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	<title>socialdemocracia &#8211; piensaChile</title>
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	<title>socialdemocracia &#8211; piensaChile</title>
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		<title>La decadencia de las izquierdas </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Jun 2024 11:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Politica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La social democracia ha resignado los principios identitarios y movilizadores para someterse, sin cuestionamientos, a las políticas globales del neoliberalismo, lo que ha implicado jibarizar al Estado, corromperlo, quitándole sus funciones de regulación de la economía y la debida fiscalización para prevenir y erradicar la evasión. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>17 de junio de 2024</p>
<p>La social democracia ha resignado los principios identitarios y movilizadores para someterse, sin cuestionamientos, a las políticas globales del neoliberalismo, lo que ha implicado jibarizar al Estado, corromperlo, quitándole sus funciones de regulación de la economía y la debida fiscalización para prevenir y erradicar la evasión.</p>
<p>En un contexto internacional se aprecia el desgaste del socialismo europeo, sometido a conducciones globalistas que sirven a intereses de las multinacionales. La Agenda 20-30, liderada por las élites, ha minimizado la soberanía de los miembros de la Unión Europea. La denominada ultraderecha ha crecido y en su planteamiento se apunta a recuperar soberanía europea. La caída de la izquierda, refleja un voto castigo y refleja percepciones de cansancio por el comportamiento de las élites en esos espacios ampliados, donde están tomando decisiones, tecnócratas que se han burocratizado y obedecen lineamientos globales, lo que tiene a la Unión Europea en una profunda crisis económica y política, con una enorme dependencia de lo que dicta EEUU. La guerra de Ucrania ha dejado a Europa al borde de la recesión y las recientes elecciones europeas, demuestran esta tendencia.</p>
<p>En una mirada a la izquierda nacional, se la advierte entrampada y sin voluntad política para mantener principios básicos. El gobierno en ejercicio ha dejado de lado su propuesta electoral de reformas para alcanzar una desconcentración de la riqueza y que configuraba un camino desarrollista, con el Estado realizando una planificación indicativa.</p>
<p>Por la esquizofrenia que evidenciaron las urnas, los partidos que se visten como izquierda tradicional, han resignado todo lo que moleste al modelo, partiendo por la vergonzosa suscripción del TPP11. El querer salir en la foto junto a Zelenski genera una sensación de desconcierto, porque la tradición diplomática de Chile siempre ha sido de neutralidad.</p>
<p>Se advierte que el discurso interno recurre, siguiendo la estrategia del PSOE,  a temáticas globales,  como la doctrina de género, que focaliza la energía social en la reivindicación de la mujer frente a la presencia histórica dominante del hombre. Esto ha llevado a una tergiversación de las luchas sociales, toda vez que se centra la discusión en temas secundarios, eludiendo comprometer cambio a las bases estructurales del modelo global. a sus asimetrías, al neocolonialismo extractivista, manteniendo con ello a buen recaudo las relaciones asimétricas que existen al interior de los países.</p>
<p>El impacto cultural de este planteamiento de género, ha significado que la izquierda se haya encandilado con supuestas políticas de fortalecimiento de la presencia femenina o de las minorías LGTB, sin actuar sobre la brecha social que castiga a los trabajadores, independiente de su género.</p>
<p>Otro tema en el que se ha venido dando similar distorsión, es en materia de medio ambiente,  con un sobrevuelo declamatorio de una supuesta agenda verde y de reconversión energética lo que, en la práctica, ha resultado totalmente inconsistente en la medida que se mantiene un statu quo que privilegia los intereses que han impuesto los intereses globales, tras los combustibles fósiles.</p>
<p>La izquierda no ha sido capaz de sostener prioridades programáticas para salir del modelo depredador, donde todos los derechos sociales se manejan por el mercado, No hay en el discurso  de las élites una convicción de cambio, sino que se subordinan a lo imperante, manteniendo, en el caso chileno, inmutables las bases del sistema, confiando los poderes económicos en el manejo de masas que les da la concentración de los medios de comunicación social.</p>
<p>La deslegitimación de los partidos políticos se ha evidenciado en las encuestas; la corrupción transversal ha significado saqueos descarados del dinero público, pero las causas comienzan a entrar a la vía muerta y de eso hay una dolorosa y vergonzosa experiencia.  El contexto de inseguridad frente a la escalada del crimen organizado, es funcional a la aplicación de medidas de control social, nuevas amenazas, nuevos confinamientos; la manipulación mejora con uso de nuevas plataformas en ciernes. Todo lo cual, lleva a las fuerzas sociales más conscientes, a una sensación de desprotección, sin que, desde lo social, se logre alcanzar un planteamiento que permita priorizar una unidad programática en base a consensos sociales mínimos, que aglutinen una ciudadanía desencantada, frustrada, sin creer en los partidos, pero también sin que se visualice un liderazgo que mueva mayorías a una resistencia cívica al modelo que se endurece.</p>
<p>Dejar atrás dogmas o catecismos que dividen, requiere como lo han planteado pensadores como Maturana o Soublette, una actitud cívica inteligente, autocrítica, que sea capaz de escuchar y esbozar una forma de convivencia que entienda la grave crisis que debe cruzar América Latina en un mundo en guerra.</p>
<p>Obviamente, la autocrítica en las élites políticas es un tema delicado, por los tejados de vidrio que abundan. Desde la sociedad civil debiera surgir esta gran conversación, mirar el mundo y a Chile en el largo plazo.</p>
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		<title>La izquierda de nuestros tiempos, defensora del capitalismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Mar 2021 23:24:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[socialdemocracia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Existen evidencias para calificar a la izquierda de nuestros tiempos como la defensora del Capitalismo y, por consiguiente, defensora de las grandes desigualdades económicas, sociales y políticas? Con ciertas excepciones, la respuesta es afirmativa. Tan es así que el grueso de la izquierda acepta de buen grado ser parte de la social democracia</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span lang="ES-PE">11 de marzo de 2021<br />
¿Existen evidencias para calificar a la izquierda de nuestros tiempos como la defensora del Capitalismo y, por consiguiente, defensora de las grandes desigualdades económicas, sociales y políticas? Con ciertas excepciones, la respuesta es afirmativa. Tan es así que el grueso de la izquierda acepta de buen grado ser parte de la social democracia</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Comenzaremos por señalar que la noción de “izquierda” se impone en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el burgués, representante de una nueva sociedad quiere desplazar al Rey, representante de una sociedad latifundista, anacrónica. Y es la Revolución Francesa el símbolo mayor de este gran movimiento económico, social y político, en donde los “izquierdistas” son la vanguardia de una nueva economía, de una nueva sociedad.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">El burgués, empresario que convierte los burgos en grandes e increíbles ciudades, a través de nuevas y nuevas industrias, de nuevos y nuevos productos de consumo de masas, representa una nueva economía floreciente que genera una vida confortable a través de la “economía de mercado”. A su vez, es una nueva economía que engendra al nuevo trabajador-obrero, y facilita la explosión del desarrollo individual de las personas.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Se construye una nueva sociedad que da cimiento a pensar y creer en la Libertad, Igualdad y Fraternidad de todos los seres humanos. Una nueva economía bien superior a la economía feudal de auto-consumo, de servilismo y esclavismo. Ante estas grandes esperanzas, toda la población se sumó en este combate de vida o muerte.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Pero bastó un siglo para que el grueso de la población sintiera en carne propia que sus sueños no se habían realizado, que su sangre había sido derramada en vano. Si bien es cierto que el confort material de una economía de mercado era muy superior a la economía de auto-consumo, no es menos cierto que todas esas bondades estaban al alcance solamente de aquellos que poseían ingresos monetarios. Las grandes desigualdades socio-económicas se hicieron mucho más evidentes y graves. Ahora, además, no había puestos de trabajo para todos aquellos que querían trabajar, y se podía morir de hambre por falta de ingresos monetarios.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Y fue precisamente la Comuna de Paris, movimiento social que explosionó el 18 de marzo de 1871, quien quiso resolver para siempre estas grandes desigualdades económicas, sociales y políticas. Un movimiento de masas que comienza por oponerse al dictado de un gobierno salido de un Congreso elegido por sufragio “universal” masculino, con exclusión total de las mujeres y de los inmigrantes residentes en Francia. Un gobierno sirviente del Capitalismo en crecimiento y en total contradicción con los intereses de la población.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">La Comuna de Paris instala un gobierno de Democracia Directa en donde el pueblo, en forma directa, elige a sus autoridades y resuelve sus problemas económicos, sociales y políticos. Pero, ante tal desafío, la represión es violenta. Y esta vez, mucho más violenta y sanguinaria. Ella es conocida como la “semana sangrienta” del 21 al 28 de mayo de 1871. En las calles de Paris yacen por decenas de miles, las comuneras y los comuneros que habían iniciado el ejercicio de una Democracia Directa.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">¿Es esta dictadura sangrienta del Capital, quien termina por convencer a los izquierdistas que cambiar el sistema socio-económico es imposible? Tanto es así, que los mismos izquierdistas comienzan a elaborar teorías para justificar que el camino a la redención debe llevarse a cabo “progresivamente”, paso a paso, y por la vía de la Democracia Representativa. El fracaso de las revoluciones en Rusia, China, Cuba… confirmaría este posicionamiento. La social-democracia se impone en la mente y en la acción de los “izquierdistas”. La Gran Transformación ya no es el objetivo.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">En estas condiciones se hacen presente toda clase de reivindicaciones. Desde los movimientos anticolonialistas hasta el feminismo, pasando por la conquista de las 8 horas de trabajo,  la recuperación de nuestra identidad, de nuestro origen étnico, de nuestros pueblos ancestrales, de nuestras lenguas originarias, de la conservación del medio ambiente e incluso del combate contra la corrupción. Todos ellos son permisibles en la era del Capitalismo porque, en definitiva, no ponen en cuestionamiento a la acumulación y concentración de riquezas en poquísimas manos a nivel local, nacional y mundial.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">La habilidad de los administradores y beneficiarios del Capitalismo es hacernos creer que cada una de estas luchas nos conduce a la victoria final; que cada una de estas luchas es el objetivo fundamental para resolver nuestros problemas de sociedad. Y son tan hábiles, que acompañan y alimentan la conquista de cada uno de estos objetivos, los cuales son profundamente sentidos y necesarios por la población. No lo hacen en forma directa, como lo hicieron antaño. Para ello ponen en movimiento a ONGs financiadas abundantemente por grandes empresas multinacionales, organismos mundiales y personalidades filantrópicas. La única condición para continuar a recibir el financiamiento es no salirse del libreto.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Y en este juego malsano participan nuestros “izquierdistas de tiempos modernos”. Sin querer queriéndolo, se han convertido en los defensores del <i>statu quo</i> Capitalista. Se han convertido en los defensores del templo, tanto que se enfrentan violentamente contra aquellos que proponen sendas alternativas hacia una real transformación socio-económica.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Pero la realidad es dura y termina por hacernos abrir los ojos ante los engaños continuados, y perder el miedo a las torturas y asesinatos de miles de personas. Es el caso, por ejemplo, del movimiento social denominado “Feminism for the 99%”. Una agrupación que nace el año 2017 en Estados Unidos como consecuencia de la “Marcha de Mujeres” llevada a cabo en Washington D.C.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Para ellas, la opresión de género no es causado por un solo factor, el sexismo. La desigualdad de género, según su Manifiesto, es el resultado de la intersección de diferentes factores como el sexismo, racismo, colonialismo y capitalismo. No es, entonces, un asunto solamente de Derechos, de Justicia, de Ética, de Moral, de Educación. La causa, tanto de estos males así como de la corrupción, del destrozo del medio ambiente, entre otros, es mucho más profunda.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Mientras existan las grandes desigualdades socio-económicas, de poco servirán las leyes en favor de la igualdad de género, de la educación gratuita, del respeto al medio ambiente, del reconocimiento de las nacionalidades, de las lenguas y otros. Todas esas conquistes, logradas con la sangre y el sudor de las mayorías, servirán únicamente para quienes tengan un nivel de poder adquisitivo que les permita gozar y hacer valer sus “derechos”.</span></p>
<p><span lang="ES-PE">Es imperativo que el izquierdismo de nuestros tiempos se reformule y construya su futuro en sintonía con los intereses de las grandes mayorías sedientas de transformaciones profundas de nuestra economía y de nuestra sociedad.</span></p>
<p style="text-align: left;">Saint-Nazaire, Francia, 11 de marzo del 2021</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><span lang="ES-PE">Dr. SALINAS Hugo<br />
</span><span lang="ES-PE"><a href="mailto:salinas_hugo@yahoo.com" target="_blank" rel="noopener">salinas_hugo@yahoo.com</a></span></p>
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		<title>Desmitificando la concepción liberal de la política</title>
		<link>https://piensachile.com/2019/12/15/desmitificando-la-concepcion-liberal-de-la-politica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Dec 2019 21:13:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[concepcion liberal]]></category>
		<category><![CDATA[hermes benitez]]></category>
		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[politica]]></category>
		<category><![CDATA[socialdemocracia]]></category>
		<category><![CDATA[socialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quienes hacen política están siempre, implícitamente, postulando y defendiendo, una determinada concepción de ésta, la que, por cierto, será siempre funcional a los particulares intereses de clase que se quiera defender. En este artículo mostraremos como <b>una de las astucias del liberalismo y del reformismo socialdemócrata, consiste en hacernos creer que su particular modo de entender y hacer política sería el único aceptable y legítimo.</b></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/12/15/desmitificando-la-concepcion-liberal-de-la-politica/">Desmitificando la concepción liberal de la política</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right; padding-left: 120px;">«Abierta o solapadamente, el pensamiento burgués conlleva una justificación ilimitada de la violencia y de la violación de los derechos humanos, frente a cualquier grupo capaz de sustituir la sociedad burguesa.»<br />
<em><strong>Franz Hinkelammert</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Introducción</strong></p>
<p>Es del todo imposible llegar a comprender la realidad política de la sociedad liberal-capitalista, si no se ha entendido, primero, que esta se constituye y manifiesta a partir de una concepción particular de la política. En cuanto a esto, tiene toda la razón Norbert Lechner cuando afirma que «toda lucha política es siempre una lucha por definir lo que es la política» <a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>. O como escribe el mismo autor en otra parte: «Para llevar a cabo reformas políticas necesitamos hacer, ante todo, una reforma de la política».<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.</p>
<p>En otros términos, quienes hacen política están siempre, implícitamente, postulando y defendiendo, una determinada concepción de ésta, la que, por cierto, será siempre funcional a los particulares intereses de clase que se quiera defender. En las páginas siguientes mostraremos como una de las astucias del liberalismo y del reformismo socialdemócrata, consiste en hacernos creer que su particular modo de entender y hacer política sería el único aceptable y legítimo.</p>
<p>Parte importante de la atracción  que la teoría liberal y su expresión institucional, el sistema político democrático-representativo, ha venido ejerciendo a través de la historia moderna, se explica a partir de la aparente plausibilidad de dos de sus pretensiones ideológicas fundamentales: 1: Que tal sistema haría posible una «sociedad abierta», y esencialmente democrática, tolerante y pluralista en la que todo problema colectivo puede ser siempre resuelto pacífica y racionalmente, mediante la competencia y la negociación; 2. Y que por lo tanto, aquel sistema sería el único capaz de hacer posible el cambio social sin violencia. En este artículo nos proponemos demostrar la falsedad de ambas pretensiones del liberalismo, sacando a luz sus verdaderos fundamentos teóricos. Finalmente, emplearemos algunas de las conclusiones de nuestro examen para dilucidar y explicar, muy brevemente, la génesis del actual sistema político chileno.</p>
<p><strong>1. Dos visiones opuestas de la política</strong></p>
<p>Como lo señalara el filósofo canadiense Charles Taylor, existen dos modos fundamentales de entender y por lo tanto de «hacer» política:  por un lado, la visión consensual de la política, y por el otro: la concepción de la política como polarización.<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a> De acuerdo con la primera visión, el propósito de las instituciones políticas no sería otro que crear un consenso entre las diferentes demandas planteadas por los miembros de los distintos sectores de la sociedad. La creencia que se halla a la base de esta manera de entender y de hacer política, sería que por su intermedio se conseguirían satisfacer la mayoría de las demandas de aquellos sectores.</p>
<p>Uno de los supuestos en que se sostiene esta concepción del proceso político es la idea de que el sistema político representativo tendría un carácter neutral, esto es, que no privilegiaría los intereses de ningún sector o grupo humano especial de la sociedad. Aunque esta visión reconoce la existencia de los conflictos de clase, sostiene sin embargo que estos conflictos entre los distintos grupos de interés pueden casi siempre ser reconciliados por medio de la competencia y la negociación. Otros de los supuestos que se encuentran en la base de la visión consensual, observa Charles Taylor, es que este modo de hacer política permitiría la manifestación de lo mejor de cada individuo, al tiempo que incrementaría de un modo constante el bienestar y los intereses de la sociedad entera. En otros términos, el sistema político sería concebido como un eficiente mecanismo capaz de suministrar las condiciones necesarias para el desarrollo siempre creciente de las capacidades y necesidades de los individuos. De allí la creencia de la concepción liberal de que todos los grupos de la sociedad estarían más interesados en crear el consenso que en promover sus demandas particulares, porque cualquier intento de obstruir la operación del sistema implicaría siempre el riesgo de perjudicar a la sociedad entera.</p>
<p>De acuerdo con la visión consensual de la política, no solo la violencia y la insurrección serían conductas irracionales, sino cualquier otra acción que pudiera impedir el proceso de negociación y conciliación de los intereses de los diferentes grupos sociales, lo que se aplicaría, con mayor razón a cualquier intento de polarizar la lucha política, incluso aquellos que se abstengan de utilizar la violencia y la ilegalidad. De allí que de acuerdo con esta concepción, sería absurdo e irracional tratar de hacer girar la política en torno a cuestiones fundamentales o de principio <a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>, ya que ellas harían prácticamente imposible cualquier compromiso y solo conducirían a una alteración del adecuado funcionamiento del sistema.</p>
<p>El verdadero carácter de la visión consensual se pone de manifiesto, sin embargo, solo cuando se lo examina desde la perspectiva de la concepción opuesta. Como señala el filósofo canadiense Charles Taylor: «<span style="color: #ff0000;">»    </span>Si la visión consensual merece ser llamada liberal, la concepción de la política como polarización deber ser denominada socialista, porque ha sido la concepción fundamental del movimiento socialista, cuya expresión más conocida es, por supuesto, el marxismo.<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a></p>
<p>En la base de la concepción socialista de la política se encuentra, no la idea de consenso, sino la de conflicto, pero entendido de un modo específico. Porque si de acuerdo con la visión liberal de la política el conflicto existe como problema que puede y debe ser resuelto, el socialista entiende el conflicto como parte esencial, irreconciliable, de la sociedad capitalista liberal.</p>
<p>Como lo explica Ralph Miliband: «para el socialista el conflicto no consiste simplemente en un problema a resolver, sino que es [la consecuencia] de un estado de sujeción y dominación que debe terminar mediante una transformación total de las condiciones en que se origina. Es indudable que el conflicto puede ser atenuado, pero ello solo porque la clase dominante, valiéndose de distintos medios (coerción, concesión o persuasión) consigue impedir la emancipación de las clases subordinadas. Es decir, para el socialista, «los antagonismos sociales son en última instancia irreconciliables y la idea de una armonía genuina entre grupos de intereses opuestos no es nada más que un engaño, o una ilusión, al menos en una sociedad de clases.<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a></p>
<p>Subyacente a estos antagonismos se encuentra, como es obvio, el irreductible antagonismo económico existente entre las clases en que está dividida la sociedad capitalista. En otros términos, no puede existir una verdadera conciliación entre los intereses políticos de las clases dominantes y las clases dominadas, porque sus respectivos intereses materiales son necesaria y esencialmente opuestos e irreconciliables. De acuerdo con André Gorz: «Los individuos se dividen por su praxis en grupos antagónicos; ellos pueden comprender, con buena voluntad, las necesidades y las razones de los actos adversos pero, así como no pueden intercambiar su lugar por el de los otros, tampoco pueden, únicamente por medio de la comprensión, eliminar las razones materiales del conflicto, solo pueden, mediante concesiones recíprocas limitarlo en sus consecuencias, definiendo algunos fines mínimos comunes: no agresión, prohibición de determinadas armas, etc.»<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a></p>
<p>Esta forma de entender la realidad social es, por cierto, específica del socialismo marxista. Porque mientras que la concepción liberal tiende a entender los procesos políticos como afectando a los individuos en general, para el marxista sus verdaderos protagonistas no son los individuos en cuanto tales, sino en cuanto miembros de conglomerados sociales específicos, esto es, de las clases. En las palabras de André Levine: «Las clases sociales son las portadoras de las relaciones sociales, las clases son los agentes del cambio histórico». <a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a></p>
<p><strong>2. Dos visiones opuestas del cambio social</strong></p>
<p>Uno de los corolarios más importantes del hecho de que socialistas y liberales subscriban concepciones contradictorias de la política, es que sus respectivas visiones del cambio social sean, también, necesariamente opuestas. No conocemos otro pensador liberal que haya expresado con la claridad de John Dewey (1859-1952) la existencia de una oposición radical entre los métodos liberal y socialista de cambio social. En esto el filósofo norteamericano tiene, sin duda, toda la razón, pero como veremos a continuación, el modo como él entiende dicha oposición es inadecuado. En uno de sus escritos de 1939, establece Dewey la diferencia fundamental que existiría entre los referidos métodos socialista y liberal, último al que este denomina «método democrático de cambio social».  Por método socialista de cambio social entiende Dewey la transformación violenta y drástica de las estructuras sociales, posteriormente a la toma del poder por parte de una clase revolucionaria. Pero a continuación, Dewey dice lo siguiente:</p>
<p>«El método democrático de cambio social es lento; [es verdad que debe funcionar bajo una gran cantidad de muy serios inconvenientes impuestos por el carácter no democrático de aquello que se hace pasar por democracia, pero es el método del liberalismo, con su creencia en que la libertad es tanto el medio como el fin y que solo a través del desarrollo de los individuos en voluntaria cooperación, puede hacerse de este algo seguro y durable»<a href="#_edn9" name="_ednref9">[9]</a></p>
<p>A partir de estos planteamientos del filósofo norteamericano (y dejando de lado la cuestión de la libertad), pueden formularse una serie de interrogantes de gran importancia para poder entender el verdadero carácter de la concepción liberal de la política. En primer lugar, habría que preguntarse, ¿de qué clase de cambio social se nos está hablado aquí? Es manifiesto que la concepción liberal del «cambio social» a la que se refiere Dewey, solo hace sentido si se acepta, simultáneamente, la concepción liberal de la política como un proceso de negociación y búsqueda de consenso entre grupos cuyos intereses son solo relativamente opuestos, pero ¿qué ocurre con aquellos intereses que tiene un carácter no solo relativo sino absolutamente opuesto? Por ejemplo, el hecho de que ciertos grupos  sean explotados por otros grupos. En realidad, la visión liberal de la política es ciega, además de sorda y muda, frente a esta posibilidad, que ni siquiera es capaz de concebir y ante la cual se limita a guardar un absoluto silencio.</p>
<p>La dificultad fundamental con la que se enfrenta esta concepción se pone de manifiesto al formular la siguiente pregunta: ¿es posible, mediante este método, poner en la mesa de negociaciones aquellas cuestiones que puedan, actual o potencialmente, afectar la estabilidad del sistema de dominación capitalista? Es evidente que ello no es posible dentro del marco político liberal. En este sentido, el método liberal de cambio social se nos muestra como siendo poco más que un método de cambio dentro de lo mismo; o como un método mediante el cual se consigue el reparto o la rotación en el ejercicio del poder de aquellas minorías o elites que reconocen a este como el único método legítimo y posible. He aquí el límite del método liberal: que descarta desde la partida toda transformación de la sociedad que pueda ir, siquiera potencialmente, más allá de los estrechos horizontes impuestos por las relaciones económicas y de dominación capitalistas. De modo que el método liberal se nos revela no solo como opuesto al método socialista de cambio social, sino también como inconmensurable con este, porque solo el método socialista se propone un cambio trans-sistema, es decir, uno que rompa con las estructuras económicas capitalistas vigentes.</p>
<p>A partir de las consideraciones precedentes, puede fácilmente constatarse como toda la retórica de acuerdo con la cual la democracia liberal sería el único método de cambio social capaz de respetar la libertad individual, oculta el hecho fundamental de que aquí simplemente se nos  está hablando de cambio dentro del sistema capitalista y no de un verdadero cambio social, y en consistencia con dicha concepción de la política el respeto de la famosa «libertad individual» termina allí mismo donde, no importa cuán legal y democráticamente se intente modificar el sistema de dominación capitalista, según lo confirmó dolorosamente el pueblo chileno, liderado por el presidente Allende, a partir del 11 de septiembre de 1973.</p>
<p><strong>3. Amigos, opositores y enemigos</strong></p>
<p>La verdadera naturaleza de la concepción democrático-liberal de la política y del cambio social, puede ser desenmascarada, también, desde otro ángulo. Como lo explica Franz Hinkelammert en su ensayo sobre el concepto de lo político en Karl Schmitt <a href="#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>, la concepción liberal postula simultáneamente dos tipos distintos de relaciones políticas. Una de estas relaciones se mantiene siempre oculta a la mirada  corriente, por lo que su verdadero significado solo puede ser penetrado por la crítica. La concepción liberal de la política concibe las relaciones entre los participantes en el proceso político, por un lado, como las que guardarían entre sí simples opositores, tal como lo encontramos clásicamente entre «partidos de gobierno» y «partidos de oposición», en cualquier sociedad liberal-capitalista. A esta relación se le denomina relación amigo/opositor, en la terminología introducida por Karl Schmitt. La posición de los partidos o grupos que se encuentran en esta relación es entendida como perfectamente intercambiable en la medida en que la oposición de hoy puede devenir mañana en partido o grupo en el gobierno, o viceversa, esto es algo que, como es obvio, todo el mundo sabe. Lo que, sin embargo, casi nadie percibe es que aquella relación entre simples opositores políticos, oculta, al interior mismo del orden político democrático liberal, una relación enteramente diferente que la hace, en última instancia, posible. Esta es la relación amigo/enemigo, o como podría llamársele también, relación/ «sistema social liberal-capitalista/enemigos. Según lo explica Hinkelammert, enemigo es aquél que se opone al propio sistema social en cuyo interior recién es posible la relación amigo/opositor.  En la relación sistema social/ enemigos se excluye la inversión de los polos y se prohíbe a priori que el enemigo pueda convertirse en gobernante, con el consiguiente cambio de sistema social. Por tanto, el mecanismo electoral en ningún caso permitirá resolver esta situación. Si se emplea, su uso está condicionado. El resultado electoral será respetado únicamente en caso de confirmar el sistema social vigente; en caso contrario es ilegítimo y desembocará en la guerra civil, como instancia [última] de decisión«.  (Op. Cit. pag. 113.) Expresado en términos más simples, bajo la superficie de relaciones políticas enteramente libres, abiertas y democráticas entre los miembros de la sociedad liberal-capitalista, se oculta una fundamental limitación autoritaria a toda posibilidad de transformación cualitativa de esta. De manera que, más allá de su apariencia abierta y pluralista, la concepción liberal de la política lleva implícita la necesaria aceptación del orden capitalista que le sirve de base. La astucia de la concepción liberal consiste, precisamente en no hacer jamás explicita aquella suerte de «cláusula secreta» de su contrato político.  Ello significa que quien subscribe la concepción liberal de la política está también, al mismo tiempo, subscribiendo su concepción de la sociedad. Así, la concepción de la política de la sociedad así llamada «abierta» (Popper), se nos revela en los hechos como una «sociedad cerrada», basada en una radical restricción del horizonte de posibilidades de la política a sus límites estrictamente capitalistas.</p>
<p>Es oportuno señalar aquí que, tanto el liberalismo como la social democracia, postulan no sólo la misma concepción de la política, sino también idéntica visión del cambio social. De allí que ambas sean igualmente afectadas por las conclusiones críticas que se derivan del examen precedente. Así por ejemplo, en Chile se siguen autodenominando «socialistas» muchos de aquellos que en la práctica hace rato que se pasaron al carro de la social-democracia y por tanto al campo pro-capitalista. Porque al aceptar las condiciones del proceso político liberal, los así llamados «socialistas» intuitivamente saben que se han comprometido, también, a mantener las relaciones capitalistas vigentes, o lo que es lo mismo, han aceptado como la única forma de hacer política, aquella que no amenaza el actual sistema de dominación burgués.</p>
<p>Desde esta perspectiva, puede decirse que no se trata, simplemente, de que aquellos individuos hayan decidido abandonar un método de cambio social violento por uno «democrático«, como la propia distinción entre reforma y revolución astutamente sugiere, según observara la propia Rosa Luxemburg.  De lo que se trata, en realidad, es que los social-demócratas que aún se siguen llamando a si mismos socialistas, han renunciado a todo cambio esencial del sistema capitalista chileno, y al hacerlo han abandonado el socialismo. De allí, precisamente, que ya no sean considerados como enemigos ni por la D.C., ni por la Derecha, ni por las FF. AA. , sino como simples «opositores», es decir, como interlocutores político válidos.</p>
<p>Habría que señalar, además, que aquello que se proclama como la gran virtud del método liberal de cambio social, esto es, el hecho de que no sea violento es, en un sentido una tautología y en el otro una pura mistificación. Porque es obvio que este método es incompatible con ciertas formas de la violencia, como lo es la violencia revolucionaria, por ejemplo, porque se ha eliminado «a priori» toda posibilidad de cambio social cualitativo. Pero, por otro lado, la concepción liberal de la política es perfectamente compatible con el ejercicio de la violencia estatal en contra de sus enemigos, e incluso a veces también en contra de sus opositores. Lo que aquí ha ocurrido es simplemente que esta violencia ha sido declarada «legítima» y así se la ha borrado del ámbito de lo perceptible. En otros términos, dicha violencia ha sido ideológicamente internalizada, haciendo así posible el funcionamiento del sistema liberal mismo. De modo que lo que la concepción liberal de la política hace, en realidad, no es terminar con la violencia política en general, sino, rechazar «a priori» toda violencia transformadora, mientras considera como perfectamente legítima la violencia funcional a la mantención del orden social burgués.</p>
<p><strong>La concepción liberal y el régimen político chileno</strong><strong>.        </strong></p>
<p>La crítica de la concepción liberal de la política hasta aquí esbozada puede incluso utilizarse como una clave para interpretar la génesis contractual del actual proceso político en Chile, lo que haremos brevemente a continuación.</p>
<p>Debería constituir un hecho verdaderamente sorprendente, en términos de la propia ideología liberal, que los designios autoritarios de las FF. AA. chilenas hayan podido ser tan fácilmente integradas dentro de un régimen político de carácter «democrático», una vez derrocado el gobierno del presidente Allende. En otros términos, que el poder civil haya podido ponerse con tanta facilidad bajo la tutela militar, sin alterar significativamente ni la organización, ni el funcionamiento, del Estado liberal chileno, como antes ocurriera con Brasil, Uruguay y Argentina.</p>
<p>En realidad, el acuerdo cívico-militar secreto, a partir del cual se gestó el régimen político chileno, no hizo otra cosa que introducir una mayor complejidad en la estructura del sistema político liberal, al integrar bajo un nuevo rol a las FF. AA, pero sin alterar, de modo significativo, su naturaleza esencial. La única explicación plausible de este hecho es que si ello fue posible es porque el sistema político democrático-liberal contiene potencialmente dentro de sí aquella componente autoritaria que hizo posible dicha «transición sin ruptura», desde una democracia sin apellido a una «democracia tutelada», Felipe Portales Dixit. Como es manifiesto, la función tradicional de las FF.AA. en el Estado liberal no ha cambiado en estos nuevos regímenes de democracia protegida, puesto que aquellas siguen siendo el brazo armado de sus clases dominantes. Es decir, siguen siendo la institución del Estado capaz de suministrar la fuerza necesaria para obligar a sus «enemigos, y a veces también a sus «opositores», a mantenerse dentro de los límites de la acción política permitida, fijados por la concepción liberal de la política.</p>
<p>Lo que ha ocurrido es que ahora las FF.AA. han dejado de estar efectivamente supeditadas al poder civil, como era tradicional, y se han constituido en un poder más dentro del sistema político democrático-representativo. Este hecho no implica, por cierto, que hayan cambiado las definiciones de quienes son amigos y quienes son opositores en la contienda política, sino simplemente que los márgenes de lo que se considera acciones políticas permisibles se han hecho aún más estrechos. Ya no solo quedan fuera del proceso político aquellos partidos que se propongan transformaciones revolucionarias de la sociedad liberal-capitalista, sino incluso aquellos partidos y movimientos que busquen activamente introducir cualquier tipo de reformas que pudieran amenazar, tanto el sistema de dominación vigente, como la nueva función de las FF. AA. al interior de este.</p>
<p>Es patente que no se requirió de ninguna modificación de fondo en la concepción liberal de la política, ni del Estado construido a partir de ella, para acomodar en su interior la nueva función soberana de las FF.AA. Este hecho, inexplicable en términos de la ideología política liberal, puede ser fácilmente comprendido a partir de los conceptos introducidos más arriba con la ayuda de Franz Hinkelammert y Karl Schmitt, Como vimos, la democracia liberal se constituye a partir de una implícita delimitación burguesa del horizonte de la acción política permitida, ahora, si se considera que el nuevo rol que las FF.AA. desempeñan actualmente dentro del Estado capitalista, en la medida en que no entraba en conflicto con dicha demarcación, no tenía por qué alterar, significativamente ni el funcionamiento ni la estructura esencial de dicho Estado.</p>
<p>A partir de lo anterior no es difícil, tampoco, entender qué es lo que se oculta tras la pretensión, ampliamente difundida por los voceros de la hoy extinta Concertación, en el sentido de que el sistema político vigente en Chile tendría un carácter «transicional». Pero, en realidad, toda la transición posible dentro de los límites del pacto cívico-militar suscrito en el momento mismo en que los enemigos civiles del presidente Allende y las fuerzas armadas golpistas, se pusieron de acuerdo en «transitar» desde una dictadura militar a una «democracia protegida», aunque dicho acuerdo debió haber contenido una cláusula implícita, y es que cualquier ulterior tránsito hacia un régimen democrático cualitativamente diferente, es decir, uno que se propusiera volver a poner a las FF. AA. a su rol predictatorial, tenía que ser necesariamente descartado de dicho acuerdo. De manera semejante, es razonable pensar que una de las cláusulas de aquel acuerdo debe de haber excluido, igualmente, la posibilidad de que un futuro gobierno civil pudiera intentar, seriamente, juzgar y castigar a los Altos Mandos de las FF.AA. últimos responsables de los sistemáticos atropellos de los derechos humanos cometidos durante 17 años de dictadura militar.</p>
<p>Pero en la medida en que las FF.AA. sigan contando con el poder de las armas que les permita obligar a los gobiernos civiles a cumplir sus acuerdos secretos y promesas, mientras que estos no tienen como obligarlos a cumplir las suyas, no se ve por dónde dichos gobiernos pudieran «transitar» efectivamente, a un régimen político cualitativamente diferente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Conclusiones</strong></p>
<p>En términos de los conceptos introducidos en este artículo, es manifiesto que no existiendo más que una sola doctrina fundamental de la política liberal, no habría espacio para una segunda que pudiera, supuestamente, denominarse social-democrática. En realidad, no existe una doctrina de la política que sea específica de la Social Democracia, porque su concepción de la política no es otra que la concepción liberal, es decir, la de la política como consenso, de allí entonces que debe rechazarse, categóricamente,  la pretensión social demócrata de que su proyecto político pudiera legítimamente ser denominado como socialista. Es decir, afirmamos que es solo a partir de sus respectivas concepciones de la política que puede establecerse un criterio de demarcación claro y seguro entre socialistas y Social demócratas. Porque no es el supuesto propósito de «trascender» pacífica y gradualmente el Capitalismo, lo que distingue al Social demócrata del Socialista, sino la creencia social demócrata en la visión consensual de la política, que esta comparte con el Liberalismo. Es decir, no se puede creer en la visión consensual, que como lo ha mostrado Karl Schmitt, se constituye a partir de un acuerdo tácito de mantener el orden capitalista y suscribir, al mismo tiempo, el propósito de trascenderlo.</p>
<p>De acuerdo con los conceptos aquí presentados, es manifiesto que no existiendo más que dos  concepciones  fundamentales de la política, la liberal y la socialista, no habría espacio para una tercera que pudiera llamarse  «social-democrática». En realidad, <u>no existe una doctrina de la política que sea específica de la Social</u> <u>Democracia, su concepción de la política no es otra que la concepción liberal, es decir, la de la política</u> <u>como consenso</u>. De allí, entonces, que deba rechazarse la pretensión social demócrata de que su proyecto político pudiera legítimamente ser denominado como socialista. Es decir, sostenemos que es solo a partir de sus respectivas concepciones de la política que puede establecerse un criterio de demarcación claro y seguro, entre socialistas y socialdemócratas. Porque no es el supuesto propósito de «trascender», pacífica y gradualmente el capitalismo, lo que distingue al social demócrata del socialista, sino, la creencia social demócrata en la visión consensual de la política, que esta comparte con el liberalismo. Es decir, no se puede creer en la visión consensual, que como la ha mostrado Karl Schmitt se constituye a partir de un acuerdo tácito de mantener el orden capitalista y suscribir, al mismo tiempo el propósito de trascender, efectivamente, dicho orden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas</strong><a href="#_ednref1" name="_edn1"></a></p>
<p>[1]  Norbert Lechner, La Conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado. Ediciones Ainavillo, Santiago, 1984, pág. 13.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a>  Los patios interiores de la Democracia. FLACSO, Santiago, 1988, pág. 18. Estas formulas se inspiran, sin duda, en el pensamiento del jurista y filósofo político alemán, Karl Schmitt,  (1888-1985).</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a>  Charles Taylor, The Pattern of Politics,Toronto, Mc Clelland and Steward Ltd. Págs. 1 &amp; 4.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a>  Op.Cit. págs 1 &amp; 3</p>
<p><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a>  Op. Cit,. pág. 4</p>
<p><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a>  Ralph Miliband, Marxism and Politics, Oxford: Oxford University Press, 1978, pág. 17.</p>
<p><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a>  André Gorz, Historia y Enajenación, Fondo de Cultura Económica, México, 1964, pag. 18.</p>
<p><a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a>  Andrew Levine, «What is a Marxist today, En: Analysing Marxism, Calgary, Canadian Journal of Philosophy. 1989,</p>
<p><a href="#_ednref9" name="_edn9">[9]</a>  John Dewey, «The future of liberalism», en Problems of Men, New York: Philosophical Library, 1946, pág. 133.</p>
<p><a href="#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Véase Parte 2, capítulo 2 de Democracia y Totalitarismo, Frank Hinkelammert, Santiago, Amerinda Estudios, 1987.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/12/15/desmitificando-la-concepcion-liberal-de-la-politica/">Desmitificando la concepción liberal de la política</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/06/25/lo-los-medios-no-dicen-las-causas-del-brexit/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jun 2016 16:16:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[clase trabajadora]]></category>
		<category><![CDATA[colusion politico empresarial]]></category>
		<category><![CDATA[estado de bienestar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><strong>¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!</strong><br />
En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/06/25/lo-los-medios-no-dicen-las-causas-del-brexit/">Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>25 de junio de 2016<br />
No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el <em>establishment político-mediático</em>) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.<br />
<strong>El rechazo de las clases populares a la UE</strong><br />
Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.<br />
<strong>El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando</strong><br />
Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.<br />
La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.<br />
<strong>El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes</strong><br />
Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).<br />
Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renta familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.<br />
Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renta media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.<br />
<strong>Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido</strong><br />
Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).<br />
<strong>La supuesta excepcionalidad de España</strong><br />
Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.<br />
Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el  debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro <em>Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante</em>, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.<br />
<strong>¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!</strong><br />
Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el <em>El País</em>, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>[NdR piensaChile: Nos permitimos sugerir a nuestros lectores leer el siguiente párrafo -en general todo el artículo- advirtiendo el enorme paralelo que existe entre la situación chilena con la situación europea denunciada por el autor: «El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias  con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE», pues eso explica, en buena parte, el Brexit en Europa y explica también la vergüenza de las Primarias Municipales en Chile]</em></p>
<p>En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.<br />
Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad  y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).<br />
En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro.<br />
<em>&#8211; El autor, Vicenç Navarro, es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona</em><br />
*Fuente: <strong><a href="http://www.vnavarro.org/?p=13484">Vicen<em>ç</em> Navarro</a></strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/06/25/lo-los-medios-no-dicen-las-causas-del-brexit/">Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>El abandono del socialismo por la socialdemocracia española</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jun 2016 02:37:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Marx y Engels fueron los fundadores del proyecto socialista, del cual un componente fue la socialdemocracia. Decir que ni Marx ni Engels no tienen nada que ver con la socialdemocracia es semejante a decir que Jesucristo no tiene nada que ver con el cristianismo. Este es el nivel de absurdidad al que se ha llegado en algunas esferas de la dirección del PSOE. En realidad, el marxismo fue la ideología imperante en la mayoría de partidos socialdemócratas hasta épocas muy recientes.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>23 de junio de 2016<br />
Cuarenta años de dictadura hicieron mucho daño a España y continúan haciéndolo. Y uno de estos daños es que continúa habiendo hoy en este país una visión de la historia de España y de Europa muy conservadora, que no se corresponde ni con la historia real de España ni con la europea. El hecho de que no haya habido una “desnazificación” de España explica que predomine, a nivel popular, un franquismo sociológico que aparece incluso de vez en cuando en voces que se consideran o autodefinen de izquierdas. En lenguaje común, se continúa hablando en España de franquismo en lugar de fascismo, se confunde estalinismo con comunismo, se desconoce qué es el socialismo y se ignora el protagonismo del Partido Comunista en la lucha contra la dictadura en España. La enorme oposición de las derechas a recuperar la memoria histórica tiene como objetivo precisamente propagar la visión conservadora (reprimiendo la lectura progresista) de lo que ha ocurrido en España y en Europa.<br />
Este desconocimiento generalizado explica que, nada menos que una dirigente del PSOE, que aspira a ser su Secretaria General, la Sra. Susana Díaz, llegue a decir que Marx y Engels no tienen nada que ver con la socialdemocracia (cuando ambos fueron los fundadores del socialismo que la socialdemocracia hizo suyo por muchísimos años), o que el PSOE nunca apoyó el derecho de autodeterminación de los pueblos y naciones existentes en España (cuando, durante la clandestinidad, el PSOE hizo explícito tal apoyo, como consta en los documentos de tal partido durante la lucha contra la dictadura). Dicho desconocimiento también explica que no solo las derechas, sino incluso voces del PSOE, demonicen al comunismo español, ignorando que la labor de tal partido fue muy importante para conseguir los escasos derechos laborales, sociales y políticos existentes hoy en día en España. Escuchando a la Sra. Susana Díaz,  uno no puede dejar de preguntarse: ¿si esta señora, dirigente del PSOE, desconoce estos hechos históricos, qué es lo que conocerá un ciudadano normal y corriente en este país?<br />
Una ignorancia semejante de la historia real del socialismo aquí y en Europa aparece cuando un gran número de los medios de información y dirigentes políticos de las derechas (PP y Ciudadanos) presentan al 15-M, antes, y ahora a Unidos Podemos y las otras fuerzas progresistas (En Marea, En Comú Podem, Compromís o Units Podem Més) como partidos “antisistema”, situación que alcanza unos niveles más sorprendentes y paradójicos cuando dirigentes del PSOE añaden su voz a esta descripción. Puesto que el movimiento 15-M pedía democracia, criticando las instituciones representativas por no ser democráticas (“no nos representan”) y por carecer de transparencia y honestidad en su gobierno (“no hay pan para tanto chorizo”), llamarlos “antisistema” parece asumir que, por definición, el sistema democrático no es representativo ni honrado. Una situación semejante ocurre en cuanto a los partidos emergentes de izquierdas, también definidos como “antisistema”, los cuales están todos ellos pidiendo más democracia y más representatividad de las instituciones democráticas y más justicia social. Llamarlos antisistema quiere decir que los que así los definen asumen y dan por hecho que lo que el establishment político-mediático describe como instituciones democráticas no son ni representativas, ni decentes y honradas.<br />
<strong><em>Correcciones históricas necesarias</em></strong><br />
Marx y Engels fueron los fundadores del proyecto socialista, del cual un componente fue la socialdemocracia. Decir que ni Marx ni Engels no tienen nada que ver con la socialdemocracia es semejante a decir que Jesucristo no tiene nada que ver con el cristianismo. Este es el nivel de absurdidad al que se ha llegado en algunas esferas de la dirección del PSOE. En realidad, el marxismo fue la ideología imperante en la mayoría de partidos socialdemócratas hasta épocas muy recientes. Como he indicado en otro artículo (“Contestación a Susana Díaz: ¿qué es la socialdemocracia?”, <em>Público</em>, 08.06.2016), ha habido dos grandes tradiciones políticas establecidas por el mundo obrero basadas en el marxismo que, coincidiendo en su objetivo (alcanzar la sociedad regida por el principio de “a cada uno según su necesidad, de cada uno según su habilidad y capacidad”), diferían en cómo alcanzarlo. Una de tales vías, la <em>socialdemocracia</em>, consideró que la vía para alcanzar el socialismo era la democrática, mientras que para el <em>comunismo</em> la vía era la sublevación militar (la toma militar del Palacio de Invierno) que consistía en la toma por la fuerza del poder y los aparatos del Estado. Es importante subrayar que la tradición comunista ha sido más exitosa en el mundo en vías de desarrollo, mientras que la socialdemócrata lo ha sido en los países capitalistas desarrollados.<br />
<strong><em>El anticomunismo cavernario de las derechas y algunas izquierdas españolas</em></strong><br />
En cuanto al comunismo, hay que tener en cuenta que las derechas españolas (homologables a la ultraderecha según el espectro político europeo) se caracterizan por un anticomunismo enormemente cavernario y agresivo, agresividad que contagia en ocasiones a sectores y autores que se declaran de izquierdas. En general, las voces más extremistas en su anticomunismo en España suelen haber sido comunistas en su juventud que, para recuperar su aceptabilidad en los centros mediáticos del establishment y hacer que se olvide su pasado -considerado como un “sarampión”-, muestran odio hacia tal tradición política, como es el caso de Antonio Elorza, de <em>El País,</em> que en un artículo reciente escribió que el comunismo ha sido responsable de los mayores desastres en el siglo XX.<br />
Cualquier académico, estudioso del tema, capaz de alcanzar mayor equilibrio en su evaluación de tal tradición política reconocerá que junto con páginas oscuras, el comunismo también ha tenido páginas positivas, mejorando la calidad de vida de las clases populares de sus países. Los datos así lo muestran. La esperanza de vida aumentó más rápidamente en la China comunista que en la India capitalista, siendo los indicadores vitales mejores en China que en India a pesar de tener China peores indicadores que India antes de que ocurriera la revolución comunista en aquel país. Y nunca hay que olvidar que la Unión Soviética, cuya revolución triunfó en un país casi feudal, fue la que derrotó al nazismo alemán en Europa, como reconoció incluso Winston Churchill, uno de los dirigentes más conservadores que ha tenido Europa. El problema que tuvo el comunismo fue que la identificación del Partido con el Estado, una vez conquistado el poder, estableció una nueva clase dominante que, al reproducirse, tergiversó negativamente aquel proyecto. Pero definir la experiencia global del comunismo como un desastre me parece una enorme frivolidad impropia de un Catedrático de Ciencias Políticas, como es tal personaje. Incluso hoy, hay que reconocer objetivamente el atractivo que representa Cuba en el mundo en vías de desarrollo. Incluso sus adversarios, como el Presidente Obama, han felicitado a Cuba por lo conseguido en muchas áreas del Estado del Bienestar, tales como sanidad y educación, así como en su ayuda internacional. Sería impensable que una personalidad política de este país, tanto de derechas como de centroizquierda, reconociese tal realidad, y todavía menos que lo dijera en público.<br />
<strong><em>Los éxitos de la socialdemocracia</em></strong><br />
En los países capitalistas, sin embargo, fue la socialdemocracia la versión del socialismo que alcanzó mayor desarrollo. Su máxima expresión fue la universalización de los derechos civiles, sociales y laborales a través de políticas progresistas, lo cual incluyó el desarrollo del Estado del Bienestar, medidas que empoderaron enormemente a la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares. Estas reformas, en contra de la visión presente en algunos grupos minoritarios y supuestamente muy radicales dentro de las izquierdas, “no coaptaron a las clases trabajadoras” en el orden capitalista, diluyendo su deseo transformador. De acuerdo con esta visión, profundamente errónea, tales avances en derechos laborales y sociales se veían e interpretaban como “la humanización del capitalismo”, contribuyendo con ello a la salvación de este sistema. Según este entendimiento, “como peor sea la situación, mejor y más alta la probabilidad de que ocurra la revolución”. Tal suposición ha demostrado ser profundamente errónea, y ha contribuido al aislamiento de estos sectores radicales, que por lo general son sectores marginales.<br />
En realidad, donde la socialdemocracia ha estado más próxima al socialismo ha sido en Suecia, cuando se aplicaron las reformas Meidner a finales de los años setenta, propuestas por los sindicatos (que en Suecia gozan de gran influencia en el Partido Socialdemócrata) y apoyadas también por el Partido Comunista sueco. Estas reformas establecían que un porcentaje de los beneficios adquiridos por las empresas pasaba a ser controlado por sus trabajadores, los cuales podrían comprar acciones de la propia empresa, con lo cual, a la larga, controlarían la empresa, pasando a ser los propietarios. Esta medida, aplicada en todo el territorio del país, hubiera significado la democratización de la propiedad, trascendiendo la concentración de la misma, que al ser privada y gozar de gran influencia en las instituciones mediáticas y representativas, reduce enormemente el ejercicio de la democracia.<br />
Se culminaba así la vía reformista, confirmándose el fenómeno conocido de que si los trabajadores no tienen trabajo, quieren tener trabajo; cuando lo tienen, quieren tener un buen trabajo; cuando tienen un buen trabajo, quieren tener control de las condiciones del trabajo; y, cuando tienen esto, entonces quieren controlar la fábrica o la institución donde trabajan. Durante el Mayo francés y el Otoño caliente italiano, los trabajadores que lideraron la toma de las fábricas fueron los trabajadores de la manufactura que, según las teorías radicales, tendrían que haber sido los más coaptados e integrados en el sistema, al haber conseguido mejores salarios y mejores condiciones de trabajo.<br />
Y ahí está la historia de la socialdemocracia, la cual considera el socialismo como su objetivo. Según esta vía, el socialismo se construye o destruye día a día. Cuando el mundo del trabajo se empodera y cuando se aplican políticas públicas que responden a la necesidad de la población y de los individuos que la componen (financiadas con recursos obtenidos de los que más tienen), se está construyendo el socialismo, aun cuando el gobierno o la fuerza política que lo aplique no sea o no se considere socialista. Y cuando los partidos comunistas han gobernado en los países capitalistas, han aplicado políticas socialistas semejantes a las realizadas por la socialdemocracia.<br />
<strong><em>¿Cuándo los partidos de la socialdemocracia dejan de ser socialdemócratas?</em></strong><br />
La respuesta es fácil: cuando abandonan el objetivo de establecer el socialismo. Y esto lo hacen cuando dejan de ser parte de las clases populares, desarrollando sus propios intereses corporativos, que los distancian de las clases populares, y estableciendo, en su lugar, alianzas con los grupos financieros y económicos dominantes, que siempre ejercen un gran dominio e influencia sobre las instituciones políticas representativas y las instituciones mediáticas. El libro <em>Parliamentary socialism</em>, de Ralph Miliband, es el mejor libro sobre cómo suele ocurrir este abandono del socialismo por parte de los partidos socialdemócratas, abandono que es facilitado por la forma de desarrollo de la democracia representativa, que puede facilitar el surgimiento de este corporativismo, alcanzando su máxima expresión con la profesionalización de la política, es decir, la conversión de la política en el politiqueo que hacen los aparatos de los partidos. Esta situación facilita el establecimiento de la casta, peligro constante en el régimen representativo, lo que requiere cambios en el sistema de representatividad y el desarrollo de otras formas de democracia, incluyendo la democracia directa, tales como referéndums. Y es aquí donde las demandas de las nuevas izquierdas, basadas en el 15-M, permiten albergar una esperanza entre los partidos emergentes, basados en movimientos que exigen democracia y reviven el proyecto socialista. El vacío creado por la socialdemocracia española y su adaptación al neoliberalismo justificó la protesta popular y la demanda de recuperación de dicho proyecto, claramente abandonado por los aparatos del PSOE. De ahí la urgencia de una rebelión de los votantes de tal opción política (la gran mayoría personas claramente de izquierdas) frente al aparato de su partido, para forzar un movimiento del PSOE a la izquierda, impidiendo que obstaculice el establecimiento de un gobierno de izquierdas en España que probablemente será posible en un futuro próximo.<br />
<em>-Vicenç Navarro es</em><strong> a</strong><em>utor del libro ‘Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante’. Anagrama, 2015</em><br />
*Fuente: <strong><a href="http://www.vnavarro.org/?p=13471">VNavarro</a></strong><br />
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