujeto, y la mujer un objeto, un ser relativo. Casada, su destino es ordenado por el de su marido; éste tiene término medio cuatro años más que ella y en él el deseo decrece. O, si subsiste, se dirige a mujeres más jóvenes. Sin embargo, a la mujer de edad le es muy difícil tener parejas extramaritales. Gusta todavía menos a los hombres que el hombre viejo a las mujeres. En su caso, la gerontofilia no existe.</p>
<p>Un hombre joven puede desear a una mujer lo bastante grande como para ser su madre, pero no su abuela. A los ojos de todos, una mujer de 70 años ha cesado de ser un objeto erótico. Los amores venales le son muy difíciles; es muy excepcional que una mujer vieja tenga los medios y la ocasión de pagarse un hombre y en general la vergüenza, el temor del qué dirán, la disuaden. Para muchas mujeres de edad, esta frustración es penosa porque siguen atormentadas por sus deseos. Por lo común los apaciguan masturbándose. Una ginecóloga me citó el caso de una mujer de 70 años que le suplicaba que la curara de esa práctica a la que se entregaba noche y día.</p>
<p>Andrée Martinerie, interrogando a mujeres de edad, ha recogido confidencias interesantes.[3] La Sra. F., gran burguesa de 68 años, católica militante, con cinco hijos y diez nietos, le dijo: “Yo tenía ya 64 años… Bueno, pues escuche: cuatro meses después de la muerte de mi marido bajé a la calle como quien se suicida, decidida a entregarme al primer hombre que me quisiera. Nadie quiso. Entonces volví”. A la pregunta: “¿Ha pensado usted en volver a casarse?” respondió: “No pienso más que en eso. Si me atreviera, pondría un aviso en <em>Le Chasseur francais</em>… ¡Antes un hombre lleno de achaques que ninguno!”</p>
<p>A los 60 años, junto a un marido inválido, la Sra. R. dice, a propósito del deseo: “Es cierto que eso no pasa”. A veces tienen ganas de dar con la cabeza contra la pared. Una lectora de esta encuesta escribe a la revista: “Me veo obligada a comprobar que a pesar de la edad la mujer sigue siendo mujer durante mucho tiempo. Hablo con conocimiento de causa porque tengo 71 años. Me quedé viuda a los 60 años, la muerte de mi marido fue brutal, tardé dos años en superarla. Después contesté a los anuncios matrimoniales. Lo reconozco, me ha faltado un hombre, qué digo, me falta; es aterradora la vida sin un objetivo, sin afecto, sin poder expansionarse. Su encuesta me ha aliviado…” La corresponsal escribe púdicamente “afecto”, “expansionarse”. Pero el contexto indica que su frustración tiene una dimensión sexual. [4]</p>
<p>La idea de que en las mujeres los impulsos sexuales persisten largo tiempo es confirmada por las observaciones que se pueden hacer en las homosexuales. Algunas conservan actividades eróticas hasta después de los 80 años. Eso prueba que las mujeres siguen siendo capaces de desear mucho tiempo después de haber dejado de ser deseables a los ojos de los hombres.</p>
<p>Es decir, que la mujer sufre hasta el fin su condición de objeto erótico. La castidad no le es impuesta por un destino fisiológico sino por su condición de ser relativo. Sin embargo, ocurre que ella misma se condena a la castidad a causa de esas “barreras psíquicas” de que he hablado y cuyo papel es todavía más apremiante para la mujer que para el hombre. Por lo general es más narcisista que él en el amor; en ella el narcisismo apunta al cuerpo entero; a través de las caricias y la mirada de su pareja toma deliciosamente conciencia de su cuerpo como deseable. Si él sigue deseándola, ella se adaptará con indulgencia a su marchitez. Pero al primer signo de frialdad, sentirá amargamente su decadencia, se asqueará de su imagen y ya no soportará exponerse a los ojos de otro. Esta timidez reforzará el temor a la opinión: la sabe severa con las mujeres de edad que ya no representan su papel de abuela serena y desencarnada. Aunque su marido la solicite todavía, una preocupación de decencia profundamente interiorizada puede llevarla a hurtarse.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/?attachment_id=15483" rel="attachment wp-att-15483"><img loading="lazy" class="wp-image-15483 alignleft" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2019/01/sexualidad-vejez-3.jpg" alt="" width="400" height="225" /></a>Las mujeres tienen menos recursos que los hombres a las diversiones. Aquellas cuya vida erótica ha sido muy activa y muy libre compensan a veces su abstinencia con la crudeza de su vocabulario, la obscenidad de sus palabras. Desempeñan más o menos el papel de alcahuetas o por lo menos espían con una curiosidad maniática la vida sexual de las mujeres jóvenes que las rodean, solicitan confidencias. Pero en general la represión se extiende también al lenguaje. La mujer de edad se quiere decente en sus conversaciones como en su conducta. La sexualidad ya no se traduce más que en su manera de vestirse, de arreglarse, en su gusto por la presencia masculina. No se niega a tener relaciones de discreta coquetería con hombres más jóvenes que ella; es sensible a las atenciones que demuestran que para ellos sigue siendo una mujer.</p>
<p>Sin embargo, también entre las mujeres la patología pone de manifiesto que los impulsos sexuales están reprimidos pero no apagados. Los alienistas han observado que en los asilos, el erotismo de los sujetos femeninos suele aumentar con la edad. La demencia senil produce delirios eróticos, resultantes de una falta de control cerebral. En otras psicosis se produce también una liberación de los impulsos. En 110 mujeres de más de 60 años pensionistas de un asilo, el doctor Georges Mahé señaló 20 casos de erotismo agudo: masturbación en público, mímica del coito, palabras obscenas, exhibicionismo. Desgraciadamente, no indica el sentido de estas manifestaciones, no las ubica en un contexto, no sabemos quiénes son las enfermas que se entregan a ellas. Muchas internadas tienen alucinaciones genitales: violaciones, contactos. Hay mujeres que se creen embarazadas a más de 71 años. La Sra. C., de 70 años, abuela, canta canciones de soldados, se pasea en el hospital semidesnuda buscando hombres.</p>
<p>El erotismo está en el centro de numerosos delirios (o es pretexto de depresiones melancólicas. E. Gehu habla de una abuela de 83 años alojada en una casa atendida por religiosas. Hacía ostentación de tendencias tanto homosexuales como heterosexuales. Atacaba a las monjas jóvenes que le llevaban la comida. Durante esas crisis estaba lúcida. Después tuvo una confusión mental. Terminó por recobrar la lucidez y una conducta normal. También sobre este caso serían de desear más detalles.</p>
<p>Todas las observaciones que acabo de transmitir son muy insuficientes, e indican que las mujeres de edad no están más “purificadas de sus cuerpos” que los hombres.</p>
<p>Ni la historia ni la literatura nos han dejado testimonio valedero sobre la sexualidad de las mujeres de edad. El tema es todavía más tabú que la sexualidad de los viejos del sexo masculino.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sobre-sexualidad-y-vejez/">El ViejoTopo</a></strong></p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p>[1] El tema poético “a una hermosa vieja”, explotado a menudo en diferentes siglos y diferentes países, es el de una mujer que ha sido hermosa y ha dejado de serlo con la vejez. Sólo conozco una excepción: la <em>“Oda a una hermosa vieja”</em>, de Maynard.</p>
<p>[2] Cantos populares escoceses recogidos en el siglo XVIII.</p>
<p>[3] Citadas en <em>Elle</em>, de marzo de 1969.</p>
<p>[4] Una reacción típica es la de una mujer joven que escribe a <em>Elle</em>: “En un grupo de jóvenes nos hemos reído en grande de la ardiente viuda militante de la Acción Católica para la cual ‘el deseo no pasa’… ¿No podrían ustedes hacer próximamente una encuesta sobre el amor y la cuarta edad de la mujer, es decir las que tienen entre 80 y 120 años?” Los jóvenes se escandalizan si las personas de edad, y sobre todo las mujeres, tienen todavía una vida sexual.”</p>
<p>Fuente: Extractos del libro de Simone de Beauvoir <em>La Vieillesse</em> (<em>La vejez</em>), publicado en 1970.</p>
<p>Otros libros de la autora:</p>
<p><strong>Artículos del autor:</strong></p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sobre-sexualidad-y-vejez/"><strong>Sobre sexualidad y vejez</strong></a></p>
<p><strong><a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-mujer-y-el-materialismo-historico/">La mujer y el materialismo histórico</a></strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/01/14/sobre-sexualidad-y-vejez/">Sobre sexualidad y vejez</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>El tiempo sin aroma, el derecho a una muerte digna</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/10/16/tiempo-sin-aroma-derecho-una-muerte-digna/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Oct 2016 02:23:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[eutanasia]]></category>
		<category><![CDATA[javier cortines]]></category>
		<category><![CDATA[muerte digna]]></category>
		<category><![CDATA[vejez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta época, en la que la industria de la salud arrasa con potingues que prometen “la eterna juventud” y los mercaderes se hinchan a vender calzado deportivo, si es posible de marca, para que los mayores corran la maratón al cumplir los noventa y cinco, es hora de preguntarnos si merece la pena penar  mil años para emular a Matusalén.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En esta época, en la que la industria de la salud arrasa con potingues que prometen “la eterna juventud” y los mercaderes se hinchan a vender calzado deportivo, si es posible de marca, para que los mayores corran la maratón al cumplir los noventa y cinco, es hora de preguntarnos si merece la pena penar  mil años para emular a Matusalén.</p>
<p>En su ensayo “El aroma del tiempo”, el filósofo coreano Byung-Chul Han<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, destacado pensador de formación germana, reflexiona acerca de “la vida larga y sana, pero aburrida e insoportable” y asegura que, debido a la actual “rigurosa política de salud, morimos a destiempo”, no de forma natural cuando llega la hora bio-lógica.</p>
<p>Chul Han afirma que en esta era de “las prisas, lo fugaz y lo efímero”, se vive “sin ritmo, sin rumbo y sin meta”, “sin saborear el aroma del tiempo”, e invoca a Zaratustra (el alter ego de Nietzsche) cuando dice: “Muchos mueren demasiado tarde, y algunos mueren demasiado pronto. Todavía suena extraña esta doctrina: ¡Muere a tiempo!”.</p>
<p>Esas reflexiones suponen un excelente punto de partida para detenerse a pensar en la idea de “aprender a morir a tiempo” y abordar, de nuevo, el asunto de la eutanasia, como derecho insoslayable del ser humano a expirar con dignidad.</p>
<p>“La lozanía” se ha convertido en “el nuevo diosito” de nuestro tiempo. Ahora todos quieren ser “iron-man” y “iron-woman” y practicar el parapente para recuperar la juventud. Excepto los que soportan una vida insoportable por motivos religiosos o personales, los demás deberíamos reivindicar “la eutanasia humanitaria”.</p>
<p>Uno de mis amigos se quejaba de que en las farmacias no se vendieran pastillas (tipo cianuro) para terminar con la vida “ipso facto” cuando ésta se ha convertido en un infierno sin salida. Y se lamentaba del dolor innecesario que sufren muchas personas “cuando los guardianes del sistema” las obligan a concluir sus vidas humilladas y desamparadas.</p>
<p>En Grecia y Roma los sabios tomaban veneno y, antes de iniciar el ritual, hacían bromas a sus allegados o escribían, por ejemplo, un poema vitriólico contra el emperador. Sócrates, ya moribundo, habló así a un amigo, en la celda donde estaba encerrado, después de tomar la cicuta:</p>
<p>&#8211; Critón, le debemos un gallo a Asclepio (dios de la medicina). Así que págaselo y no lo descuides.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>
<p>En países avanzados, como Bélgica, Holanda y Luxemburgo, hay centros médicos que se encargan de “aplicar la eutanasia” a las personas que han elegido la vía de la muerte digna o simplemente desean traspasar el último umbral “con coraje”, como aconsejaba Séneca.</p>
<p>En la película “Golfus de Roma”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, basada en la comedia “Miles Gloriosus” de Plauto<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>, hay una escena supercómica en la que un verdugo ejecuta en un circo a una fila de criminales, que están de rodillas, golpeándolos en la nuca con una bola de hierro que pende de una cadena. El bestia explica a un aprendiz, ante el horror de los condenados, cómo hay que girar la muñeca para que la esfera vuele e impacte en las cervicales.</p>
<p>En ese lugar se mata sólo a “los indeseables”, pero en la comedia “se cuelan” ciudadanos libres “que quieren ser desnucados” para dejar este mundo cruel. Hay un momento álgido: cuando el verdugo reconoce a “un inocente” acurrucado entre dos miserables, y le ordena: “Véte, tú no puedes estar aquí: ¡Las leyes romanas castigan el suicidio con la pena de muerte!”.</p>
<p>Una vez  un discípulo le preguntó a Séneca: “Maestro, ¿Cómo es la vida? ¿Corta o larga?”. El filósofo le respondió: “la vida no es ni corta ni larga; una vida corta puede estar intensamente vivida y una vida larga, parcialmente vivida”. <a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></p>
<p>Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para exigir que en España se corten ya “las cadenas carpetovetónicas” y se apruebe, de una vez por todas, la eutanasia y, además, en los casos que haga falta, subvencionada por el Estado.  ¡No más, Mar adentro!</p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El aroma del tiempo (Ed. Herder 2015).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Fragmento de El Fedón, Platón.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Golfus de Roma, Richard Lester (1966).</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Plauto, comediógrafo latino, (254 a.C-184 a.C).</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cartas a Lucilio, Séneca.</p>
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		<title>Zeus, el gran amigo de los enfermos y ancianos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Aug 2016 23:20:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[ancianos]]></category>
		<category><![CDATA[desprecio de la sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[dinero]]></category>
		<category><![CDATA[fuerza]]></category>
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		<category><![CDATA[salud]]></category>
		<category><![CDATA[vejez]]></category>
		<category><![CDATA[zeus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando el ser humano pierde la juventud, la fuerza y la salud, y cae en la vejez y la enfermedad, se da cuenta de una de las verdades más terribles de la vida, y sufre el peor de los castigos: el abandono y desprecio de la sociedad, que lo considera un estorbo, una carga inútil que hay que sobrellevar –“en nuestra civilización”, con resignación  cristiana.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>Sólo el que no tenga miedo a las respuestas<br />
</em><em>puede preguntar todo lo que quiera<br />
</em> (<em>Proverbio</em>)</p>
<p>Cuando el ser humano pierde la juventud, la fuerza y la salud, y cae en la vejez y la enfermedad, se da cuenta de una de las verdades más terribles de la vida, y sufre el peor de los castigos: el abandono y desprecio de la sociedad, que lo considera un estorbo, una carga inútil que hay que sobrellevar –“en nuestra civilización”, con resignación  cristiana.</p>
<p>Aquí se hace cierto el proverbio que dice: la juventud es locura; la madurez, lucha y la vejez, lamento. Esa soledad, que sólo entienden la que la padecen, afecta a una gran mayoría de los ancianos que, de la noche a la mañana, pierden todos sus atractivos y se convierten en siluetas invisibles. Siempre hay algunas excepciones, claro. Los que en vida fueron invitados al banquete de los dioses: Pablo Picasso, Albert Einstein, Anaïs Nin, etc.</p>
<p>Hay muchos enfermos y ancianos, -sobre todo los que viven en la pobreza y no pueden hallar alivio en el arte, la adulación de los presuntos herederos, la música clásica o los vinos de lujo- que encuentran un bálsamo hablando con Dios, el Gran Psiquiatra de ojo triangular que consuela y apuntala nuestro derrumbe existencial, antes de darnos el abrazo que todos esperamos desde que nos expulsaron al mundo en forma de bebés.</p>
<p>A pesar de que profeso, al igual que Stephen Hawking (perdonad mi insolencia, propia de Tersites<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>), lo que el físico denomina “una religión para ateos inteligentes”, amo al Dios de los que han sido apartados de la vida, de esos miserables a los que el mundo ha cerrado todas las puertas.</p>
<p>En la vejez todos los dioses dan consuelo y es un crimen asesinarlos. He visto a una anciana centenaria, que sólo era huesos y piel, adorando a un árbol en una calle de Hanoi (Vietnam); a seres arrugados de piernas temblorosas inclinándose ante viejas y nuevas divinidades, algunas prehistóricas, y he meditado acerca de los tibetanos que dejan sus muertos a la intemperie para que los buitres coman su carne y la lleven al cielo.</p>
<p>Todo eso lo he respetado, pero a veces regreso a la rebeldía, y, cuando la sangre de la juventud vuelve a correr por mis venas, retorno a la sátira, a la burla, y, cuando leo que “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza”, me pregunto si pensarán lo mismo destacadas lumbreras patrias como Mariano Rajoy o Miquel Iceta, por citar dos almas al azar, una del PP y otra del PSOE, empeñadas en salvar Hispania de las hordas bárbaras.</p>
<p>Terminaré con un texto de hace cuatro mil años y que trata de la correspondencia entre el egipcio Sinuhé y el faraón Sesostris, el tema va del destierro y la vejez.  Sinuhé, ya viejo, pide al faraón que le deje regresar a Egipto, pues desea morir viendo El Nilo. Veamos la respuesta del rey:</p>
<blockquote><p><em>“Ven a Egipto</em><br />
<em>para que veas la tierra donde has nacido</em><br />
<em>ahora que has empezado a envejecer.</em><br />
<em>Ahora que has perdido</em><br />
<em>tu capacidad de amar y ser amado</em><br />
<em>tendrás el embalsamamiento</em><br />
<em>de los hombres rectos de espíritu</em><br />
<em>para que goces de la eternidad….”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></em></p></blockquote>
<p>(Buena literatura ¡Eh! sobre el destino de los ancianos que el poder o el dinero les permite cambiar de canal con dignidad. Sobre la muerte de los miserables- como comprenderéis-, no se pueden escribir palabras bellas).</p>
<p>Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para recordarnos al filósofo chino Lao Tsé: Las palabras hermosas no dicen la verdad, la verdad no se puede decir con palabras hermosas.</p>
<p><span style="font-family: 'Comic Sans MS'; font-size: medium;">Javier Cortines<br />
</span><a href="http://www.nilo-homerico.es/" target="_blank" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=http://www.nilo-homerico.es/&amp;source=gmail&amp;ust=1472413243563000&amp;usg=AFQjCNEkftM9PrZk0erhqYSE_cdFUklSdg" rel="noopener">http://www.nilo-homerico.es/</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El más feo de los griegos que fueron a combatir a Troya y cantaba las cuarenta a todos los reyes.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Fragmento del Papiro de Berlín 3022 (Colección Athanasi). Este manuscrito data de la Dinastía XII (1980-1790 a.C).</p>
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