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	<title>transición a la democracia &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Kast- En el final de un ciclo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Feb 2026 23:03:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>12 de febrero de 2026<br />
En poco más de un mes José Antonio Kast asumirá la presidencia de Chile, un proceso que pareciera algo así como el retorno a un punto de partida. Después de todos estos años de lo que se llamó la transición a la democracia</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2026/02/11/kast-en-el-final-de-un-ciclo/">Kast- En el final de un ciclo</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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<div class="entry-post-footer-wrap"><span class="publish-date"><time class="entry-date" datetime="2026-02-07T11:32:28-03:00">11 de febrero, de 2026</time></span></div>
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<blockquote><p>En poco más de un mes José Antonio Kast asumirá la presidencia de Chile, un proceso que pareciera algo así como el retorno a un punto de partida. Después de todos estos años de lo que se llamó la transición a la democracia, Chile estará presidido por alguien que ―independientemente de los matices que algunos quieran darle— es, después de todo, un genuino exponente de lo que fue el pinochetismo.</p></blockquote>
<p>Por cierto, esto no significa que su gobierno vaya a ser una copia de lo que fue la dictadura. Eso simplemente porque, dado el grado de control que la clase dominante ha impuesto en Chile, esas medidas extremas no son necesarias. La idiotización de la población orquestada por la televisión, especialmente, hace innecesarias esas medidas. El deterioro de la educación y el acomodo a una cultura de individualismo más el evidente estado de precariedad en los empleos de mucha gente, hacen muy improbable que en un futuro inmediato vaya a verse movilizaciones muy significativas.</p>
<p>Queda por verse cuál va a ser el enfoque que Kast va a dar a su gobierno. Al respecto, Axel Kaiser, hermano del líder del Partido Nacional Libertario, recomendaba hace un tiempo: “ir al shock de inmediato, no adoptar el gradualismo como había hecho (Mauricio) Macri en Argentina porque eso fracasaba”. ¿Podría ser ese el modelo que adopte el futuro presidente? En cierto modo y desde una perspectiva de extremismo duro ese <em>approach</em> podría tener sentido: medidas que sacudan aspectos importantes de la estructura del país pueden sorprender a una ciudadanía básicamente desmovilizada. Eso sí, dependiendo de cuan “chocantes” sean las medidas, ello podría desencadenar, a mediano plazo, un proceso parecido a lo que fue el estallido de 2019. Kast también debe considerar esa arista en aquel hipotético escenario extremo.</p>
<p>Sin embargo, si quiere empezar moviendo sus piezas con cierta habilidad, podría impulsar medidas en un área en que haya un apoyo transversal, la seguridad, por ejemplo. Prácticamente todos están por atacar del modo más duro posible el flagelo de la criminalidad. En ese terreno, podría proseguir y profundizar medidas que ya se han estado implementando en la actual administración como la remoción de los llamados toldos azules en el sector poniente de la comuna de Santiago, tarea en la que han convergido el alcalde derechista Mario Desbordes y el delegado regional de la presidencia, Gonzalo Durán.</p>
<p>El desalojo de esos verdaderos campamentos de comercio ambulante, controlados por bandas criminales, es una medida necesaria y que un futuro gobierno en búsqueda de consenso, por lo menos en el inicio de su gestión, bien podría extender: la Alameda en Santiago o la Avenida Valparaíso en Viña del Mar, que hoy lucen como gigantescos bazares de baratijas, bajo los cuales además se mueve mucha droga, deberían ser limpiadas y devolver así cierta seguridad a esas zonas. Eso sí, esos desalojos podrían no agradar a algunos en su sector: los capos que controlan las calles puede que sean donantes de su propia campaña, en tanto que los ambulantes seguramente son parte de ese conglomerado de pobres que votan por Kast y la derecha.</p>
<p>En búsqueda de medidas populacheras pero efectistas, la nueva administración bien puede escoger un blanco fácil: la cultura. Ya durante la campaña para la primera vuelta la entonces candidata Evelyn Matthei había sugerido que algunos de los recursos destinados a la cultura mejor se canalizaran a la seguridad y al ministerio público. Para un tipo de mentalidad en que la actividad cultural y artística es vista como algo si no superfluo al menos prescindible, el futuro gobierno puede sentirse tentado a desmantelar las estructuras que en la actualidad proveen apoyo financiero a la cultura.</p>
<p>Por cierto, no es que la derecha no tenga una política cultural, la tiene, pero no cuesta imaginar que esa es una política de mercado, por ejemplo reducir el rol del Estado o incluso sacarlo del apoyo a la actividad cultural, promoviendo en cambio, mediante deducciones tributarias, el mecenazgo empresarial. No extrañaría tampoco que se intente implementar algo parecido a lo que ha sido la política de financiamiento del cine en Argentina bajo Milei: producir lo que el mercado pide. Una política cultural basada en el mercado nos llevaría necesariamente a que el modelo de vulgaridad y tontería que hoy prevalece en los matinales televisivos o en las rutinas de los “humoristas” del Festival de Viña se transforme en el paradigma de la cultura chilena bajo el próximo gobierno.</p>
<p>Si Kast decide seguir la recomendación de Axel Kaiser y dar un sacudón fuerte en materia de gastos sociales, cortando beneficios que hoy favorecen a sectores de menores ingresos en la sociedad, es posible que no encuentre una reacción eficaz inmediata, y la que pueda surgir sería respondida al estilo de Milei, reprimiendo a los jubilados, por ejemplo. La actual fragmentación de la izquierda y de la futura oposición en general, seguramente sería aprovechada por el gobierno de Kast en ese escenario de shock intenso. Pero, por otro lado, un tal sacudón, aunque no inmediatamente sino en un mediano plazo, podría echar las bases de un estallido mucho mayor (y, esperamos, con real conducción política y no con puros impulsos) que podría poner en jaque todo el modelo neoliberal que ahora Kast busca reforzar.</p>
<p>Por cierto, como muchos otros análisis que se están haciendo en diversos campos de la izquierda y de la futura oposición, todas estas son hipótesis cuya factibilidad no es posible predecir. Lo único claro es que la asunción de Kast al gobierno el próximo 11 de marzo marcará un hito importante incluso en términos generacionales. Aquella generación de jóvenes de los años 60, que marchamos por Cuba y Vietnam, que veíamos el mundo girar a la izquierda, que soñamos construir un nuevo país en 1970 (“porque esta vez no se trata de cambiar un presidente…” como decía la canción), que vimos esas esperanzas truncadas tres años más tarde, aun seguimos vibrando cuando los últimos soldados estadounidenses huían humillados de Vietnam o cuando Nicaragua era liberada, y que terminada la dictadura en Chile parecía que al fin podrían “abrirse las grandes alamedas”, hoy ya en los tramos finales de nuestras existencias vemos con frustración que en realidad, se ha llegado al final de un ciclo.</p>
<blockquote><p>El período que se viene, y no sólo en Chile, sino que en prácticamente todo el mundo, se ve bastante oscuro. Nuestra generación ya no verá el amanecer, pero como Eduardo Galeano menciona en uno de sus textos refiriéndose a “para qué sirve la utopía”, la que equipara a la línea del horizonte que mientras más uno avanza, más parece alejarse, pues bien, dice Galeano, para eso sirve: “para caminar”. En ese camino, otros seguramente tomarán el relevo.</p></blockquote>
<p>Ahora, en este momento, es triste ver este lamentable final del ciclo, pero, si se me permite un “último acápite”, la travesía valió la pena. Y como decía Patricio Manns en una de sus canciones, “la derrota es siempre breve…” Aunque, claro está, uno bien puede preguntar qué es la brevedad.</p>
<div id="elcla-1091661475" class="elcla-despues-del-contenido_8">*Fuente: <a href="https://www.elclarin.cl/2026/02/07/en-el-final-de-un-ciclo/?fbclid=IwY2xjawP5AepleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETFrdnc4UUNGeFdkRXRiSHlnc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHoocGSs8usDg_7NiFEHXpmDg3VSUxFXIhGReAFb1WvZljca_PsUMM-UMeS3P_aem_VxISUvBjDwgUpCRmfZEGYA">ElClarin</a></div>
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		<title>Chile: El laberinto de la elecciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Dec 2021 11:39:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nueva Constitución]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A meses de su instalación las discusiones de fondo de la Convención sobre la nueva Constitución señalan ejes centrales que encausarán las grandes transformaciones que el Pueblo exigió en la revuelta de octubre y que serán plebiscitadas al término de su redacción. Por eso el ataque de la viaje clase política y de los partidos del orden a la Convención, clase que no se resigna a perder sus posiciones de poder.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>09 de diciembre de 2021<br />
Transcurridos dos años desde la revuelta social del 18 de octubre el viejo orden advirtió elementos que le demostraban que no bastaba el dinero para enfrentar el miedo a un futuro incierto y la reacción social. Nada indica que haya aprendido la lección. Cabe preguntarse si los 2 candidatos a la presidencia tienen la visión de la degradación social y política que se ha entronizado en la sociedad chilena después de 17 años de dictadura cívico-militar y tres décadas de transición a la democracia y si acaso conciben una nueva economía para enfrentar la crisis de la pandemia y el cambio climático.</p>
<p>Las consecuencias de la pandemia y el cambio climático en el orden social no se han hecho esperar, es más, amenazan en 2022 con repetirse de no mediar una acción permanente del estado para restablecer la presencia de nuevos actores en la economía y una transformación vital del potencial productivo del país. A días de la elección presidencial ni las intervenciones, ni los cambios de programas o planes de los candidatos indican la conciencia sobre los nuevos horizontes para el país.</p>
<p>Las cifras de la encuesta CASEN  muestran que en 2020 540 mil personas cayeron por debajo de la línea de la pobreza, es decir de 8,6% en 2017 a 10,8% en 2020. Ese 10,8 % de la población es equivalente a más de 2 millones de personas, mientras que la pobreza extrema se incrementó del 2,3 % en 2017 a 4,3 %, o sea más de 800.000 personas. De hecho los ingresos del trabajo, entre 2020 y el 2021 se desplomaron 11,5% en promedio. Se prevé que la inflación, el impuesto de los pobres, alcanzará a fines de año a un 7%.</p>
<blockquote><p>La vulnerabilidad tiene sin embargo una cara más fea cuando revela la existencia de familias que viven al margen de cualquier beneficio social.</p></blockquote>
<p>La vulnerabilidad tiene sin embargo una cara más fea cuando revela la existencia de familias que viven al margen de cualquier beneficio social. El Catastro Nacional de Campamentos 2020-2021 detectó que 81.643 familias viven en 969 campamentos en Chile, la cifra más alta desde 1996. Solo en Santiago 26.266 personas viven en 181 campamentos. Pero hay más todavía, un millón de personas, entre ellas 383 mil viviendo en zonas rurales, viven sin acceso a agua potable o saneamiento.</p>
<p>Es probable que en estas familias se encuentre parte de ese 52% del padrón electoral que recurrentemente se abstiene de participar en elecciones que no les importan pues dan por descontado que sea quien venga su situación no cambiará.</p>
<p>Pero, ¿quiénes son el resto de la población que goza de un empleo? Pues, la realidad que cruza élites, profesiones, oficios de todas categorías, señala a mujeres, muchas de ellas jefes de hogar, que ante las mismas condiciones gana menos que los hombres. A esas diferencias no resueltas en décadas, se suman otras como es el caso de obreros de todos los sectores desde los privilegiados de la Gran Minería a los pirquineros, con regímenes diversos de seguridad social y otros informales sin previsión alguna. A esas diferencias de clases se suman pescadores artesanales, que la ley de pesca que favorece a 7 familias, confina a rutinas de hambre; pequeños agricultores en manos de intermediarios; trashumantes de temporada sin ingresos estables; pueblos originarios confinados por forestales depredadoras del medio ambiente y de la vida silvestre; profesionales reciclados como transportadores de comida; minorías raciales de la inmigración explotadas por empleadores inescrupulosos; trabajadores de ocasión residentes en campamentos de las grandes urbes; informales callejeros, etcétera…</p>
<p>Y por qué no mencionar la violencia entre vendedores ambulantes, los portonazos, asaltos, droga… parte de la degradación social en su cara más fea.</p>
<p>Estos últimos días han mostrado a candidatos cambiando programas, mostrando su mejor disposición para oír a la gente (precisemos, no se refieren al Pueblo) es decir, el 48% que participa, que aún cree, pero ni una palabra a los fundamentos sobre las cuales se ha sostenido la sociedad durante las 4 últimas décadas. Evidentemente, hay sensibilidades diferentes, desde la derecha aliancista conservadora pura y dura, hasta los demócratas concertacionistas de 1990 reciclados en frenteamplistas. Sin embargo, hay algo que los une, preservar los fundamentos del neoliberalismo y del mercado.</p>
<p>La evidencia es contundente. Vamos a los fundamentos de la crisis, porque estos son permanentes con o sin pandemia, con o sin cambio climático.</p>
<p>El pasado y el historial del presente nos enseñan que los gobiernos, creyentes de la subsidiariedad del estado, que presidieron una transición que en 30 años nunca llegó, jamás entendieron cómo transformar el gasto público en transferencias y subsidios a las unidades productivas paralizadas por la pandemia, en empleo en un primer momento, para así levantar una industria en parangón con una minería presente a nivel internacional, para luego iniciar los pasos hacia un crecimiento económico sustentable con proyecciones de futuro. Hoy, en el corto plazo ya es demasiado tarde reflexionar sobre la discontinuidad estructural de la industria en Chile, clivaje fundamental mantenido por décadas entre sectores modernos e intermedios de la economía, con la pequeña, micro industria y talleres artesanales, como para convertirlas en opciones productivas de significación nacional.</p>
<p>Durante más de cuatro décadas se relegó al Estado al papel de un poder subsidiario en beneficio de grupos de poder, fueren estos empresarios, financistas, creadores de dinero y de astutas trampas, con una ley que los protege y tribunales que las aplican. Bajo esos parámetros que dejaban los problemas sociales dependientes del mercado, el orden y la seguridad se transformaron en defensa de intereses de grupos. Ante cualquier sospecha de cambio del orden político y social y de las reglas del juego, raudamente 50 mil millones de dólares, en pocos días, emigraron a otras fronteras.</p>
<p>Cabe entonces preguntarse, la clase política lo evita y a fortiori los candidatos, cómo se instaló un sistema de dominación que reemplazó la violencia de estado de la dictadura en hegemonía cultural, capaz esta última de justificar la nueva legalidad, la nueva práctica social. La hegemonía guía, gobierna, comanda, desde la política, enfatiza la subjetividad aquella que el golpe de 1973 desató bajo el signo de los peores instintos del ser humano y que se convirtió en órgano supremo del revanchismo y la aniquilación de aquellos que pensaban diferente. Esa hegemonía cultural rige hasta ahora sin contrapeso. Un estado minimizado es necesariamente permisivo ante la ley del más fuerte, y de un mercado que castiga y expulsa a los inadaptados.</p>
<p>Los procesos sociales son de lenta evolución, no es una elección la que los paraliza, por eso en un ambiente de repudio de la política nadie lee programas, más bien irritan, porque se advierten las mismas promesas que la revuelta del 18 de octubre desnudó en toda su falsedad. El proceso social sigue. Pese a la clase política que no ha logrado entender que el 18 de octubre fue más que un grito de libertad frente a abusos, fue algo mucho más grande, fue una liberación.</p>
<p>La liberación no tiene límites porque está más allá del individualismo en que la sociedad chilena ha vivido por cuatro décadas sin otra perspectiva que las leyes del mercado. La liberación de octubre fue una eclosión que se generó fuera del Estado, aparte de él, vivió en el espíritu y deseos de hombres y mujeres dispersos. Se engañan quienes piensan en anarquías sin rumbo; la liberación de octubre fue la reconstitución de algo que siempre existió en la comunidad y que en 1973 fue brutalmente roto.</p>
<p>Han pasado tres décadas desde la instalación de una democracia consensuada entre quienes participaron de la dictadura y aquellos que se presentaron como la alternativa democrática del momento. Ese mundo de transacciones y apetitos funestos, por sus resultados, ya no vuelve. Hace algunos meses atrás se instaló la Convención Constitucional. Un gobierno sin rumbos la presentó como alternativa y moneda de cambio ante una clase política asediada que se apresuró a aceptarla antes que fuera defenestrada.</p>
<blockquote><p>A meses de su instalación las discusiones de fondo de la Convención sobre la nueva Constitución señalan ejes centrales que encausarán las grandes transformaciones que el Pueblo exigió en la revuelta de octubre y que serán plebiscitadas al término de su redacción.</p></blockquote>
<p>A meses de su instalación las discusiones de fondo de la Convención sobre la nueva Constitución señalan ejes centrales que encausarán las grandes transformaciones que el Pueblo exigió en la revuelta de octubre y que serán plebiscitadas al término de su redacción. Será el momento en que el período presidencial de la Constitución de 1980, que preside las elecciones del 19 de diciembre, llegue a su fin, para pasar a una nueva elección, esta vez legitimada por la institucionalidad de la nueva Constitución.</p>
<blockquote><p>Por eso el ataque de la viaje clase política y de los partidos del orden a la Convención, clase que no se resigna a perder sus posiciones de poder.</p></blockquote>
<p>Por eso el ataque de la viaje clase política y de los partidos del orden a la Convención, clase que no se resigna a perder sus posiciones de poder. Esperamos que surja una nueva generación de hombres y mujeres capaz de crear y tender el puente hacia una nueva democracia política y cultural.</p>
<p><strong>Santiago, diciembre 8, 2021</strong></p>
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		<title>Fronda y censura: la mordaza de la Transición</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Apr 2016 02:13:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Fronda pretende encerrar el debate en los marcos legales, arrinconar al SII y deslegitimar a la Fiscalía, todo eso para escapar de lo que parece una tormenta perfecta. La norma que se propone no pretende, solamente, reducir el espacio de acción de la prensa, sino también pretende privar a la opinión pública de información fundamental para decidir por quién votar y por quién no votar. Esto explica por qué la Fronda se siente tan amenazada por la nueva lógica de los medios digitales y las redes: ya no puede controlar los contenidos, ya no puede censurar en las cortes. La Fronda busca protegerse de forma impúdica, aterrada ante la disolución del principio de autoridad que había guiado la transición.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/04/05/fronda-censura-la-mordaza-la-transicion/">Fronda y censura: la mordaza de la Transición</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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5 abril 2016
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<figure><img class="col-xs-12 col-sm-12 col-md-12" src="http://www.elmostrador.cl/media/2016/04/Mordaza_816x544.jpg" alt="Fronda y censura: la mordaza de la Transición" /></figure>
<p>La Fronda pretende encerrar el debate en los marcos legales, arrinconar al SII y deslegitimar a la Fiscalía, todo eso para escapar de lo que parece una tormenta perfecta. La norma que se propone no pretende, solamente, reducir el espacio de acción de la prensa, sino también pretende privar a la opinión pública de información fundamental para decidir por quién votar y por quién no votar. Esto explica por qué la Fronda se siente tan amenazada por la nueva lógica de los medios digitales y las redes: ya no puede controlar los contenidos, ya no puede censurar en las cortes. La Fronda busca protegerse de forma impúdica, aterrada ante la disolución del principio de autoridad que había guiado la transición.<br />
La Fronda entra en pánico al ver que la nueva lógica horizontal no le rinde pleitesía ni le entrega un estatus distinto al de cualquier ciudadano. La Fronda no soporta que las filtraciones alimenten los juicios políticos en contra de los dirigentes cuestionados.</p>
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<p align="JUSTIFY">La censura ha sido una práctica consustancial a la transición chilena. No es necesario escarbar para encontrar testimonios de leyes censuradoras y de una clase política dispuesta a censurar. Esta es una historia de una casta, una <i>Fronda</i>, como la llamara Alberto Edwards, que reacciona como partido transversal ante la amenaza latente que representa la opinión pública alzada.</p>
<p align="JUSTIFY">El proyecto de ley que sanciona gravemente las llamadas “filtraciones” constituye una seria amenaza a la libertad de expresión, aunque es también un ladrillo más de una muralla de censura. Una muralla informativa, un cerco, que fue construido con el beneplácito de la clase política desde los medios tradicionales. Por allí desfila el orden en forma de columnas, entrevistas, cartas al director e inserciones. El orden se ha nutrido de una configuración informativa que ha desplazado a la libertad de expresión de su sitial de inviolabilidad, y la ha subastado al mejor postor mediante leyes autoritarias y decisiones infundadas.</p>
<p align="JUSTIFY">La Fronda censuradora hoy reacciona por las filtraciones de los casos sobre dinero y política, tal como antes reaccionaban contra las investigaciones sobre el Poder Judicial o sobre las fiestas de importantes embajadores con influyentes empresarios. Poco se sabe acerca de cómo esta histeria censuradora que vemos hoy tiene fuertes y gruesas raíces en los años 90, donde el aparataje censurador de la dictadura fue heredado alegremente por los regímenes civiles.</p>
<h3 align="JUSTIFY"><b>La Fronda te censura (1990-2001)</b></h3>
<p align="JUSTIFY">El primer acto de censura que vivimos en la transición fue la decisión política de la Concertación de dejar sin financiamiento a<em>Apsi y Análisis</em>, dos revistas que durante la dictadura habían ampliado el campo de batalla y se habían vuelto un dolor de cabeza para Pinochet. Con esa decisión, la plana mayor de la Concertación restringió el rango de opiniones que se vertían en la prensa, dejando sin espacios reales a las voces escépticas sobre el pacto transicional. De esta forma, la Fronda que administró la transición practicó una primera y fundamental censura: redujo el margen de lo razonable, distinguió aquello que podía ser dicho de lo que no. Fue en ese espacio donde la prensa acrítica se entregó a las pautas oficiales, a los comunicados y al periodismo de amigos.</p>
<p align="JUSTIFY">Ese acto inicial, esa restricción propia del pacto de la transición, no fue la única forma que encontró la Fronda para censurar a periodistas o restringir el derecho a la información. Valga recordar el libro <i>Impunidad Diplomática </i>de Francisco Martorell, publicado en abril de 1993, donde se relata con lujo de detalles las circunstancias en las cuales salió del país el ex embajador de Argentina, Óscar Espinoza Melo.</p>
<p align="JUSTIFY">En el libro de Martorell aparecen destacadas personalidades del país, entre otros el empresario Andrónico Luksic Craig, quien interpuso un recurso judicial para impedir la circulación del libro, pues, supuestamente, este vulneraba su derecho a la intimidad. En los meses siguientes, el país observó cómo Martorell era censurado por los tribunales de justicia, primero a través de una orden de no innovar y luego mediante una decisión firme. El escándalo se suscitó en particular por la referencia del libro a las fiestas y orgías en que habrían participado el embajador argentino junto a destacados miembros de la Fronda.</p>
<p align="JUSTIFY">En 1997, ante la estupefacción de la opinión pública, se conoció la decisión del Consejo de Calificación Cinematográfica sobre la película <i>La última tentación de Cristo, </i>basada en la novela de Kazantzakis que Scorsese adaptó al cine a finales de los ochenta. El caso de Martorell escaló hasta las instancias internacionales más reputadas, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Recién en mayo de 1996 se vislumbró una salida al caso, cuando la Corte Interamericana tomó conocimiento de la causa. Casi un año después, luego de largos alegatos, se ordenó al Estado de Chile levantar la censura que existía sobre el libro de Martorell. Sin embargo, la pulsión censuradora de la Fronda no se detuvo allí.</p>
<p align="JUSTIFY">La película ya había sido censurada en 1988, cuando el régimen de Pinochet entraba en sus horas finales, y la decisión de 1997 no hizo más que repetir los argumentos esgrimidos entonces. Según los censuradores, la honra de nuestro señor Jesucristo estaba en juego por una película de ficción que especulaba sobre las pasiones humanas del profeta de Galilea. La decisión del Consejo llegó luego a los tribunales, donde dos grupos de abogados se enfrentaron ferozmente en la prensa, en los alegatos y también en el extranjero.</p>
<p align="JUSTIFY">Luego de que la censura fuera confirmada por las cortes chilenas, los “abogados por las libertades públicas” recurrieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Nuevamente, tras un largo procedimiento internacional, los tribunales internacionales obligaron al Estado de Chile a levantar la censura. Este fue el segundo mensaje de las instancias internacionales al respecto, cuestión que cayó mal en sectores de la Fronda y, particularmente, en algunos jueces que traían todavía una matriz autoritaria heredada del régimen dictatorial.</p>
<p align="JUSTIFY">Los jueces, entonces, pasaron a ser protagonistas de la fama censuradora. Un juez, en particular, se hizo conocido por sus intenciones censuradoras que pasaron todo límite razonable. El ex Presidente de la Corte Suprema, Servando Jordán, se hizo famoso en todo Chile por sus declaraciones destempladas, por su estilo extravagante y, especialmente, por la persecución furiosa que hizo de determinados periodistas.</p>
<p align="JUSTIFY">El caso más extremo en que se vio envuelto Jordán fue el libro escrito por la periodista Alejandra Matus sobre la situación del Poder Judicial durante la Dictadura y su difícil evolución durante la transición. En <em>El libro negro de la justicia chilena</em><i>, </i>Matus muestra con envidiable claridad cómo las cortes y los jueces fueron cómplices (activos y pasivos) del terror impuesto por Pinochet y sus subordinados. Matus desarrolla un argumento punzante sobre la legitimidad del Poder Judicial, esto en un momento en el cual Pinochet pasaba a estar detenido en Londres y, por ende, la opinión pública se preguntaba si acaso las cortes chilenas podrían o no juzgar al dictador.</p>
<p align="JUSTIFY">Así, el libro de Matus cayó como una bomba sobre Servando Jordán y otros jueces, quienes aparecían en esas páginas como sujetos de prácticas poco transparentes o derechamente corruptas. El mismo Jordán se había visto involucrado en casos de alta relevancia, como la detención del “Cabro Carrera” donde se comenzaron a conocer los entramados oscuros que recorrían al Poder Judicial de la transición.</p>
<p align="JUSTIFY">Jordán decidió usar a Alejandra Matus para, a través de ella, mandar un mensaje de disciplina al resto de los periodistas. Mediante un recurso judicial <em>sui generis</em>, Jordán logró que el libro fuera censurado a través del artículo 6B de la Ley de Seguridad Interior del Estado (LSIE Ley 12.927). Esta ley es el producto de la reforma de la “Ley Maldita” que promulgara el gobierno de González Videla a mitad del siglo pasado, que luego fue atenuada por el gobierno de Ibáñez y, posteriormente, aumentada por la dictadura.</p>
<p align="JUSTIFY">El artículo 6B contenía una norma insólita, impropia de una democracia, donde se castigaba con censura, cárcel y castigos varios a quienes cometieran el delito de “desacato”, expresado aquí como una “falta de respeto a las autoridades”, entre otras, los comandantes en Jefe de las FF.AA., jueces, políticos y otros representantes del Estado. En el artículo 6B se consagraba un principio de autoridad, según el cual ciertas personas no deben ser cuestionadas y el margen para interpelarlas, en consecuencia, es casi inexistente.</p>
<p align="JUSTIFY">Sobre la base de este artículo, Jordán consiguió la censura del libro de Matus, al tiempo que la periodista debió partir a refugiarse a Estados Unidos. El caso escaló en las cortes chilenas, donde repetidamente se entregó la razón al Presidente de la Corte Suprema.</p>
<p align="JUSTIFY">Jordán no solo había cargado contra Matus, ya antes lo había hecho contra periodistas como Paula Coddou por una entrevista realizada al escritor Rafael Gumucio. El mismo artículo lo usó también Pinochet para proceder contra Arturo Barrios, dirigente de la Juventud Socialista, y también contra Gladys Marín, por declaraciones que esta vertió sobre la culpabilidad de Pinochet en las torturas y desapariciones.</p>
<p align="JUSTIFY">Así, el artículo 6B de la LSIE fue una de las herramientas primordiales usadas en la transición para silenciar a los periodistas. Solamente fue reformado este artículo cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos así lo ordenó, luego del fallo de 2001 en que se condenó al Estado de Chile por censura en contra de Matus. Este es el tercer caso, en menos de una década, en que esta instancia internacional sostenía que en Chile había censura, y ordenaba al Estado a proteger la libertad de expresión. De esta forma, en 2001, el Gobierno de Ricardo Lagos anunció con bombos y platillos una reforma a Esta y otras leyes vinculadas a los medios y a los periodistas.</p>
<p align="JUSTIFY">Quedó a la vista nacional e internacional que la Fronda chilena funcionaba en una lógica de censura, y que, yendo más allá, todo el pacto de la transición descansaba sobre cierta limitación fáctica a la libertad de expresión. Dicho de otro modo, todo el andamiaje construido primero por Guzmán y luego por Boeninger se nutría, permanentemente, de un cerco informativo que no cuestionaba al poder ni ponía en riesgo el proceso.</p>
<h3 align="JUSTIFY"><b>La Fronda se protege</b><i><b> </b></i><b>(2001-2016)</b></h3>
<p align="JUSTIFY">La reforma, sin embargo, fue menos espectacular de lo que se pensaba. Si bien las normas que permitían la censura fueron eliminadas, quedó en la Fronda una costumbre de larga data que ya no se expresaba como censura sino como “control de los medios”. Esto, por ejemplo, fue particularmente claro en el caso de<i>La Nación Domingo</i>, una publicación que puso nerviosos a varios ilustres personajes de la Fronda en el poder.</p>
<p align="JUSTIFY">El Gobierno de Lagos debió convivir durante años con una prensa que lanzó el yugo de la opresión y que reclamaba autonomía respecto del poder. Esta nueva prensa de comienzos de los 2000 ya no se intimidaba por el principio de autoridad, al revés, reconocía en las autoridades sujetos especialmente relevantes a los cuales había que reportear y desnudar ante la opinión pública. Ese fue el clima que gobernó el caso MOP-Gate, donde incluso se llegó a hablar de la renuncia de Lagos, todo por la fuerte presión que ejercieron algunos medios y periodistas.</p>
<p align="JUSTIFY">El pulso censurador, con todo, se mantuvo por otras vías. Una situación especialmente clara es la que ocurrió con el empresario Nicolás Ibáñez Scott, quien compró una edición completa de <i>La Nación</i> para impedir que la ciudadanía conociera detalles sobre un caso de violencia intrafamiliar de él hacia su mujer. Esta conducta pone de relieve que la censura ya no operaba por medios legales, sino fácticos, donde el dinero y la posición social permitían vetar ciertas informaciones del dominio público. Si acaso el artículo vulneraba o no la intimidad de la familia de Ibáñez es un asunto discutible, cuyo camino era una querella o un recurso, pero no la censura por medio de la compra de una edición completa de un diario de circulación nacional.</p>
<p align="JUSTIFY">Ese hecho, ocurrido en 2005, es un acto insólito, impropio de un país supuestamente ordenado y que, si ocurriera fuera de Chile, se habría considerado como una afrenta a la libertad de expresión y al derecho a recibir información. En la Fronda nadie se espantó con este acto, y todavía sorprende que el mismo Ibáñez (junto a Axel Kaiser) hoy dirija una fundación dedicada a la promoción de ideas supuestamente “liberales”.</p>
<p align="JUSTIFY">El caso de Ibáñez no fue mayormente comentado por la Fronda, rápidamente este hecho fue tapado por la contingencia, como también lo había sido con el caso “<i>La caja negra del Indap</i>”. Este fue un reportaje de Alejandra Matus (sí, la misma) que fue severamente censurado desde el poder político en el Gobierno de Lagos.</p>
<p align="JUSTIFY">Así, a finales de mayo de 2003, todo el equipo periodístico de<em> La Nación Domingo</em> presentó su renuncia. Esta renuncia masiva, gatillada por la presión del poder político sobre la prensa, fue una muestra clara de que las reformas ordenadas por la CIDH en 2001 corrigieron las normas, aunque no los usos de la Fronda chilena.</p>
<p align="JUSTIFY">Esos usos se mantendrían mucho tiempo durante los años 2000, expresándose de diversas formas y empujando siempre a la “autocensura” de los periodistas. Esta tendencia censuradora, este clima de opresión informativa, estuvo presente toda la década, aunque paulatinamente fue decayendo por la aparición de los medios digitales y de las redes sociales.</p>
<p align="JUSTIFY">La combinación de las redes sociales y los nuevos medios digitales provocó un progresivo aumento de la libertad informativa y de la información disponible para la opinión pública. La nueva lógica horizontal desconoce ideas como el principio de autoridad, pues si algo caracteriza a la nueva prensa chilena es que las autoridades no son objeto de temor, sino de interés y de reporteo, como nunca antes lo habían sido en este régimen político.</p>
<p align="JUSTIFY">De ahí que el proyecto de ley que sanciona las “filtraciones” no es un hecho aislado ni ajeno a nuestra historia reciente. Es, meramente, la reproducción extemporánea de una cultura frondista que lleva, al menos, 25 o 30 años funcionando.</p>
<p align="JUSTIFY">La Fronda entra en pánico al ver que la nueva lógica horizontal no les rinde pleitesía ni les entrega un estatus distinto al de cualquier ciudadano. La Fronda no soporta que las filtraciones alimenten los juicios políticos en contra de los dirigentes cuestionados. La Fronda pretende encerrar el debate en los marcos legales, arrinconar al SII y deslegitimar a la Fiscalía, todo eso para escapar de lo que parece una tormenta perfecta.</p>
<p align="JUSTIFY">La norma que se propone no pretende, solamente, reducir el espacio de acción de la prensa, sino también pretende privar a la opinión pública de información fundamental para decidir por quién votar y por quién no votar. Esto explica por qué la Fronda se siente tan amenazada por la nueva lógica de los medios digitales y las redes: ya no puede controlar los contenidos, ya no puede censurar en las cortes. La Fronda busca protegerse de forma impúdica, aterrada ante la disolución del principio de autoridad que había guiado la transición. La Fronda representa hoy al viejo orden, basado en la censura y en la limitación fáctica del debate.</p>
<p align="JUSTIFY">En la literatura de la ciencia política se suele decir que la transición chilena se enmarca en la “tercera ola” que vino con la caída de los regímenes totalitarios y autoritarios. Según esta tesis, la tercera ola se caracterizaría por el avance gradual hacia democracias consolidadas. Sin embargo, otra porción de la literatura, como por ejemplo Michael McFaul, ex embajador de Estados Unidos en Rusia, ha hablado de “la cuarta ola” para referirse a regímenes, especialmente los postsoviéticos, que combinan elementos autoritarios y elementos democráticos, sin que se “avance” necesariamente hacia la democratización total.</p>
<p align="JUSTIFY">En ese sentido, Chile parece más cercano a la cuarta ola que a la tercera. La Fronda chilena, con su irrefrenable sentido del orden, con su innegable tendencia a la censura, solo agrega argumentos para pensar que en Chile la dictadura ha pervivido más tiempo del que la Fronda misma está dispuesta a reconocer.</p>
<p align="JUSTIFY">Para avanzar, habría que comenzar por reconocer que la censura ha sido una práctica consustancial a la transición chilena.</p>
<p align="JUSTIFY">*Fuente: <strong><a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/04/05/fronda-y-censura-la-mordaza-de-la-transicion/" target="_blank" rel="noopener">El Mostrador</a></strong></p>
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