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	<title>inseguridad &#8211; piensaChile</title>
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	<title>inseguridad &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Brasil: la nueva potencia de la derecha mutante</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Nov 2018 02:30:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre las diferentes explicaciones que se ensayaron para dar cuenta de las elecciones presidenciales, y que van del clima antipolítico a los errores tácticos del Partido de los Trabajadores (PT), de la crisis de los partidos conservadores tradicionales a las fake news, me centraré aquí en las mutaciones que viene experimentando un sector de la sociedad brasileña tradicionalmente inclinado hacia las opciones de derecha: entender este punto ayuda a iluminar una serie de tendencias de mediano plazo que a su vez contribuyen a explicar el triunfo de Jair Bolsonaro.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<header>
<p class="big">El presidente electo de Brasil pasó de ser un ex-capitán y un oscuro diputado a surfear una poderosa ola conservadora y autoritaria. Junto con mutaciones en la sociedad brasileña, asistimos también a cambios en las derechas y corridas hacia candidaturas de tinte autoritario y ultraconservador. Bolsonaro interpretó un conjunto de tendencias que lo preexistían, las explotó con habilidad y las convirtió en un programa, un conjunto de símbolos (como su eslogan «<em>Brasil por encima de todo/Dios por encima de todos</em>») y una candidatura. Bolsonaro es consecuencia –más que causa– de los dramas de Brasil.</p>
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<div class="authors"> Octubre 2018</div>
</div>
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<p><img class="aligncenter" src="http://nuso.org/media/thumbs/articles/images/Z1wajz6jECct.jpg" alt=" Brasil: la nueva potencia de la derecha mutante" /></p>
<div class="body">
<p>Los resultados electorales tienen explicaciones complejas que conviene desentrañar con cuidado, en particular en un país de dimensiones oceánicas como Brasil, con una sociedad fragmentada y polarizada, que atraviesa un proceso de intensa transformación productiva, cambios sociales acelerados y una recesión que ya lleva cuatro años.</p>
<p>Entre las diferentes explicaciones que se ensayaron para dar cuenta de las elecciones presidenciales, y que van del clima antipolítico a los errores tácticos del Partido de los Trabajadores (PT), de la crisis de los partidos conservadores tradicionales a las <i>fake news</i>, me centraré aquí en las mutaciones que viene experimentando un sector de la sociedad brasileña tradicionalmente inclinado hacia las opciones de derecha: entender este punto ayuda a iluminar una serie de tendencias de mediano plazo que a su vez contribuyen a explicar el triunfo de Jair Bolsonaro.</p>
<p>La primera tendencia, la que se encuentra en la superficie de buena parte de los análisis de estas horas, es el sentimiento anti-PT, que se explica en primer lugar por el malestar de sectores acomodados que hasta 2003 estaban demasiado acostumbrados a convivir solo con sus pares de clase: el crecimiento económico, el aumento sostenido del salario real, la ampliación de la cobertura previsional y los programas sociales que caracterizaron la etapa petista produjeron un fenómeno de movilidad ascendente, los famosos 40 millones de brasileños que ingresaron a la clase media, una transformación social mayúscula que hizo que restaurantes, playas y hasta aeropuertos se llenaran de caras nuevas, más pobres y menos «blancas». Decisiones más focalizadas, como las políticas de acción afirmativa para facilitar el acceso de negros e indígenas a las universidades públicas, operaron en el mismo sentido: modificando espacios que hasta el momento estaban reservados a las elites.</p>
<p>El análisis de la composición social del voto, que a grandes rasgos indica que cuanto mayor nivel de ingreso más apoyo al Bolsonaro, confirma que el candidato logró captar el apoyo de quienes vivieron el ciclo de la izquierda como una pérdida de estatus relativo. Este sesgo social, del que se infiere una especie de «revancha de clase», debe sin embargo matizarse señalando que una victoria como la de ayer no se explica solo por el respaldo de los más ricos y las capas medias: franjas relevantes de los sectores populares e incluso de los más pobres apoyaron a la ultraderecha, que por ejemplo arrasó en las favelas de Río de Janeiro.</p>
<p>Al mismo tiempo, al igual que otros países, Brasil viene registrando en los últimos años un fortalecimiento del movimiento feminista y de las demandas de inclusión de las minorías sexuales. Aunque de manera más bien tímida y negociando siempre con los poderes fácticos, el PT desplegó algunas políticas en este sentido, como el programa para evitar la discriminación en las escuelas anunciado por Fernando Haddad como ministro de Educación, que Bolsonaro denominó «kit gay» y usó como excusa para una campaña mentirosa que acusaba al candidato del PT de «promover la homosexualidad» en los niños. En todo caso, esta transformación cultural hacia una sociedad más plural y tolerante comenzó a amenazar un conjunto de valores, conductas y hasta estéticas tradicionales, y a generar resistencia: las encuestas confirman que los varones blancos fueron el principal grupo de apoyo al candidato de ultraderecha, que dedicó parte de su campaña a criticar la «ideología de género» y no ahorró ataques contra los gays y las mujeres.</p>
<p>Esta plataforma fue clave para la alianza con las iglesias evangélicas, que apoyaron de manera abierta a Bolsonaro y contribuyeron a fortalecer el carácter policlasista de su voto. Pero también aquí es necesario introducir una aclaración: la idea de que Edir Macedo ordena votar a un candidato y sus feligreses lo siguen en masa –idea que remite a la muy cristiana figura del rebaño– resulta exagerada. Aunque su influencia es importante, el voto pentecostal es tan complejo como cualquier otro. Por otra parte, el apoyo de los pastores al ex-capitán del Ejército explica, pero también es resultado de su ascenso: fue cuando se dieron cuenta de que había una figura nueva en vertiginoso crecimiento y capaz de expresar sus intereses reaccionarios cuando la mayor parte de las iglesias evangélicas se decidieron a respaldarlo.</p>
<p>La demanda de seguridad y orden, incluso al costo de un recorte de las libertades, los valores democráticos y los derechos humanos, constituye otra tendencia de largo plazo, que en la última etapa fue asumiendo la forma de un «punitivismo desde abajo» justificado en el «nadie hace nada». Por supuesto, el reclamo responde a una realidad: Brasil es uno de los países más inseguros del mundo y tres de las diez ciudades más peligrosas del planeta se ubican en su territorio (aunque aquí también es necesario matizar: el PT obtuvo sus mejores resultados en el Nordeste, donde se registran los peores indicadores de criminalidad, y Bolsonaro en el Sur y el Sureste, que la sufren menos: de hecho arrasó en el estado de San Pablo, donde los índices de homicidios vienen disminuyendo de manera sostenida desde hace años).</p>
<p>Pero más allá de estas notas al pie, lo cierto es que la inseguridad fue uno de los ejes de la campaña. Para los sectores más privilegiados, la demanda de represión puede ser un intento de controlar a los grupos subalternos que adquirieron poder y visibilidad durante la era petista y que hoy son percibidos como una amenaza, en línea con la experiencia histórica que demuestra que los «momentos plebeyos» de ampliación de derechos suelen generar una reacción conservadora. Para los sectores medios-bajos, el punitivismo es una respuesta a lo que a menudo se percibe como los «privilegios indebidos» que reciben los grupos más empobrecidos de la población a través de diversas formas de asistencia estatal, lo que el sociólogo británico Jock Young define como «resentimiento hacia abajo».</p>
<p>El reclamo punitivista se apoya en el prestigio social que aún conservan los militares. Sucede que durante sus dos décadas en el poder la dictadura brasileña desplegó una represión feroz, que incluyó asesinatos y torturas, pero que no alcanzó los niveles de Argentina, Chile y Uruguay. Toleró además una oposición política controlada y mantuvo al Congreso en funcionamiento, lo que más tarde permitió una transición a la democracia gradual y pactada. Pero fue sobre todo el hecho de que el golpe se haya producido una década antes (en 1964) que en otros países del Cono Sur lo que les permitió a los militares brasileños adelantarse a la crisis del petróleo con una gestión económica desarrollista que durante algunos años logró el famoso «milagro». En suma, los brasileños tienen una relación con su dictadura diferente de la de los argentinos, los uruguayos e incluso los chilenos, que en cierto modo atenúa los reflejos antiautoritarios en un país que nunca juzgó a sus represores.</p>
<p>La última tendencia que vale la pena identificar es el malestar antipolítico y la crisis de representación que produjo la combinación de recesión económica, estancamiento social y escándalos de corrupción. Aunque el Lava Jato involucra a casi toda la clase política, sin distinguir ideología ni partido, para muchos brasileños es responsabilidad sobre todo del PT.</p>
<p>Como la brasileña es una sociedad históricamente poco inclinada a manifestarse en las calles, que ha tramitado sus principales cambios históricos, de la Independencia al fin de la esclavitud, del <i>Estado Novo</i> a la recuperación de la democracia, mediante acuerdos entre elites, de manera relativamente pacífica, este sentimiento antisistema no se expresa por vía del estallido. En Brasil, no hay «17 de Octubres» ni «diciembres de 2001» como en Argentina o «guerras del gas» como en Bolivia, y sin embargo el clima está: la última encuesta de Latinobarómetro demuestra que el nivel de satisfacción con la democracia es el más bajo de la región.</p>
<p>En este marco, Bolsonaro llevó adelante una campaña desprovista de propuestas concretas de gestión, apenas basada en la fórmula que combina un recientemente adquirido ultraneoliberalismo económico con su clásico autoritarismo social. Si la primera parte de la ecuación está claramente orientada a tranquilizar al establishment, la segunda es una síntesis de una serie de convicciones reaccionarias que viene agitando desde hace décadas, lo cual subraya la idea de un político auténtico, que se muestra tal cual es. Así, con enormes y obvias diferencias, Bolsonaro ingresa a la familia de líderes que, como Donald Trump, Rodrigo Duterte o Viktor Orbán, descubrieron que los barbarismos que les salen del alma no son motivo de vergüenza sino un extraordinario recurso de construcción política en sociedades golpeadas y desorientadas.</p>
<p>Más intuitiva que sociológicamente, Bolsonaro captó estas mutaciones culturales de la sociedad brasileña, percibió mejor que nadie que la crisis que comenzó con las protestas contra Dilma Rousseff en 2013, siguió con el estallido del Lava Jato y continuó con el golpe institucional y la proscripción judicial de Luiz Inácio Lula da Silva no fue un momento pasajero sino un punto de inflexión histórico, un quiebre en el proceso de estabilidad y crecimiento centrista que se extendió durante los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y los tres del PT, que le añadieron un componente de inclusión social formidable.</p>
<p>En el marco de un Brasil afectado por una sensación permanente de inseguridad, desilusionado por la evidencia de la corrupción, con las jerarquías tradicionales jaqueadas, empobrecido y estancado, Bolsonaro ofrece una novedad retro: la promesa de volver a una normalidad extraviada, retornar a un pasado idealizado, recuperar un orden tranquilizador bajo la forma de una «utopía reaccionaria» que remite al clásico bíblico del paraíso perdido.</p>
<p>El flamante presidente, un oscuro diputado federal que hasta hace poco tiempo se contentaba con representar los intereses de los militares, interpretó un conjunto de tendencias que lo preexistían, las explotó con habilidad y las convirtió en un programa, un conjunto de símbolos (como su eslogan «Brasil por encima de todo/Dios por encima de todos») y una candidatura. Quisiera subrayar este punto: Bolsonaro es consecuencia –más que causa– de los dramas de Brasil.</p>
<p>La derecha brasileña, decíamos, ha cambiado. Si se miran con atención los resultados, es fácil comprobar que desde un punto de vista cuantitativo su apoyo se mantuvo estable en las últimas cuatro o cinco elecciones presidenciales. La diferencia es que en el pasado se fragmentaba en la primera vuelta y se unía en el ballotage. Y que si durante dos décadas se expresó en los candidatos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, cuyo nombre puede llevar a confusión) que, sobre todo en el caso de Cardoso y José Serra, aparecían como más moderados que su electorado, hoy acompaña a un líder claramente más conservador. En otras palabras, el voto de derecha conserva a grandes rasgos su tamaño y su composición social y regional, pero ahora está dispuesto a votar a figuras que hace unos años parecían inelegibles, a apoyar abiertamente –o tolerar en silencio– una propuesta racista, homofóbica y sexista. La derecha brasileña no es más grande: es más intensa y por eso más peligrosa.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://nuso.org/articulo/brasil-la-nueva-potencia-de-la-derecha-mutante/">Nuso</a></strong></p>
</div>
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		<title>Uruguay: Progresismo y anticorrupción</title>
		<link>https://piensachile.com/2017/06/11/uruguay-progresismo-anticorrupcion/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jun 2017 01:39:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La heterogeneidad y complejidad de la coyuntura política latinoamericana, no impide trazar algunas coordenadas analíticas groseras, aún con las desigualdades que cada país experimenta. Particularmente en lo que a la ofensiva derechista respecta. Tres grandes lineamientos ideológicos componen el trípode sobre el que asientan sus adaptaciones retóricas y énfasis a cada circunstancia y latitud. El primero refiere a la recesión o directamente la ausencia de desarrollo capitalista y el consecuente deterioro social. El segundo apela a la inseguridad y por último sobresale la recurrente denuncia de corrupción.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La heterogeneidad y complejidad de la coyuntura política latinoamericana, no impide trazar algunas coordenadas analíticas groseras, aún con las desigualdades que cada país experimenta. Particularmente en lo que a la ofensiva derechista respecta. Tres grandes lineamientos ideológicos componen el trípode sobre el que asientan sus adaptaciones retóricas y énfasis a cada circunstancia y latitud. El primero refiere a la recesión o directamente la ausencia de desarrollo capitalista y el consecuente deterioro social. El segundo apela a la inseguridad y por último sobresale la recurrente denuncia de corrupción. Todas variables que en diversa proporción y magnitud pueden reconocerse en la discursividad hegemónica de la totalidad de los países, donde la maniobra ilusionista consiste en desvincularse de la propia responsabilidad en los problemas expuestos, atribuyéndoselos a las alternativas progresistas o de izquierda allí donde alcanzaron o mantienen el poder político o, en su defecto, proyectando la expansión de estos flagelos donde tendrían chances de disputarlo.</p>
<p>En todos los casos del giro progresista, ya se sustenten o hayan intentado mayor o menor radicalización de sus acciones, el límite siempre estuvo y estará demarcado por la regulación del capitalismo, cada vez más global e interdependiente, lo que impide la mitigación inmediata o de corto plazo de los dos primeros problemas sociales endémicos aludidos. Resulta imposible una drástica reducción capitalista de la inequidad, tanto como de la llamada inseguridad, es decir la violencia física para la apropiación individual de alguna forma de riqueza ajena. Sin embargo, ni deben soslayarse los avances en la reducción de la pobreza, o de inclusión con derechos sociales que permiten mitigar parcialmente la barbarie explotadora, ni menos aún expandir la búsqueda de políticas que atiendan las más graves situaciones de abandono y deterioro. Sólo intento subrayar que será necesaria fuerza y lucidez suficiente para remar contra una barrosa corriente descendente, cuyo torrente se acrecienta donde mayor sea la concentración de los medios de comunicación de masas y recurrencia de los mensajes porque no sólo adoptando medidas se alteran las relaciones de fuerza, sino también comunicándolas pedagógicamente.</p>
<p>En otros términos, si no se despliega una lucha contrahegemónica en la esfera ideológica y cultural, con precisos medios de comunicación y claros mensajes, el desgaste ciudadano será inevitable, por imposibilidad de diferenciación. Al modo del estructuralismo más duro y determinista, casi althusseriano, las derechas aludirán a leyes inexorables del devenir capitalista, presentándose luego como los más eficientes operadores sobre ellas. Su objetivo último es poder instaurar un sentido común de la linealidad histórica y de sus capacidades gerenciales alineadoras. Sin embargo, la ofensiva no concluye allí, sino que su desembocadura última es la extensión de la igualación hacia el plano moral, deteriorando la propia política como instrumento de regulación de la vida social.</p>
<p>Sin duda las empresas en general apoyarán y estimularán el desarrollo de las opciones políticas conservadoras, en virtud de las garantías de continuidad que ellas ofrecen a sus intereses. Pero en lo concerniente a los mass-media, que son parte constitutiva de la industria cultural capitalista, la relación entre discursividad y ganancia se potencia adquiriendo el carácter de alianza. El escándalo, la violencia, la miseria humana, material, simbólica y moral, multiplican su masa de plusvalía, tanto como la demanda solvente en el resto de las ramas industriales. Mucho más aún cuando tales denuncias y exhibiciones cuentan con verosimilitud y hasta encarnadura, como en buena parte de América Latina.</p>
<p>La asunción de Macri en la presidencia argentina, resulta inseparable de la corrupción indisimulable del movimiento peronista en general y del kirchnerismo en particular, aunque el primero no logre por ello disimular su propio involucramiento en la corrupción estructural. Del mismo modo, la maniobra de impeachment que expulsó a Rousseff del Palacio de Planalto, no podría haber resultado sin previa revelación, por caso, del “mensalão” que involucró no sólo al Partido de los Trabajadores sino también a varios de sus aliados y que junto a otros episodios degradantes fue minando la credibilidad política no sólo de la fuerza progresista sino del cojunto. Que tanto Lula como Dilma estén exentos de pruebas sobre posible enriquecimiento o usufructo personal (a diferencia de los líderes argentinos) no contiene ni menos aún supera el grave deterioro e indiferenciación ética del progresismo brasilero.</p>
<p>Justamente la asociación entre progresismo y corrupción, erosiona toda credibilidad en las posibilidades de cambio, cualquiera sea su profundidad. E induce a la práctica del “voto castigo”, ilusión sancionatoria carente de otro contenido político que la mera negatividad, a la sazón continuista del régimen. Vecino ideológico, a su vez, de la pretensión de votar “políticos honestos” que perpetúa la índole del sistema político, cuando no sienta un nuevo corrupto en el sillón presidencial como lo viene mostrando la historia argentina desde el menemismo hasta nuestros días.</p>
<p>No debe extrañar entonces que en un país como Uruguay, con escasísimos sino nulos antecedentes de corrupción, haya aparecido en el principal semanario de la derecha una denuncia sobre el vicepresidente Sendic que describe la utilización personal de una tarjeta de crédito corporativa, de su período previo al frente de la empresa petrolera estatal. Aunque por monto irrelevante, se induce a la sospecha de dolo y provecho indebido que es a la vez, advertencia y oportunidad. Advertencia de la estrategia de la derecha uruguaya en sintonía con los ejes señalados aquí, pero a la vez oportunidad, ya sea para probar con todo detalle, transparencia e inmediatez la falsedad de lo publicado -no sólo en sede judicial sino ante la opinión pública y sus compañeros de militancia- tanto como para que la fuerza política ajuste su scanner de honestidad para anticipar cualquier posible actitud inmoral en cualquiera de los ámbitos de intervención. Si algún acto de corrupción, por mínimo que fuera, es descubierto por la prensa, la oposición, o la sociedad civil, antes que por el propio Frente Amplio (FA), la lesión de credibilidad que sufrirá, será inevitable. Nadie debería estar más atento que el propio FA a cualquier posible desviación moral. Considero que la legitimidad frentista no depende tanto de la recomendación concreta que el tribunal de conducta política pueda emitir ante un posible acto innoble, sino de quién propicia su llegada a esa instancia.</p>
<p>Descreo que resulte casualidad que el mismo día de la publicación contra el vicepresidente, circuló por varios grupos uruguayos de whatsapp un mensaje proponiendo iniciativas de reducción de privilegios de los parlamentarios totalmente superados precisamente por las reformas impulsadas desde el progresismo. Y fue reproducido por militantes frentistas diversos. Probablemente tuviera origen argentino, dado que en estos días los legisladores se autoincrementaron las dietas. Afortunadamente en los grupos en los que participo había legisladores que inmediatamente aclararon la real situación de los representantes, pero su difusión puede volverse viral y requerirá desmentidas más amplias que en los estrechos círculos virtuales. De conjunto, estos mensajes van limitando las posibilidades de la política, hasta de pensarse y reformarse a sí misma.</p>
<p>Esta ofensiva puntual del semanario posa la mirada sobre un integrante gubernamental, reforzando la personalización de la política. De este modo, opaca la posible visualización de las razones estructurales por las que los comportamientos políticos pueden eventualmente contrariar la ética. Verdadero círculo vicioso, donde cada vez que el ciudadano percibe en los políticos profesionales conductas desleales o abusos de poder o corrupción, es inducido a juzgar sólo a las personas que los protagonizan y no a las estructuras que los posibilitan.</p>
<p>Tal vez sea hora de pensar en ellas.</p>
<p><em>-El autor, Emilio Cafassi, es uruguayo, profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires,</em> <a href="mailto:cafassi@sociales.uba.ar">cafassi@sociales.uba.ar</a></p>
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		<title>Intendente de Tarapacá amenaza a dirigentes sindicales después de terremoto</title>
		<link>https://piensachile.com/2014/04/15/intendente-de-tarapaca-amenaza-dirigentes-sindicales-despues-de-terremoto/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Apr 2014 02:26:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Denuncia]]></category>
		<category><![CDATA[amenazas]]></category>
		<category><![CDATA[inseguridad]]></category>
		<category><![CDATA[intendencia de tarapaca]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>CUT denuncia Tercer Terremoto en Tarapacá: ABUSO LABORAL<br />
La Jefa de Gabinete del Intendente de Tarapacá Mitchel Cartes Tamayo, amenazó a  dirigentes sindicales de descontar los días de trabajo a los funcionarios que no asistieran a trabajar, sin considerar que estos también fueron afectados por el terremoto.  Esto fue denunciado a la Ministra del Trabajo Javiera Blanco Suarez por dirigentes de la CUT Regional de Tarapacá. Al día siguiente se comunicó oficialmente que no se aplicaría dicha sanción.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;">CUT denuncia Tercer Terremoto en Tarapacá: ABUSO LABORAL</span></strong><br />
La Jefa de Gabinete del Intendente de Tarapacá Mitchel Cartes Tamayo, amenazó a  dirigentes sindicales de descontar los días de trabajo a los funcionarios que no asistieran a trabajar, sin considerar que estos también fueron afectados por el terremoto.  Esto fue denunciado a la Ministra del Trabajo Javiera Blanco Suarez por dirigentes de la CUT Regional de Tarapacá. Al día siguiente se comunicó oficialmente que no se aplicaría dicha sanción.</p>
<p>Este hecho está lejos de ser aislado en la Región de Tarapacá, como denunció Mauro Grimaldos Valenzuela Presidente de la CUT regional de Tarapacá en conjunto con organizaciones sindicales, a la Ministra del Trabajo Javiera Blanco Suarez, y refleja la precariedad en que se encuentran los trabajadores en Tarapacá después del terremoto.</p>
<p>Denuncian que en el área de salud los trabajadores han debido soportar presiones por parte de la autoridad tanto municipal como hospitalaria, dicha presión radica en la obligación a trabajar bajo condiciones inseguras ya que la infraestructura  tanto hospitalaria como de salud primaria, están fuertemente dañadas, lo cual quedó establecido en informe sobre los daños estructurales que afectan específicamente al hospital de Iquique, situación que la misma autoridad hospitalaria ha tratado de ocultar con parches de papel kraft, y cola fría.</p>
<p>También en el sector educación se han recibido denuncias de colegios subvencionados cuyos sostenedores han presionado  a sus profesores para que se presenten en los establecimientos sin   contar con la autorización para funcionar ya que no contarían con la evaluación de los daños en la infraestructura del establecimiento.</p>
<p>En el caso de los trabajadores de Zona Franca, revelan realidades dramáticas, como es el caso de los trabajadores que prestan servicios de cargadores en galpones del recinto amurallado Zofri, estos trabajadores prestan servicios al día para lo cual deben tener una tarjeta que los identifica como tal por parte de la administradora ZOFRI S.A., estos trabajadores están privados del derecho de salud, años de servicios, seguros de cesantía, etc.</p>
<p>Respecto del sector comercio, también existieron múltiples denuncias, algunas de ellas apuntaban a que algunas tiendas y supermercados optaron por abrir sus puertas al público sin tener las condiciones de seguridad e higiene mínimas para el personal, dentro de las más conocidas está Supermercado Líder que abrió sus puertas sin tener agua potable para el personal.</p>
<p>En el sector minero, se denuncia que empresas como SQM, el día del terremoto no generó las condiciones para que sus trabajadores sean trasladados desde la faena a sus hogares, y además al día siguiente del hecho obligó a subir a los trabajadores a cumplir sus turnos, incluso trasladando a su personal por caminos no habilitados para el traslado de trabajadores, práctica también realizada por la empresa Minera Cosayach.</p>
<p>Todo lo anterior fue denunciado a la Ministra Blanco en su reciente visita a Iquique, señalando que todos los casos denunciados tienen como denominador común la falta de criterio, pero profundizando que esta falta se permite en el caso de decretos de zonas de catástrofe, debido a que esta normativa deja todo a criterio del empleador y a la vez lo faculta, a no pagar remuneraciones, extender horarios, poner término a la relación laboral aduciendo art. 159 caso fortuito y fuerza mayor, dejando en la incompleta indefensión a los trabajadores. Es por esta situación que le solicitan cambiar y terminar con la falta de derechos en la cual hoy se encuentran todos los trabajadores de Tarapacá.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/04/15/intendente-de-tarapaca-amenaza-dirigentes-sindicales-despues-de-terremoto/">Intendente de Tarapacá amenaza a dirigentes sindicales después de terremoto</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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