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	<title>los amarillos &#8211; piensaChile</title>
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	<title>los amarillos &#8211; piensaChile</title>
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		<title>&#8216;Nuestra&#8217; Constitución</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Feb 2022 22:51:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[convencion constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[los amarillos]]></category>
		<category><![CDATA[manuel acuña asenjo]]></category>
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		<category><![CDATA[nueva constitución]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde el momento mismo en que iniciara su trabajo la Convención Constitucional, un grupo de personas ha intentado, por todos los medios a su alcance, entorpecer su trabajo, ponerle vallas, dificultarlo. Hace un tiempo atrás, un equipo de investigadores de la Universidad Católica de Valparaíso descubrió que el origen de uno de los más virulentos ataques en contra de esa instancia provenía, nada menos, que del ex ministro de Pinochet Sergio Melnick quien, otrora, se desempeñara como panelista en el programa ‘Tolerancia Cero’.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2022/02/24/nuestra-constitucion-2/">&#8216;Nuestra&#8217; Constitución</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>24 de febrero de 2022</p>
<p><strong>UN NUEVO MOVIMIENTO</strong></p>
<p>Desde el momento mismo en que iniciara su trabajo la Convención Constitucional, un grupo de personas ha intentado, por todos los medios a su alcance, entorpecer su trabajo, ponerle vallas, dificultarlo. Hace un tiempo atrás, un equipo de investigadores de la Universidad Católica de Valparaíso descubrió que el origen de uno de los más virulentos ataques en contra de esa instancia provenía, nada menos, que del ex ministro de Pinochet Sergio Melnick quien, otrora, se desempeñara como panelista en el programa ‘Tolerancia Cero’. No debe sorprender que lo haya hecho; lo extraño sería que actuase de manera diferente. Sin embargo, en estos días, la labor aquella parece haber cambiado de protagonistas.</p>
<p>Según el economista Roberto Darrigrandi, el fundador de un nuevo movimiento crítico a la Convención Constitucional sería un escritor —ex mirista, ex mapucista, ex concertacionista—.</p>
<p style="padding-left: 80px;">“El recientemente creado movimiento Amarillos por Chile, fundado por el escritor Cristián Warnken, surge como una imperativa y urgente respuesta racional y reflexiva […]” <a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a></p>
<p>Otros ex miembros de la vieja Concertación, militantes y ex militantes de varios de los partidos que la conformaron (la ‘izquierda’) se han dado cita junto al escritor para realizar la labor de desprestigiar al órgano constituyente.</p>
<p>La capacidad de nuclear personas a su alrededor es una virtud, sin duda alguna. O un don. Quien puede hacerlo pasa a ser ‘factor de unidad’ de ese grupo. El referido escritor parece haberse convertido, de súbito, en uno de aquellos: ‘factor de ‘unidad’ de una corriente de la ‘elite política’ nacional que se niega a desaparecer. En consecuencia, constituye un error de proporciones el intento de sacarlo de sus creencias pues, si algo caracteriza a los ‘factores de unidad’ es, precisamente, ser el foco, el ‘atractor’, al cual convergen los demás, por lo que se retroalimenta del fervor de quienes lo reconocen como tal. El ‘factor de unidad’ de un movimiento es el único que no abandona los propósitos del mismo. Por eso, resulta inútil decir:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Suelta el palo, Cristian, no abandones el barco. Te necesitamos. Cúidate de ti mismo, que no se convierta en obsesión, no hay tal Tsunami. Te prometo una cosa: estaré pendiente, si algo así aparece al horizonte, uniré mis muchos más limitados medios que los tuyos, a la alerta”<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.</p>
<p><strong>UNA ESTRATEGIA EN CIERNES</strong></p>
<p>Había pensado, en un comienzo, no escribir sobre los ‘amarillos’, tan poca importancia le asignaba a ese movimiento. Sin embargo, un buen amigo mío me llamó la atención sobre una relación entre lo perseguido por esos señores y la estrategia que se trasunta a partir de ciertos análisis. Uno de ellos es el de Pablo Longueira.</p>
<p>En carta enviada al diario ‘El Mercurio’ y publicada por ese medio el sábado 12 del presente,  el ex dirigente de la UDI, junto con señalar que</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] cada día es más evidente que <strong>la gran mayoría de demócratas que votamos Apruebo no esperábamos el lamentable desempeño de la Convención</strong> y las propuestas que están haciendo […]”<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>,</p>
<p>afirma que</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] es vital que el Gobierno, con el apoyo de todo Chile Vamos y las demás fuerzas democráticas de la derecha, <strong>se comprometa públicamente con el mandato popular de ese 80% y evite, desde ahora, la consigna que intentará instalar la izquierda no democrática</strong>. ‘Si no gana el Apruebo, queda la Constitución de Pinochet (o la de Guzmán)&#8217; […]”.</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Para ello sugiero que <strong>ingresen con la mayor urgencia posible una Reforma Constitucional</strong> que perfeccione la Ley 21.200 que plasmó el ‘Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución’, y que se firmó el 15 de noviembre de 2019″<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</p>
<p>Pero, a renglón seguido, agrega Longueira:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] es indispensable modificar que -si gana esa opción- <strong>se volverá a convocar a una nueva elección de convencionales para hacer una nueva Constitución</strong>. Así el rechazo no será la continuidad de la actual, sino <strong>una nueva oportunidad</strong> para redactar ‘la casa de todos&#8217;”.</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Sin duda esto permitiría que mucha gente de centro y de izquierda democrática, que ven también con profunda preocupación lo que se está aprobando en al Convención, <strong>se sumen al Rechazo-Nueva Oportunidad</strong>“.</p>
<p>Es una posición. La otra está siendo enarbolada por el abogado Víctor Manuel Avilés quien, refiriéndose a las expresiones vertidas por Longueira y luego de señalar que ‘no estoy de acuerdo con dicha opción’, señala:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Las normas son claras, si gana el rechazo, sigue vigente la Constitución actual. En otros términos, la única lectura lógica de las reglas es que se pagó por encargar la redacción de un proyecto constitucional alternativo, reservándose la ciudadanía la posibilidad de elegir finalmente en el plebiscito de salida entre la Constitución actual o el texto propuesto, según le parezca mejor”<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>.</p>
<p>Para Avilés, no cabe duda que la constitución pinochetista no representa lo que los chilenos quieren aún cuando todos votaran por el ‘rechazo’. Pero estima que sí la apoyarían si se le hacen los ajustes correspondientes. Por eso, indica que</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] intuyo que en principio sí, pero en la medida que se hagan ajustes de importancia. Y precisamente si se quiere lograr el triunfo del rechazo, la única forma viable es el compromiso mayoritario de las fuerzas democráticas de presentar y tramitar, a la brevedad, cambios a la actual Constitución en el Congreso Nacional. Acá se debe exigir responsabilidad y acción de los líderes políticos”<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>.</p>
<p><strong>UN MOVIMIENTO EMINENTEMENTE CONSERVADOR</strong></p>
<p>Así, pues, no es realmente sorprendente que un grupo de personas, pertenecientes a la ‘élite política’ nacional que se niega a desaparecer, nucleadas en torno a ese factor de cohesión, reaccione negativamente ante la labor de la CC sin tomar en consideración que la instalación de esa instancia constituye el hecho de mayor significación histórica en nuestra patria al permitir la participación ciudadana en la redacción de la carta fundamental que ha de regir a toda la nación.</p>
<p>El movimiento de los ‘amarillos’, pues, parece constituir  parte de esa estrategia.</p>
<p>Por consiguiente, podemos comenzar afirmando que el objetivo central del movimiento es poner cortapísas al trabajo que ha de desarrollar esa instancia. Pero no cualquier cortapisa sino aquellas que obliguen a revisar las decisiones adoptadas y alargar inútilmente el debate traspasando los límites del plazo de funcionamiento.  De acuerdo a ello, la entrega de un proyecto de constitución política a la comunidad nacional para ser aprobado o rechazado en el plebiscito respectivo se ralentiza, hace suponer que la CC fracasa y que necesita de un relevo.</p>
<p>Sin embargo, ingenuo sería suponer que tal objetivo debería agotarse en esos afanes. En el funcionamiento de una sociedad, los objetivos que se presumen de una acción política tienden a multiplicarse en la práctica. Sometidas a las leyes de la incertidumbre, las decisiones políticas pueden incubar  peligrosas variables.</p>
<p><strong>PERTENENCIA A UNA CLASE</strong></p>
<p>El movimiento Amarillos por Chile posee una composición de clase bastante heterogénea. Sin embargo, y a pesar de ello, sus integrantes pertenecen a lo que hemos denominado, siguiendo a Poulantzas, ‘élite política’, es decir, sujetos que venden sus servicios al Estado pero no en cualquier sector ni a cualquier precio sino en los estratos elevados, buscando captar los sueldos y remuneraciones más altas y en cargos o empleos estables. O, como señala Poulantzas, individuos que se concertan en torno</p>
<p style="padding-left: 80px;">“a ese centro unificador que sería un grupo de rentas elevadas”<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>.</p>
<p>Si queremos definirlos, nada mejor que recurrir a un analista para quien algunos de sus rasgos serían:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Tener alrededor de 50 años o más. Haber vivido los últimos 30 años sin ningún tipo de zozobra económica o material. En las últimas décadas haber participado de algún directorio empresarial, o haber tenido un cargo de alta responsabilidad, sea público o privado. En su mayoría hablar más de algún idioma. Ser constantemente invitado a eventos o exposiciones sociales. Aunque no lo pidan o parezcan, vivir y buscar ser aplaudidos. Tener vivo en la memoria el trauma del dolor provocado por la dictadura, a familiares, amigos y cercanos. Disfrutar y acceder a todo tipo de arte. Libre acceso para los buenos vinos y buenas comidas. Tener pinta de escribas, y alma de fariseo”<a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a>.</p>
<p>Sin embargo, siguiendo a Wright Mills, se trataría de</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] ’altos sindicalistas’, el ‘alto personal’ de todos los partidos políticos- importantes, los ‘altos gerentes’ de los monopolios, los ‘altos burócratas del Estado’ —que constituyen, según esta teoría, a igual título, categorías dirigentes— […] “</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] los ‘jefes de corporaciones económicas’, los ‘jefes políticos’ —entre ellos las alturas de la burocracia— y los ‘jefes militares’ —las élites— pertenecen todos a lo que él llama ‘corporate rich’”<a href="#_edn9" name="_ednref9">[9]</a>.</p>
<p>Por consiguiente, predomina en ellos la categoría de sujetos que tienen la calidad de vendedores de fuerza o capacidad de trabajo, ya sea que la ejerciten en la forma de empleados fiscales, o profesionales empleados en instituciones principalmente estatales. Constituye lo que, en otra parte de su trabajo, el malogrado teórico greco-francés denomina ‘clase reinante’<a href="#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>.</p>
<p>La calidad de ‘vendedor de fuerza o capacidad de trabajo’ revela su extracción de clase, pero no su pertenencia a ella pues, ideológicamente, desempeñan su trabajo en beneficio del capital y, obviamente, dentro del Estado. Puede asimilárseles al capataz que reemplaza al patrón en el campo a pesar que su extracción pueda ser ‘proletaria’. Por consiguiente, los miembros del colectivo Amarillos por Chile son sectores de la ‘élite política’ que, luego de las últimas justas electorales, quedaron al margen del reparto del botín estatal y buscan realizarse por la vía de la representatividad política, asumiendo el rol que le corresponde a la representación natural de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo (hoy en crisis) por la vía de erigirse en su representación espuria.</p>
<p>Por lo mismo, se trata de un grupo de personas a quienes, vulgarmente, se les atribuye pertenecer a una presunta ‘clase media’. Demás está decir que quienes vivieron en el exilio jamás trabajaron como lo hace la gran mayoría de los trabajadores, es decir, sometidos a horario y a las órdenes de un jefe, siempre tuvieron remuneraciones altas y gran parte de ellos vivió permanentemente a expensas del Estado. Algunos son dueños de pequeñas empresas y, en consecuencia, son compradores de fuerza de trabajo; otros poseen mercedes de agua y tienen a su servicio, igualmente, a vendedores de fuerza o capacidad de trabajo, y los menos se desempeñan en el cargo de directores en empresas de mediano tamaño de propiedad de amigos suyos. En gran medida, por consiguiente, son vendedores de fuerza de trabajo que buscan representar espuriamente, como lo han hecho siempre, los intereses del gran capital ante la crisis de representación que viven sus representantes naturales.</p>
<p><strong>OBJETIVOS DEL MOVIMIENTO</strong></p>
<p>Por tanto, el objetivo perseguido por este movimiento no es otro que la defensa de los intereses de sus integrantes como sucede normalmente en política. Pero, dado que tales intereses se encuentran, consecuentemente, ligados a los de la gran burguesía, y dado que la crisis de representatividad, en lo que se conoce como ‘derecha’, no muestra señales de terminar, tampoco debe sorprender que ese movimiento aspire a conducir hegemónicamente a la futura oposición al gobierno de Boric, comenzando por oponerse a la constitución, enarbolando la bandera del rechazo a la ‘refundación’ de Chile.</p>
<p>Se explica así que haya expresado, al respecto un analista que, el manifiesto de estas personas,</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Disfraza de profundidad y grandeza lo que es mera genuflexión ante el dinero y el poder”<a href="#_edn11" name="_ednref11">[11]</a>.</p>
<p>¿Razón? En la convicción de esos sujetos, la comunidad nacional no tiene capacidad para estudiar una  constitución y proponerla al conjunto social; los únicos que pueden hacerlo son los militares. O militares y civiles, actuando en complicidad. Lo dicen, directamente, al afirmar que Chile:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] quiere una nueva Constitución equilibrada, que recoja lo mejor de nuestra tradición institucional […]”<a href="#_edn12" name="_ednref12">[12]</a></p>
<p>En efecto: la tradición institucional chilena, la historia constitucional de Chile, nos enseña que ninguna carta fundamental fue dictada por una convención; ni por una convención constitucional; tampoco por una convención constituyente. Mucho menos por una asamblea constituyente.</p>
<p>El objetivo del movimiento, en consecuencia, se reduce a reafirmar el modelo económico de la dictadura que permitió, exitosamente, a la ‘elite política’ que lo conforma, vivir sin sobresaltos durante casi 30 años, en una continua alternancia de mando con absoluto prescindencia del resto de la comunidad nacional. Pero ese modelo debe protegerse jurídicamente. Consecuentemente, la protección jurídica de ese modelo obliga a luchar por la perpetuación de la constitución vigente y sus leyes complementarias. No debe sorprender que, en consecuencia, los amarillos impulsen el rechazo del proyecto de constitución en el plebiscito a celebrarse después del 4 de julio del presente año.</p>
<p>De lo cual puede deducirse lo grande: que el movimiento de los amarillos, al promover la crítica a la CC y a su proyecto, en forma anticipada, toman sobre sí la responsabilidad del rechazo y, consecuencial e implícitamente, la defensa de la perpetuación de la constitución pinochetista al tenor de lo dispuesto en el art. 142 inciso final de la Ley 21.200 que señala, sobre el particular:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Si la cuestión planteada a la ciudadanía en el plebiscito ratificatorio fuere rechazada, continuará vigente la presente Constitución”.</p>
<p>.</p>
<p><strong>CONCLUSIÓN </strong></p>
<p>A nuestro entender, el movimiento de los amarillos busca la perpetuación de la constitución pinochetista y, a la manera que sucediera al término de la dictadura, pretende transformarse en la representación política de los sectores dominantes ante la grave crisis de representatividad de sus representantes genuinos. Como lo hizo la Concertación. Por lo mismo, acepta como único significado del vocablo ‘voluntad soberana’ la emanada del poder militar, expresada en las palabras que contiene el manifiesto: ‘nuestra tradición institucional’. O, lo que es igual, reconoce al poder militar como la única fuente legítima de donde puede arrancar la institucionalidad del país.</p>
<p>Sin embargo, estamos ciertos nosotros que jamás en la historia de la República la propia comunidad que la conforma había trabajado con tanto ahinco en la elaboración de una carta fundamental que rija las relaciones entre todos sus miembros. Jamás la comunidad nacional había sido considerada para realizar tal labor. Jamás. Con la honrosa salvedad de los intentos que hizo José Miguel Carrera al instalar un buzón en la plaza de Armas de Santiago para recibir las proposiciones acerca de cómo había de gobernar a la nación, y las palabras tremendamente honestas del coronel Manuel Rodríguez señalando a San Martín que su aspiración era tener gobiernos que no durasen más allá de seis meses a fin que todos los habitantes del país pudiesen desempeñar el cargo de gobernante.</p>
<p>Cualquier cosa, cualquier moción emanada de los convencionales constituyentes, como parte de la nueva constitución que habremos de votar, será, en todo caso, mejor que lo que tenemos. Aunque, en palabras del ex rector de la PUC Pedro Pablo Rosso, sea producto del</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] lastre de ciertos rasgos desfavorables de nuestra cultura, particularmente<strong> la pobreza de ‘cultura general’, el resentimiento y la propensión al pensamiento mágico</strong>”<a href="#_edn13" name="_ednref13">[13]</a>,</p>
<p>o el mamarracho que solamente pueden redactar personas ignorantes y tontas como lo señala el ex militante del MAPU Mario Waisbluth quien manifiesta querer</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>“</strong>[…] <strong>cambios profundos, pero no estúpidos”</strong><a href="#_edn14" name="_ednref14"><strong>[14]</strong></a><strong> </strong></p>
<p>Lo reiteramos: cualquier constitución que nos entregue la Convención Constitucional será mejor que el ‘mamarracho’ que nos impuso Pinochet. Y será la única que podremos denominar ‘nuestra’. Podrá tener defectos, exigirá ajustes e, incluso, correcciones, pero jamás dejará de ser ‘nuestra’. Nuestra constitución. La que crearon para nosotros personas por las cuales votamos y a las cuales les entregamos toda nuestra confianza. Y, así, tal vez podamos gritar en su defensa, como en otro momento lo hiciéramos respecto del Gobierno Popular, ‘esta Constitución podrá ser una mierda, pero es nuestra Constitución’.</p>
<p>Santiago, febrero de 2022</p>
<h3>Notas:</h3>
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Darrigrandi, Roberto: Carta al Director, ‘El Mercurio’, 20 de febrero de 2022, pág. 3.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Ramírez, Daniel: Carta de Daniel Ramírez ‘No sueltes el palo, Cristian, no abandones el barco”, ‘El Periodista’, 20 de febrero de 2022.</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> De Vicenzi, Pamela: “’Nueva oportunidad’: Pablo Longueira propuso fórmula ante ‘lamentable desempeño’ de la Convención Constitucional”, Radio ADN, 12 de febrero de 2022.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> De Vicenzi, Pamela:Id. (3).</p>
<p><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Avilés, Victor Manuel: “¿Elección de nuevos convencionales?”, ‘El Líbero’, 23 de febrero de 2022.</p>
<p><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Avilés, Victor Manuel: Art. citado en (5).</p>
<p><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> Poulantzas, Nicos: “Poder político y clases sociales en el Estado Capitalista”, Editorial Siglo XXI s.a.de c.v., México, 2007, pág. 431.</p>
<p><a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Aedo, Juan Pablo: “Currticulum de un ser amarillo”, ‘El Mostrador’, 24 de febrero de 2022.</p>
<p><a href="#_ednref9" name="_edn9">[9]</a> Poulantzas, Nicos: Obra citada en (5), págs. 427 y 429.</p>
<p><a href="#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Poulantzas, Nicos: Obra citada en (5), págs. 295  y siguientes.</p>
<p><a href="#_ednref11" name="_edn11">[11]</a> Monge Arostegui, Álvaro: “Sobre manifiestos y amarillos. El lobby”, ‘La voz de los que sobran’, 22 de febrero de 2022.</p>
<p><a href="#_ednref12" name="_edn12">[12]</a> Olivares, Eduardo: “Amarillos por Chile: nace un nuevo movimiento y lo encabeza Cristián Warnken”, Pauta, 17 de febrero de 2022.</p>
<p><a href="#_ednref13" name="_edn13">[13]</a> Redacción: “Sin cultura y resentidos: La afiebrada carta de ex rector de la PUC sobre constituyentes”, ‘El Desconcierto’, 22 de febrero de 2022. Con negrita en el original.</p>
<p><a href="#_ednref14" name="_edn14">[14]</a> Claro, Hernán: “Waissbluth de Amarillos por Chile asegura que ‘quiero cambios profundos, pero no estúpidos’”, ‘El Dínamo’, 20 de febrero de 2022. Con negrita en el original.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Carta a Cristian Warnken:  El Manifiesto de los Amarillos por Chile, con olor a “Golpe Blando”</title>
		<link>https://piensachile.com/2022/02/21/carta-a-cristian-warnken-el-manifiesto-de-los-amarillos-por-chile-con-olor-a-golpe-blando/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Feb 2022 10:04:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[amenazas]]></category>
		<category><![CDATA[cristian warnken]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura civico militar]]></category>
		<category><![CDATA[dr tito tricot]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Te hablo desde el recuerdo vivo de la tortura, los golpes, la electricidad. ¿Y sabes por qué? Pues en esa época también decían que el presidente Salvador Allende estaba violando la constitución; que el país no quería revoluciones, que debía respetarse su historia institucional. La Democracia estaba en crisis, decían, mientras que soterradamente organizaban el golpe de Estado. </p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2022/02/21/carta-a-cristian-warnken-el-manifiesto-de-los-amarillos-por-chile-con-olor-a-golpe-blando/">Carta a Cristian Warnken:  El Manifiesto de los Amarillos por Chile, con olor a “Golpe Blando”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;">21 de febrero de 2022</p>
<p style="font-weight: 400;">Cristian, no nos conocemos, pero más de una vez nos hemos cruzado en una calle de Valparaíso, mi ciudad. Sí, la misma donde comenzó el golpe de Estado. Por eso te escribo, porque el Manifiesto de los Amarillos por Chile se parece demasiado a las amenazas que escuchamos diariamente antes del golpe cívico-militar y la dictadura que sobrevino.</p>
<blockquote>
<p style="font-weight: 400;">Te hablo desde el recuerdo vivo de la tortura, los golpes, la electricidad. ¿Y sabes por qué? Pues en esa época también decían que el presidente Salvador Allende estaba violando la constitución; que el país no quería revoluciones, que debía respetarse su historia institucional. La Democracia estaba en crisis, decían, mientras que soterradamente organizaban el golpe de Estado.</p>
</blockquote>
<p style="font-weight: 400;">O sea, lo mismo que dices tú: que los chilenos son en su mayoría “amarillos” -dicho sea de paso, desconozco tus fuentes para aseverar esto, pero dejemos eso para otra carta- por ende seríamos reformistas.</p>
<p style="font-weight: 400;">El contexto, por cierto, es distinto, los autodenominados Amarillos -casi todos y todas académicos, intelectuales, políticos de la ex Concertación, se pronuncian en relación a la Convención Constitucional, puesto que, según ellos, esta se habría radicalizado y estaría adoptando normas cuyo objetivo final sería refundar Chile. Por eso, señalas Warnken</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">“es prudente y necesario decretar un estado de Alerta Amarilla. Alerta democrática y republicana. Alerta en su grado máximo”.</p>
<p style="font-weight: 400;">Es decir, una clara amenaza a los constituyentes de que hagan lo que los Amarillos desean y piensan, o si no, esta Alerta Amarilla pasará a Alerta Roja, uno supone. ¿Y cuál es esta? ¿Será lo que  los politólogos llaman “golpes blandos”? La desestabilización de gobiernos mediante mecanismos no necesariamente violentos, deslegitimándolos política o jurídicamente, por ejemplo, como ocurrió en Honduras, Paraguay o Brasil. En este caso, por supuesto nos remite a la Convención, espacio que el Manifiesto acusa de ser un “<em>Estallido institucional</em>” y, simultáneamente, Cristian, de manera despectiva indicas que es la hora de la razón -tu razón obviamente- “<em>de dejar de ser niños o adolescentes con «pataleta», rabia o pena, y comportarnos como adultos en esta hora histórica</em>”.</p>
<p style="font-weight: 400;">El Estallido Social o la Rebelión de 2019 fue una mera pataleta de niños y adolescentes, para ti Cristian. Dile eso en su cara a Matías Orellana a quien le arrancaron un ojo en la Plaza de la Resistencia en Valparaíso. Es profesor de Educación Física. Sí, la misma ciudad por donde paseas y donde los Carabineros golpeaban, gaseaban y disparaban a diestra y siniestra. Porque nada de eso menciona el <em>Manifiesto Amarillo</em>, precisamente <em>por ser amarillo</em>.</p>
<p style="font-weight: 400;">Ese manifiesto, sí defiende a la derecha que, acorde a ti Cristian, está siendo excluida de los debates o no están siendo aprobadas las ideas por esta propuesta. Más aún, estableces la equivalencia entre esta situación y lo ocurrido en 1980 con la constitución de Pinochet, al sostener que en esa ocasión se excluyó a la izquierda. ¡Brillante comparación Cristian! Parece que no te enteraste que hubo una dictadura y que a la izquierda no sólo se le excluyó, sino que se le reprimió, asesinó, desapareció, exilió, encarceló. ¿Cómo se puede decir que es lo mismo?  Además, la Derecha es minoría en la Convención porque la gente no votó por sus candidatos. Punto.</p>
<p style="font-weight: 400;">La Alerta Amarilla es una amenaza Amarilla que busca crear temor. Darle un “<em>golpe blando</em>” a una nueva constitución votando <em>Rechazo</em> en el plebiscito de Salida. <em>Los Amarillos por Chile</em> son los cavernarios por Chile. Son el pasado.</p>
<p style="font-weight: 400;">Cristian, no nos conocemos, sólo sé que estás jugando con fuego, el cual no tiene aroma a primavera, tal como el amarillo como sostienes, al amenazar a un país entero.</p>
<p style="font-weight: 400;"><em>-El autor, Dr. Tito Tricot, es s</em><em>ociólogo, </em><em>Director Centro de Estudios de América Latina y el Caribe-CEALC</em></p>
<p style="font-weight: 400;"><em>Valparaíso<br />
</em><em>20 Febrero 2022</em></p>
<p>Saludos porteños</p>
<p>Dr. Tito Tricot</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2022/02/21/carta-a-cristian-warnken-el-manifiesto-de-los-amarillos-por-chile-con-olor-a-golpe-blando/">Carta a Cristian Warnken:  El Manifiesto de los Amarillos por Chile, con olor a “Golpe Blando”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Carta a Warnken: “Suelta el palo, Cristián, no abandones el barco”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Feb 2022 20:04:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Nueva Constitución]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos en lucha]]></category>
		<category><![CDATA[christian warnken]]></category>
		<category><![CDATA[concertacion]]></category>
		<category><![CDATA[constituyentes]]></category>
		<category><![CDATA[daniel ramirez]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[los amarillos]]></category>
		<category><![CDATA[nueva constitución]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Suelta el palo, Cristian, no abandones el barco. Te necesitamos. Cuídate de ti mismo, que no se convierta en obsesión, no hay tal Tsunami. Te prometo una cosa: estaré pendiente, si algo así aparece al horizonte, uniré mis mucho más limitados medios que los tuyos, a la alerta.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2022/02/20/carta-a-warnken-suelta-el-palo-cristian-no-abandones-el-barco/">Carta a Warnken: “Suelta el palo, Cristián, no abandones el barco”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en piensaChile el 20 de febrero de 2022, a las 16:52 horas</p>
<h3 class="post-subtitle">El filósofo Daniel Ramírez responde a los escritos del columnista de El Mercurio y su carta a los amarillos, con fuertes críticas al proceso constituyente.</h3>
<p>Última actualización <b>20 Feb, 2022</b></p>
<p>Si no fuera por el respeto que me merece tu trabajo, que ha permitido a la mejor, a la más refinada (y la más frágil), cultura mundial permanecer viva en nuestro país, estimulándola desde el más respetable de las artes -la conversación amistosa e inteligente-, no me tomaría (ni te quitaría) el tiempo, porque será un poco largo.</p>
<p>El tuteo no es falsa intimidad, es el estilo que has adoptado en ese género que cultivas con brío: la “carta a”, como lo escribiste en la conmovedora “Carta a Gioconda Belli”: leyendo sus versos nos sentimos muy cerca de ella; y por cierto, la pregunta que haces entonces a propósito de los sandinistas y otros (“¿Quiénes cambiaron tanto? ¿Ellos, los Ortega o nosotros que creímos alguna vez en ellos?”) es una gran pregunta.</p>
<p>Para tu tranquilidad, aunque no creo que mi opinión podría quitarte el sueño, te dejo en claro que al igual que tú, detesto la violencia, la ultranza vengadora y creo que una de las peores prácticas que se han banalizado hoy en día, sacándola de su contexto histórico (“cuando no hay justicia hay funa”) que le daba una justificación clara, es la funa, el furor del insulto y el placer de denigrar, del cual tanto tú como el presidente Boric y otros han sido víctimas (“Carta a mis hijos”).</p>
<p>Nada más indigno que una turba vociferante y ello sería solo ridículo si no implicara un grado de agresión e intenciones de linchamiento que la hacen peligrosa. Creo que coincidimos también en mantener a la mayor distancia posible el lenguaje y la ideología del resentimiento (qué mejor análisis que el de Nietzsche en “La genealogía de la Moral”). No me gustan nada, como tampoco a ti, las ideas de Carl Schmitt, quien reduce la política a la escisión entre amigo y enemigo y me entristece que algunos de mis amigos no logran abstenerse de convertir al adversario u oponente político en el enemigo.</p>
<p>A estas alturas, te preguntarás porqué me escribe este tío si es para decirme que está del todo de acuerdo conmigo…</p>
<p>Es que voy a referirme ahora a tu “<a href="https://www.pauta.cl/cartas-de-cristian-warnken/carta-a-todas-bases-amarillas-convencion-constitucional-cristian-warnken">Carta a las bases amarillas del país</a>”. Primero, puede parecer astuto el intento de resignificar lo que fue un insulto en el lenguaje revolucionario, apropiándoselo: “amarillo” era algo así como traidor, por no ir hasta el final de las rojas consecuencias de “la contradicción principal” y elegir la vía reformista. Pero creo que la socialdemocracia, el socialismo (en la medida en que existan aún) o el deseo de justicia social y la vasta invención socio-política actual no merecen ese calificativo, y si es por bellos colores, a una supuesta bandera amarilla yo prefiero la multicolor de la diversidad sexual o la de los pueblos originarios aymaras. Los pacifistas, demócratas, partidarios del derecho y de la negociación no somos “amarillos”, somos de todos los colores. Quienes no soportan que haya que negociar, transar, incluir, son más bien grises como un comisario de partido. No somos amarillos, justamente porque la referencia principal no es la teoría de la revolución marxista leninista, y que desde esa posición nos hubiéramos movido hacia el centro. Las referencias son otras, la época es otra, la famosa revolución casi nadie la quiere (yo la escribo hoy con dos “e”: ‘re-evolución’) y hay cientos de ideas nuevas que pueden inspirar la evolución futura de nuestras sociedades.</p>
<p>El problema que mencionas (y coincido en eso) es que el tiempo actual es crítico y que necesitamos mucha energía y convicción negociadora para lograr una Constitución que esté a la altura y no es el momento para que la lucidez y la inteligencia partan de vacaciones.</p>
<p>Si te alarma un cierto maximalismo en las reivindicaciones de algunos convencionales, a mí me parece normal y tú también lo dices: se trata de minorías que estuvieron largo tiempo excluidas. ¿La Constitución no debe ser maximalista? No lo será, porque será el resultado justamente de la negociación, del voto por 2/3 de representantes elegidos también por voto mayoritario. No de cada minoría.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/p3tsaxvSZMc" width="730" height="430" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<p>¿La Constitución debe ser minimalista? Veamos. ¿Qué significaría eso? ¿Algo que convendría a todos los que están representados en la Convención, incluidas las minorías recalcitrantes (y las hay de diverso tipo) ya sean conservadoras católicas o anarco-leninistas? Tal cosa implicaría simplemente dejar para después los problemas principales. Por qué no; solo que “para después” significa para el juego parlamentario y de los partidos de la legislación ordinaria (cuya institucionalidad no cambiaría), que fue justamente lo rechazado en el famoso estallido social, aquel juego que conviene tanto a las élites que han gobernado desde hace décadas. Hoy en día ellas están casi ausentes de la Convención, es cierto, pero ello fue la voluntad del pueblo elector, no la de algún iluminado líder revolucionario. Todo el mundo jugó el juego (“la cocina” según los grises, seguro que lo recuerdas). En resumen, lo que llamas maximalismo, yo lo llamo simplemente ‘constitucionalismo’: la idea que la constitución es el centro de la vida política de una sociedad, un texto fuerte, fundador. Porque el minimalismo es quitarle valor a la Constitución para devolvérselo al jueguito parlamentario normal de los partidos.</p>
<p>Aprecio mucho en ti, e intento imponerme la misma disciplina, la exclusión de todo insulto; pero no puedo ser indiferente a algo que, si bien no son insultos, en tu escritura revela desprecio y soberbia: cuando calificas de “catarsis” la fase reivindicativa o los reclamos de reconocimiento de sectores que tú mismo lo reconoces, “antes estuvieron ‘invisibilizados’ por mucho tiempo por la élite y no lograron un espacio de representación y exposición [debido a] las falencias de representación que nuestra democracia un poco gastada ya estaba mostrando”. Bueno, tal vez hubo algo de catarsis, pero era necesaria, como lo fueron las Comisiones de Verdad y Reconciliación en Sudáfrica en los años 90, promovidas por D. Tutu y N. Mandela. Luego hablas de “emociones primarias” (siguiendo tal vez a Carlos Peña que solo vio eso en el estallido social), de “niños o adolescentes con pataleta, rabia o pena”, o “los grupos radicales se han dado todos los gustitos posibles”.</p>
<p>Es muy curioso, cuando una instancia salida de las urnas, y con el sistema en vigor, es decir voto mayoritario representativo, sospechar que ella estará redactando “una Constitución sincretista, pachamámica, bolivariana” o inspirada en “muchos de los mamarrachos constitucionales que abundan en Latinoamérica”, que implicaría obligar al pueblo a “tragarse un hongo alucinógeno, a vivir una experiencia o experimento iniciático o político–chamánico”, “un refrito posmoderno y barroco de ideas copiadas de Evo Morales”.</p>
<p>Todo ese lenguaje florido ya no revela vigilancia, lucidez y atención (que la inteligencia no salga de vacaciones) sino mofa y desprecio. Permíteme señalar que no está a la altura tu elocuente elogio del matiz, de la parte de sombra que llevamos todos y de la necesaria negociación e inclusión. Y no es de extrañar lo que sigue: la amenaza ni siquiera velada de militar por el rechazo a tal Constitución. El fondo de tu proposición estratégica es no dejar a la minoría de derecha recalcitrante (el 20% del rechazo) la posición del voto “No” en el plebiscito de salida, lo cual la condenaría a una derrota casi tan amplia, sino sumarle el centro, tus “amarillos”, para darle chances. Aquí no hay matiz o ecuanimidad sino un abierto y manifiesto rechazo.</p>
<p>Ni tú ni yo somos convencionales, y por cierto coincido totalmente en que tenemos todo el derecho a participar en el debate como si lo fuéramos; pero si fuera el caso, tendría que imaginarte a ti negociando con “alucinados mamarrachos, pachamámicos, neo-chamánicos, vengadores y totalitarios”; ¿Habrías podido? Una apología de la negociación implicaría un poco de respeto a quienes recolectaron las firmas necesarias y luego fueron elegidos democráticamente para hacer el trabajo que les encomendamos.</p>
<p>Para volver al fondo del asunto, tú lo dices en una frase tal vez a la pasada: los que “han tirado el tejo pasado”, y mejor aún, “corrido el cerco de lo posible”. Dejemos lo del tejo pasado, que es lo propio de toda negociación entre intereses opuestos y lo reconoces tú mismo cuando dices que “es preferible alertar, incluso exagerar”; exagerar es tirar el tejo pasado. Pero “correr el cerco de lo posible” es una expresión que me parece muy importante.</p>
<p>¿De dónde crees tú que ha salido tanto descontento como para generar el famoso estallido social? Ya sé, de pulsiones, dirán tú y Carlos Peña. Pero yo creo que también viene de que durante décadas (no son 30 años sino 48) se nos dijo hasta el cansancio que “eso no es posible”, que tal y tal cosa no está dentro del cerco de lo posible, que no hay que soñar, que la política es asunto racional (entiéndase: de economistas liberales). La frase es importante porque la política, en el sentido noble, aquel de Aristóteles, de Maquiavelo, de Lincoln o de Mandela, la política es siempre el arte de correr el cerco de lo posible. Sin ello no es la política sino la gestión: administrar un orden preexistente. Y cuando se confunde ese orden con lo racional y cuando ello favorece de manera obscena los intereses de quienes ya tienen mucho, me parece indispensable, un deber incluso, ‘correr el cerco de lo posible’.</p>
<p>¿Y por qué temerle tanto al término “refundación”? Primero que nada, este no significa “revolución”. La palabra refundación aparece dos veces en tu carta, una de ellas como cita de Agustín Squella, el único convencional que encuentra gracia a tus ojos: “que se trata de transformar y reformar instituciones, no de demolerlas, que esto no es la refundación de Chile, no estamos en 1810 sino en 2022” (bueno, yo habría dicho 1818, y no creo que sea porque a Squella le gusta la junta monarquista que firmó la sumisión al Reino de España en 1810, sino porque suena más. Pero eso es otro tema).</p>
<p>¿Qué tendría de malo una refundación? ¿Un proceso en el que “se corrieran los cercos de lo posible”? Tal vez sea una cuestión de palabras. Pero visto la amplitud de lo que fue el estallido social, y voy a permitirme hablar de otra cosa que la quema de buses, iglesias, o centros culturales, me refiero a los miles y miles (tal vez más de 20 mil) cabildos y asambleas autoconvocadas, que disciplinadamente, durante al menos 3 meses practicaron el diálogo sereno, horizontal, tomando nota, escuchándose los unos a los otros, diciendo, no solo el hastío de la desigualdad, de la exclusión y de la indignidad, sino también los deseos de justicia, las ideas de democracia participativa (estaban demostrando en el acto mismo que era posible), los anhelos de un país justo, ecológico e inclusivo.</p>
<p>El problema conceptual-histórico es el de reconocer o no que algo faltó en la transición de los 90. Yo nunca he denigrado ni calificado de traición (ni de amarillismo) lo logrado por Aylwin, Lagos y Bachelet. Se hizo mucho. Pero hay que reconocer que no se hizo todo lo que se pudo, o que no se pudo todo lo que se debió (¿será lo mismo?), o que no se quiso hacer lo que sí se podía o que no se supo lo que se debía (¿Será diferente?). Lo prueban los inmensos y recurrentes movimientos estudiantiles. Si todo ello se hubiera hecho, por supuesto con errores y fracasos, que son lo propio de toda empresa humana, el estallido social jamás habría ocurrido.</p>
<p>¿No te has preguntado por qué la reivindicación principal no fueron los 30 pesos o un poco de mejores pensiones sino la constitución? ¿Nunca te ha parecido que tal reivindicación no es lo propio de una turba de adolescentes malcriados o maximalistas vociferantes pulsionales, sino de un pueblo maduro y responsable? ¿Las pulsiones y los “gustitos” llevarían precisamente a exigir un proceso constitucional?</p>
<p>Por ello es totalmente legítimo y no necesitamos ingerir un cactus de San Pedro para pensar que una Constitución que esté a la altura podría ser una Constitución de refundación de la República.</p>
<p>Yo considero que es legítimo que haya católicos conservadores, neoliberales mercadófilos o autoritarios portalianos en la convención. Son parte de Chile. ¿Aceptarás tú que las ideas antineoliberales, de refundación, de república ecológica de democracia participativa y descentralización sean igualmente legítimas en la Convención?</p>
<p>Por cierto ¿por qué temerle tanto a la idea de regiones autónomas? Ni se ha dicho aún cual sería el grado de autonomía. ¿No se llama eso simplemente descentralización? ¿Qué sería una descentralización si las provincias o regiones (por supuesto no “naciones”) no tienen ninguna autonomía?</p>
<p>Y las ideas de recuperación de los bienes nacionales, de respeto por la naturaleza y por las tradiciones de pueblos originarios, de horizontalidad e inclusión de género, ¿te parecería que tengan tanto derecho a expresarse y a tratar de convencer como el tradicionalismo institucional (que llamas amarillismo)? ¿Dónde está el escándalo maximalista?<br />
¿Y por qué temerle a la “refundación” de las instituciones de la democracia? Cuando el pueblo pide mayor participación, ¿son también pulsiones pueriles? ¿Hay que dejar que trabajen tranquilas las élites, correctamente asesoradas por economistas liberales?</p>
<p>La democracia es un vasto territorio de experimentación y no se ve por qué tendría que considerarse como acabada. Seguro que lo sabes: en muchas partes del mundo, la democracia liberal, occidental, está en crisis: abstención, individualismo, populismos, nacionalismos neofascistas, xenofobia, racismo, conservadurismo autoritario, terrorismo, hacen estragos en diversos países de la bella Europa. Por eso no se entiende (o yo no entiendo) la alusión a algo que habría que proteger, algo consolidado y probado, algo “racional”, o más extraño aún, la frase de Squella: “que tenemos historia y tradición detrás (constitucional, política y cultural)”, y que todo ello debería disuadirnos de alguna aventura refundacional.</p>
<p>¿De qué se trata? ¿Una historia nunca interrumpida? ¿Tradición sólida? ¿Constituciones respetadas? ¿Constituciones redactadas democráticamente? No se entiende bien de qué período estamos hablando, ¿Será de la guerra civil de 1823 a 1829, que terminó con la semi tiranía de Portales? ¿De la sangrienta “pacificación de la Araucanía”? ¿De la revolución de 1891 que depuso a Balmaceda? ¿Del golpe de Estado de 1924 que obligó a Arturo Alessandri a partir? ¿Del gobierno autoritario de Carlos Ibáñez del Campo o aquel de Gabriel Gonzalez Videla? Supongo que no del 11 de septiembre de 1973 y de la dictadura de Pinochet; ¿será entonces de la redacción de la Constitución de 1980? No, seriamente, ¿“historia y tradición constitucional, política y cultural”?</p>
<p>No digo que no hubiera nada bueno ni largos períodos de estabilidad y de prosperidad; pero no hay que mistificar, cualquier historia está sujeta a cambios, alteraciones, excesos, errores, masacres. Como citas tú mismo, “Cambia, todo cambia”, somos heracliteanos. Pero entonces cortémosla con eso de “la vasta tradición institucional liberal”. Se trata de interpretaciones discutibles (como toda interpretación) de la historia. El miedo a la idea de una refundación no se basa en nada, en ningún caso en una historia realmente ejemplar de instituciones democráticas. ¿Vendrá de una “pulsión”?</p>
<p>Para aligerar el tono, te cuento que me encanta trotar por los bosques que rodean mi casa. Me cruzo con otros trotadores y observo que muchos paseantes llevan perros, algunos bastante grandes, y muchos trotadores se arman de un palo “por si acaso”; es verdad, algún perro excitado podría saltarles encima. Al comienzo, se me ocurrió también tomar un palo. Pero muy pronto lo dejé, todos lo sabemos  ̶incluso los fans de los gatos ̶ , que los perros son afables y simpáticos (a menudo más que sus amos) y cuando me cruzo con uno de ellos, a veces enormes, lo único que quieren es algunas palabras amistosas y unos cariñitos. Cuando dejas entender que una mayoría jacobina vociferante y pulsional habría secuestrado la Convención y estaríamos peligrando tanto que más vale lanzar una alerta Tsunami, te siento como los trotadores que llevan un palo. Te he visto más optimista (“Carta a un amigo Constituyente”). Y me dan ganas de decirte, “suelta el palo”, tal vez te sorprenderías (aunque sé que no usarías palo, pero tú conoces las metáforas).</p>
<p>¿Habrás participado en algún cabildo? Sería una pena si no, porque hubieras descubierto respeto, diálogo y arte de escuchar, atención a quien es “legítimamente otro”. ¿La CC habría perdido toda virtud de ese tipo por alguna maldición?</p>
<p>Creo que cuando no se quieren cambios hay que decirlo derechamente. Ser conservador es legítimo (ya me estoy repitiendo), son opiniones y somos libres. Lo que resulta triste es que una y otra vez las emprendas con tu hábil pluma contra la CC, destilando desconfianza, blandiendo la amenaza del rechazo a un texto que aún no se conoce. La Convención es la chance que nos hemos dado y representa, más allá de las esperanzas de muchos, la gran diversidad de nuestro país (¿demasiada?). No la rodeemos de recelo y ruido, sino, justamente, de conversación inteligente, como tú tan bien sabes hacerlo.</p>
<p><strong>Suelta el palo, Cristian, no abandones el barco. Te necesitamos. Cuídate de ti mismo, que no se convierta en obsesión, no hay tal Tsunami. Te prometo una cosa: estaré pendiente, si algo así aparece al horizonte, uniré mis mucho más limitados medios que los tuyos, a la alerta.</strong></p>
<p>Y si me he dado el tiempo de responder a tu carta (que por preferencias cromáticas no me estaba dirigida), es porque no me parece estar hablando con un banquero neoliberal, ni un abogado conservador, ni un predicador, ni un militante nacionalista. Sino con el conocedor del arte, de la poesía, de la gran literatura, el artista de la conversación, el compañero de los pensadores, el artífice de la comprensión de los misterios de la cultura que tanto apreciamos. En resumen, gente que necesitamos mucho. ¿Qué sería de un futuro país, refundado y todo, sin espíritus sutiles y eruditos, sin pacientes cultores de las ideas, sin finos artesanos del lenguaje, sin la belleza del pensar?</p>
<p>Desde el bosque,</p>
<p><strong>Daniel Ramírez</strong></p>
<h3><a href="https://www.pauta.cl/programas/desde-el-jardin/daniel-ramirez-sobre-la-tendencia-de-los-cafes-filosoficos">Escucha la conversación de 2018 entre Daniel Ramírez y Cristián Warnken</a></h3>
<p>*Fuente: <em><strong><a href="https://www.elperiodista.cl/2022/02/carta-a-warnken-suelta-el-palo-cristian-no-abandones-el-barco/">ElPeriodista</a></strong></em></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2022/02/20/carta-a-warnken-suelta-el-palo-cristian-no-abandones-el-barco/">Carta a Warnken: “Suelta el palo, Cristián, no abandones el barco”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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