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	<title>hitler &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Los nazis no eran socialistas. Defendían los intereses de la gran empresa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jan 2025 22:07:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Fascismo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[capitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>31 de enero de 2025<br />
A la derecha le encanta insistir en que los miembros del partido de Adolf Hitler eran socialistas. Pero las verdaderas políticas económicas del nazismo defendían principios hipercapitalistas arraigados en ideas darwinistas sociales sobre el valor de la vida humana. No eran socialistas en absoluto.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/01/31/los-nazis-no-eran-socialistas-defendian-los-intereses-de-la-gran-empresa/">Los nazis no eran socialistas. Defendían los intereses de la gran empresa</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>31 de enero de 2025</p>
<p><strong><span style="font-size: 16px;">Una entrevista de Nils Schniederjann [1] con Ishay Landa</span></strong><br />
Traducción: Pedro Perucca</p>
<p style="text-align: right; padding-left: 80px;"><span style="font-size: 12px;"><strong>Ishay Landa</strong> es historiador en la Universidad Abierta de Israel. Su investigación se centra en reconstruir la genealogía intelectual del fascismo y su compleja relación con la historia intelectual de Occidente. Su publicación más reciente es Fascism and the Masses. The Revolt Against the Last Humans, 1848-1945 (2018).</span></p>
<blockquote><p><span style="font-size: 14px;">A la derecha le encanta insistir en que los miembros del partido de Adolf Hitler eran socialistas. Pero las verdaderas políticas económicas del nazismo defendían principios hipercapitalistas arraigados en ideas darwinistas sociales sobre el valor de la vida humana. No eran socialistas en absoluto.</span></p></blockquote>
<p>Uno de los argumentos más tediosos que se esgrimen contra el socialismo afirma que el nazismo era de alguna manera «socialista», y por lo tanto algo de lo que la izquierda debe responder. Los hombres de Adolf Hitler prepararon la economía para la guerra, pusieron al Estado por encima del individuo y, como argumento asesino, incluso se llamaron a sí mismos «<i>socialistas</i> nacionales».</p>
<p>¿Jaque mate? No del todo. Incluso dejando de lado el hecho de que otros partidos conservadores y liberales votaron a favor de otorgar plenos poderes a Hitler en 1933, su régimen se caracterizó por intervenciones masivas para ayudar a las empresas privadas. Y el darwinismo social defendido por los nazis, que consideraba a los «improductivos» como un mero gasto inútil, obedecía a la lógica de juzgar la vida humana según el criterio de la ganancia.</p>
<p>En 2009, el historiador israelí Ishay Landa publicó el libro <a href="https://brill.com/view/title/17358" target="_blank" rel="noopener"><i>The Apprentice</i>‘<i>s Sorcerer: Liberal Tradition and Fascism</i></a> [El aprendiz de brujo: Tradición liberal y fascimo], un extenso estudio sobre los intereses económicos y sociales que perseguían realmente los nazis. En esta entrevista con <i>Jacobin,</i> explica qué significaba el término «socialismo» para Hitler, cómo estaban conectadas sus opiniones políticas y económicas, y cómo hoy podemos ver los peligros del liberalismo económico en Elon Musk.</p>
<p><b>En tu libro, examinas las políticas económicas y la ideología de los nacionalsocialistas en Alemania. ¿Eran realmente socialistas las políticas nazis?</b></p>
<p>No, obviamente no eran socialistas. Es cierto que los nazis utilizaban el término afirmativamente de vez en cuando. Algunas personas cínicamente se aferran a eso como evidencia: «¡Eran socialistas porque se llamaban a sí mismos socialistas!». Pero eran fuertemente antisocialistas en cualquier sentido real del término.</p>
<p><b>Entonces, ¿por qué usaban la palabra «socialismo»?</b></p>
<p>Tenemos que entender el contexto en el que lo aplicaron. En nuestros días, los políticos de derecha ya no usan el término. ¿Por qué? Porque el socialismo ya no es tan popular. Pero en aquel entonces, los anticomunistas se enfrentaban al reto de acceder a los bastiones socialistas y convencer al mayor número posible de votantes de la clase trabajadora. Por lo tanto, tuvieron que presentar sus políticas como acordes con los intereses de la clase trabajadora. El truco consistía en beneficiarse de la popularidad del socialismo, que era ampliamente visto como la fuerza del futuro, pero al mismo tiempo distanciarse lo más posible de su esencia.</p>
<p><b>Si los nazis se llamaban a sí mismos socialistas solo por razones estratégicas, ¿cómo eran realmente sus políticas económicas?</b></p>
<p>Eran fuertemente capitalistas. Los nazis pusieron gran énfasis en la propiedad privada y la libre competencia. Es cierto que intervinieron en el libre mercado, pero también fue una época de fracaso sistémico del capitalismo a escala global. Casi todos los estados intervinieron en el mercado en ese momento, y lo hicieron para salvar al sistema capitalista de sí mismo. Esto no tiene nada que ver con el sentimiento socialista: era procapitalista. En cierto modo, hay un paralelismo con la forma en que los gobiernos rescataron a los grandes bancos tras el estallido de la crisis financiera de 2008. Eso, por supuesto, tampoco reflejaba intenciones socialistas de ningún tipo. Fue simplemente un intento de estabilizar un poco el sistema.</p>
<p><b>Pero, ¿no quieren siempre los capitalistas la mayor libertad posible?</b></p>
<p>No necesariamente. En aquél momento las intervenciones estatales se llevaron a cabo de acuerdo con la industria. Los capitalistas incluso lo exigieron, porque las políticas de libre mercado no siempre son las más convenientes para los capitalistas. A veces necesitan que el Estado socorra al libre mercado. Así que las intervenciones no fueron simplemente impuestas a la economía por los fascistas, sino que fue un desarrollo consensuado que reflejaba las necesidades de muchos sectores importantes de la industria. El objetivo era esencialmente dirigir el sistema a favor de las grandes empresas.</p>
<p><b>¿Cómo se relaciona la ideología política de los nazis con este intento de estabilizar el sistema?</b></p>
<p>A menudo se acusa a Hitler de subordinar los intereses económicos a sus opiniones políticas, una afirmación que es parcialmente cierta. Pero, ¿cuáles eran exactamente sus opiniones políticas? Si pensamos en las obsesiones más fanáticas de Hitler —por ejemplo, el darwinismo social, la eugenesia o incluso su antisemitismo—, a primera vista parece que solo pueden entenderse al margen de las consideraciones económicas. Sin embargo, si examinamos más de cerca cada uno de estos elementos, vemos que tenían una base económica indispensable.</p>
<p><b>¿Por ejemplo?</b></p>
<p>El darwinismo social es en realidad una forma de hipercapitalismo. Toma del capitalismo el enfoque de la competencia como una lucha de todos contra todos. Y los nazis argumentaban: «Bueno, así es la naturaleza». Esto no fue una ruptura con el capitalismo, sino una intensificación de las visiones económicas. El capitalismo, en opinión de los nazis, es simplemente parte de la naturaleza. Por lo tanto, no es solo una cuestión de dominación política, sino de naturalizar las contradicciones económicas. Hitler dijo entonces que es sobre todo «el judío» quien intenta jugarle una mala pasada a la naturaleza para hacer superflua la lucha por la supervivencia. La voluntad de manipular la economía hacía a los judíos insidiosos, desde el punto de vista nazi.</p>
<p><b>Pero, ¿no es precisamente esta visión tan positiva de la libre competencia y la lucha de todos contra todos el sello distintivo del liberalismo económico?</b></p>
<p>Hitler no inventó todo esto, por supuesto; era parte de la corriente conservadora y, de hecho, económicamente liberal. Se podían escuchar declaraciones muy similares sobre la necesidad de una competencia despiadada en el discurso económico liberal de la época. Que alguien como Hitler pudiera convertirse en el «líder» de una gran nación industrial fue, después de todo, la culminación de ciertas opiniones ampliamente difundidas sobre la economía y sobre los límites necesarios para la acción política popular. Las políticas de Hitler satisfacían los deseos de muchos industriales, lo que lo hacía muy atractivo para grandes sectores de la burguesía y las clases cultas. Se consideraba que los nacionalsocialistas liberaban a la economía de cargas innecesarias de sensibilidad política y humanista.</p>
<p><b>¿A través de la eugenesia, por ejemplo?</b></p>
<p>Exacto. El asesinato de personas con discapacidades físicas, mentales y psicológicas también estaba directamente relacionado con preocupaciones económicas: se pretendía librar a la economía de personas que se consideraban una carga. El lenguaje nazi era bastante económico y financiero en este sentido. Por ejemplo, un típico cartel de propaganda decía: «60 000 marcos del Reich a lo largo de su vida: eso es lo que le cuesta este enfermo hereditario a la <i>Volksgemeinschaft </i>[la palabra nazi para comunidad nacional]. <i>Volksgenosse </i>[compatriota], ese es también tu dinero».</p>
<p>Incluso la Shoah está relacionada con consideraciones económicas. Porque en la ideología nazi, los judíos eran vistos como el obstáculo definitivo. ¿Obstáculo para qué? Para el capitalismo, entre otras cosas. Eran considerados como la columna vertebral del marxismo. Los nazis interpretaron al marxismo como una conspiración esencialmente judía contra la economía capitalista y, por tanto, contra el orden natural. Por supuesto, la Shoah fue el resultado de muchos factores y la culminación de varias obsesiones, fobias y odios nazis. Pero entre todos estos, no hay que perder de vista este factor socioeconómico.</p>
<p><b>Pero, ¿por qué los nazis pudieron definir al marxismo como un gran mal que debía ser erradicado, mientras usaban el socialismo como un eslogan positivo para su movimiento?</b></p>
<p>Con el término «socialismo» no se referían a nada que pudiéramos reconocer ni remotamente como socialista, sino más bien a su política de intervención en el libre mercado en beneficio de los capitalistas. Por el término «marxismo», por otro lado, se referían a la socialdemocracia y a la protección de los derechos básicos de los trabajadores. En <i>Mein Kampf, </i>Hitler dice que su visión antisemita del mundo se formó finalmente en el momento en que se dio cuenta de que los judíos eran los cerebros de la socialdemocracia. El discurso nazi era una forma muy conveniente, aunque cínica, de manipular conceptos y atribuirles significados completamente nuevos.</p>
<p><b>Si esto está tan claro, ¿por qué ha habido estos debates recientes en Alemania sobre una supuesta política socialista de los nazis?</b></p>
<p>Bueno, en realidad esto no es tan nuevo y tiene una larga historia. Ya durante la época del fascismo hubo intentos de retratar a los nazis como socialistas, por ejemplo, por parte de Ludwig von Mises. Pero, en general, los esfuerzos por establecer un vínculo directo entre el marxismo y el nacionalsocialismo fueron una posición minoritaria. Luego, a partir de la década de 1980, se produjo un punto de inflexión cuando comenzó a surgir una corriente revisionista en los estudios sobre el fascismo. Esta corriente buscaba vincular el fascismo mucho más estrechamente con la izquierda política, con la revolución y con el anticapitalismo. Esto sucedió en un momento en que el neoliberalismo comenzaba a desmantelar el estado de bienestar. Lo que hizo que este movimiento ideológico fuera muy conveniente. Los defensores de esta política podían decir: «¡Los nazis en realidad defendían una forma autoritaria de socialismo!». Atacar el estado del bienestar podría presentarse así como un acto antifascista, una resistencia al nazismo y una purga de sus residuos políticos.</p>
<p><b>Entonces, ¿convertir a los nazis en socialistas también es una herramienta para impulsar políticas antiobreras?</b></p>
<p>Así es. ¿Cuándo empezaron realmente los intelectuales a escribir libros acusando a los nazis de haber seguido políticas económicas socialistas? ¿Cuándo empezaron a acusar a los nazis de haber ayudado a las masas a expensas de la burguesía? Exactamente en el momento en que los políticos intentaron imponer reformas neoliberales en el mercado laboral. De esta manera, la historiografía está vinculada a las realidades económicas. Los responsables políticos utilizaron estas teorías para apoyar sus ataques contra el estado del bienestar. El historiador alemán Götz Aly dijo en una de sus entrevistas de principios del milenio que la tarea del gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder era poner fin a la «<i>Volksgemeinschaft</i>». Así, al liberalizar la economía, se eliminarían los últimos vestigios del nacionalsocialismo de la política alemana. Este pensamiento muestra cómo las modas políticas actuales están vinculadas a la forma en que percibimos el pasado.</p>
<p><b>Pero, ¿se enfrentaron los liberales al hecho de que Hitler estaba en parte promoviendo su propio programa político?</b></p>
<p>Nunca hubo un reconocimiento realmente franco y directo de este legado. En los años de la posguerra, hubo un consenso de que el Estado tenía que mejorar moderadamente la situación de los trabajadores, incluso dentro de un marco liberal. Si hubo una admisión liberal de culpa, se hizo bajo la premisa de que las políticas nazis no habían sido un verdadero liberalismo. El liberalismo nazi —así argumentaban los pocos estudiosos que admitían alguna relación entre las dos ideologías— había sido a medias, irremediablemente anticuado y renunciando a la dimensión democrática inherente al liberalismo.</p>
<p>Sin embargo, más tarde se produjo un cambio radical. De repente, los liberales se mostraron mucho más inclinados a decir: «El nacionalsocialismo era socialista. Y si luchas contra el socialismo para crear un mercado lo más libre posible de cualquier interferencia política, eres un buen antifascista». Esa fue la fase mucho más duradera y antipopulista del compromiso liberal con el pasado.</p>
<p><b>Otra forma de aplicar reformas económicamente liberales es vincular la liberalización social y la económica. ¿Cree que el liberalismo económico siempre va de la mano del progreso social?</b></p>
<p>Creo que debemos distinguir entre las dimensiones económica y política del liberalismo. Al principio, a veces iban de la mano. Pero en cierta etapa, el aspecto económico y el político se separaron. Los liberales tuvieron entonces que decidir cuáles eran sus prioridades. ¿Son liberales económicos que defienden la propiedad privada, la sociedad de clases y el libre mercado a toda costa, o prefieren una democracia liberal que cumpla realmente su promesa de libertad y autodeterminación para todas las personas? Esta contradicción aún no se ha resuelto. Y persiste la necesidad de elegir entre las dos opciones.</p>
<p><b>¿Por qué no se pueden hacer ambas cosas?</b></p>
<p>La sabiduría convencional es que el liberalismo siempre va de la mano de las libertades políticas e individuales, lo cual a veces es cierto. Pero lo que se olvida es que, desde el principio, el liberalismo no solo abrió posibilidades políticas sino que también las restringió severamente. Lo que el liberalismo tenía que dejar claro desde el principio era que la propiedad privada es intocable; que constituye la base inexpugnable del orden político.</p>
<p>Así, importantes pensadores liberales insistieron tempranamente, ya desde la época de John Locke, en que no se puede gravar a los ricos sin su consentimiento. Si lo haces, le das a las víctimas de estas políticas una buena razón para rebelarse y usar la violencia contra los usurpadores. Desde el principio, la política liberal lleva inscrita en sí misma una opción dictatorial. Y así se convirtió en un dogma asumir que la principal tarea de la política es proteger la propiedad y el principal pecado es arremeter contra ella. Pero, por supuesto, esa es una definición muy limitada de lo que la política puede o debe hacer. Y sufrimos ese confinamiento hasta el día de hoy. En una democracia occidental típica, se pueden hacer muchas cosas, siempre y cuando se abstenga de infringir la propiedad privada.</p>
<p><b>Entonces, ¿hay algo en la estructura básica del liberalismo económico que realmente impida la libertad de las personas?</b></p>
<p>El capitalismo es esencialmente una estructura económica antidemocrática: significa, sobre todo, dominación sobre los trabajadores. El capitalismo es jerárquico, no igualitario. También hay una concentración masiva de riqueza, lo que plantea una pregunta crucial: ¿cómo podemos redistribuirla? El liberalismo clásico dice: «No hagas nada para cambiar la situación». Pero eso limita estrictamente la esfera política y reduce enormemente sus posibilidades. Si mantenemos la economía aislada de la deliberación política, la democracia se ve seriamente paralizada. Así pues, la visión económica liberal pasa por decirle a las masas: «¡No traten de ser demasiado lógicos cuando piensen en la democracia! No intenten tomar la democracia al pie de la letra. ¡Eso solo crea muchos problemas!».</p>
<p><b>Y no intentes mejorar la situación económica de nadie más que de la burguesía.</b></p>
<p>Exactamente. Y eso sigue siendo así hasta hoy en día. Las declaraciones de Elon Musk proporcionan un tesoro de ejemplos para lo que estamos discutiendo aquí, porque es bastante franco y descarado al respecto. En algún momento dijo que los estadounidenses estaban tratando de eludir el trabajo duro y que deberían seguir el ejemplo de los trabajadores chinos que trabajaban hasta altas horas de la noche. Esa es una declaración muy clara porque, por supuesto, él sabe que los trabajadores chinos no tienen forma de resistirse democráticamente a las exigencias del trabajo duro. Da a entender que el sistema democrático es demasiado laxo e indulgente y que necesitamos un sistema mucho más estricto para disciplinar a los trabajadores, para hacer que trabajen duro y acepten salarios bajos, un sistema como el que vemos en China.</p>
<p><b>Y hoy Musk integra el gobierno republicando de Donald Trump.</b></p>
<p>Esa es una buena indicación de la opción dictatorial incorporada en el pensamiento liberal. De ninguna manera estoy diciendo que todos los liberales apoyarían algo así. Pero es muy difícil conciliar el liberalismo económico y el político. Como resultado de este enigma, algunos liberales políticos eligen un camino económico diferente, y otros vacilan entre los dos polos sin llegar nunca a resolver realmente el conflicto fundamental. Hasta cierto punto, se podría argumentar que el socialismo es en sí mismo hijo del liberalismo político. Marx y Engels comenzaron como liberales políticos y nunca abandonaron las ideas básicas del liberalismo: libertad y participación democrática para todos. Simplemente desarrollaron más su concepto porque reconocieron que, bajo el capitalismo, las perspectivas de realización de un proyecto democrático genuino eran seriamente limitadas.</p>
<p>*Fuente: <a href="https://jacobinlat.com/2025/01/los-nazis-no-eran-socialistas-eran-hipercapitalistas/">JacobinLat</a></p>
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<div class="footnote_container_prepare">
<h3><span class="footnote_reference_container_label pointer" tabindex="0" role="button">Notas</span></h3>
</div>
<div id="footnote_references_container_76589_1">1.  Nils Schniederjann es un periodista afincado en Berlín.</div>
</div>
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		<title>Netanyahu (2015): “Hitler no quería exterminar a los judíos, fue persuadido, para realizar el Holocausto por un líder palestino”</title>
		<link>https://piensachile.com/2023/10/20/netanyahu-2015-hitler-no-queria-exterminar-a-los-judios-fue-persuadido-para-realizar-el-holocausto-por-un-lider-palestino/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Oct 2023 21:07:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fascismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Hitler no quería exterminar a los judíos en aquel momento, quería expulsar a los judíos. Y Haj Amin al-Husseini fue a ver a Hitler y le dijo: 'Si los expulsa, vendrán todos aquí'. "Entonces, ¿qué debo hacer con ellos?", preguntó Hitler. Él, Haj Amin al-Husseini, respondió: 'Quémalos'".</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2023/10/20/netanyahu-2015-hitler-no-queria-exterminar-a-los-judios-fue-persuadido-para-realizar-el-holocausto-por-un-lider-palestino/">Netanyahu (2015): “Hitler no quería exterminar a los judíos, fue persuadido, para realizar el Holocausto por un líder palestino”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>20 de octubre de 2023</p>
<h3>Alemania rechaza la afirmación de Netanyahu de que Palestina inspiró el Holocausto</h3>
<p><span style="font-size: 12px;">Este artículo tiene más de 8 años, fue publicado el 21 de octubre de 2015</span></p>
<p><strong>Alemania dice que no tiene motivos para cambiar su visión de la historia después de que el primer ministro de Israel culpe al muftí de Jerusalén de incitar al Holocausto</strong></p>
<p>Wed 21 Oct 2015 20.16 CEST</p>
<p>Alemania ha dicho que no tiene motivos para cambiar su visión de la historia después de que el primer ministro de Israel, Binyamin Netanyahu, dijera que <a href="https://www.theguardian.com/world/2015/oct/21/netanyahu-under-fire-for-palestinian-grand-mufti-holocaust-claim">Adolf Hitler había sido persuadido para llevar a cabo el Holocausto</a> por un líder palestino.</p>
<p>Antes de un viaje a Berlín, Netanyahu provocó la incredulidad y la ira de muchos cuando <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mZbMf7vDU6g">afirmó en un discurso</a> que Hitler sólo había querido expulsar a los judíos de Europa y que la idea de exterminarlos había partido del entonces muftí de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini.</p>
<p>Pero en una conferencia de prensa conjunta con Netanyahu el miércoles, la canciller alemana, Angela Merkel, dejó claro que no veía la necesidad de un cambio en la interpretación de la historia, diciendo: «<strong>Mantenemos nuestra responsabilidad por la Shoah</strong>«.</p>
<p>Anteriormente, su portavoz Steffen Seibert afirmó que el Holocausto fue «<em>en gran medida» un crimen alemán. «Hablando en nombre del gobierno alemán, puedo decir que todos los alemanes conocemos muy bien la historia del fanatismo racial asesino de los nacionalsocialistas que condujo a la ruptura con la civilización que fue la Shoah</em>«, dijo Seibert a los periodistas en Berlín.</p>
<p>«<em>Esto se enseña en las escuelas alemanas por una buena razón. Nunca debe olvidarse. Y no veo ninguna razón por la que debamos cambiar nuestra visión de la historia en modo alguno. Sabemos que la responsabilidad de este crimen contra la humanidad es alemana y muy nuestra</em>«, afirmó.</p>
<p>En un discurso en el Congreso Sionista Mundial en Jerusalén, Netanyahu describió una reunión entre Hitler y Husseini en noviembre de 1941, y afirmó:</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Hitler no quería exterminar a los judíos en aquel momento, quería expulsar a los judíos. Y Haj Amin al-Husseini fue a ver a Hitler y le dijo: &#8216;Si los expulsa, vendrán todos aquí&#8217;. «Entonces, ¿qué debo hacer con ellos?», preguntó Hitler. Él, Haj Amin al-Husseini, respondió: &#8216;Quémalos'».</p>
<p><a href="http://www.theguardian.com/world/video/2015/oct/21/binyamin-netanyahu-palestinian-holocaust-video">Binyamin Netanyahu: un palestino inspiró el Holocausto</a> Guardian</p>
<p>Antes de partir hacia Alemania para mantener conversaciones con Merkel, así como con el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, que se reunirá con él en Berlín, el primer ministro israelí dijo que era absurdo decir que estaba absolviendo a Hitler de la responsabilidad del Holocausto. Pero añadió: «<em>Es igualmente absurdo ignorar el papel desempeñado por el muftí, un criminal de guerra» que, según dijo, fue «decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa</em>«.</p>
<p><a href="https://www.welt.de/kultur/article147877905/Was-ein-Araber-hat-sich-den-Holocaust-ausgedacht.html">En el diario conservador Die Welt</a>, el destacado comentarista Alan Posener dijo que los alemanes estaban acostumbrados a que los déspotas reinterpretaran la historia alemana, pero que resultaba chocante oír a un dirigente judío intentar aparentemente restar importancia al papel de Hitler en el Holocausto.</p>
<p style="padding-left: 80px;">«Su interpretación de la historia tiene todas las marcas del oportunismo que define todo su comportamiento. Al exculpar a los alemanes e incriminar a un musulmán, espera ganar amigos entre los islamófobos europeos. Su motivación es comprensible, pero equivocada»,</p>
<p>escribió Posener.</p>
<p><span style="font-size: 12px;">-Traducido para <strong>piensaChile</strong> desde el inglés al castellano: <strong>Martin Fischer</strong></span></p>
<p>*Fuente: <a href="https://www.theguardian.com/world/2015/oct/21/germany-refuses-accept-binjamin-netanyahu-claim-adolf-hitler-holocaust">The Guardian</a></p>
<p>Discurso completo de Netanyahu ante el Congreso Mundial Sionista:</p>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2023/10/20/netanyahu-2015-hitler-no-queria-exterminar-a-los-judios-fue-persuadido-para-realizar-el-holocausto-por-un-lider-palestino/">Netanyahu (2015): “Hitler no quería exterminar a los judíos, fue persuadido, para realizar el Holocausto por un líder palestino”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Pablo Iglesias hablando sobre Chile y el fascismo</title>
		<link>https://piensachile.com/2021/11/23/pablo-iglesias-hablando-sobre-chile-y-el-fascismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Nov 2021 13:08:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Pablo Iglesias hablando sobre Chile y el fascismo  y las enseñanzas que nos ofrece la historia de Alemania, Italia, España, para apoyar nuestra lucha por la democracia.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/11/23/pablo-iglesias-hablando-sobre-chile-y-el-fascismo/">Pablo Iglesias hablando sobre Chile y el fascismo</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Pablo Iglesias hablando sobre Chile y el fascismo y las enseñanzas que nos ofrece la historia de Alemania, Italia, España, para apoyar nuestra lucha por la democracia.</p>
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<p lang="en" dir="ltr"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.1.0/72x72/1f1e8-1f1f1.png" alt="🇨🇱" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> Chile <a href="https://t.co/Ok5xeZJHM7">pic.twitter.com/Ok5xeZJHM7</a></p>
<p>&mdash; Pablo Iglesias <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.1.0/72x72/1f53b.png" alt="🔻" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> (@PabloIglesias) <a href="https://twitter.com/PabloIglesias/status/1462911063435927557?ref_src=twsrc%5Etfw">November 22, 2021</a></p></blockquote>
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<p><strong><span style="font-size: 21px;">«Fascismo corriente» </span></strong><span style="font-size: 21px;"><span style="font-size: 13px;">(una película que Youtube, extrañamente, desde hace poco, alerta «con restricción de edad». Curioso. Cuando la violencia es parte de los videos y juegos para los niños, en internet, su denuncia en Youtube, es motivo de censura velada. Le recomedamos verla -mientras sea posible, pues de seguro que la van a borrar) y despues, trate de comprender el porque de esta alerta)</span></span></p>
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		<title>Chile y el FBI tras los pasos del agente nazi Albert von Appen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Oct 2021 22:58:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Saludo de los comerciantes alemanes de Valparaíso, en homenaje al cuarto aniversario de la llegada de Adolf Hitler al poder. El Mercurio de Valparaíso, 30 de enero de 1937.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>28 de octubre de 2021</p>
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<figure id="attachment_74230" aria-describedby="caption-attachment-74230" style="width: 604px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-74230" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/albert_von_appen_en_su_epoca_nazi_0-300x156.jpg" alt="" width="604" height="314" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/albert_von_appen_en_su_epoca_nazi_0-300x156.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/albert_von_appen_en_su_epoca_nazi_0-768x400.jpg 768w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/albert_von_appen_en_su_epoca_nazi_0-585x305.jpg 585w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/albert_von_appen_en_su_epoca_nazi_0.jpg 900w" sizes="(max-width: 604px) 100vw, 604px" /><figcaption id="caption-attachment-74230" class="wp-caption-text">Albert von Appen</figcaption></figure>
<div class="content">En este segundo extracto de <em>Chile B</em>, que será lanzado a fines de noviembre, se dan a conocer otros antecedentes detallados del pasado nacional-socialista de Albert von Appen, el fundador de Ultramar.</div>
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<p>Era abril de 1940 y los agentes norteamericanos del FBI ya tenían entre sus carpetas los movimientos de la red germana en América. Pero no solo los hijos del Tío Sam comenzaban a seguir sus pasos. Un año antes, la Policía de Investigaciones de Chile había creado el Departamento 50, un órgano de elite que comenzó a indagar sobre las actividades nazis en Chile.</p>
<p>El grupo era dirigido por el inspector Hernán Barros Bianchi, un ex oficial de Ejército cuya entereza, profesionalismo y rectitud aún son recordados por la policía civil. Era una especie de Eliot Ness chileno, cuyo grupo de detectives “intocables” comenzó a armar el organigrama del espionaje germano bajo la tutela de Albert von Appen y otros importantes teutones residentes en Chile, como Paul Barandon, el entonces cónsul de Alemania en Valparaíso y el único a quien Apfel le había confidenciado que sus actividades en el puerto no eran precisamente las de un empleado de la Hamburgo American Line.</p>
<p>Durante estos años, Von Appen recorrió el país de norte a sur con la excusa del trabajo naviero. Realizó sabotajes en Chile y otros países, apoyó la entrada y salida clandestina de colaboradores nazis, ayudó a barcos alemanes y reconoció haber fabricado doce bombas. Estuvo tres veces a punto de cumplir el gran objetivo: destruir el Canal de Panamá, pero todos los intentos fracasaron pues las explosiones se produjeron a destiempo. Dos de ellas se activaron antes de que las naves entraran al canal y la última, cuando la embarcación elegida ya había traspasado la ruta.</p>
<p>El 28 de abril de 1941, los criptólogos del Ejército de Estados Unidos lograron descifrar la clave que se utilizaba en mensajes interceptados desde una radio ubicada en la apacible localidad de Quilpué, distante 27 kilómetros de Valparaíso, bajo las siglas PYL. El FBI comenzó a analizar la información y pudo descubrir que los nazis en Chile enviaban mensajes continuos a Hamburgo sobre los movimientos de buques en Valparaíso y otros puertos. También informaban sobre las actividades del gobierno de Estados Unidos, sus exportaciones y los sistemas de defensa de varios países de América Latina, entre otros temas. Los hombres de Hoover recopilaron información durante 15 meses y el 8 de julio de 1942 hicieron llegar el Memorándum Confidencial N°36 al Departamento 50 de Investigaciones. Y un nombre clave se repetía una y otra vez: Apfel.</p>
<p>Este seudónimo se convirtió en una verdadera obsesión para los investigadores norteamericanos y chilenos. En uno de los mensajes interceptados, Apfel había “comunicado a Alemania a través de la PYL que tiene suficiente dinero a mano para empezar su trabajo de sabotaje en los países ubicados en la parte sur de Sudamérica”, señalaba el informe .</p>
<p>Apfel, Apfel, Apfel… El nombre rondaba una y otra vez en la cabeza de Barros y sus hombres del Departamento 50. Estaban desesperados por encontrarlo a cualquier precio.</p>
<h2></h2>
<h2><strong>La detención</strong></h2>
<p>El 29 de octubre de 1942, Albert Von Appen fue detenido junto a los integrantes de la red que operaba la radio PYL. En los calabozos de la Prefectura de Valparaíso reconoció ser militante del partido nazi; además, les dijo que tenía varios familiares en Quilpué y negó tajantemente cualquier vinculación con los saboteadores radiales. “Soy solo un desguazador”, señaló inocentemente.</p>
<p>Sus interrogadores no le creyeron, pero continuaron su juego. Ante la directa pregunta sobre si conocía al jefe de los espías en Latinoamérica cuyo nombre clave era Apfel, se limitó a decir: “Lo único que sé es que Apfel quiere decir manzana en alemán”.</p>
<p>Quedó en libertad. Pero supo que sus días en Chile serían cada vez más complejos. Los policías sabían que Apfel y Von Appen era la misma persona, por lo que pidió ser repatriado a Alemania. No lo logró, pues antes de que ello sucediera fue relegado a Curacaví.</p>
<p>Intentando dejar sin efecto esta orden judicial, su amigo Jerman Oelckers trató de persuadir a un contacto en el Palacio de La Moneda para revertir la decisión. El 28 de enero de 1943 escribió una carta a Camilo Ramírez, señalándole:</p>
<p>“La presente tiene por objeto pedirte un servicio que, dadas tus buenas relaciones con el Sr. Ministro del Interior y de S.E. el Presidente de la República, te será fácil obtener.</p>
<p>Se trata de que obtengas dejar sin efecto la medida de relegación decretada contra el ciudadano alemán residente en Valparaíso don Alberto Julio von Appen Oestmann, quien fue notificado ayer que deberá residir desde el lunes próximo en Curacaví. Puedo asegurarte que Von Appen jamás se ha mezclado en actividades contrarias a los intereses chilenos o de América…</p>
<p>…Puedo responderte que Von Appen no es un alemán peligroso para la actual situación internacional de Chile y te agradeceré hacer, como un servicio de amigo, cuanto puedas para conseguir dejen sin efecto la medida decretada”.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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<p><img loading="lazy" class="media-element file-default img-responsive aligncenter" title="Ficha realizada por la Policía de Investigaciones bajo número de prontuario 257.615 Archivo Nacional de Chile." src="https://interferencia.cl/sites/default/files/julio_von_appen.png" alt="Ficha realizada por la Policía de Investigaciones bajo número de prontuario 257.615 Archivo Nacional de Chile." width="589" height="551" data-delta="5" /></p>
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<div class="field-item even">Ficha realizada por la Policía de Investigaciones bajo número de prontuario 257.615 Archivo Nacional de Chile.</div>
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<p>El lobby de Oelckers ante el ministro del Interior, Raúl Morales, y ante el propio Presidente Juan Antonio Ríos, no tuvo el efecto esperado, por lo que Von Appen se instaló en un hotel de Curacaví junto a otros dos relegados de origen alemán. En el tranquilo pueblo, ubicado entre Santiago y Valparaíso, debía firmar todos los días ante los policías y era visitado periódicamente por su familia. Luego fue relegado a Buin. Pero solo meses más tarde logró finalmente ser trasladado a su propia parcela de Limache, la cual había adquirida años antes. Este relajo judicial chileno sorprendió hasta el propio Von Appen y así también se relató en su biografía familiar:</p>
<p>“El carácter del pueblo chileno es amistoso y complaciente; nada se toma excesivamente en serio. Es así como es posible conseguir, también a nivel oficial, cosas que en otras partes serían impensables. Así Albert von Appen logró al poco tiempo que se le relegara a Limache, a su propia casa”.</p>
<h2></h2>
<h2><strong>Sabotajes para un holocausto</strong></h2>
<p>El trabajo secreto de Von Appen y sus saboteadores se mantenía activo, a pesar del asedio de los investigadores chilenos y norteamericanos. En el corazón de Europa, en tanto, el Führer activaba una de las maquinarias de aniquilación más letales en la historia de la humanidad. Centros de exterminio esparcidos como la peor de las plagas llevaban a cabo la macabra tarea de implementar la “solución final” contra el pueblo judío y otros grupos como gitanos, testigos de Jehová, homosexuales y discapacitados.</p>
<p>Los temidos oficiales de las SS, conocidos por las calaveras en sus gorras, vigilaban los campos de exterminio y, en una tétrica lucha, competían unos con otros en crueldad. Hasta estos infiernos terrenales llegaban los trenes repletos de prisioneros, quienes eran divididos en dos grupos; hombres y mujeres fuertes a la izquierda, los que eran dirigidos al campo de concentración para ser tratados como esclavos; mujeres, niños, ancianos e incapacitados a la derecha, cuya muchedumbre, entre gritos y sollozos tras la cruel separación, era conducida directamente a las cámaras de gases, bajo la falsa promesa de una ducha caliente. Auschwitz sería el epicentro de la masacre nazi y, entre sus oficiales, destacaba por su crueldad el coronel de la SS Walter Rauff, a quien se le responsabilizó por la muerte de medio millón de personas. Una vez terminada la guerra, Rauff vivió tranquilamente en Punta Arenas y Santiago hasta su muerte en 1984, luego de que en la década del ‘60 la justicia chilena se negara a extraditarlo.</p>
<p><img loading="lazy" class=" wp-image-74231 aligncenter" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/homenaje_a_hitler-300x236.png" alt="" width="600" height="472" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/homenaje_a_hitler-300x236.png 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/homenaje_a_hitler.png 472w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></p>
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<div class="field-item even">Saludo de los comerciantes alemanes de Valparaíso, en homenaje al cuarto aniversario de la llegada de Adolf Hitler al poder. El Mercurio de Valparaíso, 30 de enero de 1937.</div>
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<p>Con los años, el mundo sería testigo de las aberraciones cometidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Y mientras Albert von Appen luchaba por este ideario desde Chile, su familiar Karl von Appen, un destacado artista y escenógrafo comunista, permanecería detenido en el centro carcelario de Rollwald hasta el término de la guerra en 1945.</p>
<h2></h2>
<h2><strong>La caída</strong></h2>
<p>La intensa cacería desatada por Barros y sus hombres del  Departamento 50 continuaba adelante. El 22 de febrero de 1944, el ministro del Interior, Osvaldo Hiriart -suegro del entonces joven teniente de Ejército, Augusto Pinochet Ugarte-, informaba a los medios sobre la detención de 20 ciudadanos alemanes, paraguayos y chilenos, confesos del delito de espionaje a favor del Tercer Reich. Entre ellos se encontraba el agrónomo de 26 años, destacado jugador de hockey y gimnasta del Club Manquehue, Jorge Choche Ebensperger Grassau, quien el 7 de junio de 1945 fue condenado a tres años de presidio. Ocho años más tarde, Choche Ebensperger contrajo matrimonio con la destacada deportista Marlene Ahrens Ostertag, la única chilena en la historia del deporte nacional en ganar una medalla olímpica, tras obtener la plata en los Juegos de Melbourne de 1956, en el lanzamiento de la jabalina. Tuvieron dos hijos: Roberto y Karen Ebensperger Ahrens, destacada periodista de televisión que durante 25 años tuvo a su cargo el bloque internacional del noticiero central de Canal 13 .</p>
<p>El inicio del desastre para el régimen nazi fue el año 1945. Hitler ya había sido derrotado en Francia y la Unión Soviética avanzaba sin piedad hacia Berlín. También sería el año negro para Von Appen quien -si bien siempre lograba resistir los interrogatorios de los investigadores chilenos, quedando en libertad- la historia comenzaría a cambiar. Y sería un hecho accidental el que comenzó a gatillar la caída de la red nazi en Sudamérica.</p>
<p>El 28 de febrero de 1945 se hundió en las costas peruanas el buque escuela Lautaro, el mismo que años antes había sido obsequiado por el Tercer Reich al gobierno chileno. El incidente dejó 28 muertos. Junto con la instrucción de los marinos nacionales, el Lautaro tenía la misión de trasladar salitre a Estados Unidos; sería la chispa de una soldadura la que terminó por encender la fatal carga calichera que generó la explosión. Sin embargo, las primeras sospechas de la prensa y de los investigadores apuntaron de inmediato a un sabotaje nazi en alta mar. Era la excusa perfecta que tenían los hombres del Departamento 50 para detener nuevamente a Albert von Appen. Esta vez se juramentaron “quebrarlo”, sometiéndolo a intensos interrogatorios.</p>
<p>En sus tres primeras declaraciones, Apfel no soltaba nada. Pero la cuarta fue la vencida. El 25 de marzo comenzó a hablar, declarando que en julio de 1939 había sido llamado a concurrir a Berlín para liderar a un grupo de “saboteadores para actuar en Argentina, Chile y Perú”  . Con el correr de las semanas, fue contando paso a paso cómo organizó esta filial del Nuevo Orden en Chile y, con ello, una serie de allanamientos se registraron en varias ciudades del país.</p>
<h2></h2>
<h2><strong>Sus días en Estados Unidos</strong></h2>
<p>Las felicitaciones se multiplicaban para el inspector Barros. Por fin habían logrado la caída de la principal red de espionaje nazi en Sudamérica y su líder estaba tras las rejas. Sin embargo, el FBI insistía en solicitar la extradición de Von Appen hacia Estados Unidos. La presión del gigante del norte rindió sus frutos cuando, a las 07:00 de la mañana del jueves 17 de mayo de 1945, fue conducido al aeropuerto Los Cerrillos por los detectives del Departamento 50. Minutos más tarde, su avión se perdía en los cielos de Santiago con destino a Nueva York.</p>
<p>Al llegar a Estados Unidos fue internado en Ellis Island, junto a más de 400 alemanes cercanos al nazismo, venidos de todas partes de Centro y Sudamérica.</p>
<p>De los meses en que Von Appen estuvo detenido por el FBI, existen escasos antecedentes oficiales. Solo es posible obtener datos desde el intercambio epistolar que mantuvo con su hermano Hans, en donde le contó su trabajo como mozo, ascensorista y time keeper. También aprovechó el tiempo para estudiar inglés y sicología, construir unos modelos de barcos de guerra y realizar otros pasatiempos, una rutina bastante relajada para tratarse de un prisionero. En una de las cartas le señala: “No sé si soy un peligro en potencia o no y cuánto tiempo demorará para aclarar esto”. Finalmente, le detalla los esfuerzos de su esposa Inge para conseguir los permisos y poder volver a Chile, cuyas tratativas estaban siendo conversadas entre el Departamento de Estado norteamericano y el gobierno del Presidente Juan Antonio Ríos, quienes se habían mostrado llanos a gestionar su retorno, ya “que ellos no tienen problema con mi regreso a Chile” , según escribió Von Appen.</p>
<p>Respecto a posibles interrogatorios u hostilidades del FBI hacia su persona, no existe registro. Entonces, cabe la pregunta del por qué los norteamericanos insistieron tanto en su extradición. ¿Hubo acaso algún pacto secreto entre el agente nazi Albert von Appen y el gobierno de Estados Unidos?</p>
<p>En 1946 fue liberado de Ellis Island y mientras estaba a la espera de la visa que le permitiera regresar a Chile, Albert von Appen arrendó una habitación en Paterson, Nueva Jersey. Allí era visitado por su tía Martha Oestmann y en más de alguna ocasión pasó por su cabeza radicarse definitivamente en Estados Unidos para iniciar un proyecto empresarial. El 12 de julio de 1947 escribió una carta a su hermano Günther en donde le señalaba el ofrecimiento laboral realizado por el director de su antigua empresa, la naviera Hapag, una vez que pisara suelo chileno. Asimismo, en la misiva relataba que “posiblemente te escriba la próxima semana por asuntos de negocios, puesto que aquí (EE.UU.) surgen perspectivas bastantes interesantes que me gustaría compartir contigo”.</p>
<h2></h2>
<h2><strong>Nace un imperio</strong></h2>
<p>El 10 de noviembre de 1948 y gracias a las gestiones realizadas por el ministro de Relaciones Exteriores, Germán Vergara Donoso, Albert von Appen pudo regresar a Chile. Se estableció nuevamente en su parcela de Limache, la cual figuraba como propiedad de su esposa. Tras su expulsión, la policía chilena le había incautado todos los bienes que estaban a su nombre. Ahora era un trabajólico agricultor, pero siempre tenía en mente volver a establecer los lazos con el mundo naviero. Sabía que Alemania saldría adelante en poco tiempo y que su habilidad para los negocios y contactos harían el resto.</p>
<p>En 1950 logró obtener la representación de las compañías navieras Hapag y Norddeutscher Lloyd. Dos años más tarde, a fines de 1952, fundó Ultramar Agencia Marítima Limitada, la cabeza del futuro holding empresarial. En 1956 obtiene la representación de la gigante de la aviación alemana Lufthansa.</p>
<p>En apenas dos décadas Von Appen logró crear un imperio económico en Chile. Pero hay quienes son más suspicaces. No logran entender cómo este espía nazi, investigado y expulsado de nuestro país, pudo volver tras su deportación de Estados Unidos sin mayores inconvenientes. Tampoco se explican cómo logró sortear en tan poco tiempo el lastre reputacional de haber colaborado con uno de los regímenes más sangrientos en la historia de la humanidad. Ni menos aún logran concebir que el mismísimo Presidente de la República, Carlos Ibáñez del Campo, lo recibiera en su despacho del Palacio de La Moneda en 1958.</p>
<figure id="attachment_74232" aria-describedby="caption-attachment-74232" style="width: 602px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-74232" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/herbert_culmann_0-300x157.png" alt="" width="602" height="315" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/herbert_culmann_0-300x157.png 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/herbert_culmann_0.png 501w" sizes="(max-width: 602px) 100vw, 602px" /><figcaption id="caption-attachment-74232" class="wp-caption-text">El presidente de Lufthansa, Herbert Culmann; el ministro alemán de Transportes, Hans Christoph Seebohm; y Albert von Appen, en audiencia con el Presidente de la República Carlos Ibáñez del Campo en 1958.</figcaption></figure>
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<div class="content">
<p>Hay quienes creen que durante su estadía en Norteamérica, más que un prisionero, Albert von Appen fue un colaborador secreto del FBI.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<h2><strong>¿Agente secreto de Estados Unidos?</strong></h2>
<p>Carlos Basso es periodista y uno de los investigadores que más conoce la historia de los nazis en Chile. Es autor de varios libros respecto al tema, entre ellos, El D-50 de la PDI: los cazanazis, una apabullante investigación que recopila detalladamente el trabajo realizado por el mítico Departamento 50 liderado por Hernán Barros. Basso cree que Von Appen “era un tipo importante para los norteamericanos. De hecho, el Servicio Especial de Inteligencia del FBI le dedica en uno de sus informes dos páginas especiales a este líder nazi, por lo que probablemente él haya entregado información útil a los norteamericanos. No sé si haya llegado al nivel de colaborador, pero no me cabe duda alguna que si nunca se quejó del trato recibido mientras estuvo en Estados Unidos, debió haber aportado información valiosa a ellos”.</p>
<p>En noviembre de 2010, el diario The New York Times publicó un informe secreto elaborado por el Departamento de Justicia, en el cual se atestigua que Estados Unidos se había convertido en un refugio seguro para varios exnazis una vez terminada la guerra. A cambio de su colaboración, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y otros organismos norteamericanos los protegían de la deportación y la persecución. Sin embargo, tras revisar detalladamente las 600 páginas del listado de colaboradores nazis, el nombre de Albert von Appen no aparece.</p>
<p>En el libro Chile y los hombres del Tercer Reich, de la investigadora María Soledad de la Cerda, se deja entrever que la fortuna generada por varios empresarios alemanes en América Latina, una vez terminada la guerra, pudo provenir de los dineros secretos nazis. La piedra basal de estas sospechas se centra en una reunión sostenida el 10 de agosto de 1944 en el hotel Maison Rouge de Estrasburgo, Francia. En el más estricto sigilo y convencidos ya de que la guerra estaba perdida, los líderes nazis convocaron a los más importantes empresarios y banqueros alemanes. El objetivo del encuentro era la elaboración de un plan post guerra que les permitiera asegurar el buen recaudo de sus bienes materiales y así poder reconstruir sus imperios financieros. Solo de esta manera se podía asegurar el resurgimiento del Reich en cualquier momento.</p>
<p>Un informe del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos elaborado en 1946 señaló que los alemanes, antes de finalizar la guerra, transfirieron 500 millones de dólares a cuentas en España, Suiza, Liechtenstein, Turquía, Portugal y Argentina, los cuales fueron usados para comprar cientos de compañías. Ya en septiembre de 1939, el Daily Telegraph de Londres publicó que los líderes nazis habían estado depositando grandes fortunas de dinero en numerosos negocios en Sudamérica, a través de varios representantes viajeros. La información señalaba que el propio ministro de Propaganda del régimen, Joseph Goebbels, tenía como su principal enlace para estos fines al berlinés Thomas Buecher, quien viajaba periódicamente a Nueva York y Santiago de Chile .</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>El culto al patriarca</strong></h2>
<p>Albert von Appen prefería olvidar su época de espía nazi. Pocas veces habló del tema entre sus más cercanos. En una oportunidad, alguien le recordó a su principal celador, el inspector Hernán Barros Bianchi, ante lo cual Von Appen reaccionó de manera airada: “¡Si me lo llego a encontrar, lo mato!”.</p>
<p>Por esas situaciones azarosas de la vida, años más tarde se daría este escenario en plena calle. Ambos se reconocieron a metros de distancia. Estaban frente a frente. El momento fue tan incómodo como tenso. Cada uno clavó sus ojos sobre el otro. El empresario apretó sus dientes y la rabia lo carcomía por dentro. Se acercaron, pero Von Appen no estaba en condiciones ni tampoco tenía intención alguna de cumplir su promesa homicida. Cruzaron sus miradas y continuaron sus caminos sin emitir palabra alguna .</p>
<p>En otra oportunidad, con la natural franqueza de su esposa Inge, un día le preguntó: “¿Por qué te metiste en este asunto?”. Albert la miró fijamente con sus penetrantes ojos celestes y respondió: “Para permanecer en Chile. Para protegerlos a ustedes. De lo contrario, habría sido enrolado”.</p>
<p>En 1956, con Ibáñez del Campo en la presidencia, Von Appen recibió su nacionalidad chilena. Estaba feliz, pero aún retumbaban en sus oídos las declaraciones realizadas por las autoridades nacionales once años antes, al momento de su expulsión. En ese entonces, el ministro del Interior, Alfonso Quintana, lo acusó de ser “indigno de permanecer en Chile”, pues se lo sindicaba como “un peligro para el país, convirtiéndolo en un elemento indeseable, que no merece gozar de nuestra hospitalidad”. Curiosamente, solo una década más tarde Von Appen ya había dejado de ser indigno, peligroso e indeseable para nuestro país. Ahora era un chileno más y muy poderoso.</p>
<p>A pesar de que su nuevo carné de identidad lo acreditaba como un connacional, no por ello olvidaba su amada Alemania. Von Appen era un activo socio del Club Manquehue. Fue un jefe estricto pero generoso con sus empleados, cuya plana ejecutiva era en su mayoría de origen teutón, característica que se mantiene hasta estos días en el grupo Ultramar y sus filiales. Participaba animadamente en las fiestas de su empresa. Era habitué del Hotel Crillón de Agustinas y en una oportunidad, estando al lado de su mesa el popular Pelé, no perdió la ocasión de fotografiarse con el que es considerado el mejor futbolista de todos los tiempos. Von Appen gustaba gozar de la buena mesa y de animadas conversaciones, en muchas de las cuales dejó de manifiesto su marcado anti allendismo.</p>
<p>Temía que su empresa fuera estatizada por la Unidad Popular y en algún momento pensó radicarse en España. Falleció de un infarto en septiembre de 1971, mientras se encontraba en un viaje de negocios en su natal Hamburgo.<br />
Albert von Appen fue sepultado en el cementerio de Playa Ancha, en Valparaíso. Su familia creó un verdadero culto a la personalidad del patriarca. En las oficinas de Ultramar instalaron un busto de su persona con base de mármol. Su clásica fotografía de marinero sonriente se encontraba en varias oficinas de la firma. Una sala de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez llevó el nombre del capitán Albert von Appen y también una de sus cátedras, pero debido a la presión mediática generada con los primeros reportajes sobre su pasado nazi, la casa de estudios optó por retirarla.</p>
<p>Tras su muerte, fueron sus hijos Sven y Wolf quienes se hicieron cargo de la firma. Multiplicaron el patrimonio, convirtiéndose en el quinto grupo económico más poderoso de Chile. Las personalidades de ambos diferían bastante. Sven era locuaz como su padre y Wolf más cauto y reservado, al igual que su progenitora.</p>
<p><strong>El poder Von Appen </strong></p>
<p>Es la primavera de 2009 y en una actividad organizada por la Armada de Chile, Wolf von Appen está como invitado. Durante el cóctel, le solicito una breve entrevista. De manera muy respetuosa y formal, Wolf responde: “Le pido que me disculpe, pero usted sabe que no doy muchas declaraciones a la prensa”.</p>
<p>Efectivamente, Wolf von Appen es un hombre más prudente y circunspecto a la hora de hacer comentarios, a pesar de que no tiene problemas, en su rol de líder empresarial, en enviar fuertes mensajes a la autoridad cuando lo cree necesario. Su hermano mayor Sven, en cambio, hacía gala de su fuerte personalidad. Polémica generó el 15 de mayo de 2013 cuando, en una entrevista al diario La Segunda, señaló que los chilenos se volvieron “hambrientos” por los beneficios de la economía y que sería bueno que “gane la izquierda comunista”, para que hubiese una crisis. Sus dichos generaron una ola de críticas hasta en el propio empresariado. Dos días más tarde, sus hijos se disculparon por las declaraciones, señalando: “Sucede que desde hace algún tiempo, nuestro padre sufre de una enfermedad degenerativa, propia de la vejez, contra la cual lucha día a día” . Siete meses después, el 15 de diciembre de 2013, Sven volvería a la polémica, el mismo día de la segunda vuelta presidencial. Tras votar, no tuvo tapujos en señalar que en caso de ganar nuevamente la candidata socialista Michelle Bachelet y que esta repitiera el manejo económico de su primer período al mando de la nación, “buscamos a otro Pinochet” . No es casualidad entonces que ambos hermanos aparecieran en el listado de empresarios que realizaron sendas donaciones a la Fundación Pinochet, según un informe pericial elaborado por la PDI, en el marco de la investigación realizada por el ministro Carlos Cerda sobre las cuentas secretas del exdictador en el Banco Riggs de Estados Unidos .</p>
<p>Según un informe del Servicio Electoral, en las primarias presidenciales de 2017 Wolf von Appen transfirió, a junio de ese año, cerca de 13 millones de pesos para la campaña del candidato Sebastián Piñera.</p>
<p>Actualmente el holding Ultramar es dirigido por Richard von Appen, hijo de Wolf. Hábil y locuaz, al igual que el patriarca, este ingeniero comercial educado en la Pontificia Universidad Católica es agresivo en los negocios y no tiene pelos en la lengua para hacer sentir su opinión en la industria. Preside un grupo que hoy cuenta con más de 50 empresas en 15 países. Su intransigencia en el conflicto contra los estibadores porteños de finales de 2018 en Valparaíso lo hizo conocido a nivel nacional, ganándose la antipatía de La Moneda  y de muchos de sus colegas del empresariado. Pero Richard Von Appen, lejos de aminorar su postura, siguió adelante con su férrea estrategia y fue finalmente el gobierno el que tuvo que ceder.</p>
<figure id="attachment_74229" aria-describedby="caption-attachment-74229" style="width: 397px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-74229" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/10/richard_von_appen.jpg" alt="" width="397" height="340" /><figcaption id="caption-attachment-74229" class="wp-caption-text">Richard von Appen</figcaption></figure>
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<div class="field-item even">Respecto al pasado de su abuelo nazi y fundador del holding Ultramar, Richard von Appen señaló en una entrevista al diario La Segunda: “Nunca he sabido realmente qué ocurrió. Y siempre he esperado que no sea verdad, que no estuvo involucrado”.</div>
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<p>&nbsp;</p>
<p>(*) Periodista, autor –junto a Daniel Avendaño- de los libros <em>El rebelde de la burguesía: La historia de Miguel Enríquez</em>, Chile América-CESOC, (2001); y <em>El secreto del submarino. La historia mejor guardada de la Armada de Chile</em>, (Ediciones B), 2016. <em>Chile B</em>, Narrativa Punto Aparte, Valparaíso, incluye siete historias de aspectos muy desconocidos de la historia reciente y estará a la venta a partir del 30 de noviembre.</p>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/10/27/chile-y-el-fbi-tras-los-pasos-del-agente-nazi-albert-von-appen/">Chile y el FBI tras los pasos del agente nazi Albert von Appen</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>¿Un ejército europeo?</title>
		<link>https://piensachile.com/2018/11/23/un-ejercito-europeo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Nov 2018 02:30:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[carlos xii]]></category>
		<category><![CDATA[ejercito europeo]]></category>
		<category><![CDATA[europa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><b>Eso es en lo que están trabajando Rusia y otros países: la formación de un nuevo orden posatlántico, posanglosajón, posestadounidense.</b> Una Europa soberana que sepa cuidar de sus propios intereses sería para Rusia un vecino mucho más prudente y cuidadoso, que una Europa influida y dirigida por fuerzas con aspiraciones de dominio global. Más que eso, la formación de un nuevo polo ayuda a equilibrar la supremacía de EEUU dentro de la propia OTAN.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="l-wrap">
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<h2>Rusia lo respalda: por qué Putin aprueba la creación del Ejército común de la UE</h2>
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<div class="b-article__refs-credits"><time class="b-article__refs-date" datetime="2018-11-21T13:45">21.11.2018<br />
</time>La idea de crear un Ejército común de la UE, expresada por varios líderes europeos, ha encontrado un inesperado apoyo en Vladímir Putin. En Rusia, que durante siglos ha sufrido varias invasiones desde Occidente, todo auge de fuerza europea tradicionalmente es visto con desconfianza. Entonces, ¿a qué se debe este respaldo?<time class="b-article__refs-date" datetime="2018-11-21T13:45"></time></div>
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<p>El pasado 6 de noviembre, el presidente de la mayor potencia militar europea, Emmanuel Macron, propuso comenzar a formar el Ejército común de la UE. «Debemos protegernos de China, de Rusia e incluso de EEUU», justificó. Donald Trump <a href="https://sptnkne.ws/jZpV" target="_blank" rel="noopener">criticó duramente la sugerencia</a> y llamó a su par francés a financiar mejor la OTAN.</p>
<p>En defensa de la iniciativa de Macron salió la canciller de la mayor potencia económica europea, Angela Merkel. La jefa del Gobierno alemán aseveró que «un Ejército común mostraría al mundo que una guerra en Europa es imposible».</p>
<p>La idea de crear un Ejército común de la UE no es nueva. En un pasado cercano, otros líderes prominentes, como el presidente francés Jacques Chirac, el canciller alemán Gerhard Schroder o el entonces primer ministro de Luxemburgo, y ahora presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, también han mencionado la iniciativa, pero esta siempre se ha visto saboteada por la posición del bloque anglosajón dentro de la OTAN. Ahora, la política de Donald Trump hacia sus aliados por un lado y la salida del Reino Unido de la UE por otro, parecen haber allanado el camino para una mayor integración europea en la esfera militar.</p>
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<figure style="width: 705px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Soldados alemanes (archivo)" src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/106527/52/1065275261.jpg" alt="Soldados alemanes (archivo)" width="705" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">© AFP 2018 / Frederick Florin</figcaption></figure>
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<div class="b-inject__content"><a href="https://mundo.sputniknews.com/defensa/201811181083505089-idea-de-ejercito-europeo/"><strong>Alemania defiende la creación de un Ejército común para Europa</strong></a></div>
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<h3><strong>Dolores fantasmales</strong></h3>
<p>Es muy simbólico que sean precisamente Francia y Alemania las que han formado todo este nuevo alboroto. Y es que ambos países, cada uno en su tiempo, fueron los promotores de la creación una fuerza europea unificada.</p>
<p>Para Francia, las Guerras napoleónicas, probablemente, han sido el último gran éxito geopolítico y militar.</p>
<p>Después de años de conquistas, Napoleón formó entonces su Gran Ejército, algo que podría considerarse el primer intento de crear una fuerza común europea. Además de los franceses, estaba compuesto por grandes contingentes de alemanes, belgas, holandeses, austriacos, suizos, así como de pequeñas fuerzas de voluntarios daneses, noruegos, portugueses y croatas.</p>
<p>Irónicamente, toda esa fuerza se vio reducida durante la invasión a Rusia, lo que marco el principio del fin de Napoleón y sus grandes éxitos.</p>
<p><strong>Más: <a href="https://sptnkne.ws/jWV6" target="_blank" rel="nofollow noopener">¿A qué se debe la decisión de Macron de crear un ejército europeo?</a></strong></p>
<p>El segundo gran intento de unificar toda Europa en una sola fuerza lo realizó la Alemania nazi. Si bien nadie descarta el aporte que hizo la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, también es cierto que miles de franceses se alistaron a la causa nazi y combatieron junto a ellos durante toda la guerra. Además de los franceses, a favor de los nazis combatieron contingentes de toda Europa: italianos, húngaros, rumanos, búlgaros, finlandeses, belgas, holandeses, austriacos, eslovacos, croatas, noruegos e incluso voluntarios españoles.</p>
<p>Pero, una vez más, al igual que el Gran Ejército napoleónico, las fuerzas unificadas de toda Europa encontraron en el suelo ruso solo la derrota y el fin de sus ideas.</p>
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<div class="b-inject-foto" data-src="/images/" data-sub-html="Pancarta de la Segunda Guerra Mundial que llama a los franceses unirse a la 'Gran Cruzada' europea contra el bolchevismo">
<figure style="width: 547px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Pancarta de la Segunda Guerra Mundial que llama a los franceses unirse a la 'Gran Cruzada' europea contra el bolchevismo" src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/108357/51/1083575185.jpg" alt="Pancarta de la Segunda Guerra Mundial que llama a los franceses unirse a la 'Gran Cruzada' europea contra el bolchevismo" width="547" height="765" /><figcaption class="wp-caption-text">CC0 / Unknown Pancarta de la Segunda Guerra Mundial que llama a los franceses unirse a la &#8216;Gran Cruzada&#8217; europea contra el bolchevismo</figcaption></figure>
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<h3><strong>Los últimos &#8216;restos de superpotencia&#8217; </strong></h3>
<p>Pero, a pesar de la aparente comunión entre los dos actores más influyentes de Europa en su intento de formar una fuerza común, es difícil no notar que los franceses son particularmente celosos con esta idea.</p>
<p>Con el Brexit, Francia se convertirá en el único miembro de la UE en poseer armas nucleares. A pesar de que Alemania, Bélgica, Italia y los Países Bajos también tienen ojivas nucleares en su territorio, estas están fuera de control de sus militares y a total disposición de EEUU. Tal situación hace de Francia el principal garante de la política de disuasión nuclear dentro de la Unión Europea.</p>
<p>La ambición francesa se intensifica por el hecho de que ahora mismo París está perdiendo los últimos &#8216;restos de superpotencia&#8217; que alguna vez fue. Y no hay que ir a la época de Vietnam o Argelia para encontrar ejemplos.</p>
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<figure style="width: 705px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Mapa de Alemania dentro de Europa" src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/107809/45/1078094507.jpg" alt="Mapa de Alemania dentro de Europa" width="705" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">CC0 / Pixabay</figcaption></figure>
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<div class="b-inject__content"><a href="https://mundo.sputniknews.com/politica/201804221078099268-europa-unida-rival-eeuu-mundo-multipolar/"><strong>Kerneuropa, un proyecto europeo capaz de cambiar el equilibrio internacional</strong></a></div>
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<p>En primer lugar, Libia. Si bien nadie pretende defender a Muamar Gadafi, hoy día da pena ver <a href="https://mundo.sputniknews.com/orientemedio/201810241082935901-que-pasa-en-libia-estado-fallido-despues-de-gadafi/" target="_blank" rel="noopener">la interminable masacre y absoluta destrucción</a> en la que se hundió el, alguna vez, país más próspero y moderno de África. La culpa habitualmente se le atribuye a Occidente en su conjunto o a EEUU en particular, pero en realidad pocos recuerdan que fue la Francia de Nicolas Sarkozy la principal instigadora militar.</p>
<p>Los resultados de la &#8216;operación de paz&#8217; son palpables incluso hoy día. El país galo se ha deshecho de toda responsabilidad. Actualmente estamos viendo cómo Rusia ha tomado la iniciativa y está trabajando activamente con las diferentes fuerzas libias en la restauración del Estado.</p>
<p><strong>Más: </strong><a href="https://sptnkne.ws/jZqN" target="_blank" rel="noopener"><strong>Rusia promete hacer lo posible para lograr una paz duradera en Libia</strong></a></p>
<p>Otro ejemplo radica en África occidental, una región que no destaca a menudo en los titulares, pero en donde el extremismo ha sabido levantar cabeza. Los Estados europeos en muchos casos mantienen su influencia política, económica e incluso militar sobre sus antiguas colonias y esta región ha sido considerada zona de predominio francés.</p>
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<figure style="width: 705px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Bangui, la capital de la República Centroafricana" src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/108093/05/1080930505.jpg" alt="Bangui, la capital de la República Centroafricana" width="705" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">© AP Photo / Jerome Delay</figcaption></figure>
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<div class="b-inject__content"><strong><a href="https://mundo.sputniknews.com/africa/201808311081638186-participara-o-no-rusia-en-la-reconciliacion-en-rca/">La oposición de la RCA invita a Rusia a participar en la reconciliación en el país africano</a></strong></div>
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<p>Pero los logros de Rusia en el combate al extremismo han hecho a algunos países de la región mirar hacia Moscú. Cada día son más comunes las noticias que apuntan a una intensificación de la cooperación entre la región y Rusia, <a href="https://sptnkne.ws/juK6" target="_blank" rel="noopener">sobre todo en el ámbito de defensa y seguridad</a>, pero también en el desarrollo político, económico y social, desplazando de allí a la antigua metrópolis.</p>
<p>Por último, Siria, un antiguo protectorado francés, en donde París ha quedado totalmente al margen de la toma de decisiones. Después de años de guerra civil, invasiones y millones de migrantes inundando Europa, el destino del país árabe ha quedado en manos de potencias como Rusia, EEUU, Irán y Turquía.</p>
<p>Todo esto explica de alguna manera el deseo de París de volver a jugar su papel de superpotencia y garante de la seguridad, al menos dentro del continente europeo.</p>
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<div class="b-inject-foto" data-src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/108324/06/1083240607.jpg" data-sub-html="'Napoleón' Macron: el líder francés aboga por la creación de un ejército común europeo">
<figure style="width: 635px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="'Napoleón' Macron: el líder francés aboga por la creación de un ejército común europeo" src="https://cdnmundo1.img.sputniknews.com/images/108324/06/1083240654.jpg" alt="'Napoleón' Macron: el líder francés aboga por la creación de un ejército común europeo" width="635" height="439" /><figcaption class="wp-caption-text">© Sputnik / &#8216;Napoleón&#8217; Macron: el líder francés aboga por la creación de un ejército común europeo</figcaption></figure>
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<h3><strong>Rusia, a favor de una Europa soberana</strong></h3>
<p>Cada siglo, Rusia ha sufrido una invasión de una u otra potencia contemporánea europea. En el siglo XVII fueron los polacos, que incluso llegaron a ocupar Moscú y cuya expulsión de la capital rusa se celebra hoy como el Día de la Unidad Nacional. En el XVIII les llegó el turno a los suecos, Napoleón en el siglo XIX. Hitler en el XX fue el más reciente seguidor de esa triste tendencia, llevándose la vida de 26 millones de soviéticos.</p>
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<figure style="width: 705px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Reproducción de la obra de Aleksey Kivshenko 'Capitulación del ejercito sueco'" src="https://cdnmundo1.img.sputniknews.com/images/106401/68/1064016844.jpg" alt="Reproducción de la obra de Aleksey Kivshenko 'Capitulación del ejercito sueco'" width="705" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">© Wikipedia/ Aleksey Kivshenko, 1887</figcaption></figure>
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<div class="b-inject__content"><a href="https://mundo.sputniknews.com/rusia/201610101064017412-invasion-napoleon-rusia-hitler-suecia/"><strong>Antes de Napoleón y Hitler: Carlos XII, el primero en perderlo todo por invadir Rusia</strong></a></div>
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<p>Todas estas incursiones, a su manera, han dejado una huella muy profunda no solo en la historia, sino también en la conciencia del pueblo ruso, formando su carácter indoblegable ante el invasor, pero también inculcándole a nivel de reflejo una desconfianza total a todo intento de reunir una considerable fuerza militar en Europa. Pero ahora, la idea de crear un Ejército común de la UE parece haber encontrado apoyo en la cúpula política rusa.</p>
<p>Primero, y ante todo, porque vivimos en tiempos de armas nucleares. Rusia sigue teniendo el estigma de &#8216;fortaleza asediada&#8217;, pero poco a poco está abandonando el constante temor por su existencia. La estrategia de disuasión nuclear deja claro que la intención de invadir el país en cualquier caso terminaría mal para el agresor, algo que el presidente ruso, Vladímir Putin, volvió a reiterar recientemente.</p>
<p class="marker-quote1"><em>«No contamos con un ataque preventivo [en nuestra estrategia nuclear]. Pero todo agresor debe saber que la retribución será inevitable, que será destruido», respondió el presidente a la pregunta de si estaría dispuesto a utilizar armas nucleares para defender los intereses de Rusia.</em></p>
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<div class="b-inject-foto" data-src="https://cdnmundo1.img.sputniknews.com/images/108357/52/1083575270.jpg" data-sub-html="Ceremonia conmemorativa en honor al centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, París, 11 de noviembre de 2018">
<figure style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Ceremonia conmemorativa en honor al centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, París, 11 de noviembre de 2018" src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/108357/52/1083575293.jpg" alt="Ceremonia conmemorativa en honor al centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, París, 11 de noviembre de 2018" width="660" height="371" /><figcaption class="wp-caption-text">© Sputnik / TACC/POOL Ceremonia conmemorativa en honor al centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, París, 11 de noviembre de 2018</figcaption></figure>
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<p>En segundo lugar, porque Rusia se ha unido al bloque de países que apuesta por un mundo multipolar. A diferencia del mundo anglosajón, que ve con recelo cualquier intento de cambiar el orden mundial existente, para Moscú un nuevo polo de fuerza global es una pieza más a favor.</p>
<p class="marker-quote1"><em>«Europa es una poderosa unión económica y es totalmente natural que quieran ser independientes, autónomos, soberanos en el ámbito de defensa y seguridad. Creo que en general esto sería un proceso positivo en términos de fortalecimiento de la multipolaridad en el mundo. En este sentido, nuestras posiciones coinciden con Francia», recalcó Putin.</em></p>
<p>El principal énfasis en las palabras de Putin recae sobre la independencia del Ejército europeo, algo que subraya en tres ocasiones, con palabras diferentes. La idea la defiende con la necesidad de construir un mundo multipolar.</p>
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<figure style="width: 705px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" title="Emmanuel Macron, el presidente de Francia" src="https://cdnmundo2.img.sputniknews.com/images/107782/68/1077826871.jpg" alt="Emmanuel Macron, el presidente de Francia" width="705" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">© Sputnik / Emmanuel Macron   Foto: Alexey Vitvitsky</figcaption></figure>
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<div class="b-inject__content"><a href="https://mundo.sputniknews.com/politica/201811061083229937-francia-comenta-salida-de-eeuu-de-tratado-inf/">Macron: EEUU pondrá en riesgo a Europa si abandona el Tratado INF</a></div>
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<p>Eso es en lo que están trabajando Rusia y otros países: la formación de un nuevo orden posatlántico, posanglosajón, posestadounidense. Una Europa soberana que sepa cuidar de sus propios intereses sería para Rusia un vecino mucho más prudente y cuidadoso, que una Europa influida y dirigida por fuerzas con aspiraciones de dominio global. Más que eso, la formación de un nuevo polo ayuda a equilibrar la supremacía de EEUU dentro de la propia OTAN.</p>
<p>La Europa unida ya tiene el potencial político, económico e intelectual para convertirse en un jugador independiente, y con su propia fuerza militar, la UE estará más cerca de convertirse en un polo en pleno sentido.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://mundo.sputniknews.com/opinion/201811211083575458-putin-aprueba-el-ejercito-europeo/">Mundo Sputnik</a></strong></p>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/11/23/un-ejercito-europeo/">¿Un ejército europeo?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Sebastián Piñera, el presidente  camaleón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Oct 2018 21:40:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[pinochetismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nuestro Presidente es el rey de los lugares comunes de las frases hechos y de “pasar al sol que más calienta”: hace pocos días, con la conmemoración del NO de cartón piedra, se presentaba como un gran demócrata – nada menos que el hijo de don Patricio Aylwin, desplazando a su hija Mariana – que, en su discurso en La Moneda, dijo la vulgaridad de que  el triunfo del NO a Pinochet pertenecía a todos los chilenos, en presencia y beneplácito de puros fanáticos del SÍ, y que se les sigue cayendo la baba por el “Tata”.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/10/11/sebastian-pinera-el-presidente-camaleon/">Sebastián Piñera, el presidente  camaleón</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>10.11.2018<br />
Como sabemos, el camaleón cambia de colores cambia según la ocasión y, tanto en la izquierda como en la derecha, la imitación a las tendencias triunfadoras se impone: en los años 30 los movimientos de derecha, a nivel mundial, imitaban a los ídolos dictadores, (Adolfo Hitler y Benito Mussolini), fue el caso de Salazar, en Portugal, el traspaso de la juventud de la Confederación de Derechas Españolas a la Falange, de José Antonio Primo de Rivera, y el monárquico Calvo Sotelo no disimulaba su admiración por el fascismo, (incluso en Chile ya lo hemos planteado en otros artículos sobre el tema,  muchos seguidores de Gustavo Ross se inclinaban por soluciones fascistas, es decir, la dialéctica de los puños y las armas).</p>
<p>Cuando el escenario político se radicaliza y la elección se plantea entre la ultraderecha y la izquierda – el caso de Brasil en la actualidad – las opciones de centro tienden a desaparecer. Desgraciadamente, la opción de la ultraderecha tiende a ser imitada por los partidos políticos y movimientos que antes postulaban posiciones de derecha democrática e, incluso, del progresismo  momificado, como ocurre con el Partido Socialdemócrata de Brasil.</p>
<p>Nuestro Presidente es el rey de los lugares comunes de las frases hechos y de “pasar al sol que más calienta”: hace pocos días, con la conmemoración del NO de cartón piedra, se presentaba como un gran demócrata – nada menos que el hijo de don Patricio Aylwin, desplazando a su hija Mariana – que, en su discurso en La Moneda, dijo la vulgaridad de que  el triunfo del NO a Pinochet pertenecía a todos los chilenos, en presencia y beneplácito de puros fanáticos del SÍ, y que se les sigue cayendo la baba por el “Tata”.</p>
<p>Como San Pedro, no necesitó que el “gallo cantara tres veces” para que Piñera renegara de la democracia del humanismo cristiano y de los ciudadanos que votaron por el NO. Ahora, como ve muy cercano el triunfo del fascista-canuto, milico, clasista, racista y homofóbico y admirador de Pinochet, machista y que añora las dictaduras brasileras, Jair Bolsonaro, el camaleón chileno se atreve a decir, nada menos que en Europa, donde las democracias predominan que el programa económico de este matarife brasilero es muy similar al suyo, y  era que no, pues su principal asesor económico de Bolsonaro es un imitador de El Ladrillo, de los Chicago Boys, que pretende privatizar las empresas públicas, en un país se diferencia de las demás naciones latinoamericanas por haber nacionalizado y construido un parque industrial importante.</p>
<p>Ante el peligro de ser sobrepasado por la ultraderecha – en Chile representada por el ex candidato presidencial, José Antonio Kast, que logra cada día más penetración en los canales de televisión abierta en Chile, el “camaleón” Sebastián Piñera no se hace ningún problema al acercarse a la extrema derecha latinoamericana, y quienes profesaban de “conversos”, es decir, pasaban golpeándose el pecho al condenar los crímenes del “Tata”, hoy volverán muy felices al redil de los partidarios de la dictadura cívico-militar. Ya les era muy difícil usar el traje de demócratas o de “progresistas” socialcristianos, como Manuel José Ossandón. Hoy, con la posibilidad del triunfo de Bolsonaro no tienen ningún problema en alabarlo.</p>
<p>La derecha siempre ha estado más cómoda en medio de regímenes autoritarios, ojalá dirigidos por un milico sanguinario &#8211; por esta razón les encantaba Francisco Franco y la España fascista -.</p>
<p>Los Presidentes “camaleones” en Chile no han sido pocos, y no han tenido mucha suerte: Carlos Ibáñez del Campo se disfrazaba de bombero cuando había que inaugurar un cuartel de estos abnegados servidores de la comunidad; de general del Ejército de Salvación, cuando visitaba a los canutos; de médico, cuando se trataba de impresionar a los pacientes. Ibáñez no ha sido el único camaleón que hacía estas gracias, también Gabriel González Videla que bailaba samba, y Michelle Bachelet que usaba el traje de médico para motivar a sus electores. Esta vez en Europa, Piñera no cantó el himno nazi en alemán, ni le “mostró su piedra a la Reina Isabel II, pero se pasó de largo cuando, en Francia, la guardia de palacio iba a rendirle honores de Jefe de Estado.</p>
<p>Nuestro Presidente se parece al personaje de Woody Allen Zelig  el hombre camaleón y   su señora  la doctora  Fletcher.</p>
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		<title>26 de abril de 1937: La tragedia de Gernika. A 80 años de la masacre</title>
		<link>https://piensachile.com/2017/04/27/26-abril-1937-la-tragedia-gernika-80-anos-la-masacre/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Apr 2017 02:24:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[bombardeo]]></category>
		<category><![CDATA[españa]]></category>
		<category><![CDATA[francisco franco]]></category>
		<category><![CDATA[gernica]]></category>
		<category><![CDATA[guerra civil española]]></category>
		<category><![CDATA[hitler]]></category>
		<category><![CDATA[pais vasco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Era un lunes, día de mercado. Había mucha gente en las callejuelas de la villa de Gernika, que tenía 7.000 habitantes. A las cuatro y media de la tarde las campanas de la iglesia empezaron a repicar, y cinco minutos después apareció el primer avión, que soltó seis bombas explosivas de 450 kilos, seguidas de una lluvia de granadas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Original: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1045">26 April 1937 : The tragedy of Guernica  <i>80th Anniversary</i></a><br />
Traducciones disponibles: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1051">Svenska</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1052">Deutsch</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1056">Français</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1061">Català</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1085">Português</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1094">Italiano</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1095">فارسی</a></p>
<h3>Presentación de Fausto Giudice (traducción de Juan Vivanco)</h3>
<p>Era un lunes, día de mercado. Había mucha gente en las callejuelas de la villa de Gernika, que tenía 7.000 habitantes. A las cuatro y media de la tarde las campanas de la iglesia empezaron a repicar, y cinco minutos después apareció el primer avión, que soltó seis bombas explosivas de 450 kilos, seguidas de una lluvia de granadas.</p>
<p>Minutos después apareció otro avión. El infierno duró cuatro horas. Cuarenta y dos aviones en total bombardearon y ametrallaron la villa y sus alrededores, donde se habían refugiado sus vecinos. Toda la ciudad ardió. El incendio tardó en apagarse. Balance: el 70% de los edificios quemados y un número indeterminado de muertos, entre 800 y 1.600. Setenta años después los historiadores aún no se ponen de acuerdo sobre el número de víctimas de aquel lunes negro que convirtió Gernika en una ciudad mártir y una ciudad símbolo, grabada para siempre en nuestra memoria colectiva. Los aviones pertenecían a la Legión Cóndor alemana y a la Aviación Legionaria italiana. El nombre clave era Operación Rügen.</p>
<p>Dos hombres contribuyeron de manera decisiva a convertir Gernika en símbolo: George Steer y Pablo Picasso.</p>
<p><img src="file:///C:/%5CDocuments%20and%20Settings%5Cfausto%5CMis%20documentos%5CMis%20im%C3%A1genes%5CGuernica%20%283%29%5CGuernica%20para%20Carlos%5CGeorge%20Steer.jpg" alt="" border="0" vspace="5" />El primero era un joven periodista de 27 años nacido en África del Sur, corresponsal de guerra del diario londinense<i>The Times</i> y firme partidario de la causa republicana y vasca. España no era su primer teatro de guerra. En 1935 había sido enviado especial en Etiopía, entonces llamada Abisinia, sometida a una feroz agresión italiana ordenada por Mussolini —el dictador con manías de grandeza—, que así, a golpe de crímenes de guerra, hacía realidad sus sueños imperiales. En Etiopía ya se había bombardeado a la población civil inerme. En Etiopía el Occidente democrático ya había traicionado a un pueblo agredido por el fascismo.</p>
<p>George Steer llegó a Gernika horas después del bombardeo y esa misma noche cablegrafió su reportaje de la ciudad mártir, que se publicó a la mañana siguiente en <i>The Times</i> y <i>The New York Times</i> y fue reproducido por la prensa de muchos países. Este artículo fue el que alertó al mundo y dio lugar a manifestaciones de protesta en las calles de Londres y Nueva York, que obligaron a una contraofensiva propagandística de los franquistas y sus aliados, la Alemania nazi y la Italia fascista. En estos países la prensa y la radio despotricaron contra las «hordas bolcheviques» que, según ellos, habían incendiado Gernika antes de evacuarla. Sus mentiras fueron rápidamente refutadas. El relato que la Historia retuvo es el de George Steer, que tiene una calle dedicada en Gernika, donde, en abril de 2006, se inauguró un busto suyo.</p>
<p>El otro, con 56 años, es un pintor famoso, establecido en Francia. Apoya la causa republicana frente a la rebelión franquista. Descrito por los Renseignements généraux (la policía política francesa) como «un anarquista sospechoso desde el punto de vista nacional» y «un pintor supuestamente moderno» —por tal motivo le negaron la naturalización francesa en abril de 1940— se pone de inmediato a la tarea. El resultado es una pintura monumental de ocho metros de largo por tres y medio de alto, en blanco y negro, que se expone en el pabellón español de la Exposición Universal. Como dijo Picasso: «La pintura no está hecha para decorar las casas. Es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo».</p>
<p>Gernika es una lección pendiente. Los autores de aquel crimen de guerra, empezando por el jefe de la Legión Cóndor, teniente coronel Wolfram von Richthofen, fueron aclamados como héroes en la Alemania nazi, y los que todavía viven disfrutan de un apacible retiro y conceden entrevistas con un descaro inusitado. El bombardeo de la ciudad santa de los vascos fue un experimento de campo para evaluar la capacidad de la aviación alemana de destruir eficazmente una ciudad. Como dijo Hermann Göring en el juicio de Nuremberg: «La guerra civil española me brindó la oportunidad de probar mi joven aviación, y a mis hombres les permitió adquirir experiencia».</p>
<p>Este crimen de guerra no fue el primero ni el último del siglo XX. En 1915 Winston Churchill ordenó los primeros bombardeos con armas químicas contra poblaciones civiles en Iraq. Después de Gernika hubo otras ciudades mártires como Coventry, Hamburgo, Dresde, Hiroshima o Nagasaki. Después de España, toda Europa. Después de Europa, Asia, de Palestina a Corea, de Vietnam a Camboya.</p>
<p>Los Gernikas de hoy se llaman Gaza, Tel Afar, Faluya, Samarra y Nayaf, así como Grozni o Kandahar. Los aviones que escupen las bombas mortíferas ya no llevan la cruz de hierro, sino las enseñas de los países «democráticos». El lugar de los «rojos enemigos de Dios» contra los que decían luchar Franco, Hitler y Mussolini para salvar a Occidente, lo ocupan hoy los «islamistas» y el «eje del mal», que según Bush, auténtico Hitler de nuestros días, va de La Habana a Pyongyang, pasando por Caracas, Beirut, Damasco, Jartum y Teherán. Y la «comunidad internacional», antaño paralizada ante el martirio de Etiopía y España, hoy en día, ante el martirio de Palestina, Iraq y Afganistán, está peor que paralizada, es cómplice de los cientos de Gernikas que se repiten ante nuestros ojos cansados, día tras día.</p>
<p>Lean el reportaje de George Steer. Dice lo esencial en pocas palabras.</p>
<p><strong>Con ocasión del 70º aniversario del bombardeo de Gernika, Tlaxcala ha pedido a diversos artistas que plasmen en imágenes su visión de aquella tragedia a partir de sus preocupaciones actuales. He aquí sus trabajos:</strong></p>
<p align="center"><strong><img src="http://www.tlaxcala.es/images/gal_1700.jpg" alt="" />                                     <img src="http://www.tlaxcala.es/images/gal_1695.jpg" alt="" /></strong></p>
<p><strong>   </strong><strong>    Yahya Tadayon, Irán, 2007                                               Marcin Bondarovicz, Polonia, 2007</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><img src="http://www.tlaxcala.es/images/gal_1692.jpg" alt="" /></strong></p>
<p><strong>Amer Shomali and Basel Nasr, Ramalá, Palestina, 2007</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><br />
<img src="http://www.tlaxcala.es/images/gal_1693.jpg" alt="" /></strong></p>
<p>GUERRIKA, por Juan Kalvellido, Tlaxcala</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><img src="http://www.tlaxcala.es/images/gal_1691.jpg" alt="" />                       </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuántos otros bombardeos? ¿Cuántos otros Gernika?</strong><br />
<strong><br />
</strong><strong>¿Quién va a ser la próxima victima del fascismo y del imparialismo?</strong></p>
<p><strong>Ben Heine, Tlaxcala, 2007</strong></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://www.tlaxcala.es/images/gal_1711.jpg" alt="" /><br />
<em><b><br />
</b></em><strong><b>¡Genial! </b><b>Es una “Nueva Guernica”. ¡</b><b>Esa obra te va a eternizar!<br />
</b><b>Estás bromeando</b><b>…<br />
Rodrigo Rosa, </b></strong><em><strong><b>ViaPolitica</b></strong></em><strong><em><b><br />
</b></em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><i>Un testigo presencial informa sobre la destrucción de un pueblo en un ataque aéreo</i><br />
<strong>La tragedia de Gernika</strong></p>
<p>De nuestro enviado especial<br />
Bilbao, 27 de abril de 1937</p>
<p>Traducción de Manuel Talens</p>
<p>Gernika, que es a la vez el centro de la tradición cultural y el pueblo más antiguo de los vascos, quedó totalmente destruido ayer por la tarde durante un ataque aéreo de los sublevados. El bombardeo de este pueblo, situado muy por detrás de las líneas de combate, duró exactamente tres horas y cuarto, durante las cuales una poderosa flotilla aérea formada por tres tipos de aviones alemanes, bombarderos Junkers y Heinkel y cazas Heinkel, lanzaron de forma incesante bombas de 450 kg y, según cálculos, más de 3.000 proyectiles incendiarios de aluminio de 1 kg. Mientras tanto, los pilotos sobrevolaron a baja altura el centro del pueblo para ametrallar a la población civil que había buscado refugio en los campos.</p>
<p>Todo Gernika fue pronto presa de las llamas, excepto la histórica Casa de Juntas con sus abundantes archivos de la raza vasca, donde el antiguo Parlamento vasco solía reunirse. El famoso roble de Gernika -el viejo y seco tocón de 600 años de edad y sus retoños de este siglo- también quedó intacto. Aquí, los reyes de España solían jurar respeto a los fueros democráticos de Vizcaya y a cambio recibían la promesa de lealtad como señores feudales con el título democrático de Señor, no de Rey de Vizcaya. La noble parroquia de la iglesia de Santa María también quedó intacta, excepto su sala capitular, que fue alcanzada por una bomba incendiaria.</p>
<p>Hoy, a las dos de la tarde, cuando visité el pueblo, todo él era una horrible visión, ardiendo por los cuatro costados. El reflejo de las llamas podía vislumbrarse en nubes de humo por encima de las montañas a 6 km de distancia. Durante toda la noche las casas se fueron derrumbando hasta que las calles se convirtieron en largos e impenetrables montones de escombros rojos.</p>
<p>Muchos de los supervivientes de la población civil iniciaron la larga caminata desde Gernika a Bilbao en antiguas y sólidas carretas vascas tiradas por bueyes. Los carros, en los que se apilaban las pertenencias familiares salvadas de la conflagración, atascaron los caminos durante toda la noche. Otros supervivientes fueron evacuados en camiones del gobierno, pero muchos se vieron obligados a quedarse en los alrededores del pueblo en llamas acostados en colchones o a la búsqueda de familiares y niños desaparecidos, mientras que unidades de los cuerpos de bomberos y de la policía motorizada vasca, bajo la dirección personal del Ministro del Interior, el señor Monzón, y de su esposa, continuaron el rescate hasta el amanecer.</p>
<p align="justify"><strong>La campana de la iglesia dio la alarma</strong></p>
<p>Por la forma en que se llevó a ejecución, por la escala de destrucción alcanzada y por la selección de su objetivo, el ataque contra Gernika no tiene paralelo en la historia militar. Gernika no era un objetivo militar. Fuera del pueblo hay una fábrica que produce material de guerra y quedó intacta. Lo mismo puede decirse de dos barracones de soldados que hay a alguna distancia del pueblo. El pueblo se encuentra muy por detrás de las líneas de combate. El bombardeo buscaba al parecer la desmoralización de la población civil y la destrucción de la cuna de la raza vasca. Cada uno de los hechos confirma esta valoración, a empezar por el día en que se llevó a cabo la acción.</p>
<p>El lunes era el día habitual del mercado en Gernika para las gentes de los alrededores. A las 4:30 de la tarde, cuando el mercado rebosaba de gente y los campesinos todavía estaban llegando, la campana de la iglesia repicó la alarma de que se aproximaban aviones y la población se refugió en sótanos y cobertizos que habían preparado tras el bombardeo de la población civil de Durango el 31 de marzo, que inauguró la ofensiva del general Mola en el norte. Se dice que la gente mostró mucho ánimo. Un sacerdote católico se encargó de que todo se hiciera en un orden perfecto.</p>
<p>Cinco minutos después apareció un bombardero alemán, dio unas vueltas sobre el pueblo a baja altura y dejó caer seis pesadas bombas, al parecer destinadas a la estación. Las bombas, con una lluvia de granadas, cayeron sobre un antiguo instituto y sobre casas y las calles vecinas. Luego, el avión se fue. Cinco minutos después un segundo bombardero lanzó la misma cantidad de bombas en medio del pueblo. Al cabo de un cuarto de hora aproximadamente llegaron tres Junkers para continuar con la demolición y, a partir de ahí, el bombardeo creció en intensidad y fue continuo hasta el anochecer, a las 7:45. Todo el pueblo de 7.000 habitantes más 3.000 refugiados fue destruido lenta y sistemáticamente. El plan de los atacantes incluyó el bombardeo de los caseríos en un radio de tres km a la redonda. Durante la noche éstos ardieron como velas en las colinas. Todos los pueblos de por aquí fueron bombardeados con la misma intensidad que Gernika, y en Múgica, un pequeño grupo de casas situadas a la entrada de Gernika, la población fue ametrallada durante 15 minutos.</p>
<p align="justify"><strong>Ritmo de la muerte</strong></p>
<p>Es todavía imposible calcular el número de víctimas. Los periódicos de Bilbao afirman esta mañana que «afortunadamente fueron pocas», pero se teme que esto sea un eufemismo para no alarmar a la abundante población refugiada en Bilbao. En el hospital de las Josefinas, que fue uno de los primeros lugares bombardeados, los 42 milicianos heridos que allí estaban murieron. En una calle que va cuesta abajo desde la Casa de Juntas vi un lugar en el que dicen que 50 personas, casi todas mujeres y niños, quedaron atrapadas en un refugio antiaéreo bajo una mole de ruinas en llamas. Muchos murieron en los campos y el número de muertos podría ascender a varios centenares. A un viejo sacerdote llamado Aronategui lo mató una bomba mientras rescataba niños de una casa en llamas.</p>
<p>Las tácticas de los bombarderos, que pueden ser de interés para los estudiantes de la nueva ciencia militar, fue como sigue: primero llegaron pequeños grupos de aviones que lanzaron bombas y granadas de mano por todo el pueblo, escogiendo ordenadamente zona tras zona. Después vinieron las ametralladoras, que mataron a tiros a quienes salían corriendo aterrorizados de los refugios subterráneos, algunos de los cuales habían sido alcanzados por bombas de 450 kg, que hacen socavones de siete metros. A muchas de estas personas las mataron cuando corrían. Un gran rebaño de ovejas que se dirigía al mercado también fue exterminado. Al parecer, el objetivo de este ataque era hacer que la población se escondiera de nuevo bajo tierra, porque después aparecieron no menos de 12 bombarderos que dejaron caer bombas incendiarias sobre las ruinas. Así, el ritmo de este bombardeo de un pueblo tuvo su lógica: primero, granadas de mano y bombas para hacer salir en estampida a la población; luego, ametrallamientos para hacer que se escondieran y, después, bombas incendiarias para destrozar las casas y quemarlas por encima de sus víctimas.</p>
<p>La única respuesta que los vascos pudieron utilizar, porque no poseen aviones suficientes para enfrentarse a la flota de los sublevados, fue la del heroísmo de los sacerdotes vascos, que bendijeron y rezaron a las multitudes arrodilladas -socialistas, anarquistas y comunistas, así como creyentes- en los refugios subterráneos arrasados.</p>
<p>Cuando entré en Gernika después de medianoche, las casas se desmoronaban y era completamente imposible entrar en el centro del pueblo, incluso para los bomberos. Los hospitales de las Josefinas y del Convento de Santa Clara eran pavesas relucientes; todas las iglesias, excepto la de Santa María, estaban destruidas y las pocas casas que todavía se mantenían en pie estaban sentenciadas. Cuando volví a visitar Gernika esta tarde, la mayor parte del pueblo estaba todavía ardiendo y nuevos fuegos habían prendido. Unos 30 cadáveres estaban alineados en un hospital en ruinas.</p>
<p align="justify"><strong>Una llamada a los vascos</strong></p>
<p>Aquí, el efecto del bombardeo de Gernika, la ciudad sagrada de los vascos, ha sido profundo y ha dado lugar a que el presidente Aguirre haga pública la siguiente declaración en la prensa vasca de esta mañana: «Los aviadores alemanes, al servicio de los rebeldes españoles, han bombardeado Gernika, quemando la ciudad histórica venerada por todos los vascos. Han intentado herirnos en lo más sensible de nuestros sentimientos patrióticos, mostrando una vez más que Euskadi no puede esperar nada de quienes no vacilan en destruir incluso el santuario que conserva los siglos de nuestra libertad y nuestra democracia».</p>
<p>«Ante esta atrocidad nosotros, todos los vascos, debemos reaccionar con violencia, jurando desde el fondo de nuestros corazones defender los principios de nuestro pueblo con terquedad y heroísmo si es necesario. No podemos ocultar la gravedad del momento; pero el invasor nunca logrará la victoria si nos esforzamos por derrotarlo alzando nuestros espíritus a las alturas de la fuerza y la determinación».</p>
<p>«El enemigo ha avanzado en muchas otras partes para luego ser repelido. No dudo en afirmar que lo mismo ocurrirá aquí. ¡Ojalá esta atrocidad de hoy sea un estímulo que nos empuje a lograrlo con rapidez!».</p>
<p>Una exploración 3D del Guernica de Pablo Picasso por Lena Gieseke</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Guernica en tres dimensiones." width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/oaIOnS5mzVY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Gracias a: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Tlaxcala</a><br />
Fuente: <a href="http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/europe/article709301.ece" target="_blank" rel="noopener noreferrer">http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/europe/article709301.ece</a><br />
Fecha de publicación del artículo original: 26/04/2006<br />
URL de esta página en Tlaxcala: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1047">http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=1047</a></p>
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		<title>¿Estados  Unidos  destruirá  nuestro  mundo?</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/11/03/estados-unidos-destruira-mundo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Nov 2016 22:41:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[destruccion biodiversidad]]></category>
		<category><![CDATA[donald trump]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones presidenciales en ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[hillary clinton]]></category>
		<category><![CDATA[hitler]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El probable triunfo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos significaría un indudable peligro para la supervivencia del mundo actual. Estamos frente a un personaje reconocidamente racista, xenófobo e islamófobo; además de misógino y predador sexual, lo que sería gravísimo en el conductor del país más poderoso del mundo. Pero lo que supera todo límite es la expresión reiterada de su “insatisfacción” con el hecho de que Estados Unidos no haya estado dispuesto a usar su armamento nuclear para “resolver” contiendas internacionales.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El probable triunfo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos significaría un indudable peligro para la supervivencia del mundo actual. Estamos frente a un personaje reconocidamente racista, xenófobo e islamófobo; además de misógino y predador sexual, lo que sería gravísimo en el conductor del país más poderoso del mundo. Pero lo que supera todo límite es la expresión reiterada de su “insatisfacción” con el hecho de que Estados Unidos no haya estado dispuesto a usar su armamento nuclear para “resolver” contiendas internacionales.</p>
<p>Lo anterior se hace más ominoso al tener en cuenta que ya durante la guerra fría los gobiernos estadounidenses se negaron a establecer un compromiso con la entonces Unión Soviética de no ser los primeros en utilizar el armamento atómico; que desde 2002 Estados Unidos no ha querido renovar el tratado antimisilístico concertado con Rusia en 1972; que entretanto el país del norte ha desplegado gran cantidad de misiles antibalísticos en países de Europa oriental; que ha promovido la incorporación a la OTAN de varios de esos países, incluyendo ex Estados de la Unión Soviética; que hasta la fecha ha sido el único país del mundo que ha utilizado el armamento atómico (¡y contra poblaciones civiles, y en dos ocasiones!); y que ni siquiera ha pedido perdón por ello ni al país afectado (Japón) ni al mundo.</p>
<p>Por ello diversas personalidades internacionales han comparado el eventual peligro de un triunfo de Trump, con lo que significó el ascenso de Hitler al poder en 1933. Evidentemente que Trump no tiene designios militares expansionistas como los del político alemán en su época. Pero, por otro lado, el magnate estadounidense tiene algo mucho más peligroso: la capacidad de usar un armamento virtualmente apocalíptico.</p>
<p>Sin embargo, asombra que dichas advertencias hayan sido tan aisladas; como lo fueron quienes en su momento alarmaron al mundo con el advenimiento del nazismo al poder. Otra cosa que asombra es que aprendamos tan poco luego de tantas décadas, segunda guerra mundial y holocausto incluido.</p>
<p>Otra cosa que asombra es que ahora se trataría de una decisión adoptada por la mayoría absoluta de la sociedad estadounidense, lo que no fue el caso de Alemania con Hitler. Si bien es cierto que luego del colapso producido por el efecto de la crisis mundial de 1929 en Alemania, el Partido Nazi se convirtió en el primer partido del país; estuvo siempre lejos de lograr la mayoría absoluta. Incluso, en el curso de 1932 disminuyó significativamente su votación. Así, en las elecciones parlamentarias de julio de ese año los nazis obtuvieron el 37,4% de los votos y 230 escaños (de 608), mientras que en las de noviembre bajaron al 33,1% de los votos, alcanzando solo 196 diputados (de 584). La nominación presidencial de Hitler como canciller del Reich (en el marco del sistema parlamentario de Weimar), a fines de enero de 1933, fue solo posible gracias a la suicida división del centro y la izquierda alemana que tuvieron un mucho mejor resultado que los nazis, tanto en términos de votantes como de diputados. Incluso, en la elección de marzo de 1933, efectuada bajo el marco de la extrema represión y violencia ejercida por los nazis, el partido de Hitler alcanzó solo el 43.9% de los votos, lo que le significó 288 diputados de un total de 647.</p>
<p>En cambio, en el caso de Estados Unidos de hoy se trataría de un presidente electo con la mayoría electoral absoluta del país. Esperemos que el alza final experimentada en las encuestas por Trump, estimule a muchos ciudadanos y ciudadanas para quienes Hillary Clinton no representa (quizás justificadamente) una buena opción presidencial; para que entiendan que si no votan por ella podrían estar haciendo posible un escenario estadounidense y mundial con consecuencias nefastas e irremediables para el conjunto de la humanidad.</p>
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		<title>Espectros del fascismo: pensar las derechas radicales en el siglo XXI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Sep 2016 23:54:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[derechas radicales]]></category>
		<category><![CDATA[fascismo]]></category>
		<category><![CDATA[hitler]]></category>
		<category><![CDATA[islamismo radical]]></category>
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		<category><![CDATA[xenofobia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> ¿Estamos seguros de que el uso indiscriminado de un concepto tal nos ayuda en verdad a comprender fenómenos tan obviamente diferentes entre sí? Mucho más que para analizarlos, la apelación a la noción de fascismo sirve para estigmatizarlos, según una tendencia –tan típica de nuestra época– a transformar la moral en categoría cognitiva. Ahora bien, el regreso del “fascismo” vuelve necesario y urgente distinguir bien las realidades que dicha noción abarca.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<nav class="breadcrumb"><span class="date-display-single">10/09/2016</span></p>
<figure class="field-imagen"><img loading="lazy" class="adaptive aligncenter" src="http://www.sinpermiso.info/sites/default/files/styles/adaptive/public/nacimiento-del-fascismo-forma-2.jpg?itok=gfT3oNP_" alt="" width="600" height="469" /></figure>
<section class="field-body"><span class="field-label">Traducción: </span>Miguel Vedda</p>
<p>El fascismo está de regreso. A decir verdad, jamás dejó de interesar a los historiadores o de nutrir sus controversias; pero, desde hace algún tiempo, reaparece con insistencia en los debates públicos. Resurge a veces espontáneamente, como una suerte de facilidad semántica, cuando no sabemos cómo denominar realidades nuevas, inesperadas y sobre todo inquietantes. Se designa con ese término ya sea el ascenso de las derechas radicales un poco por todas partes en la Unión Europea, ya la Rusia de Putin y las facciones que se enfrenta en Ucrania, ya el “califato” que Daech intenta edificar en Iraq y en Siria, ya, finalmente, los actos terroristas de comienzos de 2015 en Francia, Túnez o Kenia. En Francia, en particular, todo el mundo denuncia o evoca el “fascismo” de Marine Le Pen a Manuel Valls, hasta a Alain Badiou y otros intelectuales de izquierda, en una cacofonía desconcertante. ¿Estamos seguros de que el uso indiscriminado de un concepto tal nos ayuda en verdad a comprender fenómenos tan obviamente diferentes entre sí? Mucho más que para analizarlos, la apelación a la noción de fascismo sirve para estigmatizarlos, según una tendencia –tan típica de nuestra época– a transformar la moral en categoría cognitiva. Ahora bien, el regreso del “fascismo” vuelve necesario y urgente distinguir bien las realidades que dicha noción abarca.</p>
<p>Aquello que, entretanto, merece una atención muy particular es el ascenso de las derechas radicales, uno de los aspectos más distintivos de la actual crisis europea. A pesar de su heterogeneidad y de sus divisiones, que no han permitido la creación de un grupo parlamentario común en Bruselas, ellas comparten ciertos rasgos –racismo, xenofobia, nacionalismo– que perfilan una tendencia general. En esta vasta nebulosa, una línea divisoria separa a los viejos miembros de la Unión Europea de los nuevos, salidos del antiguo bloque soviético. En estos últimos, el viraje de 1989 creó condiciones favorables para un renacimiento de los nacionalismos de preguerra, fascistoides, anticomunistas y antisemitas. Haciendo alarde de su voluntad de restituir a esos países una conciencia nacional reprimida durante cuatro decenios de hibernación soviética, todos gozan de una cierta legitimidad en el seno de la opinión. En Ucrania, un país atravesado por las nuevas fronteras geopolíticas que separan a Rusia de Occidente, hemos asistido a la reaparición espectacular de formaciones abiertamente neonazis. En el Oeste, entretanto, el epicentro de esta crisis europea se encuentra en Francia, donde el Frente Nacional domina el paisaje político. Como el Viejo Mundo no había conocido un ascenso semejante de las derechas radicales desde la década de 1930, esto despierta en todas partes la memoria de los años oscuros.</p>
<p><strong>Conceptos</strong></p>
<p>Este regreso inesperado de los fascismos reabre la antigua cuestión de la relación entre la escritura de la historia y el uso público del pasado. Según Reinhart Koselleck (1997), el fundador de la “historia de los conceptos” (Begriffsgeschichte), la experiencia histórica precede a su conceptualización; los elementos sociales que modelan la historia son anteriores al lenguaje que los define y sin el cual, sin embargo, permanecerían ininteligibles. Entre los hechos históricos y su transcripción lingüística existe una tensión, pues ambos son a la vez distintos e indisociables. Eso no significa únicamente que los conceptos son indispensables para pensar la experiencia histórica; esto quiere decir también que ellos la exceden, sobreviven a ella y pueden ser utilizados a fin de aprehender realidades nuevas. Estas últimas serán así, si no inscriptas en una trama de continuidad temporal, al menos sí definidas en relación con aquello que ha sucedido. El comparatismo histórico que, como subraya Marc Bloch (2006), apunta a captar analogías y diferencias entre las épocas, más que homologías o repeticiones, nace de esta tensión entre la historia y el lenguaje. Hoy en día, con el ascenso de las derechas radicales, esta tensión se agudiza y vuelve, pues, más urgente la necesidad de un abordaje comparativo. Por un lado, los analistas dudan en hablar de “fascismo” –salvo a propósito de algunas excepciones notables, como las de “Amanecer Dorado” en Grecia (que puede ser caracterizado como “neonazi”) o Jobbik en Hungría– y se ponen de acuerdo a fin de reconocer las diferencias que separan a estos nuevos movimientos de sus ancestros de la década de 1930; por otro lado, toda tentativa de definición de este nuevo fenómeno pasa por una comparación con el período de entreguerras. El concepto de “fascismo” parece insuficiente o inapropiado y, a la vez, ineludible para aprehender esta realidad nueva. El concepto de “postfascismo”, un término que distingue esta realidad nueva respecto del fascismo histórico, aunque sugiriendo tanto una continuidad como una transformación, me parece más pertinente; no responde, por cierto, a todas las preguntas planteadas, pero corresponde a esta etapa transitoria.</p>
<p>Para ser fructífero, el comparatismo no debe reducirse a puestas en paralelo mecánicas. Saber si las nuevas derechas radicales coinciden con un “tipo ideal” fascista –la convergencia del nacionalismo, el racismo y el antisemitismo, la oposición a la democracia, el uso de la violencia, la movilización de masas y el liderazgo carismático– es un ejercicio bastante estéril. Un continente que ha conocido setenta años de paz casi ininterrumpida no puede expresar la misma política “brutalizada” que afectó a Italia, Alemania o España durante las décadas de 1920 y 1930. Buscar los Filippo Tommasso Marinetti, Ernst Jünger y Carl Schmitt –estetas de la violencia y teóricos del Estado total– en la Europa de hoy sería tan anacrónico y vano como deplorar la ausencia de un filósofo de la acción comunicativa como Jürgen Habermas, o de un pensador de la justicia como John Rawls en la Italia de 1922 o en la Alemania de 1933. Pensar el fascismo hoy en día significa tomar en consideración las formas posibles de un fascismo del siglo XXI, no la reproducción de aquel que existió en la entreguerra.</p>
<p>El fascismo fue evocado a menudo para definir las tendencias autoritarias y las nuevas formas de poder que aparecieron después de la Segunda Guerra Mundial, no solo en América Latina, sino también en Europa. En un artículo célebre de 1949, en plena Era Adenauer, Theodor W. Adorno estimaba que “la supervivencia del nazismo en la democracia” era más peligrosa que la persistencia “de tendencias fascistas dirigidas contra la democracia” (1998: 555).1 Los estudiantes alemanes que, en la década de 1970, se manifestaban en contra de las leyes anticomunistas de la RFA (Berufsverbot) no decían otra cosa. En 1974, Pier Paolo Pasolini observaba el advenimiento de un “nuevo fascismo” fundado en el modelo antropológico consumista del capitalismo neoliberal, frente al cual el régimen de Mussolini aparecía irremediablemente arcaico, como una suerte de “paleofascismo” (Pasolini, 1990: 63). Y, hace unos diez años, los historiadores que se dedicaron a estudiar la Italia de Berlusconi no pudieron dejar de reconocer una relación de parentesco, si no de filiación, con el fascismo clásico. Por cierto, las diferencias son de talle: adepto de las “libertades negativas” y enemigo mortal del comunismo –un término que utiliza como metáfora de toda idea de igualdad–, el “pequeño duce de Arcore” no tenía la ambición de erigir un nuevo Estado y se había volcado, antes bien, al culto del mercado; su hábitat natural era la televisión, no las “aglomeraciones oceánicas” apreciadas por su predecesor; su carisma y la exhibición de su cuerpo eran fabricados por los medios de comunicación modernos y remitían a una variante particular de carisma “a distancia”, antes que al carisma clásico teorizado por Max Weber, que implica una relación directa, emocional, casi física entre el líder y sus adeptos (Santomassimo, 2003; Gibelli, 2011; Flores d’Arcais, 2011).</p>
<p>Esta pequeña digresión basta para mostrar que el fascismo posee una dimensión no solo transnacional –brillantes estudios han sacado a la luz su carácter transatlántico–, sino también transhistórico. Es la memoria colectiva la que establece el lazo entre un concepto y su uso público, más allá de su dimensión historiográfica. Visto desde esta perspectiva, el fascismo puede convertirse en un concepto transhistórico que rebasa la época que lo ha engendrado, del mismo modo que otras nociones de nuestro léxico político. Decir que Estados Unidos, Francia y el Reino Unido son democracias no significa postular la identidad de sus sistemas políticos, aún menos pretender que se corresponderían con la democracia ateniense de la era de Pericles. El fascismo del siglo XXI no tendrá el rostro de Mussolini, Hitler o Franco, ni –esperemos– el del terror totalitario, pero sería erróneo deducir de esto que nuestras democracias no están en peligro. La evocación ritual de las amenazas externas que pesan sobre la democracia –en primer lugar, el terrorismo islámico– olvida una lección fundamental de la historia de los fascismos: la democracia puede ser destruida desde el interior.</p>
<p><strong>Mutaciones</strong></p>
<p>El postfascismo extrae su vitalidad de la crisis económica y del agotamiento de las democracias liberales que han conducido a las clases populares hacia la abstención y se identifican de aquí en más, en todos sus elementos, con las políticas de austeridad. Su ascenso, con todo, tiene lugar en un contexto profundamente diferente de aquel que vio nacer al fascismo en las décadas de 1920 y 1930. Después del colapso del orden liberal del “largo” siglo XIX, el fascismo se presentaba como una alternativa de civilización, anunciaba su “revolución nacional” y se proyectaba hacia el futuro (Morse, 2003; Sternhell, 1997). Esbozaba la utopía de un “Hombre Nuevo” que debía reemplazar las democracias decadentes y regenerar las naciones del Viejo Mundo. Mussolini prometía el renacimiento del Imperio Romano y Hitler anunciaba el advenimiento de un Reich milenario que habría permitido, a los miembros del Volk (pueblo alemán) comulgar en un futuro de fraternidad racial. El postfascismo, desprovisto del impulso vital y utópico de sus ancestros, surge en una era postideológica marcada por el colapso de las esperanzas del siglo XX. Está limitado por una temporalidad “presentista” que excluye todo “horizonte de expectativas” más allá de los plazos electorales. Dicho de otro modo, el postfascismo no tiene la ambición de movilizar a las masas en torno a nuevos mitos colectivos. En lugar de hacer que el pueblo sueñe, quiere convencerlo de que sea un útil eficaz para expresar su protesta contra los poderosos que la dominan y aplastan, sin dejar de prometer el orden –económico, social, moral– a las capas poseedoras que han preferido siempre el comercio a las finanzas y la propiedad hereditaria a las fluctuaciones del mercado. Lejos de ser o de presentarse como “revolucionario”, el postfascismo es profundamente conservador, e incluso reaccionario. Su modernidad se funda en su uso eficaz de los medios y de las técnicas de comunicación –sus líderes revientan las pantallas de televisión– más que en su mensaje, completamente desprovisto de toda mitología milenarista. Si sabe fabricar y explotar el temor presentándose como una muralla frente a los enemigos que amenazan a la “gente común” –la mundialización, el islam, la inmigración, el terrorismo–, sus soluciones consisten siempre en retornar al pasado: retorno a la moneda nacional, reafirmación de la soberanía, repliegue identitario, protección de la gente humilde que se siente, a partir de ahora, “extranjera en su patria”, etcétera.</p>
<p>Una de las fuentes fundamentales del fascismo clásico, su razón de ser y, en varios casos, la clave de su ascenso al poder ha sido el anticomunismo. El fascismo se definía como una “revolución contra la revolución”, y su radicalismo estaba a la altura del desafío encarnado por la Revolución Rusa. Los dos postulaban el retorno del orden establecido y estructuraban sus movimientos según un paradigma militar heredado del primer conflicto mundial; eran el espejo de una vida política brutalizada por la guerra total. Hoy en día, el postfascismo diluye su lenguaje por spots televisados y campañas publicitarias antes que haciendo desfilar sus tropas en uniforme. Y cuando moviliza a las multitudes, estas últimas no desdeñan ciertos códigos estéticos tomados en préstamo a la izquierda libertaria, como en el caso de la “Manifestación por todos” en oposición al matrimonio homosexual. El imaginario postfascista no se siente acosado por las figuras jüngerianas de las “milicias de trabajo” (Arbeiter) de cuerpo metálico esculpido por el combate, ni por los fantasmas eugenésicos de purificación racial. En suma, se reduce a las pulsiones conservadoras de aquello que el pensamiento crítico ha definido como la “personalidad autoritaria”: una mezcla de temor y frustración y una falta de autoconfianza que conducen al goce de la propia sumisión.</p>
<p>El postfascismo tiene enemigos, pero ni el movimiento obrero ni el comunismo estructuran ya su odio y sus cóleras. El bolchevique ha sido reemplazado por el terrorista islámico que no se oculta ya en las fábricas, sino en los suburbios poblados por “minorías étnico-religiosas”. Visto en una perspectiva histórica, el postfascismo es una consecuencia de la derrota de las revoluciones del siglo XX y del eclipse del movimiento obrero como sujeto de la vida social y política. Al haber desaparecido el comunismo y al haberse alineado la socialdemocracia según las normas de la gobernabilidad neoliberal, las derechas radicales adquirieron una suerte de monopolio de la crítica del “sistema”, sin tener siquiera la necesidad de mostrarse subversivas –ellas ceden ese papel a outsiders tales como Dieudonné y Alain Soral– ni de entrar en competencia con la izquierda antiliberal. Allí donde esta existe y actúa eficazmente, como en España y en Grecia, el postfascismo desaparece o reencuentra sus colores de origen. Pero esta ventaja cierta es también un límite. Es el anticomunismo el que, en la década de 1930, les permitió a Mussolini y Hitler obtener el apoyo de las élites dominantes en Italia y en Alemania y a Franco contar con la no intervención franco-británica durante de la Guerra Civil Española. Hubo, sin duda, un “error de cálculo”, como lo sugiere Ian Kershaw (1999: 605), en la designación de Hitler en la cancillería alemana en enero de 1933, pero está claro que, sin la gran depresión y la Revolución Rusa, en una República de Weimar completamente paralizada, las élites industriales, financieras y militares probablemente no habrían permitido la llegada al poder de un plebeyo iracundo, demagogo e histérico cuya única hazaña política había sido, en 1923, una tentativa de golpe desde una cervecería de Múnich. Hoy en día, la amenaza bolchevique desapareció, en tanto que los consejos de administración, los grandes grupos industriales, las multinacionales y los bancos ven sus intereses mejor representados por el Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión de Bruselas que por la extrema derecha, que hizo su agosto con la lucha contra la Troika y la moneda única. Para que las derechas radicales se conviertan en un interlocutor creíble a los ojos de las élites dominantes, deberían tener lugar el derrumbe de la Unión Europea y la instalación –como en Italia a comienzo de la década de 1920 y en Alemania después de 1930– de un estado de inestabilidad generalizada. Ahora bien, esta implosión será sin duda inevitable, a la larga, si nuestras clases políticas se obstinan en continuar su orientación actual, fundada en la aplicación ciega del rigor y en el rechazo manifiesto de toda voluntad de avanzar hacia la construcción de un Estado federal, que sería la única condición para volver legítima la Unión Europea. Esta falta total de visión y de ambición va acompañada a menudo de egoísmos y de decisiones miopes, dictadas por sondeos de opinión o elecciones locales. Desde este punto de vista, nuestras élites se parecen, menos que a sus ancestros de la década de 1930, a los “sonámbulos” de la Belle Époque descritos por el historiador Christopher Clark (2013), los partidarios del “concierto europeo”, que se encaminaban hacia la catástrofe con la más completa –y culpable– inconciencia. Los padres fundadores de Europa –Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi y Robert Schuman– habían atravesado la guerra sin comprometerse y, dirigiéndose a generaciones que habían vivido esta prueba terrible, habían encontrado el coraje de unir naciones que acababan de masacrarse mutuamente. Nuestras clases políticas, en cambio, no han conocido más que la ideología del “fin de las ideologías” –es decir, la renuncia a todo cambio de sociedad– y el poder del dinero, como lo prueba la trayectoria de muchos de sus representantes que ocupan lugares en el consejo de administración de Gazprom, crean sus propias sociedades asesoras o dan conferencias opulentamente remuneradas en Dubai. La elección de un político como el luxemburgués Jean-Claude Juncker, durante veinte años a la cabeza de un paraíso fiscal, para dirigir la Comisión Europea es la expresión tangible de ese hiato enorme que separa a las sociedades europeas de sus élites, bastante similares a las oligarquías del “Antiguo Régimen persistente”, según la definición de Arno Mayer (1983), que regían los destinos de Europa en las vísperas de 1914. El fascismo fue también, durante las décadas de 1920 y 1930, una reacción ante su desprecio por parte de las “multitudes”. Una Némesis perversa y aterradora que parece resurgir en nuestros días.</p>
<p><strong>Racismo e islamofobia</strong></p>
<p>Un rasgo común del postfascismo, bien arraigado en todas sus variantes, desde los movimientos neonazis a los partidos más “moderados” salidos de las derechas tradicionales, es la xenofobia. El odio violento hacia el extranjero, siempre identificado con el inmigrante, estructura su ideología y orienta su acción. En el imaginario postfascista, el “extranjero” es definido por oposición al autóctono y posee, con el mismo derecho que este último, una identidad cambiante. Tanto en virtud de su código de nacionalidad, que reconoce el derecho de suelo desde la III República –en otros lugares, más reciente o inexistente– permitiéndole al inmigrante adquirir la ciudadanía, como a causa de su concepción de la laicidad, Francia es un observatorio privilegiado para todo lo que se relaciona con la xenofobia y el racismo. La mayor parte de los europeos son fácilmente asimilados por los autóctonos, los “franceses de origen”, en tanto que los otros permanecen como “procedentes de la inmigración”, incluso si son ciudadanos franceses desde hace tres generaciones. En consecuencia, el “extranjero” es también y sobre todo un enemigo del interior, un elemento corruptor que afecta al cuerpo sano de la nación como un virus, o que lo carcome como un cáncer. Ese mecanismo social de fabricación de una alteridad negativa no tiene nada de nuevo, como lo mostró Gérard Noiriel (2007) al reconstituir sus etapas desde el siglo XIX hasta su cristalización en la política del Frente Nacional. Sus metamorfosis, sin embargo, son de tamaño. Hace un siglo, hacía referencia a los “tanos”,2 los españoles y los polacos; hoy, dejando de lado a los gitanos –sobre cuyas espaldas intentó edificar su reputación de hombre del orden el actual jefe de gobierno–, los europeos ya no son más tomados en consideración; la xenofobia se focaliza en las minorías de origen africano, negro y magrebí de religión musulmana.</p>
<p>Uno de los pilares del fascismo clásico era el antisemitismo. El odio hacia el judío era su razón de ser. Desde el Affaire Dreyfus, Francia fue uno de sus primeros centros. En Alemania, estaba en el corazón de la visión del mundo nacionalsocialista. La Italia fascista, que no era antisemita en un comienzo y que cedía al Vaticano el monopolio del antijudaísmo, terminó por promulgar en 1938 una legislación racial que abolía los logros de la Emancipación de los judíos. Al mismo tiempo en España, donde no había judíos desde comienzos del siglo XVI, la propaganda franquista subrayaba el parentesco entre los judíos y los “rojos”, paralelamente enemigos del nacional-catolicismo. En la Europa de la primera mitad del siglo pasado, el antisemitismo no estaba, ciertamente, circunscrito a los movimientos y los regímenes fascistas, pues impregnaba el conjunto de las culturas nacionales en que, bajo múltiples variantes, gozaba de una total legitimidad y e incluso concedía a sus adeptos una señal de distinción, como lo recuerda Proust en En busca del tiempo perdido y como lo muestran los escritos de algunos de los grandes escritores del siglo XX, de Thomas Mann a Georges Bernanos y Louis-Ferdinand Céline. A los ojos del fascismo, los judíos eran racialmente extranjeros para las naciones europeas; su inteligencia abstracta los había colocado en el centro del capitalismo financiero, parasitario y especulador, alejándolos de la autenticidad de los pueblos del Viejo Mundo; su racionalismo calculador estaba en curso de destruir las viejas culturas orgánicamente ligadas a los territorios y a sus pueblos, reemplazándolos por una Modernidad mecánica y sin alma; en fin, los judíos habían introducido en Europa el bacilo del bolchevismo, cuyo cerebro eran ellos.</p>
<p>Hoy en día, el discurso racista ha cambiado de forma y de víctima: el inmigrante musulmán ha reemplazado al judío. El racialismo –un discurso modelado por el cientificismo y el biologicismo– ha cedido su lugar a un prejuicio culturalista que señala una divergencia antropológica radical entre la Europa “judeocristiana” y el islam. El antisemitismo tradicional, que fue durante un siglo un elemento constitutivo de todos los nacionalismos, no es más que un fenómeno residual. Las instituciones del Continente han hecho incluso de las conmemoraciones del Holocausto la fianza moral de sus políticas y mantienen relaciones especiales con Israel. El clima malsano del antisemitismo latente pero omnipresente que dominaba las esferas públicas del Viejo Mundo antes de la guerra no es ya estructurante; fue reemplazado por una hostilidad análoga hacia todo lo que concierne al islam, una noción a su vez metaforizada –designa caóticamente una religión, la inmigración, las minorías, el terrorismo, etcétera– y esencializada –una suerte de alteridad ontológica en el seno de las naciones europeas– (Hajjat/Mohammed, 2013). El lenguaje se ha renovado, pero la representación del enemigo –el terrorista islámico es a menudo dibujado, como otrora el judeo-bolchevique, con una alteridad física muy destacada; su barba abundante cumple el papel de la nariz ganchuda– reproduce el antiguo esquema racial.</p>
<p>La nueva xenofobia se apoya en una producción erudita neoconservadora muy considerable. Obras tales como El choque de las civilizaciones de Samuel Huntington (1993), Riqueza y pobreza de las naciones de David Landes (1998) o ¿Qué ocurrió? El islam, Occidente y la Modernidad de Bernard Lewis (2002) son el equivalente actual de La Psicología de la evolución de los pueblos de Gustave Le Bon (1895), La Génesis del siglo XIX de Houston Stewart Chamberlain (1899) o La decadencia de Occidente de Oswald Spengler (1918). Su lenguaje y su utilería conceptual cambiaron, pero cumplen una función análoga. En el momento de su aparición, los libros de Le Bon, Chamberlain y Spengler poseían una sólida reputación científica y ejercieron una influencia indudable sobre la cultura conservadora. Y, como para nuestros eruditos actuales, su influencia permaneció circunscrita a los estratos cultivados.</p>
<p>La xenofobia ordinaria se expresa más bien a través de la violencia simbólica de eslóganes, declaraciones impactantes, imágenes vulgares, lugares comunes racistas. Como en el antisemitismo de antaño, difundido tanto en los estratos aristocráticos como en las clases populares, el repertorio de la islamofobia contemporánea es vasto y rebasa ampliamente las fronteras del postfascismo. Desde el nacimiento de la Unión Europea (a excepción, ahora, de Alexis Tsipras), no reconoció jamás que el Viejo Mundo tenía necesidad de sus inmigrantes y que ellos constituían su futuro. Después de décadas de retórica sobre la “inmigración elegida”, la imposibilidad de “acoger toda la miseria del mundo”, “el ruido y el olor”, el “pan de chocolate”, etcétera, el postfascismo ha sido legitimado poderosamente por aquellos mismos que pretendían combatirlo. Ya en el fascismo clásico, la palabra cumplía un papel más importante que la escritura. Ahora que la videosfera predomina sobre la grafosfera, no resulta sorprendente que el discurso xenófobo se propague primero por los medios de comunicación, asignando a la producción cultural un papel auxiliar.</p>
<p>La islamofobia actual recuerda ante todo el antisemitismo alemán de finales del siglo XIX y el de la Francia de la década de 1930. Desde el Affaire Dreyfus, los nacionalistas franceses despreciaban a los inmigrantes judíos de Polonia y Rusia, pero atacaban sobre todo a los “judíos de Estado”, los israelitas notables que, desde comienzos de la III República, habían podido acceder a la alta función pública, a las universidades más prestigiosas e incluso ascender los escalones de la jerarquía militar. El capitán Dreyfus había sido un símbolo de este ascenso. En la época del Frente Popular, el blanco del antisemitismo fue Léon Blum, el dandi judío y homosexual que encarnaba la degeneración de una república conquistada por la “Anti-Francia” (Birnbaum, 1988). Los judíos eran designados como un “Estado dentro del Estado”, lo que está lejos de corresponder a la situación actual de las minorías negras o musulmanas, siempre ampliamente subrepresentadas entre los cuadros superiores de las instituciones públicas. La comparación sería, pues, más pertinente con la Alemania guillermina, en que los judíos eran rigurosamente excluidos del aparato del Estado, en tanto que la prensa se alarmaba ante una “invasión judía” (Verjudung) susceptible de poner en cuestión la matriz étnica (alemana) y religiosa (cristiana) del Reich. El antisemitismo cumplía el papel de un “código cultural” que permitía definir en negativo una identidad alemana desfalleciente, sacudida por la modernización del país y la concentración judía en las grandes ciudades, su parte más dinámica. En breve, un alemán era ante todo un no judío (Volkov, 1978).</p>
<p>De modo análogo, el islam permite hoy reencontrar, por delimitación negativa, una “identidad francesa” perdida o amenazada por la mundialización. En nuestros días, el lenguaje ha cambiado, pero la prosa de un Alain Finkielkraut, que expresa su “identidad desventurada” ante el ascenso del multiculturalismo y la idealización del mestizaje, calamidades que han transformado a Francia en una suerte de “albergue español” (Finkielkraut, 2014: 111), no es muy diferente de la de Heinrich von Treitschke. En 1880, este último deploraba la “intrusión” (Einbruch) de los judíos en la sociedad alemana, cuyas costumbres trastornaron como un elemento modernizador y perturbador. El historiador alemán concluía su ensayo con una nota de desesperación que se convirtió en un eslogan: “Los judíos son nuestra desgracia” (Die Juden sind unser Unglück) (Treitschke, 2004: 16). Lo que es desgarrador para Finkielkraut es este espectáculo aflictivo de una Francia tradicional en la que los “sedentarios hacen la experiencia desconcertante del exilio” y sienten “convertirse en extranjeros en su propio suelo” (Finkielkraut, 2014: 119); una Francia que se disgrega poco a poco ante el avance inexorable de las carnicerías y los fast-food halal, donde el argot de los suburbios ha reemplazado la nobleza de la lengua de Chateaubriand y los adolescentes que escuchan su iPod han perturbado la autoridad de los maestros de la escuela republicana. El postfascismo da una respuesta política a ese grito de dolor de una Francia que se repliega sobre sí misma, la Francia conservadora que “viene desde el fondo de los tiempos” y que no se reconoce ya en el mundo de hoy, del que ella esboza un retrato imaginario y caricaturesco: “La nueva norma social de la diversidad dibuja una Francia cuyo origen no tiene derecho de ciudadanía sino a condición de ser exótica, y donde una única identidad está marcada de irrealidad: la identidad nacional” (ibíd.: 110). Según Finkielkraut, lejos de ser una construcción social e histórica, Francia –es la imagen que da de ella su libro– es una suerte de dato ontológico, una entidad atemporal que, para vivir, debe defenderse de toda contaminación externa.</p>
<p>La transición desde el antisemitismo de la vieja escuela a la islamofobia se encarna en una figura literaria: Renaud Camus, un escritor que no oculta su proximidad al Frente Nacional. Hace unos quince años, en un volumen destacado de sus diarios –La campaña de Francia (2000)–, deploraba la presencia de demasiados judíos en las emisiones de France Culture, que irían fatalmente a “sustituir a la voz antigua de la cultura francesa” (p. 330). Más adelante, se convirtieron en sus blancos los musulmanes, cuya inmigración masiva produciría un “gran recambio”, es decir, la islamización de la vieja Francia. Caminando por las calles de l’Hérault, un hermoso día, se dio cuenta estupefacto de que la población, en una generación, había sido completamente modificada; de que no estaba ya el mismo pueblo en las ventanas y sobre las veredas; de que un cambio notorio se había producido; de que, en los lugares mismos de mi cultura y de mi civilización, yo caminaba en otra cultura y otra civilización, que no sabía aún que estaban decoradas con el bello nombre embaucador de multiculturalismo (Camus, 2011: 82).</p>
<p>En Camus, el odio del mestizaje no es más que un aggiormamento del temor a la “mezcla de sangres” (Blutvermischung) de ayer. Él deplora, por lo demás, el abandono de la noción de raza, que querría rehabilitar; ciertamente, pensando “menos en una hipotética comunidad o parentesco biológico que en la historia largamente compartida, en la cultura, en el legado más que en la herencia” (ibíd.: 23). La transición desde el antisemitismo a la islamofobia se encuentra desde ahora consumada.</p>
<p>Los nuevos reaccionarios –no todos, pero sí muchos de ellos– exhiben sus simpatías por el sionismo e Israel, en tanto que el antisemitismo ha vuelto a ser lo que era en el siglo XIX: el “socialismo de los imbéciles” (el odio de los judíos disfrazado bajo los rasgos del anticapitalismo), cultivado por ciertos miembros de las clases más explotadas de la sociedad en busca de un chivo expiatorio. En Francia, este odio hacia los judíos es sobre todo difundido, bajo la forma de provocaciones anticonformistas, por humoristas dudosos, como Dieudonné, y por ideólogos apegados al fascismo subversivo de los orígenes, como Alain Soral. Hasta el presente, este antisemitismo no encontró expresión política o electoral, pero su influencia es nefasta y corre el riesgo de extenderse, sobre todo si, al día siguiente de cada atentado antisemita, François Hollande aprovecha la ocasión para mostrarse en público al lado de Benjamin Netanyahu. La paradoja trágica de esos actos antisemitas, a veces terriblemente violentos, reside en el hecho de que son perpetrados por jóvenes salidos de una minoría excluida y oprimida en contra de otra minoría, portadora de una memoria de exclusión y de persecución, pero hoy en día muy integrada tanto en el plano social como en el político y el cultural. Esos actos exigen, ciertamente, la más firme reprobación, pero calificarlos de fascistas supone, una vez más, una facilidad semántica que perjudica su inteligibilidad. Resta el hecho de que contribuyen poderosamente a crear el clima de temor y hostilidad en el que surgen el llamado al orden y la caza de brujas. El postfascismo no avanza solo; extrae beneficios de un terreno favorable: las derechas radicales y el terrorismo islámico se alimentan recíprocamente.</p>
<p><strong>Herencia colonial</strong></p>
<p>La islamofobia, entretanto, no es más que un sustituto del antisemitismo de ayer, pues sus raíces son profundas y la ligan a una tradición que le es propia: el colonialismo. La islamofobia se alimenta de la memoria del largo pasado colonial del Continente y, sobre todo en Francia, de la guerra de Argelia, que fue su conclusión traumática. El colonialismo había inventado una antropología política fundada en la dicotomía entre ciudadano e indígena que fijaba jerarquías sociales, espaciales, raciales y políticas. Una vez desaparecida esta división codificada por la ley, el emigrante postcolonial, devenido en ciudadano francés, se transforma en cuerpo extraño, en “un pueblo en el pueblo”. Es la matriz colonial de esta islamofobia la que explica su virulencia y persistencia; es el estigma colonial el que hace que, al cabo de tres generaciones, un apellido italiano, español o polaco se confunda en la variedad de patronímicos franceses, en tanto que otro árabe o africano califica a su portador de ciudadano perteneciente a una categoría especial: “procedente de la inmigración”, según el eufemismo que reemplaza un léxico racial de ahora en más obsoleto. El postfascismo, en el fondo, quiere restablecer la antigua separación jurídica: “No hay ciudadanía sino a condición de que exista una no ciudadanía” escribe Renaud Camus, asignándose la tarea de militar “a favor de un incremento máximo de la diferencia de estatuto y de tratamiento entre ciudadanos y no ciudadanos” (ibíd.: 17).</p>
<p>La matriz colonial de la islamofobia provee una de las claves para comprender la metamorfosis ideológica del postfascismo. Este último abandonó las ambiciones imperiales del fascismo clásico adoptando una postura conservadora y defensiva. No apunta ya a conquistar sino a expulsar, criticando incluso las guerras neoimperiales llevadas adelante desde comienzos de la década de 1990 por Estados Unidos y sus asociados occidentales. Si el colonialismo del siglo XIX quería cumplir las promesas del universalismo republicano transformando sus conquistas en “misiones civilizadoras”, la islamofobia postcolonial conduce su combate en contra de un enemigo interior en nombre de los mismos valores. La conquista ha cedido su lugar al rechazo: otrora, se sometía a los bárbaros a fin de civilizarlos; hoy en día se los quiere segregar y expulsar para protegerse de su influencia nefasta. Esto explica, desde hace un cuarto de siglo, los debates incesantes en torno a la laicidad y el velo islámico, hasta la promulgación, en 2005, de una ley que prohíbe el uso de este último en lugares públicos. El consenso en torno a una concepción neocolonial y discriminatoria de la laicidad, a la necesidad de limitar los flujos migratorios y expulsar a los extranjeros en “situación irregular” ha contribuido a legitimar el discurso de la derecha radical en el espacio público. Pero hemos pasado de una actitud conquistadora a unan postura defensiva. Entre el fascismo y el postfascismo no está solo la derrota histórica del comunismo, está también la descolonización.</p>
<p>El postfascismo no oculta, por cierto, su pasión por la autoridad –exige un poder fuerte, leyes de seguridad, reintroducción de la pena de muerte, etcétera–, pero abandona su lastre ideológico –en esto no se corresponde ya con su arquetipo– para adherirse a las Luces. En la era de los derechos del Hombre y del consenso post totalitario, eso le concede una cierta respetabilidad. El colonialismo clásico se había desarrollado en nombre del Progreso y, en Francia, del universalismo republicano. Con esta cultura quiere volver a anudar lazos hoy en día la derecha radical. De acuerdo con los postfascistas, ya no es el racismo doctrinario lo que inspira su aversión hacia el islam, sino, antes bien, su adhesión a los derechos del Hombre. A través de un desvío singular, el universalismo fue confiscado, desviado y transformado en vector de xenofobia (Rancière, 2015). Marine Le Pen –quien ha tomado claramente distancia de su padre en relación con estas cuestiones– no quiere solo defender a los “franceses de origen” frente a la invasión de los nuevos extranjeros instalados en Francia; quiere defender también los derechos de las mujeres y de los judíos amenazados por el terrorismo, el comunitarismo y el oscurantismo musulmanes. Homofobia e islamofobia gay-friendly coexisten en esta derecha radical en mutación. Dirigiéndose a los “franceses judíos”, que en cantidades crecientes se vuelcan al Frente Nacional, Marine Le Pen (2014) les asegura que este último será “sin duda, en el futuro, el mejor escudo para proteger[los]; [que él] se encuentra a [su] lado para la defensa [de las] libertades de pensamiento o de culto de cara al único enemigo verdadero, el fundamentalismo islámico”. En los Países Bajos, la defensa de los derechos de los homosexuales frente al islam ha estado en el centro de las campañas islamófobas de Pim Fortuyn y, luego, de su sucesor, Geert Wilders.</p>
<p>Europa ha conocido también una Ilustración racista. Si la interpretación del fascismo como versión radical de la anti-Ilustración es ciertamente pertinente –los trabajos de Zeev Sternhell lo han mostrado claramente–, no habría que olvidar que las primeras tentativas para codificar el racismo en nombre de la ciencia tuvieron lugar en el siglo XVIII y que, bajo el régimen de Vichy, una corriente cultural de la colaboración, ciertamente minoritaria pero real, reivindicaba la herencia de Diderot, Rousseau y Voltaire (Mosse, 1997; Pellerin, 2009). A fines del siglo XIX, Cesare Lombroso publicó El Hombre blanco y el Hombre de color, un ensayo en el que postulaba la superioridad de la raza blanca argumentando que solo ella había sabido proclamar “la libertad del pensamiento y la libertad del esclavo” (Lombroso, 1892: 223). Hoy en día, la superioridad del “liberador” exige el restablecimiento de una barrera que proporciona seguridad frente al esclavo liberado. Asistimos a una nueva corrupción de la Ilustración. El lenguaje ha cambiado, pero los sermones sobre la defensa de nuestras libertades occidentales ¿son acaso tan diferentes?</p>
<p><strong>El caso del “islamo-fascismo”</strong></p>
<p>La islamofobia postfascista se ha puesto como objetivo –allí reside uno de los elementos de confusión mencionados al comienzo de este artículo– la lucha contra el “islamo-fascismo”. La intensa apelación a esta noción por parte de los xenófobos de todos los sectores –tanto como por las ciencias políticas neoconservadoras– crea muchos malentendidos y debería incitar a tomar algunas precauciones antes de emplearla. A priori, esta definición parecería totalmente pertinente. Expresión de una reforma radical de nacionalismo sunita, el “califato” de Daech instauró un régimen de terror en los territorios que controla, donde suprimió toda forma de libertad y de democracia; aquellas, en todo caso, que podían subsistir en las circunstancias dadas. Producto de veinticinco años de guerras que devastaron el mundo árabe, de Iraq a Libia, demuestra una violencia extrema. En el siglo XX, Europa conoció fascismos que, a la manera de la España franquista “nacional-católica, no mostraban un semblante secular, sino religioso. ¿Por qué no tomar actas del auge de una teocracia fascista en Medio Oriente? Sí, eso es posible. Nacionalismo, militarismo, expansionismo, ideología totalitaria, terror y supresión de toda libertad son rasgos compartidos por el fascismo y Daech. Una divergencia esencial existe, con todo, entre ellos. Los fascismos jamás han surgido, fuera de Europa, sin un lazo orgánico con los poderes imperiales de Occidente, cuya emanación directa eran en ocasiones. Las dictaduras africanas estaban ligadas a las ex potencias coloniales, y las de América Latina o Asia fueron apoyadas abiertamente (cuando no directamente instauradas) por Estados Unidos. La fuerza del “islamo-fascismo”, en cambio, reside precisamente en su oposición radical con Occidente, en su dominación y sus guerras. Esto es lo que lo legitima –a pesar de su barbarie– a los ojos de una parte del mundo musulmán, y es esto lo que explica también la atracción que ejerce sobre una pequeña minoría de la juventud musulmana de Europa, a la que la izquierda no fue jamás capaz de ofrecer un proyecto o un lugar de acogida.</p>
<p>Desde el fracaso histórico del panarabismo y el socialismo laico, el fundamentalismo aparece como la fuerza más consecuente y eficaz en la lucha contra Occidente, cuya violencia extrema reproduce, al exhibirla. Degollar a periodistas occidentales o quemar vivo a un piloto de Jordania son actos bárbaros e indignantes, así como reunir a decenas de talibanes en el patio de una fortaleza para divertirse disparándoles como a conejos, u orinar sobre cadáveres de combatientes de Al Qaeda, o asesinar iraquíes después de haberlos obligado a asistir a la violación de sus mujeres o torturar durante meses a prisioneros en Guantánamo y Abú Ghraib. En Occidente, las ejecuciones de Daech son percibidas como el reflejo de una religión oscurantista; en el mundo musulmán, la misma ferocidad está identificada con las guerras luchadas en nombre de los derechos del Hombre. El uniforme anaranjado de las víctimas de Daech, que reproduce exactamente el de los detenidos de Guantánamo, es mostrado como una venganza e ilustra el carácter mimético de la barbarie fundamentalista. Asistimos una vez más a lo que Hannah Arendt (1974: 11) había llamado un “efecto bumerán” y Aimé Césaire (1955: 77 y 111) un “tiro por la culata” a propósito del nazismo: la violencia infligida por Occidente al mundo colonial y postcolonial se vuelve ahora en contra de él (ver también Rothberg, 2009, capítulo 1). De cara a este fenómeno horroroso, la apelación a la noción de “islamo-fascismo” –que sugiere la idea de un fascismo cuyas raíces residirían, en último análisis, en el propio islam, en sus dogmas transformados en ideología política– aparece más como un exorcismo que como un esfuerzo de lucidez analítica. Esto vale también para los atentados cometidos recientemente en Europa. Pensar que ellos se inscriben en un proyecto de islamización de Francia es caer en los lugares comunes de la propaganda del Frente Nacional. Estos actos expresan, bajo una forma perversa, una reacción contra la opresión, la islamofobia y la dominación imperial de Occidente. Detrás de Mohammed Merah, los hermanos Kouachi y Amédy Coulibaly está, antes de su interpretación integralista del islam, la larga historia del colonialismo con su herencia en la Francia metropolitana, a la que se suman las guerras en el Cercano Oriente y la ocupación de Palestina. Esta constatación no apunta a justificar ni a minimizar sus actos, sino que señala la raíz sobre la cual pueden injertarse los viejos prejuicios antisemitas sin constituir, sin embargo, su matriz. Es por esto que prefiero describir sus realizaciones como una versión nueva –aún más peligrosa y mortífera– del “socialismo de los imbéciles” de ayer (Battini, 2010). La simple condena moral del acto “fascista” resulta superficial e ineficaz, pues no capta la naturaleza del problema, incluso si sabemos que el “socialismo de los imbéciles” ha hecho su contribución al nacimiento del fascismo.</p>
<p><strong>Nacional-populismo</strong></p>
<p>Las derechas radicales –varios estudios lo subrayan desde hace años– convergen en una forma de nacional-populismo. Quieren movilizar al pueblo, convocan al levantamiento, invocan un despertar nacional. El pueblo debe deshacerse de las élites corrompidas, puestas al servicio del mundialismo, culpables de haber regalado los intereses nacionales en beneficio de la Europa monetaria, responsables al fin de cuentas de políticas que, desde hace décadas, transformaron las naciones europeas en espacio abierto a una inmigración incontrolada y a la colonización musulmana. Como bien lo mostraron Luc Boltanski y Arnaud Esquerre (2014), la extrema derecha no abandonó el viejo mito del “buen” pueblo contra los poderosos, sino que lo renovó. Antaño, el “buen” pueblo designaba a la Francia rural opuesta a las “clases peligrosas” de las grandes ciudades. Después del fin del comunismo, la clase obrera maltratada por la desindustrialización fue reintegrada en el seno de esta virtuosa comunidad popular. El “mal” pueblo –una nebulosa heteróclita que va desde inmigrantes, musulmanes y mujeres con velos a drogadictos y otros marginales– se mezcla con los “hippie-chics”,3 las clases acomodadas que muestran sus costumbres liberadas: feministas, defensores de las alteridades sexuales, antirracistas, cosmopolitas favorables a la legalización de los “sin papeles”, ecologistas… Finalmente, el “buen pueblo”, nos explica el sociólogo Gérard Mauger (2014), se parece mucho a la figura del “buey” creada por Cabu en sus historietas de la década de 1970: machista, homófobo, antifeminista, racista, indiferente a la contaminación y completamente hostil a los intelectuales.</p>
<p>Las derechas radicales son, ciertamente, populistas, pero esta definición se limita a describir un estilo político sin precisar nada en cuanto a su contenido. Hemos conocido, desde el siglo XIX, un populismo ruso y uno nortemaricano, un populismo latinoamericano tanto de derecha como de izquierda, un populismo comunista y un populismo fascista (Rioux, 2007; Finchelstein, 2014). En nuestros días, la etiqueta “populista” fue colocada a figuras tan diversas como Hugo Chávez y Silvio Berlusconi, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, Matteo Salvini –el líder de la Liga del Norte italiana– y Pablo Iglesias, el líder de Podemos en España. “Populismo” es un acrónimo: una vez que el adjetivo ha sido transformado en sustantivo, su valor heurístico es nulo. Sobre todo en un contexto europeo en el cual las oligarquías en el poder usan de él constantemente a fin de estigmatizar toda oposición popular a su política, revelando así su desprecio del pueblo. A diferencia de América Latina, donde, más allá de su diversidad, el populismo apunta a integrar a las clases populares y a los desamparados en la esfera política, en Europa occidental presenta, sobre todo, un carácter excluyente: propone unir al pueblo en una comunidad homogénea delimitándolo sobre bases “nacionales” y étnicas, expulsando todos los elementos que serían extranjeros a él (inmigrantes, musulmanes, etcétera). Estos dos populismos son antitéticos y nada justifica que se los clasifique en una misma categoría.</p>
<p>Hoy no podemos saber cuál será el resultado de las metamorfosis del postfascismo. Podría experimentar una evolución comparable con la de su ancestro italiano, el MSI [Movimiento Social Italiano] –convertido en Alianza Nacional en 1995, luego disuelto en el berlusconismo– y, así, transformarse en una corriente conservadora tradicional. Podría experimentar también una nueva radicalización, sobre todo en el caso de un colapso de la Unión Europea –que él demanda– hacia formas que hoy resulta difícil prever. Todas las premisas de una tal evolución están reunidas. En un contexto de crisis, el delirio de un Zemmour (2014), que no contempla nada menos que una gigantesca depuración étnica –la expulsión de cinco millones de musulmanes, según el modelo de la expatriación de los Alemanes de Europa central y oriental en 1945– podría asumir la forma de un programa político. Esto consumaría la transformación de “fascismo” en un concepto transhistórico. Habrá que tomar ahora conciencia de que el fascismo no fue un paréntesis del siglo XX. Y esperar que el antifascismo ya no lo sea.</p>
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<div class="field-descripcion">&#8211; <em>El autor, Enzo Traverso, es profesor de historia moderna europea en la Universidad de Cornell, Nueva York.</em></div>
</div>
</div>
<p><span class="field-label">Fuente original : </span>http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-58/espectros-del-fascismo-pensar-las-derechas-radicales-en-el-siglo-xxi</p>
<p>*Fuente para <em><strong>piensaChile</strong></em>: <strong><a href="http://www.sinpermiso.info/textos/espectros-del-fascismo-pensar-las-derechas-radicales-en-el-siglo-xxi">Sin Permiso</a></strong></p>
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<p>Zemmour, Eric, “Entrevista”. En: Corriere della Sera (30 de octubre de 2014).</p>
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		<title>La mujer de Goebbels era judía</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Aug 2016 01:59:38 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Magda Goebbels, esposa del ministro de Propaganda de Hitler, que en sus días de esplendor, fue bautizada como la "madre modelo del Tercer Reich" era judía. Hoy se sabe que su padre biológico fue un industrial alemán de origen judío que murió en 1938 en el campo de concentración de Buchenwald. Su hija, que tenía los medios para haberle librado de la muerte, nada hizo..</p>
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<figure style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="kalooga_15255" src="http://www.publico.es/files/article_main//files/crop/uploads/2016/08/23/57bc077148d81.r_1471943161757.0-11-886-467.jpg" alt="Joseph y Magda Goebbels, en una foto de famlia con sus hijos." width="660" height="340" /><figcaption class="wp-caption-text">Joseph y Magda Goebbels, en una foto de famlia con sus hijos.</figcaption></figure>
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<p id="m1078-1-1079" class="agency">MADRID.- El padre de Magda Goebbels, la esposa del ministro nazi de Propaganda Joseph Goebbels, y considerada como la madre ejemplar del régimen de Adolf Hitler era judío, según un nuevo documento descubierto entre los archivos de Berlín por el historiador Oliver Hilmes y que ha publicado el <a href="http://www.bild.de/bild-plus/politik/inland/joseph-goebbels/war-magda-goebbels-juedin-47403164,var=a,view=conversionToLogin.bild.html" target="_blank" rel="noopener">diario alemán <i>Bild</i></a>. El padre biológico de Magda Goebbels, nacida en 1901, era un comerciante judío que se llamaba Richard Friedlander, que murió en 1939 tras haber entrado en el campo de concentración de Buchenwald</p>
<p>Su padre biológico se casó con su madre en 1908, nueve años después de haber iniciado su relación en Berlín y de la que probablemente nació en Magda.  La esposa del fanático ministro de Propaganda del Führer fue registrada con los nombres de Johanna Maria Magdalena y con el apellido de su madre soltera, Behrendt. Esta circunstancia no extrañó a nadie pero cuando su madre se volvió a casar ese mismo año con el industrial alemán Oskar Ritschel, la pequeña siguió conservando el apellido materno porque su padre político se negó a adoptarla. Solo estuvieron casados cuatro años, hasta 1905, cuando se divorciaron.</p>
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<p id="m1042-2-1043">Sin embargo, ahora, gracias un descubrimiento casual del historiador Oliver Hilmes en los archivos de Berlín, ha revelado que el padre de la esposa de uno de los jerarcas nazis más importantes del Tercer Reich, era judío. La tarjeta de residencia de Friedlander, el documento encontrado en los archivos, indica que Magda es su hija biológica.</p>
<p>Friedlander fue arrestado en Bruselas y enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde murió en 1938. Su hija, que tenía los medios para haberle librado de la muerte, no hizo nada por intentar ayudarle.</p>
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<figure style="width: 355px" class="wp-caption alignleft"><a class="expand" href="http://www.publico.es/uploads/2016/08/23/57bc0f1831897.jpg" data-lightbox="m1047-3-1048" data-title="Adolf Hiler con el matrimonio Goebbels en un acto oficial."><img loading="lazy" class="" src="http://www.publico.es/files/article_vertical/uploads/2016/08/23/57bc0f1831897.jpg" alt="Adolf Hiler con el matrimonio Goebbels en un acto oficial." width="355" height="443" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Adolf Hiler con el matrimonio Goebbels en un acto oficial.</figcaption></figure>
<p class="agency">Durante años, la prensa alemana sospechó que la que se convirtió en esposa de Joseph Goebbels había escondido toda su vida un secreto. Hace 15 años, la revista <i>Der Spiegel</i> alimentó los rumores y señaló que por las venas de la mujer que, en sus días de esplendor, fue bautizada como la «madre modelo del Tercer Reich», corría sangre judía.</p>
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<p id="m1053-4-1054">El secreto de Magda fue mencionado por su esposo en sus diarios. En junio de 1934 Joseph Goebbels escribía en su diario: «He descubierto algo terrible del pasado de Magda», y unas lineas más adelante señala que ese hallazgo les «separara internamente»</p>
<p>Antes que con Goebbels, Magda estuvo casada con Herbert Quandt, uno de los industriales más poderosos de Alemania y cuya familia se enriqueció cuando Hitler llegó al poder. La pareja tuvo un hijo, Harald.</p>
<p>La familia Goebbels fue durante años un símbolo de «la familia aria ideal» para la propaganda nazi. En los últimos días del régimen nazi, en el bunquer de Hitler en Berlín, Magda envenenó a sus seis hijos, perqueños. Luego, la parejá se suicidó, al día siguiente de que Adolf Hitler acabara con su vida.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://www.publico.es/sociedad/mujer-del-ministro-propaganda-hitler.html">Público.es</a></strong></p>
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