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	<title>militancia &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Los pasos perdidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Mar 2021 11:46:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esto es un recuento. Un ramalazo de memoria que viene de vez en cuando, acercándonos a nuestro pasado, a personas que conocimos mucho o poco pero que dejaron una huella -grande o pequeña- indeleble. Pasos de nuestra vida que se perdieron para siempre. En la excelente pluma de Daniel Pizarro.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<hr />
<p align="left"><strong>Ángel</strong><br />
¿Qué habrá sido de Ángel Reyes?<br />
Hace unos veinticinco años llegaba a casa de Silvia sin pedir ninguna ayuda para bajarse del auto.<br />
Digo: abría la puerta y con las manos desplegaba la silla de ruedas en la vereda, sin salir del auto.<br />
La giraba hacia él, trancaba las ruedas con un freno y luego se empujaba con la fuerza de sus brazos —eran fuertes sus dos brazos— sobre el asiento de la silla.<br />
Cuando estaba listo, recién nos miraba.<br />
Nadie se atrevía a ofrecerle ayuda.<br />
Mi amiga Silvia lo observaba desde el umbral de su casa de fachada continua.<br />
Hola, amigo… —decía, siempre con puntos suspensivos.<br />
Ángel empujaba las ruedas al interior. Había que abrir ambas hojas de la puerta para que pasara la silla, ambas hojas de la mampara. Nadie decía nada y todos los silencios se iban sumando, se fueron sumando hasta hoy.<br />
A los diecisiete años Ángel se lanzó de cabeza al agua en la parte baja de una piscina municipal. Se lanzó como a esa edad se puede arrojar uno al agua. Y se rompió una vértebra cervical.<br />
Se había enamorado de Silvia.<br />
Era evidente, pero nadie decía nada.<br />
Pasaba por su casa varios días a la semana, hablaban de trabajo, alguna que otra vez de asuntos personales, sus parejas, sus historias.<br />
Sí, Ángel podía tener relaciones sexuales.<br />
No sé en qué recodo de sus conversaciones habían tocado el punto.<br />
El tiempo pasaba y él seguía visitándola, hasta que un día anunció que se iba por trabajo a la Isla de Pascua.<br />
Partía solo, a vivir solo. El auto acondicionado para él viajaría en un barco. Semanas después volverían a encontrarse en la isla. Entretanto, no sé cómo podría desplazarse. Otro pliegue de silencio que tampoco se abrió.<br />
Nunca más tuve noticias de Ángel Reyes.<br />
¿Qué habrá sido de él?</p>
<p align="left"><strong>Eduardo</strong><br />
Se llamaba Eduardo Paz.<br />
Podría decir “se llama”, pero tampoco sé de él hace más de veinticinco años.<br />
¿Qué habrá sido de Eduardo?<br />
Estaba emparejado con mi amiga Silvia en el tiempo en que Ángel Reyes la visitaba todas las semanas.<br />
Diría que Ángel comenzó a aparecerse más seguido cuando Eduardo comenzó a desaparecer como una figura que se esfuma y otra distinta toma poco a poco su lugar.<br />
Estuvo en el seminario hasta los veintiocho años.<br />
Hasta que conoció a una mujer.<br />
Se acostaron una vez y ella quedó embarazada.<br />
Eso le dijo Eduardo a mi amiga Silvia, antes de ir esfumándose.<br />
Su vida era un enredo entre la niña, esa mujer que le exigía más que paternidad y mi amiga Silvia, que siempre lo esperaba.<br />
Mi amiga Silvia se estaba convirtiendo en Penélope.<br />
A Eduardo le diagnosticaron un cáncer de tiroides. Pero el tumor estaba encapsulado. Eso decía Eduardo que decían los médicos. Y entonces comenzó a esfumarse.<br />
Pues entre la niña, la otra mujer y el cáncer ya no podía estar con Silvia, que seguía esperándolo.<br />
Sus visitas se hicieron cada vez más cortas y las esperas más largas.<br />
El tumor seguía encapsulado.<br />
Hasta que dejó de verse por la casa de mi amiga. O ella le pidió que no volviera nunca más.<br />
Tiempo después supimos que el tumor era un invento y que estaba con la otra mujer y con su hija.<br />
Y nunca más supe de Eduardo Paz, que un día me regaló una edición ilustrada del Quijote, año 1904, con hojas de borde dorado. Había pertenecido a un sacerdote. La edición más bonita que conozco.</p>
<p align="left"><strong>JP</strong><br />
Tal vez su nombre era Juan Pablo.<br />
O tal vez se llamaba Juan Pérez.<br />
En esos años de proscrita militancia juvenil —los ochenta— usábamos “chapas”, nombres ficticios. Pero todos conocíamos los nombres de todos.<br />
Sin embargo, nunca supe el de JP.<br />
Tenía un aire a John Lennon. Anteojos redondos, labios finos y una boca chupada, como sin dientes.<br />
Un amigo de entonces me dijo que está muerto.<br />
Que se perdió en las drogas.<br />
Cuesta creerlo, y no porque sea imposible morir joven por causa de las drogas, sino porque su muerte, para mí, es posterior a su disolución.<br />
Las nubes no mueren, se disipan.<br />
Lo recuerdo siempre en grupos, no puedo recordarlo a solas conmigo.<br />
Tenía una curiosa forma de participar en reuniones y asambleas.<br />
Con una sacudida de cabeza manifestaba su compromiso con cada uno de los acuerdos. Pero su protagonismo nunca pasaba del segundo plano.<br />
En la calle era otro.<br />
Antes que nada, lo recuerdo en una protesta estudiantil:<br />
<em>Compañero Salvador Allende…</em><br />
<em>¡Presente!</em><br />
<em>Compañero Salvador Allende…</em><br />
<em>¡Presente!</em><br />
<em>¿Quién lo mató?</em><br />
<em>¡El fascismo!</em><br />
<em>¿Quién lo vengará?</em><br />
<em>¡El pueblo!</em><br />
A medida que gritaba, con las manos alrededor de la boca para proyectar la voz, su cuerpo iba inclinándose hacia atrás. Parecía a punto de caer de espaldas, pero la flexibilidad de sus rodillas lo sostenía en un milagroso equilibrio donde se iba concentrando la emoción que hacía expulsar su voz, y sobre todo el anhelo de ver cumplidas las palabras de esa consigna, hasta que al final soltaba una pregunta agónica y con ella el último aliento por la causa:<br />
<em>¡¿Y cómo rechuchaconchadesumadre, compañeros?!</em><br />
<em>¡Luchando, creando, poder popular!</em><br />
Entonces quedaba tendido en la calle, exhausto, brazos y piernas abiertos. Sus gafas reflejaban el cielo.<br />
No por mucho tiempo, pues en el horizonte se veía el muro verde de la represión avanzando como una ola rabiosa hacia nosotros.<br />
Es mi recuerdo más nítido de JP.<br />
Tirado en la calle como si jamás hubiera muerto.</p>
<p align="left"><strong>Nelson</strong><br />
¿Qué sería de Nelson si no hubiera muerto de sida?<br />
Vino de una ciudad o pueblo interior del Norte Chico. Combarbalá, Salamanca, Ovalle, Canela. Tenía veintiséis años.<br />
La primera vez que anduvo en Metro se sentó a esperar en el borde del andén con las piernas colgando hacia las líneas.<br />
Un guardia lo tiró de los pelos hacia atrás.<br />
A su novio holandés lo conocíamos por fotos. Ya iban a reencontrarse, decía Nelson. Algún día sin fecha.<br />
Oíamos sus poemas en esas veladas donde un amigo muy querido. Su concentrado rostro diaguita, su barba de chivo, sus ojos redondos, la ropa demasiado formal para su edad.<br />
Textos ásperos, herederos de Vallejo y la Mistral. Desarraigo y añoranza, muchas piedras sobre montes secos.<br />
¿Qué habrá sido de sus poemas?<br />
Vivía en un piso alto con dos amigas y un amigo.<br />
Un piso donde todo funcionaba a medias. Uno se preguntaba cuánto más podrían convivir con cortes de agua, con filtraciones de agua, con manchas de humedad en los muros y el cielorraso.<br />
Yo salía con una de sus amigas, profesora de religión.<br />
¿Qué habrá sido de ella?<br />
Nelson me regaló los Evangelios con una dedicatoria humorística, no tanto para acercarme a Cristo como para mantenerme junto a esa amiga que iba a cuidarlo hasta el final.<br />
Yo me fui antes.<br />
De lejos me alcanzó su muerte en un hospital. Neumonía.<br />
Año 1997.<br />
La madre de Nelson vino a enterarse de todo al revés, como una película vista en retroceso:<br />
Muerte, enfermedad, amistades, novio holandés, sus poemas; hasta volver al valle entre montes secos donde seguiría habitando con el recuerdo de su hijo.</p>
<p align="left">*Fuente: <em><strong><a href="https://madmimi.com/p/1843121?pact=35000140-162379836-3859050425-cd1329ffe41a12a822a9cefb8d86005e3ad6a799">Politika</a></strong></em></p>
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