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		<title>Fiscalía investiga denuncia de trabajo forzado masivo de inmigrantes en cosecha de arándanos y mandarinas</title>
		<link>https://piensachile.com/2021/09/30/fiscalia-investiga-denuncia-de-trabajo-forzado-masivo-de-inmigrantes-en-cosecha-de-arandanos-y-mandarinas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Sep 2021 14:50:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Entre 2016 y 2019 al menos 29 venezolanos y haitianos fueron víctimas de abusos laborales que podrían constituir trabajo forzado. Reclutados por más de 20 empresas intermediadoras de mano de obra agrícola, todas relacionadas con un mismo contratista, los trabajadores relatan que fueron amenazados con la pérdida de su estatus migratorio si no aceptaban condiciones abusivas.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/09/30/fiscalia-investiga-denuncia-de-trabajo-forzado-masivo-de-inmigrantes-en-cosecha-de-arandanos-y-mandarinas/">Fiscalía investiga denuncia de trabajo forzado masivo de inmigrantes en cosecha de arándanos y mandarinas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<section class="horizon container">
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<h2 class="single__bajada"><strong>INDAGATORIA POR ABUSOS CONTRA VENEZOLANOS Y HAITIANOS INVOLUCRA A UNAS 20 EMPRESAS RELACIONADAS A UN MISMO CONTRATISTA</strong></h2>
<p class="common-box__date">28.09.2021</p>
</article>
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<div class="single__excerpt">
<p>Entre 2016 y 2019 al menos 29 venezolanos y haitianos fueron víctimas de abusos laborales que podrían constituir trabajo forzado. Reclutados por más de 20 empresas intermediadoras de mano de obra agrícola, todas relacionadas con un mismo contratista, los trabajadores relatan que fueron amenazados con la pérdida de su estatus migratorio si no aceptaban condiciones abusivas: salarios menores a lo acordado, jornadas extensas sin remuneración de horas extras, habitaciones insalubres y sin autorización para abandonar el predio. La Inspección del Trabajo sancionó a algunas de estas empresas por incumplir el descanso dominical y las normas sanitarias mínimas, mientras que la justicia ya falló a favor de algunos trabajadores que denunciaron salarios impagos.</p>
</div>
<p><em>Créditos imagen de portada: <a href="https://www.revistasur.cl/revistasur.cl/2016/02/el-empleo-de-inmigrantes-extranjeros-en-la-agricultura-un-desafio-para-la-coyuntura-y-el-debate-en-la-reforma-migratoria/" target="_blank" rel="noopener">Revista Sur</a></em></p>
<p>(*)<em> Los nombres de los trabajadores fueron cambiados en este reportaje para proteger su identidad.</em></p>
<p>A mediados de 2018, Paola González llegó hasta el Hotel Raíces, en Curicó, invitada a una reunión para conseguir trabajo. Había llegado hacía pocos meses desde Venezuela, huyendo como muchos de la crisis de ese país y necesitaba urgentemente obtener un contrato laboral para generar ingresos y conseguir una visa para permanecer en Chile.</p>
<p>Frente a Paola y otras cien personas, la mayoría venezolanos, <strong>Manuel Castillo Maldonado</strong> expuso la oferta: cosecharían arándanos en diferentes regiones a partir de septiembre. Ganarían $600 mil en promedio y hasta $1 millón. Alojarían en cabañas, les darían alimentación y a mediados del año siguiente se convertirían en una cooperativa, lo que permitiría contratar a más inmigrantes en el mediano plazo.</p>
<p>Licenciados en administración y comercio exterior, bibliotecarios, ex policías, ingenieros, choferes, mecánicos, vendedores y universitarios formaban parte del auditorio que pensó que la oferta les daría estabilidad económica y administrativa, lo que les permitiría enviar remesas a Venezuela e incluso reunirse con sus familias.</p>
<p>La propuesta parecía seria, sobre todo porque en la reunión estaba también <strong>Antonio Paz Escalona</strong>, entonces coordinador del Plan Migrante, del Departamento de Extranjería de la Gobernación Provincial de Curicó. De hecho, él explicó cómo debían ser los contratos, el pago de las leyes sociales y cómo funcionaba el proceso de visado, cuentan quienes asistieron.</p>
<p>“A nosotros nos dio una seguridad, pero máxima, imagínese. Dijimos: la pegamos con este trabajo. Vamos a trabajar en un proyecto entre la gobernación y la empresa privada, espectacular. Yo dije ‘ya me traigo a mis muchachos, vamos a estar bien’”, cuenta Paola.</p>
<p>La presencia de Paz Escalona se debía a que meses antes, en agosto de 2018, Manuel Castillo Maldonado se reunió con la entonces gobernadora, Macarena Pons, y el Departamento de Extranjería y Migración (DEM) de la gobernación de Curicó para hablar, según publicó la Gobernación en su página de Facebook, de una “modalidad de trabajo que podría ser replicada en otras provincias y regiones” (<strong>vea en la siguiente imagen una captura de pantalla con aquella publicación en Facebook</strong>). Dicha modalidad tenía que ver con un proceso masivo de ocupación de inmigrantes para la cosecha de arándanos por parte de una empresa contratista: <strong>Soluciones Agrícolas SpA</strong>. El hombre fuerte detrás de la operación sería su gerente general, <strong>Francisco Segundo Mendoza Berríos</strong>.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-155642" src="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Captura-de-Pantalla-2021-06-06-a-las-22.41.35.png" sizes="(max-width: 1440px) 100vw, 1440px" srcset="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Captura-de-Pantalla-2021-06-06-a-las-22.41.35.png 1440w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Captura-de-Pantalla-2021-06-06-a-las-22.41.35-160x100.png 160w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Captura-de-Pantalla-2021-06-06-a-las-22.41.35-350x219.png 350w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Captura-de-Pantalla-2021-06-06-a-las-22.41.35-768x480.png 768w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Captura-de-Pantalla-2021-06-06-a-las-22.41.35-1024x640.png 1024w" alt="" width="707" height="442" /></p>
<p>Entre septiembre y octubre, Paola y otros 21 venezolanos firmaron sus contratos en la oficina de <strong>Soluciones Agrícolas</strong>, entonces ubicada en Arturo Prat 330, Curicó. Pero, las cosas empezaron a ser distintas a lo que se había expuesto en el Hotel Raíces. Los contratos eran todos similares, pero los empleadores variaban. Se leían empresas como <strong>Agrícola El Recodo Spa</strong>, <strong>Servicios De Cosecha Geraldine Alejandra Nilo Cáceres E.I.R.L.</strong>, <strong>Agrícola Paola Molinet Troncoso E.I.R.L.</strong> o <strong>Servicios Auxiliares para el Agro Erika Segovia E.I.R.L.</strong>, entre otras.</p>
<p>Además, en los contratos el sueldo era solo de $288 mil, el mínimo legal a esa fecha, y no de $600 mil como les habían dicho. Cuentan los trabajadores entrevistados que en la empresa les aseguraron que así pagarían menos impuestos. Convencidos, firmaron. Con el contrato obtuvieron sus permisos de trabajo, documento obligatorio para que un extranjero pueda emplearse en Chile mientras se tramita la visa de residencia sujeta a contrato.</p>
<p>En octubre de 2018 empezaron las labores, pero al cabo de seis meses todo acabó abruptamente. La oficina de Arturo Prat fue vaciada y abandonada en una noche y Francisco Mendoza Berríos nunca más fue visto por los trabajadores ni por las autoridades. Millones de pesos en sueldos y leyes sociales quedaron sin pagar, mientras que las condiciones de vida y de trabajo no solo no cumplieron con la oferta inicial ni con varias normas laborales, sino que podrían constituir trabajo forzado.</p>
<p>Los antecedentes de esta investigación -realizada por los autores de este reportaje en colaboración con <a href="https://libera.ong/" target="_blank" rel="noopener">Fundación Libera</a>, una organización contra la trata de personas-, fueron entregados a la Fiscalía y están siendo indagados.</p>
<p>La fiscal a cargo, Marcela Rocha Mella, no se refirió al caso debido a que aún es una investigación reservada. Sin embargo, la fiscal especializada contra la trata de personas, Carolina Suazo, advierte que para que exista restricción de movimiento “no es necesario que la persona esté encadenada o encerrada”, sino que la víctima “no tiene una posibilidad real de salir de la situación”, ya que está sometida a amenazas que pueden ser variadas, asegura, entre ellas el despido y quedar en una situación migratoria irregular. Tampoco es requisito que una persona no reciba dinero para que se considere trabajo forzado, dice la fiscal. “En algunos casos puede haber pago”, dice Suazo, puesto que el delito “no dice relación con eso, sino con la forma, calidad, características del trabajo que se le ha exigido (a una persona) en condiciones que no fueron las comprometidas”. Y agrega: “Está relacionado con una afectación a la libertad”.</p>
<p>La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define 11 indicadores para identificar el trabajo forzado, entre los que se cuenta la retención de salarios (parcial o total), el engaño, el abuso de vulnerabilidad, condiciones de vida y de trabajo abusivas, además de amenazas y restricción de movimiento. Así es justamente como se sentía Claudia Rodríguez, una de las compañeras de trabajo de Paola: “Atrapada”. Y “desde la primera semana, al descubrir que las cosas que me prometieron no eran ciertas”, dice. Esta es la historia.</p>
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<h2 id="h2_0">PRIMERA PARADA: EL NORTE</h2>
<p>Partieron en bus de Curicó a Coquimbo para trabajar hasta enero en la cosecha de arándanos del fundo Tilama, propiedad de <strong>Valles del Sur SpA.</strong>, empresa que pertenece a <a href="https://www.sanjosefarms.com/" target="_blank" rel="noopener">San José Farms</a>, <a href="https://www.cmfchile.cl/institucional/mercados/entidad.php?mercado=V&amp;rut=96896990&amp;grupo=0&amp;tipoentidad=RVEMI&amp;row=AAAwy2ACTAAAByyAAO&amp;vig=VI&amp;control=svs&amp;pestania=21" target="_blank" rel="noopener">accionista del grupo Hortifrut</a>, <a href="https://hortifrut.com/quienes-somos/" target="_blank" rel="noopener">líder mundial en la producción y comercialización de berries</a>.</p>
<p>Cosechar no fue exactamente el trabajo para el que Paola y el resto de los trabajadores venezolanos fueron llevados a Tilama. La función, en realidad, era “limpiar” los arbustos que ya habían sido cosechados por temporeros haitianos. Limpiar quiere decir revisar las plantas una por una y sacar los pocos frutos rezagados. La diferencia entre hacer esto y cosechar fue, para los venezolanos, radical, porque se trataba de una tarea lenta, pesada y poco productiva, por la que nunca obtendrían el dinero prometido.</p>
<p>A final de mes, según demuestran las liquidaciones de sueldo revisadas, en lugar de los $600 mil prometidos solo consiguieron montos mensuales totales de $90 mil, $50 mil o incluso $30 mil.</p>
<p>“Pensamos que en poco tiempo cumpliríamos parte de nuestras metas, sueños que pronto se desvanecieron y se convirtieron en dolores de cabeza cuando en el primer pago vimos que no era lo que nos habían ofrecido”, cuenta Claudia.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-155640" src="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/pag-7-tem%C3%A1tica-ar%C3%A1ndanos-850x500.jpg" alt="" width="702" height="413" /></p>
<p>En al menos ocho casos identificados, los anexos de contrato establecían que, además del salario mínimo, los trabajadores ganarían un bono de $430 por kilo una vez que alcanzaran la meta mensual de 2.090 kilos. En otras palabras, el bono comenzaría a hacerse efectivo a partir del kilo 2.091. Pero cosechar más de dos toneladas de fruta mensuales es, según productores agrícolas entrevistados para este reportaje, prácticamente imposible. Para lograrlo, sería necesario cosechar 85 kilos diarios aproximadamente, trabajando de lunes a sábado. Pero, un cosechero con experiencia logra sólo 50 kilos diarios, explica una productora de arándanos que ha preferido resguardar su identidad. Quienes logran esa cantidad, explica, “son excepciones”.</p>
<p>Así, los contratos estaban redactados de tal manera que nunca un trabajador accedería al bono de producción. El sueldo mínimo era, en realidad, a lo único que podían aspirar, pero ni siquiera eso consiguieron.</p>
<p>En muchos casos, el poco dinero sólo les permitió comprar comida. “Recibimos tan poco que solo alcanzaba para comer a medias y enviar algo de dinero a la familia”, dice Oscar Díaz, otro venezolano.</p>
<p>Las condiciones de vida tampoco eran las acordadas. Alojaron en Quilimarí, a una hora del fundo Tilama. “Una casa de tres habitaciones era para 14 personas”, cuenta Paola. Se acomodaron apretados en literas de tres, pero quien dormía en la parte superior sentía el cielo encima. Los que no cupieron en los dormitorios, se instalaron en el living. Todos compartían el único baño.</p>
<h2 id="h2_1">LOS HAITIANOS</h2>
<p>Desde 2016, el aumento de la migración abrió un lucrativo negocio para los intermediadores de mano de obra agrícola que fue explotado por Francisco Mendoza Berríos y sus socios, llegando a constituir una red de 23 empresas contratistas. Desde 2016 a 2018, estas fueron acogiendo a ciudadanos extranjeros y los primeros reclutados fueron haitianos.</p>
<p>Aunque no entendían las leyes laborales chilenas y tampoco conocían sus derechos, según cuentan, sabían que “lo más importante” era tener un contrato para poder solicitar visa. Al igual que los venezolanos, pensaron que la oferta era perfecta: el trabajo les proporcionaba vivienda, comida, transporte, salarios superiores al mínimo y, sobre todo, acceso a un estatus migratorio regular. Firmaron el contrato, cuyos detalles muchos no entendieron.</p>
<p>Los primeros fundos en los que trabajaron fueron Huanilla, de <strong>Agrícola San Clemente Limitada</strong>; y Tamaya, de <strong>Agrícola Cerrillos de Tamaya S.A.</strong>, ubicados en Montepatria y Ovalle, respectivamente. En ambos cosecharon mandarinas y desde entonces vieron recortados sus sueldos.</p>
<p>Jean Baptiste recuerda el mes en que recibió más dinero: junio de 2018. Ganó $380 mil, pero eso fue excepcional, asegura, ya que muchas veces ni siquiera recibió los $270 mil que estipulaba su contrato. Por cada balde con mandarinas recibían $300 por parejo, sin importar la cantidad de fruta: “Los baldes no se pesaban”, dice Jean Baptiste, aunque debían llenarlos lo máximo posible. Agrega que los días en que no se trabajaba, porque llovía o porque las faenas aún no comenzaban, simplemente no se pagaban: “Hubo veces en que por 22 días o 24 días seguidos no hubo trabajo y no nos pagó”. “Si no hay trabajo no es culpa nuestra (…). Tienes que pagarnos como dice el contrato”, cuenta que le decían a Manuel Castillo, el representante de Mendoza ante los trabajadores: “Pero no quiso”, cuenta.</p>
<p>El problema, dice Jean Baptiste, “es que nosotros no sabíamos nada de las leyes”.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-155644" src="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/EJRLMYY7FRCETKMFBI2WUXJRQE.jpg" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" srcset="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/EJRLMYY7FRCETKMFBI2WUXJRQE.jpg 900w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/EJRLMYY7FRCETKMFBI2WUXJRQE-160x107.jpg 160w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/EJRLMYY7FRCETKMFBI2WUXJRQE-350x233.jpg 350w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/EJRLMYY7FRCETKMFBI2WUXJRQE-768x512.jpg 768w" alt="" width="705" height="470" /></p>
<p>Dormían en contenedores y algunos en casas de Ovalle que no siempre tenían agua caliente o electricidad. Según cuentan los trabajadores, en ciertos casos hasta 12 personas debían apiñarse en una misma pieza y hasta 30 compartían un baño.</p>
<p>Cuando llegaron a Tilama, el tercer campo para ellos y el primero para los venezolanos, también durmieron en contenedores.</p>
<p>La comida, preparada en cocinas insalubres improvisadas en los campamentos junto a los baños y con poca agua, era para haitianos y venezolanos la misma todos los días: café o té y un trozo de pan para el desayuno; pasta y arroz de almuerzo y cena. Cuando pedían los alimentos para cocinarse ellos mismos, cuenta Enrique Martínez, otro venezolano, les entregaban cantidades insuficientes: “¿Cómo crees tú que con una cebolla y dos papas vamos a hacer una comida para la semana?”, preguntaba.</p>
<p>Claudia pensó que al recibir su primer pago podría tomar una decisión, “pero no fue así, porque también me habían mentido (respecto a las condiciones del contrato)”, cuenta. Además, no les dejaban firmar el libro de asistencia y las horas extras, que eran diarias, no las pagaban. “Con el paso del tiempo todo empeoró, porque nos dijeron que si queríamos podíamos irnos, pero que no iban a responder por nuestro salario adeudado ni por las prestaciones sociales”, explica.</p>
<p>Durante esos meses en Tilama, Claudia no podía dormir por las noches y lloraba constantemente. “Las limitaciones económicas derrumbaron las esperanzas de traer a mi hijo y mi madre que estaban en Venezuela”, cuenta. Pero a eso se sumaba otro factor que la hacía sentirse aún más atada a ese trabajo y sin posibilidad de salir.</p>
<h2 id="h2_2">LAS AMENAZAS</h2>
<p>“Todos vimos cuando una haitiana que pasaba se cayó y se rompió las piernas”, recuerda Paola. El accidente ocurrió en un sector del fundo Tilama donde la pendiente del cerro era particularmente empinada. “Tuvimos que bajar gateando”, cuenta. Al presenciar el accidente, Paola y otros trabajadores ya no quisieron subir. “Bajamos al bus”, cuenta Oscar Díaz, pero “el supervisor fue a buscarnos y nos amenazó. Nos dijo que si no volvíamos a subir nos iba a echar”, dice. Ese supervisor, recuerda, era Roberson Petit-Homme.</p>
<p>Más de 30 personas entrevistadas dicen haber experimentado amenazas mientras trabajaron para Mendoza. La amenaza siempre fue el despido y lo que conlleva: perder el estatus migratorio y los sueldos adeudados, además de quedar, literalmente, en la calle.</p>
<p>Las razones de las amenazas eran también reiterativas: si los trabajadores no cosechaban ciertas cantidades, si se quejaban por la comida, si no querían trabajar en lugares que consideraban peligrosos, si querían registrar la hora de inicio y término de la jornada en el libro de asistencia, si rechazaban trabajar los fines de semana o si no asistían por problemas de salud.</p>
<p>Fabiola Altidor, quien llegó de Haití en enero de 2018 para trabajar directamente con Mendoza, sufrió al menos dos amenazas de despido debido a condiciones de salud. Una de ellas ocurrió en el fundo Tamaya. Con fuertes dolores de estómago, abandonó el predio para dirigirse al hospital de Ovalle, a unos 30 kilómetros. Partió sin notificar al supervisor, quien, al regresar, la reprendió frente a los demás trabajadores y dijo que no se les permitía salir del lugar, ni siquiera por razones de salud, y la amenazó con despedirla y desalojarla.</p>
<p>Ser despedido implicaba, en primer lugar, detener el proceso de obtención de visa sujeta a contrato (la que todavía estaba siendo tramitada) y frustrar la obtención de la denominada “Permanencia Definitiva”, con la cual se puede residir indefinidamente en el país. Ese estatus migratorio es, en la mayoría de los casos, el anhelo de los trabajadores extranjeros, pero deben cumplir dos años seguidos de visa sujeta a contrato con el mismo empleador. En otras palabras, debían trabajar con Mendoza durante dos años.</p>
<p>Para todos los trabajadores entrevistados, irse no era una opción. “Él siempre decía que si cambiábamos de trabajo nadie iba a tener su residencia permanente”, cuenta Bernard Sanon, uno de los haitianos. “Si renunciábamos -agrega el venezolano, Miguel Ángel Pérez- nuestros documentos quedaban en el aire”.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-155641" src="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/empleo-agri-e1632839934254.jpg" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" srcset="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/empleo-agri-e1632839934254.jpg 620w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/empleo-agri-e1632839934254-160x90.jpg 160w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/empleo-agri-e1632839934254-350x198.jpg 350w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/empleo-agri-e1632839934254-558x314.jpg 558w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/empleo-agri-e1632839934254-279x157.jpg 279w" alt="" width="620" height="350" /></p>
<p>Las amenazas llegaron incluso a la violencia física. Herold Guillaume, haitiano, quien trabajaba para Francisco Mendoza desde 2016, recibió un día, mientras cosechaba en Tilama, un llamado de emergencia de su mujer, Judith. Ella estaba embarazada y se alojaba, junto con otras tres ex temporeras en la misma condición, en una casa en Ovalle. La dueña de la casa había cortado el agua, el gas y la electricidad. Según Herold, Francisco Mendoza no había pagado el arriendo hacía varios meses, a pesar de que mensualmente descontaba para ese fin $100 mil del sueldo de cada uno de los futuros padres. Ante la situación, Herold decidió partir de inmediato a Ovalle, pero el supervisor Roberson consideró que no tenía derecho a abandonar el fundo. Lo encontró en el paradero esperando el bus a Quilimarí y lo golpeó allí mismo, frente a otros haitianos.</p>
<p>El subprefecto Giordano Lanzarini, jefe de la Brigada Investigadora de Trata de Personas (Bitrap) de la PDI, asegura que la promesa de obtener la regularidad migratoria y la amenaza de perderla es frecuentemente uno de los medios comisivos del delito de trata de personas en Chile:</p>
<p>-Les dicen “mira, tú no tienes donde vivir, no hablas el idioma, así que sigue conmigo y yo me voy a encargar de hacer que te den una visa y ahí te puedes ir (…), si te vas no podrás efectuar los trámites migratorios para regularizarte”. Esos son los tipos de amenaza-, asegura Lanzarini.</p>
<p><strong>Valles del Sur</strong>, propietaria del fundo Tilama, aseguró mediante un correo electrónico que no estaban al tanto de lo descrito debido a que “la relación de nuestra empresa es con el supervisor del prestador de servicios y no con sus trabajadores directamente”. En su respuesta, la empresa agregó que “siempre estamos pendientes de que se mantenga un ambiente normal y adecuado de trabajo” e informó que “en 2019 terminamos nuestra relación con el Sr. Mendoza, ya que nuestros protocolos internos detectaron incumplimientos de su parte en algunos pagos de remuneraciones (…). Esta situación, además de dar término a esta relación, nos llevó a asumir y efectuar nosotros el pago de remuneraciones adeudadas”. Ninguno de los entrevistados confirmó haber recibido dicho pago.</p>
<p><strong>Agrícola San Clemente Limitada</strong> y <strong>Agrícola Cerrillos de Tamaya S.A.</strong> no respondieron nuestras preguntas. Tampoco lo hizo Manuel Castillo Maldonado y fue imposible contactar a Francisco Mendoza Berríos. Lo llamamos a distintos números de teléfono de diferentes empresas, pero ninguno contestó y algunos ya ni siquiera existen. También intentamos contactarlo por medio de Facebook, pero no obtuvimos respuesta y ninguna de las personas que entrevistamos y que trabajaron para sus empresas guarda hoy alguna dirección de correo electrónico de él.</p>
<h2 id="h2_3">SEGUNDA PARADA: EL SUR</h2>
<p>Si la experiencia de Tilama fue frustrante, faltaba lo peor para Paola y otros 18 venezolanos y diez haitianos entrevistados que decidieron seguir con Mendoza luego de que acabara la temporada en el norte. Para entonces habían firmado una “Modificación de Contrato” que establecía que ahora el mandante -es decir donde se llevaría a cabo la cosecha-, sería <strong>Agrícola Los Robles Limitada</strong>, propietaria de fundo El Arrayán, ubicado a unos cinco kilómetros de Purranque (Región de Los Lagos). Un segundo fundo aparecería luego, Caiquenes, de <strong>Inversiones La Estaquilla S.A.</strong></p>
<p>Algunos venezolanos que habían trabajado en Tilama rechazaron la oferta y se devolvieron a Curicó. Quienes sí firmaron –unas 200 personas, según los testimonios–, recibieron todo tipo de disculpas y promesas: “En el sur todo será ​​diferente”, recuerdan que les decían. Todos necesitaban el empleo y alojamiento, porque no tenían dinero para comenzar en otro lugar. Además, el esfuerzo debía al menos valer la pena para lograr la visa y postular a la Permanencia Definitiva.</p>
<p>En Los Lagos, las cosas resultaron ser un <em>deja vu</em> del norte, aunque las condiciones habitacionales esta vez fueron peor. Los más afectados se quedaron en 20 contenedores instalados cerca del predio y en donde “al principio no había nada, ni cocina ni baños”, explica una trabajadora. Los primeros días debían bañarse con baldes de agua, incluso a la intemperie. Luego instalaron seis duchas unisex con cortinas transparentes para un total de 94 trabajadores. No había comedor, y se cocinaba junto a los baños químicos, los que se limpiaban una vez a la semana. El resultado era un espacio denigrante y nauseabundo.</p>
<p>“Tengo amigos que vivían allí y me decían que era terrible. Incluso los vecinos del campamento comenzaron a quejarse”, cuenta una persona que se alojó en La Unión.</p>
<p>En febrero del 2019, la Inspección Provincial del Trabajo de Osorno se presentó en el campamento. El organismo detectó que las distintas empresas –<strong>Soluciones Agrícolas SPA</strong>, <strong>Servicios Agrícolas El Maule SPA</strong>, <strong>Agrícola Nilo SPA, Servicios San Cristóbal SPA</strong>, <strong>Servicios de Cosechas Nilo SPA</strong>, <strong>Paola Andrea Molinet Troncoso Servicios de Cosecha EIRL</strong>– estaban relacionadas entre sí. Lo mismo advirtió más tarde el Juzgado de Letras del Trabajo de Curicó, al asegurar que las empresas constituyen una unidad económica, ligadas por idénticos representantes legales o por los mismos socios. Algunas están conectadas porque sus dueños son familiares y todas tienen una dirección laboral común. Ninguna se encontraba inscrita en el Registro de Intermediadores Agrícolas que lleva la Dirección del Trabajo y que constituye un requisito obligatorio para operar.</p>
<p>Todas fueron sancionadas por incumplir normas sanitarias al “no proveer condiciones mínimas de campamento”. En concreto, las faltas eran “no contar con cuartos de baño dispuestos [equipados] de excusado, lavatorio y ducha con agua fría y caliente, separado para hombres y mujeres y no proveer dormitorios, container para pernoctar, separados por sexo”.</p>
<p>Además, la Inspección Provincial del Trabajo de Osorno en conjunto con la Seremi de Salud constató que los lugares de habitación no cumplían con el espacio necesario, la ubicación, las condiciones de aislamiento y temperatura; que existía una falta de manejo y disposición adecuados de desechos industriales líquidos y sólidos, y que faltaban medios para extinguir incendios.</p>
<p>Los temporeros trabajaban desde las 8:30 hasta las 20:30 y solo tenían 30 minutos para almorzar. Así lo precisan también las demandas laborales que más tarde algunos trabajadores interpusieron contra las empresas de Mendoza. Además, varios temporeros aseguraron que tenían prohibido poner la hora de entrada y de salida en el libro de asistencia. “Nosotros nada más estábamos autorizados [a] firmar”, explica una entrevistada.</p>
<p>Los domingos y festivos también se trabajaba. De hecho, las empresas fiscalizadas fueron sancionadas por “no otorgar descanso dominical y/o festivos”.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-155647" src="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/C77OACOD6ZDEJETGDKYI2OCGBQ.jpg" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" srcset="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/C77OACOD6ZDEJETGDKYI2OCGBQ.jpg 900w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/C77OACOD6ZDEJETGDKYI2OCGBQ-160x107.jpg 160w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/C77OACOD6ZDEJETGDKYI2OCGBQ-350x233.jpg 350w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/C77OACOD6ZDEJETGDKYI2OCGBQ-768x512.jpg 768w" alt="" width="707" height="471" /></p>
<p>Las largas jornadas se sucedían cosechando sin guantes, sin gorros y sin protección solar. Al final del mes no se informaba respecto de la cantidad de kilos recogidos y los trabajadores recibían montos aparentemente aleatorios y bajos, sin que se les detallara cómo se habían calculado, más la promesa de que lo adeudado se pagaría “después”. Respecto de las leyes sociales, la Inspección Provincial del Trabajo de Osorno constató que no eran pagadas correctamente y en algunos casos, como en el de Paola, nunca fueron canceladas. Así también lo precisa la sentencia del juzgado.</p>
<p>En medio de todo este escenario, las amenazas de despido se intensificaron: “Empezó [el supervisor] a hacernos amenazas individuales. Si no hacíamos 10 cajas [de arándanos] en el día, nos iban a despedir. Al día siguiente hicimos 12 cajas, [y dijeron que] si no hacemos 14 cajas, nos despedirán. Al día siguiente, si no hacemos 15 cajas, nos despedirían”, dice un entrevistado. Incluso, el agua parecía ser entregada a regañadientes: “Todos los días gritábamos ‘y el agua y el agua’, y el agua tardaba en llegar. Pero un día eran como las cuatro de la tarde y no habían traído agua. Y empezamos a gritar y gritar: ‘No somos esclavos, danos agua, danos agua»’, cuenta Paola.</p>
<p>Para los trabajadores entrevistados la situación era “una locura. Por la presión, el hambre, la necesidad, la situación que vivíamos era desesperada”, dicen.</p>
<p><strong>Agrícola Los Robles</strong> aseguró que los primeros dos años con el contratista se desarrollaron “sin ningún tipo de problema”, pero que “en el tercer año, al finalizar la cosecha, nos dimos cuenta que la empresa comenzó a tener irregularidades laborales y de caja. Producto de eso, dejamos de trabajar con ellos”.</p>
<p>En opinión de la fiscal Carolina Suazo, “sería esperable” que ante información como la levantada en este caso, la Inspección del Trabajo “hiciera una denuncia para que se investigue cuál es la situación, sobre todo si son migrantes que han ingresado hace poco al país”, dice. Además, porque según explica el subprefecto Lanzarini, en los casos de trata de personas con fines laborales el delito ocurre así: “Ofrecen excelentes condiciones, mil dólares de salario, buen horario de trabajo, descanso, vacaciones, un buen lugar donde vivir e incluso hasta la comida”. Pero una vez que están en el lugar, dice, “ya el salario no son mil dólares, trabajan todo el día en jornadas extenuantes, sábado y domingo, no tienen vacaciones, viven en condiciones deplorables, hacinados, bajo presión” y, además, “muchas veces no hablan el idioma, no tienen a quién pedir ayuda”.</p>
<p>Ese era el caso de Bernard Sanon y de muchos otros. “Cuando estaba con él (Mendoza), no sabía nada de leyes, no sabía cómo estaban las cosas, no hablaba mucho español. No tuve apoyo. No teníamos a nadie que nos ayudara”.</p>
<p>Sin embargo, las empresas de Mendoza sólo recibieron multas por incumplimiento administrativo. Según la información entregada por la Dirección del Trabajo, los hechos no fueron denunciados ni a la Bitrap ni al Ministerio Público, a pesar de que este organismo forma parte de la Mesa Intersectorial de Trata de Personas y debe denunciar los hechos que pudieran ser constitutivos de trata de personas. El inspector provincial de Osorno, Juan Sánchez Pinto, señaló tener el recuerdo de haber hablado con la PDI, pero que por el tiempo transcurrido no tenía certeza de ello y debía revisar las diligencias realizadas. Hasta la publicación de este reportaje, no lo confirmó.</p>
<p>“Cuando hace fiscalizaciones, la Inspección del Trabajo muchas veces lo ve como infracciones al Código Laboral. Es un problema de detección, pues no porque en una empresa exista un contrato de trabajo va significar que no exista la posibilidad de trata de persona”, insiste Lanzarini: “Si usted googlea ‘trata de persona’ va a encontrar imágenes que no tienen nada que ver con eso: gente amarrada, en cadenas, detrás de barrotes. Eso no existe, porque la trata de persona es un modo de esclavitud moderna donde no hay barrotes, sino que la gente es controlada a través de un medio comisivo que no se ve, como el aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad, amenazas y engaños”.</p>
<h2 id="h2_4">“EN REBELDÍA”</h2>
<p>Para marzo de 2019 los trabajadores seguían sin recibir salarios, sin obtener su visa, pasando frío, muchas veces hambre y habiendo gastado sus pocos recursos en mejorar su alimentación.</p>
<p>El trabajo en los fundos El Arrayán y Caiquenes había terminado y todos fueron trasladados a Curicó para desempeñarse en <em>packing</em> de uva y cosecha de manzanas. Algunos no continuaron, dando por perdidos los sueldos infinitas veces postergados, olvidando su visa sujeta a contrato y, por ende, la Permanencia Definitiva.</p>
<p>Otros continuaron, esperanzados en que la visa llegaría. “Trabajamos con él (Mendoza) mucho tiempo, porque queríamos tener papeles. Siempre pensé que una vez que los tuviera, lo dejaría inmediatamente”, dice Bernard Sanon.</p>
<p>Dejaron Purranque en la noche y llegaron a Curicó en la madrugada.</p>
<p>A la mañana siguiente, los trabajadores, entre los que se encontraba Paola, fueron citados por Manuel Castillo para recibir el pago de febrero. Paola se percató de que, una vez más, el monto no correspondía y decidió interponer, junto a otros compañeros, una denuncia en la Inspección del Trabajo. Castillo despidió -“por necesidad de la empresa”- a todos los que firmaron la denuncia. Así lo relata la sentencia del Juzgado de Letras del Trabajo de Curicó que falló en favor de Paola.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-155648" src="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Que-es-la-inspeccion-del-trabajo.jpg" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" srcset="https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Que-es-la-inspeccion-del-trabajo.jpg 700w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Que-es-la-inspeccion-del-trabajo-160x75.jpg 160w, https://www.ciperchile.cl/wp-content/uploads/Que-es-la-inspeccion-del-trabajo-350x165.jpg 350w" alt="" width="702" height="330" /></p>
<p>Para los demás, la historia también terminó en Curicó, aunque de manera diferente.</p>
<p>Al cabo de un mes, los trabajadores venezolanos fueron reunidos y les comunicaron que la empresa había quebrado. “Me dijeron ‘toma $100 mil y ya está’, más nada”, asegura uno de los entrevistados.</p>
<p>A los haitianos que habían comenzado a trabajar en el <em>packing</em>, les dijeron que debían firmar una carta de renuncia voluntaria, en la que se establecía que las empresas no tenían deudas pendientes. Los haitianos que habían comenzado a cosechar manzanas, en tanto, también fueron obligados a firmar una carta de renuncia a cambio de $100 mil.</p>
<p>Para fines de marzo, Francisco Mendoza acumulaba 25 demandas laborales por despido injustificado y vulneración de derechos fundamentales. Ni él ni ninguno de los representantes legales de la red de empresas se presentaron a los juicios. Los declararon culpables “en rebeldía”, según las cinco sentencias que fallaron los casos, y fueron condenados a pagar todo lo adeudado en remuneraciones, aviso previo, vacaciones, cotizaciones impagas y horas extras. Los montos van desde los $7 millones a los $17 millones. Además, siete empresas fueron sancionadas por la Inspección del Trabajo por un total de 288 UTM.</p>
<p>Para esa misma fecha, la oficina de <strong>Soluciones Agrícolas SpA</strong>, en calle Arturo Prat 330, había sido desocupada por la noche. Una de las entrevistadas, que hacía aseo en el lugar, cuenta que una mañana llegó y “toqué y toqué, y no abrió nadie. Después salió una [persona] de la oficina del frente y dijeron ‘ahí no hay nadie. Esa oficina la desocuparon’. No quedó nada, ni sillas. Llamé a la haitiana que era su secretaria y me dijo: ‘también me dejaron botada’”.</p>
<article class="single-extracto">
<div class="single-extracto__body">
<p><strong>IMPUNIDAD PARA EL TRABAJO FORZADO</strong></p>
<p>¿Por qué la gobernación de Curicó se prestó para dar credibilidad a las empresas de Francisco Mendoza? Según Juan de Dios Cardemil –quien actualmente es el encargado del Departamento de Extranjería (DEM) de la Gobernación Provincial de Curicó– charlas como la realizada en el Hotel Raíces se hacen como actividad de “vinculación con el medio”. Sin embargo, reconoce que no existe un protocolo para discriminar si el DEM debe o no respaldar a una empresa u organización en particular. “Es algo súper abierto”, dice.</p>
<p>Sergio Maureira, secretario general de la Asociación de Exportadores de Fruta de Chile (ASOEX), asegura que “la política de cumplimiento laboral en Chile no considera un sistema de certificación, cuestión que como gremio hemos planteado varias veces al Ministerio del Trabajo, como un instrumento que eleve el cumplimiento de las empresas”. Según Maureira, la respuesta que han recibido es que “legalmente no es posible, pues los organismos fiscalizadores están facultados solo para fiscalizar y sancionar, pero no para establecer políticas de cumplimiento preventivo”.</p>
<p>En las últimas ediciones del Informe sobre Trata de Personas (TIP) del Departamento de Estado de Estados Unidos, se ha destacado la preocupación por el bajo número de investigaciones y enjuiciamientos por trata de personas con fines de trabajo forzoso en Chile.  Según la Dirección de Trabajo, no hubo casos relacionados con trata de personas con fines de trabajo forzado en las regiones de Coquimbo, Maule y Los Lagos entre 2016 y 2020.</p>
<p>La fiscal Carolina Suazo indica que una de las principales trabas para perseguir el trabajo forzado en Chile es que, por ley, éste solo puede ser penado cuando está vinculado a trata de personas. Pero, “no todo caso de trabajo forzado es trata de personas”, explica.</p>
<p>Para que exista trata de personas, debe acreditarse la existencia de tres acciones previas: captación, traslado y recepción o acogida. “Aquellas situaciones en que no se pueden acreditar estos tres ejes, quedan sin sanción”, dice la fiscal, aunque se acredite la existencia de trabajo forzado. “Si no es trata de personas, queda impune”, agrega.</p>
<p>Entre 2019 y 2020, fueron investigadas 21 causas por trata de personas con fines de trabajo forzado. De ellas, 17 terminaron en archivo provisional, pues no aparecieron antecedentes que permitieran desarrollar diligencias. Por ahora, los extrabajadores de Francisco Mendoza esperan a ver si sus causas engrosan esa lista de casos archivados.</p>
<p>(**) <em>Esta investigación periodística se financió con una subvención de </em><em><a href="https://freedomfund.org/" target="_blank" rel="noopener">Freedom Fund,</a> una organización internacional contra la esclavitud.</em></p>
<p>*Fuente: <em><strong><a href="https://www.ciperchile.cl/2021/09/28/fiscalia-investiga-denuncia-de-trabajo-forzado-masivo-de-inmigrantes-en-cosecha-de-arandanos-y-mandarinas/">CiperChile</a></strong></em></p>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/09/30/fiscalia-investiga-denuncia-de-trabajo-forzado-masivo-de-inmigrantes-en-cosecha-de-arandanos-y-mandarinas/">Fiscalía investiga denuncia de trabajo forzado masivo de inmigrantes en cosecha de arándanos y mandarinas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Chile: &#8230;Temporeros, la vida por un salario</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/01/28/chile-temporeros-la-vida-por-un-salario/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jan 2016 01:49:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[ambicion]]></category>
		<category><![CDATA[maltrato a trabajadores]]></category>
		<category><![CDATA[menores de edad]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El accidente que ocurrió en las primeras horas del sábado 9 de enero en la carretera R-88, que une las comunas de Angol con Los Sauces, terminó violentamente con la vida de nueve de las diez personas que viajaban en un furgón para trabajadores. Habían madrugado para llegar a tiempo a un predio agrícola donde recolectaban fruta. </p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/01/28/chile-temporeros-la-vida-por-un-salario/">Chile: &#8230;Temporeros, la vida por un salario</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="post-title-wrapper clearfix">
<span class="date-date"><span class="date-dd">27.01.</span><span class="date-yyyy">2016</span></span>
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<img loading="lazy" class="aligncenter" src="http://redlatinasinfronteras.bligoo.com/media/users/28/1428176/images/public/471811/Temporeros_Chile.jpg?v=1453901414363" alt="Temporeros_Chile.jpg" width="522" height="349" /><br />
<b>E</b>l accidente que ocurrió en las primeras horas del sábado 9 de enero en la carretera R-88, que une las comunas de Angol con Los Sauces, terminó violentamente con la vida de nueve de las diez personas que viajaban en un furgón para trabajadores. Habían madrugado para llegar a tiempo a un predio agrícola donde recolectaban fruta. Un error del conductor, según señaló el parte policial, hizo desviarse al vehículo y estrellarse de frente a gran velocidad con un camión maderero. Un preludio sangriento para una jornada más de estos trabajadores de temporada.<br />
<iframe loading="lazy"  id="_ytid_45017"  width="480" height="360"  data-origwidth="480" data-origheight="360" src="https://www.youtube.com/embed/7XdMNGmXHCs?enablejsapi=1&#038;autoplay=0&#038;cc_load_policy=0&#038;cc_lang_pref=&#038;iv_load_policy=1&#038;loop=0&#038;modestbranding=0&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;playsinline=0&#038;autohide=2&#038;theme=dark&#038;color=red&#038;controls=1&#038;" class="__youtube_prefs__  epyt-is-override  no-lazyload" title="YouTube player"  allow="fullscreen; accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen data-no-lazy="1" data-skipgform_ajax_framebjll=""></iframe><br />
La información del accidente, que circuló por los medios de comunicación aquel caluroso fin de semana, volvió a evidenciar las precarias condiciones de trabajo de millares de personas. El violento episodio, salvando las distancias, nos trasladó al mediático derrumbe de la mina San José, en Copiapó, en 2010, que pese al rasgado de vestiduras de políticos de todos los colores y a llegar más tarde a convertirse en un espectáculo de Hollywood, no cambió las miserables condiciones de vida en la pequeña y mediana minería.<br />
Esta vez ni los medios, ni el gobierno llegaron tan lejos. El accidente se diluyó entre otras informaciones, aun cuando dejó, una vez más, a la luz pública el maltrato y desprecio a los trabajadores, la nula aplicación de normas y protecciones, la indolencia del gobierno ante la falta de regulación y el trabajo de menores de edad. Una cadena de ilegalidades que constata en toda su magnitud las enormes contradicciones en que se apoya el tan elogiado modelo exportador chileno.<br />
Por un lado, transnacionales con presencia en múltiples países y activos de miles de millones de dólares, y abajo, en nuestro Cono Sur americano, pobreza y precariedad en condiciones cercanas a la esclavitud. En medio, no sólo todo tipo de distorsiones e irregularidades legales, funcionales a la rentabilidad del capital, sino claras trampas a vista y paciencia del público, funcionarios, legisladores y gobernantes.<br />
Ninguno de los trabajadores y trabajadoras fallecidos tenía contrato laboral. La mitad eran mujeres y tres eran menores de edad, lo que es una práctica extendida y habitual desde los albores de este modelo. Las nueve personas fallecidas prestaban sus servicios a la empresa Serviagro, según relataron sus familiares, y viajaban aquella mañana al predio Huertos San Pedro a recolectar arándanos.<br />
<b>SILENCIO SOBRE EL DRAMA</b><br />
En un comienzo, informó la prensa local, la empresa desconoció tener un vínculo laboral con los trabajadores, vil mentira que posteriormente, y ante el asedio de los medios de comunicación y el peso de los hechos, tuvo que rectificar. No pudo, sin embargo, alterar las innumerables irregularidades en las cuales la recolección de fruta se realiza, desde la falta de registros de asistencia, inexistencia de contratos escritos, la aceptación de menores para esas actividades o no contar con infraestructura básica, como comedores y equipamiento sanitario.<br />
Estos antecedentes no son casos extremos o aislados. Este espacio legal, amparado por todos los gobiernos posdictadura, se reproduce en todos los sectores de la economía mediante empresas de papel, contratistas y subcontratistas que evitan relaciones formales y de largo plazo entre empleador y empleados. Este modelo, que va desde la minería a los servicios, adquiere ribetes sin duda más extremos en los múltiples fragmentos y rincones de la ruralidad.<br />
Si hablamos de la precariedad laboral habrá que mencionar también los salarios, que en todos estos casos equivalen a 250 mil pesos, el mínimo legal, la cifra que expresa en toda su magnitud numérica y estadística la mayor impudicia del modelo: su abismal desigualdad. Un estudio de los economistas de la Fundación Sol, Marcos Kremerman y Gonzalo Durán, publicado el año pasado señala que más de un millón de personas, o el 25 por ciento de la fuerza laboral, recibe en Chile el salario mínimo. Si este es el promedio para el país, en algunas regiones, como el escenario del fatal accidente, esta proporción sube hasta el 30 por ciento. Con estos datos podemos afirmar que el modelo exportador chileno tiene tras de sí un Estado funcional no sólo dispuesto a legislar a favor del gran empresariado y sus amplios intereses, sino también a no controlar ni fiscalizar lo poco normado. En este espacio nebuloso, la única ley existente es la que impone el capital.<br />
<b>EL MITO ECONÓMICO CHILENO </b><b>EN EL DESPEÑADERO</b><br />
Esta tragedia nos vuelve a mostrar en toda su impudicia las bases sobre las que se ha construido el falso mito económico chileno. Una clase empresarial soberbia y ambiciosa, que basa la rentabilidad no sólo en la colusión y la trampa, sino también en sistemáticos recortes salariales, en la apropiación de los fondos de jubilación y salud de sus trabajadores, en la desprotección laboral y el desprecio de la vida misma de sus empleados. En la base de esta pirámide, una clase obrera desarticulada, que depende de las arbitrarias decisiones dictadas por los mercados internacionales sobre las gerencias de finanzas y recursos humanos. Esta debilidad laboral, que se mantiene escondida y sólo salta a la luz pública con las explosiones mineras o en tragedias carreteras, se extiende y reproduce en otros millares de lugares de la producción y los servicios. Los trabajadores chilenos, vemos cada día, parecen haber sucumbido a la extracción de los recursos naturales, a la gestión empresarial, a la búsqueda de rentabilidades corporativas. Hemos sucumbido a la economía neoliberal.<br />
Las malas condiciones laborales en Chile son funcionales a la riqueza y a la desigualdad. Son sin duda la base del paradigma que ha permitido la creación de gigantescos grupos económicos, un mal que se extiende desde la minería a la construcción, a la industria forestal, el comercio y el “milagro” frutícola. El tan elogiado crecimiento económico chileno se han construido sobre la inestabilidad y la inseguridad social.<br />
Hablamos de un modelo de explotación laboral que se extiende globalmente, por la producción y los servicios. No son las endebles pymes las que no respetan las escasas y débiles leyes; son las grandes transnacionales. Por ello que los temporeros de la fruta en Chile, aquel producto que viaja miles de kilómetros para llegar a los supermercados de Europa y Estados Unidos, son las mismas piezas baratas y recambiables que forman los ejércitos de la maquila en Filipinas, México, Guatemala o Bangladesh. Los incendios en una maquila tercerizada de Nike, con trabajadores empobrecidos y desprotegidos, están conectados con el drama de temporeros chilenos que recolectan directa o indirectamente para una multinacional frutícola como Dole o Chiquita. Si aquí abajo la pobreza y precariedad global se emparentan, Nike, Adidas, Dole y Chiquita también se relacionan en las bolsas de valores en los mercados internacionales.<br />
<b>MENORES DE EDAD </b><b>E INMIGRANTES</b><br />
En Chile el sector agrícola abarca aproximadamente un diez por ciento de las exportaciones nacionales y se estima que entre un 13 y 15 por ciento de la fuerza de trabajo se encuentra en este sector, lo que suma más de 600 mil personas. Dentro de este grupo, la mitad, o unas 300 mil personas, está constituida por mujeres, las que han ido aumentando durante las últimas décadas, llegando a ser una pieza fundamental para el desempeño de esta industria. Tras el fatal accidente de Angol, podemos ver que esta fuerza de trabajo también está compuesta por menores de edad. Anteriores incidentes han hecho emerger el trabajo, también ilegal y en condiciones de bestial explotación, de inmigrantes sudamericanos.<br />
El sector silvoagropecuario chileno exportó el año pasado cerca de 15 mil millones de dólares, de los cuales casi un 40 por ciento, o casi seis mil millones de dólares, correspondió exclusivamente a fruta. Para tener una idea de la importancia de este rubro, la exportación de celulosa abarcó, según los datos del año pasado, el 17 por ciento del total silvoagropecuario, en tanto los vinos fueron el doce por ciento.<br />
De este grueso total frutícola, datos de Odepa afirman que la principal fruta de exportación es la uva, seguida por las manzanas y los kiwis. En cuarto lugar aparecen las paltas, seguidas por ciruelas, peras y arándanos, los berries que aquella mañana no alcanzaron a recoger estos nueve trabajadores. Por países, el principal destino es Estados Unidos, seguido por China, Japón y Holanda. Según datos proporcionados por la Asociación de Exportadores (Asoex), las cinco principales empresas exportadoras de fruta son Dole, Unifrutti, David del Curto, Copefrut y Del Monte.<br />
Para tener una idea del poder de estas empresas dueñas de los mercados mundiales, Dole, por ejemplo, transnacional con sede en California, Estados Unidos, con presencia en 90 países en el mundo, exporta sólo desde Chile 44 millones de cajas de frutas al año, con que tiene beneficios anuales por unos 40 millones de dólares. Unifrutti, empresa chilena, tiene una capacidad de exportación de once millones de cajas a siete mercados internacionales.<br />
El accidente, que ya ha salido de los medios de comunicación, así como las investigaciones sobre la situación laboral de los trabajadores fallecidos, nunca generó una reacción clara y formal de parte de las organizaciones sindicales. Ante el silencio de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), el presidente de la Confederación General de Trabajadores (CGT), Manuel Ahumada Lillo, ha sido el único que ha expresado su rabia y tristeza por esta nueva tragedia laboral.<br />
Ahumada en su columna “Pulso Sindical” se preguntaba no sin desazón por el silencio de las organizaciones, si no existen en Chile organizaciones sindicales en la agroindustria. Al responderse, dice: “Datos a los que hemos accedido indican que en el sector existen 43 sindicatos de empresa, 25 interempresas, 95 independientes, once federaciones. Suponemos que también más de una Confederación en el sector y sin embargo hasta ahora lo que más hay es silencio”.<br />
Pero tampoco hablaron ante el modelo exportador y explotador ni los partidos, organizaciones de derechos humanos, movimientos políticos. En medio del verano y las tensiones políticas, las víctimas del modelo exportador de acumulación de capital parecen haber muerto de forma natural.<br />
Una vez más un fatal accidente laboral ha dejado entrever las bases obscenas sobre las que se ha apoyado históricamente el modelo neoliberal. Y una vez más vemos cómo estas tragedias continúan, con una prensa funcional al empresariado que las asimila al terreno policial, al tránsito o, simplemente a la mala suerte. Y sobre todo ello hay una clase trabajadora alienada, pese a la precariedad y explotación.<br />
Es el momento de levantar a estos trabajadores y trabajadoras como nuevos mártires de la clase trabajadora. Tal como nos recuerdo Ahumada, es también el instante para reiterar “la exigencia de real justicia (y no solo compensación económica o pensiones de gracia, pues son insuficientes y no reparan el daño) para los casos de Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jiménez, Nelson Quichillao y muchos otros, que perdieron la vida trabajando y a quienes aún no se les hace justicia”.<br />
<em>RECUADRO:</em><br />
<b>Los mártires de Angol</b><br />
Los temporeros fallecidos en el accidente del 9 de enero en Angol son: Fernando Canío Cuitiño (17), Aldo Pérez Sepúlveda (20), Bhayron Díaz Muñoz (19), Segundo Muñoz Alarcón (64), Nicolás Bravo Flores (18), María Garrido (33), Daniela Retamal (35), Bárbara Henríquez (17) y el conductor del furgón, Rodrigo Zambrano Flores (32). Hubo una joven sobreviviente: Madeleine Vallejos Muñoz (17)<br />
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 845, 22 de enero 2016.<br />
<a href="http://www.rebelion.org/cdn-cgi/l/email-protection#e89a8d9e819b9c89989d869c878e81868984a885879e819b9c899ac68b84">revistapuntofinal@movistar.cl</a><br />
<a href="http://www.puntofinal.cl/">www.puntofinal.cl</a><br />
*Fuente: <strong><a href="http://redlatinasinfronteras.bligoo.com/chile-temporeros-la-vida-por-un-salario">Red Latina sin fronteras</a></strong>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/01/28/chile-temporeros-la-vida-por-un-salario/">Chile: &#8230;Temporeros, la vida por un salario</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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