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	<title>los cambios necesarios &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Reflexiones en vísperas del acto electoral</title>
		<link>https://piensachile.com/2024/10/25/reflexiones-en-visperas-del-acto-electoral/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Oct 2024 21:50:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[desprestigio de la politica]]></category>
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		<category><![CDATA[politica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Los estudios políticos han documentado ampliamente el impacto de los escándalos políticos en la conducta electoral. Un escándalo que involucra a un alto funcionario, como es el caso de Manuel Monsalve, tiende a generar un efecto perturbador en las dinámicas electorales, incluso si el político directamente involucrado no está en competencia en esas elecciones”</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>25 de octubre de 2924</p>
<p>Los días 26 y 27 de este mes, volveremos a enfrentarnos a un nuevo comicio electoral. Esta vez, para elegir concejales, alcaldes, gobernadores y  consejeros regionales o COREs. A esa convocatoria deberá concurrir obligatoriamente la ciudadanía de este país. Así ha de suceder, porque su majestad —la ley— de ese modo lo estatuye. Y asistiremos, no porque debamos cumplir con algún ‘deber ciudadano’ sino porque somos súbditos de un estado que nos compele a hacerlo. Aunque no sea el mejor momento. Porque el ambiente político no se muestra propicio para esos asuntos, tanto para el gobierno como para la oposición. Y es que, pocas veces en la historia de esta república sudamericana, la corrupción había alcanzado niveles tan espectaculares como los que hoy exhibe y que no parece querer abandonar.</p>
<p><strong>EL DESPRESTIGIO DE LAS INSTITUCIONES</strong></p>
<p>Al proverbial descrédito del Parlamento, cuyo índice de aprobación, de 3,1%, permanece desde principios de año casi sin alteraciones<a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>, se suma ahora lo recientemente ocurrido con el llamado ‘Poder’ Judicial. Y es que, sin perjuicio de las escandalosas revelaciones contenidas en los registros telefónicos del abogado Luis Hermosilla, el Parlamento chileno —que no se caracteriza, precisamente, por hacerle empeño en cumplir, siquiera, sus funciones legislativas, sino, por el contrario, se hunde en un mar de descalificaciones y recriminaciones recíprocas, acusaciones constitucionales, censuras y disputas por acceder a mayores cuotas de poder— ha insistido en desempeñar un rol protagónico en el enjuiciamiento de tres magistrados. Como era de esperarse, no lo ha hecho de la mejor manera. Entusiasmados con el provecho político que podían sacar del caso, enjuiciaron en un mismo proceso a dos magistrados por situaciones que son por entero diferentes. No debe sorprender que esa desatinada decisión posibilite, más adelante, el ejercicio de una acción ante tribunales internacionales con el consiguiente descrédito del país.</p>
<p>Podría suponerse que hasta ahí llegaría la torpeza de esas autoridades; pero, no. A tal explosión de alocados desaciertos se ha agregado otro, recientemente ocurrido, protagonizado por el ‘Poder’ Ejecutivo, ante la denuncia de violación interpuesta en contra del subsecretario del Interior, señor Manuel Monsalve, por una de las funcionarias de ese servicio. Por si todo ello fuera poco, nos encontramos con la torpe y poco profesional actitud del presidente que, descalificando la acción de su secretaria de prensa, enfrenta a los medios de comunicación, hambrientos de noticias, con revelaciones que la más elemental prudencia aconseja jamás entregar. Porque, como lo señala con acierto un analista, estos escándalos tienden a alterar el panorama electoral.</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Los estudios políticos han documentado ampliamente el impacto de los escándalos políticos en la conducta electoral. Un escándalo que involucra a un alto funcionario, como es el caso de Manuel Monsalve, <strong>tiende a generar un efecto perturbador en las dinámicas electorales</strong>, incluso si el político directamente involucrado no está en competencia en esas elecciones”<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.</p>
<p><strong>EL IMPERIOSO CAMINO DEL VOTAR</strong></p>
<p>Indiferente a todo ese ajetreo, los días en que hemos de pronunciarnos por aceptar, en el carácter de ‘autoridades’, a personas que no elegimos en calidad de candidatos —sino, en reemplazo nuestro lo hicieron las organizaciones políticas—, siguen corriendo. Porque ese proceso no puede detenerse. Hay que ir a votar. Y elegir al candidato; y elegirlo bien. Porque debemos participar activamente de esa comedia eleccionaria. Votaremos, y diremos que lo hemos hecho ‘informados’, aunque no tengamos idea quiénes son y qué representan esos sujetos. No importa que haya casi dieciocho mil candidatos; tampoco si a ellos poco o nada les interesa ‘la cosa pública’. Del mismo modo, poco importa que sean solamente ‘clientela electoral’, deseosa de apoderarse de un cargo estatal que le permita jubilar de mejor manera. La sociedad ha de reproducirse como es porque tal es la forma que tiene para perseverar, para seguir siendo lo que es, de acuerdo a ese viejo adagio según el cual “esse persistere, in esse est” o, lo que es igual, ‘quien persevera en lo que es, continúa siéndolo’. La sociedad deberá hacerlo reproduciéndose sobre sí misma, una vez más, como lo ha hecho desde los albores de la República y como ha de seguir haciéndolo mientras la comunidad nacional no manifieste, de manera explícita, voluntad política de realizar los cambios que sus estructuras mismas le exigen.</p>
<p>De manera que, en un tiempo más, acallado el eco de la propaganda electoral, cumplido el sueño de quienes van a ser elegidos y satisfechas las ‘élites politicas’ de su labor realizada, volverán a hacer su aparición los Hermosilla, los fiscales ‘truchos’, los jueces que buscan ascender a ministros de Corte, los alcaldes que malversan los fondos de las Municipalidades, con otros trajes, con otros nombres, con otras propuestas, como antaño lo hicieron quienes antes precedieron a los que hoy se desplazan por la arena social y se presentan como candidatos. Porque las sociedades, cuando son incapaces de realizar las transformaciones que sus estructuras les están urgiendo, se repiten sobre sí mismas. Y no es que la historia se repita —pues la historia jamás se repite—, sino lo hacen los procesos. Con otros actores, bajo otras circunstancias, atendiendo a otros respectos. Como nos lo enseñara Jorge Agustin Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, en expresiones más o menos similares, que repitieran en su tiempo Thomas Jefferson, Adolphe Thiers y otros: las sociedades que no aprenden de sus errores, están condenadas irremediablemente a repetirlos.</p>
<p><strong>UNA SOCIEDAD QUE ESPERA CAMBIOS</strong></p>
<p>No deja de ser paradojal que todo ello ocurra en una sociedad que, urgentemente, ha reclamado por cambios sustanciales. Estos clamores no provienen solamente de un sector sino de toda la sociedad.</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>“</strong><strong>[…]</strong><strong> hay un diagnóstico compartido en todo el espectro político sobre la urgencia de materializar cambios que garanticen gobernabilidad. Sin embargo, la ventana entre los periodos electorales 2024 y 2025 es acotada”<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.  </strong></p>
<p>Hace poco, decía un historiador —que no oculta sus vínculos con la representación política del empresariado—:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Una de las complejidades frente a esta realidad es que resulta muy difícil hacer cambios relevantes con los mismos actores. Además, existen demasiados intereses comprometidos y una notoria comodidad en los cargos, privilegios y costumbres. Todo ello hace más difícil, pero no imposible, dar vuelta el partido y superar esta hora de confusiones”<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</p>
<p>Y, sin embargo, la sociedad sigue repitiéndose sobre sí misma. Y los electores colaboran eficazmente a que esa repetición se realice. No solamente los nombres se repiten en las candidaturas, sino aparecen los lazos familiares, de amistad, de dependencia laboral, de militancia partidaria. Hay una porfía tenaz (valga el pleonasmo) por seguir igual, por perseverar en lo que se es, como ya lo hemos señalado.</p>
<p><strong>DESPUÉS DE LAS ELECCIONES ¿QUÉ?</strong></p>
<p>La sociedad, a menudo, se me imagina como un inmenso tablero  (de ajedrez, de damas, de ludo, de metrópoli, de lotería, de cualquier cosa) sobre el cual juegan los ciudadanos. Sobre ese tablero se edifican y deciden las vidas y esperanzas de los seres humanos. Aunque parezca increíble. Y seguirán haciéndolo <em>per secula seculorum</em> o, si se quiere, <em>uscum ad infinitum</em>. Entonces, bien vale la pena preguntarse si acaso es posible iniciar otro juego; o, de otro modo, si acaso vamos a seguir eternamente en ese <em>continuum</em> que, de todas maneras —y para seguir perseverando en lo que es—, vestirá todo tipo de disfraces. De la respuesta que reciba esa pregunta dependerá el futuro de esta sociedad que, hasta hoy, continúa fiel a ese paradigma que se hizo dominante al momento de erigirse el sistema capitalista como sistema mundial.</p>
<p>En consecuencia, es la voluntad del conjunto social la que ha de posibilitar la emergencia de los cambios. La voluntad política de iniciar otro camino. Pero, para conseguir aquello se requiere de ayuda. Principalmente, de apoyo teórico. A colaborar en ese empeño está la obra de muchos pensadores. Algunos son actuales; otros nos precedieron, y sus enseñanzas y proposiciones pueden sernos de enorme utilidad. Porque los paradigmas constituyen verdaderas cadenas cuyos eslabones debemos romper para emprender la marcha al encuentro de aquel que viene a reemplazarlo. Una marcha que no va de la mano con las elecciones ni de la farándula que nos brindan los que sí participan en el juego cuyas piezas se encuentran hoy estratégicamente distribuidas sobre el tablero social.</p>
<p>Santiago, 23 de octubre de 2024</p>
<h3>Notas:</h3>
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a>Redacción: “Cadem: 83% está de acuerdo con reducir la cantidad de parlamentarios”, ‘Ex-Ante’, 31 de marzo 2024.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Moreno, Marco: “A días de votar: cómo los escándalos de último minuto podrían dar un giro inesperado en las elecciones”, Radio Biobío, 22 de octubre de 2024.</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Castillo, Francisca: “La piedra de tope para los cambios”, ‘El Mostrador’, 16 de octubre de 2024. La negrita es del original.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> San Francisco, Alejandro: “La descomposición institucional de Chile”, ‘El Líbero’, 20 de octubre 2024.</p>
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		<title>La revancha de los ignorados: actores sociales que dan fuerza al 18/O y sin los cuales la salida a esta crisis no es posible</title>
		<link>https://piensachile.com/2019/11/12/la-revancha-de-los-ignorados-actores-sociales-que-dan-fuerza-al-18-o-y-sin-los-cuales-la-salida-a-esta-crisis-no-es-posible/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Nov 2019 23:00:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[busqueda de democracia]]></category>
		<category><![CDATA[estudiantes]]></category>
		<category><![CDATA[feministas]]></category>
		<category><![CDATA[los cambios necesarios]]></category>
		<category><![CDATA[los ignorados]]></category>
		<category><![CDATA[pobladores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Presidente dijo que detrás del 18/O había gobiernos extranjeros. El autor discrepa: <b>los que le han dado fuerza a este inédito estallido son actores invisibilizados por los medios y las elites, como estudiantes secundarios, colectivos feministas y la Federación Nacional de Pobladores, entre otros</b>. Llevan tiempo expresando demandas que ponen al capitalismo como objeto de crítica y acumulando frustración, pues ganan en la calle pero pierden ante el Tribunal Constitucional. El autor reconstruye aquí parte de su historia. Advierte que <b>llevar adelante el proceso constitucional sin ellos es, otra vez, sembrar vientos.</b></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/11/12/la-revancha-de-los-ignorados-actores-sociales-que-dan-fuerza-al-18-o-y-sin-los-cuales-la-salida-a-esta-crisis-no-es-posible/">La revancha de los ignorados: actores sociales que dan fuerza al 18/O y sin los cuales la salida a esta crisis no es posible</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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<p class="common-box__date">12.11.2019</p>
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<div class="gridle-gr-9 gridle-gr-12@tablet single__content"><a href="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2019/11/Los-olvidados.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-54045 aligncenter" src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2019/11/Los-olvidados-300x200.jpg" alt="" width="699" height="467" /></a></div>
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<div class="single__excerpt">
<p>El Presidente dijo que detrás del 18/O había gobiernos extranjeros. El autor discrepa: los que le han dado fuerza a este inédito estallido son actores invisibilizados por los medios y las elites, como estudiantes secundarios, colectivos feministas y la Federación Nacional de Pobladores, entre otros. Llevan tiempo expresando demandas que ponen al capitalismo como objeto de crítica y acumulando frustración, pues ganan en la calle pero pierden ante el Tribunal Constitucional. El autor reconstruye aquí parte de su historia. Advierte que llevar adelante el proceso constitucional sin ellos es, otra vez, sembrar vientos.</p>
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<p>¿Cómo un malestar acumulado por décadas estalló? ¿Por qué ahora? Y, más importante, ¿por cuánto tiempo mantendrá la solidez que ha mostrado? Las preguntas por el origen y significado del conflicto actual no pueden dejar de lado experiencias de movilizaciones recientes que estudiantes, movimientos feministas, de trabajadores, de pobladores, socioambientales y mapuche, entre otros, han venido desarrollando durante los últimos 15 años en Chile. Aunque no todos han implicado estallidos sociales, sí nos han enfrentado a momentos de ruptura con el consenso neoliberal, forzándonos a replantear cómo se piensa y se practica la política más allá de los límites que impone la institucionalidad política chilena. Prestar atención a lo que han hecho estos movimientos es particularmente relevante en el contexto actual, donde se discuten las formas que pueda tomar un proceso constituyente que permita otorgar legitimidad a los cambios estructurales que se demandan.</p>
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<h2 id="h2_0">DE LOS PINGÜINOS AL ICEBERG</h2>
<p>Una de las características distintivas del nuevo ciclo de movilizaciones que desde el año 2006 se ha venido desarrollando en Chile es que <strong>expresan un proceso de crítica a la sociedad chilena en su conjunto; una crítica social que escala desde sentimientos individuales de indignación en torno a un problema específico, hacia una crítica sistémica de un orden socioeconómico y político al que se identifica como la causa última de dicho problema.</strong></p>
<p>No todas las movilizaciones tienen este carácter estructural, pero el rasgo distintivo del nuevo ciclo, comparado con las movilizaciones de los años 90, es que han sido capaces de socializar un diagnóstico crítico al modelo que antes estaba restringido a sectores de la academia y a fracciones minúsculas de partidos políticos. Aquí solo algunos ejemplos:</p>
<p>Verano del 2005. Después de una reunión con el gabinete del secretario regional ministerial del Mineduc, Alejandro Traverso, la Asociación de Estudiantes Secundarios (ACES) elaboró un documento de trabajo en el que se sostiene: “Es evidente que en un tema tan importante como la educación, el estudiantado no tiene la facultad de tomar grandes decisiones por si solo. Igual de obvio es que tampoco debiese hacerlo una cúpula, sino que se requiere abrir espacios para una toma de decisiones que recojan la visión y posición de todos los actores involucrados. <strong>Por ello, proponemos la realización de una Asamblea Constituyente, con el objetivo específico de reestructurar la LOCE</strong>” (Documento de trabajo, ACES, 2005).</p>
<div class="single__quote">
<blockquote><p><strong>“Es debido a la diversidad de formas de acción política y repertorios de acción que llevan a cabo los colectivos y organizaciones que componen estos movimientos que la política formal ni los medios son capaces de ‘ver’ a estos actores”.</strong></p></blockquote>
</div>
<p>El movimiento estudiantil secundario del 2006 comenzó con una demanda por gratuidad en la obtención del pase escolar, rendición de PSU, mejoras en la calidad de las raciones de alimento de la JUNJI, y terminó exigiendo una asamblea constituyente y la nacionalización del cobre. ¿Por qué? Los estudiantes planteaban que para hacer un cambio sustantivo en el modelo educacional requerían modificar la LOCE y el ordenamiento institucional que la sostenía. El movimiento del 2011 actualizó dichas demandas. En un contexto de alto endeudamiento de estudiantes que habían contraído el Crédito con Aval del Estado, los estudiantes exigieron el fin del lucro en las universidades, la gratuidad y lograron poner en circulación la idea de la educación como un derecho social.</p>
<p>Otro ejemplo: desde que la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO) se formara el año 2010, pobladoras y pobladores se han vuelto a constituir como un actor político relevante. El movimiento de pobladores se ha opuesto a políticas de vivienda segregadoras que los expulsan hacia los márgenes de la ciudad, excluyéndolos de servicios básicos<strong>. En este contexto han insistido en que su lucha es “más grande que una casa”, aclarando que no es un mejor acceso a viviendas lo que los moviliza, sino el derecho a construir una ciudad donde puedan vivir con dignidad</strong>.</p>
<p>Los movimientos socioambientales han puesto en evidencia la conexión entre fenómenos tales como la contaminación, la sequía y la escasez de recursos hídricos, y un modelo de desarrollo extractivista. Al denunciar prácticas sexistas y de violencia sexual, feminicidios y abuso doméstico, y al abordar cuestiones como el trabajo reproductivo y los derechos sexuales, movimientos feministas han cuestionado radicalmente el capitalismo y el patriarcado, señalando su alianza como el fundamento de muchas otras expresiones de violencia contra mujeres en la vida social, incluidos los mismos movimientos sociales. <strong>Finalmente, las luchas del pueblo mapuche para defender sus tierras, cultura y tradición son tan antiguas como la imposición de poderes coloniales. Pero desde 1997 han venido desarrollando una táctica más radical en su lucha contra el Estado chileno y las industrias extractivas.</strong></p>
<div class="single__quote">
<blockquote><p><strong>“El estallido social no es la expresión de un estado de anomia; más bien es todo lo contrario; la calle hoy es el espacio en que los individuos pueden construir una normatividad que los vincule nuevamente a una sociedad que los tenía reducidos a su rincón individual.</strong></p></blockquote>
</div>
<p>En definitiva, las movilizaciones por la defensa del agua y los territorios, las luchas por el derecho a la vivienda y la ciudad, así como los movimientos feministas, entre otros, <strong>han vuelto a poner al centro al capitalismo como objeto de crítica</strong>, mostrando las conexiones entre estructuras de dominación y la lógica de procesos socioeconómicos globales que son traducidas por las elites políticas y económicas nacionales. Se trata de una crítica al sistema mediada por problemas concretos. En eso radica su particularidad: los movimientos no sólo evidencian una crisis del sistema socio-económico en su conjunto, sino que intentan mapear una intrincada lógica que va desde el cultivo de paltas al extractivismo, de la casa a la ciudad, del pase escolar a una nueva forma de concebir la educación, de los 30 pesos a los 30 años, restituyendo a problemas aparentemente privados, sufridos individualmente, su carácter colectivo y/o público.</p>
<p>La referencia a la totalidad, que en las recientes movilizaciones ha sido simbolizada con la imagen de un iceberg con distintas capas representando las distintas causas del estallido, posee un valor analítico y estratégico, ya que permite pasar de una idea de justicia basada en el logro individual y en la competencia con el otro, a una idea de justicia social.</p>
<p>Al demostrar que todos somos afectados desde distintos planos (educación privada, crisis jubilatoria, trabajo precarizado) por el mismo sistema, al acceder a la visión del iceberg en su totalidad, los individuos ya no comparan su situación de vida con aquellos en su mismo estrato socioeconómico sino que con aquellos que en la cotidianidad solo aparecen como fuerzas despersonalizadas: el 1%. <strong>Al compararse con el 1%, el 99% encuentra un momento de solidaridad, cancelando momentáneamente las diferencias de un principio de justicia basada en los logros individuales y en la competencia.</strong></p>
<div class="single__quote">
<blockquote><p><strong>“La asamblea constituyente puede ser el punto de partida de un proceso que viene desarrollándose hace 15 años, que implique el ejercicio de ‘otra’ política, basada en una idea donde la sociedad es un bien y un espacio común, y no un club al que para ingresar se debe pagar membresía”.</strong></p></blockquote>
</div>
<p><strong>Esto no quiere decir que todas estas movilizaciones tengan una ideología claramente elaborada que vincule sus estructuras. Pero sus demandas comparten una lógica antineoliberal </strong>en tanto denuncian la intervención activa del Estado en la creación de mercados allí donde debiera haber derechos sociales (salud, educación, vivienda) y se oponen a los efectos de lógicas privatizadoras. Pero lo más importante es que esta referencia a la totalidad implica no sólo denuncia sino también formas alternativas de construir lazos sociales y hacer política. Otra política.</p>
</div>
</div>
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<div class="gridle-gr-9 gridle-gr-12@tablet single__content gridle-suffix-3 gridle-suffix-0@tablet">
<h2 id="h2_1">¿HACIA UNA CIUDADANÍA POPULAR?</h2>
<p>Los movimientos sociales han visto durante los últimos años cómo la radicalidad de sus demandas ha sido desactivada al ser procesada por los sistemas político y jurídico.  En consecuencia, han aprendido a desconfiar de la política tradicional y de lógicas peticionistas hacia el Estado.</p>
<p><strong> </strong><strong>El año pasado el tribunal constitucional dejó sin efecto el artículo 63 de la reforma a la educación superior, cuyo fin era impedir que controladores con fines de lucro mantuvieran bajo su mando instituciones de educación superior. Buena parte de los más de siete meses de movilización del 2011 terminaron con dicho fallo.</strong></p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-113691" src="https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872.jpg" sizes="(max-width: 763px) 100vw, 763px" srcset="https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872.jpg 900w, https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872-160x90.jpg 160w, https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872-350x197.jpg 350w, https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872-768x432.jpg 768w, https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872-558x314.jpg 558w, https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcha-foto-anef-e1572886949872-279x157.jpg 279w" alt="" width="701" height="394" /></p>
<p>Es por esta razón que los movimientos sociales han desarrollado su propia política. Un tipo de movilización que combina reivindicaciones clásicas de las movilizaciones populares –reivindicaciones socioeconómicas– con formas políticas que incluyen como estrategia tanto la disputa por el poder político institucional en sus distintos niveles (alcaldías, gobierno regional, parlamento), como prácticas de autogestión, búsqueda de autonomía y un vocabulario alejado del repertorio semántico de los partidos políticos tradicionales: dignidad, vida, territorios.</p>
<p>La diferencia entre los partidos políticos tradicionales y los movimientos sociales es que estos últimos son esfuerzos de autoorganización popular cuya finalidad principal no es la representación de intereses ante el Estado ni facilitar la participación de una población determinada en las instituciones del poder político formal. Las movilizaciones recientes pueden ser vistas como esfuerzos colectivos de organización que logra coordinar distintas demandas, pensamientos y sentires respecto a un problema determinado que se identifica como la fuente de sufrimiento y un obstáculo para una vida digna. Aun cuando en dicho esfuerzo de autoorganización la mayoría de estos movimientos intentan alejarse de lógicas verticalistas y formas de conducción rígidas, la variedad de colectivos y organizaciones que los componen hace que no pocas veces haya pugnas entre distintas formas de concebir el proceso de autoorganización y sus fines.</p>
<p><strong>Uno de los aspectos relevantes de la política de los movimientos sociales es que ésta no es un estado superior de “lo social” sino una forma concreta de resistir organizadamente los efectos exclusionarios de la política tradicional.</strong></p>
<p><strong> </strong>A la exclusión educativa oponen instancias de autoeducación, tales como bibliotecas, preuniversitarios populares y escuelas comunitarias; a la exclusión cultural oponen talleres de cine, serigrafía, carnavales; a la violencia machista oponen colectivos y círculos de mujeres. Lo que demuestran colectivos, organizaciones de base y movimientos sociales es que la forma de recomponer el tejido social roto por los efectos de la dictadura no era el fomento de prácticas participativas inducidas desde el Estado, sino el desarrollo de organización y capacidad crítica de aquellos directamente afectados por las políticas sociales deficitarias en materia de vivienda, educación, previsión, salud, etc.</p>
<div class="single__quote">
<blockquote><p><strong>“Los movimientos no sólo evidencian una crisis del sistema socio-económico en su conjunto, sino que intentan mapear una intrincada lógica que va de la palta al extractivismo, de la casa a la ciudad, del pase escolar a una nueva forma de concebir la educación, de los 30 pesos a los 30 años, restituyendo a problemas aparentemente privados, sufridos individualmente, su carácter colectivo y/o público”.</strong></p></blockquote>
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<p>Lo que muestra el desarrollo de colectivos y organizaciones que movilizan un discurso antineoliberal en torno a una problemática determinada, es el desarrollo de una ciudadanía que se forma en oposición al tipo de ciudadanía democrática basada en proyectos, focalizada, con escaso presupuesto, y funcional a un modelo socioeconómico cuyo crecimiento económico depende de la desigualdad social que produce; una ciudadanía que un estudiante secundario llamó “ciudadanía popular”.</p>
<p>Es debido a la diversidad de formas de acción política y repertorios de acción que llevan a cabo los colectivos y organizaciones que componen estos movimientos que la política formal ni los medios son capaces de “ver” a estos actores. Para la política formal los sectores populares aparecen como beneficiarios de políticas o como clientes de partidos; para los medios masivos, estas organizaciones aparecen solo cuando alcanzan sitios visibles de la ciudad, usualmente a través de acciones que buscan explícitamente llamar la atención de la “opinión pública”. Pensemos en las propias evasiones de los secundarios, las manifestaciones de ANDHA Chile en La Moneda, los cortes de calle en Las Rejas de UKAMAU, las protestas de mujeres en plazas y parques industriales en Quintero y Puchuncaví. Es más difícil en cambio que la elite política y los medios de comunicación masivos sean capaces de ver y mostrar instancias tales como el proyecto Maestranza de UKAMAU y El Sauzal del MPL (Movimiento de pobladores en lucha), en los que pobladoras y pobladores han recuperado terrenos fiscales para la construcción de viviendas sociales.</p>
<p><strong>La pregunta, entonces, no es cómo estos grupos aparecen sino a través de qué mecanismos son invisibilizados.</strong></p>
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<h2 id="h2_2">¿UNA SOCIEDAD DE INDIVIDUOS?</h2>
<p><strong>Al analizar los discursos y prácticas de algunos de estos movimientos durante los últimos 15 años es posible constatar que su unidad básica de organización no es ni la familia ni los individuos sino la comunidad.</strong> No se trata de la idea de comunidad cristiana, ni de sectas, sino de grupos que se definen a sí mismos como tal en relación a una lucha determinada; por el derecho a la educación, al agua, al aborto libre, al trabajo, a la vivienda, a un sistema de pensiones digno, etc. Comunidad y lucha son aspectos claves para entender una posible “salida” al conflicto actual.</p>
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<blockquote><p><strong>“Prestar atención a lo que han hecho estos movimientos es particularmente relevante en el contexto actual, donde se discuten las formas que pueda tomar un proceso constituyente que permita otorgar legitimidad a los cambios estructurales que se demandan”.</strong></p></blockquote>
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<p>Otra cosa que han hecho estos movimientos sociales es poner en circulación palabras, ideas y símbolos que logran interpretar a individuos que se sienten identificados y solidarizan con las causas allí presentadas. Construyen una capacidad crítica y organizativa que es susceptible de ser movilizada en contextos de crisis. <strong>Es así como el movimiento estudiantil secundario en 2006, y universitario en 2011, pasó de ser un movimiento estudiantil a un movimiento social por la educación; el movimiento de allegados, damnificados por el terremoto del 2010 y deudores habitacionales pasó de ser un movimiento por la vivienda a un movimiento social por el derecho a la vivienda y a la ciudad; movimientos territoriales que buscaban impedir el robo de recursos naturales se transformaron en movimientos por la defensa del agua y los territorios; y movimientos de mujeres al interior de universidades se transformaron en movimientos feministas en espacios que desbordaron con creces el espacio universitario, entre muchos otros</strong>.</p>
<p>Ahora, si bien la capacidad de autoorganización entre trabajadores, grupos de mujeres, vecinas y vecinos, estudiantes, profesores, etc. ha venido en incremento durante los últimos 15 años, sería un error pensar que se trata de una condición generalizada que apela a la mayoría de la población, como lo han sostenido los propios movimientos sociales. <strong>Esto no significa, sin embargo, como han sugerido algunos analistas, que el estallido social sea la expresión de un estado de anomia; más bien es todo lo contrario; la calle y los espacios deliberativos asociadas a ella son hoy en día el espacio en que los individuos pueden construir una normatividad que los vincule nuevamente a una sociedad que los tenía reducidos a su rincón individual.</strong></p>
<p>Pero, ¿qué pasa con aquellos que no marchan, con los que no luchan, con algunos llaman la mayoría silenciosa? Una parte de ellos se opone explícitamente a la lucha por derechos sociales y vida digna de los movimientos sociales. Otra parte considera a la violencia como una forma legítima de lucha. Otra parte está recién descubriendo que no estaban solos en su malestar. <strong> Hay que decir, sin embargo, que buena parte de ese grupo, de los “no convencidos” es también caldo de cultivo para el desarrollo de populismos, sobre todo en la medida en que se desancla la crítica a la elite política de la crítica sistémica.</strong></p>
<p>El tipo de orientación que predomine dependerá en buena medida de la capacidad que tengan estos movimientos de acompañar la actual revuelta con la socialización de un discurso que no abandone el carácter sistémico de la crítica.</p>
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<blockquote><p><strong>“Uno de los aspectos relevantes de la política de los movimientos sociales es que ésta no es un estado superior de ‘lo social’, sino una forma concreta de resistir organizadamente los efectos exclusionarios de la política tradicional (…). La pregunta, entonces, no es cómo estos grupos aparecen, sino a través de qué mecanismos son invisibilizados”.</strong></p></blockquote>
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<p>En una columna reciente, el <a href="https://ciperchile.cl/2019/11/07/plebiscito-cabildos-o-asamblea-buscando-tierra-fertil-para-la-primavera-chilena/" target="_blank" rel="noopener">profesor Altman</a> ha sugerido, a propósito del debate en torno al proceso constituyente, que una “salida” racional al conflicto que el estallido social implica es la realización de una asamblea ciudadana en la que distintos miembros de la sociedad civil, elegidos aleatoriamente con cuotas por etnia y género, participen directamente en la elaboración de una nueva constitución. El profesor Altman desestima los cabildos autoconvocados y las asambleas territoriales como un mecanismo de cambio por considerarlos inefectivos y meramente testimoniales. Esta propuesta de democracia directa posee dos problemas.</p>
<p>En primer lugar, presupone una noción de ciudadanía que es precisamente a lo que las recientes movilizaciones se oponen: una ciudadanía y una democracia de individuos; como si esos individuos tuvieran en el actual contexto intereses abstractos, independientes de la sociedad de la que son parte.</p>
<p>En segundo lugar, abstrae lo único que hace posible hablar hoy en día de un cambio a la constitución: la impugnación radical al modelo de ciudadanía liberal a través de una lucha social. A la fecha el INDH ha interpuesto 168 querellas por tortura y 19 querellas por violencia sexual, y ha contabilizado 197 con heridas oculares. ¿<strong>Por qué en este contexto, un gobierno que además de violar los derechos humanos ha demostrado no tener voluntad política para escuchar las demandas sociales aceptaría que se realice una asamblea ciudadana de ese tipo?</strong> Aun suponiendo que las personas que forman el gobierno poseen voluntad política y “recursos cognitivos” no sería esperable que decidieran llevar a cabo una instancia como la propuesta ¿No se requeriría para que eso suceda precisamente una demanda y una fuerza social, colectiva, que presiones por dicha instancia en primer lugar?</p>
<p><strong>Si se toma en cuenta tanto el desarrollo de las movilizaciones recientes en Chile como la crítica radical de la actual revuelta a toda la clase política, la asamblea constituyente es la única opción razonable no solo de comenzar a destrabar un conflicto, sino de darle una expresión política propiamente tal.</strong></p>
<p>La asamblea constituyente puede ser un hito más de un proceso que viene desarrollándose hace 15 años, que implique el ejercicio de “otra” política, basada en una idea donde la sociedad es un bien y un espacio común, y no un club al que para ingresar se debe pagar membresía. La operacionalización del mecanismo a través de los cuales se elegiría a los participantes de dicha asamblea tendría que necesariamente considerar a las organizaciones que han movilizado demandas y discursos críticos en materia de educación, trabajo, vivienda, salud, pensiones, autodeterminación y autonomía de los pueblos indígenas; no se trata de peticiones sectoriales de grupos reducidos, sino de demandas que expresan y exigen un nuevo tipo de sociedad.</p>
<p>*Fuente: <em><strong><a href="https://ciperchile.cl/2019/11/12/la-revancha-de-los-ignorados-actores-sociales-que-dan-fuerza-al-18-o-y-sin-los-cuales-la-salida-a-esta-crisis-no-es-posible/">CiperChile</a></strong></em></p>
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