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	<title>jose maria arguedas &#8211; piensaChile</title>
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	<title>jose maria arguedas &#8211; piensaChile</title>
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		<title>«A nuestro padre creador Túpac Amaru», en el aniversario de su brutal ejecución</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 May 2026 22:30:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colonialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[NuestrAmérica]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos Originarios]]></category>
		<category><![CDATA[descuartizamiento]]></category>
		<category><![CDATA[jose gabriel condorcanqui]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>18 de mayo de 2026<br />
Tras su muerte, el cuerpo de Túpac Amaru fue despedazado; su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Ayapata (actual provincia de Carabaya), y sus piernas en Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas) y en Santa Rosa (actual provincia de Melgar, Puno).</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2026/05/18/a-nuestro-padre-creador-tupac-amaru-en-el-aniversario-de-su-brutal-ejecucion/">«A nuestro padre creador Túpac Amaru», en el aniversario de su brutal ejecución</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Imagen superior: Tupac Amaru (José Gabriel Condorcanqui) líder del mayor levantamiento indígena contra la dominación de la corona española. Ejecutado bestialmente en una plaza del Cusco, luego de ser interrogado y torturado, el 18 de mayo de 1781.</p>
<p>18 de mayo de 2026</p>
<p><em><strong>«Tu sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin cesar y sin límites»</strong></em></p>
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<hr />
<div></div>
<p><strong>José María Arguedas Altamirano</strong> fue un peruano escritor, poeta, traductor, profesor, antropólogo, músico y etnólogo. Autor de novelas y cuentos que lo han llevado a ser considerado como uno de los tres grandes representantes de la narrativa indigenista en el Perú, también escribió poesía en idioma quechua, que luego el mismo traducía.</p>
<p>Su poema quechua <strong>Tupac Amaru kamaq taytanchisman, </strong>traducido como <strong>A nuestro padre creador Túpac Amaru (himno-canción). </strong> Es un canto dedicado al procer de la independencia del Perú, José Gabriel Condorcanqui, más conocido por su nombre Túpac Amaru II.</p>
<p><img loading="lazy" class="wp-image-102851 aligncenter" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/05/Tupac_amaru_execution-300x134.jpg" alt="" width="705" height="315" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/05/Tupac_amaru_execution-300x134.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/05/Tupac_amaru_execution.jpg 413w" sizes="(max-width: 705px) 100vw, 705px" /></p>
<p>Atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos estos a la cincha de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes, ó porque el indio en realidad fuese de hierro, no pudieron absolutamente dividirlo, después que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire, en un estado que parecía una araña.</p>
<p>Su hijo menor, Fernando, gritó al ser testigo de la agonía de su padre. En palabras del geógrafo y viajero inglés Clements R. Markham, quien visitó el Perú numerosas veces a mediados del siglo XIX, «Fernando Lanzó un grito desgarrador», y concluye diciendo que este grito fue la «sentencia de muerte de la dominación española en la América del Sur». Tras su muerte, el cuerpo de Túpac Amaru fue despedazado; su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Ayapata (actual provincia de Carabaya), y sus piernas en Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas) y en Santa Rosa (actual provincia de Melgar, Puno). De igual forma despedazaron los cuerpos de su familia y seguidores, y los enviaron a otros pueblos y ciudades. Todo ello descrito en el documento español Distribución de los cuerpos, o sus partes, de los nueve reos principales de la rebelión, ajusticiados en la plaza de Cuzco, el 18 de mayo de 1781.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>———————–</p>
<h3><strong>JOSÉ MARÍA ARGUEDAS – A nuestro padre creador Túpac Amaru </strong></h3>
<p><em>-A Doña Cayetana, mi madre india, que me protegió con sus lágrimas y su ternura,</em><br />
<em>cuando yo era niño huérfano alojado en una casa hostil y ajena.</em><br />
<em>A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes sentí</em><br />
<em>por vez primera, la fuerza y la esperanza-.</em></p>
<p>Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salqantay; tu<br />
sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin<br />
cesar y sin límites.</p>
<p>Tus ojos de serpiente dios que brillaban como el cristalino de todas las<br />
águilas, pudieron ver el porvenir, pudieron ver lejos. Aquí estoy, fortalecido<br />
por tu sangre, no muerto, gritando todavía.<br />
Estoy gritando, soy tu pueblo; tú hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las<br />
hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez<br />
más. Desde el día en que tú hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el<br />
acerado y sanguinario español, desde el instante en que le escupiste a la<br />
cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramó sobre la hirviente tierra,<br />
en mi corazón se apagó la paz y la resignación. No hay sino fuego, no hay<br />
sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.<br />
Está cantando el río,<br />
está llorando la calandria,<br />
está dando vueltas el viento;<br />
día y noche la paja de la estepa vibra;<br />
nuestro río sagrado está bramando;<br />
en las crestas de nuestros Wamanis montañas,<br />
en su dientes, la nieve gotea y brilla.<br />
¿En dónde estás desde que te mataron por nosotros?<br />
Padre nuestro, escucha atentamente la voz de nuestros ríos; escucha a los<br />
temibles árboles de la gran selva; el canto endemoniado, blanquísimo del mar;<br />
escúchalos, padre mío, Serpiente Dios. ¡Estamos vivos; todavía somos! Del<br />
movimiento de los ríos y las piedras, de la danza de árboles y montañas, de<br />
su movimiento, bebemos sangre poderosa, cada vez más fuerte. ¡Nos<br />
estamos levantando, por tu casa, recordando tu nombre y tu muerte!<br />
En los pueblos, con su corazón pequeñito, están llorando los niños.<br />
En las punas, sin ropa, sin sombrero, sin abrigo, casi ciegos, los hombres<br />
están llorando, más tristes, más tristemente que los niños.<br />
Bajo la sombra de algún árbol, todavía llora el hombre, Serpiente Dios, más<br />
herido que en tu tiempo; perseguido, como filas de piojos.<br />
¡Escucha la vibración de mi cuerpo! Escucha el frío de mi sangre, su temblor<br />
helado.<br />
Escucha sobre el árbol de lambras el canto de la paloma abandonada,<br />
nunca amada;<br />
el llanto dulce de los no caudalosos ríos, de los manantiales que suavemente<br />
brotan al mundo.<br />
¡Somos aún, vivimos!<br />
De tu inmensa herida, de tu dolor que nadie habría podido cerrar, se levanta<br />
para nosotros la rabia que hervía en tus venas. Hemos de alzarnos ya, padre,<br />
hermano nuestro, mi Dios Serpiente. Ya no le tenemos miedo al rayo de<br />
pólvora de los señores, a las balas y la metralla, ya no le tememos tanto.<br />
¡Somos todavía! Voceando tu nombre, como los ríos crecientes y el fuego que<br />
devora la paja madura, como las multitudes infinitas de las hormigas<br />
selváticas, hemos de lanzarnos, hasta que nuestra tierra sea de veras<br />
nuestra tierra y nuestros pueblos nuestros pueblos.</p>
<p>Escucha, padre mío, mi Dios Serpiente, escucha:<br />
las balas están matando,<br />
las ametralladoras están reventando las venas,<br />
los sables de hierro están cortando carne humana;<br />
los caballos, son sus herrajes, con sus locos y pesados cascos, mi cabeza,<br />
mi estómago están reventando,<br />
aquí y en todas parte;<br />
sobre el lomo helado de las colinas de Cerro de Pasco,<br />
en las llanuras frías, en los caldeados valles de la costa,<br />
sobre la gran yerba viva, entre los desiertos.<br />
Padrecito mío, Dios Serpiente, tu rostro era como el gran cielo, óyeme: ahora<br />
el corazón de los señores es más espantosos, más sucio, inspira más odio.<br />
Han corrompido a nuestros propios hermanos, les han volteado el corazón y,<br />
con ellos, armados de armas que el propio demonio de los demonios no podría inventar y fabricar, nos matan. ¡Y sin embargo, hay una gran luz en<br />
nuestras vidas! ¡Estamos brillando! Hemos bajados a las ciudades de los<br />
señores. Desde allí te hablo.<br />
Hemos bajado como las interminables filas de hormigas de la gran selva.<br />
Aquí estamos, contigo, jefe amado, inolvidable, eterno Amaru.<br />
Nos arrebataron nuestras tierras. Nuestras ovejitas se alimentan con las<br />
hojas secas que el viento arrastra, que ni el viento quiere; nuestra única vaca<br />
lame agonizando la poca sal de la tierra. Serpiente Dios, padre nuestro: en tu<br />
tiempo éramos aún dueños, comuneros. Ahora, como perro que huye de la<br />
muerte, corremos hacia los valles calientes. Nos hemos extendido en miles<br />
de pueblos ajenos, aves despavoridas.<br />
Escucha, padre mío: desde las quebradas lejanas, desde las pampas frías o<br />
quemantes que los falsos wiraqochas nos quitaron, hemos huido y nos<br />
hemos extendido por las cuatro regiones del mundo. Hay quienes se aferran<br />
a sus tierras amenazadas y pequeñas. Ellos se han quedado arriba, en sus<br />
querencias y, como nosotros, tiemblan de ira, piensan, contemplan. Ya no<br />
tememos a la muerte. Nuestras vidas son más frías, duelen más que la<br />
muerte. Escucha, Serpiente Dios: el azote, la cárcel, el sufrimiento inacabable,<br />
la muerte, nos han fortalecido, como a ti, hermano mayor, como a tu cuerpo y<br />
tu espíritu. ¿Hasta donde nos ha de empujar esta nueva vida? La fuerza que<br />
la muerte fermenta y cría en el hombre ¿no puede hacer que el hombre<br />
revuelva el mundo, que lo sacuda?<br />
Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la<br />
Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi<br />
sangre, cantando, edifiqué una casa. El río de mi pueblo, su sombra, su gran<br />
cruz de madera, las yerbas y arbustos que florecen, rodeándolo, están, están<br />
palpitando dentro de esa casa; un picaflor dorado juega en el aire, sobre el<br />
techo.<br />
Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo.<br />
Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no<br />
extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el<br />
poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos<br />
envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta<br />
cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego.<br />
¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos<br />
hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos<br />
apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como<br />
a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que<br />
entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz,<br />
donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montañas donde la pestilencia del mal no llega<br />
jamás. Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu<br />
nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y<br />
alumbra todo el espíritu y el camino.<br />
Tranquilo espera,<br />
tranquilo oye,<br />
tranquilo contempla este mundo.<br />
Estoy bien ¡alzándome!<br />
Canto;<br />
mismo canto entono.<br />
Aprendo ya la lengua de Castilla,<br />
entiendo la rueda y la máquina;<br />
con nosotros crece tu nombre;<br />
hijos de wiraqochas te hablan y te<br />
escuchan<br />
como el guerrero maestro, fuego<br />
puro que enardece, iluminando.<br />
Viene la aurora.<br />
Me cuentan que en otros pueblos<br />
los hombre azotados, los que sufrían,<br />
son ahora águilas, cóndores de<br />
inmenso y libre vuelo.<br />
Tranquilo espera.<br />
Llegaremos más lejos que cuanto tú quisiste y soñaste.<br />
Odiaremos más que cuanto tú odiaste;<br />
amaremos más de lo que tú amaste,<br />
con amor de paloma encantada, de calandria.<br />
Tranquilo espera, con ese odio y con ese amor sin sosiego y sin límites, lo<br />
que tú no pudiste lo haremos nosotros.<br />
Al helado lago que duerme, al negro precipicio, a la mosca azulada que ve y<br />
anuncia la muerte a la luna, las estrellas y la tierra, el suave y poderoso<br />
corazón del hombre; a todo ser viviente y no viviente, que está en el mundo,<br />
en el que alienta o no alienta la sangre, hombre o paloma, piedra o arena,<br />
haremos que se regocijen, que tengan luz infinita, Amaru, padre mío. La<br />
santa muerte vendrá sola, ya no lanzada con hondas trenzadas ni estallada<br />
por el rayo de pólvora. El mundo será el hombre, el hombre el mundo, todo a<br />
tu medida.<br />
Baja a la tierra, Serpiente Dios, infúndeme tu aliento; pon tus manos sobre la<br />
tela imperceptible que cubre el corazón. Dame tu fuerza, padre amado.</p>
<p>—————————————-</p>
<h3><strong>José María Arguedas – Tupac Amaru kamaq taytanchisman</strong></h3>
<p><em>Lucanas india, mamay Doña Caytanaman. Auqa wasipi,</em><br />
<em>Wakcha warmalla kasiaqtiy, pay, urpi sonqonwan, khuyay</em><br />
<em>Weqenwan uywallawarqa. Tawantin Puquio ayllukunaq</em><br />
<em>Allin qarinkunaman. Paykunapin qawarqani warma sonqoywan</em><br />
<em>Comunerupa kallpanta, imay mana ruway atisqanta.</em></p>
<p>Tupac Amaru, Amaruq churin, Apu Salqantaypa ritinmanta ruwasqa llantuykin,<br />
Apu suyu sombran hina sonqo ruruykupi mastarikun, may pachakama.</p>
<p>Qanqa karuta, amaru ñawikiwan, wamancha kanchariynininwan, qawarqanki.<br />
Kaypin kasiani, yawarniykiwan kallpachasqa, mana, wañusqa, qaparispa.</p>
<p>Qaparisianin, llaqtaykin kani, runayki; qanpa mosoqmanta ruwasqaykin nunay,<br />
Weqey, mana tanisqa kiriy. Qan rimasqaykimanta, yawar mikuqjierro<br />
Españolwan maqanakusqaykimantan, uyanta toqasqaykimantan, yawarniki<br />
Timpuq allpapi timpusqanmantan manaña sonqoypi qasilla kanñachu.<br />
Rupayllañan kan, amaru cheqniyllañan kan, supay weraqochakunapaq, sonqoypi.</p>
<p>Mayun takisian,<br />
Tuyan waqasian,<br />
Wayran muyusian,<br />
Ichun, tuta punchay sukasian.<br />
Wamanikunaq, apukunaq kirunpi, riti sutusian, llipipisian.<br />
Hatun mayunchijmi qaparisian.<br />
¡Maypitaq kani ñoqayku rayku wañusqaykimanta!</p>
<p>Taytay: mayukanata uyariykuy, sutilla; hatun yunkapipas manchay sachakunata uyariykuy; la mar qochapa supay, yuraq takinta, waqayninta uyariykuy, papay, Amaruy. ¡Kausasianikun! Chay rumi, sacha unu, mayu kuyusqanmantan; mayu muyurisqanmantan, wayra tududwanmantan, astawan hatunta, astawan yawar kallpata hapisiayku.¡Hatarisianikun, qan rayku, apu sutiyki, apu wañuyniyki rayku!</p>
<p>Llaqtakunapi, wawakuna, imay mana sonqonchanwan waqasianku.<br />
Puñakunapi, mana pachayoq, mana loqoyoq, mana ima qoñiqniyok, ñausa,<br />
Wakcha runakuna waqasianku, khuyayta; astawan wawa weqenmantapas khuyayta.<br />
Sacha llantunpi tiyaykuspa runakuna waqanraqmi, Amaruy;<br />
Qan pacha kausasqaykimantapas astawan kirisqa; qatisqa, usa hina qatisqa.<br />
¡Uyariykuy sonqoyta, tanlinyasqanta!<br />
Uyariykuy yawarniypa chiriyninta, katatasqanta;<br />
Uyariykuy lambras sachapi mana piyniyoq urpipa llakisqanta; taksalla mayupa, llampu timpuq puquiupa takisqanta.<br />
¡Kachkaniraqmi!</p>
<p>Chay hatunkaray kiriykimanta, mana pipas taniy atiq ñakarisqaykimanta hatarin ñoqaykupaq, sirkaykipi timpuq rabia. Hatarisaqkuñan, papay, wayqechay, Amaruy. Manañan manchanikuchu millay weraqochakunapa pólvora illapanta, balanta, metrallantapas; manañan anchata manchanikuchu. ¡Kachkaniraqkun! Sutiykita qaparispa, lloqllariq mayu hina, puriq nina hina, mana usiaq sisi hina, lloqllasaqku, noqanchispa llapan allpanchista hapinaykukama; llaqtanchispas llaqtanchispuni kanankama.</p>
<p>Uyariy, papy, Amaruy, uyariykuy:<br />
Balan sipisian,<br />
Metrallan yawarta toqyachisian,<br />
Jierro cochillun runaq aychanta kuchuchkan,<br />
Cawallum, irrajinwan, upa, llasaq chakinwan umayta, wiksaykuta ñitisian,<br />
Kaypipas maypipas:<br />
Chiri wasa Cerro de Pasco orqokunapi,<br />
Riti pampa allpaykipi,<br />
Rupaq, chin niq yunka, qomer kanchariy yunkakunapi.</p>
<p>Taytachay, Amaruy, cielo uyayoq wayqey, kunan kita weraqochakunapa sonqonqa astawan qanran, astawan millay, astawan cheqninan. Kikin wayqentchiq runakuña sonqonta tikraruspa, paykunawan, saqramantapas astawan saqra armakunawan sipiwanku. ¡Kachkaniwaqkun, chaypas, kachkaniwaqkun, kancharisparaq! Llaqtakunaman, kitaweraqocha llaqtankunaman uraykamuniku mana usiaq sisi hina. Chaypiñan kasianiku; chaypiñan kasianki ñoqaykuwan kuyay apu, mana qonqana, wiñay Amaruy.<br />
Manañan allpaykuna, chakraykuna kanñachu. Uijachaykupas qopallatañan mikun, wayrapa mana munasqan qopata; allpallatañan, as kachichayoq mana kachiyoq allpallatañan wakachayku wañu waluyta llaqwan. Amaruy, qan pacha timpuykipi cumun allpayku karqaraqmi. Kunanqa, wañuymanta alqo ayqeq hina, llaqtakunamanta yunkakunaman ayqesianiku; mastarayasianiku runapa llaqtakunapi, mancharisqa challchaku hina.<br />
Uyariy Hatun Tayta, karu qeswakunamanta, kita weraqochakuna, pampa, chiri qoñeq allpaykuna qechuwasqankunamanta, ayqespa, mastarinakuniku lliu tawantin suyupi. Qepaq wakcha, pisi allpachayoq runakunapas, ñoqaykuna hinan rabiasianku, qawarisianku tukuy imaymanata. ¿Ima raykutaq manchakuymanku, kunan? Wañuymanta astawan chiri, astawan nanaqmi vidayku, qan hina, hatun wayqey. ¿Maykamataq kay mosoq kallpayku tanqawanqaku? Kikin wañuymanta kallpa hatariq-qa pachata kuyuchinmanmi, tikranmanmi, mosoqyachinmanmi.<br />
Lima hatuchachaq llaqta, kita weraqochakunapa uma llaptapin kasiani; Comas aqo pampani weqeywan, kallpaywan, yawarniywan, takispa, wasicha ruwakusqaypi. Llaqtay mayu, llaqtay sombra, llaqtay tika waytas, llaqtay hatun cruzsi, chay wasi ukupi sonqosian; qori qentis llipipisian techo wayrachampi, pukllaspa.<br />
Kay weraqochakunaq uma llaqtanta, ñoqayku, as asllamanta tikrasianiku; sonkoykuwan sonqosianiku, samiykuwan samisianiku; ñakariq sonqo runa saminqa ancha cieluyoqmi. Qepa ñeqen takinku yuyasqaykuwan, mosoq takiykuwanpas, kay llaqtata, qoncho huchamanta, maykamaraq huchanmanta, qespichisaqku, weqewan, khuyaywan, ninawan. ¡Imawanpas! Amaña auqa kananpaq. Waranga waranqa kasiayku, huñusqa, llaqtan llaqtan huñusqa. Mat’ isiayku kay runa cheqniq llaqtata, cawallupa akanta hina millakuwaqninchis llaqtata. ¡Qespichisaqkun! Runa llaqtan kanqa, tawantin suyu hatun takiq, manchay kusiq, allin llankaq, mana cheqniq ¡chuya! Apu ritin hina mana asnaq huchyoq. Chaynan, chaynapunin kanqa. Amaruy, qan rayku; sutiykimanta chuyay paqcha chayamuq, mana samaspa llipipiq paqcha rayku; ñan kanchariq, runaq yuyaynin wiñaypaq kanchariq paqcha.</p>
<p>Qasilla suyay<br />
Qasilla uyariy<br />
Qasilla qawaykamuy kay pachata.<br />
Allinraqmi kasiani ¡suyasianin!<br />
Takisiaykun,<br />
Tususiaykun,<br />
Takiyniykiwanraq, tusuyniykiwanraq.<br />
Castellanutapas, waranqa ruedayoq kaqtapas, kuyuchisianiñan;<br />
Sutikin ñoqaykuwan kuska wiñan, kallpachakun;<br />
Wayna weraqochakunapas uyarisunkiñan, reqsisunkiñan;<br />
Hatun amauta raura kanchariq hinata<br />
Ñas pacha achikyay, runaq pachawaray kancharisianña,<br />
Ñas huk karu karu llaqtakunapipas<br />
Muchuq runakuna wamaniña kanku, hatun pawaq kunturña.</p>
<p>Qasilla suyay.<br />
Mosqosqaykimantapas astawan kurataraq chayasaqku,<br />
Cheqnisqaykimantapas astawan fierutaraq cheqnisaqku,<br />
Kuyasqaykimantapas astawan, urpi urpi, tuya tuyaraq kuyasiayku.<br />
Qasilla suyay, chay imay mana kuyaywan, chay imay mana cheqniywan<br />
Qan mana atisqaykita noqayju atisaqku.<br />
Chiri puñuq qochata, yana qaqata,<br />
Wañuy qawaq chiririnkata,<br />
Runa llanpu sonqonta<br />
Tukuy teqsi muyuntinpi, kausayniyoq mana kausayniyoq kaqta,<br />
Kay pachapi;<br />
Yawarniyoq urpita, runata, mana yawarniyoq, aqo, qaqata,<br />
Qochochisaqku, kancharichisaqku, maykamaraq, papay Amaru.<br />
Santa Muerte sapallanña hamunqa, mana warakawan chanqaspa,<br />
Mana runaq polvora illapanpi toqyaspa.<br />
Pachan runa kanqa, runañataq pacha,<br />
Qan sayay.</p>
<p>Uraykamuy Amaruy, samayniykita urpuchiway; sonqoypa llikanpi makikita churaykuy; kallpachaway.</p>
</div>
</section>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2026/05/18/a-nuestro-padre-creador-tupac-amaru-en-el-aniversario-de-su-brutal-ejecucion/">«A nuestro padre creador Túpac Amaru», en el aniversario de su brutal ejecución</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Lima, 19 de enero de 2023, Día Histórico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Jan 2023 16:17:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[NuestrAmérica]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos en lucha]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos Originarios]]></category>
		<category><![CDATA[19 de enero de 2023]]></category>
		<category><![CDATA[dia historico]]></category>
		<category><![CDATA[jose maria arguedas]]></category>
		<category><![CDATA[lima]]></category>
		<category><![CDATA[plaza san martin]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2023/01/19/lima-19-de-enero-de-2023-dia-historico/">Lima, 19 de enero de 2023, Día Histórico</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>19 de enero de 2023</p>
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true">
<p lang="es" dir="ltr">El viaje de la democracia <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.1.0/72x72/1f1f5-1f1ea.png" alt="🇵🇪" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> <a href="https://t.co/agZeZKkBZx">pic.twitter.com/agZeZKkBZx</a></p>
<p>&mdash; Laura Arroyo (@menoscanas) <a href="https://twitter.com/menoscanas/status/1616062765755469824?ref_src=twsrc%5Etfw">January 19, 2023</a></p></blockquote>
<p><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>
<div class="post-content post-single-content">
<p><em>José María Arguedas</em> (Andahuaylas, 18 de enero de 1911-Lima, 2 de diciembre de 1969)</p>
<p>Texto escrito hace ya más de 60 años, en el día de su 112 cumpleaños, pero que parece escrito ayer. Es la visión de los maestros, de los gigantes, de aquellos de los cuales hay que aprender:</p>
<blockquote><p>“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraquchas, con lágrimas, amor, o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos, nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblos de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montaña donde la pestilencia del mal no llegue jamás- Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino”.</p></blockquote>
<p>(José María Arguedas, Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción. Ediciones Salqantay. 1962. Lima).</p>
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		<title>Llegada a Lima: “Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo» (J.M.Arguedas)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Jan 2023 23:37:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho y justicia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo."</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>19 de enero de 2023</p>
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true">
<p lang="es" dir="ltr">“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo” JM Arguedas y pintura de Alcides Catacora. En aniversario 112 del Tayta; de Lima, ciudad nuestra y ajena. Con la gran movilización de estos días, recordándonos que todos somos del Perú aunque nos terruqueen. <a href="https://t.co/dpcupRuE4V">pic.twitter.com/dpcupRuE4V</a></p>
<p>&mdash; Gisela Ortiz (@gise_ortiz) <a href="https://twitter.com/gise_ortiz/status/1615717679469412358?ref_src=twsrc%5Etfw">January 18, 2023</a></p></blockquote>
<p><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>José María Arguedas</em> (Andahuaylas, 18 de enero de 1911-Lima, 2 de diciembre de 1969)</p>
<p><span style="font-size: 14px;">Texto escrito hace ya más de 60 años, pero que parece escrito ayer, en el día de su 112 cumpleaños. Es la visión de los maestros, de los gigantes, de aquellos de los cuales hay que aprender:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;">“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraquchas, con lágrimas, amor, o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos, nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblos de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montaña donde la pestilencia del mal no llegue jamás- Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino”.</p>
<p style="padding-left: 80px;">(José María Arguedas, Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción. Ediciones Salqantay. 1962. Lima).</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2023/01/18/llegada-a-lima-al-inmenso-pueblo-de-los-senores-hemos-llegado-y-lo-estamos-removiendo/">Llegada a Lima: “Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo» (J.M.Arguedas)</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<item>
		<title>Perú: Intercambio epistolar entre Hugo Blanco y José María Arguedas (noviembre 1969)</title>
		<link>https://piensachile.com/2021/06/12/peru-intercambio-epistolar-entre-hugo-blanco-y-jose-maria-arguedas-noviembre-1969/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Jun 2021 22:47:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos en lucha]]></category>
		<category><![CDATA[cartas]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[hugo blanco]]></category>
		<category><![CDATA[jose maria arguedas]]></category>
		<category><![CDATA[peru]]></category>
		<category><![CDATA[pueblo quechua]]></category>
		<category><![CDATA[pueblos originarios]]></category>
		<category><![CDATA[revolucion]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Yo no estoy bien, no estoy bien; mis fuerzas anochecen. Pero si ahora muero, moriré más tranquilo. Ese hermoso día que vendrá y del que hablas, aquel en que nuestros pueblos volverán a nacer, viene, lo siento, siento en la niña de mis ojos su aurora, en esa luz cayendo gota por gota tu dolor ardiente, gota por gota sin acabarse jamás. Temo que ese amanecer cueste sangre, tanta sangre."</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/06/12/peru-intercambio-epistolar-entre-hugo-blanco-y-jose-maria-arguedas-noviembre-1969/">Perú: Intercambio epistolar entre Hugo Blanco y José María Arguedas (noviembre 1969)</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="docHeader">
<div style="padding-left: 40px; text-align: left;">12 de junio de 2021</div>
<div></div>
<div style="padding-left: 80px; text-align: right;">Es para nosotros una alegría poder llevarles estos textos, intercambiados entre José María Arguedas y Hugo Blanco, hace ya 52 años. Es una alegría por que vivimos días que demuestran que el presentimiento de José María Arguedas y la promesa de Hugo Blanco («Ese hermoso día que vendrá y del que hablas, aquel en que nuestros pueblos volverán a nacer, viene, lo siento, siento en la niña de mis ojos su aurora») va cobrando cuerpo y «ese hermoso día» comienza a dar sus primeros pasos. De seguro que el camino no será fácil, pero ningún pueblo recorre un camino  fácil  cuando comienza a transitar hacia su libertad, su independencia, hacia la recuperación de la Dignidad.<br />
Suerte hermanas y hermanos peruanos. Si Ustedes avanzan y vencen, está avanzando y venciendo la Patria Grande.</div>
<div style="padding-left: 80px; text-align: right;"></div>
<div style="padding-left: 80px; text-align: right;">La Redacción de piensaChile</div>
</div>
<div></div>
<div id="docHeader">
<div id="doi"><a href="https://doi.org/10.4000/alhim.7313">https://doi.org/10.4000/alhim.7313</a></div>
</div>
<div id="docBody">
<div id="shortcuts"><a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#abstract">Resumen</a> | <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#entries">Índice</a> | <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#toc">Plano</a> | <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#text">Texto</a> | <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#notes">Notas</a> | <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#quotation">Cita</a> | <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#authors">Autores</a></div>
<div id="abstract" class="section">
<h2 class="section"><span class="text">Resúmenes</span></h2>
<div class="tabMenu"><a class="active" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#abstract-7313-es" hreflang="es">ESPAÑOL  </a><a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#abstract-7313-en" hreflang="en">ENGLISH</a></div>
<div id="abstract-7313-es" class="tabContent ltr" lang="es" xml:lang="es">
<p class="resume">Dos destacados quechua hablantes tuvieron un intercambio epistolar en 1969. En ese momento, Hugo Blanco estaba en prisión y José María Arguedas se encontraba en estado depresivo. Sus cartas traducen ternura, vivencia personal, enraizamiento en la cultura quechua y rebeldía.</p>
</div>
<p><a class="go-top" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#article-7313">Inicio de página</a></p>
</div>
<div id="entries" class="section">
<h2 class="section"><span class="text">Entradas del índice</span></h2>
<div class="index ltr">
<h3>Keywords:</h3>
<p><a href="https://journals.openedition.org/alhim/6869">José María Arguedas</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6537">Hugo Blanco</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6873">Quechua culture</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6877">letters exchange in quechua</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/2939">Peru</a></p>
</div>
<div class="index ltr">
<h3>Palabras claves:</h3>
<p><a href="https://journals.openedition.org/alhim/6881">José María Arguedas</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6557">Hugo Blanco</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6885">cultura quechua</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6889">intercambio epistolar en quechua</a>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/284">Perú</a></p>
</div>
<p><a class="go-top" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#article-7313">Inicio de página</a></p>
</div>
<div id="toc" class="section">
<h2 class="section directionltr"><span class="text">Plano</span></h2>
<div class="tocSection1"><a id="tocfrom1n1" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocto1n1">Primera carta de Hugo Blanco a José María Arguedas</a></div>
<div class="tocSection1"><a id="tocfrom1n2" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocto1n2">Carta de respuesta de José María Arguedas a Hugo Blanco</a></div>
<div class="tocSection1"><a id="tocfrom1n3" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocto1n3">Segunda carta de Hugo Blanco a José María Arguedas</a></div>
<div class="tocSection1"><a id="tocfrom1n4" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocto1n4">El maestro</a></div>
<p><a class="go-top" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#article-7313">Inicio de página</a></p>
</div>
<div id="text" class="section ltr">
<h2 class="section"><span class="text">Texto completo</span></h2>
<div id="widgets" class="withTextSize">
<div class="dl">
<div class="main">
<div id="wDownload" class="pdf unavailable"><span class="fileinfo">PDF</span></div>
<div class="accesstype freemium"></div>
<div class="info"></div>
</div>
</div>
<p><a id="wSend" title="Enviar el documento por correo electrónico" href="mailto:?subject=Intercambio%20epistolar%20entre%20Hugo%20Blanco%20y%20Jos%C3%A9%20Mar%C3%ADa%20Arguedas%20%28noviembre%201969%29&amp;body=Intercambio%20epistolar%20entre%20Hugo%20Blanco%20y%20Jos%C3%A9%20Mar%C3%ADa%20Arguedas%20%28noviembre%201969%29%20%0AAm%C3%A9rique%20Latine%20Histoire%20et%20M%C3%A9moire.%20Les%20Cahiers%20ALHIM%20%0Ahttp%3A%2F%2Fjournals.openedition.org%2Falhim%2F7313%20%0A%0ADos%20destacados%20quechua%20hablantes%20tuvieron%20un%20intercambio%20epistolar%20en%201969.%20En%20ese%20momento%2C%20Hugo%20Blanco%20estaba%20en%20prisi%C3%B3n%20y%20Jos%C3%A9%20Mar%C3%ADa%20Arguedas%20se%20encontraba%20en%20estado%20depresivo.%20Sus%20cartas%20traducen%20ternura%2C%20vivencia%20personal%2C%20enraizamiento%20en%20la%20cultura%20quechua%20y%20rebeld%C3%ADa.%20%0A%0AHugo%20Blanco%20y%20Jos%C3%A9%20Mar%C3%ADa%20Arguedas%2C%20%C2%AB%20Intercambio%20epistolar%20entre%20Hugo%20Blanco%20y%20Jos%C3%A9%20Mar%C3%ADa%20Arguedas%20%28noviembre%201969%29%20%C2%BB%2C%20%20Am%C3%A9rique%20Latine%20Histoire%20et%20M%C3%A9moire.%20Les%20Cahiers%20ALHIM%20%5BEn%20l%C3%ADnea%5D%2C%2036%20%7C%202018%2C%20Publicado%20el%2030%20enero%202019%2C%20consultado%20el%2012%20junio%202021.%20URL%20%3A%20http%3A%2F%2Fjournals.openedition.org%2Falhim%2F7313%20%3B%20DOI%20%3A%2010.4000%2Falhim.7313%20%0A%0A">Enviar el documento por correo electrónico</a></p>
</div>
<div class="text wResizable medium">
<figure id="attachment_71234" aria-describedby="caption-attachment-71234" style="width: 275px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" class="wp-image-71234 size-full" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Jose-Maria-Arguedas-3.jpg" alt="" width="275" height="183" /><figcaption id="caption-attachment-71234" class="wp-caption-text">José María Arguedas</figcaption></figure>
<p class="texte"><span class="paranumber">1</span>El intercambio epistolar entre Hugo Blanco y José María Arguedas se realizó en el mes de noviembre de 1960. Se trata de cartas íntimas y no fueron escritas para ser publicadas. Salieron sin embargo a luz pública en 1969-1970, inmediatamente después de la muerte del escritor. Las reproducimos aquí porque tal intercambio nos parece inhabitual en nuestra América del siglo XX. Se trata de un intercambio epistolar en quechua entre un dirigente campesino revolucionario y un escritor y antropólogo que se sentían y pensaban como indios; que no se conocieron personalmente y que, sin embargo, se profesaron admiración y ternura andina; que se comprometieron cultural y políticamente con la causa del indio de los Andes.</p>
<figure id="attachment_71232" aria-describedby="caption-attachment-71232" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" class="wp-image-71232 size-medium" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Hugo-Blanco-300x124.jpg" alt="" width="300" height="124" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Hugo-Blanco-300x124.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Hugo-Blanco-585x242.jpg 585w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Hugo-Blanco.jpg 640w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-71232" class="wp-caption-text">Hugo Blanco</figcaption></figure>
<p class="texte"><span class="paranumber">2</span>La compañera de Arguedas, Sybila Arredondo, cuando visitaba a otros presos revolucionarios en el penal El Frontón conoció a Hugo Blanco, quien purgaba entonces su condena a 25 años de cárcel en dicho penal. Sybila habló a su esposo sobre la sencilla personalidad del dirigente campesino. Entonces el escritor le hizo llegar su novela Todas las sangres (1964), con una corta frase en castellano como dedicatoria, pues había roto la extensa y afectuosa inicialmente redactada en quechua, al considerarla que podría parecerle a un luchador como Blanco un gesto “sentimental”. Al saber esto Hugo Blanco le escribió su primera carta en quechua para desvanecer el temor infundado y para animarle a corresponder “en nuestra lengua”. Blanco obtuvo la respuesta anhelada y el pedido –aceptado inmediatamente– para publicar las dos primeras cartas. Siguió la segunda carta en quechua de Hugo Blanco, fechada el (martes) 25 de noviembre, carta que quedó sin respuesta pues Arguedas se pegó un tiro el viernes, muriendo a los pocos días.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">3</span>La presente publicación de los textos de las tres cartas y del relato «El maestro» ha sido autorizada y revisada por uno de los autores: Hugo Blanco. Las fuentes de las primeras versiones publicadas de estos textos son:</p>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">1</span> <em>Revista Amaru</em>, n°11, Lima, diciembre 1969, p. 12-13 (carta revisada y completada por Hugo Blanco el <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn1">(&#8230;)</a></li>
</ul>
<p class="texte"><span class="paranumber">4</span>&#8211; de la primera carta en quechua de Hugo Blanco a Arguedas<a id="bodyftn1" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn1">1</a>;</p>
</div>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">2</span> José María Arguedas, <em>Obras Completas</em>, Tomo XII, Vol. 7, <em>Obra Antropológica y cultural</em>, Lima, Editor <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn2">(&#8230;)</a></li>
<li><span class="num">3</span> Véase “El escritor y el revolucionario”, en <em>Punto Final</em>, Suplemento Documentos, n° 95, Santiago de <a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn3">(&#8230;)</a></li>
</ul>
<p class="texte"><span class="paranumber">5</span>&#8211; de la respuesta en quechua de Arguedas a Hugo Blanco<a id="bodyftn2" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn2">2</a>.Según el escritor colombiano Carlos Vidales, íntimo en los últimos días del hogar Arguedas-Arredondo, el escritor empezó a redactar esta carta el 12 de noviembre<a id="bodyftn3" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn3">3</a>;</p>
</div>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">4</span> <em>Campesino. </em>Revista cuatrimestral de estudios sociales, Año I, n° 2, Lima, [¿1970?], p. 66-72.</li>
</ul>
<p class="texte"><span class="paranumber">6</span>&#8211; de la segunda carta en quechua de Hugo Blanco a Arguedas, no hemos podido obtener el texto en quechua (que fue su versión original). Entendemos que fue publicada, dentro de las versiones quechua y castellano de las tres cartas, por la revista a mimeógrafo <em>Campesino</em><a id="bodyftn4" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn4">4</a>. Ante esta dificultad, Hugo Blanco la retradujo al quechua el 21 de octubre de 2018, en base a su propia traducción al castellano de 1969. Al enviarla a los coordinadores, Hugo Blanco precisó que se trata de la traducción “al quechua cusqueño (hablo el dialecto cusqueño del quechua; creo que José María hablaba el dialecto de Abancay (Apurímaq) &#8211; Ayacucho que es más suave, no tiene las letras explosivas de nuestro quechua (k’ ch’ p’ q’)”;</p>
</div>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">5</span> <span lang="en" xml:lang="en">Hugo Blanco, </span><em><span lang="en" xml:lang="en">Nosotros los Indios</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, Cusco, CBC, 2017, p. 29-41.</span></li>
<li><span class="num">6</span> <em><span lang="en" xml:lang="en">Ibídem</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, 1969, p. 12-17.</span></li>
</ul>
<p class="texte"><span class="paranumber">7</span>&#8211; de las versiones en castellano de las tres cartas y del relato «El maestro»<a id="bodyftn5" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn5">5</a>. También figuran en la revista <em>Amaru</em><a id="bodyftn6" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn6">6</a>. Las versiones de las dos primeras fueron hechas por José María Arguedas para ser publicadas en la revista chilena de izquierda <em>Punto Final</em>. Como decíamos en el párrafo anterior, la versión de la segunda –y última– carta de Hugo Blanco a Arguedas es del propio Hugo Blanco, hecha en diciembre de 1969 a pedido de Sybila.</p>
</div>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">7</span> Véase Hugo Blanco, <em>Tierra o Muerte</em>, México, Siglo XXI, 1971, p. 93.</li>
<li><span class="num">8</span> <em><span lang="en" xml:lang="en">Ibídem</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, p. 2-3.</span></li>
<li><span class="num">9</span> <em><span lang="en" xml:lang="en">Op.cit.</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, p. 28.</span></li>
</ul>
<p class="texte"><span class="paranumber">8</span>Hugo Blanco adjuntó su relato en castellano “El maestro” a su segunda carta a Arguedas. Lo había escrito especialmente para él, sin duda entre el 18 y el 25 de noviembre. El personaje central de este relato, don Lorenzo Chamorro, existió en carne y hueso. Fue dirigente del Sindicato de Campesinos de San Jerónimo (Cusco) en la década de 1940<a id="bodyftn7" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn7">7</a>; dirigente de una de las primeras organizaciones de campesinos creadas durante el gobierno de Bustamante y Rivero (1945-1948) bajo la modalidad de sindicato en la región del Cusco. La versión que publicamos de este relato es ligeramente diferente de la que figura en Amaru y en <em>Punto Final</em><a id="bodyftn8" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn8">8</a>. Según relata Hugo Blanco<a id="bodyftn9" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn9">9</a>, al entregarle la misiva de Arguedas (el martes 18 de noviembre, probablemente), Sybila Arredondo le comunicó el deseo del novelista de visitarle. Hugo Blanco descartó esta posibilidad, por “no satisfactoria para el gran cariño que le tenía. Sybila se lo dijo. Comprenderán cuánto me pesa esta respuesta mía; recibió mi segunda carta y dijo: “La leeré el lunes; se mató el viernes”.</p>
</div>
<p class="texte"><span class="paranumber">9</span>Hugo Blanco aporta además otras precisiones sobre el contenido de su segunda carta y de su relato “El maestro” que creemos pertinentes citarlas:</p>
<blockquote>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">10</span> <em>Ibídem</em>.</li>
</ul>
<p class="citation">En la segunda carta aludo a una que mandé “A los revolucionarios poetas, a los poetas revolucionarios”, que entregué a la compañera Rosa Alarco y ella lo envió a una revista de Perú y también la publicó el periódico <em>Marcha de Uruguay</em>, cuyo jefe de redacción era Eduardo Galeano. Naturalmente estoy de acuerdo con que, si un poeta quiere cantar a la rosa, lo haga, pero lo que me extrañaba era que los poetas “revolucionarios” cantaran a la revolución en abstracto, o a los grandes dirigentes revolucionarios mundiales y no se fijaran en la lucha cotidiana de mi pueblo, que día a día forjaba bellos poemas que no encontraban poeta; por eso pedía con desesperación que Vallejo resucitara, pues él cantaba a gente anónima como Pedro Rojas o Ramón Collar, cantaba a “Málaga sin padre ni madre”, al “padre polvo” de los escombros de Durango. Los “heraldos verdes”, mencionados en el cuento <em>El maestro</em>, son una paráfrasis de los “heraldos negros que nos manda la muerte” de César Vallejo<a id="bodyftn10" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn10">10</a>.</p>
</div>
</blockquote>
<p class="texte"><span class="paranumber">10</span>Para facilitar la lectura, presentamos las versiones en quechua y castellano cara a cara. Entregamos igualmente el siguiente breve léxico en castellano de algunas expresiones quechuas:</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>maqt’as,</em> son los llamados “indios” con pluralización castellana”;</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>runas</em>, los seres humanos, con pluralización castellana, la usan generalmente los indígenas para referirse a ellos mismos;</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>misti </em>el no-indio, incluso el mestizo que se cree blanco;</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>wakchas,</em> pobres o huérfanos, con la misma pluralización;</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>hallpando,</em> del verbo quechua hallpay que significa “coquear” (no “masticar”), con el gerundio en castellano;</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>pongos</em>, los indios sin tierra en condición de siervos, con pluralización castellana.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">11</span>Agradecemos al amauta Hugo Blanco por revisar y completar su primera carta en quechua y por retraducir al quechua su segunda carta. Para identificarlas fácilmente, las re-traducciones van en cursiva.</p>
</div>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<figure id="attachment_71231" aria-describedby="caption-attachment-71231" style="width: 591px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-71231" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Jose-Maria-Arguedas-y-Hugo-Blanco-300x162.jpg" alt="" width="591" height="319" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Jose-Maria-Arguedas-y-Hugo-Blanco-300x162.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/06/Jose-Maria-Arguedas-y-Hugo-Blanco.jpg 305w" sizes="(max-width: 591px) 100vw, 591px" /><figcaption id="caption-attachment-71231" class="wp-caption-text">Hugo Blanco y José María Arguedas</figcaption></figure>
<div id="docBody">
<div id="text" class="section ltr">
<div class="text wResizable medium">
<h1 class="texte"><a id="tocto1n1" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocfrom1n1">Primera carta de Hugo Blanco a José María Arguedas</a></h1>
<p class="paragraphesansretrait"><span lang="es" xml:lang="es">El Frontón, 11 de noviembre, 1969</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><strong>Taytay José María:</strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Yaqallay kunan punchay waqachiwanki, señorayki willakuwasqanwan: “kaytan apashímushasunki, ashkatan qellqasharan, chaymantataqh, “penqawanmaspachá” nispanmi ch’akillataña churasunki”</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Casi me has hecho llorar este día, al saber lo que me contó tu esposa. Me dijo: “Esto te envía (</span><em><span lang="es" xml:lang="es">Todas las sangres</span></em><span lang="es" xml:lang="es">); escribió mucho en quechua y después, ‘puede tener vergüenza de mí’ diciendo, se arrepintió y no puso sino esas escuetas palabras en castellano”</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Hina willawasqanwanmi yaqalla waqani sintikuymanta. Imaynataq taytay ñoqanchìs purari p’enqanakusunman miski simiwan imatapas ninakusqanchismanta. Hurk’anakuspanchispas manamá hayq’aqhpas uyarinchischu: “paqarin tarpuysíwanki qaynuchay yanapasqaymanta”, niyta; ¡tatao! ¡imachá chayqa! Gamonal-llan chaynu usutaqa rimawanchis; haykaqtqa ñoqanchis ujupiri hinata ninakusanman, miskitamá ninakunchis: “Weraqocha, balekuqhnikin hamushani; ama hinachu kay; paqarinmi ura wayqopi tarpusaqhku, yanapariwaykuyá niñucha, urpicha, sonqocha”, nispamá valekuytaqa qallarinchis.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Cuando me dijo eso, yo me dolí mucho; casi lloré: ¿Cómo es posible, taytáy, que entre nosotros podamos avergonzarnos de cuanto nos podemos decir en nuestra lengua tan dulce? Cuando nos pedimos ayuda, nunca lo hacemos con palabras escuetas en nuestra lengua. ¿Acaso alguna vez escuchamos decir: “Mañana has de ayudarme a sembrar, porque yo te ayudé ayer”? ¡Aj! ¡Qué asco! ¡Qué podría ser eso! Únicamente los gamonales suelen hablarnos de esta forma. ¿Acaso entre nosotros, entre nuestra gente, nos hablamos de ese modo? Muy tiernamente nos decimos: “Señor mío, vengo a pedirte que me valgas; no seas de otro modo: mañana hemos de sembrar en la quebrada de abajo; ayúdame pues caballerito, paloma mía, corazón”. Con estas palabras solemos empezar a pedir que nos ayuden.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Puna ñankunapi tupaspanchuispas, mana reqsinakuspapas, napayukunchis, traguchata qonacunchis, cocachata haywanakunchis, taparikunchis mayman risqanchista, chikallantapas parlarikunchis.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Y también cuando nos encontramos en los caminos de las punas, aun sin conocernos, nos saludamos el uno al otro; nos invitamos un trago, nos alcanzamos algún poco de coca; nos preguntamos hacia dónde vamos; y solemos charlar un rato</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Chayñataqhchu taytay penqaykiman miski siminchiswan parlariwasqaykimanta. Manachu sonqoy llanllarin chay miski’i siminchista castellanuman tijraqhtiki llapanku leenankupaqh, chikallantapas yachankupaqh imaynatas rimanchis chayta. Manachu ima rimayninchista t’ijraspaypas, qanmanta, taytaymanta, yuyarini. “Pay hinan qelqasen nispan mistikunaqa niwanqaku” nispaymi yuyakuni sonqollaypaqh, imatapas tijraspayqa. “Allintan chaytaqa ninqaku, sutintan rimanqaku, hoqhneraytañataqhchu rimayman kaqh simi phullupushaqtin”, nispaymi yuyakuni.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Y siendo así, ¿crees que puede haberme dolido cualquier cosa que hubieras escrito en nuestra dulce lengua para mí? ¿Acaso mi corazón no se enternece al leer cómo has traducido al castellano nuestra lengua para que todos la conozcan y alcancen a saber, aunque no sea sino una parte de lo tanto que esa lengua puede expresar? ¿Acaso cuando yo también traduzco algo de lo que hablamos en nuestra lengua, no me acuerdo de ti? “Escribe como él, diciendo, van a hablar de mí los mistis (repito, únicamente para mí mismo, cuando intento traducir del quechua); eso lo han de repetir bien; han de decir la verdad; yo no puedo hablar de otro modo; digo exactamente lo que brota de mi corazón y de mi boca”, diciendo esto, yo pienso.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Imaraqhchá qellqasqaykita leeqtiy haykuwanpas, chay raykun mana kumun kumuntachu leeni chaytaqa, nitaqh qati-qatitachu, sonqoypas ph’tarunmanchá.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Yo no puedo decir qué es lo que penetra en mí cuando te leo, por eso, lo que tú escribes no lo leo como las cosas comunes, ni tampoco tan constantemente, mi corazón podría romperse</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Punaymi hamuyta qallarin, chin kayninwan, mana waqaqh llakinwan, qhasqoyta mat’iwaspa, mat’iwaspa. Otaqh wayqochakunamanta yuyarichiwaqhtiki q’entichakunata rikuyta qallarini, pujyuchakunata uyarini chayñacha hina takiytaraqh. Hayka kutichá haqaykunapi kaspay qanmanta yuyarirani.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Mis punas empiezan a llegar a mí con todo su silencio, con su dolor que no llora, apretándose al pecho, apretándolo. O bien cuando me recuerdas las pequeñas quebradas, empiezo a ver a los picaflores, escucho como si los pequeños manantiales cantaran. ¡Cuántas veces he pensado en ti, cuando me he sentido con estos recuerdos!</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Hayk’ataraqchá kusikuwaqhkaran llapa punakunamanta urayamuspayku. Qosqoman haykusqaykumanta, manaña k’umuspañachu, qaparispayku, kallin kallínta: “¡wañuchunku gamonalkuna! ¡kausachun llankaqh runa!” nispa qaparispayku. Mistichakunataqh t’oqochankunaman huk’ucha hina pakakuqh karanku. Kikin catedral punkumantataqh altoparlantewan imaymanata uyankupi niyku, sut’intapuni, mana hayqakh castellanupi uyarisqankuta, runasimipikama uyarichíyku; kikin maqhtakunaraqhtaqhyá, mana leey yachaq, mana qelqay yachaqh makt’kuna, llankay yachaq, maqanakuy yachaq ichaqa. Yaqallan ponchoyusqakama makt’akunaqa Plaza Armastapas phatachirayku</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Cuánta alegría habrías tenido al vernos bajar de todas las punas y entrar al Cusco, sin agacharnos, sin humillarnos, y gritando calle por calle: “¡Que mueran todos los gamonales! ¡Que vivan los hombres que trabajan!”. Al oír nuestro grito, los “blanquitos”, como si hubieran visto fantasmas, se metían en sus huecos igual que pericotes. Desde la puesta misma de la Catedral, con un altoparlante, les hicimos oír todo cuanto hay, la verdad misma, lo que jamás oyeron en castellano; se lo dijimos en quechua. Se lo hicieron oír los propios maqt’as, esos que no saben leer, que no saben escribir, pero si saben luchar y saben trabajar. Y casi hicieron estallar la plaza de Armas esos maqt’as emponchados</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Kutimunqan p’unchay taytay, mana chhaynallachu, aswan sumaqh p’unchaykunan chayamunqaku, riku-llankipas, alayritan achhuyamushan</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Pero ha de volver el día, taytáy, y no solamente como aquel que te cuento, sino más grande. Días más grandes llegarán; tú has de verlos. Muy claramente están anunciados.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Kayllapiña tukusaq taytay, mana chayqa manan haykaqhpas tukuymanchu. Sintikusaqhmi mana chay qellqawasqaykita apachiwaqhtikiqa. Tupananchiskama taytay, amayá qonqawankichu.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Aquí nomás, concluyo taytáy, porque si no, no he de terminar de escribir nunca. He de resentirme si no envías eso que escribiste para mí. Hasta que nos encontremos, tayta. No te olvides, pues, de mí.</span></strong></p>
<p class="paragraphesansretrait"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Hugo Blanco</span></strong></p>
<h1 class="texte"><a id="tocto1n2" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocfrom1n2">Carta de respuesta de José María Arguedas a Hugo Blanco</a></h1>
<div class="textandnotes">
<ul class="sidenotes">
<li><span class="num">11</span> <span lang="es" xml:lang="es">Según el escritor colombiano Carlos Vidales, el escritor empezó a redactar esta carta el 12 de novi </span><a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn11">(&#8230;)</a></li>
</ul>
<p class="paragraphesansretrait">[Sin fecha]<a id="bodyftn11" class="footnotecall" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#ftn11">11</a></p>
</div>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Wayqey, wayqechay Hugo, rumi urpi sonqo, hatun maqta:</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Hermano Hugo, querido, corazón de piedra y de paloma:</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Ichaqa leerqankicha </span><em><span lang="es" xml:lang="es">Los ríos profundos</span></em><span lang="es" xml:lang="es"> novelayta. Yuyaykuy, kallpachasqa wayqey yuyariy. Manan rupay waqasqayllamantachu chaypi willakuni; pungukuna, hacienda runakunamanta astawan weqawan, astawan piñarikuywan rimani, allín, supay kallpanmanta, sonqorurunpi mana imawanpas tasnuchina rabianmanta. Chay usasapa, sapa punchao chakatasqa allpa llaqwachisqa runan, kinin comunidadkunapa penqachisqan runam, riki, Abancay hatun llaqtata allqochirinku, metrallata, balata mana manchaspa, llallispa. Paykunaqa chay atiyta atinku Abancay curalla misata ruwananpaq. Chay hatun cura, hacienda runa cheqniq, millay pikita hina qawaq curatam, hacienda runakuna, soldadukunata, metrallantinta llallispa, misata ruwachinku, takirachinku por la fuerzapuni, tifus onqoy maman toqyananpaqlla, wañuchinanpaq.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Quizá habrás leído mi novela Los ríos profundos. Recuerda, hermano, el más fuerte, recuerda. En ese libro no hablo únicamente de cómo lloré lágrimas ardientes; con más lágrimas y con más arrebato hablo de los pongos, de los colonos de hacienda, de su escondida e inmensa fuerza, de la rabia que en la semilla de su corazón arde, fuego que no se apaga. Esos piojosos diariamente flagelados, obligados a lamer tierra con sus lenguas, hombres despreciados por las mismas comunidades, esos, en la novela, invaden la ciudad de Abancay sin temer a la metralla y a las balas, venciéndolas. Así obligaban al gran predicador de la ciudad, al cura que los miraba como si fueran pulgas; venciendo balas, los siervos obligan al cura a que diga </span><em><span lang="es" xml:lang="es">misa</span></em><span lang="es" xml:lang="es">, a que cante en la Iglesia: le imponen a la fuerza.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Chaytaqa ñoqa hatarichirqani yuyayniypi kayta musiaspaymi: karu qawaq runakuna, maqanakuymanta yachaq, política yachaypi chaninsapa runakuna kayta qawachunku: ¡imaymanataraq, ima astawan rauraq yawarwanraq kay runakuna hatarinmanku, manaña tifusllapa mamanmanta manchakuspa, más bien, gamonalkuna wiña wiñay cheqniynin manchakuyninta llalliruptin. “¿Pin chayta llallirachinqa chay chika unay manchakuyninta? ¿Maypin chay runakuna kanku? ¿Kankuchu icha manachu, caragu, mierdas?”, nispaymi, rupayta, qam hina, waqaspa tapukurqani, suyarqam, sapaypi.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">En la novela imaginé esta invasión con un presentimiento: los hombres que estudian los tiempos que vendrán, los que entienden de las luchas sociales y de la política, los que comprendan lo que significa esta sublevación de la toma de la ciudad que he imaginado. ¡Cómo, con cuánta hirviente sangre se alzarían estos hombres si no persiguieran únicamente la muerte de la madre de la peste, del tifus, sino de los gamonales, el día que alcancen a vencer el miedo, el horror que les tienen! “¿Quién ha de conseguir que venzan ese terror de siglos formado y los salve? ¿Existe o no existe?, ¡carajo, mierda!”, diciendo como tú, lloraba fuego, esperando, a solas.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Manataq critiku literatura yachaysapa runakuna kay pinsasqayta, kikin chaupinpuni novelapa qapariyninpi churasqayta qawayta atirqakuchu qallariyninpiqa. Chaymantaña, huklla qawariruspa larullata qellqarurqan.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Los críticos de literatura, los muy ilustrados, no pudieron descubrir al principio la intención final de la novela, la que puse en su meollo, en el medio mismo de su corriente. Felizmente, uno, uno solo, lo descubrió y lo proclamó, muy claramente.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">¿Chaymantarí, wayqey? ¿Manachu qan, qanpuni umacharqanki chay piki siki hacienda, llapan runakunamanta astawan saruykachasqata, asnukunamanta astawan asnu, astawan allqo hina asutisqa, asnaq toqaywan toqaynisqa runakunata; manachu qan hatun, nina kanchariy, valeqkunamanta astawan valeq runanman tukuchispa kallpachirqanki, almachirchirqanki, rurunpi, unay, manchay unay, urpi rumi almanta hatarichispa, paykunawan, nisqayki hina kikin Qosqo Catedral punkukama chayaspa runasimipi qaparispa, gamonalkunata, chay mawka Cristopa, titi Cristopa churinkunata, ayqechirqankichik, qechasapa hukuchakunata, hina? Wayqchay wayqe, ñoqa hina as yuraq uya, sinchi indio sonqo, weqe, taki, tusuy, cheqniy; ñoqamanta astawan qari kaypi qari runa, común runa, hacienda-runa.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">¿Y después hermano? ¿No fuiste tú, tú mismo quien encabezó a esos “pulguientos” indios de hacienda, de los pisoteados el más pisoteado hombre de nuestro pueblo?; ¿de los asnos y los perros, el más azotado, el escupido con el más sucio escupitajo? Convirtiendo a esos en el más valeroso de los valientes, ¿no los fortaleciste, no acercaste su alma? Alzándoles el alma, el alma de piedra y de paloma que tenían, que estaba aguardando en lo más puro de la semilla del corazón de esos hombres, ¿no tomaste el Cusco como me dices en tu carta, y desde la misma puerta de la Catedral, clamando y apostrofando en quechua, no espantaste a los gamonales, no hiciste que se escondieran en sus huecos como si fueran pericotes muy enfermos en las tripas? Hiciste correr a esos hijos y protegidos del antiguo Cristo, del Cristo de plomo. Hermano, querido hermano, como yo, de rostro algo blanco, del más intenso corazón indio, lágrima, canto, baile, odio.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Ñoqaqa, hatun wayqey, rupay waqayllatan allinta waqayta yachani; piro chay rupaywan kay Limapa umanta, sonqonta mama taytanta mana reqsiq, mama taytamanta pinqakuq Lima umata asllatapas chuyaykachini; llaqtanchiskunapipas, runamasinchispa ñawinta asllatapas hatunyachini; huk extranjero nisqanchu llaqtakunapipas, valisqanchista, chaninsapa kaqninchis kikin kaqninchistan uqarichini as altuta, llipipiqta allinta qawanankupaq, kuyawananchispaq; yanapayninchista suyanankupaq; amaña wakchamanta hina khuyapayanawananchis, penqakunanchispaq.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Yo, hermano, solo sé bien llorar lágrimas de fuego; pero con ese fuego he purificado algo la cabeza y el corazón de Lima, la gran ciudad que negaba, que no conocía bien a su padre y a su madre; le abrí un poco los ojos, los propios ojos de los hombres de nuestro pueblo, les limpié un poco para que nos vean mejor. Y en los pueblos que llaman extranjeros creo que levanté alto y con luz suficiente para que nos estimen, para que sepan y puedan esperar nuestra compañía y fuerza; para que se apiaden de nosotros como del más huérfano de los huérfanos; para que no sientan vergüenza de nosotros, nadie.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Chaykunatam, wayqey, lliw llaqtanchiskunapa suya suyaykusqan wayqey, mana waqaspa waqaq, acero llampu sonqo, runamasinchis, indio nisqanku runamasinchis hina wayqey, chaykunatan iskayninchis ruranchis. Retratuykitan huk hatun Barrio Latinu Parispa libreríapi qawarqani, qari qari tukuspay, Camilo Cienfuegos, “Che” Guevarapa ladunpi, ancha kuyana Hugoy, Hugo.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Esas cosas, hermano, a quien esperaron los más esclarecidos de nuestras gentes, esas cosas hemos hecho; tú lo uno y yo lo otro, hermano Hugo, hombre de hierro que llora sin lágrimas; tú, tan semejante, tan igual a un comunero, lágrima y acero. Yo vi tu retrato en una librería del barrio latino de París; me erguí de alegría, viéndote junto a Camilo Cienfuegos y al Che Guevara</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Yaw, nisqayky hukta, wayqey kayninchis puralla sutinpi: yaw, hermano, chayraqmi cartaykita leespay urpi sonqo, wayta sonqo, kikin Puquio indio runamasiy hina sonqo kasqaykita yacharuni. Qaynapunchaomi cartaykita chaskini, manan llapan tuta kusikuyniywan, puñayta atinichu, puriykachaylla puriykachani.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Oye, voy a confesarte algo en nombre de nuestra amistad personal recién empezada, oye hermano, solo al leer tu carta sentí, supe que tu corazón era tierno, es flor, tanto como el de un comunero de Puquio, mis más semejantes. Ayer recibí tu carta: pasé la noche entera, andando primero, luego inquietándome con la fuerza de la alegría y de la revelación.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="en" xml:lang="en">Manan allinchu kasiani, wayqey, kallpaymi tutayachkan. Kunanqa wañuspaypas, astawan kusim wañusaq. Chay nisqayki suma sumaq punchao, llaqtanchis runakunapa kikin huktawan paqariynin punchao hamuchkanmi; ñawi ruruypim qawani achikyay kanchariyninta; chay kanchariypim qampa rupay llakiyki sutusian, gota por gota, wiñaypaq. </span><span lang="es" xml:lang="es">Ancha Yawar, ancha yawartaqchus hina chay aurora qallariy punchay valinqa. ¿Au? Chayta yachaspan qaqchayta yachanki, cárcel ukumanta umanchanki, kallpachakunki.(.) Wawallaraq kaqtiy kuyawasqan uywawasqan runakuna hinapin, sonqoykipin kan nina cheqniy millay tukuy laya gamonalkunapaq; sufrig, suyug, wakchasapa runakunapañataq, tuya qasqo, chuyay pukio unuyninpa cielo junta qapaqchaq kuyay, waqay. Lliw yawarniykim waqayta yachasqa, wayqechay, hermanuy. Mana waqay yachaq-qa manam kunan timpunchispiqa, kuyayta yachamanchu.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Yo no estoy bien, no estoy bien; mis fuerzas anochecen. Pero si ahora muero, moriré más tranquilo. Ese hermoso día que vendrá y del que hablas, aquel en que nuestros pueblos volverán a nacer, viene, lo siento, siento en la niña de mis ojos su aurora, en esa luz cayendo gota por gota tu dolor ardiente, gota por gota sin acabarse jamás. Temo que ese amanecer cueste sangre, tanta sangre. Tú sabes y por eso apostrofas, clamas desde la cárcel, aconsejas, creces. Como en el corazón de los runas que me cuidaron cuando era niño, que me criaron, hay odio y fuego en ti contra los gamonales de toda laya; y para los que sufren, para los que no tiene casa ni tierra, los </span><em><span lang="es" xml:lang="es">wakchas</span></em><span lang="es" xml:lang="es">, tienes pecho de calandria; y como el agua de algunos manantiales muy puros, amor que fortalece hasta regocijar los cielos. Y toda tu sangre ha sabido llorar, hermano. Quien no sabe llorar, y más en nuestros tiempos, no sabe del amor, no lo conoce.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Yawarniykiqa yawarniypiñan, hermano, don Felipe Maywapa, don Victo Pusapa, yawarnin hina. Don Victo, don Felipeqa, tuta punchaymi, mana nunca tipispa alma ukuypi waqanku, qaqchawanku, runasiminwan, hatun yachayninwan, maykamaraq chayaq, intipa kanchariyninmantapas astawan karu chayaq, taytay papallay, waqayninwan. Paykunam, yaw, Hugo, uywawarqaku, anchta kuyawaspanku, weraqochapa churin kasiaspa indio hina usuchisqata qawawaspanku. Paykunaraykum lliw qellqasqayta, lliw yaqa mana ati harkaqkunata tuñichispa, saqtaspa, rurasqayta rurarqani. Qampas paykuna raykutaq, paykuna hina runakuna raykutaq, yachaqpa wawqen kankin, runamasin kuyaqpa runamansin kankin.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Tu sangre ya está en la mía, como la sangre de don Víctor Pusa, de don Felipe Maywa; don Víctor y don Felipe me hablan día y noche, sin cesar lloran dentro de mi alma, me reconvienen en su lengua, con su sabiduría grande, con su llanto que alcanza distancias que no podemos calcular, que llega más lejos que la luz del sol. Ellos, oye Hugo, me criaron, amándome mucho, porque viéndome que era hijo de misti, veían que me trataban con menosprecio, como a indio. En nombre de ellos, recordándolos en mi propia carne, escribí lo que he escrito, aprendí todo lo que he aprendido y hecho, venciendo barreras que a veces parecían invencibles. Conocí el mundo. Y tú también, creo que en nombre de runas semejantes a ellos dos, sabes ser hermano del que sabe ser hermano, semejante a tu semejante, el que sabe amar.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">¡Maykamañataq escribisqayki, wayqey Hugo! Manam qonqawankimanñachu, wañuy hapiwaptinpas, hatun, ritisqa urqunchikkuna hina kallpayoq piruano runa, carcelpi hatunyaq rumi urpi.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">¿Hasta cuándo y hasta dónde he de escribirte? Ya no podrás olvidarme, aunque la muerte me agarre, oye, hombre peruano, fuerte como nuestras montañas donde la nieve no se derrite, a quien la cárcel fortalece como a piedra y como a paloma.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Chayqaya qellqaramuyki kusisqa, manchay onqoyniypa tutayaypa chawpinpi kusisqa. Ñoqanchistaqa manam misti llakiqa aypawanchikchu, llaqta, pacha paqariq yachaq llakillan hapiwanchik. Chaywan llakiyqa, wañuyqa, manam wañuychu. Icha manachu wayqey. Sonqoyta chaskiykuy.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">He aquí que te he escrito, feliz, en medio de la gran sombra de mis mortales dolencias. A nosotros no nos alcanza la tristeza de los mistis, de los egoístas; nos llega la tristeza fuerte del pueblo, del mundo, de quienes conocen y sienten el amanecer. Así la muerte y la tristeza no son ni morir ni sufrir. ¿No es verdad, hermano? Recibe mi corazón.</span></strong></p>
<p class="paragraphesansretrait"><strong><span lang="es" xml:lang="es">José María</span></strong></p>
<h1 class="texte"><a id="tocto1n3" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocfrom1n3">Segunda carta de Hugo Blanco a José María Arguedas</a></h1>
<p class="paragraphesansretrait"><span lang="es" xml:lang="es">El Frontón, 25-11-1969</span></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">¡Taytalláy! Taytáy José María:</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">¡Padre mío! Padre mío José María:</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Sapa kutin, qanmanta rimawaspanku sonqoytan waqachinku imaymanawan.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Cada vez que me hablan de ti hacen llorar mi corazón, con una u otra cosa.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Qaynaqa rimasqaykiwan phiñakunaymanta, kunantaq onqosqa kaspayki hamuyta munasqaykiwan.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">La vez pasada, porque creíste que criticaría tu actitud y ahora, porque estando enfermo quieres venir.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">¡Taytáy! ¡Hayk’atan sonqoy munashan qanwan tupayta! ¡Hayk’atan ñawiykuna munanku hatun taytay qhawayta!</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">¡Padre mío! ¡Cuánto está queriendo encontrarse contigo mi corazón! ¡Cuánto desean mirar mis ojos a mi gran padre!</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="en" xml:lang="en">Qanwan tupay taytáy ¡iman kanman! Ñawpaqmantaraq yacharqani hoq sonqolla kasqanchista, manan “Los Ríos Profundos” leespallaychu, ima qelqasqaykita leespay, ima ruwasqaykita qhawaspay, indio runa kasqaykin rikhurimun.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Encontrarme contigo, padre mío, ¡qué sería! Desde mucho antes sabía que éramos un solo corazón, no solamente leyendo </span><em><span lang="es" xml:lang="es">Los ríos profundos</span></em><span lang="es" xml:lang="es">; sino que, leyendo cualquier cosa que escribes, mirando cualquier cosa que haces se traduce tu ser indio.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Suyaymanñataqchu critikukuna nisqankuta. Munasqankuta rimachunku chay mistikuna; sonqoyqa sonqoykita rikushan qelqasqaykipi, chaypin ch’uya unupi hina rikhurinki.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">¿Iba yo a esperar escuchar lo que dijeran los críticos? Que hablen lo que quieran esos mistis; mi corazón está mirando al tuyo en lo que escribes, allí apareces como en agua clara.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Chayrayku taytáy, qanwan tupayqa ¡Imaraq kanman! Manan watantimpipas willanakuyta tukusunmanchu.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Por eso, padre, encontrarme contigo ¡qué sería! Ni en todo el año terminaríamos de relatarnos.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Chaytaq mana atikunchu visitapi. Manan iskay horallamanpas chayanchu. Manan ima parlanapaqpas aypanchu. Ashkha runan purikachanku, llaqtanchiskuna plasakunapi hina. […]</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Y eso no se puede en la visita. No dura ni dos horas. No alcanza para conversar nada. Mucha gente trajina, como en los mercados de nuestros pueblos [&#8230;.]</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">[…] Qanwanqa taytáy manan chunka minutullachu parlasunman. Sonqonchischá phatanman ¡Imaymana willanakuna kashaqtin, imaymana parlanakuna kashaqtin!</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">[…] Y conmigo, padre mío, no podríamos hablar solo diez minutos. Nuestro corazón reventaría. ¡Habiendo tanto que relatarnos, habiendo tanto que conversar!</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Ñoqanchis puraqa soseguwan parlananchis, allin runa hina; soseguwan tiaspanchis, sonqonchispas llakhi, cocachanchista hallpaspanchis, ch’ulla sigarrollamanta pitaspanchis, kharu orqokunata qhawaspanchis. Kaypiqa manan hinachu kanman taytáy. Imayna qelqaskaykita manan kumuntachu leeni, hinalllataqmi.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Contigo tenemos que hablar claramente, como hombres serios; sentándonos tranquilos, el corazón plácido, </span><em><span lang="es" xml:lang="es">hallpando</span></em><span lang="es" xml:lang="es"> nuestra coquita. Fumando de un solo cigarrillo, perdiendo la vista en los cerros lejanos. Acá no sería así, padre. Así como no puedo leer comúnmente tus escritos, por esa misma razón no podría encontrarme contigo comúnmente.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Chaywanpas hoq p’unchay wajjachisayki taytáy, chhikay sosego kashaqtin; yupaychasqay uyaykita qhawanallaypaqhpas, sonqoykita sonqoyman mat’inallaypaqpas.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">A pesar de eso, te haré llamar un día, padre; cuando haya algo de calma; por lo menos para contemplar tu venerado rostro, por lo menos para apretar tu corazón al mío.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Chay p’unchay chayanan kama, qelqasayki sapa kutin, sonqoyta sonqoykiman t’ijraspay. Imayna trigo erapi rastrojoq samaynin ujupi, ch’askakunata qhawaspanchis willanakusunman kausasqanchista, yuyasqanchista; hina kikillan kanqa taytáy. Ama llakikuychu, ama waqaychu. Imayna kharu kaspanchispas, kaq sonqollan kanchis.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Mientras llegue ese día, así te escribiré cada vez, volcando mi corazón al tuyo. Como si en la era del trigo, dentro del aliento del rastrojo, mirando las estrellas, nos estuviéramos relatando lo que hemos vivido, lo que pensamos; así igual va a ser padre, no te apenes, no llores. Cuán lejos estemos, somos el mismo corazón.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Allintan reqsini sonqoykita taytay, manaraq qelqawaqtikiraq. Nisqay hina, ch’uya unupi hinan rikhurin sonqoyki qelqasqaykipi. Manan yachanichu mistikuna rikusqankuta. “Chayqa allin crítikun” ninankupaqtaq imaymanata rimanku. Manapunin sonqoykita rikunkumanchu qhawachiqtikipas. Mistiqa mistin, tayta. Allin runa kanankumantaqa, wakinqa allin runan kanku, manan k’amishanichu. Icha sonqoykitaqa indio masillaykin allinta rikun. Mistikunaqa allin runa kaspankupas, chaypaqqa qhawaq ñausan kanku. Paykunaqa mana khatatapaspa ñoqayku hina qelqasqaykita leenku. Manapuni tayta, mistiqa mistin.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Conozco bien tu corazón, padre, aún antes de que me escribieras. Como te digo, al igual que en el agua cristalina se ve tu corazón a través de tus escritos. No sé qué verán los mistis en ellos; y para que les digan: “Ese es un buen crítico”, hablan una u otra cosa. Es imposible que ellos vean tu corazón, aunque se los estés mostrando. El misti es misti, padre. En cuanto a ser buenas personas, algunas son realmente buenas personas, no les estoy insultando. Pero tu corazón, solo tus congéneres indios lo vemos bien. Los mistis, aun siendo buenas personas, para eso son ciegos que miran. Ellos no sollozan temblorosos como nosotros al leer tus escritos. Imposible padre, el misti es misti.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Taytáy, hoqtan ninay kasharan; yaqapaschá poetakunamanta rimaqhtiy niranki: “¡Ñoqaykumantapas kay maqt’aqa rimapakushan!”</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Padre mío, algo tenía que decirte; quizá cuando hablé de los poetas habrás dicho: “¡Inclusive a nosotros se está refiriendo este cholo!”.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Manan taytay, manan chhaynachu. Manachu “Los Ríos Profundos” qelqasqaykipi sumaqhta willakunki aqhawasiyoq mamanchismanta sumaqta willakunki. Chay qelqasqaykita leespay ch’inllalla waqarani Arkipa cárcel k’uchuypi. Chhaynaqa niymanchu personaykimanta “Manan kumun runamanta rimanchu” nispay.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">No, padre, de ninguna manera. ¿Acaso en tu novela </span><em><span lang="es" xml:lang="es">Los ríos profundos</span></em><span lang="es" xml:lang="es"> no relatas de forma encantadora lo de nuestra madre chichera? ¿Acaso leyendo esas cosas no llegué a llorar en silencio en mi rincón de la cárcel de Arequipa? ¿Y así iba a decir de ti: “No habla de la lucha del hombre común”?</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Manan chayllachu taytáy. Arkipa carcelpi kaspaymi allinta reqsirayki. Reqsispaytaq nirqani “¡Yasta carajo, kunan ichaqa kikin indion rimashan!” Chhaynatan rikurqayki.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Y no solo eso, padre. A ti, ya estando en la cárcel de Arequipa, te conocí bien. Y al conocerte dije: “¡Ya está carajo, ahora el mismo indio está hablando!”. Así te miré.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Ichaqa ñaupaqhmanta, huch’uycha kaspayraqmi yupaycharqani misti qelqaqkunata indiuman sayapakuspanku rimaqtinku: Clorinda Matto, Ciro Alegría, Jorge Icaza, Enrique López Albújar.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Pero desde antes, desde mi infancia respeté a los señores mistis cuando escribían a favor del indio. Por eso, aunque son mistis, mucho respeto a esos señores: Clorinda Matto, Ciro Alegría, Jorge Icaza, Enrique López Albújar.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Chay qelqaqkunaqa mujutan sonqoyman churarqanku herq’ellaraq kaqtiy, paykunapas yanaparanku yawarniy phullpunampaq, rikuchiwanku qhawaspay mana rikusqayta. Chayraykun wayqeyta yupaychani, paymi reqsichiwaran chay qelqaqkunata, chayta leenaypaq; pay kikinpas wayna kaspa qelqaranmi chikanta.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Esos señores pusieron la semilla en mi corazón cuando solo era muchacho, ellos también ayudaron para que mi sangre hirviera, me hicieron ver lo que no veía. Además, por eso respeto a mi hermano, él me hizo conocer lo que escribieron esos señores, él mismo escribió un poco en su juventud.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Chay kawsasqaywanmi niki taytáy: Qelqasqaykiqa manan mana indio pachateqsipi runakunata ñoqanchis runa kasqanchista yachanankullapaqchu; manan chayllachu tayta. Llamp’uyachinmi kikin llaqtanchis sonqonta, rijch’arichinmi. Manayá qanqa rikunkichu mayman chayanqa muju t’akasqayki.Mana yachanchischu may wayna sonqokunapi sumaqta qarpakushan chay muju. Imayna Ciro Alegría, Icaza, mana yacharqankuchu sonqoypi mujunkuta qarpasqayta.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Por esa experiencia mía te digo padre: Lo que escribes no es solo para mostrar a los no-indios de todas las naciones que nosotros somos gentes; no es solo eso, padre. Ablanda el corazón de nuestro propio pueblo, lo despierta. Claro que tú todavía no ves a dónde llega la semilla que derramas. Quién sabe en qué jóvenes corazones se está regando hermosamente esa semilla. Así como Ciro Alegría, Icaza, no supieron que en mi corazón ya regaba su semilla.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Paykuna, misti kaspanku allinta tarpuranku, chhayna maqanakuypi poqonampaq. Chhaynaqa manachu sumaqta poqonqa indio hina tarpusqayki.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Ellos siendo mistis, sembraron bien para que madura así en la lucha. ¿Y así no iba a madurar en forma preciosa lo que como indio siembras?</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Rikunaykipaq kikin runa saphiyoq kasqayta, llaqtanchispa saphiyoq, qoyki kay willakuyta taytaypa Lorenzomanta, Chayqa sut’inmi. Cheqaymi karan, sutikunapas cheqaymi.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Para que veas que tengo la raíz del propio hombre, la raíz brotada de nuestra propia tierra, te envío este relato que hago de mi padre Lorenzo. Eso no es cuento, padre; ahí estoy relatando lo realmente sucedido, también los nombres son verdaderos.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Unayñan chay hatun runamanta qelqayta munarqani, llapa runa rikunanpaq indio saphinchis kallpanta. Tiempullan mana karqanchu. Kunan ichaqa, onqosqa kasqaykita yachaspay, nini: “Ruarulllasaqña taytay José Maríaman apachinypaqh, chayllawanpas sonqon kusikunanpaq, llaki kusikuyninchiswan.” Chayta nispaymi osqhayta qelqaruni kunantaq apachishayki tukuy sonqoywan.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Desde hace tiempo quería relatar acerca de ese gran hombre; para que todos vieran la fuerza de nuestra raíz india. Solo tiempo me faltaba para hacer eso. Pero ahora, al enterarme que estás enfermo, dije: “De una vez lo haré, para enviarlo a mi padre José María; para que por lo menos con eso se alegre en su enfermedad, para que se alegre con nuestra triste alegría”. Diciendo esto, padre, lo hice rápido, y ahora te lo estoy enviando con todo mi corazón.</span></strong></p>
<p class="question"><em><span lang="es" xml:lang="es">Hoq p’unchay kama taytáy, yawarniypa yawarnin, llakiypa llakiynin, kusikuypa kusikuynin.</span></em></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Hasta otro día padre, sangre de mi sangre, pena de mi pena, alegría de mi alegría.</span></strong></p>
<p class="question"><span lang="es" xml:lang="es">Ñoqallamanta kaqtinqa manan hayk’aqpas kay qelqayta tukuymanchu, imaymanatan qanman niyta munani. Hoq p’unchay kama taytáy.</span></p>
<p class="reponse"><strong><span lang="es" xml:lang="es">Si solo fuese por mí, jamás acabaría esta carta, cuando tantas cosas tengo que decirte. Hasta otro día padre.</span></strong></p>
<p class="paragraphesansretrait"><strong>Hugo</strong></p>
<h1 class="texte"><a id="tocto1n4" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocfrom1n4">El maestro</a></h1>
<p class="paragraphesansretrait">[El Frontón, noviembre de 1969]</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">12</span>A las hojas de mostaza silvestre sancochadas, llamamos <em>yuyu hauch’a</em>. Nos gusta mucho, a pesar de que evoca la muerte en su causa más extendida y silenciada: el hambre.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">13</span>Cuando viene el hambre, devora habas, maíz, papas, chuño (papa helada y deshidratada); no deja nada al indio… más que esas hojas, ya sin manteca, sin cebolla, sin ajos, hasta sin sal. Después de esas hojas viene la muerte, son sus “heraldos verdes”. Viene la muerte con diferentes seudónimos en castellano y en quechua: tuberculosis, anemia perniciosa, neumonía, <em>pujiu</em> (manantial), <em>wayra</em> (viento), <em>layqa</em> (brujería). Se le llama por sus seudónimos porque su verdadero nombre es mala palabra: HAMBRE.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">14</span>Pero el <em>yuyu hauch’a</em> no tiene la culpa de esto, por eso nos gusta tanto. No digo que sea rico y la gente entendida afirma que es insípido. Por eso yo solo digo que nos gusta mucho, aunque nos recuerde las hambrunas. Esas hambrunas en las que a veces los gringos (¡tan buenitos ellos!) nos mandan de limosna maíz con gorgojo y “leche” en polvo; que llegan a la parroquia, a la alcaldía o a la gobernación, y de allí pasan a servir de alimento a los chanchos de los hacendados. Yo no pido que nos repartan esa limosna, yo exijo que nos devuelvan lo nuestro para que no hayan hambrunas. Fue mi primo hermano Zenón Galdos, quien pidió que se repartiera; le costó caro; por exigir eso, el señor Araujo, alcalde de Huanoquite, lo mató de un balazo. El señor Araujo no está preso, es de buena familia.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">15</span>Un domingo de mil novecientos cuarenta y tantos, saboreando mi ración de <em>yuyu hauch’a</em>, conversaba con la campesina que lo vendía, sentada en el barro del mercado de San Jerónimo, Cusco. Conversábamos el tema del día: los temblores. Ella me explicó su origen: eran enviados como castigo porque los indios del <em>ayllu</em> se levantaron contra los padres dominicos de la hacienda “<em>Pata-pata</em>”. Así lo manifestó el señor cura durante la misa de esa mañana: “El demonio no ha muerto, está en el hospital del Cusco”. El señor cura no dijo que la muerte del “demonio” era la condición para que cesen los temblores, la campesina lo entendió así por su cuenta.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>¿Morirá?</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Seguro, está muy mal dicen, por su culpa todo esto…</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">16</span>Ella no quería temblores ni quería ir al infierno, por eso sus palabras condenaban al “demonio”. Pero su cara, su voz, el barro en que estaba sentada, el <em>yuyu hauch’a</em>, su corazón: Todo eso era de tierra, de tierra como el “demonio” que estaba en el hospital, de tierra que gritaba silenciosamente su desesperado anhelo de que el “demonio” se salvara. Y se salvó nomás Lorenzo Chamorro… Se salvó a medias porque quedó inválido. El médico le dijo: “Solo un indio como tú puede estar vivo con seis agujeros en las tripas; lo que te fregó es que la bala te afectó la columna vertebral”. Y así lo conocí tiempo después, ya en su rincón: Lagañas, mugre, muletas, poncho grande, voz vibrante, ojos fuego. Lo miré y supe que era verdad que producía temblores: mi sangre temblaba, mis siglos temblaban cuando me acerqué a abrazarlo.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Tayta, cuéntame.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">17</span>Y me dijo cosas que ya sabía: Que la hacienda “<em>Pata-pata</em>” de los dominicos continuaba arrebatando tierras a la comunidad, que la comunidad tenía títulos de propiedad, que la justicia no llegaba nunca, que los campesinos organizaron el sindicado, que él era el secretario general, que quisieron sobornarlo, que no cedió; que lo amenazaron, que no cedió; que cuando estaban trabajando las tierras en litigio vinieron el prior del Convento Santo Domingo y sus matones; que, como los matones no lo conocían, el prior lo señaló “con la misma mano que consagra el Sacramento”, que entonces recibió los balazos de uno de los matones.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Todos mis compañeros corrieron a atenderme.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Yo les decía: “¡No!, ¡déjenme! ¡Agárrenlo a él!, ¡Agárrenlo!” y ¡ahí nomás me desmayé!</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">18</span>No hubo cárcel para los heridores del indio, ni indemnización para el indio herido, se sobreentiende; estamos en el Perú. Los campesinos temían ir a visitarle en su rincón de inválido, era peligroso…, comprometedor… Pero las campesinas iban…, “solo a visitar a su mujer”, hasta que el señor cura se enteró y tuvo que explicar desde el púlpito:</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Hijos míos, el Señor ha perdonado a este pueblo, pero ustedes abusan de su bondad, vuestras mujeres siguen visitando la casa del demonio. ¡Va a caer lluvia de fuego sobre San Jerónimo!&#8230;</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">19</span>Las campesinas evitaron la lluvia de fuego, dejaron de ir donde la mujer de Chamorro.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Mi hijo mayor lloraba mucho tocando su guitarra, de pena se ha muerto.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">20</span>Yo seguí visitándolo, en busca de la lluvia de fuego, la sentía, escuchando relatos desconocidos.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>¿Conoces el cerro Picol?</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Sí, <em>tayta</em>, desde el Cusco se ve; también desde el camino a Paruro; desde bien lejos se ve ese cerro.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Eso también querían quitarnos. Mandaron guardias a caballo. Nosotros estábamos preparados.</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">21</span>Los guardias no se dieron cuenta de que el camino se contorsionaba para dificultarles el ascenso; no veían que los <em>p’atakiskas</em> (cactus) abrían sus brazos erizados de espinas amenazándolos; no notaron el odio de las piedras, de los guijarros; no comprendieron que, si la gran herida roja del cerro tomaba color humano, era por la cólera, la santa cólera de ver guardias donde solo debía haber hombres. De pronto algunas piedras se movieron, no eran piedras, eran indios honderos como los de antes, como los indios de siempre, con las hondas de siempre. Las hondas de las huestes de Thupaq Amaru, las hondas que lanzaban el grito de rebelión. “<em>¡Warak’as!</em>”. Pero esta vez los proyectiles no eran las piedras indias… ¡Dinamita! Se atascó el cerebro de los guardias; antes de que se dieran cuenta de lo que sucedía, los caballos estaban en dos patas y ellos en cuatro; corriendo ladera abajo en medio de explosiones, sin hacer caso a los brazos feroces de <em>p’atakiska</em> que fácilmente se desprenden del cuerpo de la planta y difícilmente del cuerpo de la gente o de las bestias.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>No regresaron más. Así hay que pelear, aprende, con <em>warak’a</em> y con dinamita; con las mañas de los indios y con las mañas de los mistis; hay que conocer bien lo de nosotros y lo de ellos.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Sí, <em>tayta</em>… hay que conocer bien lo de nosotros y lo de ellos para pelear mejor.</p>
<p class="paragraphesansretrait">Y las lecciones continuaban:</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Toca mi cabeza en esta parte. <span lang="en" xml:lang="en">¿Qué hay?</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><em><span lang="en" xml:lang="en">– </span></em><span lang="en" xml:lang="en">Hueco, </span><em><span lang="en" xml:lang="en">tayta</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, no hay hueso, hueco nomás hay.</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Te voy a contar de ese hueco. Eso fue en Oropeza. Los indios estábamos en pleito con el hacendado. Él se consiguió compadres, nosotros nos cuidábamos. Pero una vez tuvimos fiesta y nos estábamos emborrachando; en eso llegaron los compadres del hacendado queriendo matarnos a palos. Los antiguos contendientes, los de siempre, los de siglos, los de toda la tierra. De un lado, “los compadres del hacendado”, mezcla de bestias y máquinas, como todo aquel que combate para el amo, sea mercenario, <em>mariner yanqui</em>, <em>ranger</em> o amarillo. Es la antihumanidad que hiere al hombre. Máquina bestializada que no piensa. Encierra a un hermano adentro, claro está; pero mientras no surge el hermano, es todavía eso: Máquina y bestia fabricada para herir al hombre. Del otro lado, “los indios”, representantes del hombre en general, humanizados por encima de la borrachera porque ahora solo la rebelión convierte al hombre en hombre. “Los indios” luchando por el hombre, por la tierra; por la tierra de ellos y de todos los hombres.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>De repente nomás llegaron. A mí me agarró uno de ellos y me rompió la cabeza de un palazo; yo me caí muerto, pero me levanté para meterle el cuchillo y de vuelta me caí muerto. Después no sé cuánto tiempo habrá pasado, comencé a escuchar de lejos el doble de las campanas. “¿Cómo será? <em>–</em>decía yo en mi adentro<em>–</em> ¿de mí estarán doblando o del perro del gamonal?”. Después ya me moví un poco, me desperté bien y me di cuenta de que estaba vivo. Recién me puse tranquilo, “del compadre del gamonal había sido”, diciendo. Así, aunque te rompan la cabeza, cuando tienes que seguir peleando, resucitas.</p>
<p class="paragraphesansretrait">– Sí, tayta.</p>
<p class="paragraphesansretrait">– Con juicios nunca ganamos los indios, tiene que ser así, peleando. <span lang="en" xml:lang="en">Los jueces, los guardias, todas las autoridades están a favor de los ricos; para el indio no hay justicia. Tiene que ser así, peleando.</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><span lang="en" xml:lang="en">– Sí, tayta, así peleando.</span></p>
<p class="texte"><span class="paranumber">22</span><span lang="en" xml:lang="en">Me relató muchas cosas más, me contó que sus huesos no se habían roto al saltar del tren en marcha cuando lo llevaban preso.</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>¿Cuentas a tus profesores lo que hablo?</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>A algunos nomás, <em>tayta</em>.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>¿Qué te dicen?</p>
<p class="paragraphesansretrait"><em>– </em>Unos me dicen “así es”, te quieren <em>tayta</em>; otros me dicen “son ideas foráneas”.</p>
<p class="paragraphesansretrait"><span lang="en" xml:lang="en"><em>– </em>¿Qué es eso?</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><em><span lang="en" xml:lang="en">– </span></em><span lang="en" xml:lang="en">No sé, </span><em><span lang="en" xml:lang="en">tayta</span></em><span lang="en" xml:lang="en">.</span></p>
<p class="texte"><span class="paranumber">23</span><span lang="en" xml:lang="en">Y las lecciones de “ideas foráneas” seguían. </span>Lluvia de fuego. Impotente, acorralado volcaba en mí toda su candela. <span lang="en" xml:lang="en">Pero a veces, estallaba:</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><span lang="en" xml:lang="en"><em>– </em>¡Carajo! ¡Ya no puedo pelear! Estas malditas piernas ya no pueden ir a los cerros. Mis manos ya no sirven. No valgo para nada. ¡Ya no puedo pelear, carajo!</span></p>
<p class="paragraphesansretrait"><em><span lang="en" xml:lang="en">– </span></em><span lang="en" xml:lang="en">¡Sí, </span><em><span lang="en" xml:lang="en">tayta</span></em><span lang="en" xml:lang="en">! ¡Vas a seguir peleando! </span>Tú no estás viejo, <em>tayta</em>, tus pies, tus manos nomás están viejos. Con mis pies vas a ir donde nuestros hermanos, <em>tayta</em>; con mis manos vas a pelear, <em>tayta</em>; como cambiarte de poncho nomás es. Mis manos, mis pies, te vas a poner para seguir peleando. ¡Como cambiarte de poncho nomás es, <em>tayta</em>!</p>
<p class="texte"><span class="paranumber">24</span>[Hugo Blanco]</p>
</div>
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</div>
<div></div>
<div id="notes" class="section">
<p>*Fuente: <em><strong><a href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#tocto1n2">OpenEdition Journal</a></strong></em></p>
</div>
</div>
<h2></h2>
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="VhDOPH3ryw"><p><a href="https://piensachile.com/2021/06/11/antecedentes-sobre-la-riqueza-y-complejidad-cultural-de-peru-el-legado-cultural-de-jose-marias-arguedas/">Antecedentes sobre la riqueza y complejidad cultural de Perú: El legado cultural de José Marías Arguedas</a></p></blockquote>
<p><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" title="«Antecedentes sobre la riqueza y complejidad cultural de Perú: El legado cultural de José Marías Arguedas» — piensaChile" src="https://piensachile.com/2021/06/11/antecedentes-sobre-la-riqueza-y-complejidad-cultural-de-peru-el-legado-cultural-de-jose-marias-arguedas/embed/#?secret=VhDOPH3ryw" data-secret="VhDOPH3ryw" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe></p>
<div id="docBody">
<div id="notes" class="section">
<h2 class="section"><span class="text">Notas</span></h2>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn1" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn1">1</a> <em>Revista Amaru</em>, n°11, Lima, diciembre 1969, p. 12-13 (carta revisada y completada por Hugo Blanco el 20 y 23 de octubre de 2018).</p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn2" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn2">2</a> José María Arguedas, <em>Obras Completas</em>, Tomo XII, Vol. 7, <em>Obra Antropológica y cultural</em>, Lima, Editorial Horizonte, 2012, p. 614-616.</p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn3" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn3">3</a> Véase “El escritor y el revolucionario”, en <em>Punto Final</em>, Suplemento Documentos, n° 95, Santiago de Chile, 6 de enero de 1970: 1.</p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn4" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn4">4</a> <em>Campesino. </em>Revista cuatrimestral de estudios sociales, Año I, n° 2, Lima, [¿1970?], p. 66-72.</p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn5" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn5">5</a> <span lang="en" xml:lang="en">Hugo Blanco, </span><em><span lang="en" xml:lang="en">Nosotros los Indios</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, Cusco, CBC, 2017, p. 29-41.</span></p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn6" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn6">6</a> <em><span lang="en" xml:lang="en">Ibídem</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, 1969, p. 12-17.</span></p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn7" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn7">7</a> Véase Hugo Blanco, <em>Tierra o Muerte</em>, México, Siglo XXI, 1971, p. 93.</p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn8" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn8">8</a> <em><span lang="en" xml:lang="en">Ibídem</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, p. 2-3.</span></p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn9" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn9">9</a> <em><span lang="en" xml:lang="en">Op.cit.</span></em><span lang="en" xml:lang="en">, p. 28.</span></p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn10" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn10">10</a> <em>Ibídem</em>.</p>
<p class="notesbaspage"><a id="ftn11" class="FootnoteSymbol" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#bodyftn11">11</a> <span lang="es" xml:lang="es">Según el escritor colombiano Carlos Vidales, el escritor empezó a redactar esta carta el 12 de noviembre, en “El escritor y el revolucionario», </span><em><span lang="es" xml:lang="es">op.cit.</span></em><span lang="es" xml:lang="es">, p. 1.</span></p>
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</div>
<div id="quotation" class="section">
<h2 class="section"><span class="text">Para citar este artículo</span></h2>
<h3>Referencia electrónica</h3>
<p><strong>Hugo <span class="familyName">Blanco</span> y José María <span class="familyName">Arguedas</span></strong>, <span dir="ltr">«<span lang="fr" xml:lang="fr">Intercambio epistolar entre Hugo Blanco y José María Arguedas (noviembre 1969)</span>»</span>, <em>Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM</em> [En línea], 36 | 2018, Publicado el <span dir="ltr">30 enero 2019</span>, consultado el <span dir="ltr">12 junio 2021</span>. <span dir="ltr">URL</span>: http://journals.openedition.org/alhim/7313; <span dir="ltr">DOI</span>: https://doi.org/10.4000/alhim.7313</p>
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</div>
<div id="authors" class="section authors">
<h2 class="section"><span class="text">Autores</span></h2>
<h3><a href="https://journals.openedition.org/alhim/6569">Hugo <span class="familyName">Blanco</span></a></h3>
<p class="description directionltr">(Cusco, 1934), revolucionario peruano, líder campesino y personaje político</p>
<h4>Artículos del mismo autor</h4>
<ul class="documents">
<li class="directionltr">
<div class="title"><a dir="ltr" lang="es" xml:lang="es" href="https://journals.openedition.org/alhim/6529" hreflang="es"><span lang="es" xml:lang="es">Acá debemos elaborar nuestra propia política</span></a> <span class="fullText">[Texto completo]</span></div>
<div class="in">Publicado en <em>Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM</em>, <a href="https://journals.openedition.org/alhim/6440">36 | 2018</a></div>
</li>
</ul>
<h3><a href="https://journals.openedition.org/alhim/6893">José María <span class="familyName">Arguedas</span></a></h3>
<p class="description directionltr">(Andahuaylas, 1911-Lima, 1969) escritor, poeta, traductor, profesor, antropólogo y etnólogo peruano</p>
<p><a class="go-top" href="https://journals.openedition.org/alhim/7313#article-7313">Inicio de página</a></p>
</div>
<div id="license" class="section">
<h2 class="section"><span class="text">Derechos de autor</span></h2>
<p class="directionltr"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/" rel="license"><img src="https://i.creativecommons.org/l/by-nc-nd/4.0/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a><br />
<em>Amérique latine Histoire et Mémoire</em> está distribuido bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/" rel="license">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</a>.</p>
</div>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/06/12/peru-intercambio-epistolar-entre-hugo-blanco-y-jose-maria-arguedas-noviembre-1969/">Perú: Intercambio epistolar entre Hugo Blanco y José María Arguedas (noviembre 1969)</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Antecedentes sobre la riqueza y complejidad cultural de Perú: El legado cultural de José Marías Arguedas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Jun 2021 18:49:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[indios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“ese hermoso día… en que nuestros pueblos volverán a nacer viene, lo siento, siento en la niña de mis ojos la aurora”</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/06/11/antecedentes-sobre-la-riqueza-y-complejidad-cultural-de-peru-el-legado-cultural-de-jose-marias-arguedas/">Antecedentes sobre la riqueza y complejidad cultural de Perú: El legado cultural de José Marías Arguedas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right; padding-left: 80px;">“Despidan en mí un tiempo del Perú. He sido feliz en mis llantos y lanzazos, porque fueron por el Perú; he sido feliz con mis insuficiencias porque sentía el Perú en quechua y en castellano. Y el Perú ¿qué?: Todas las naturalezas del mundo en su territorio, casi todas las clases de hombres. Es mucho menos extenso pero más diverso de cómo fue la Rusia antigua. Esos ríos de “tanta y tan crecida hondura”, como ya lo sintió don Pedro Cieza mucho antes que se hicieran más profundos e intrincados. Y ese país en que están todas las clases de hombres y naturalezas yo lo dejo mientras hierve con las fuerzas de tantas sustancias diferentes que se revuelven para transformarse al cabo de una lucha sangrienta de siglos que ha empezado a romper, de veras, los hierros y tinieblas con que los tenían separados, sofrenándose.  Despidan en mí a un tiempo del Perú cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patria. ¿Cómo están las fronteras de alambres de púas, Comandante? ¿Cuánto tiempo durarán? Igual que los servidores de los dioses, tiniebla, amenaza y terror, que las alzaron y afilaron, creo que se debilitan y corroen”.</p>
<p style="text-align: right; padding-left: 80px;">José María Arguedas, <em>Último diario.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>El Perú ha sido tierra de grandes escritores y poetas. En su suelo germinaron Garcilaso de la Vega, César Vallejo, José Carlos Mariátegui, Ciro Alegría y muchos más. Pero en esa vasta gama de hombres de letras, que han engrandecido no sólo al Perú sino a toda nuestra América, sobresale la figura de José María Arguedas, el hombre que con sus escritos hizo más por las comunidades indígenas que lo realizado por todos los indigenistas anteriores.</p>
<p>Arguedas dio una personalidad convincente en el plano literario a los indígenas, incorporándolos por la puerta grande, con su propio lenguaje, al ámbito de las letras peruanas. Ese escritor, además, durante su fecunda existencia, en todos los actos de su vida, siempre tuvo en mente a los comuneros de su tierra, pensando en que ellos no eran cosa de un pasado que había que mirar con nostalgia sino que formaba parte de la esencia misma del futuro de su paria.</p>
<p>Aparte de su vida literaria, la biografía personal de Arguedas, sobre todo en sus últimos años, fue bastante atormentada, debiendo soportar una tenaz lucha interior que finalmente lo llevó al suicidio en noviembre de 1969.</p>
<p>La vida de Arguedas está atravesada por tres coordenadas, sin las cuales es vano comprender su existencia. Estas tres coordenadas involucran su propia vida –que como autobiografía aparece permanentemente en su obra literaria; el intento de aprehensión de la realidad peruana, que le permitió en su caso desarrollar una literatura que superó creadoramente al indigenismo tradicional; y, el estudio de la realidad desde la óptica de un científico social, que utilizando los instrumentos de la etnología y la antropología supo elaborar notables investigaciones sobre la cultura popular, el mestizaje, que luego se convertirán en elementos sustanciales de sus trabajos literario. De estos tres aspectos, íntimamente entrelazados en la vida y obra de Arguedas, se ocupa este ensayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>LA LUCHA ENTRE UN CUERPO MESTIZO Y UN CORAZÓN INDIO</h2>
<p style="text-align: right; padding-left: 80px;">“Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las  cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mi de energía, le dio un destino y la cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta donde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico”.</p>
<p style="text-align: right;">José María Arguedas</p>
<h2>Un indio blanco</h2>
<p>Corría el año de 1914, y en un lugar de los Andes peruanos un niño de escasos 3 caños caminaba presuroso junto a su padre, que se dirigía a la aldea de San Juan de Lucanas a contraer matrimonio, por segunda vez, con una rica hacendada de la región. Ese suceso tendría repercusiones duraderas en la vida de José María Arguedas, como se llamaba el pequeño infante. El nuevo hogar del niño huérfano se convirtió para él en un verdadero infierno. Su madrastra y uno de sus hermanastros continuamente lo humillaban y despreciaban. Su “nueva” madre actuaba como buena hacendada que era y en cuanto al trato brutal y despiadado que daba a sus <em>pongos </em>(indios sirvientes) no se distinguía en nada de cualquier gamonal o terrateniente voraz de la sierra peruana. Ella estaba compenetrada del estilo machista del gran señor de haciendas e indios. El pequeño José María no escapó al comportamiento machista de su madrastra, que lo castigaba frecuentemente y lo amenazaba con enviarlo a vivir entre los indios, como efectivamente lo hizo poco después.</p>
<p>Ese “castigo”, símbolo de oprobio en la cultura seudo aristocrática y racista de los hacendados peruanos de principios del siglo XX, resultó paradójicamente beneficioso para José María Arguedas. Contra todo lo que ésta había escuchado acerca de la brutalidad y falta de sentimientos de los indios, encontró en su seno, pese a su miseria material, el cariño que antes no había conocido. Los <em>pongos </em>acogieron al niño blanco como uno de los suyos, que a su vez experimentó en carne propia los sufrimientos e inquietudes que se vivían por el solo hecho de ser indio. A una edad en que los recuerdos se quedan grabados con fuego en el corazón del hombre, Arguedas vivió la discriminación de que eran víctimas los comuneros indios. Ese recuerdo lo atormentó por el resto de su vida, y fue guía espiritual en su creación literaria a lo largo de 40 años.</p>
<p>El niño “blanco” se fue indianizando. Al escuchar sus problemas y captar lo más hondo de su espíritu, nos dice, “llegué a tener sangre indígena a través de ellos. Comprendí por qué el indígena se siente superior al blanco: porque se da cuenta de que es él quien trabaja; el blanco enfermizo, perezoso, sólo recoge el fruto de su labor. ¿Qué sería del hombre blanco sin el indio?”<sup>1</sup></p>
<p>Durante esta temprana etapa de su vida, Arguedas tiene su primer contacto con la literatura de las comunidades indias, las que usando el quechua habían logrado mantener viva durante siglos una cultura propia y resistente, con su propio espíritu y una genuina creación artística. Al respecto Arguedas recuerda: “Creo que al escuchar los cuentos quechuas que eran narrados por algunas mujeres y hombres muy queridos en los pueblos de San Juan de Lucanas y Puquio, influyó en mí especialmente la belleza de las canciones quechuas que aprendí durante la niñez. Debí tener 6 ó 7 años cuando ya cantaba en “Huaynos»<sup>2</sup>.</p>
<p>Arguedas pasó parte de su infancia entre los comuneros indios, hasta ser separado, tan bruscamente como llegó, de ese vasto universo. De ese momento en adelante se produjo su rencuentro con el mundo no indio. Eso sucedió a los 15 años de edad, cuando Arguedas fue llevado a estudiar a un colegio de provincia. En su vida de adolescente sufrió el desgarramiento interior que produce el empezar a notar que su vida estaba escindida entre dos mundos –el indio y el “blanco”- sin pertenecer de lleno a ninguno de los dos.</p>
<ul>
<li><sup>1</sup>. Citado en Julio Flores, “José María Arguedas, una experiencia sin paralelo”, <em>Humboldt</em>, No. 68, 1979, p. 46</li>
<li><sup>2</sup>. <em>Ibíd.</em></li>
</ul>
<p><em> </em>En ese colegio de Abancay, el joven Arguedas conoció el desprecio a que se le sometía por su pasado indio. Lo llamaban “serrano pendejo”, lo despreciaban porque hablaba un castellano enredado, como resultado de su tardío aprendizaje, pues tan sólo a los 7 años empezó a articular el idioma de los señores y hacendados. Durante su vida con los comuneros no tuvo necesidad de hablar castellano, de ahí también su profundo conocimiento del quechua.</p>
<p style="padding-left: 80px;">Yo no tuve necesidad –decía- de hablar el castellano hasta los siete años de edad. En la vastísima región en que pasé mi niñez y adolescencia no era imprescindible. El setenta por ciento de los cinco millones de habitantes de esa zona inmensa -¡un mundo!- había únicamente el quechua y el treinta por ciento es bilingüe. No es posible desarrollar un ahora (1957) ninguna actividad importante en la sierra central y del sur si no se domina el quechua<sup>3</sup>.</p>
<p>La ruptura traumática de la adolescencia originó, andando el tiempo, la novela autobiográfica <em>Los ríos profundos, </em>la más bella de las obras de Arguedas, y una de las más hermosas de la literatura universal<em>.</em><em> </em></p>
<h2>La literatura como praxis social</h2>
<p>En 1929, Arguedas llegó a Lima, centro del otro Perú, el del mundo costeño y “civilizado”: el Perú del orden, que pretendía asemejarse al europeo, desconociendo la realidad india de la sierra atrasada y distante, aunque aquella estuviera en realidad más cerca de Lima que la propia Europa. Cuando el joven Arguedas llega a la señorial Lima se encuentra con uno de los momentos de mayor esplendor cultural y político del Perú contemporáneo. Era la época en que José Carlos Mariátegui, con una entrega y enjundia desconocida en nuestro medio, propagaba la necesaria unión entre lo más auténticamente nacional –y qué más nacional en el Perú que lo indio- y las vertientes más avanzadas del pensamiento universal, con la perspectiva de encontrar una senda de desarrollo histórico particular y consciente, que superara los vicios del indigenismo chovinista  y artificial, y también las limitaciones del eurocentrismo, que negaba el sentido de una cultura nacional y latinoamericana, originada en nuestros países como resultado de la simbiosis cultural entre lo europeo y lo indio. Alrededor de Mariátegui se fue moldeando un conjunto de  actividades artísticas, literarias, políticas e ideológicas que se expresaron en la revista <em>Amauta</em>, una de las publicaciones más serias y creadoras de cuantas se han realizado en nuestra América. En Lima, Arguedas se relacionó con los círculos de <em>Amauta </em>y prontamente sintió el efecto de Mariátegui y de su concepción socialista. En <em>Amauta, </em>nos recuerda Arguedas, “recibí la orientación doctrinaria llena de fe en el hombre y en el Perú. A través de ella empecé a analizar mis propias vivencias y atener realmente fe en el pueblo en que habíamos vivido”<sup>4</sup>. De su  contacto con los grupos socialistas de Amauta, Arguedas heredó, hasta el fin de sus días, su preocupación por las luchas sociales de los sectores explotados de la sociedad peruana. Este fue  el impacto de la realidad social en la vida de Arguedas, que en éste se convierte en praxis social, pues su obra artística e investigativa de ese momento en adelante fue resultado de su contacto directo con la gente común y corriente. Fue una relación efectiva consigo mismo, pero también con determinados sectores sociales, agrarios y urbanos, que en cada momento de la vida peruana mostraban sus verdaderas posibilidades históricas.</p>
<p>En el plano de la creación literaria la experiencia de Amauta también fue bastante productiva para Arguedas, porque le significó el conocimiento de las corrientes indigenistas, que en ese momento dominaban el ambiente artístico del Perú. A través de Mariátegui y sus discípulos de <em>Amauta, </em>asimiló las críticas estéticas y sociales más lúcidas que se le hacían al indigenismo tradicional, que,</p>
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<li><sup>3</sup>. J.M. Arguedas, “Canciones quechuas”, <em>Américas</em>, Volumen 9, No. 9, 1957, p. 30.</li>
<li><sup>4</sup>. Citado en Alejandro Lozada, “La obra de José María Arguedas y la sociedad andina”, <em>Eco, </em> 162, abril de 1974, p. 602.</li>
</ol>
<p>pretendiendo reivindicar al indio, en verdad había originado una literatura falsa, artificial, sin vida, que presentaba a unos indios caricaturizados que en nada se parecían a los hombres y mujeres indios de carne y hueso.</p>
<p>Esa crítica profunda de Mariátegui no solo fue asimilada por Arguedas sino que la identificó al momento con su propia visión y experiencia –recuérdese que Arguedas dominaba el quechua a la perfección-, a la luz de la cual la literatura indigenista en boga se le aparecía como muy distante de la vida de los <em>pongos </em>que él había conocido en su niñez. Criticando este tipo de indigenismo, Arguedas comentaba que era bastante extraño que sus principales exponentes pudieran hablar  de los indios cuando en realidad estaban tan distantes de su mundo. Cómo podía un López Albujar ser veraz si conoció a los indios “desde su despacho de juez”; o un Ventura García Calderón  “cómo había oído hablar de ellos, pues se pasó la vida en París”<sup>5</sup></p>
<p>Consciente de las limitaciones del indigenismo, Arguedas se dio a la tarea de buscar una expresión literaria y artística que rompiera con todos los dualismos implícitos en la literatura predominante: costa y sierra, español y quechua, pongo y hacendado, lo urbano y lo rural&#8230; Esa búsqueda, apasionada y frenética, precisó de muchos ejercicios e intentos fallidos (expresados en sus primeros escritos como el conjunto de cuentos titulado <em>Agua, </em>de 1935) hasta llegar a encontrar la expresión auténtica de los pongos, comuneros, mestizos, hacendados y comerciantes del Perú, como lo logró en sus obras <em>Yawar Fiesta, Los ríos profundos, El Sexto y Todas las sangres.</em></p>
<p>Desde sus primeros escritos, Arguedas comprendió el sentido de su búsqueda y propuso convertirse en un nexo cultural entre los dos mundos tradicionalmente escindidos de la sociedad peruana, el mundo de arriba (la sierra) y el mundo de bajo (la costa). “Que sepan mis amigos costeños –sentenciaba en 1935- cómo en el corazón de su país, seré, en adelante, testigo y semilla, puente entre las dos culturas”<sup>6 </sup></p>
<p>Como reafirmación de sus inclinaciones literarias, Arguedas ingresó a estudiar Letras en la Universidad de San Marcos en 1931. Durante su vida de estudiante universitario formó parte de importantes grupos antifascistas, organizados para respaldar la República española. En 1937 un grupo de estudiantes de la universidad de San Marcos esperaban a un funcionario italiano del gobierno de Benito Mussolini, que tuvo la osadía provocadora de asistir al <em>Alma Mater </em>en visita oficial, cuando Camarotta, como se llamaba el general, venía simplemente a asesorar la reorganización de la policía y no tenía nada que ver con actividades universitarias.  Camarotta llegó al acto público en la Universidad, donde lo esperaban los estudiantes que en el momento menos pensado, se abalanzaron contra el general, lo arrebataron de entre las manos de sus escoltas, lo izaron en el aire, y mientras entonaban La Internacional, lo depositaron en la pila de la Facultad de Derecho…. Derecho fue a caer en el agua el general Camarotta.</p>
<p>El hecho era una protesta contra los bombardeos italianos a las ciudades republicanas de España. Entre los estudiantes se encontraba Arguedas, que cursaba el cuarto año de Letras. Ya un año antes había sido detenido y despojado de su empleo en la Oficina de Correos por tomar parte de un Comité de Defensa de la República Española, que fue considerado ilegal por el gobierno.</p>
<p>Como resultado del caso Camarotta, Arguedas fue hecho prisionero. Pagó su condena de un año en El Sexto, una tenebrosa cárcel del Perú. Esta experiencia carcelaria dejó una profunda huella  en la vida del escritor, y fue recreada años después en la novela titulada <em>El Sexto</em>, en la que se presenta una imagen realista de la vida en una penitenciaria, pero que quiere ser a su vez una reproducción simbólica de las agudas contradicciones sociales que se agitan en el interior de la sociedad peruana. Al mismo tiempo, esa obra es un canto de esperanza, de confianza plena en la fuerza interior de los hombres humildes, que pese a todos los avatares de la vida, muestran</p>
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<li><sup>5</sup>. Citado en A. Lozada, <em> cit., </em>p. 595.</li>
<li><sup>6</sup>. <em>Ibíd., </em> 596.</li>
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<p>grandeza de espíritu y solidaridad humanas, en medio de un ambiente de degradación moral y sevicia criminal.</p>
<p>Después de salir de la cárcel, Arguedas fue acumulando sabiduría y dolor. Por fin se pudo licenciar en Letras y en forma sucesiva desempeñó diferentes cargos: empleado, profesor de secundaria y catedrático universitario. Ese discurrir vital de Arguedas, fue moldeando su actividad en los dos campos que fueron el centro de sus preocupaciones intelectuales y sociales: la literatura y la investigación en etnología, antropología y folclor.</p>
<p>Desde los años 1940, cuando Arguedas inicia sus investigaciones etnológicas y folclóricas y publica su primera gran obra literaria, <em>Yawar Fiesta</em>, hasta el final de su vida, el escritor combina con la misma pasión y seriedad las dos actividades sin considerar que una desmerecía a la otra. Por el contrario, cada una de esas actividades era complemento necesario en la búsqueda estética de una literatura que reflejara el sentir cósmico del pueblo quechua y que mostrara, con la investigación concreta, la manera cómo en la cultura peruana pervivía, se reproducía y resistía el elemento indígena, mezclándose con otras culturas para originar un vasto conglomerado humano con un rostro propio, que no tenía nada que envidiar a la cultura occidental de estirpe europea.</p>
<p>De la vida de Arguedas durante la década de 1940 no es mucho lo que se conoce, pues él mismo, que dejó plasmados en sus obras rasgos autobiográficos, nos cuenta muy poco de ese momento. De las pocas indicaciones que se conocen de este período, en su última novela afirmó: “En 1944 hizo crisis una dolencia psíquica y estuve cinco años neutralizado”<sup>7</sup>. En las décadas de 1940 y 1950, si exceptuamos su producción antropológica, Arguedas escribió muy poco en términos estrictamente literarios. Es posible que en este período el escritor haya soportado una profunda crisis emocional, que lo condujo por momentos al escepticismo completo frente a la realidad india, al observar la forma como la comercialización y mercantilización erosionaban la pétrea sociedad comunera de los Andes.</p>
<p>Desde esa década de 1940, Arguedas se convierte en un marginado político, en el sentido de no tener una militancia abierta, decepcionado por las pugnas entre comunistas y apristas y atormentado por su crisis interna de identidad de no ser ni indio ni blanco, crisis que se reforzaba por la descomposición acelerada, en muchos lugares del Perú, de las milenarias comunidades indias. No por casualidad, en el período 1941-1958 (entre <em>Yawar Fiesta </em>y <em>Los ríos profundos)</em>, Arguedas pese a su silencio literario se encuentra en una creadora búsqueda y rescate de todo lo relacionado con la literatura oral india, sus tradiciones, costumbres, relatos, leyendas, mitos, bailes…<sup>8</sup>. Esa búsqueda pretendía demostrar que el proyecto socialista futuro no era algo ajeno a la realidad peruana, en la medida en que los propios indígenas poseían una tradición milenaria de tipo comunitaria que ni la Colonia ni la República habían podido extirpar.</p>
<p>Esta concepción “utópica”, porque apuntaba hacia la construcción de un orden futuro, no estuvo exenta de una buena dosis de romanticismo. Arguedas que comprendía bien el efecto destructor y avasallador del capitalismo se negaba a aceptar que el avance de las redes mercantiles fuera a destruir totalmente al milenario mundo indio. De este período tan crítico de su vida data esta apreciación:</p>
<p style="padding-left: 80px;">En el Perú y en el mundo se entabla una batalla atroz entre el individualismo y la solidaridad, entre la lucha de todos contra todos, la explotación del hombre por el hombre y la fraternidad; entre el capitalismo y la organización comunitaria; entre la costa y la sierra; entre el “demonio” llegado con los españoles y la “bondad” y la falta de ambición de los naturales. El destino del Perú depende en que no se siga</p>
<ol start="7">
<li><sup>7</sup>. J.M. Arguedas, <em>El zorro de arriba y el zorro de abajo</em>, Editorial Losada, Buenos Aires, 1971.</li>
<li><sup>8</sup>. Parte de esa producción se encuentra publicada en los libros <em>Señores e indios</em>, Editorial Calicanto, Buenos Aires, 1976 y <em>Formación de una cultura nacional indoamericana</em>, Siglo XXI Editores, México, 1975. También en su principal investigación antropológica, presentada como tesis de Doctorado, titulada <em>Las comunidades de España y del Perú, </em> Universidad de San Marcos. Lima, 1968.</li>
</ol>
<p style="padding-left: 80px;">precipitando en las caóticas costumbres extranjeras sino que integre su herencia comunitaria, que es el patrimonio más rico de la historia. La sierra, si le abrimos las puertas todavía podría salvar al Perú.<sup>9</sup></p>
<h2><strong>Los últimos años</strong></h2>
<p>Esa visión romántica de las comunidades indias, se parecía mucho a la apreciación que los populistas rusos tenían del <em>mir </em>(comunidad campesina) a fines del siglo XIX. Era un romanticismo que se aferraba al pasado pensando en el futuro, para negar el presente. Y al enfrentar ese presente, duro, cruel y contradictorio, Arguedas se dio cuenta del impacto destructivo de la penetración capitalista. Luego de terminar sus estudios de Antropología, a comienzos de la década de 1950, Arguedas recorrió intensamente los Andes peruanos, para descubrir con asombro que esa realidad india que lo nutrió durante su infancia estaba siendo arrinconada por los lazos mercantiles y comerciales. Vio con rabia y dolor cómo las artesanías indias perdían calidad, porque dejaban de ser un valor de uso para convertirse en un simple objeto de cambio, que proporcionaba ingresos adicionales a los comuneros. Observó cómo los indios renegaban del quechua y querían que sus hijos hablaran castellano para que “aprendieran” a defenderse en la vida, es decir, supieran relacionarse de tú a tú con los blancos y cholos. Notó cómo algunos indios se habían enriquecido y, de la misma manera que los mestizos y gamonales, se aprovechaban del trabajo de los indios empobrecidos…</p>
<p>Esa realidad que él observó y palpó, le indicaba que su sueño romántico no era posible y eso lo hundió en el escepticismo. Desde ese instante, en que percibió que su obra alimentaba un espíritu que afrontaba una profunda crisis -como era el de la cultura india-, Arguedas concluyó que no se justificaba vivir. En lo sucesivo las ideas del tiempo perdido y de la desesperanza estarán presentes en su vida, para conducirlo finalmente al suicidio.</p>
<p>En la década de 1960, la más tormentosa de toda su existencia, Arguedas intenta vivir rompiendo con el pasado. Se alejó de sus viejos amigos se divorció de su primera esposa, interrumpió sus investigaciones antropológicas, abandonó su tan amada Universidad de San Marcos y se refugió en la Universidad Agraria de la Molina, epicentro de la actividad de jóvenes revolucionarios, a quienes pidió fe y aliento. Esa fe bastó para que publicara su epopéyica obra <em>Todas las sangres, </em>que el mismo Arguedas consideraba como su mejor producción literaria.</p>
<p>Esa fue su última obra, porque el proceso de escribir otra, <em>El zorro de arriba y el zorro de abajo</em>, le costaría la vida. En efecto, tal vez en Arguedas como en ningún otro escritor latinoamericano, se observa el caso que la elaboración de un producto literario, en la lucha contra el estilo, las palabras y la expresión, genere tantos problemas, contradicciones interiores y deseo de muerte. Por dichas circunstancias esa obra, publicada póstumamente en 1971, es el testimonio de la lenta agonía de un hombre que estuvo luchando no tanto contra la vida sino por encontrar la mejor forma de suicidio.</p>
<h2><strong>El suicidio</strong></h2>
<p>Aquel sábado 28 de noviembre de 1969, José María Arguedas había llegado a una conclusión definitiva: ese sería el último día de su vida, pues, por fin, luego de una lucha tenaz consigo mismo, estaba convencido que tal y como estaban las cosas no valía la pena vivir. Arguedas se dotó de todo lo necesario para que el suicidio –esa idea que había atormentado su cerebro durante tantos años- no fuera a fallar. Preparó todo, hasta el último detalle. Compró un arma de fuego, convencido como estaba de que la mejor forma de dejar el mundo de los vivos era propinándose un disparo en la cabeza, ya que todas las otras formas de suicidio le parecían poco seguras. Escogió el último sábado del penúltimo mes del año, porque de esa forma su acción no interferiría para nada las actividades docentes de la Universidad de la Molina, en la que se</p>
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<li><sup>9</sup>. Citado en Lozada, <em> cit., </em>p. 606.</li>
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<p>desempeñaba como catedrático desde principios de la década de 1960. Tan convencido estaba de haber seleccionado el día preciso que en su diario escribió sus últimas palabras: “<em>escojo este día porque no perturbará tanto la marcha de la universidad</em>”<sup>10</sup></p>
<p>Luego de escribir estas palabras, en uno de los salones de clase, Arguedas se disparó un tiro en la sien derecha. No murió al instante, ya que su corazón latió hasta el 2 de diciembre, cuando definitivamente se apagó la vida de este extraordinario escritor peruano.Arguedas tomó la tremenda decisión de poner fin a su vida seguro como estaba de que las posibilidades de creación literaria estaban agotadas y que su mundo indio se encontraba en la más terrible de sus encrucijadas históricas, ante los avances capitalistas de los años sesenta.  Pocos escritores tienen la franqueza, además rubricada con su propia muerte, que mostró Arguedas poco días antes de su suicidio, al reflexionar sobre las condiciones que explican el agotamiento de su savia creadora:</p>
<p style="padding-left: 80px;">He sido escritor a sobresaltos en una verdadera lucha –a medias triunfal- contra la muerte. Como estoy seguro que mis facultades y armas de creador, profesor, estudioso e imitador, se han debilitado hasta quedar casi nulas y sólo me quedan las que me relegarían a la condición de espectador pasivo e impotente de la formidable lucha que la humanidad está librando en el Perú y en todas partes, no me sería posible tolerar ese destino. O actor, como lo he sido desde que ingresé a la escuela secundaria, hace cuarentaitres años o nada<sup>11</sup>.</p>
<p>Para describir la vida de Arguedas nada mejor que recordar sus bellas palabras de <em>Yawar Fiesta</em>, cuando al hablar de los comuneros indios que protagonizaban la novela dice que en su corazón “está llorando y riendo la quebrada, en sus ojos el cielo y el sol están viviendo; en su adentro está cantando la quebrada, con su voz de mañana, del mediodía, de la tarde, del oscurecer”<sup>12</sup>. Y la voz de Arguedas, cuarenta y dos años después de su trágica muerte y un siglo después de su nacimiento, retumba en el Perú y en Latinoamérica como las potentes quebradas y ríos profundos que él conoció y describió en sus novelas.</p>
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<h2>LA OBRA LITERARIA DE JOSE MARIA ARGUEDAS: FIN DEL DISCRITO ENCANTO DEL INDIGENISMO<strong> </strong></h2>
<p>En la evolución de la literatura latinoamericana la obra de José María Arguedas cierra un ciclo, y abre otro. Con esa vasta producción termina el indigenismo tradicional y se inicia un nuevo tipo de literatura que engloba a los más diversos sectores de la sociedad peruana y latinoamericana, en proceso de modernización y desarrollo capitalista. Pero, ¿cómo se produjo esa transición?¿Cuál fue el papel desempeñado por Arguedas en ese proceso?</p>
<h2>El surgimiento del indigenismo</h2>
<p>El descubrimiento literario del indio de principios del siglo XX, no se diferenció mucho del “descubrimiento” de América por parte de los españoles cuatro siglos antes. Aunque los indigenistas pretendían incorporar al indio al ámbito de las letras peruanas y latinoamericanas, no consideraban su auténtica vitalidad en la vida peruana del 900 y tampoco reconocían su creciente protagonismo social y político. Nada de eso. Por el contrario, se trataba de incorporarlo formalmente como problema del pasado –y del más remoto pasado-. Los indigenistas no veían, porque se negaban a reconocer su existencia, a los comuneros indios que habitaban muy cerca en los Andes peruanos. Paradójicamente, los primeros indigenistas contemplaran al indio con los</p>
<ol start="10">
<li><sup>10</sup>. J.M. Arguedas, <em>El zorro…, p 295.</em></li>
<li><sup>11</sup>. <em>Ibíd.</em>, p. 290</li>
<li><sup>12</sup>. J.M. Arguedas, <em>Yawar Fiesta</em>, Editorial Losada, Buenos Aires, 1947.</li>
</ol>
<p>ojos del europeo colonizador, y por lo mismo su visión fue profundamente artificial. Además, esos indigenistas, que en el caso del Perú provenían de la Costa, reproducían la vieja dicotomía heredada desde los tiempos de la Colonia, entre la costa civilizada, “europeizada” y poblada por “blancos” y una sierra atrasada y habitada por indios “incivilizados”.</p>
<p>Fue con esos ojos como los indigenistas vieron a las comunidades de la sierra. No partían de un conocimiento directo de la realidad, sino que apoyándose en falsas premisas, incluso de tipo racista, generaban una visión falsa y caricaturesca del indio y su cultura. Por lo mismo, su lenguaje literario era de muy mala calidad y antes que representar a seres de carne y hueso, mostraba estereotipos poco convincentes, que poco tenían que ver con el indio real y concreto. La frustración de Arguedas ante la literatura indigenista de principios de siglo fue total: “Sentí una gran decepción –manifestó- porque las obras más famosas de la época mostraban a los indígenas como seres decadentes. Entonces sentí una gran indignación y una aguda necesidad de revelar la verdadera realidad humana del indio, totalmente diferente a la presentada por la literatura imperante”<sup>13</sup>.</p>
<p>Con la claridad que lo caracterizó, en los años 1960 Arguedas efectúa un balance retrospectivo del indigenismo, considerando que el gran problema de la “generación del 900” radicó en que su indigenismo era en esencia falso porque sus portavoces “analizan la historia y reivindican la “grandeza” del imperio incaico, pero no se ocupan del indio vivo, marginado de todos los derechos constitucionales republicanos”, y todo porque lo ignoran<sup>14</sup>.</p>
<p>Contradictoriamente, la reivindicación que del indio hacían los primeros indigenistas tenía un objetivo no indio, en la medida en que, negándose a ver su situación real en el mundo concreto o reconociendo tan sólo su miseria y “descomposición” social, pretendían reivindicar a otras “razas”, y principalmente a la “española”. De ahí que muchos de esos indigenistas terminaran siendo hispanistas –y después muchos se convirtieron en auténticos fascistas, como el hoy desconocido José de la Riva Agûero- para exaltar sólo los aportes ibéricos y ratificar su desprecio hacia todo lo indio.</p>
<p>Sin embargo, según Arguedas, ese primitivo indigenismo vislumbraba inconscientemente el papel que el mestizo ha desempeñado en la historia peruana, aunque ese reconocimiento “se hiciera con el propósito de demostrar que tales valores fueron posible por lo que en ellos había de hispánico”<sup>15</sup>. Y eso ya constituía un paso adelante.</p>
<h2>Mariátegui y la segunda fase del indigenismo</h2>
<p>Un paso todavía más significativo se produce en los años veinte y treinta, cuando surge una corriente renovadora en el campo del indigenismo, que se alimenta de las ciencias sociales europeas y de sus primeros ecos en la sociedad peruana. Entre las concepciones sociales que orientan una nueva visualización de la comunidad y cultura indias, descolló la figura legendaria de José Carlos Mariátegui y del grupo Amauta. Esta segunda oleada de indigenismo afirmaba rotundamente que el indio no era una reliquia del pasado, sino que existía como un elemento vital de la realidad peruana. De ahí justamente los llamados de Mariátegui encaminados a “peruanizar al Perú”, para captar lo específico de esa sociedad, en la cual lo indio palpitaba por todos sus costados. Porque, decía Mariátegui: “Si el indio ocupa el primer plano en la literatura y</p>
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<li><sup>13</sup>. Citado en Mario Vargas Llosa, “Tres notas sobre Arguedas. Indigenismo y buenas intenciones”, en <em>La nueva novela latinoamericana</em>, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1972, p. 37</li>
<li><sup>14</sup>. J.M. Arguedas “Razón de ser del indigenismo en el Perú”, en A. Rama (Compilador), <em>Formación de una cultura nacional indoamericana</em>, Ed. Siglo XXI, México, 1975, p. 190.</li>
<li><sup>15</sup><em>. Ibíd.</em></li>
</ol>
<p><em> </em>el arte peruanos, no será, seguramente, por su interés literario o plástico, sino porque las fuerzas y el impulso vital de la nación tienden a reivindicarlo”<sup>16</sup>.</p>
<p>Aquí el indio no es ni subordinado ni anticuario del pasado, sino que pasa a ser considerado como un sujeto con un papel histórico que cumplir en el proceso de lucha de la nación peruana por construir una sociedad diferente, en la perspectiva de destruir el semifeudalismo primero y luego el capitalismo. Se reconoce, entonces, en esta óptica el protagonismo histórico-social de los indios, dándole un énfasis a su participación en el plano de la lucha política contra las fuerzas (de gamonales y hacendados) que los oprimen y explotan.</p>
<p>Este último aspecto es el que más influenció a Arguedas, pues éste en la búsqueda de una cultura nacional se nutrió filosóficamente del pensamiento de Mariátegui, del que heredó un acentuado nacionalismo y la imperiosa búsqueda de transformar la sociedad peruana para organizar una nueva, donde los indios desempeñan un rol activo.<sup>17</sup></p>
<p>Sin embargo, pese a que Mariátegui y el primer grupo de socialistas que vislumbraron el “problema indio” resaltaron el plano de la explotación india del presente, que por sus propias limitaciones de perspectiva y de clase no podían ver los indigenistas del 900, siguieron presentando el problema en términos dualistas –como se podrá apreciar en las primeras obras de Arguedas- al seguir hablando de manera excluyente entre sierra y costa en el plano espacial, entre indio y “blanco” en el plano racial, entre quechua y español en el plano lingüístico y entre feudalismo y capitalismo en el plano económico. Seguía siendo una visión de exclusiones y de dicotomías que esquematizaba demasiado a la sociedad peruana y máxime si se tiene en cuenta que el capitalismo ya desde los años veinte estaba trastocando drásticamente el orden agrario y cultural predominante en importantes zonas de la sierra peruana. Esta segunda concepción también es revalorada críticamente por Arguedas:</p>
<p style="padding-left: 80px;">Toda la intelectualidad del Perú es sacudida por la influencia de esa revista (Amauta): el indio y el paisaje andino se convierten en los temas predilectos de la creación artística. Se trata de un arte combatiente, antihispanista. La revolución socialista aparece como inminente y fácil para los lectores y redactores de Amauta… <em>El gamonal es presentado con expresión inhumana y feroz, se muestra al indio o en sus miserias o en sus virtudes. </em>Pasado el tiempo esta obra aparece como superficial, de escaso valor artístico y casi nada sobrevive de ella, pero cumplió una función social importante.<sup>18</sup></p>
<p>La crítica de Arguedas va todavía más lejos, aunque es igualmente equilibrada. En efecto, si bien sostiene que desprendiéndose de Amauta escritores posteriores, como Luis E. Valcárcel, llegaron a plantear la restauración del imperio Inca –en una muestra de antihispanismo ciego que llevó al extremo opuesto al que había llegado el primer indigenismo-, ahora ese antihispanismo conduce  a un chovinismo provinciano, que resulta incapaz de comprender las transformaciones operadas por la irrupción mundial del capitalismo en América Latina después de la crisis de los años treinta, que va a borrar con esa imagen prístina de los grupos indios.</p>
<p>Entre otras cosas hay que anotar que la crítica incisiva de Arguedas a aquellos indigenistas románticos, que pretenden volver a un pasado milenario para restaurarlo tal como si nada hubiera pasado en la historia en los últimos quinientos años, cobra vigencia a raíz de la aparición de un pensamiento indigenista que en algunas regiones de América Latina plantea el necesario retorno al mundo prehispánico<sup>19</sup>.</p>
<ol start="16">
<li><sup>16</sup>. Salvador Bueno, “José María Arguedas en una edición bilingüe”, <em>Casa de las Américas</em>, Nº 106, Enero- Febrero de 1978, p. 186.</li>
<li><sup>17</sup>. A. Rama, <em> cit., </em>pp. IX y ss.</li>
<li><sup>18</sup>. J.M. Arguedas, “Razón de ser…”, p. 195.</li>
<li><sup>19</sup>. Posiciones indigenistas de este tipo tienen alguna fuerza en países como Bolivia y Perú. Al respecto Cf. Fausto Reynaga et al., <em>Utopía y Revolución</em>, Editorial Nueva Imagen, México, 1982.</li>
</ol>
<p>Pero Arguedas es equilibrado, como decíamos, porque reconoce que el énfasis en la realidad dual del Perú que hacen los socialistas se origina, sobre todo, en el desconocimiento inmediato que del problema tenía Mariátegui, quien por cuestiones de trabajo y por su prematura muerte no alcanzó a profundizar en su estudio<sup>20</sup>. Además, Mariátegui no cae tampoco en el romanticismo utópico y nostálgico de algunos de sus seguidores.</p>
<p>Este segundo indigenismo dio a Arguedas energías para fortalecer su sensibilidad social, lo que le posibilitó comprender y asumir la rebeldía indígena desde dentro, si se quiere, de la propia vida de las comunidades. Eso personalmente se le facilitó por su particular experiencia de haber convivido con los comuneros durante su infancia, experiencia que dejará una profunda huella en su ser y en su obra literaria.</p>
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<h2>El dualismo inicial de la literatura de Arguedas</h2>
<p>A comienzos de la década de 1930 en el momento en que Arguedas iniciaba su carrera literaria – recuérdese que su primer cuento fue publicado en 1933, cuando apenas contaba con 22 años de edad- tenía varias ventajas sobre las corrientes indigenistas que habían dominado en el panorama de las letras peruanas. Una primera ventaja, poseía la perspectiva suficiente que le proporcionaba el haber conocido algo de la producción artística del indigenismo y poder ubicar sus limitaciones estéticas. Una segunda se la proporcionaba su propia experiencia vital entre los indios, cuando casi convertido en uno de ellos sufrió las penalidades y martirios a que eran sometidos aquellos por los gamonales y hacendados, lo cual le permitió sentir en carne propia la vida cotidiana de los comuneros. Esta era una gran “ventaja” pues, como se ha recalcado antes, los indigenistas, tanto los del 900 como los de <em>Amauta, </em>desconocían directamente la realidad india. Una tercera, que compartía con los de <em>Amauta</em>, era su sensibilidad social, nutrida con sus ideales socialistas y de luchar por construir una sociedad distinta que transformara las condiciones de opresión de su presente. Y finalmente, una cuarta que se deriva de las anteriores, Arguedas se diferencia de todos los escritores e intelectuales “blancos” y mestizos de su generación porque conocía directamente el quechua; lengua que nunca despreció como hacían todos sus contemporáneos letrados, quienes aunque la dominaran sólo la usaban a hurtadillas como temiendo ser descubiertos empleando el “idioma de los indios”.</p>
<p>Contradictoriamente, Arguedas primero aprendió a hablar en quechua y tardíamente se familiarizó con el castellano, idioma que asimiló después de los 14 años. Precisamente hablando de la vitalidad del quechua, y de su necesario emparentamiento con el castellano, Arguedas  sostenía: “Más de 4 siglos de contacto entre el quechua y el castellano han causado en la lengua inca efectos que no son negativos. En ellos se muestra la fuerza proveniente de esta lengua, en la flexibilidad con que ha incorporado… términos necesarios para la expresión artística”<sup>21</sup>. Y Arguedas fue el principal gestor de una nueva expresión estética, que usó creadoramente los dos idiomas predominantes en la sociedad peruana.</p>
<p>A pesar de todas estas “ventajas”, para que Arguedas lograra por fin la producción de un nuevo tipo de literatura no indigenista –en el sentido convencional del término- primero produjo una serie de obras en las que reproducía las deficiencias del indigenismo, sobre todo de la segunda de las tendencias antes señaladas. Las primeras obras de Arguedas de la década de 1930 aunque desde el punto de vista del manejo del lenguaje significan la aproximación positiva, que años después se concretará con más claridad, del castellano y el quechua, siguen presentando la imagen dualista de la sociedad peruana, escindida entre <em>mistis<sup>22</sup></em>e indios, odio y amor, capitalismo</p>
<ol start="20">
<li><sup>20</sup>. J.M. Arguedas, “Razón de ser…” p. 194.</li>
<li><sup>21</sup>. Citado en S. Bueno, <em> cit., </em>p. 146.</li>
<li><sup>22</sup>. <em>Mistis: </em>Señores o hacendados. Pueden ser blancos o mestizos. Son los grandes propietarios que necesitan del trabajo indio. Su comportamiento ante los indígenas es brutal.</li>
</ol>
<p>y feudalismo, ambivalencias entremezcladas en una concepción mayor que enfrente al mundo de arriba (la sierra) y el mundo de abajo (la costa), el cóndor y el toro, etc.<sup>23</sup></p>
<p>La visión dualista originaria de Arguedas no sólo tenía que ver con el influjo original de <em>Amauta</em>, sino que además era una manifestación del propio desgarramiento interior que él vivió, porque a los 25 años no sabía en realidad a qué mundo pertenecía: si al de los comuneros indios que lo acogieron en su seno, luego de que a los siete años su madrastra lo obligó a vivir con ellos, o si pertenecía al mundo de los “blancos”, en una de cuyas familias había nacido. La dualidad ronda la vida misma de Arguedas, desde su más tierna edad: fue rechazado por los <em>mistis </em>y aceptado por los indios. Ese dualismo en poco tiempo pasó por tres momentos; el inicial de abandono y desarraigo en el mundo de los “blancos”; un segundo, de aceptación en el mundo indio, donde vivió un proceso temporal de identificación con su cultura, valores, magia, símbolos y donde aprendió el quechua; y, uno final, cuando comprendió que la soledad inicial sólo desapareció efímeramente entre los indios, pues no consiguió ser uno de ellos, sintiéndose huérfano y abandonado. Por esta circunstancia de índole autobiográfica, en sus primeros escritos no hay cabida para los mestizos, que tan sólo aparecerán en su novela <em>Yawar Fiesta</em>, de 1941<sup>24</sup>.</p>
<p>También habría que considerar que la visión inicial de alguien que creció y vivió entre comunidades indígenas, era limitada al compararla con el Perú de la década de 1930. Tal cosa ocurría no por ninguna limitación o inferioridad cultural india. Sencillamente, la posibilidad de  ver, en una perspectiva totalizante, esa sociedad desde los Andes era bastante difícil, en virtud de aislamientos regionales, falta de información, incomunicaciones y prejuicios mutuos entre costa y sierra. Este hecho tenía que pesar en la visión original de Arguedas, expresada en sus primeros trabajos, en donde sólo consideró un medio exclusivamente rural y aislado, circunscrito a una comunidad indígena.</p>
<h2>Mestizaje y transculturación</h2>
<p>En la primera época de la producción arguediana encontramos, entonces, un mundo escindido y aislado, que sigue manifestando el dualismo típico de la segunda corriente indigenista, pero que ya empieza a ser superado con el intento de recrear literariamente la rica realidad peruana, con su sincretismo cultural y lingüístico. En esa visión no había lugar para el mestizo.</p>
<p>Rápidamente Arguedas comprende que sin incorporarlo, cualquier obra literaria que pretenda asumir la problemática indígena del Perú será artificial y esquemática, ya que el mestizo permeaba todas las estructuras sociales de la sociedad peruana, incluso aquellas donde las comunidades parecerían haberse conservado más “puras”. Paradójicamente, la superación de la novela indigenista se dio por la vía de la incorporación del mestizo en la construcción literaria, lo que enriqueció la misma visión sobre la cultura india, con todos sus problemas, contradicciones, y elementos transculturizadores.</p>
<p>En reflexiones posteriores que Arguedas realizó sobre literatura dio cuenta, justamente, de la forma como el reconocimiento del mestizo alteró la perspectiva del indigenismo. En un artículo de 1950, haciendo alusión al mestizo, Arguedas consideraba que no era fácil:</p>
<p style="padding-left: 80px;">Erguirse contra indios y terratenientes; meterse como una cuña entre ellos; engañar al terrateniente afilando el ingenio hasta lo inverosímil y sangrar a los indios, con el mismo ingenio, succionarlos más, y a</p>
<ol start="23">
<li><sup>23</sup>. Alberto Flórez Galindo, <em>Buscando un inca: Identidad y utopía en los Andes. </em>Premio Casa de las Américas, la Habana, 1986, p. 327.</li>
<li><sup>24</sup>. <em>Ibíd.</em></li>
</ol>
<p style="padding-left: 80px;"><em> </em>instantes confabularse con ellos, en el secreto más profundo o mostrando tan sólo una punta de las orejas para que el dueño acierte y se incline a ceder, cuando sea menester<sup>25</sup></p>
<p>Este lúcido análisis indica que desde un primer momento Arguedas no era un indigenista ortodoxo y romántico, que estuviera limitado en su cosmovisión por esa mirada nostálgica del indio, sino que consideraba el papel de los mestizos en profundidad, como elementos dinámicos y contradictorios, que incluso en determinadas circunstancias podían ser la única posibilidad de supervivencia de las culturas indias. Teniendo en cuenta este criterio, en diversos estudios antropológicos Arguedas distinguió entre las comunidades “conservadoras” y las “económicamente fuertes”; y, contra lo que pudiera pensarse a primera vista, consideró que aquellas que más posibilidad de resistencia presentan no son las “conservadoras”, que intentan desconocer los caminos que la “occidentalización” trae consigo, aislándose por ejemplo, sino las segundas, las “económicamente fuertes”, que podrán sobrevivir mejor porque han asimilado “anticuerpos mestizos” de resistencia, o, en otras palabras, porque pueden adoptar elementos occidentales que les permiten resistir sin perder su identidad<sup>26</sup>.</p>
<p>Arguedas igualmente señala las dimensiones del cruce cultural que se produce entre indios y miembros de otras culturas. Como resultado de esa mutua influencia “ha aparecido un personaje”, un producto humano que está desplegando una actividad poderosísima, cada vez más importante: el mestizo. Hablamos en términos de cultura; no tenemos en cuenta para nada el concepto de raza. Quien quiera puede ver en el Perú indios de raza blanca y sujetos de piel cobriza, occidentales por su conducta”<sup>27</sup>.</p>
<p>En 1941 en su obra <em>Yawar Fiesta </em>se aprecia el vuelco de Arguedas respecto al indigenismo anterior. Esta obra no tiene una visión estereotipada y dualista simple, pues aquí aparecen diversos sectores sociales, con muy variadas actitudes. En el paisaje social aparecen indios, terratenientes, estudiantes, mestizos y políticos. Y como ruptura fundamental, en esta obra también se presenta la consideración de la transculturación, entendida según la definía el ilustre investigador cubano Fernando Ortiz, inventor de la expresión, como un intercambio de elementos culturales de diversa prudencia que originan un “proceso en el cual se da algo a cambio de lo que se recibe; es un “toma y daca”, como dicen los castellanos. Es un proceso en el que ambas partes de la ecuación resultan modificadas. Es un proceso en el cual emerge una nueva realidad, compuesta y compleja; una realidad que no es una aglomeración mecánica de caracteres, ni siquiera un mosaico, sino un fenómeno nuevo, original e independiente”<sup>28</sup>.</p>
<p>Si, la transculturación es una ecuación en que ambas partes reciben y el cambio cultural adopta, si se trata de dos culturas, un sentido bidimensional. Eso lo comprendió muy bien Arguedas y desde <em>Yawar Fiesta</em>, como en todas sus obras posteriores, lo aplicó magistralmente. En el caso que nos ocupa, la transculturación fue vista como una apropiación por parte del mundo de los indios de importantes manifestaciones culturales del mundo “blanco”, como las corridas de toros; pero no únicamente eso, sino que dicha apropiación incorpora sus propios ceremoniales que rebasan el rito tradicional español; y de otro lado, también el mundo de los “blancos” se apropia, aunque ellos no lo hagan conscientemente ni lo quieran reconocer, de elementos culturales indios, llegando incluso a familiarizarse con creencias religiosas nativas. Esto es lo que se puede llamar la indianización del criollo<sup>29</sup>.</p>
<ol start="25">
<li><sup>25</sup>. J.M. Arguedas, “La novela y el problema de la expresión literaria en el Perú”, Apéndice a <em>Yawar Fiesta</em>, Editorial Losada, Buenos Aires, 1974.</li>
<li><sup>26</sup>. A. Rama, <em> cit., </em>pp. XX y ss.</li>
<li><sup>27</sup>. J.M. Arguedas, “El complejo cultural en el Perú”, en A. Rama, <em> cit</em>, p. 2.</li>
<li><sup>28</sup>. Fernando Ortiz, <em>Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar</em>, Editorial Ariel, Barcelona, 1972.</li>
<li><sup>29</sup>. J.M. Arguedas, “El complejo…”, p. 2</li>
</ol>
<p>En la producción literaria de Arguedas el proceso más claro de transculturación nos lo muestra su obra más ambiciosa <em>Todas las sangres</em>, donde describe un universo verdaderamente complejo y contradictorio, en el que el terrateniente tradicional (Bruno Aragón de Peralta), impotente para entender y resistir el embate del capitalismo transnacional que descompone sus formas de vida, adopta comportamientos propios de los comuneros indios, e incluso llega a compenetrarse con su visión mágica y simbólica del mundo<sup>30</sup></p>
<h2>Ruptura plena con el indigenismo tradicional</h2>
<p>A partir de <em>Yawar Fiesta </em>la ruptura con el indigenismo está consumada, y luego será desarrollada en <em>Los ríos profundos, Todas las sangres </em>y en la truncada novela <em>El zorro de arriba y el zorro de abajo. </em>Esa ruptura implica varias transformaciones. El Perú ya no aparece como un universo dual, entre dos mundos separados y sin ningún vínculo entre sí, sino que es visto como un complejo entramado de paisajes, formas de organización social, culturas y lenguas que conforman una totalidad dinámica y articulada.</p>
<p>De paso hay que decir que esta visión literaria de Arguedas, rica en sugerencias para las ciencias sociales, no fue asimilada por importantes corrientes del análisis social latinoamericano de los años 1950 y 1960 que pasaron a presentar como fabulosos descubrimientos el llamado “dualismo estructural” y la teoría de la “marginalidad”, cuando ya Arguedas con su obra literaria había roto con esa vieja e ideologizada forma de ver a las sociedades latinoamericanas. El logro de Arguedas demuestra, que la literatura cumple, entre muchos roles importantes, la función de anticiparse a ciertos descubrimientos en el campo de la ciencia. Y el análisis totalizante de Arguedas fue una valiosa contribución en ese campo. Lo que debemos lamentar es que pase tanto tiempo para ser asimilada por las ciencias sociales del continente.</p>
<p>La literatura de Arguedas recorrió los más diversos caminos geográficos del Perú, como él mismo lo recordaba al hablar de su obra principal:</p>
<p style="padding-left: 80px;"><em>Todas las sangres</em>, ha madurado durante largos años. Para poder escribirla fue necesario haber intentado interpretar en <em>Agua </em>(1935) la vida de una aldea, en <em>Yawar Fiesta </em>(1941) la de una capital e provincia y en <em>Los ríos profundos </em>(1958) la vida de un territorio humano y geográfico más vasto y complejo. Sin estas obras no hubiese podido crear <em>Todas las sangres (…) </em>Y siendo que mi última novela es más literaria que las anteriores porque en ella lo literario proviene de la faz y el corazón de infinidad de gentes distintas entrabadas en nuestro país en una urdimbre sutil, profunda, a veces terrible, y no solamente de la descripción del llanto y de la mágica maravilla de los ríos y montañas<sup>31</sup></p>
<p>La producción literaria de Arguedas, generada en el período 1935-1969, revela los mecanismos particulares que posibilitaron la transición de la sociedad servil y semifeudal a la sociedad capitalista. Parafraseando la célebre afirmación de Marx –en el sentido que Balzac es el escritor que más se aproxima a la comprensión de la sociedad francesa postnapoleónica-, podemos afirmar que para comprender la crisis de la sociedad tradicional peruana y los nuevos desajustes y contradicciones generados por el pujante capitalismo, nadie mejor que Arguedas. La asimilación de esos procesos en su obra literaria se facilitaba porque Arguedas conoció de cerca dos coyunturas tan significativas como la de 1930 y 1960, ambos momentos esenciales en la acelerada expansión capitalista y descomposición del régimen agrario tradicional<sup>32</sup>.</p>
<ol start="30">
<li><sup>30</sup>. J.M. Arguedas, <em>todas las sangres</em>, Editorial Losada, Buenos Aires, 1974.</li>
<li><sup>31</sup>. Citado en Juana Martínez G., “José María Arguedas”, <em>Historia de la Literatura Latinoamericana, </em>Nº 13, Editorial Oveja Negra, s.f., p. 209</li>
<li><sup>32</sup>. J.M. Arguedas, “La soledad cósmica en la poesía quechua”, <em>Casa de las Américas, </em>Nº 15-16, noviembre de 1962, febrero de 1963, pp. 15 y ss.</li>
</ol>
<p>El primer momento aparece contextualizado en su artículo <em>La soledad cósmica de la poesía quechua</em>, en donde relata la forma como a principios de los años 1930 se produjo el contacto entre la costa y la sierra y una “nueva invasión ingresó a torrentes en el mundo hispanoquechua antiguo, ciertos valores de la civilización industrial”<sup>33</sup>. Ese proceso de acercamiento significó que los sectores aristocráticos se apresuraban a recuperar el “tiempo perdido” durante tres siglos de distanciamiento entre la costa y la sierra. Unos, los más conservadores se resistieron ante el empuje de las “perversas costumbres que la Civilización traía” y otros, los “modernizantes”, “confundieron desde entonces y no sin cierta lógica, lo colonial y lo quechua, el indio y las catedrales, en un solo bulto. Para ellos, ambos casos representaban el pasado más vergonzoso, el “atraso”, la “antigualla”, el lastre de la civilización”.<sup>34</sup>.</p>
<p>Desde el momento en que penetraron los valores del capitalismo (individualismo, mercantilismo, egoísmo, competencia), la descomposición de la sociedad tradicional fue acelerada; pero, a la vez, ese no fue un proceso unilineal y mecánico, sino que originó recomposición social y resistencia entre los sectores populares. El aspecto de la resistencia lo recalca Arguedas, al considerar que la irrupción del capitalismo no supuso ni la desaparición inmediata, en términos físicos y culturales, de las comunidades indígenas ni tampoco la imposición omnímoda de los valores de la cultura “occidental”.</p>
<p>Y aquí está el otro aporte de la obra arguediana: resaltar y dimensionar, como no lo hacían los indigenistas tradicionales la capacidad de resistencia y de rebelión de los indígenas. Donde el indigenismo tradicional veía a un indio resignado, sumiso, con dudosas muestras de rebeldía, Arguedas ve a un sujeto inconforme, activo, dinámico, con espíritu de rebeldía, experimentando odio anterior hacia sus opresores. Pero que Arguedas muestre la rebelión india y la comparta, no implica que su análisis haya sido falsamente heroico y unilateral. Bien por el contrario, los personajes indios –como todos sus personajes- son de carne y hueso, auténticos, que sienten, vibran, lloran, resisten, alimentan odios, rencores, temores, y se adaptan a las situaciones. Se puede decir que con la obra de Arguedas el indígena entra, ahora sí, por la puerta grande a la literatura universal, e ingresan también los Andes, con su magia, su belleza y sus mitos. Así  mismo, en el plano de la lengua, Arguedas ha hecho aportes notables, obteniendo, luego de una lucha titánica de varios años, la expresión característica de los indígenas, sin desfigurar el quechua ni caer tampoco en la retórica o el formalismo.</p>
<p>En su propia habla cotidiana, Arguedas expresó las múltiples facetas de los indios, sin descontextualizarlos ni beatificarlos. Recreó bellamente –como lo hacen en <em>Los ríos profundos- </em>la majestuosa naturaleza andina, con sus ríos, montañas, árboles y animales, que le dan un vigor inusual a sus descripciones geográficas y resaltan la función de la naturaleza en la trama de sus obras. Esa relación indio-naturaleza, que él había conocido en su niñez, le permitió comprender la magia andina y la soledad cósmica del hombre quechua. Y en la nueva forma de ver a los indígenas, Arguedas no muestra héroes individuales sino que reivindica permanentemente el espíritu colectivo del hombre andino. De ahí que en el plano narrativo la acción nunca gire en un personaje principal, pues sus personajes centrales son ante todo colectivos: los comuneros en <em>Yawar Fiesta</em>; la ciudad de Abancay en <em>Los ríos profundos; </em>la muchedumbre de la prisión en <em>El sexto</em>; los comuneros que trabajan en las minas, los habitantes indios de la ciudad y los trabajadores de las haciendas en <em>Todas las sangres</em>; y los trabajadores del Puerto de Chimbote en <em>El zorro de arriba y en el zorro de abajo.</em></p>
<p>La transformación capitalista de los años sesenta también fue visualizada creadoramente por Arguedas, como se deja entrever en sus dos últimas obras <em>(Todas las sangres</em>, pero sobre todo en <em>El zorro de arriba y el zorro de abajo)</em>, en que se capta la nueva arremetida contra el</p>
<ol start="33">
<li><sup>33</sup>. <em>Ibíd.</em></li>
<li><sup>34</sup>. <em>Ibíd.</em></li>
</ol>
<p><em> </em>semifeudalismo agrario por capitalistas locales (Fermín Peralta de Aragón, en <em>todas las sangres</em>) o las multinacionales, en el terreno de la industria minera, en la primera, y de la industria pesquera, en la segunda.</p>
<p>En estas últimas obras, en virtud del conocimiento de la realidad peruana de los años sesenta, es donde se establece un más sólido vínculo entre el Arguedas literato y el Arguedas investigador social –los dos oficios que él supo combinar como pocos durante toda su vida-. Teniendo en cuenta esa relación no es sorprendente constatar que antes de la publicación de <em>Todas las sangres</em>, Arguedas hubiera realizado importantes estudios de tipo etnológico sobre problemáticas tan diversas como la religiosidad popular, el sincretismo religioso, los mitos indígenas poshispánicos, el mestizaje, la diferenciación entre comunidades atendiendo a su capacidad de resistencia, y que incluso efectuara una comparación entre el peso de las comunidades en la cultura hispana y en la peruana<sup>35</sup>.</p>
<p>Gran parte de la información que Arguedas encontró en su labor de investigador social fue aprovechada para escribir <em>Todas las sangres</em>, su obra más extensa y ambiciosa, aunque desde luego en esa tarea haya recreado literariamente la realidad.</p>
<p>Pero es en el caso de su última e inconclusa obra donde encontramos una más directa relación entre investigación social e imaginación literaria, pues para comenzar Arguedas fue a Chimbote a efectuar un trabajo investigativo, en el que realizó encuestas, entrevistas, tomó fotografías, recorrió los lugares más importantes, levantó croquis, captó las distintas opiniones sobre el efecto de la actividad pesquera –recuérdese que en los años sesenta el puerto de Chimbote llegó a ser una de las zonas pesqueras más importantes del mundo-; y después de realizar toda esa pesquisa de sociólogo y etnógrafo, a Arguedas se le vino a la mente la idea de escribir una novela, en la que apareciera –como se entrevé en lo que dejó escrito- el impacto de los cambios en el mundo de la gran ciudad; realidad que hasta ese momento Arguedas nunca había recreado literariamente en profundidad.</p>
<p>Estudiar una ciudad en “transición”, como Chimbote, se puede decir que era la conclusión lógica de toda la trayectoria literaria de Arguedas; por desgracia esa labor fue interrumpida por el suicidio del escritor. En una carta al investigador norteamericano John Murra, Arguedas  expresaba el impacto que le había causado observar la dura realidad del Perú de la década de 1960: “En Chimbote y Puno –decía- he visto al Perú de estos días y su fuerza casi me dobla. Tengo que crecer hasta llegar a la altura de la energía, de esa terrible fuerza que levanta mundos y en muchos frentes se rompe y sangra”<sup>36</sup>.</p>
<h2><strong>Adiós al indigenismo</strong></h2>
<p>Teniendo en cuenta todos los elementos mencionados en este ensayo, podemos concluir diciendo que con Arguedas se cierra el ciclo del indigenismo romántico, para dar paso a un nuevo tipo de literatura –que sería injusto en realidad calificar de indigenista, puesto que ese discurso considera a los distintos agentes sociales, inmersos en la sociedad peruana y, por qué no decirlo, en la latinoamericana- o, usando las mismas palabras de Arguedas, todas las sangres que forman ese pluricultural y diverso mundo social que es el Perú y cada uno de nuestros países. Incluso la visualización de Arguedas es tan sutil que él mismo señala que en los días que corren es imposible considerar, aislándola del contexto mundial, la evolución cultural de un país, pues es necesario</p>
<ol start="35">
<li><sup>35</sup>. Cf. Ángel Rama (compilador), <em>Señores e indios</em>, Editorial Calicanto, Buenos Aires, 1976, donde se recogen 38 estudios etnológicos y antropológicos de Arguedas a lo largo del período 1940-1969. Así mismo, en el libro ya citado <em>Formación de una cultura…</em>, se recopilan otros estudios antropológicos. La comparación de las comunidades en España y Perú aparece en su tesis de doctorado en Antropología, poco conocida, que se titula <em>Las Comunidades de España y del Perú</em>, Editorial Universidad de San Marcos, Lima,</li>
<li><sup>36</sup>. Citado en A. Flórez Galindo, <em> cit., </em>Apéndice Documental, p. 332.</li>
</ol>
<p>involucrar las fuerzas imperiales que inciden en la vida de cada territorio. En este sentido Arguedas fue claro:</p>
<p style="padding-left: 80px;">La narrativa actual, que se inicia como indigenista, -decía-, ha dejado de ser tal en cuanto abarca la descripción e interpretación del destino de la comunidad total del país, pero podría seguir siendo calificada de indigenista en tanto que continúa reafirmando los valores humanos excelsos de la población nativa y de la promesa que significa o constituye para el resultado final del desencadenamiento de las luchas sociales en que el Perú, y otros países semejantes de América Latina se encuentran debatiéndose<sup>37</sup>.</p>
<p>El nuevo “indigenismo”, si puede seguir llamándose de esa forma, planteado por Arguedas, piensa ante todo en el futuro, para construir un proyecto distinto de sociedad, en la que puedan participar sin exclusión todas las raíces que configuran cada país y el continente entero. Y en esa utopía el pasado milenario de los pueblos indios de América Latina ilumina el amanecer, porque la “historia anda, o más rápidamente o con mayor lentitud de lo que suponemos que representan las fuerzas en que unos empujamos y otros tiran en sentido contrario”<sup>38</sup> y ese amanecer surgirá del magna indígena, “fruto directo y legítimo, nueva llama de una tradición milenaria cuya hondura no ha de ser posible llenar únicamente con cemento y lágrimas”<sup>39</sup>.</p>
<h2>ARGUEDAS: CONOCIMIENTO SOCIAL E IDENTIDAD CULTURAL<strong><br />
</strong></h2>
<p>Ya decíamos anteriormente cómo la vida intelectual de Arguedas se sitúa en la literatura y en la investigación antropológica como dos planos complementarios, que apuntan a un mismo objetivo: el rescate de lo específico de la cultura indígena, de sus debilidades y resistencias. A diferencia de lo sucedido a otros escritores profesionales, que por los escasos recursos que les proporciona la literatura deben dedicarse a otro tipo de actividades, renegando en el fondo de su ser por esa pérdida de tiempo que les impide dedicarse de lleno a su oficio de escritor, Arguedas nunca consideró que sus actividades de investigador social y de profesor universitario fueran marginales o que, simplemente, se convirtieran en una forma de vivir por los pocos ingresos pecuniarios que le proporcionaban sus obras.</p>
<h2>El sentido de la investigación social de las culturas indígena y mestiza</h2>
<p>Desde el punto de vista investigativo la producción arguediana fue copiosa y variada<sup>40</sup>. A la investigación concreta Arguedas nunca la subestimó, más bien la consideró fundamental para conocer una mayor gama de matices culturales del pueblo indígena y mestizo de la sierra peruana. Teniendo en cuenta la importancia intrínseca que le atribuía a su labor de investigación social, Arguedas desconfiaba del escritor profesional:</p>
<p>¡No es profesión escribir novelas y poesías –manifestaba- O yo, con mi experiencia nacional, que en ciertos sentidos sigue siendo provinciana, entiendo provincianamente el sentido de esta palabra oficio como un técnica que se ha aprendido y que ejerce específicamente, orondamente para ganar plata. Soy en ese sentido un escritor provincial… Yo tuve que estudiar etnología como profesión<sup>41</sup> .</p>
<ol start="37">
<li><sup>37</sup>. J.M. Arguedas, “Razón de ser…. p. 197.</li>
<li><sup>38</sup>. J.M. Arguedas, “Cartas a Verónica Spasskaya”, <em>Casa de las Américas, </em> 99, 1976.</li>
<li><sup>39</sup>. J.M. Arguedas, “La soledad cósmica…”, p. 25</li>
<li><sup>40</sup>. Según los recuentos bibliográficos sobre la obra de Arguedas se calcula que su producción de artículos antropológicos y etnológicos llega a sobrepasar los 300. Cf. Jorge Lafforgue, “Observaciones marginales”, en J.M. Arguedas, <em>Relatos completos, op. cit</em>., p.</li>
<li><sup>41</sup>. J.M. Arguedas, <em>El zorro…, </em> 25-26.</li>
</ol>
<p>Y continuando con su crítica de fondo a la producción literaria vista como mercancía, Arguedas enfatiza:</p>
<blockquote><p>Escribimos por amor, por goce y por necesidad, no por oficio. Eso de planear una novela pensando en que con su venta se han de ganar honorarios, me parece cosa de gente muy metida en las especializaciones. Yo vivo para escribir y creo que hay que vivir desincondicionalmente para interpretar el caos y el orden<sup>42</sup></p></blockquote>
<p>Por esta particular concepción de lo que debe ser un escritor, Arguedas pudo dedicarse con la misma energía a recorrer gran parte de su país y con trabajo directo, la dialéctica de lo concreto, indagar sobre variados aspectos de la cultura indígena, principalmente, y a partir de ese “eje” escudriñar en la cultura mestiza agraria e incluso citadina de Lima, Ayacucho y otras ciudades peruanas.</p>
<p>Aunque Arguedas no era un teórico consumado en el campo de la Antropología y la Etnología sí conocía las nociones básicas que le permitieron efectuar un prolongado e incansable trabajo de campo, realizando estudios sobre religiosidad popular y folclor; recolectando mitos y canciones quechuas; traduciendo himnos y poemas; comparando etnográficamente diversas comunidades;  y publicando continuas reflexiones sobre los variados significados de la cultura<sup>43</sup>.</p>
<p>Por esta versatilidad, en el campo particular de sus estudios antropológicos, Arguedas, pese a que reiterativamente concentra su atención en la “cultura india”, pretende comprender los elementos distintivos de una cultura nacional indoamericana, estableciendo los sentidos del intercambio cultural que se produce entre varios mundos<sup>44</sup>. Al estudiar estos intercambios Arguedas es un verdadero <em>trasculturizador</em>, puesto que su misma vida –como lo hemos descrito en la primera parte de este ensayo- era resultado del cruce cultural entre “blanco” e indígena. Y esta misma experiencia vital, que nutrió su producción literaria, fue crucial en sus investigaciones sociales, pues lo llevaron a identificar los rasgos distintivos no de culturas separadas (“blanca” e india, por ejemplo) sino de una nueva cultura, mestiza, resultado del intercambio, de los préstamos mutuos y del sincretismo. Como en ningún otro campo, esa nueva cultura se expresó en la mezcla idiomática, porque el castellano se constituyó en la “expresión legítima del mundo peruano de los Andes, noble torbellino en que espíritus diferentes, como forjados en estrellas antípodas, luchas, se atraen, se rechazan y se mezclan, entre las más altas montañas, los ríos más hondos, entre nieves y lagos silenciosos, la helada y el fuego”<sup>45</sup>.</p>
<p>Además, como su obra de investigador social está encaminada a estudiar las supervivencias de lo indio en la cultura mestiza, su mensaje, a diferencia del indigenismo tradicional, no va destinado solamente al mundo indio sino que se dirige a un ámbito pluricultural, no indio, de cholos y “blancos”, para demostrar que los valores tomados comúnmente por inferiores, por ser indios, no eran espurios y “renacían en diversas manifestaciones culturales de mestizos e incluso de hacendados y señores blancos”<sup>46</sup>.</p>
<p>Por eso, en sus estudios Arguedas muestra la diversidad de “supervivencias” indias, incluso prehispánicas, que se encuentran en la cultura mestiza. En el plano musical muestra la conjugación de instrumentos de la zona andina (flautas, quenas, tambores) con instrumentos europeos (violín, guitarra)<sup>47</sup>. A nivel religioso destaca la manera como las diferentes cosmovisiones se mezclan para originar una interpretación religiosa inédita, en la cual, pese a</p>
<ol start="42">
<li><sup>42</sup>. J.M. Arguedas, <em>El zorro… pp. 25-26.</em></li>
<li><sup>43</sup>. Cf. trabajos citados en la nota 38.</li>
<li><sup>44</sup>. A. Rama, “José María Arguedas trasculturador”, <em> cit.</em></li>
<li><sup>45</sup>. J.M. Arguedas, Prólogo a <em>Diamantes y pedernales</em>, Ed. Calicanto, Buenos Aires, 1977, p. 13.</li>
<li><sup>46</sup>. A. Rama, “José María Arguedas… p. 17.</li>
</ol>
<p><sup>47</sup> . Cf. J.M. Arguedas, “Canciones quechuas”, <em>op. cit, </em>y “El Charango”, en <em>Señores e indios, op. cit.</em><em> </em>predominar la concepción católica, ésta contiene elementos de la religiosidad popular india<sup>48</sup>. La multiplicidad de manifestaciones religiosas fue recogida por Arguedas en diversos estudios, en los que mostró cómo funcionaban en la práctica los préstamos mutuos entre religión católica y religiosidad popular. Señalaba cómo ese sincretismo les proporcionaba a los comuneros indios una fuerza interior que alimentaba su utopía futurista, creencia mesiánica esperanzada en el regreso a un mundo ido, pero mejor que ese que soportaban diariamente<sup>49</sup>.</p>
<p>El carácter mesiánico de la cultura india y de parte de la mestiza fue clarificado con el estudio de los mitos quechuas, entre los cuales sobresale particularmente el de Inkarri (que etimológicamente significa “Rey Inca”), con una fuerte connotación mesiánica. Inkarri fue el primer Dios, hijo del sol y de una mujer salvaje. Hizo todo lo que existe en el mundo. Amarró el sol a la cima de un cerro y atrapó al viento. Inkarri fue el fundador de la ciudad del Cuzco. Cuando llegaron los españoles, fue hecho prisionero.</p>
<p>Fue martirizado y decapitado. La cabeza del Dios fue llevaba al Cuzco. La cabeza de Inkarri está viva y el cuerpo de Inkarri se está reconstituyendo hacia debajo de la tierra. Pero como ya no tiene poder, sus leyes no se cumplen ni su voluntad se acata. Cuando el cuerpo de Inkarri esté completo, él volverá y ese día hará el juicio final. Como prueba de que Inkarri está en el Cuzco, los pájaros de la costa cantan: “En el Cuzco el rey”, “Al Cuzco id”<sup>50</sup></p>
<blockquote><p>El carácter mesiánico del mito es claro: sobrevendrá un momento en que el cuerpo y la cabeza, separados violentamente por los españoles, se unirán y ese día terminarán los problemas de las comunidades indias.</p></blockquote>
<p>Esta apreciación aparece nítida en otra de las versiones del mito:</p>
<p style="padding-left: 80px;">¡La cabeza de Inkarri está en el palacio de Lima y permanece viva! Pero no tiene poder alguno porque está separada del cuerpo. En tanto se mantenga la posibilidad de la reintegración del cuerpo del dios, la humanidad por él creada (los indios) continuará subyugada. Si la cabeza del Dios queda en libertad y se reintegra con el cuerpo podrá enfrentarse nuevamente al dios católico y competir con él. Pero si no logra constituirse y recobrar su potencia sobrenatural, quizás moriremos todos (los indios)<sup>51</sup>.</p>
<p>Como el mito de Inkarri, fueron bastantes los mitos leyendas y tradiciones recogidos por Arguedas, para testimoniar la importancia de una literatura oral, rica en ritmos y musicalidad poéticos<sup>52</sup>.</p>
<h2>La cultura, patrimonio difícil de colonizar</h2>
<p>En los trabajos antropológicos de Arguedas sobresale la preocupación por establecer las características de la cultura mestiza del Perú, sus formas de supervivencia, el tipo de relaciones que establece con la cultura transnacional de masas y sus mecanismos de resistencia. En los años 1960, notando la creciente penetración de los medios masivos de comunicación, Arguedas intuye el sentido destructor de esa penetración, desenmascarando la fuerza de las transnacionales y de la dominación internacional, como encargadas de impulsar la arremetida contra la diversidad cultural del Perú para imponer la homogenización capitalista. Arguedas lo expresó claramente:</p>
<ol start="48">
<li><sup>48</sup>. El sincretismo religioso es profundizado por Arguedas en su “Puquio: una cultura en proceso de cambio”, en <em>Formación de una cultura….op. cit., </em> 74 y ss.</li>
<li><sup>49</sup>. Sobre las concepciones utopistas de la zona andina del Perú, cf. Alberto Flórez, <em>cit.</em></li>
<li><sup>50</sup>. J.M. Arguedas, “Mitos quechuas posthispánicos”, en <em>Formación de una cultura…, p. 175.</em></li>
<li><sup>51</sup>. <em>Ibíd.</em></li>
<li><sup>52</sup>. Cf. J. M. Arguedas, “La soledad cósmica…”, “Canciones quechuas”.</li>
</ol>
<p>Las potencias que dominan económica y políticamente a los países débiles intentan consolidar tal dominio mediante la aplicación de un proceso de dominación cultural… Se trata de condicionar la mentalidad del pueblo latinoamericano. Esta gran empresa tiene auxiliares influyentes y poderosos entre los socios latinoamericanos de los grandes consorcios… Constituyen una extensión de los núcleos que tratan de “colonizar” a los países sobre los cuales ejercen un casi pleno dominio económico y político<sup>53</sup></p>
<p>Pese a la avalancha deculturizadora, indica Arguedas, los pueblos tienen formas de resistencia en el plano de la cultura, porque ésta es un patrimonio difícil de colonizar, y en medio de los más sofisticados medios de despersonalización cultural los pueblos sobreviven, luchan, resisten, generando una cultura popular, con ramificaciones en distintos espacios y contextos. Incluso, Arguedas, con un verdadero carácter de anticipación, constata que aquellos medios de cultura occidentales no pueden ser rechazados del todo, cayendo en un chovinismo provincial, sino que con ellos se debe establecer un “vínculo profundo no avasallable para bien del destino de sus propias naciones y de las mismas naciones donde se han organizado los grandes consorcios muchos de los cuales parecen haber olvidado que el hombre tiene de veras alma y ella muy raras veces es negociable”<sup>54</sup></p>
<p>En conclusión, de la misma forma que en el campo literario Arguedas fue un auténtico innovador que contribuyó al surgimiento de una nueva literatura peruana de raigambre universal, en el ámbito de los estudios antropológicos y etnológicos elaboró trabajos de significación encaminados a resaltar el aporte que al conocimiento universal realizan las culturas indígenas. Esa creencia guio su investigación social y le permitió a Arguedas descollar en ese campo, con el mismo rigor y seriedad que había demostrado en el terreno de la literatura.</p>
<p>En definitiva, en cualquiera de sus campos de estudio Arguedas partió del principio de “considerar siempre al Perú como una fuente infinita para la creación”. De ahí su búsqueda por “perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos”. Por eso, consideraba Arguedas que pretender imitar a alguien a partir de la diversidad peruana y latinoamericana “resulta algo escandaloso”. Consciente de la riqueza cultural latinoamericana de mil rostros, con orgullo podía decir Arguedas que si otros mundos “en técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo”<sup>55</sup>.</p>
<p>Y como escritor e investigador social, Arguedas, casi sin salir de su Perú natal, demostró con su obra que nuestra América, contra viento y marea, tiene una cultura viva, que late en el alma popular y que ningún poder de la tierra, por descomunal que sea, puede arrancar y negar miles de años de historia propia. Esa obra del gran escritor peruano, es un esperanzador mensaje de que en nuestra América, como en el mito de Inkarri, algún día se fusionará la cabeza, hundida en la tierra de la ignorancia y el desprecio, con sus miembros desparramados a lo largo del continente, desde el río Bravo hasta la Patagonia, para originar un continente en que nuestros pueblos, como el gran dios Inkarri, volverán a nacer de las mil muertes a las que han sido condenados durante cinco siglos, pero de cuyas muertes han renacido no una sino cientos de veces. Porque</p>
<blockquote><p>“ese hermoso día… en que nuestros pueblos volverán a nacer viene, lo siento, siento en la niña de mis ojos la aurora”<sup>56</sup></p></blockquote>
<ol start="53">
<li><sup>53</sup>. J.M. Arguedas, “La cultura: patrimonio difícil de colonizar”, en <em>Formación de una cultura…., p. 188.</em></li>
<li><sup>54</sup>. <em>Ibíd.</em></li>
<li><sup>55</sup>. J.M. Arguedas, “No soy un aculturado”, en <em>Breve antología didáctica, </em>Editorial Horizonte, Lima, 1981, p. 85.</li>
<li><sup>56</sup>. J.M. Arguedas, “Carta a Hugo Blanco”, citado en Carlos Vidales, “Arguedas: su corazón, rey entre sombras”, en <em>Estravagario</em>, Colcultura, Bogotá, 1976, p. 47.</li>
</ol>
<p>*Fuente: <em><strong><a href="https://rebelion.org/docs/159761.pdf">Rebelión</a></strong></em></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/06/11/antecedentes-sobre-la-riqueza-y-complejidad-cultural-de-peru-el-legado-cultural-de-jose-marias-arguedas/">Antecedentes sobre la riqueza y complejidad cultural de Perú: El legado cultural de José Marías Arguedas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>El casi empate entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori y el sueño de un Pongo</title>
		<link>https://piensachile.com/2021/06/08/el-casi-empate-entre-pedro-castillo-y-keiko-fujimori-y-el-sueno-de-un-pongo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jun 2021 08:34:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[jose maria arguedas]]></category>
		<category><![CDATA[peru]]></category>
		<category><![CDATA[pongo]]></category>
		<category><![CDATA[quechua]]></category>
		<category><![CDATA[sueño]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El casi empate entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori nos hace recordar un relato magistral de José María Arguedas, el escritor peruano, hijo de madre quechua y padre blanco, hacendado, que vino al mundo como fiel mezcla de esas dos realidades que vive Perú desde siglos.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/06/08/el-casi-empate-entre-pedro-castillo-y-keiko-fujimori-y-el-sueno-de-un-pongo/">El casi empate entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori y el sueño de un Pongo</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El casi empate entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori nos hace recordar un relato magistral de José María Arguedas, el escritor peruano, hijo de madre quechua y padre blanco, hacendado, que vino al mundo como fiel mezcla de esas dos realidades que vive Perú desde siglos.</p>
<p>En 1957, en sus «Canciones quechuas» escribe Arguedas:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Yo no tuve necesidad –decía- de hablar el castellano hasta los siete años de edad. En la vastísima región en<br />
que pasé mi niñez y adolescencia no era imprescindible. El setenta por ciento de los cinco millones de<br />
habitantes de esa zona inmensa -¡un mundo!- habla únicamente el quechua y el treinta por ciento es<br />
bilingüe. No es posible desarrollar un ahora (1957) ninguna actividad importante en la sierra central y del<br />
sur si no se domina el quechua.»</p>
<p>Y habiendo nacido y crecido en ese mundo quechua, recogió e hizo suyo el idioma, la cosmogonía, los dolores y los sueños de ese pueblo reprimido, expoliado y masacrado, que se ha negado a morir y que desde hace tiempo viene saliendo, paso a paso, de «largo sueño embrutecedor a que lo sometieron». Como parte de ese proceso, Arguedas recogió un relato, que no puede sino revivir en nuestras mentes, ahora, al ver lo que está ocurriendo en la historia del Perú, porque este triunfo de Pedro Castillo, independientemente de su desenlace, será un hito en la historia de nuestro hermano país del Perú.</p>
<p>La Redacción de <em><strong>piensaChile</strong></em></p>
<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/ngcVIOpXYew" width="720" height="420" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<h2>El sueño del Pongo</h2>
<div></div>
<div>Publicado originalmente en <strong>piensaChile</strong> el 09.01.2007</div>
<div>
Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo [1], de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas viejas.</div>
<div>El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludo en el corredor de la residencia.</div>
<div><em>¿Eres gente u otra cosa?</em> – le preguntó delante de todos los hombres y mujeres que estaban de servicio.</div>
<p>Humillándose, el pongo no contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie.</p>
<div><em>¡A ver!</em> – dijo el patrón – <em>por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas sus manos que parece que no son nada. ¿Llévate esta inmundicia!</em> – ordenó al mandón de la hacienda.</div>
<div></div>
<div>Arrodillándose, el pongo  le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina.</div>
<div></div>
<div>El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en su rostro; algunos siervos se reían de verlo así, otros lo compadecían. «<em>Huérfano de huérfanos; hijo del viento de la luna debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza»</em>, había dicho la mestiza cocinera, viéndolo.</div>
<div></div>
<div>El hombrecito no hablaba con nadie; trabajaba callado; comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban, cumplía. «<em>Sí, papacito; sí, mamacita</em>«, era cuanto solía decir.</div>
<div></div>
<div>Quizá a causa de tener una cierta expresión de espanto, y por su ropa tan haraposa y acaso, también porque quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por el hombrecito. Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el Ave María, en el corredor de la casa-hacienda, a esa hora, el patrón martirizaba siempre al pongo delante de toda la servidumbre; lo sacudía como a un trozo de pellejo.</div>
<div></div>
<div>Lo empujaba de la cabeza y lo obligaba a que se arrodillara y, así, cuando ya estaba hincado, le daba golpes suaves en la cara.</div>
<div><em>Creo que eres perro. ¡Ladra!</em> – le decía.</div>
<div></div>
<div>El hombrecito no podía ladrar.</div>
<div></div>
<div><em>Ponte en cuatro patas</em> – le ordenaba entonces-</div>
<div>El pongo obedecía, y daba unos pasos en cuatro pies.</div>
<div><em>Trota de costado, como perro</em> – seguía ordenándole el hacendado.</div>
<div></div>
<div>El hombrecito sabía correr imitando a los perros pequeños de la puna.</div>
<div>El patrón reía de muy buena gana; la risa le sacudía todo el cuerpo.</div>
<div></div>
<div><em>¡Regresa!</em> – le gritaba cuando el sirviente alcanzaba trotando el extremo del gran corredor.</div>
<div>El pongo volvía, corriendo de costadito. Llegaba fatigado.</div>
<div></div>
<div>Algunos de sus semejantes, siervos, rezaban mientras tanto el Ave María, despacio, como viento interior en el corazón.</div>
<div><em>¡Alza las orejas ahora, vizcacha! ¡Vizcacha eres!</em> – mandaba el señor al cansado hombrecito. – <em>Siéntate en dos patas; empalma las manos</em>.</div>
<div></div>
<div>Como si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de estos animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas.</div>
<div>Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillo del corredor.</div>
<div><em>Recemos el Padrenuestro</em> – decía luego el patrón a sus indios, que esperaban en fila.</div>
<div></div>
<div>El pongo se levantaba a pocos, y no podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía ni ese lugar correspondía a nadie.</div>
<div></div>
<div>En el oscurecer, los siervos bajaban del corredor al patio y se dirigían al caserío de la hacienda.</div>
<div></div>
<div><em>¡Vete pancita!</em> – solía ordenar, después, el patrón al pongo.</div>
<div></div>
<div>Y así, todos los días, el patrón hacía revolcarse a su nuevo pongo, delante de la servidumbre. Lo obligaba a reírse, a fingir llanto. Lo entregó a la mofa de sus iguales, los colonos [2].</div>
<div></div>
<div>Pero… una tarde, a la hora del Ave María, cuando el corredor estaba colmado de toda la gente de la hacienda, cuando el patrón empezó a mirar al pongo con sus densos ojos, ése, ese hombrecito, habló muy claramente. Su rostro seguía un poco espantado.</div>
<div></div>
<div><em>Gran señor, dame tu licencia; padrecito mío, quiero hablarte </em>– dijo.</div>
<div></div>
<div>El patrón no oyó lo que oía.</div>
<div></div>
<div><em>¿Qué? ¿Tú eres quien ha hablado u otro?</em> – preguntó.</div>
<div></div>
<div><em>Tu licencia, padrecito, para hablarte. Es a ti a quien quiero hablarte</em> – repitió el pongo.</div>
<div></div>
<div><em>Habla… si puedes</em> – contestó el hacendado.</div>
<div></div>
<div><em>Padre mío, señor mío, corazón mío</em> – empezó a hablar el hombrecito -. <em>Soñé anoche que habíamos muerto los dos juntos; juntos </em></div>
<div><em>habíamos muerto.</em></div>
<div></div>
<div><em>¿Conmigo? ¿Tú? Cuenta todo, indio</em> – le dijo el gran patrón.</div>
<p><em>Como éramos hombres muertos, señor mío, aparecimos desnudos. Los dos juntos; desnudos ante nuestro gran Padre San Francisco.<br />
</em></p>
<div>
<div><em>¿Y después? ¡Habla!</em> – ordenó el patrón, entre enojado e inquieto por la curiosidad.</div>
<p><em>Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro gran Padre San Francisco nos examinó con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta qué distancia. A ti y a mí nos examinaba, pensando, creo, el corazón de cada uno y lo que éramos y lo que somos. Como hombre rico y grande, tú enfrentabas esos ojos, padre mío.<br />
</em></p>
<div><em>¿Y tú?<br />
</em><em>No puedo saber cómo estuve, gran señor. Yo no puedo saber lo que valgo.<br />
</em><em>Bueno, sigue contando.</em></div>
<div></div>
</div>
<div>
<div>
<div><em>Entonces, después, nuestro Padre dijo con su boca: «<strong>De todos los ángeles, el más hermoso, que venga. A ese incomparable que lo acompañe otro ángel pequeño, que sea también el más hermoso. Que el ángel pequeño traiga una copa de oro, y la copa de oro llena de la miel de chancaca más transparente</strong>«.</em></div>
<div>
<div>
<div></div>
<div><em>¿Y entonces?</em> – preguntó el patrón.</div>
<div></div>
<div>Los indios siervos oían, oían al pongo, con atención sin cuenta pero temerosos.</div>
<p><em>Dueño mío: apenas nuestro gran Padre San Francisco dio la orden, apareció un ángel, brillando, alto como el sol; vino hasta llegar delante de nuestro Padre, caminando despacio. Detrás del ángel mayor marchaba otro pequeño, bello, de luz suave como el resplandor de las flores. Traía en las manos una copa de oro.<br />
</em></p>
<div>
<div><em>¿Y entonces?</em> – repitió el patrón.</div>
<div></div>
<div><strong><em>«Angel mayor: cubre a este caballero con la miel que está en la copa de oro; que tus manos sean como plumas cuando pasen sobre el cuerpo del hombre», </em></strong><em>diciendo, ordenó nuestro gran Padre. Y así, el ángel excelso, levantando la miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, todo, desde la cabeza hasta las uñas de los pies. Y te erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, transparente.</em></div>
<div></div>
<div><em>Así tenía que ser </em>– dijo el patrón, y luego preguntó:</div>
<p><em>¿Y a ti?<br />
</em></p>
<div><em>Cuando tú brillabas en el cielo, nuestro Gran Padre San Francisco volvió a ordenar: «<strong>Que de todos los ángeles del cielo venga el de menos valer, el más ordinario. Que ese ángel traiga en un tarro de gasolina excremento humano</strong>«</em>.</div>
<div></div>
<div><em>¿Y entonces?</em></div>
<div><em><br />
</em><em>Un ángel que ya no valía, viejo, de patas escamosas, al que no le alcanzaban las fuerzas para mantener las alas en su sitio, llegó ante nuestro gran Padre; llegó bien cansado, con las alas chorreadas, trayendo en las manos un tarro grande. «<strong>Oye viejo –</strong> ordenó nuestro gran Padre a ese pobre ángel<strong> -, embadurna el cuerpo de este hombrecito con el excremento que hay en esa lata que has traído; todo el cuerpo, de cualquier manera; cúbrelo como puedas. ¡Rápido!</strong>«. Entonces, con sus manos nudosas, el ángel viejo, sacando el excremento de la lata, me cubrió, desigual, el cuerpo, así como se echa barro en la pared de una casa ordinaria, sin cuidado. Y aparecí avergonzado, en la luz del cielo, apestando…<br />
</em></div>
<div><em><br />
Así mismo tenía que ser – </em>afirmó el patrón<em>. – ¡Continúa! ¿O todo concluye allí?<br />
</em></div>
<div></div>
<div><em>No, padrecito mío, señor mío. Cuando nuevamente, aunque ya de otro modo, nos vimos juntos, los dos, ante nuestro Gran padre San </em></div>
<div><em>Francisco, él volvió a mirarnos, también nuevamente, ya a ti ya a mi, largo rato. Con sus ojos que colmaban el cielo, no sé hasta qué honduras nos alcanzó, juntando la noche con el día, el olvido con la memoria. Y luego dijo: «<strong>Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora ¡lámanse el uno al otro! Despacio, por mucho tiempo</strong>«. El viejo ángel rejuveneció a esa misma hora; sus alas recuperaron su color negro, su gran fuerza. Nuestro Padre le encomendó vigilar que su voluntad se cumpliera.<br />
</em></div>
<div><em><a title="José María Arguedas" href="http://www.librosperuanos.com/html/Jose_Maria_Arguedas.htm" target="_blank" rel="noopener"><strong>Jose Maria Arguedas</strong></a></em></div>
<p>Notas:</p>
</div>
<p><em>[1] Pongo: termino que se utiliza en los Andes peruanos para denominar a la servidumbre en condiciones casi de esclavos.<br />
</em><em>[2] Indio que pertenece a la hacienda.</em></p>
</div>
</div>
</div>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/06/08/el-casi-empate-entre-pedro-castillo-y-keiko-fujimori-y-el-sueno-de-un-pongo/">El casi empate entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori y el sueño de un Pongo</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<item>
		<title>«El sueño del Pongo»</title>
		<link>https://piensachile.com/2007/01/09/qel-sueapo-del-pongoq/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2007/01/09/qel-sueapo-del-pongoq/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jan 2007 20:19:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[NuestrAmérica]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos Originarios]]></category>
		<category><![CDATA[el sueño del pongo]]></category>
		<category><![CDATA[jose maria arguedas]]></category>
		<category><![CDATA[peru]]></category>
		<category><![CDATA[pueblos originarios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>09 de enero de 2007</p>
<div><em><img src="images/stories/Latinoamerica/pongo.jpg" hspace="6" alt="" title="" border="0" style="float: left;" />&#161;Alza las orejas ahora, vizcacha! &#161;Vizcacha eres!</em> - mandaba el señor al cansado hombrecito. - <em>Siéntate en dos patas; empalma las manos</em>.</div>
<div>Como si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de estos animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas.</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2007/01/09/qel-sueapo-del-pongoq/">«El sueño del Pongo»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div>9 de enero 2007</div>
<div></div>
<div>Cuento recopilado en la región de Cuzco y narrado por el más grande escritor peruano: <strong>José María Arguedas</strong></div>
<div></div>
<div></div>
<p><iframe loading="lazy" title="José María Arguedas lee El sueño del pongo" src="https://www.youtube.com/embed/ngcVIOpXYew" width="740" height="440" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<div>
<p>Publicado originalmente en <strong>piensaChile</strong> el 09.01.2007<br />
Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo [1], de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas viejas.</p>
<p>El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludo en el corredor de la residencia.</p>
<p><em> </em><em>¿Eres gente u otra cosa?</em> – le preguntó delante de todos los hombres y mujeres que estaban de servicio.</p>
<p>Humillándose, el pongo no contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie.</p>
<p><em>¡A ver!</em> – dijo el patrón – <em>por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas sus manos que parece que no son nada. ¿Llévate esta inmundicia!</em> – ordenó al mandón de la hacienda.</p>
<p>Arrodillándose, el pongo  le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina.</p>
<p>El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en su rostro; algunos siervos se reían de verlo así, otros lo compadecían. «<em>Huérfano de huérfanos; hijo del viento de la luna debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza»</em>, había dicho la mestiza cocinera, viéndolo.</p>
<p>El hombrecito no hablaba con nadie; trabajaba callado; comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban, cumplía. «<em>Sí, papacito; sí, mamacita</em>«, era cuanto solía decir.</p>
<p>Quizá a causa de tener una cierta expresión de espanto, y por su ropa tan haraposa y acaso, también porque quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por el hombrecito. Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el Ave María, en el corredor de la casa-hacienda, a esa hora, el patrón martirizaba siempre al pongo delante de toda la servidumbre; lo sacudía como a un trozo de pellejo.</p>
<p>Lo empujaba de la cabeza y lo obligaba a que se arrodillara y, así, cuando ya estaba hincado, le daba golpes suaves en la cara.</p>
<p><em> </em><em>Creo que eres perro. ¡Ladra!</em> – le decía.</p>
<p>El hombrecito no podía ladrar.</p>
<p><em> </em><em>Ponte en cuatro patas</em> – le ordenaba entonces-</p>
<p>El pongo obedecía, y daba unos pasos en cuatro pies.</p>
<p><em> </em><em>Trota de costado, como perro</em> – seguía ordenándole el hacendado.</p>
<p>El hombrecito sabía correr imitando a los perros pequeños de la puna.</p>
<p>El patrón reía de muy buena gana; la risa le sacudía todo el cuerpo.</p>
<p><em> </em><em>¡Regresa!</em> – le gritaba cuando el sirviente alcanzaba trotando el extremo del gran corredor.</p>
<p>El pongo volvía, corriendo de costadito. Llegaba fatigado.</p>
<p>Algunos de sus semejantes, siervos, rezaban mientras tanto el Ave María, despacio, como viento interior en el corazón.</p>
<p><em> </em><em>¡Alza las orejas ahora, vizcacha! ¡Vizcacha eres!</em> – mandaba el señor al cansado hombrecito. – <em>Siéntate en dos patas; empalma las manos</em>.</p>
<p>Como si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de estos animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas.</p>
<p>Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillo del corredor.</p>
<p><em> </em><em>Recemos el Padrenuestro</em> – decía luego el patrón a sus indios, que esperaban en fila.</p>
<p>El pongo se levantaba a pocos, y no podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía ni ese lugar correspondía a nadie.</p>
<p>En el oscurecer, los siervos bajaban del corredor al patio y se dirigían al caserío de la hacienda.</p>
<p><em> </em><em>¡Vete pancita!</em> – solía ordenar, después, el patrón al pongo.</p>
<p>Y así, todos los días, el patrón hacía revolcarse a su nuevo pongo, delante de la servidumbre. Lo obligaba a reírse, a fingir llanto. Lo entregó a la mofa de sus iguales, los colonos [2].</p>
<p>Pero… una tarde, a la hora del Ave María, cuando el corredor estaba colmado de toda la gente de la hacienda, cuando el patrón empezó a mirar al pongo con sus densos ojos, ése, ese hombrecito, habló muy claramente. Su rostro seguía un poco espantado.</p>
<p><em> </em><em>Gran señor, dame tu licencia; padrecito mío, quiero hablarte </em>– dijo.</p>
<p>El patrón no oyó lo que oía.</p>
<p><em> </em><em>¿Qué? ¿Tú eres quien ha hablado u otro?</em> – preguntó.</p>
<p><em> </em><em>Tu licencia, padrecito, para hablarte. Es a ti a quien quiero hablarte</em> – repitió el pongo.</p>
<p><em>Habla… si puedes</em> – contestó el hacendado.</p>
<p><em> </em><em>Padre mío, señor mío, corazón mío</em> – empezó a hablar el hombrecito -. <em>Soñé anoche que habíamos muerto los dos juntos; juntos habíamos muerto.</em></p>
<p><em> </em><em>¿Conmigo? ¿Tú? Cuenta todo, indio</em> – le dijo el gran patrón.</p>
<p><em> </em><em>Como éramos hombres muertos, señor mío, aparecimos desnudos. Los dos juntos; desnudos ante nuestro gran Padre San Francisco.</em></p>
<p><em>¿Y después? ¡Habla!</em> – ordenó el patrón, entre enojado e inquieto por la curiosidad.</p>
<p><em>Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro gran Padre San Francisco nos examinó con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta qué distancia. A ti y a mí nos examinaba, pensando, creo, el corazón de cada uno y lo que éramos y lo que somos. Como hombre rico y grande, tú enfrentabas esos ojos, padre mío.</em></p>
<p><em>¿Y tú?</em></p>
<p><em>No puedo saber cómo estuve, gran señor. Yo no puedo saber lo que valgo.</em></p>
<p><em>Bueno, sigue contando.</em></p>
<p><em>Entonces, después, nuestro Padre dijo con su boca: «<strong>De todos los ángeles, el más hermoso, que venga. A ese incomparable que lo acompañe otro ángel pequeño, que sea también el más hermoso. Que el ángel pequeño traiga una copa de oro, y la copa de oro llena de la miel de chancaca más transparente</strong>«.<br />
</em></p>
<p><em>¿Y entonces?</em> – preguntó el patrón.</p>
<p>Los indios siervos oían, oían al pongo, con atención sin cuenta pero temerosos.</p>
<p><em>Dueño mío: apenas nuestro gran Padre San Francisco dio la orden, apareció un ángel, brillando, alto como el sol; vino hasta llegar delante de nuestro Padre, caminando despacio. Detrás del ángel mayor marchaba otro pequeño, bello, de luz suave como el resplandor de las flores. Traía en las manos una copa de oro.</em></p>
<p><em>¿Y entonces?</em> – repitió el patrón.</p>
<p><strong><em> </em></strong><strong><em>«Angel mayor: cubre a este caballero con la miel que está en la copa de oro; que tus manos sean como plumas cuando pasen sobre el cuerpo del hombre», </em></strong><em>diciendo, ordenó nuestro gran Padre. Y así, el ángel excelso, levantando la miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, todo, desde la cabeza hasta las uñas de los pies. Y te erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, transparente.</em></p>
<p><em> </em><em>Así tenía que ser </em>– dijo el patrón, y luego preguntó:</p>
<p><em>¿Y a ti?</em></p>
<p><em>Cuando tú brillabas en el cielo, nuestro Gran Padre San Francisco volvió a ordenar: «<strong>Que de todos los ángeles del cielo venga el de menos valer, el más ordinario. Que ese ángel traiga en un tarro de gasolina excremento humano</strong>«</em>.</p>
<p><em> </em><em>¿Y entonces?</em></p>
<p><em> </em><em>Un ángel que ya no valía, viejo, de patas escamosas, al que no le alcanzaban las fuerzas para mantener las alas en su sitio, llegó ante nuestro gran Padre; llegó bien cansado, con las alas chorreadas, trayendo en las manos un tarro grande. «<strong>Oye viejo –</strong> ordenó nuestro gran Padre a ese pobre ángel<strong> -, embadurna el cuerpo de este hombrecito con el excremento que hay en esa lata que has traído; todo el cuerpo, de cualquier manera; cúbrelo como puedas. ¡Rápido!</strong>«. Entonces, con sus manos nudosas, el ángel viejo, sacando el excremento de la lata, me cubrió, desigual, el cuerpo, así como se echa barro en la pared de una casa ordinaria, sin cuidado. Y aparecí avergonzado, en la luz del cielo, apestando…</em></p>
<p><em>Así mismo tenía que ser – </em>afirmó el patrón<em>. – ¡Continúa! ¿O todo concluye allí?</em></p>
<p><em>No, padrecito mío, señor mío. Cuando nuevamente, aunque ya de otro modo, nos vimos juntos, los dos, ante nuestro Gran padre San Francisco, él volvió a mirarnos, también nuevamente, ya a ti ya a mi, largo rato. Con sus ojos que colmaban el cielo, no sé hasta qué honduras nos alcanzó, juntando la noche con el día, el olvido con la memoria. Y luego dijo: «<strong>Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora ¡lámanse el uno al otro! Despacio, por mucho tiempo</strong>«. El viejo ángel rejuveneció a esa misma hora; sus alas recuperaron su color negro, su gran fuerza. Nuestro Padre le encomendó vigilar que su voluntad se cumpliera.</em></p>
<p><em><a href="http://www.librosperuanos.com/html/Jose_Maria_Arguedas.htm"><strong>Jose Maria Arguedas</strong></a></em></p>
<h3>Notas:</h3>
<p><em>[1] Pongo: termino que se utiliza en los Andes peruanos para denominar a la servidumbre en condiciones casi de esclavos.<br />
[2] Indio que pertenece a la hacienda.</em></p>
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