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	<title>juan jose tamayo &#8211; piensaChile</title>
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	<title>juan jose tamayo &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Teología Económica de la Liberación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Feb 2018 00:14:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Teología de la Liberación]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia de los pobres]]></category>
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		<category><![CDATA[neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[teología de la liberación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Dios de la vida remite a la opción por los pobres. Pero esta no puede quedarse en el simple consuelo espiritual, en llamadas a la resignación o apelación a la contingencia y vulnerabilidad inherentes a la existencia humana, sino que ha de atender a las condiciones materia¬les de la vida.<b> «No se puede tener una opción preferencial por los pobres</b> —<b>afirma Himkelammert—, sin tener una opción sobre la producción y reproducción de los elementos materiales de la vida humana</b>»</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Aporte de un Teólogo Cristiano a la reflexión de la política económica de los pueblos.</strong><br />
La Teología es la disciplina que reflexiona acerca de Dios/ Dioses y fenómenos religiosos, con la finalidad de una mayor comprensión de nuestro caminar en el mundo y su relación con el mundo de las religiones, de las trascendencias y de las grandes incógnitas. Además de esta disciplina se desprenden valores que afectan la conducta de los seres humanos en todos sus aspectos, explicitados a través de las Religiones.</p>
<p>La Teología dejó de ser una disciplina atemporal y a-histórica encerrada bajo la inmutabilidad de alguna revelación, para tornarse en una disciplina que reflexiona sobre la realidad de un ser humano siempre en proceso, ya sea biológico o cultural, en una naturaleza también en proceso.</p>
<p>Así, reflexiona un Teólogo, cuando creímos que teníamos todas las respuestas, nos dimos cuenta que nos habían cambiado las preguntas. De este modo los lugares teológicos para reflexionar, han dejado de ser exclusivamente textos sagrados de pueblos milenarios, que responden a preguntas que ya nadie hace, o que responden en forma ajena a la cultura actual, para volcarse en la realidad conflictiva preguntándose como vemos a la Divinidad en esos trances. Qué nos dice nuestra conciencia, qué nos dicen también los textos de nuestros guías espirituales, qué nos dicen nuestras emociones.</p>
<p>La reflexión del Padre Hurtado ante un problema preguntándose: ¿Qué habría hecho Jesús el Cristo en mi lugar? no es fácil de responder, sin antes reflexionar y conocer bien los evangelios, no como bellas frases pietistas, sino con un significado de un ser humano que pensaba y sentía como nosotros, que se relacionaba con personas, con instituciones religiosas, y con la miseria humana, y también con la estrechez de criterio y la mezquindad propia de nuestra naturaleza.</p>
<p>Además Jesús tenía una visión muy clara de la naturaleza humana, de sus falencias y pasiones, y no temía llamar las cosas por su nombre con una gran honestidad intelectual, cualidad básica para desentrañar la realidad.</p>
<p>Santiago, 10 de Febrero, 2018</p>
<p><strong>TEOLOGÍAS DEL SUR – El giro descolonizador – Juan José Tamayo</strong><br />
Editorial Trotta, SA – 2017</p>
<p><strong>Capítulo 6 &#8211; TEOLOGÍAS LATINOAMERICANAS</strong></p>
<p><strong># 6.5 &#8211; Teología económica de la liberación</strong></p>
<p>Una línea transversal recorre las nuevas formas de teología de la liberación: la teología económica de la liberación, que se ocupa de las relaciones entre las prácticas y los discursos teológicos y las prácticas y los discursos económicos, y constata que la economía neoliberal opera como un sistema de creencias y posee unos presupuestos teológicos. Conforme a este planteamiento, critica la religión económica del mercado, que se rige por la ideología neoliberal, se orienta a la búsqueda del lucro y es ajena a la creación de condiciones de vida dignas para todos los seres humanos, y cuestiona su lógica idolátrica, que exige el sacrificio de vidas humanas y el holocausto de la naturaleza (Santa Ana, 1991).</p>
<p>Elemento fundamental de la teología económica de la liberación es la crítica de la racionalidad económica. Esta se sustenta en la eficiencia y la competitividad, que se convierten en valores supremos y criterios decisivos para juzgar sobre la validez del resto de los valores. La argumentación es la siguiente: lo que es eficiente y competitivo se considera bueno, necesario y útil; de la eficiencia se pasa a la bondad, de la bondad a la necesidad y de la necesidad a la utilidad, que se constituye en exigencia ética última.</p>
<p>Con la lucidez y el sentido iconoclasta que le caracteriza, el economista y teólogo de la liberación Franz Himkelammert desmonta esta argumentación, se pregunta si la racionalidad económica neoliberal es tan racional como parece y si la eficiencia es tal como se presupone, y responde con un símil que no admite réplica sobre la irracionalidad de la eficiencia:</p>
<p>Somos como dos competidores que están sentados cada uno sobre la rama de un árbol, cortándola. El más eficiente será aquel que logre cortar la rama sobre la que está sentado. Caerá primero, pero habrá ganado la carrera por la eficiencia. [&#8230;] mientras celebramos la racionalidad y la eficiencia, estamos destruyendo las bases de nuestra vida (Himkelammert, 1996, 13).</p>
<p>El lugar de encuentro entre economía y teología y su principio fundamental y fundante es el Dios de la vida, conforme a la afirmación de Ireneo de Lyon: «La gloria de Dios es la vida del ser humano», que monseñor Romero, arzobispo mártir de San Salvador, traducía así: «La gloria de Dios es la vida del pobre». Pero no el Dios de la vida eterna ajeno a la vida humana en la historia, ni la vida que se ocupa solo del espíritu desencarnado, como defienden las teologías ahistóricas, sino la vida humana en su plenitud y la vida de la naturaleza en su integridad.</p>
<p>El Dios de la vida remite a la opción por los pobres. Pero esta no puede quedarse en el simple consuelo espiritual, en llamadas a la resignación o apelación a la contingencia y vulnerabilidad inherentes a la existencia humana, sino que ha de atender a las condiciones materiales de la vida. «<strong>No se puede tener una opción preferencial por los pobres</strong> —afirma Himkelammert—,<strong> sin tener una opción sobre la producción y reproducción de los elementos materiales de la vida humana</strong>» (Himkelammert, 1996, 13).</p>
<p>Pues bien, la economía es precisamente el ámbito de la producción y reproducción de los elementos materiales de la vida humana. En consecuencia, está más que justificada la incorporación de la economía en clave liberadora al ámbito de la reflexión teológica. Diría más: la economía en el horizonte de la opción por los pobres es inherente a la experiencia religiosa y a la fe en el Dios de los pobres.</p>
<p>La teología económica de la liberación opta por el Dios de la vida frente a los ídolos de muerte de la religión del mercado, y se traduce en una ética compasiva y solidaria en convergencia con la ética contrahegemónica de los movimientos sociales y alterglobalizadores y con el Sumak Kawsay (Buen Vivir) y el Sumak Kamaña de las comunidades indígenas de Abya Yala.</p>
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		<title>Zygmunt Bauman: posmodernidad, vida líquida, amor líquido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Jan 2017 01:36:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[juan jose tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[polonia]]></category>
		<category><![CDATA[posmodernidad]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[zygmunt bauman]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nuestro mundo avanza a un ritmo vertiginoso, pero sin rumbo, cambia compulsivamente, pero sin consistencia. No hay tiempo para que las cosas echen raíces. La precariedad es el signo –y el sino- de nuestro tiempo. Siempre hay que estar empezando y terminando. Pareciera que el imperativo categórico fuera estar poniéndose al día constantemente. Las cosas se adquieren y se desechen con una celeridad compulsiva.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="post-headline">
<p>12-enero-2017</p>
</div>
<div class="post-bodycopy clearfix">
<p><a href="http://www.atrio.org/wp-content/uploads/JJ-Tamayo1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-thumbnail wp-image-8587" src="http://www.atrio.org/wp-content/uploads/JJ-Tamayo1-108x150.jpg" alt="JJ Tamayo" width="108" height="150" /></a>Ha fallecido a los 91 años el politólogo y científico social polaco Zygmunt Bauman, uno de los pensadores más lúcidos e influyentes de nuestro tiempo. Es autor de numerosos libros entre los que cabe citar:</p>
<ul>
<li>(2001), <em>La sociedad individualizada</em>, Cátedra, Madrid;</li>
<li>(2002), <em>La cultura como praxis</em>, Paidós, Barcelona; (2003), <em>Modernidad líquida</em>, FCE, México DF.;</li>
<li>(2004), <em>La sociedad sitiada</em>, FCE, Buenos Aires;</li>
<li>(2005), <em>Amor líquido</em>. <em>Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos</em>, FCE, México DF.;</li>
</ul>
<ul>
<li>(2005), <em>Archipiélago de excepciones</em>, Katz, Barcelona;</li>
<li>(2006), <em>Vida líquida</em>, Paidós, Barcelona;</li>
<li>(2007), <em>Vida de consumo</em>, FCE, Buenos Aires;</li>
<li>(2007), <em>Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores</em>, Paidós, Barcelona;</li>
<li>(2011), <em>Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global</em>, Fondo de Cultura Económica;</li>
<li>(2012) <em>La utopía activa</em>. Nueva Visión, Buenos Aires;</li>
<li>(2013), <em>La cultura en el mundo de la modernidad líquida</em>. FCE, Buenos Aires;</li>
<li>(2014), <em>¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?</em>. Paidós, Barcelona;</li>
<li>(2015), <a href="https://books.google.com/books?id=fHeeBwAAQBAJ&amp;pg=PA7"><em>Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida</em></a>. Paidós. Barcelona.</li>
</ul>
<p>“Líquido” es una de las categorías centrales y de gran riqueza analítica de su pensamiento. Su tesis es que en la sociedad actual todo es líquido, inconsistente, evanescente: la modernidad, los miedos, los temores, el amor, la vida. Las condiciones de vida y de acción y las estrategias de respuesta se modifican con tal celeridad que no pueden consolidarse ni traducirse en hábitos y costumbres.</p>
<p>Nuestro mundo avanza a un ritmo vertiginoso, pero sin rumbo, cambia compulsivamente, pero sin consistencia. No hay tiempo para que las cosas echen raíces. La precariedad es el signo –y el sino- de nuestro tiempo. Siempre hay que estar empezando y terminando. Pareciera que el imperativo categórico fuera estar poniéndose al día constantemente. Las cosas se adquieren y se desechen con una celeridad compulsiva. Las capacidades se tornan discapacidades en un abrir y cerrar de ojos. La apelación a la experiencia es signo de decrepitud. Se impone la velocidad frente a la duración, la aceleración frente a la eternidad, la novedad frente a la tradición, el consumismo frente a la ciudadanía. “El consumidor –afirma- es enemigo del ciudadano” (<em>Vida líquida</em>, 166). Hemos pasado del miedo al cambio al miedo al estancamiento.</p>
<p>La vida líquida se caracteriza, según Bauman, por ser una “cultura del desenganche, de la discontinuidad, del olvido”; una cultura que no educa en la reflexión en profundidad,  ni en la actitud de búsqueda, sino en la ojeada fugaz, en <em>dejá vu</em>. No hay convicciones firmes, sólo opiniones diletantes que pueden cambiar de un día para otro, tanto en la política como en el debate intelectual. Cada vez hay menos personas dispuestas a dar su vida por algo o por alguien. Se ha pasado de la figura del mártir a la del héroe como camino más rápido para conseguir celebridad (Bauman, 2006, 57ss).</p>
<p>El martirio, para él, significa solidarizarse con “un colectivo al que la mayoría discrimina, humilla, ridiculiza, odia y persigue”. El mártir “pone la lealtad a la verdad por encima de cualquier otro cálculo de ganancia o beneficios mundanos (materiales, tangibles, racionales y pragmáticos)” (Bauman, 2006, 60). Aquí radica precisamente la diferencia entre los mártires y los héroes modernos. Estos hacen cálculos sobre las pérdidas y las ganancias de sus acciones y esperan obtener beneficios de su sacrificio. Mientras que la muerte de los mártires es “inútil”, no se entiende que pueda existir un “heroísmo inútil”. Aquí convendría recordar la reflexión de Ernst Bloch sobre el héroe rojos en las prisiones nazi-fascistas, coincidente con el análisis de Bauman (Ernst Bloch, <em>El principio esperanza</em>, III, Trotta, Madrid, 2007).</p>
<p>La democracia ha sufrido un golpe de Estado por mor del neoliberalismo, cuyo objetivo es privatizar la esfera pública y eliminar la utopía social. La utopía de la modernidad, dice Bauman, se ha convertido “en blanco y presa de llaneros, cazadores y tramposos solitarios: uno de los muchos trofeos de la conquista y la anexión de lo público a lo privado” (Bauman, 2006, 200). Calificar hoy a una persona, a un colectivo o a un proyecto de utópicos no es precisamente un piropo. Constituye una descalificación en toda regla. La utopía sufre hoy un largo destierro y un maltrato semántico. Se identifica con quimera, fantasmagorería, ilusión, sueño irrealizable, evasión de la realidad, renuncia a las responsabilidades del presente.</p>
<p>Sin embargo, la utopía, liberada de toda mitología, es una categoría mayor de la filosofía de la esperanza y tiene un sentido positivo en tanto proyecto de un mundo justo, que implica la crítica del presente. Es necesaria como imagen movilizadora de las energías humanas, horizonte que orienta y guía la praxis, instancia crítica de la realidad y, en definitiva, motor de la historia (Juan José Tamayo, <em>Invitación a la Utopía. Estudio histórico para tiempos de crisis</em>, Trotta, Madrid, 2012, 147 y 260).</p>
<p>El individuo vive en permanente asedio. Cuanto más se empeña en afirmar su individualidad, más asediado se ve por la sociedad. “<em>La individualidad</em> –dice Bauman- <em>es tarea que la propia sociedad de individuos fija para sus miembros</em> (Bauman, 2006, 31). El auge de la individualidad supuso el debilitamiento progreso de los lazos sociales. ¿En qué consiste entonces el viaje de autodescubrimiento? En una mera feria global de comercio al por mayor de recetas de individualidad. Los elementos auténticamente individuales de cada persona terminan por convertirse en moneda de uso común, en estándares sin valor.  Aquí convendría recordar a Antonio Machado para quien  es de necios confundir valor y precio.</p>
<p>Vivimos un proceso de fragmentación y de segmentación, de diversidad individual y social. Lo que exige como objetivos políticos y sociales importantes, escribe el intelectual polaco citando a Dominique Simone Rychen, el fortalecimiento de la cohesión social, el desarrollo de un sentido de conciencia y responsabilidad sociales, la interacción con otras personas, el diálogo, la comprensión mutua, la gestión y resolución de los conflictos (Bauman, 2006, 166).</p>
<p>Siguiendo a Hannah Arendt y a Bertold Brecht, llama a nuestra época “tiempos de oscuridad”, en los que se degrada toda verdad a una trivialidad sin sentido y el distanciamiento de la política y de lo público se ha convertido en la “actitud básica del individuo moderno, quien, alienado del mundo, sólo puede revelarse verdaderamente en privado y en la intimidad de los encuentros cara a cara” (Bauman, 2006, 172).</p>
<p>Bauman se pregunta por la posibilidad de convertir el espacio público en lugar de participación duradera, de diálogo permanente, de debate y de confrontación entre el consenso y el disenso, en vez de ámbito de encuentros fugaces y casuales. Su respuesta es que esa conversión sólo es posible creando un espacio público nuevo y global, que se traduzca en una política planetaria adecuada, un escenario igualmente planetario, un análisis global de los problemas provocados a escala global y una responsabilidad realmente planetaria. Ello exige reformar el tejido de las interdependencias e interacciones globales.</p>
<p>Las reflexiones de Bauman no dejan a nadie indiferente. Se compartan o no, dan  que pensar. Llevan siempre por veredas inexploradas, no por los caminos del éxito seguro en los negocios. Provocan insatisfacción como punto de partida para cambiar la realidad. Invitan a construir relaciones simétricas, cálidas, duraderas, auténticas, profundas, no mediadas crematísticamente. Los pensamientos de Bauman no acaban en desencanto y apatía. Todo lo contrario. Su libro <em>Vida líquida </em>termina con una <em>llamada a la esperanza entendida como encuentro entre la imaginación y el sentido moral.</em></p>
<p>La esperanza se resiste, y con razón, a reconocer la jurisdicción “de lo que es” y a someterse al dictamen de la realidad. Es esta, más bien, la que tiene que explicar por qué no siguió el criterio marcado por la esperanza. Y junto a la esperanza, la apelación a la utopía, a partir de la consideración del ser humano como criatura <em>esperanzada </em>según Bloch y de la idea de la ética como filosofía primera según Lévinas. El mundo exterior tiene que demostrar su inocencia ante el tribunal de la ética, no viceversa. Y por el momento no le va a ser posible demostrarla, porque dicho tribunal está sometido al asedio del mercado, que es el mejor ejemplo de inmoralidad.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://www.atrio.org/2017/01/zygmunt-bauman-posmodernidad-vida-liquida-amor-liquido/#more-13745">Atrio</a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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