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	<title>primera guerra mundial &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Guerra asimétrica y convencional. Lecciones para la actualidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jun 2016 02:24:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Los términos “soberanía” y “defensa” quedan, hoy en día, excluidos del vocabulario de la mayoría de los ciudadanos por la simple razón que han sido eclipsados por el concepto de “globalización”. Este se presenta como un proyecto de paz y de consenso que incitaría a los habitantes de nuestro planeta a convertirse en una hermandad que una cultura armónica, un mismo idioma y un mismo pensamiento unirían.<br />
Desgraciadamente, la realidad contradice esta lógica discursiva. Lejos de vivir en un mundo de armonía, estamos inmersos en un proceso incesante de conflagraciones.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>PRESENTACIÓN DE MI ÚLTIMO LIBRO</strong><br />
Los términos “soberanía” y “defensa” quedan, hoy en día, excluidos del vocabulario de la mayoría de los ciudadanos por la simple razón que han sido eclipsados por el concepto de “globalización”. Este se presenta como un proyecto de paz y de consenso que incitaría a los habitantes de nuestro planeta a convertirse en una hermandad que una cultura armónica, un mismo idioma y un mismo pensamiento unirían<sup>(1)</sup>.<br />
Desgraciadamente, la realidad contradice esta lógica discursiva. Lejos de vivir en un mundo de armonía, estamos inmersos en un proceso incesante de conflagraciones. Ello pone de relieve la vigencia de los planteamientos expuestos por el constitucionalista alemán Carl Schmitt, el cual vaticinaba un recrudecimiento de los conflictos bélicos que desembocaría en una situación de guerra civil mundial y en la “derrota del Estado ante las ‘potencias indirectas’ de la economía y de la sociedad”<sup>(2)</sup>. En vista de este panorama schmittiano y de las guerras híbridas que se están dando a nivel planetario, surge la apremiante necesidad de reavivar las nociones de soberanía, defensa y patria. Es dentro de este contexto que toman importancia la historia de la consolidación militar que experimentó la Unión Soviética y el plan de defensa ideado por sus altos oficiales militares en los años 1920-1930 cuya puesta en práctica llevó, una década después, a la victoria de los soviéticos sobre el invasor nazi.<br />
Uno se preguntará: ¿Por qué, entre todos los países del mundo, escoger a la Unión Soviética como referencia y no, por ejemplo, a los Estados Unidos de América, que se han distinguido, a lo largo de los siglos, por haber elaborado un programa de defensa nacional muy sofisticado?<br />
La decisión que tomé de centrar mi nuevo libro “<em>Guerra asimétrica y convencional. Lecciones para la actualidad”</em><sup>(3)</sup><em> </em>en la Unión Soviética se debe a que la experiencia vivida por ese país se presta mejor al propósito que me fijé de revelar la indispensabilidad, para cada nación, de impulsar un plan de defensa de su soberanía. No se trataba de presentar a la metodología militar soviética como un ejemplo a seguir al pie de la letra: la Unión Soviética presentaba, en relación con otras naciones, diferencias radicales a nivel geográfico, económico, político y cultural. Por otra parte, la transformación de la naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha ido a la par con un proceso de innovaciones tecnológicas y organizativas en las fuerzas armadas de numerosos países. Esos dos aspectos imposibilitan la trasplantación rígida del modelo militar soviético en otros países.<br />
En cuanto a la Unión Soviética y Estados Unidos, existe entre ambas potencias una divergencia esencial de orden estratégico y militar que impedía que tomara el ejemplo de Estados Unidos. De hecho, optar por este último hubiera invalidado la tesis que se desprende de mi obra y que consiste en mostrar que todo país, si tiene la voluntad política y militar, puede organizar en la teoría y la práctica una estrategia de <em>defensa</em> <em>activa </em>en función de sus características propias. Sabemos que, desde su unificación, Estados Unidos ha seguido una evolución tendencial marcada por un espíritu de conquista. Este fue conceptualizado bajo el término de “destino manifiesto” que se confunde, hoy en día, con la misión de defender, a nivel mundial, el modelo de democracia occidental. Es en virtud de la protección de esos valores occidentales que ofensivas militares llamadas “preventivas” son lanzadas en países que representarían una amenaza. En otras palabras, Estados Unidos simboliza la línea ofensiva, propia al pensamiento pragmático del estratega suizo Jomini (1779-1869)<sup>(4)</sup>, mientras que la Unión soviética de las décadas comprendidas entre los años 1930 y 1945 se acerca más a la posición del militar alemán Carl von Clausewitz (1780-1831) que apunta hacia una alternancia de las fases defensivas y ofensivas definida en función del estado de debilidad o de fuerza en que un país se halla<sup>(5)</sup>. En efecto, la línea puesta en práctica por los soviéticos en la época que enfoca mi libro fue la de defenderse ante potencias externas, por lo que su evolución político-militar evidencia, en un primer tiempo, una estrategia de defensa que, ulteriormente, fue sucedida por una estrategia ofensiva. Recordamos que, cuando se realizó el paso de un régimen zarista a uno socialista, la ideología soviética chocó con los intereses de los países industrializados. Los cambios políticos, económicos, militares y sociales que experimentaba la URSS la colocaron en una situación de vulnerabilidad frente a sus adversarios ideológicos. En consecuencia, los altos políticos y mandos militares soviéticos se empeñaron en edificar una nueva estrategia militar global y en adquirir un armamento de guerra que permitiera garantizar la defensa de su país. Se apuntó para ello a una planificación económica destinada a fomentar el desarrollo de la industria bélica, una tarea que fue enfatizada por el Segundo y el Tercer Plan Quinquenal soviéticos (respectivamente de 1933-1938 y de 1938-1941).<br />
Los oficiales militares soviéticos como Svechin, Frunze, Tukhachevsky, Triandafillov, Isserson, Varfolomeev analizaron qué sería más apropiado para la Unión Soviética dentro de este marco geopolítico<sup>(6)</sup>. A la pregunta de si se debía adoptar una estrategia de defensa o de ofensiva para prepararse ante agresiones externas, Alexandr Svechin respondía argumentando a favor de una estrategia provisoria de defensa. Según él, la Unión Soviética debía mantener una estrategia de defensa hasta que el país fuera capaz de invertir la situación y de pasar de una defensa activa –y no solo reactiva– a una estrategia ofensiva.<br />
Tukhachevsky, competidor de Svechin, abogaba al contrario por una estrategia ofensiva. Aseveraba que era preferible potenciar la tecnología nueva con principios de guerra innovadores y, para ello, reforzar sin tardar la economía y la industria pesada, a fin de lograr el nivel de armamento necesario para enfrentarse a los países vecinos.<br />
También surgían interrogantes como: ¿Debía el pueblo participar en la defensa de la Patria, como lo hizo durante la Guerra civil entre 1918 y 1921?    Ante ello, Frunze proponía la intervención del pueblo dentro de una perspectiva político-ideológica que contemplaba la consolidación de un Estado proletario. Svechin apoyaba igualmente una participación del pueblo en el marco de la defensa del país, pero no aceptaba la idea de dar a la ideología del proletariado el monopolio sobre las formas de guerra a adoptar. Para él, la guerra procedía de una lógica universal y no de una ideología partidaria. Tukhachevsky, por su lado, creía más en la tecnología que en el pueblo.<br />
Otra pregunta era: ¿Qué posición darles a las Fuerzas Armadas? ¿Debía la guerra ser una continuación de la política, como decía Clausewitz, con la predominancia de la política sobre lo militar o debía lo militar ser lo determinante?<br />
Es basándose en esas reflexiones que se estableció una nueva visión de la guerra y de la forma de combatir de la que dependía la sobrevivencia de la Unión Soviética. Dentro de este contexto, se elaboraron los parámetros del Arte Operacional que constituyeron los pilares de la nueva forma de guerra soviética.<br />
<strong>¿Qué es el Arte Operacional?</strong><br />
En primer lugar, tenemos que recordar que la masificación de la producción industrial, que empezó en el siglo XIX (o sea, en pleno auge de la Revolución industrial), iba acompañada de un aumento de la producción de armamento y de un incremento colosal –tanto a nivel de anchura como de la retaguardia– del tamaño de las tropas en el teatro de guerra. En vista de ello, los altos mandos militares determinaron que la guerra ya no podía ser la de frentes estancados en trincheras, como en la Primera Guerra Mundial, sino una guerra en que primaría la maniobra, por lo que sería considerada desde una perspectiva “operacional”. Ello significaba que sería planificada en función de operaciones, mas no de UNA batalla decisiva al estilo napoleónico, la cual determinaba el desenlace del conflicto.<br />
Es Alexandr Svechin quien introdujo el término de “arte operacional” y lo define como “el puente que existe entre la táctica y la estrategia”. En otras palabras, la dimensión operacional es el momento en que los éxitos tácticos ligados entre sí son propulsados a nivel estratégico y, por ende, repercuten directamente en el objetivo político de la guerra.<br />
Los axiomas del Arte Operacional, tal como se presentan en el corpus teórico militar soviético, son unos diez. Entre ellos se encuentra el concepto de “combinación interarmas”. Este principio siempre existió, pero de manera muy limitada. Lo nuevo en la historia de la guerra fue la forma sistemática en que los soviéticos previeron su aplicación, así como la magnitud del alcance operacional que se buscó lograr con su puesta en práctica. Su lógica consistía en articular de forma sincronizada las diferentes armas: artillería, infantería, aviación, caballería, unidades aerotransportadas, etc. para que se llevara a cabo una maniobra específica. Aplicado en apoyo de las operaciones en la retaguardia enemiga, su impacto en el proceso de desmantelamiento del dispositivo enemigo revelaba ser muy poderoso –particularmente gracias a la aviación y a los grupos móviles–. El principio de combinación de armas se vio altamente beneficiado por los avances en materia de tecnología a los que la Primera Guerra mundial contribuyó.<br />
El principio de simultaneidad significa asignar a varias formaciones una misión táctico-operacional específica que se cumple de manera sincronizada. De ese modo, la suma de los resultados alcanzados por cada una de las formaciones converge hacia un mismo objetivo estratégico, lo cual era también un elemento nuevo, ya que, anteriormente, solo se libraba un combate a la vez, que, como lo mencionábamos, culminaba con una batalla “decisiva”.<br />
El efecto sorpresa es un lugar común. Ya había sido uno de los axiomas predilectos de Sun Tsu, el estratega chino del siglo V antes de nuestra era.<br />
La astucia, otro lugar común en la historia de la guerra, se caracteriza por el uso de subterfugios para desorientar al enemigo y estar así en posición de tomar/guardar la iniciativa a fin de ganar la superioridad sobre él.<br />
El momentum, o sea el efecto de masa combinado con la velocidad, hace que los efectivos –vistos como sistema– y la maniobra que realizan adquieran una dinámica propia que va fortaleciéndose a medida que se concreta la operación. El objetivo es lograr que el ritmo que este proceso genera se vuelva imparable y supere aquel del enemigo.<br />
Por supuesto, la aplicación de los principios operacionales no podía coadyuvar a la capitalización de los éxitos tácticos a nivel estratégico sin otro factor crucial que era el nexo y la clave del éxito de la operación, a saber: la capacidad del alto Comandante de coordinar en el momento y espacio oportunos las acciones y medios que llevarían a la victoria.<br />
Pero el principio supremo del arte operacional que coadyuvó decididamente a la expulsión de los nazis fue aquel de las “operaciones en la profundidad”. Las operaciones en la profundidad son un concepto muy particular y propio a la teoría militar soviética porque se adaptaban, en ese entonces, no solo a la geografía de ese país, sino también a una tecnología de guerra de última generación y a una reorganización de la distribución de los dispositivos terrestres.<br />
Se suele atribuir a Tukhachevsky el monopolio del descubrimiento de las operaciones en la profundidad, pero, en realidad, Triandafillov y los militares citados anteriormente brindaron un valioso aporte sin el cual la teoría de las operaciones en la profundidad no hubiera, sin duda, alcanzado el grado de profesionalismo que la caracterizó. Operar en la profundidad, o en la retaguardia del enemigo, significa remitirse a un pensamiento centrado en la espacialidad. Las ofensivas se realizan con la intención de tener efectos más allá de las líneas frontales del adversario. Dentro de ello, cada acción táctica tiene por propósito servir directamente de sustento a un objetivo estratégico mayor.<br />
Este objetivo se alcanzaba mediante la concentración de varios cuerpos de combate distribuidos en escalones que intervenían de manera sucesiva a fin de abrir el frente adversario, cercarlo y romper la coherencia de su sistema organizativo en su retaguardia profunda. Cuando era necesario, y luego de haber cercado el enemigo en su retaguardia, se pasaba a una fase de persecución de los efectivos enemigos que buscaban huir del cercamiento a efectos de ultimar su desmantelamiento y forzarlos a que capitularan.<br />
Las operaciones en la profundidad fueron aplicadas sistemáticamente a partir de 1943. Desde ese año, la estrategia de defensa que la Unión Soviética había adoptado a inicios de la guerra por su falta de preparación frente a los alemanes se convirtió en una estrategia ofensiva que llevó, con la Operación Bagration, a la expulsión de los nazis de la Unión Soviética.<br />
<img loading="lazy" class=" wp-image-29109 aligncenter" src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2016/06/Schuster-287x300.png" alt="Schuster" width="369" height="386" /><br />
Lo paradójico es que, en los años 1970 y 1980, en plena Guerra Fría, el concepto de operaciones en la profundidad y los demás principios del arte operacional soviético fueron integrados en la nueva Doctrina militar estadounidense. Esta Doctrina, denominada “Doctrina de la Batalla Aeroterrestre”, fue elaborada por Estados Unidos en el marco de las animosidades entre la OTAN y los miembros del Pacto de Varsovia y fue el sustento teórico de la <em>Operación Tormenta del Desierto</em> contra Irak, en 1991. Además, el principio de operaciones en la profundidad sigue sirviendo como referencia en las guerras contra el terrorismo conducidas por los gobiernos occidentales, como lo demuestra la Operación Serval en Malí liderada en 2013 por los franceses.<br />
<strong>     </strong>Un punto importante para la actualidad es que la Unión soviética libró, durante la Segunda Guerra Mundial, una guerra llamada “híbrida”. Dado que hoy se recurre a esta modalidad de guerra para desestabilizar países en Medio Oriente, Asia, etc., el estudio de este episodio de la Segunda Guerra mundial mantiene toda su vigencia.<br />
¿Cómo definir una guerra híbrida? En una guerra híbrida se combinan modalidades de guerra convencionales con no-convencionales. Las formas no-convencionales soviéticas implicaron emplear partisanos que fueron formados por las autoridades castrenses (entre las cuales se encontraba el ex KGB, llamado entonces el NKVD, o sea, el «Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos»), así como por Comités colocados en las diferentes regiones del país.<br />
La formación de los partisanos soviéticos se parece mucho a la visión del pueblo en guerra que tenía Carl von Clausewitz. Cuando estudiaba la posición de debilidad de Prusia ante sus vecinos, Clausewitz recomendaba a las autoridades militares y políticas formar partisanos para que hostigaran al enemigo desde zonas caracterizadas por su difícil acceso. Por ello, Clausewitz insistía en la necesidad para el Gobierno de ganar el pueblo a la causa de la Patria. Es lo que pasó con la Unión Soviética donde, a inicios de la guerra, varios sectores de la población estuvieron en contra del régimen estalinista. Pero el deseo de sobrevivencia fue tal que el pueblo se unió, junto con las autoridades que lo gobernaban, en defensa de la “Rodina”, o sea de la madre patria.<br />
En la actualidad, al mirar hacia Libia, Siria, Yemen, Irak, Ucrania, entre otros, nos damos cuenta de que cualquier nación puede ser destruida en un lapso de tiempo record a causa de ofensivas “híbridas” que lanzan terroristas con el apoyo de potencias hostiles al régimen que buscan derrocar<sup>(7)</sup>. Según el analista político ruso Andrew Korybko, esas estrategias de desestabilización empiezan con las famosas “revoluciones de colores”, al igual que la que se dio en Ucrania. Si la reacción que provocan no es satisfactoria, son complementadas por operaciones militares ejecutadas por fuerzas “proxies”, tal como ocurre en Siria. Para Korybko, la combinación de los métodos inherentes a una revolución de color con aquellos acarreados por una intervención militar no-convencional desemboca en una “guerra híbrida”<sup>(8)</sup>. Es en este contexto que resultan relevantes las enseñanzas sacadas de la manera como los soviéticos combatieron durante la Segunda Guerra mundial, puesto que, para expulsar al enemigo, supieron explotar formas de guerra convencionales y no-convencionales, así como optimizaron, a nivel operacional, el factor “profundidad”, o sea la dimensión que hoy constituye uno de los principales espacios de conflicto para los terroristas que invaden un país.<br />
Concluiré –en concordancia con lo expuesto en las consideraciones finales de mi libro– insistiendo en que lo perentorio, en este momento de la historia, es concientizar a los ciudadanos de cada país en cuanto al peligro que implican para ellos la criminalidad y el belicismo globales. Un aspecto de esta concientización puede plasmarse en una educación que ponga el énfasis en la difusión de principios relativos a la defensa nacional, sin que ello signifique militarizar al país. Pero es necesario también que los gobiernos se fijen como objetivo primario el de satisfacer las necesidades básicas de su pueblo, lo cual fortalece el sentimiento de dignidad y de pertenencia a una nación. Solo bajo esas condiciones podrá forjarse un clima marcado por la confianza y por la voluntad de consolidar la capacidad de resiliencia de la población y de las autoridades que la representan frente a las adversidades.<br />
<strong><u>Notas:</u></strong><br />
<sup>(1)</sup> Es interesante notar que, en plena era de la Revolución Industrial, los grandes constructores de vías ferroviarias esgrimían similares argumentos.<br />
<sup>(2)</sup> Ver Carl Schmitt, <em>La Guerre civile mondiale</em>, <em>Essais (1943-1978),</em>Collection Chercheurs d’ère, France, pp. 14 y 20.<br />
<sup>(3)</sup> Nicole Schuster, <em>Guerra asimétrica y convencional. Lecciones para la actualidad, </em>Segunda edición, Lima, Perú, mayo 2016.<br />
<sup>(4)</sup> Ver Bruno Colson (1993), <em>La culture stratégique américaine. L’influence de </em>Jomini, Paris, France : Editions Economica.<br />
<sup>(5)</sup> Ver Carl von Clausewitz, <em>De la Guerra, </em>Madrid, España: Edición La Esfera de los Libros, 2005, p. 354.<br />
<sup>(6) </sup>Las aserciones expuestas en esta presentación de mi libro y relativas al proceso de teorización y puesta en práctica de la metodología de guerra soviética se sustentan en el estudio de varios autores, cuyas referencias se encuentran consignadas en mi libro.<br />
<sup>(7)</sup> Sobre este tema y la estrategia de dominación en Eurasia mediante la aplicación de una metodología de guerras híbridas, ver Andrew Korybko (2015), <em>Hybrid Wars: The Indirect Adaptive Approach to Regime Change, </em>Institute for Strategic Studies and Predictions, Moscow Peoples’ Friendship University of Russia.<br />
<sup>(8)</sup> <em>Ibíd.</em></p>
<hr />
<p><em>Los lectores interesados en adquirir mi libro podrán acceder a su contenido en versión PDF si me contactan a mi correo electrónico: </em><strong> nicole.schuster2013@gmail.com</strong><br />
<em>Las personas residentes en Lima pueden igualmente obtenerlo a través de la Librería el Virrey, Bolognesi 510, Miraflores, Lima.</em><br />
Muchos saludos<br />
Nicole Schuster</p>
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		<title>Romain Rolland (1866-1944): &#034;Más allá de la contienda&#034;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Nov 2015 23:39:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Al momento en que los tambores de guerra comienzan de nuevo a sonar con un ruido ensordecedor, para impedirnos, sobre todo, pensar, consideramos una medida de salud pública proponer la lectura de un antiguo texto que ya remonta a 101 años y, ¡por desgracia!, siempre sigue siendo actual. Que quienes proclaman "Peace for París" y saben leer, lean. Que los otros sigan yendo "todos al bar"-</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/11/20/romain-rolland-1866-1944-mas-alla-de-la-contienda/">Romain Rolland (1866-1944): &quot;Más allá de la contienda&quot;</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>Al momento en que los tambores de guerra comienzan de nuevo a sonar con un ruido ensordecedor, para impedirnos, sobre todo, pensar, consideramos una medida de salud pública proponer la lectura de un antiguo texto que ya remonta a 101 años y, ¡por desgracia!, siempre sigue siendo actual. Que quienes proclaman «Peace for París» y saben leer, lean. Que los otros sigan yendo «todos al bar»-</em></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>Tlaxcala</strong></em></p>
<figure style="width: 700px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" src="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_12202.jpg" alt="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_12202.jpg" width="700" height="700" /><figcaption class="wp-caption-text">El logo simbólico de «Peace for Paris», dibujado por el artista francés Jean_Jullien  que vive  en Londres, recibió 167 0000 likes en 2 días. ¿Se puede reclamar la paz «aquí» y sostener la guerra “alla’?</figcaption></figure>
<p style="text-align: center;"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.1.0/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.1.0/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.1.0/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>
<p style="text-align: left;">Original: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=16587">Français</a></p>
<p><a href="http://www.tlaxcala-int.org/biographie.asp?ref_aut=4458&amp;lg_pp=es"><img class="alignleft" src="http://www.tlaxcala-int.org/upload/aut_4458.jpg" alt="" /></a><br />
<a href="http://www.tlaxcala-int.org/biographie.asp?ref_aut=4458&amp;lg_pp=es">Romain Rolland (1866-1944)</a><br />
<em>Traducido por <b> <a href="http://www.tlaxcala-int.org/biographie.asp?ref_aut=4461&amp;lg_pp=es">Carlos Primo</a></b></em><br />
<em>Publicado por Romain Rolland el 24 de septiembre de 1914 en el Journal de Genève mientras colaboraba como voluntario en la Cruz Roja, Mas allá de la contienda es el manifiesto pacifista más célebre de la Gran Guerra, comparable a Yo acuso de Zola.<br />
Este texto excepcional, que instaba a los beligerantes a ganar altura moral y comprender la magnitud de la catástrofe, provocó enseguida numerosas reacciones violentas y rencorosas hacia su autor, tanto entre los franceses como entre los alemanes. La gran lucidez de sus pensamientos de paz y libertad, el ideal de acción no violenta y de comunión entre los pueblos fueron recompensados, sin embargo, al año siguiente con la obtención del premio Nobel de Literatura.-</em><strong><em>Presentación del editor</em></strong><br />
<img class="alignright" src="http://www.tlaxcala-int.org/upload/gal_12206.jpg" alt="" />¡Oh, heroica juventud del mundo, con qué pródiga alegría viertes tu sangre en la tierra hambrienta! ¡Cuántas cosechas de sacrificios desnudos bajo el sol de este espléndido verano!&#8230; Todos vosotros, jóvenes de todas las naciones que lucháis trágicamente por un ideal común, jóvenes hermanos enemigos –eslavos que acudís al auxilio de vuestra raza; ingleses que combatís por el honor y el derecho; intrépido pueblo belga que se<br />
atrevió a plantar cara al coloso germano y defendió las Termópilas de Occidente de su amenaza;<br />
<img class="alignright" src="http://www.tlaxcala-int.org/upload/gal_12207.jpg" alt="" />cara al coloso germano y defendió las Termópilas de Occidente de su amenaza; alemanes que lucháis para defender el pensamiento y la ciudad de Kant contra las hordas de cosacos; sobre todo vosotros, mis queridos compañeros franceses, que desde hace años me confiáis vuestros sueños y que, antes de partir hacia el frente, me habéis enviado vuestros sublimes adioses, vosotros en quienes florece de nuevo la estirpe de los héroes de la Revolución–, ¡qué queridos me resultáis, ahora que vais a morir!<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_13"><sup>[13]</sup></a> ¡De qué modo compensáis nuestros escepticismo, la gozosa apatía en que nos hemos criado, protegiendo con vuestros miasmas nuestra fe, vuestra fe que triunfa a vuestro lado en los campos de batalla! Guerra “de revancha”, la llaman&#8230; Es de revancha, en efecto, pero no una revancha tal y como la entiende nuestro estrecho chovinismo, sino una revancha de la fe que se enfrenta a los egoísmos del sentido y del espíritu, y se entrega absolutamente a las ideas eternas&#8230;<br />
“¿Qué valor tienen nuestros individuos y nuestras obras frente a la inmensidad de nuestro objetivo?”, me escribe uno de los más vigorosos novelistas de la joven Francia. “Vivimos un nuevo capítulo de la guerra de la Revolución contra el feudalismo. Los ejércitos de la República aspiran a blindar el triunfo de la democracia en Europa y a perfeccionar la obra de la Convención. Lo que está en juego es más que una guerra inexpiable: es el despertar de la libertad…”.<br />
“¡Ah, amigo mío!”, me escribe el lugarteniente, otro joven de alma pura que, si no muere antes, llegará a ser el primer crítico de arte de nuestra época. “¡Qué raza admirable! Si pudieras ver nuestro ejército como yo lo veo, te henchirías de orgullo al contemplar su impulso revolucionario, heroico, grave, un poco religioso. He visto partir a los tres regimientos de mi cuerpo: en primer lugar iban los hombres en activo, jóvenes de veinte años que caminaban con paso firme y rápido, sin un grito, sin un gesto, con el aspecto decidido y pálido de efebos rumbo al sacrificio. Después la reserva, los hombres de veinticinco a treinta años, más masculinos y más determinados, cuya misión es sostener a los primeros y aportarles una fortaleza irresistible. En cuanto a nosotros, somos los viejos, los hombres de cuarenta años, los padres de familia. Si esto fuera un coro, haríamos los bajos. Te aseguro que también nosotros partimos llenos de confianza, resolución y firmeza. No tengo ganas de morir, pero moriría sin dudarlo ni un segundo; he vivido quince días que han valido la pena, quince días que nunca pensé que el destino me concedería. La Historia hablará de nosotros, y nos recordará como aquellos hombres que abrieron una nueva era en el mundo. Disiparemos la pesadilla de la Alemania uniformada y materialista y la pesadilla de la paz armada. Todo se derrumbará ante nosotros como un fantasma. Siento que el mundo respira. Repítaselo a su amigo vienés:<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_14"><sup>[14]</sup></a> el fin de Francia no está cerca. Ya podemos ver su resurrección, que es siempre la misma: Bouvines, Cruzadas, Revolución, siempre los caballeros del mundo, los paladines de Dios. ¡He vivido lo suficiente para advertirlo! Los que llevamos veinte años diciéndolo sin que nadie quisiera creernos tenemos motivo para estar contentos…”.<br />
¡Amigos míos, que nada perturbe entonces vuestra alegría! Cualquiera que sea vuestro destino, os habéis elevado sobre las cimas de la vida, y habéis llevado a vuestra patria con vosotros. Venceréis, lo sé. Vuestra abnegación, vuestra intrepidez, vuestra fe absoluta en vuestra causa sagrada, la certeza inquebrantable de que al defender vuestra tierra invadida defendéis también las libertades del mundo me hacen estar seguro de vuestra victoria, jóvenes ejércitos de Marne-et-Meuse, cuyo nombre figura ya en la Historia junto al de vuestros mayores de la Gran República. Incluso aunque hubierais sido derrotados –y Francia con vosotros–, tal muerte habría sido la más bella que una raza puede soñar. Habría coronado la vida del gran pueblo de las Cruzadas. Habría sido su suprema victoria… ¡vencedores o vencidos, vivos o muertos, sed dichosos! O, como me ha dicho uno de vosotros, “con un fuerte abrazo en el umbral temible”: “Es bello pelear con las manos puras y el corazón inocente, y hacer cumplir la justicia divina con la propia vida”.</p>
<h3 style="text-align: center;"><strong>*      *     *</strong></h3>
<p>Vosotros cumplís con vuestro deber, pero ¿qué hay del resto?<br />
Digamos la verdad a los mayores de estos jóvenes, a sus guías morales, a los creadores de opinión, a sus líderes religiosos o laicos, a las Iglesias, los pensadores y los tribunos socialistas.<br />
Teniendo en las manos tales riquezas vivientes, tales tesoros de heroísmo, ¿en qué los habéis gastado? ¿Qué recompensa tendrá la generosa entrega de esta juventud ávida de sacrificio? Yo os lo diré: su recompensa es degollarse unos a otros; su recompensa es la guerra, este conflicto sacrílego que permite ver el espectáculo de una Europa demente, que se sube a la hoguera y se desgarra con las manos, como Hércules.<br />
De este modo, los tres pueblos más grandes de Occidente, los guardianes de la civilización, se afanan en su ruina, y piden socorro a los cosacos, turcos, japoneses, cingaleses, sudaneses, senegaleses, marroquíes, egipcios, sijs y cipayos, los bárbaros del Polo y los del Ecuador, hombres con almas y tonos de piel de todos los colores.<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_15"><sup>[15]</sup></a> ¡Qué similar al Imperio romano, que, en la época de los tetrarcas, convocaba a las hordas de todo el universo para que se devoraran entre ellas!&#8230; ¿Es nuestra civilización tan sólida como para que no temáis dinamitar sus cimientos? ¿No veis que si un solo pilar se arruina todo se vendrá abajo? ¿Era tan difícil, si no amaros, al menos soportar mutuamente vuestras grandes virtudes y vuestros grandes vicios? ¿Y no habría sido mejor esforzarse por dar una solución pacífica (sinceramente, ¡ni lo habéis intentado!) a las cuestiones que os dividían (las de los pueblos anexionados contra su voluntad), y repartiros equitativamente el trabajo y las riquezas del mundo? ¿Hace falta que el más fuerte sueñe perpetuamente con proyectar sobre el resto su sombra orgullosa, y que los otros se unan perpetuamente para abatirlo? ¿Cesará alguna vez este juego pueril y sangriento cuyos participantes cambian de rol cada siglo, o se prolongará hasta el total agotamiento de la humanidad?<br />
Sé que los jefes de Estado, los verdaderos autores de estas guerras, no se atreven a aceptar su responsabilidad, y hacen esfuerzos solapados por descargar la responsabilidad en su adversario. Y los pueblos que les siguen dócilmente se resignan y dicen que todo es culpa de un poder superior. Escuchamos, una vez más, el refrán secular: “La fatalidad de la guerra es más fuerte que cualquier voluntad”. Es la letanía que repiten los rebaños que elevan su debilidad a los altares y la adoran. Los hombres han inventado el destino para atribuirle los desórdenes del universo que ellos deberían gobernar. ¡Nada de fatalidad! La fatalidad es lo que nosotros queremos. Y también es, con mayor frecuencia, lo que no queremos con suficiente intensidad. ¡Entonemos todos el <em>mea culpa</em>! Ni las élites intelectuales, ni las Iglesias, ni partidos obreros han querido la guerra: lo aceptamos. Pero ¿qué han hecho para impedirla? ¿Qué hacen ahora para atenuarla? Avivan el incendio y todos echan su ramita al fuego.<br />
El rasgo más chocante de esta epopeya monstruosa, el hecho sin precedentes, es la unanimidad a favor de la guerra en todas las naciones que participan en la contienda. Es como una peste de furor mortal que, llegada de Tokio hace diez años como una gran oleada, se propaga y recorre todo la Tierra. Ante esta epidemia, ni uno ha resistido. Ni un pensamiento libre ha conseguido mantenerse a salvo de la plaga. Parece como si planeara una especie de ironía diabólica sobre este conflicto cuyo resultado, sea cual sea, acarreará la mutilación de Europa. No son sólo las pasiones de las razas las que enfrentan ciegamente a millones de hombres como hormigas y producen escalofríos a los países neutrales. La razón, la fe, la poesía, la ciencia y todas las fuerzas del espíritu han sido movilizadas, y siguen, en cada Estado, el camino trazado por sus ejércitos. Las élites de todos los países proclaman convencidas que la causa de su pueblo es la causa de Dios, de la libertad y del progreso humano. Y yo lo proclamo también…<br />
También los metafísicos, los poetas y los historiadores libran combates singulares. Eucken contra Bergson, Hauptmann contra Maeterlinck, Rolland contra Hauptmann, Wells contra Bernard Shaw. Mientras, Kipling y d’Annunzio, Dehmel y De Régnier cantan himnos de batalla. Barrès y Maeterlinck entonan plegarias de guerra. Entre una fuga de Bach y el susurro del órgano se escucha <em>Deutschland über Alles!</em> Con la voz rota, el viejo filósofo Wundt, de ochenta y dos años, invita a sus estudiantes de Leipzig a unirse a la “guerra sagrada”. Y todos se califican mutuamente como “bárbaros”. La Academia de Ciencias Morales de París declara, por voz de su presidente Bergson, que “la lucha comprometida contra Alemania es la lucha misma de la civilización contra la barbarie”. La historiografía alemana, por boca de Karl Lamprecht, responde que “esta guerra es la del germanismo contra la barbarie, y los combates actuales son la continuación lógica de los que Alemania ha mantenido durante siglos con los hunos y los turcos”. Después de la Historia, la ciencia entra en liza y proclama, a través de E. Perrier, director del museo y miembro de la Academia de las Ciencias, que los prusianos no pertenecen a la raza aria, que descienden en línea recta de los hombres de la Edad de Piedra llamados <em>halófilos</em>, y que “el cráneo moderno cuya base, reflejo del vigor de los apetitos, recuerda de un modo más exacto al cráneo del hombre fósil de la Chapelle-aux-Saints es el del príncipe de Bismarck”.<br />
Sin embargo, las dos instituciones morales más afectadas por esta guerra contagiosa han sido el cristianismo y el socialismo, cuyas debilidades han quedado a la vista de todos. Los más ardientes nacionalistas de hoy son los que ayer se definían como apóstoles desde las posiciones rivales del internacionalismo religioso o laico. Hoy, Hervé pide morir por la bandera de Austerlitz. Los depositarios de la doctrina pura, los socialistas alemanes, apoyan en el Reichstag los créditos de guerra y se ponen al servicio del ministerio prusiano, que emplea sus periódicos para expandir sus mentiras hasta las casernas, y que los envía, como agentes secretos, a intentar corromper al pueblo italiano. Incluso llegaron a hacernos creer por un momento que dos o tres de ellos se habían dejado fusilar por la causa antes que alzarse en armas contra sus hermanos. Protestan indignados, y todos caminan fusil al hombro. No, Liebknecht no murió por la causa socialista.<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_16"><sup>[16]</sup></a> Fue el diputado Franck, el principal campeón de la unión francoalemana, quien cayó bajo las balas francesas por la causa del militarismo; estos hombres, que no tienen valor para morir por su fe, lo tienen para morir por la fe de otros.<br />
¿Qué decir de los representantes del Príncipe de la Paz? Sacerdotes, pastores y obispos acuden por millares al conflicto para difundir la palabra divina fusil en mano. “No matarás”; “Amaos los unos a los otros”. Cada boletín de victoria de los ejércitos alemanes, austriacos o rusos da las gracias al mariscal Dios –<em>unser alter Gott, notre Dieu</em>–, tal como dicen Guillermo II o M. Arthur Meyer. Cada uno tiene el suyo. Y cada uno de estos dioses, viejo o joven, cuenta con un ejército de levitas dispuestos a defenderlo y a destruir al Dios de los otros.<br />
Veinte mil sacerdotes franceses marchan bajo las banderas. Los jesuitas ofrecen sus servicios a los ejércitos alemanes. Algunos cardenales llaman a la guerra. Los obispos serbios de Hungría incitan a sus fieles a luchar contra sus hermanos de la Gran Serbia. Y los periódicos registran, sin sorpresa alguna, la escena paradójica de los socialistas italianos que, en la estación de Pisa, aclaman a los seminaristas que se unen a sus regimientos, y todos juntos cantan <em>La Marsellesa</em>. ¡Qué fuerte es el ciclón que les arrastra, y qué débiles son los hombres que encuentra a su paso! Y yo, como los otros…<br />
¡Recuperemos el dominio sobre nuestros actos! Independientemente de la naturaleza y la virulencia de esta plaga –epidemia moral, fuerzas cósmicas–, ¿acaso no podemos resistir? Si luchamos contra la peste o para paliar los efectos de un terremoto, ¿por qué deberíamos inclinarnos sin más ante ellos, tal y como ha escrito el honorable Luigi Luzzatti en su célebre artículo ‘En el desastre universal, ¿las patrias triunfan?’? ¿Afirmaremos, como él, que para comprender la “verdad grande y simple” del amor de la patria es necesario que “se desencadene el demonio de las guerras internacionales, que se llevan por delante a millares de seres”? En ese caso, ¿debemos concluir que el amor a la patria sólo puede surgir mediante el odio hacia las otras patrias y la masacre de los que las defienden? Hay en esta proposición una lógica ferozmente absurda y una especie de diletantismo neroniano que me repugnan en lo más profundo de mi ser. No, el amor a la patria no reclama que odiemos y asesinemos a las almas piadosas y fieles de las otras patrias. El amor a la patria exige que les rindamos honores e intentemos unirnos a ellas en busca del bien común.<br />
Vosotros, cristianos, para consolaros de haber traicionado a vuestro Maestro, argumentáis que la guerra exalta las virtudes del sacrificio. Es cierto que tiene el privilegio de hacer surgir el genio de la raza en los corazones más mediocres. Arroja al fuego la escoria y los desechos, y templa el metal de las almas: de un campesino avaro o un burgués timorato la guerra puede hacer mañana un héroe de Valmy. Pero ¿es que no hay mejor ocupación para el desarrollo de un pueblo que la ruina de los otros pueblos? ¿Es que los cristianos no podemos sacrificarnos sin sacrificar al prójimo? Bien sé, pobres gentes, que muchos de vosotros preferís verter vuestra propia sangre antes que derramar la del prójimo… pero, en el fondo, ¡qué debilidad!&#8230; Porque lo que os hace temblar no son las balas ni los obuses, sino la opinión pública que, hoy, está sometida a un ídolo sanguinario cuyo tabernáculo está incluso por encima del de Jesús: ¡el orgullo de raza! Vosotros, cristianos de hoy en día, no hubierais sido capaces de rechazar los sacrificios a los dioses de la Roma Imperial. Vuestro papa, Pío X, ha muerto de dolor, según dicen, ante el estallido de la guerra. ¡Claro, la cuestión era morir! El Júpiter del Vaticano, que no dudó en dirigir su rayo fulminante a los inofensivos sacerdotes que se vieron tentados por la noble quimera de la modernidad, ¿qué medidas tomó contra estos príncipes y líderes criminales cuya desmedida ambición ha desatado la miseria y la muerte sobre el mundo? ¡Que Dios inspire al nuevo pontífice, que acaba de subir al trono de San Pedro, las palabras y los actos que limpien a la Iglesia de la mancha de su silencio!<br />
En cuanto a vosotros, socialistas, que pretendéis, cada uno, defender la libertad frente a la tiranía –franceses contra el káiser, alemanes contra el zar–, ¿se trata de defender un despotismo ante otro despotismo? ¡Combatidlos a los dos y uníos!<br />
No había razón alguna para una guerra entre nuestros pueblos de Occidente. A pesar de lo que repite sin cesar una prensa infectada por una minoría interesada en mantener estos odios, yo os digo, hermanos de Francia, hermanos de Inglaterra, hermanos de Alemania, que no nos odiamos. Os conozco y nos conozco. Nuestros pueblos sólo pedían paz y libertad. Si un hombre, en medio de la batalla, pudiera contemplar todos los campos enemigos desde las altas montañas de Suiza, podría apreciar lo trágico de este combate: la mayor amenaza que pende sobre cada una de las naciones es la que planea sobre sus posesiones más preciadas: su independencia, su honor y su vida. Pero ¿quién ha lanzado sobre ellos esta plaga? ¿Quién ha provocado en ellos esta necesidad desesperada de destruir al adversario o morir en el intento? ¿Quién, sino sus estados, y, entre ellos, los que en mi opinión han sido los tres grandes culpables, las tres águilas rapaces, los tres imperios: la tortuosa política de Austria, el zarismo devorador y la Prusia brutal? En cada caso, el peor enemigo no está fuera de sus fronteras, sino dentro de ellas, y ninguna nación ha tenido el valor de combatirlo. Me refiero a ese monstruo de cien cabezas llamado imperialismo, a esa voluntad de orgullo y dominación cuya aspiración es absorber, someter y destruirlo todo sin tolerar más grandeza que la suya. El mayor peligro para nosotros, hombres de Occidente, el peligro que ha levantado a Europa en armas, es el imperialismo prusiano forjado por una casta militar y feudal. Y esta plaga no afecta únicamente al resto del mundo, sino también a la propia Alemania, ya que ha sabido envenenar su pensamiento. Es este feudalismo el que debemos destruir en primer lugar, pero no es el único. Al zarismo le llegará su turno. Cada pueblo, en mayor o menor medida, tiene su propio imperialismo; puede ser de naturaleza militar, financiera, feudal, republicana, social o intelectual, pero en todos los casos es una sanguijuela que succiona la mejor sangre de Europa. Cuando la guerra haya terminado, los hombres libres de todos los países tendremos que esgrimir contra él la divisa de Voltaire.<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_17"><sup>[17]</sup></a></p>
<h3 style="text-align: center;">*     *     *</h3>
<p>Como digo, eso será cuando la guerra haya terminado; ahora, el mal ya está hecho. El torrente está fuera de control, y nosotros solos no podemos devolverlo a su cauce. Además, ya se han cometido algunos crímenes demasiado graves contra el Derecho, la libertad de los pueblos y los tesoros sagrados del pensamiento. Deben ser reparados. Serán reparados. Europa no puede correr un velo sobre la violencia sufrida por el noble pueblo belga, sobre la devastación de Malinas y Lovaina, saqueadas por los nuevos condes de Tilly… Pero ¡en nombre del cielo, que estas reparaciones no sean actos terribles! Un gran pueblo no se venga; restablece el derecho. ¡Que aquellos que ostentan la justicia se muestren dignos de ella hasta el final! En cuanto a nosotros, nuestra tarea es recordárselo, porque no contemplaremos inertes la borrasca hasta que su violencia amaine por sí sola. No, eso sería indigno. Hay mucho trabajo por delante.<br />
Nuestro primer deber es, en el mundo entero, promover la creación de un Alto Tribunal moral, un tribunal de conciencias que se pronuncie acerca de todas las violaciones de los derechos de las personas, sin distinguir su procedencia o bando. Y como las comisiones de investigación instituidas por las partes beligerantes serán siempre sospechosas, es necesario que los países neutrales del Viejo y el Nuevo Mundo tomen la iniciativa. Del mismo modo, hace muy poco, un profesor de la Facultad de Medicina de París, M. Prenant, sugería esta idea,<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_18"><sup>[18]</sup></a> retomada vigorosamente por mi amigo Paul Seippel en el <em>Journal de Genève</em>:<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_19"><sup>[19]</sup></a> “se nutrirá de hombres de autoridad mundial y moralidad cívica demostrada, que desempeñarían la función de comisarios investigadores. Estos comisarios podrían seguir a cierta distancia a los ejércitos… una organización como ésta completaría y complementaría al Tribunal de la Haya y le proporcionaría documentos irrebatibles para el necesario cumplimiento de la justicia…”.<br />
En todas las guerras, los países neutrales desempeñan un papel discreto, porque saben que la opinión suele decantarse por la fuerza bélica. La mayoría de los pensadores libres de todas las naciones comparten su desánimo. Falta valor, y falta lucidez. En nuestros días, la opinión tiene un inmenso poder. No hay un gobierno, por despótico que sea y por seguro que esté de su victoria, que no tiemble hoy ante la opinión pública y trate de seducirla. Nada ilustra mejor este fenómeno que los esfuerzos que hacen las dos partes del conflicto –ministros, cancilleres, soberanos e incluso el káiser, convertido en periodista– para justificar sus crímenes y denunciar los del adversario ante el invisible tribunal de la Humanidad. ¡Ojalá veamos por fin este tribunal! Atrevámonos a constituirlo. ¡Hombres de poca fe, no sois conscientes de vuestro poder moral!&#8230; Incluso aunque existiera un riesgo, ¿no lo asumiríais por el honor de la humanidad? ¿Qué precio tendría vuestra vida si, para salvarla, perdierais el orgullo?<br />
<em>Et propter vitam, vivendi perdere causas</em>…<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_20"><sup>[20]</sup></a><em> </em><br />
Pero hay otra tarea para nosotros, artistas y escritores, sacerdotes y pensadores de todas las patrias. Incluso cuando la guerra ya es un hecho, es un crimen que la élite comprometa en su nombre la integridad de su pensamiento. Resulta vergonzoso ver a esta élite ponerse al servicio de las pasiones de una pueril y monstruosa política de razas que, absurda desde el punto de vista científico (ningún país posee una raza verdaderamente pura), sólo puede, como ha dicho Renan en su hermosa carta a Strauss, “conducirnos a guerras zoológicas, guerras de exterminio similares a las que entablan por su supervivencia diversas especies de roedores o de carnívoros. Sería el fin de esta mezcla fecunda de numerosos elementos, todos ellos necesarios, que llamamos Humanidad”. La Humanidad es una sinfonía de grandes almas colectivas. Quien para comprenderla y amarla necesita destruir parte de ella sólo demuestra que es un bárbaro, y que su idea de la armonía es tan errada como la que aquel otro tenía del orden en Varsovia.<a href="http://www.fronterad.com/?q=mas-alla-contienda#nota_21"><sup>[21]</sup></a><br />
Los miembros de la élite europea tenemos que preocuparnos por dos ciudades: una es nuestra patria terrestre y la otra es la ciudad de Dios. Somos los huéspedes de la primera, y los constructores de la segunda. Demos a la primera nuestros cuerpos y nuestros fieles corazones. Podemos añadir la familia, los amigos o la patria, pero nada de eso tiene derecho alguno sobre el espíritu. El espíritu es la luz. Nuestro deber es alzarlo por encima de las tormentas y disipar las nubes que tratan de oscurecerlo. Nuestro deber es construir una muralla cada vez más grande, por encima de la injusticia y los odios de las naciones; una muralla que proteja la unión de las almas fraternales y libres del mundo entero.<br />
A mi alrededor, Suiza se estremece. Su corazón está dividido entre razas diferentes con las que simpatiza por igual, y se lamenta dolorida porque no puede expresarse ni elegir libremente entre ellas. Aunque entiendo su tormento, también sé que es beneficioso, y espero que el sufrimiento dé paso con el tiempo a una alegría más honda. Espero que Suiza sea un ejemplo para el resto de Europa y, en medio de la tormenta, se erija como una isla de justicia y de paz donde el espíritu encuentre un refugio contra la destrucción, como sucedía en los grandes conventos de la primera Edad Media. A sus costas llegarán los nadadores fatigados de todas las naciones, víctimas del odio que, a pesar de los crímenes vistos y sufridos, seguirán empeñados en amar a todos los hombres como hermanos.<br />
Sé que no hay muchas esperanzas de que estos pensamientos sean escuchados en nuestros días. La joven Europa, inmersa en la fiebre del combate, sonreirá con desdeño mostrando sus dientes de joven lobo. Sin embargo, cuando el acceso de fiebre remita, se encontrará herida y, quizás, menos orgullosa de su carnívoro heroísmo.<br />
Por otra parte, no hablo para convencerla. Hablo para aliviar mi conciencia, y sé que al mismo tiempo aliviaré la de miles de hombres que, en todos los países, no pueden hablar. O no se atreven.<br />
&nbsp;<br />
<strong>Notas:</strong><br />
<strong>[13]</strong>   En el preciso momento de escribir estas líneas, Charles Péguy moría.<br />
<strong>[14]</strong>   Alusión a un escritor vienés que me había dicho, semanas antes de la declaración de guerra, que un desastre para Francia sería también un desastre para los pensadores libres de Alemania [se trata de Stefan Zweig, <em>N. del E.</em>].<br />
<strong>[15]</strong>   Ver nota al final de la obra.<br />
<strong>[16]</strong>   Más tarde, Liebknecht se desentendió de los compromisos de su partido, lo cual merece toda mi admiración. (R. R., enero de 1915).<br />
<strong>[17]</strong>   «¡Aplastemos al infame!».<br />
<strong>[18]</strong>   <em>Le Temps</em>, 4 de septiembre de 1914.<br />
<strong>[19]</strong>   Números del 16-17 de septiembre de 1914: «La guerra y el Derecho».<br />
<strong>[20]</strong>  <em>Verso de Juvenal: Summun crede nefas animam praeferre pudori et propter vitam vivendi perdere causas, </em>«Juzga la mayor herida preferir la vida al honor y para salvar la vida, perder las razones de vivir.» <em>(N. del T.)</em>.<br />
<strong>[21]  </strong> Se refiere a David Friedrich Strauss, destinatario de las célebres cartas escritas por Ernest Renan en 1870 y 1871. <em>(N. del T.)</em>.<br />
<strong>Romain Rolland</strong><br />
<a href="http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=276"><img loading="lazy" class="alignleft" src="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_12205.jpg" alt="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_12205.jpg" width="437" height="555" /> </a><a href="http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=276">Más allá de la contienda</a><br />
Traducido por: Carlos Primo<br />
<em>Durante todo el periodo de entreguerras Romain fue la conciencia moral de Europa.</em><br />
<strong>Stefan Zweig</strong><br />
<strong>VERSIÓN PAPEL<br />
</strong><strong>  168 págs. | 15 x 19 cm | 16,50 €</strong><br />
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Gracias a: <a href="http://www.nordicalibros.com/">Nórdica libros y Capitán Swing</a><br />
Fuente: <a href="http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=276">http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=276 </a><br />
Fecha de publicación del artículo original: 01/11/2015<br />
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		<title>Las migraciones en Europa 2015</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Sep 2015 02:32:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No hay prácticamente ningún país de los que hoy pertenecen a la Unión Europea (28) que no haya sufrido o estado expuesto a conflictos que, en el pasado, generaron migraciones masivas.  Dichas migraciones casi siempre han sido provocadas por grandes acontecimientos bélicos, entre ellos los dos más desastrosos de la historia. Desde Portugal hasta los Balcanes, el movimiento de refugiados provocado por conflictos bélicos y persecuciones políticas no ha cesado en 150 años.  Alemania conoció su dosis de grandes transmigraciones después del descalabro geográfico-político provocado por dos guerras.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No hay prácticamente ningún país de los que hoy pertenecen a la Unión Europea (28) que no haya sufrido o estado expuesto a conflictos que, en el pasado, generaron migraciones masivas.  Dichas migraciones casi siempre han sido provocadas por grandes acontecimientos bélicos, entre ellos los dos más desastrosos de la historia. Desde Portugal hasta los Balcanes, el movimiento de refugiados provocado por conflictos bélicos y persecuciones políticas no ha cesado en 150 años.  Alemania conoció su dosis de grandes transmigraciones después del descalabro geográfico-político provocado por dos guerras.  Ningún pueblo europeo fue ajeno a aquello.  Del horror nazi huyeron belgas, franceses, daneses y holandeses que debían encontrar refugio de las fuerzas que atentaban contra su existencia.  Los franceses forzados a trabajar en las industrias alemanas durante la Segunda Guerra mundial fueron separados de sus familias, y algunos jamás volverían a reencontrarse con ellas.  La persecución de los judíos no era sólo una persecución de los judíos.  Allí donde el ejército alemán estuvo presente, desde Rusia hasta Francia, provocaron grandes migraciones de poblaciones que de otra manera jamás habrían dejado sus tierras ancestrales, sus lugares de trabajo, los territorios donde se había constituido su vida familiar y, en el sentido amplio, su vida como sujeto político. Los refugiados españoles en Francia después de la guerra civil, por ejemplo, llegaron a sumar 400 mil.  Con la acogida que les dieron los franceses, al final quedaron un poco más de la mitad (220.000).  Pero esa mitad equivale a la totalidad de refugiados sirios que hoy la ONU pide como cupo al conjunto de los países de la UE.<br />
Hoy, en un planeta global, poco importa si los refugiados son vietnamitas (que en su tiempo lo fueron y cruzaron océanos más anchos y peligrosos que el Mediterráneo) o nicaragüenses, kurdos o libios. Por aquel entonces no había espacio Schengen.  Todavía no había llegado el momento en que el coste de gestionar (políticamente) las migraciones de refugiados era inferior a las ganancias (económicas) que se podía obtener de una mano de obra barata (exceptuando prisioneros de guerra y trabajadores forzados).  Schengen, ahora lo vemos, es un espacio construido para la libre circulación de mercancías y de mano de obra, pero no de las libertades.  Aquello que en su momento pareció tan atractivo y loable porque consagraba una libertad de movimientos que, en realidad, había existido siempre en Europa hasta la década de los setenta, hoy muestra su verdadera cara.  Schengen se perfila cada vez más como un instrumento de las grandes empresas para tener a su abasto mano de obra barata, analfabeta en cuestiones de derechos laborales, y muda por su condición de “inmigrantes”, en el fondo, gente que no sabe lo que quiere –dicen los empresarios- y está dispuesta a trabajar años por salarios de hambre para padecerla y poder así sacar a uno más de los suyos del infierno de donde él/ella salió.<br />
Los mismos Estados cuyos ciudadanos en su tiempo padecieron los horrores de un exilio forzado, hoy esgrimen todo tipo de razones económicas para justificar el freno que han puesto a las exigencias de la Unión Europea o de Naciones Unidas, de acoger entre 180 mil y 200 mil refugiados sirios.  En el caso de España, aluden a la tasa de paro, en el caso de otros Estados, como Hungría, el razonamiento es puramente racista.  En otros, se trata de no saturar con nuevos cupos la situación de por sí tensa entre la población de los países de acogida y los refugiados/migrantes, como Alemania, Holanda o el Reino Unido.  Todos tienen sus explicaciones, y no tiene sentido hacer un inventario.  Bastaría la voz discordante de un solo país para que la noticia también se centrara en esa disidencia.  Pero la excepción no han sido los gobiernos nacionales.  Son los gobiernos regionales y los propios habitantes de grandes y pequeños municipios de toda Europa los que han desautorizado la mezquina postura oficial de sus gobiernos.  El ayuntamiento de la ciudad de Valencia ofrece por sí solo casi tantas plazas de acogida (1600) como Mariano Rajoy intenta aprobar como medida para todo el país. En toda Europa, las redes sociales se llenan de reseñas de iniciativas personales o vecinales que desmienten los argumentos estrechos de sus gobiernos.<br />
Es lo que marca la diferencia con los tiempos del pasado.  Huérfanos de sus propios gobernantes, los ciudadanos hoy en día forman redes de acogida sin atender a instrucciones desde arriba, consiguiendo a la vez que confluyan las ofertas de ciudadanos que ofrecen sus casas y sus medios para acoger a otros, que vienen huyendo del apocalipsis, caminando o navegando miles de kilómetros, y que todavía no ven el final del camino.  Se trata de coordinar las iniciativas de fórmulas no institucionales (es decir, iniciativas ciudadanas) de remedio, o al menos de alivio, y el resultado es notable por su alcance.<br />
Si los gobiernos de los estados europeos no toman conciencia de esta gran brecha que se ha abierto entre la solidaridad de sus ciudadanos y la indiferencia farisea con que ellos han encarado el actual estado de cosas al otro lado del Mediterráneo, es que ignoran del todo que el “divorcio” entre la sociedad civil y las instituciones del Estado moderno ha ido más allá de lo recuperable.  Es hora de que esos gobiernos se preparen porque la ola de repudio que los barrerá será más poderosa que las anteriores, de las cuales siempre, de una u otra manera, han salido indemne y han logrado reponerse.</p>
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		<title>A cien años de la Primera Guerra Mundial: “BAYER no reconoce su responsabilidad”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Mar 2014 23:51:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia - Técnica]]></category>
		<category><![CDATA[alemania]]></category>
		<category><![CDATA[bayer]]></category>
		<category><![CDATA[capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[ganancias]]></category>
		<category><![CDATA[industria quimica]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[primera guerra mundial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Guerra química, trabajo esclavo, producción de municiones<br />
En la Primera Guerra Mundial, la industria química alemana produjo explosivos, municiones y gas venenoso. Los altos precios garantizados por el gobierno aumentaron significativamente sus ganancias. Se distribuyeron dividendos de hasta un 25 %. BAYER construyó una fábrica en Colonia-Flittard dedicada a la producción de explosivos que resultó de 250 toneladas de TNT cada mes.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><i></i><a href="http://www.tlaxcala-int.org/biographie.asp?ref_aut=234&amp;lg_pp=es">CBG Coordination gegen BAYER-Gefahren/Coalition against BAYER-Dangers </a></p>
<p><i>El año pasado la empresa BAYER AG celebró su 150 aniversario. Sin embargo, los lados oscuros de la historia de la compañía fueron completamente ignorados: ni su relación mutuamente beneficiosa con el Tercer Reich, ni las intoxicaciones por plaguicidas o productos farmacéuticos mortales fueron mencionadas en las celebraciones. Ahora nos estamos acercando al 100º aniversario del estallido de la Primera Guerra Mundial. Una vez más BAYER está evitando cualquier discusión de sus numerosos crímenes corporativos.</i></p>
<p><i>Guerra química, trabajo esclavo, producción de municiones</i></p>
<p>En la Primera Guerra Mundial, la industria química alemana produjo explosivos, municiones y gas venenoso. Los altos precios garantizados por el gobierno aumentaron significativamente sus ganancias. Se distribuyeron dividendos de hasta un 25 %.</p>
<p>BAYER construyó una fábrica en Colonia-Flittard dedicada a la producción de explosivos que resultó de 250 toneladas de TNT cada mes. También hubo un auge en la producción de materiales de sustitución. Carl Duisberg, el Director ejecutivo de Bayer, en julio de 1915 se jactaba de su logro:”Si pudieras ver cómo van las cosas aquí en Leverkusen, cómo se ha transformado y reorganizado toda la planta, y cómo actualmente casi lo único que realizamos son los suministros de guerra…, estarías encantado.“</p>
<p>Axel Koehler-Schnura de la <i>Coordinación contra los peligros de BAYER</i>, dice: “El nombre BAYER destaca especialmente por el desarrollo y la producción de gas venenoso. Sin embargo, la empresa no ha llegado a saldar cuentas con su participación en las atrocidades de la Primera Guerra Mundial. BAYER ni siquiera se ha distanciado de los crímenes de Carl Duisberg. Las actuaciones del Consejo de Administración, por lo tanto no deben ser ratificadas.” Koehler – Schnura introdujo una moción en contra a la próxima asamblea de accionistas, que se publicó en el <a href="http://www.bayer.com/en/stockholder-counter-motions-2014.aspx">sitio web de BAYER</a>, y hablará en la reunión.</p>
<p>Ya en el otoño de 1914, en respuesta a una sugerencia del Ministerio de la Guerra, se estableció una comisión para hacer frente a la utilización de los residuos tóxicos de la industria química. La comisión fue presidida por Fritz Haber (director del Kaiser Wilhelm-Institut), Carl Duisberg de BAYER y el químico Walter Nernst. La comisión recomendó al  Comando del Ejército Supremo el uso de gas de cloro, que era una violación deliberada de la Convención de La Haya relativa a las leyes y costumbres de la guerra terrestre, en virtud de la cual se había prohibido el uso de gas venenoso para fines militares desde 1907.</p>
<p>Carl Duisberg estaba personalmente presente durante las primeras pruebas de gas venenoso y con entusiasmo elogió la nueva arma: “El enemigo ni siquiera sabrá cuando un área ha sido rociado con ella o el peligro que enfrentan ellos y se mantendrá en silencio en su lugar hasta que se producen las consecuencias.” Una escuela para la guerra química incluso fue construida en Leverkusen. El ejército alemán en última instancia utilizò gas de cloro, por primera vez en Ypres, Bélgica. Se estima que entre 2.000 y 3.000 personas murieron en este ataque, y muchas veces ese número resultaron gravemente heridas.</p>
<p>Bajo el liderazgo de Carl Duisberg BAYER continuó desarrollando armas químicas cada vez más letales, primero el fosgeno y después el gas mostaza. Duisberg reclamó con vehemencia que se utilicen. “Este fosgeno es el peor arma que conozco [&#8230;]. Recomiendo encarecidamente que no dejamos que la oportunidad de este paso la guerra sin también probar granadas de gas”. Un total estimado de 60.000 personas murieron como consecuencia de la guerra química iniciada por Alemania.</p>
<p>BAYER también explotó trabajadores forzados en la Primera Guerra Mundial. En el otoño de 1916, Carl Duisberg exigió: “Denos el acceso a la gran <i>cuenca de mano de obra</i> en Bélgica.” El gobierno deportó aproximadamente 60.000 belgas, lo que dio lugar a importantes protestas internacionales. Duisberg abogó por el racionamiento de alimentos y empleos en Bélgica para acrecentar el «deseo» de los belgas de ir a trabajar en Alemania. La deportación presagió el programa incomparablemente más amplio de trabajo forzoso en la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>La dirección de Bayer estuvo involucrada en todas las facetas de la guerra hasta 1918. Por ejemplo, Carl Duisberg promovió la guerra submarina ilimitada, el bombardeo de Inglaterra en violación del derecho internacional y la anexión de Bélgica y el norte de Francia. También exigió ”Lebensraum” – «espacio vital» – para los alemanes en Polonia y Rusia.</p>
<p>A medida que la guerra se prolongó el gobierno alemán se dio cuenta de que ya no podía vencer y que negociaciones de armisticio deberían comenzar. BAYER temía el final de sus beneficios de guerra. En febrero de 1917, junto con la cúpula militar, Carl Duisberg, por tanto, exigió la destitución del canciller Theobald von Bethmann.“Si se trataba de una elección entre Hindenburg y Bethmann, la eliminación de Bethmann estaría asegurada (…). Estamos en pie de guerra a muerte, y sería mejor si esta situación también se podría expresar al resto del mundo combinando las oficinas de mariscal de campo y de canciller (…) porque la política es ahora la guerra, y la guerra es la política”. Poco después, el canciller fue efectivamente despedido. No hubo negociaciones de armisticio.</p>
<p>Cuando terminó la guerra, Carl Duisberg estaba en la lista de las personas que los aliados querían extraditar, y tenía buenas razones para tener temor de ser juzgado como criminal de guerra. Filiales de Bayer en los EE.UU. fueron expropiadas.</p>
<p>Editado por <b> <a href="http://www.tlaxcala-int.org/biographie.asp?ref_aut=2&amp;lg_pp=es">Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي</a></b></p>
<p>Gracias a: <a href="http://tlaxcala-int.org/" target="_blank" rel="noopener">Tlaxcala</a><br />
Fuente: <a href="http://www.cbgnetwork.de/5501.html" target="_blank" rel="noopener">http://www.cbgnetwork.de/5501.html</a><br />
Fecha de publicación del artículo original: 26/03/2014<br />
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