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	<title>grandes corporaciones &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Guardianes de la privacidad digital a sueldo de Silicon Valley</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Dec 2018 02:30:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia - Técnica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Financiados hasta el cuello por Silicon Valley, poco importaba que estos grupos simpatizaran con el Partido Demócrata o con la red de grupos de presión del Koch republicano. Todos defendían pequeñas variaciones  sobre la vieja estrategia retórica empresarial para poner a la gente en contra de la regulación estatal de los poderosos intereses corporativos, invocando al espectro del autoritarismo del Gran Hermano.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/12/29/guardianes-de-la-privacidad-digital-a-sueldo-de-silicon-valley/">Guardianes de la privacidad digital a sueldo de Silicon Valley</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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<div class="col-md-12 articulo-cabecera title page-title">
<div class="subtitulo">La Electronic Frontier Foundation (EFF) y otras organizaciones que aparentan defender al usuario de la red apoyan en realidad el poder de las grandes corporaciones de internet frente al Estado</div>
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<div class="apertura_articulo">
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<figure style="width: 762px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" src="https://ctxt.es/images/cache/800x540/nocrop/images%7Ccms-image-000017559.jpg" alt="&lt;p&gt;Big Data&lt;/p&gt;" width="762" height="540" /><figcaption class="wp-caption-text">Big Data La boca del logo</figcaption></figure>
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<div class="fecha1">26 de Diciembre de 2018</div>
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<div class="texto">
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<p>Sin embargo, después de observar detenidamente la situación, advertí que no se trataba de una protesta contra Apple sino de una convocatoria de ferviente apoyo a una línea de producto de la compañía. Uno de los manifestantes portaba un gran cartel rojo en el que aparecía dibujado un iPhone gigante y un eslogan muy directo: “los móviles seguros salvan vidas”.</p>
<p>Pero, ¿qué clase de concentración era esa? ¿Alguna <em>performance</em> artística con alto contenido político? Parecía una parodia. Pero no tardé en darme cuenta de que se trataba de una de esas <em>flash mobs</em> de las que tanto se hablaba en internet, organizada en apoyo a la lucha de Apple contra el Federal Bureau of Investigation. Para aquellos  manifestantes el tema de los iPhones salvando vidas era un asunto serio, pero que muy en serio.</p>
<p>Lo más curioso es que aquella concentración en concreto se había convocado como reacción a un crimen cometido en la otra punta del país en diciembre de 2015. Un pareja del sur de California se había conocido en internet y estrechado lazos en torno a sus sueños compartidos de <em>yihad</em>, llenaron su todoterreno de metralletas, pistolas y rifles y perpetraron un ataque terrorista en una anodina agencia de servicios sociales sin ánimo de lucro de la ciudad desierta de San Bernardino. Fue un crimen espantoso: catorce muertos y veintidós heridos antes de que resultaran ellos dos también abatidos. Al FBI le preocupaba que tuvieran colaboradores y pidieron a Apple que desbloqueara el iPhone de uno de los terroristas. La compañía se negó a pesar de estar capacitada para hacerlo. El director general de Apple, Tim Cook, decidió convertir este enfrentamiento menor con las autoridades en un asunto de relaciones públicas de primer orden,  un drama de alto riesgo con Apple en el papel del héroe y defensor del pueblo, que pone su elegante cuerpo (diseñado en California, montado en China) y el alma para frenar a la odiosa maquinaria de vigilancia del Gobierno americano. Silicon Valley y las grandes empresas –incluyendo Google, Facebook, Amazon, AT&amp;T, eBay e Intel– se pusieron del lado de Apple y contra el Departamento de Justicia en los tribunales.</p>
<p><strong>Reclamo telefónico</strong></p>
<p>La Electronic Frontier Foundation (EFF), y otros grupos de defensa de los derechos civiles, como Fight for the Future, también respaldaron a Apple. Durante meses, los mayores defensores de la privacidad en internet pusieron en marcha una frenética campaña <em>online</em> en defensa del derecho de Apple a desafiar al FBI. Escuchando sus argumentos, pudiera parecer que permitir el acceso del FBI a un solo iPhone supondría el fin de la privacidad y la libertad en el conjunto de internet: su argumento se basaba en que no solo se trataba de una lucha para proteger la patente de <em>software</em> de Apple sino que era una cuestión de las venerables libertades de la Primera Enmienda. Los Appleniks estaban empeñados en proteger los santuarios de la libertad de pensamiento en internet de la vigilancia y el control del Estado.</p>
<p>EFF y otros grupos convocaron a las masas frente a las tiendas de Apple de todo el país. Sin embargo, y a juzgar por el escaso poder de convocatoria, a los neoyorquinos les daba bastante igual esta cuestión.</p>
<p>Me quedé un rato mirando cómo los manifestantes pataleaban y se aferraban a sus carteles pro Apple empapados. Luego me fui y la verdad es que no tardé en olvidar por completo lo ocurrido.</p>
<p>¿Qué me hizo recordar una escena tan deprimente? La posición de EFF ante el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook.</p>
<p><strong>Actualización de estado</strong></p>
<p>En marzo, tras una serie de revelaciones, el mundo supo que Cambridge Analytica –fundada por Robert Mercer, uno de los muchos multimillonarios furibundos defensores de Donald Trump–, y su panda de turbios analistas británicos de datos electorales, se había aprovechado del alcance y de los mecanismos de vigilancia de la plataforma Facebook para la captación de datos privados de mas de 87 millones de personas, y había utilizado la información para elaborar sofisticados perfiles psicológicos de los votantes americanos.</p>
<blockquote><p>los grupos que generalmente logran hacer más ruido en torno a cuestiones relacionadas con los derechos y la privacidad digital estaban callaron ante el escándalo de Cambridge Analytica</p></blockquote>
<p>Los líderes del <em>establishment</em> político americano, ávidos de culpar de la victoria de Trump a cualquiera menos a sí mismos, se aprovecharon rápidamente de la noticia. La pasada primavera, Cambridge Analytica se convirtió en la explicación en boga del cómo y el por qué América había perdido el rumbo. Y en medio de todo el escándalo, estaba el mismísimo Facebook. Finalmente, se hizo público que la compañía había permitido a Cambridge Analytica, y a un sinfín de turbias compañías digitales, recopilar para sus propios fines datos personales de los usuarios. Así, también Facebook contribuía  al secuestro de la democracia por parte de Trump y de Rusia.</p>
<p>De pronto, todo el mundo supo que el negocio multimillonario de Facebook depende de su capacidad de espiar y de trazar los perfiles de cada uno de sus 2.200 millones de usuarios, y parecía atisbarse la toma de conciencia de que internet es en sí mismo una poderosa maquinaria cuyo motor son la vigilancia y la influencia con fines lucrativos. “<a href="https://www.nytimes.com/2018/03/19/opinion/facebook-cambridge-analytica.html" target="_blank" rel="noopener">La maquinaria de vigilancia de Facebook</a>”, así de directo era el titular de un artículo de opinión en <em>New York Times</em> que se movió mucho en twitter y que detallaba cómo la compañía elabora los perfiles de los usuarios y alquila sus bases de datos a los anunciantes y para las campañas políticas. La indignación que suscitó la noticia sacó finalmente al multimillonario Mark Zuckerberg de su cueva en Silicon Valley y lo obligó a sudar en la palestra, con la prueba del delito en mano, mientras una comisión conjunta del Senado lo freía a preguntas.</p>
<p><strong>Una paliza a la libertad</strong></p>
<p>La imagen de un Zuckerberg inquieto y tenso en la TV nacional dio esperanzas a muchos de que, por fin, EE.UU. estaba a punto de lograr poner en marcha alguna medida significativa para controlar y regular el modelo de vigilancia de Silicon Valley. Quizá, estuviera a punto de organizarse un movimiento político a escala nacional en torno a esta cuestión tan relevante. Pero, a medida que pasaban los meses y se disipaba la indignación y perdía fuelle el movimiento contra Facebook, la gente empezaba a mirar a su alrededor y a preguntarse por lo sucedido. Una cosa estaba clara: los grupos que generalmente logran hacer más ruido y organizarse más eficazmente en torno a cuestiones relacionadas con los derechos y la privacidad digital estaban extrañamente callados ante el escándalo de Facebook.</p>
<p>A simple vista, este escándalo era una oportunidad de oro para EFF y sus aliados. De hecho, EFF podría haber liderado perfectamente la protesta. Y sin embargo, no había ni rastro de ellos. El silencio por parte de estos grupos era ensordecedor e incluso empezaban a cuestionarse desde dentro sus motivos.</p>
<p><strong>Comprar el silencio</strong></p>
<p>Una posible explicación, comentaba Glaser, un periodista de la revista <em>Slate</em> y anterior trabajador de EFF, era que la mayor parte de estos grupos dependían de la financiación precisamente de las mismas empresas a las que debían criticar. A lo largo de los últimos años, EFF ha obtenido enormes cantidades de dinero de Google y Facebook a través de donaciones directas o de controvertidos desembolsos que para muchos son aportaciones bajo el radar. Vamos, que la fundación del cofundador de Google, Sergey Brin, había dado por lo menos 1,2 millones de dólares a EFF.</p>
<blockquote><p>a los señores de internet poco les importa la privacidad de los usuarios, lo que quieren conservar es su propia licencia comercial contra cualquier amenaza de regulación estatal</p></blockquote>
<p>Pero la razón detrás del silencio de EFF en este asunto es aún más profunda: tiene que ver con el modelo de negocio que supone internet, que desde el principio ha considerado que la censura estatal era una amenaza constante para la privacidad de los usuarios en lugar de optar por esmerarse en proteger a los usuarios y sus datos de la intrusión y la explotación comercial desmedidas. Pero, sencillamente, a los señores de internet poco les importa la privacidad de los usuarios, lo que quieren conservar en último término es su propia licencia comercial contra cualquier amenaza de regulación estatal.</p>
<p>No obstante, EFF y el <em>lobby</em> de la defensa de la autorregulación de la privacidad en la industria informática han logrado construirse excelentes perfiles como defensores fundamentales de las libertades individuales y de la soberanía de los usuarios en la red.  En concreto, EFF ha reunido un archivo impresionante de notas de prensa y éxitos televisivos que refuerzan su imagen de perros guardianes de la conciencia cívica tecnológica que agitan conciencias en pro del interés público.</p>
<p>Pero, lo cierto es que EFF es un frente corporativo. Es el <em>lobby</em> empresarial de internet más antiguo e influyente, una organización que ha jugado un papel fundamental a la hora de configurar la dimensión comercial de internet tal y como la conocemos hoy, y tal y como la odiamos cada vez más. ¿El internet de mierda que habitamos hoy? ¿Ese sistema dominado por monopolios gigantes, impulsados por la vigilancia y la influencia con ánimo de lucro, carente de toda supervisión democrática? EFF es el responsable directo de su existencia.</p>
<p><strong>Ciber-lobbying</strong></p>
<p>La idea de EFF surge en 1990 por parte de dos millonarios: el magnate del <em>software</em> Mitch Kapor y John Perry Barlow, compostior de <em>Grateful Dead</em> y heredero de un rancho en Wyoming. Barlow, que murió a principios de este año, es más conocido hoy en día por la Declaración de Independencia del Ciberespacio, una diatriba muy celebrada aunque difícilmente comprensible, contra los males de la influencia estatal en internet, y que escribió desde su portátil de Apple en algún hotel fino de Davos.</p>
<p>Kapor y Barlow se conocieron en un tablón de mensajes en línea dirigida por el <em>hippy</em> de culto Steward Brand, autor de <em>Whole Earth Catalogfame</em>. Los dos intercambiaban historias sobre la caza de brujas por parte del Estado y sus investigaciones chapuceras a actividades perfectamente normales en el ciberespacio –cosas como <em>hackear</em> ordenadores y poner en circulación códigos de fuente robados. Los cibervisionarios como ellos tenían que compartir sus recursos y encabezar la cruzada para evitar que los federales se metieran en la nueva frontera maravillosa hacia la libertad llamada internet.</p>
<p>¿Ahora bien, a qué se dedicaba realmente EFF? En un primer momento, defendía del FBI a un puñado de <em>hackers</em> y <em>phreakers</em> en los tribunales, pero su principal función, como parece indicar su listado de patrocinadores corporativos VIP, fue establecerse como influyente oficina de información para el incipiente hatajo de poderosos proveedores de servicios en internet. O,  en palabras de John Perry Barlow, para “Diseñar la red futura”.</p>
<p><strong>Privatización pirata</strong></p>
<p>Los años noventa fueron muy ajetreados en materia de ISP (Proveedor de Servicios de Internet). La idea de internet surgió de un proyecto del Pentágono en los años sesenta basado en el desarrollo de tecnología informática y de trabajo en red para contribuir a la eficacia de la gestión de la presencia del Ejército a escala global. Tuvo un éxito rotundo, y a finales de los años setenta, la tecnología en red ya estaba siendo incorporada a los sistemas de comunicación militares y operativos de inteligencia. En los años ochenta, la National Science Foundation tenía la labor de extender a la población civil esta tecnología en red. El proyecto de dicha agencia era muy sencillo: financió una red de ámbito nacional y alta velocidad que conectaba universidades, <em>think tanks</em> y contratistas militares, subvencionó el proyecto hasta que se hizo comercialmente viable, para después lanzar al sector privado la infraestructura financiada con fondos públicos. Este proceso de privatización forzosa, sin que se produjera ningún tipo de debate público fuera de la industria de telecomunicaciones, generó la creación de un puñado de proveedores de servicios de internet incipientes y sentó las bases de la infraestructura física del internet que utilizamos hoy.</p>
<p>EFF participó en este proceso desde el principio, presionando al Gobierno federal para asegurarse de que una vez iniciado el proceso de privatización, el Gobierno se mantuviera al margen.</p>
<p><strong>La digitalización del <em>astroturfing</em></strong></p>
<p>Cuando los años noventa llegaban a su fin, la industria ISP privatizada y desregulada que EFF había contribuido a crear –y que EFF había contribuido a perfilar como un sistema libre y de ciber igualdad– se había convertido en la fusión de varios conglomerados gigantes de telecomunicaciones que formarían la base del monopolio de la industria de servicios de internet. Al mismo tiempo, crecía una nueva cosecha de compañías, las plataformas gigantes de nueva generación como Google y Facebook.</p>
<p>Estas nuevas compañías representaban un nuevo tipo de negocio. No obtenían sus beneficios cobrando por sus servicios. Sus plataformas eran gratuitas, y ofrecían una serie de herramientas que permitían la comunicación y la creación de contenidos: correo electrónico, búsquedas, aplicaciones de video y fotografía, procesadores de texto y sistemas de ofimática y de redes sociales. Mientras la gente disfrutaba de sus plataformas gratuitas, estas compañías absorbían cada dato personal que la gente iba dejando por ahí, y extraían toda la información que podían para intentar predecir su conducta y generar publicidad dirigida.</p>
<p><strong>Búsqueda y destrucción</strong></p>
<p>Las compañías como Google y Facebook han obtenido beneficios a partir de nuestras búsquedas en internet, del tiempo que invertimos compartiendo y leyendo artículos y de nuestras publicaciones y fotografías en nuestros perfiles, o los videos caseros y Hollywood <em>blockbusters</em> que hemos visto. Estas compañías dependen  de todo este contenido, pero no son creadores de contenido alguno. De hecho, sin el trabajo de otros –el trabajo cultural colectivo de generaciones y generaciones de “creadores de contenidos” que aglutinan películas, libros, fotos y temas musicales que constituyen el grueso del material que la gente comparte y lee en internet– su negocio no existiría. No habría nada que buscar ni ver.</p>
<p>Estas compañías se asemejan a la solitaria –son parásitos digitales que hincan su gancho en nuestras redes de distribución cultural y se apropian del valor de manera inmediata, sin devolver nada a los productores culturales. Y de igual manera que estas nuevas plataformas se asfixiarían sin la producción creativa de otros, tampoco podrían obtener beneficio alguno sin una campaña de vigilancia masiva sobre sus propios usuarios. Naturalmente, a medida que estas compañías iban creciendo y madurando, se fueron cerniendo sobre ellas dos grandes amenazas: el <em>copyright</em> y la privacidad. Para combatirlas, Silicon Valley puso en marcha una poderosa maquinaria de presión y de relaciones públicas.</p>
<blockquote><p>en aquel entonces parecía que Google estuviera desafiando las leyes básicas de la economía ofreciendo cosas gratis como si tal cosa</p></blockquote>
<p>Google llevaba la delantera. En términos de dinero contante y sonante, el departamento de presión, dirigido por Susan Molinari, anterior diputada del partido Republicano por Nueva York,  ha superado incluso a las corporaciones más manirrotas.</p>
<p>Sin embargo, la partida de gastos en presión que declara Google no es más que un pequeño fragmento del cuadro general. La compañía se ha convertido en toda una maestra de la influencia en diversos ámbitos,  contratando a personas clave tanto del partido Republicano como del Demócrata, financiando a académicos, economistas, periodistas, <em>bloggeros</em>, instituciones privadas y una amplia gama de instituciones sin ánimo de lucro políticamente conectadas. EFF, New American Foundation, la Brookings Institution, Clinton Foundation, Public Knowledge, la National Hispanic Media Coalition, y Reporteros sin Fronteras son tan solo unos pocos ejemplos entre decenas de grupos que han obtenido dinero de Google. La compañía también se enganchó con las redes de influencia libertarias de extrema derecha organizadas por Charles Koch, petro multimillonario y copropietario de las industrias Koch, y apoyó al Cato Institute y al Competitive Enterprise Institute, un grupo de propaganda de Koch que se ha pasado las últimas tres décadas librando la batalla contra la ciencia del cambio climático y promoviendo las empresas petrolíferas y tabacaleras.</p>
<p>EFF se fue convirtiendo en un socio fundamental a medida que Google y otras compañías de Silicon Valley empezaron a utilizar su riqueza y su poder para influir en las medidas legislativas y en el debate público.</p>
<p><strong>Privacidad frente a la vigilancia Estado</strong></p>
<p>Google ya era un buscador de primera línea antes de que lanzara Gmail, el servicio de correo electrónico que ofrecía con un gigabyte de espacio de almacenamiento gratuito.  Aunque hoy nos pueda sonar absurdo, en aquel entonces parecía que Google estuviera desafiando las leyes básicas de la economía ofreciendo cosas gratis como si tal cosa. Para quienes son verdaderos creyentes del credo ciberutópico, parecía la prueba evidente de que internet estaba reconfigurando el concepto de negocio y las formas de obtener beneficios. Parecía una cuestión de magia.</p>
<p>Google obtuvo algo aún más precioso a cambio de todo el espacio de almacenamiento online: obtuvo el permiso para espiar y analizar los contenidos de nuestro correo electrónico y, en último término, la capacidad de vincular esa información personal a nuestro historial de búsquedas en internet y a nuestros hábitos de navegación para vincularlas a nuestra identidad en el mundo real.</p>
<p>Naturalmente, a un buen número de personas esto les puso los pelos de punta. Pocos días después de que Gmail cobrara vida, una coalición de grupos defensores de las libertades y derechos colectivos envió una carta a los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, para pedirles que retuvieran la puesta en marcha del servicio hasta que no se despejaran y solucionaran las cuestiones relativas a la privacidad. Un total de treinta y una organizaciones firmaron esta carta. EFF no estaba entre ellas. Por lo menos, en un primer momento.</p>
<p>A medida que aumentaba el escándalo, EFF mantenía una postura impasible, se esforzaba por aplacar los ánimos y alababa la sensibilidad de Google hacia las críticas. Sin embargo, la bola crecía y crecía. Unas semanas más tarde del lanzamiento oficial de Gmail, la senadora del Estado de California, Liz Figueroa, en cuyo estado predominaba el relato de Silicon Valley, presentó un anteproyecto de ley dirigido fundamentalmente a limitar el emergente negocio publicitario basado en la capacidad de vigilancia.  De haberse aprobado, se habría prohibido que los proveedores de servicios de correo electrónico como Google pudieran leer, o dicho en otras palabras, analizar los mensajes de los usuarios para incluir publicidad dirigida salvo que todas las partes implicadas en la conversación dieran su consentimiento. Un requisito harto difícil, que habría impedido el desarrollo de ese nicho de negocio. Consciente de los peligros que esta iniciativa entrañaba para sus intereses, Google hizo lo que hubiera hecho en nuestro sistema político cualquier otra gran compañía que estuviera en el punto de mira de una cruzada reguladora: montó una ruin contraofensiva de relaciones públicas. La compañía reunió a una serie de grupos de presión para que influyeran en el mensaje a los medios para así presionar a Figureroa. Y es en este punto cuando EFF mostró su verdadera cara e inició una campaña de desprestigio a Figueroa, a la vez que respaldaba la opinión de que lo que hacía falta era poner en marcha iniciativas que restringieran la capacidad de vigilancia del Estado. Es decir, para EFF la vigilancia corporativa no suponía problema alguno; las compañías como Google son nuestras amigas y protectoras. El malo de la película era el Estado. Tomen nota.</p>
<p><strong>Persiguiendo el objetivo</strong></p>
<p>Un año antes de que EFF se mojara para proteger el negocio de vigilancia de Google, organizó una honorable campaña legal y de relaciones públicas contra la Patriot Act del presidente George W. Bush. EFF señaló acertadamente que la ley constituía una amenaza contra las libertades civiles y criticó con acierto las iniciativas de vigilancia de internet estatales como consecuencia de los atentados terroristas del 11 de septiembre, tales como el plan Total Information Awareness, una tecnología policial predictiva desarrollada en la Defense Advanced Research Projects Agency del Pentágono, que después pasaría a manos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), entre otras. A EFF le preocupaba que estas tecnologías permitieran al Gobierno convertir internet en una maquinaria de vigilancia y recopilar dosieres de millones de norteamericanos con una facilidad sin precedentes, una vez más, una fuente de preocupación plenamente justificada, como han puesto de manifiesto las numerosas filtraciones de la NSA.</p>
<blockquote><p>Google obtuvo algo más precioso a cambio de todo el espacio de almacenamiento online: el permiso para espiar y analizar los contenidos de nuestro correo electrónico</p></blockquote>
<p>Sin embargo, EFF adoptó una posición totalmente distinta al tratarse de Google y la vigilancia privada. Según esta organización, la vigilancia corporativa y la vigilancia estatal eran asuntos totalmente distintos. Sin embargo, esa distinción no resultaba tan evidente para el común de los usuarios. Google reunía datos y elaboraba perfiles predictivos de sus usuarios para poderles vender productos de una forma más eficaz. Para ello, la compañía absorbía el rastro de cada dato que dejaran los usuarios en sus plataformas. Los diversos programas de vigilancia de NSA, incluyendo el de Total Information Awareness, hacían lo propio si bien ostensiblemente para encontrar y detener a los malos que odian a EE.UU. Los objetivos eran distintos, pero los datos y la tecnología que manejaban eran más o menos los mismos.  Y, en cualquier caso, NSA dependía de compañías como Google para elaborar servicios y atraer a los usuarios para poder crear y dirigir la infraestructura de información que permitiera a este organismo obtener la información.</p>
<p>Mientras tanto, en la esfera pública la posición de EFF salió victoriosa y logró desplazar la preocupación por la vigilancia privada, y sustituirla por una proclamación utópica sobre cómo Google y Big Data podrían cambiar el mundo a mejor. La privacidad pasaría a significar “privacidad a salvo de la vigilancia del Estado”. Pero, ¿y las corporaciones? Se presuponía que las corporaciones tenían buenas intenciones o, en el peor de los casos, que eran neutras. Las corporaciones como Google no se dedicaban a espiar sino a “recoger datos” que luego “personalizaban”.</p>
<p><strong>Un lavado de cara</strong></p>
<p>A partir de entonces, EFF repitió esta misma estrategia de relaciones públicas en cada batalla legislativa, centrándose únicamente en la vigilancia por parte del Estado, y redirigiendo las inquietudes de la gente hacia un escenario de conflicto que no supusiera ninguna amenaza para la apropiación de datos y dólares por parte de Silicon Valley.</p>
<p>Esta estrategia se puso totalmente de manifiesto después de las filtraciones de NSA de Edward Snowden, que mostraron hasta qué punto los gigantes de Silicon Valley como Google, Facebook, Apple y Microsoft habían convertido intencionadamente sus plataformas y servicios en canales de alimentación de datos para los espías estatales. ¿Cómo reaccionó EFF a esto? Obviando por completo la cuestión del espionaje corporativo y restringiendo su foco de atención  a la vigilancia estatal. Obviamente, EFF no fue el único en cambiar de rumbo. Otros grupos, incluyendo respetables organizaciones de sesgo izquierdista, acabaron repitiendo como papagayos el mismo relato y adoptando enfoques libertarios proempresariales: la esfera privada es buena; la estatal, mala.</p>
<blockquote><p>El verdadero enemigo era el Estado, y sus acciones sólo podrían frenarse con poderosas herramientas de encriptación, herramientas que solo podrían elaborar y proveer compañías como Google</p></blockquote>
<p>¿Pero cuáles eran las verdaderas intenciones de Reset the Net? Pues poca cosa. No exigían poner límites legales al mandato de vigilancia de NSA, tampoco elegir a políticos que pusieran límites a la red de captura digital de Estados Unidos. A los organizadores no les interesaba particularmente perseguir a políticos o a movimientos sociales, ni tenían nada malo que decir sobre las prácticas empresariales de vigilancia con fines lucrativos de Silicon Valley. El verdadero enemigo era el Estado, y sus acciones sólo podrían frenarse con poderosas herramientas de encriptación, herramientas que solo podrían elaborar y proveer compañías como Google. “En la actualidad, como parte de Reset the Net, decenas de miles de usuarios de internet y las mayores compañías de internet se han unido para proteger a miles de millones de personas… Reset the Net exige que los servicios de la web tomen medidas concretas para proteger a sus usuarios del fisgoneo estatal, a la vez que animan a los usuarios habituales de internet a adoptar herramientas de privacidad libres y <em>open source</em>”, declaraba una nota de prensa de Fight for the Future. Otras industrias como las compañías de telefonía AT&amp;T y Verizon no merecían confianza. Silicon Valley era nuestro amigo, el garante último de nuestra privacidad. “No te fíes de las compañías de telefonía. Compra tu Android directamente en Google”, advertía el grupo. Obvio, confía en Android, un teléfono diseñado por Google que permite el grado máximo de vigilancia.</p>
<p>¿Activistas defensores del derecho a la privacidad pero que trabajaban para Silicon Valley para combatir la vigilancia estatal? Algo digno de verse. Algo así como ver a manifestantes antimilitaristas mano a mano con ejecutivos de Lockheed Martin contra la defensa de los misiles del Pentágono.</p>
<p>Tales contradicciones no pasaban del todo desapercibidas entre los defensores de la privacidad de Silicon Valley. La vigilancia por parte de Silicon Valley plantea problemas para la privacidad de los usuarios, ¿cómo no? Sin embargo, suelen insistir en que la prioridad de primer orden es frenar la vigilancia estatal. “No voy a rebatir en absoluto el hecho de que las corporaciones tengan una serie de prácticas horribles que violan el derecho a la privacidad. En la actualidad, se está produciendo una especie de frente popular contra la vigilancia  estatal, pero no tenemos ninguna posibilidad de limitarla sin el apoyo de un flanco importante de compañías”, como me explicó en una ocasión David Segal, director de Demand Progress, una organización izquierdista que había obtenido financiación de Google y que pertenecía a Reset the Net. “Estamos muy preocupados por el carácter efímero de este interés por la vigilancia [estatal] y queremos explotarlo mientras podamos”.</p>
<p><strong>Alarmismo postideológico</strong></p>
<p>Financiados hasta el cuello por Silicon Valley, poco importaba que estos grupos simpatizaran con el Partido Demócrata o con la red de grupos de presión del Koch republicano. Todos defendían pequeñas variaciones  sobre la vieja estrategia retórica empresarial para poner a la gente en contra de la regulación estatal de los poderosos intereses corporativos, invocando al espectro del autoritarismo del Gran Hermano.</p>
<p>Y, a pesar de sus pedigrís ideológicos opuestos, la sintonía entre sus mensajes era verdaderamente sorprendente. “No nos estamos refiriendo a China o a Irán. Nos referimos a una legislación de lista negra que se debatirá esta semana en la Cámara de Representantes de EE.UU.”, advertía un comunicado de EFF que tildaba a SOPA y PIPA de “censores”, encantados sin duda de hacerse eco de la retórica sobre este tema de Sergey Brin, el principal donante de EFF. Para el CEI los billetes representaban “un enorme poder de influencia estatal” que otorgaba a los burócratas un nivel de poder aterrador para ejercer la censura en internet “sin juicio ni audiencia previa”. Demand Progress definía a SOPA como la “legislación de la censura en internet” capaz de “destruir lo mejor de internet” y “meter a la gente en la cárcel por poner determinados contenidos en <em>streaming</em>”.</p>
<p><strong>Desprogramación de culto</strong></p>
<p>Han pasado dos meses desde que saliera a la luz el escándalo de la vigilancia de Facebook. EFF dice que está investigando el caso de Facebook, pero más bien parece que ha dejado atrás el asunto, o más bien que ha retomado su posición de siempre, emitiendo una batería de comunicados que plantean nuevas alarmas sobre la recogida de datos por parte del Estado y a favor de la encriptación.</p>
<blockquote><p>El hecho de que EFF haya podido mantener su éxito durante tanto tiempo demuestra el inmenso poder que Silicon Valley ejerce sobre nuestra cultura política</p></blockquote>
<p>Y esto, me lleva a recordar a la anterior empleada de EFF, April Glaser. En su llamamiento a EFF y otros grupos similares a liderar la apuesta por la regulación de la vigilancia corporativa, admitía que el espionaje proveniente de entes privados nunca había supuesto un problema para su grupo. “Una posible explicación es que los defensores de la privacidad se hayan centrado en la vigilancia por parte del Estado y no en la vigilancia corporativa. Posiblemente, esto tenga que ver con los principios fundacionales detrás de un montón de iniciativas de defensa de internet, que tiene sus orígenes en filosofías libertarias y anti regulacionistas”, escribió en una ocasión. “Como resultado de ello, muchas de las quejas por parte de los defensores de la privacidad a lo largo de estos años se han centrado en cómo la vigilancia estatal es perjudicial para nuestros derechos constitucionales y menos en los aspectos negativos para nuestras comunidades”.</p>
<p><strong>Lobbying 2.0 ¡a promoción de las corporaciones, pero esta vez en internet!</strong></p>
<p>Lo increíble es que para Glaser esto suponía una sorpresa. Imagínense que alguien que trabaja para Cato Institute o FreedomWorks a para el American Enterprise Institute se lamente de que la organización no está haciendo nada para contribuir a la regulación del imperio petroquímico de la familia Koch. O imaginemos a algún miembro de un grupo de presión del difunto Tobacco Institute llevándose las manos a la cabeza ante la revelación de que la organización defendiera el derecho de R. J. Reynolds a dirigir los anuncios de Camel a la población infantil. ¿Presiones corporativas dentro de un grupo de presión? ¿Quién sabe?</p>
<p>Pero eso es precisamente EFF: un grupo líder corporativo de Silicon Valley, que no difiere de los demás. Únicamente se distingue por su éxito a la hora de posicionarse  como defensor del pueblo –el éxito ha sido tal, que incluso sus trabajadores se lo creen. El hecho de que EFF haya podido mantener su éxito durante tanto tiempo demuestra el inmenso poder que Silicon Valley ejerce sobre nuestra cultura política. Si pensamos en la tecnología y en internet, no hay ni izquierda ni derecha. Solo hay Facebook y Google.</p>
<p>&#8211; Este artículo se publicó en inglés en <a href="https://thebaffler.com/salvos/all-effd-up-levine" target="_blank" rel="noopener">The Baffler</a></p>
<p>Traducción de <strong>Olga Abasolo</strong></p>
<p>*Fuente para <strong><em>piensaChile</em></strong>: <strong><a href="https://ctxt.es/es/20181226/Politica/23443/electronic-frontier-foundation-google-privacidad-big-data-the-baffler.htm">CTXT</a></strong></p>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/12/29/guardianes-de-la-privacidad-digital-a-sueldo-de-silicon-valley/">Guardianes de la privacidad digital a sueldo de Silicon Valley</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Joseph Stiglitz: “El poder del mercado es abuso de poder”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Nov 2018 02:30:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cesantia]]></category>
		<category><![CDATA[china]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[globalización]]></category>
		<category><![CDATA[grandes corporaciones]]></category>
		<category><![CDATA[pobreza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"[...]si realmente tuviéramos libre comercio, sería muy sencillo. Se eliminan todas las barreras al comercio, los aranceles, los subsidios. Si se tratara de eso, los acuerdos serían muy cortos. En las recientes negociaciones para revisar el NAFTA, se eliminó directamente la expresión “libre comercio”. Al menos en eso Trump ha sido honesto: este asunto tiene que ver con todo menos con el libre comercio. Por fin reconocen que estamos ante un comercio dirigido para favorecer ciertos intereses particulares. "</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/11/17/joseph-stiglitz-el-poder-del-mercado-es-abuso-de-poder/">Joseph Stiglitz: “El poder del mercado es abuso de poder”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="apertura_articulo">
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<figure style="width: 673px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" style="margin: 0px auto; padding: 0px; background-position: left top; background-repeat: no-repeat; box-sizing: content-box; display: table; border: 0px;" src="https://ctxt.es/images/cache/800x540/nocrop/images%7Ccms-image-000017247.jpg" alt="&lt;p&gt;Joseph Stiglitz. &lt;/p&gt;" width="673" height="457" /><figcaption class="wp-caption-text">Joseph Stiglitz.</figcaption></figure>
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<p>NUEVA YORK | 15 DE NOVIEMBRE DE 2018</p>
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<div class="texto">
<form action="https://www.paypal.com/cgi-bin/webscr" method="post" target="_top">El mundo parece decidido a dejar a Joseph Stiglitz en fuera de juego. Después de asesorar al gobierno de Bill Clinton y liderar el Banco Mundial a mediados y finales de los años noventa, y de ganar un Premio Nobel en 2001, el economista de la Universidad de Columbia pasó a ser uno de los críticos más agudos tanto del abandono de la clase trabajadora por parte del Partido Demócrata como –de manera clave– de las desigualdades y desequilibrios de poder originados por la globalización en los países del Sur. En estas apareció Donald Trump. Y Stiglitz volvió a estar a la altura de las circunstancias, profundizando y ensanchando si cabe el nivel de su crítica. ¿Cómo es posible que el mismo sistema contra el que había arremetido por dejar de lado a los pobres de África y los campesinos de América Latina alumbrara una monstruosidad política que decía hablar en nombre de los “olvidados” de Estados Unidos? ¿Podía ser América la perdedora de un sistema que creó y se esforzó en imponer? Stiglitz, que ha actualizado su libro más influyente, <em>El Malestar de la globalización</em> para abordar tamañas novedades, recibe a CTXT en su oficina del norte de Manhattan para departir sobre la guerra comercial con China, la insuficiencia de un análisis geopolítico de la globalización que deje de lado cuestiones de clase y la urgencia de la protección social como antídoto al ascenso de reaccionarios y neoproteccionistas.</p>
<p><strong>La</strong><a href="https://ctxt.es/es/20160504/Politica/5944/Stiglitz-europa-euro-desigualdad-banco-mundial-sueno-americano-TTP-TTIP.htm"><strong> </strong><strong>última vez</strong></a><strong> que hablamos, en la primavera de 2016, tenía mucho que decir sobre la crisis de la desigualdad en Estados Unidos, las fallas de la recuperación tras la crisis económica. Sin duda, el gran acontecimiento tras aquella conversación fue el ascenso político de Donald Trump. ¿Cree que este tiene una explicación económica? ¿Cuál es, por así decirlo, el sustrato material en el que echó raíces Trump?</strong></p>
<p>Cualquier cosa tan compleja como Trump no puede explicarse sólo a través de la economía. Pero sí creo que hay un factor económico subyacente, y es la realidad de la que ya hablaba entonces y que ha empeorado desde entonces: a grandes sectores de la sociedad estadounidense, en especial de los hombres estadounidenses, no les ha ido bien últimamente. Por ejemplo, los ingresos medios de los trabajadores hombres a tiempo completo –y quienes trabajan a tiempo completo tienen suerte hoy en día– son más bajos hoy que hace cuarenta y dos años. Los salarios reales de la gente de abajo están al mismo nivel que hace sesenta años. Son estadísticas demoledoras, que reflejan medio siglo de estancamiento para sectores muy amplios del país, mientras que a unos pocos de arriba les ha ido muy, pero que muy bien. Antes prácticamente todos los jóvenes podían esperar vivir mejor que sus padres. Hoy sólo la mitad de los jóvenes puede hacerlo. De modo que, para la mayoría de los estadounidenses, la noción de progreso se ha esfumado.</p>
<blockquote><p>LOS SALARIOS REALES DE LA GENTE DE ABAJO ESTÁN AL MISMO NIVEL QUE HACE SESENTA AÑOS</p></blockquote>
<p>Los niveles de salud, de esperanza de vida, de EE.UU. están decayendo. Y entre los hombres blancos que no tienen que estudios universitarios, el declive es aún más abrupto. Gran parte de esto se debe a lo que Anne Case y Angus Deaton llaman “muertes por desesperación”: suicidios, sobredosis de drogas, alcoholismo. Estos son síntomas extremos de una enfermedad social, y por debajo de todo esto subyace el proceso de desindustrialización que ha dejado abandonado a gran parte de Estados Unidos.</p>
<p>El momento decisivo de esta historia quizá fuera la última crisis financiera, porque supuso el golpe definitivo a la industria. La gente perdió su casa, su empleo. Perdió la esperanza. Y, al mismo tiempo que sucedía esto, el Estado gastó cientos de miles de millones de dólares en rescatar a los banqueros que habían causado el problema. Era inevitable que surgiera el mantra del “el partido está amañado”. Y lo hizo por la izquierda –con el movimiento Occupy Wall Street– y por la derecha, con Trump.</p>
<p><strong>Resulta curioso que triunfe un mensaje que presenta a EE.UU. como el perdedor de la globalización. Como usted mismo señala, Estados Unidos sigue siendo el poder hegemónico mundial, tiene una supremacía militar a escala global sin precedentes y es el único país con poder de veto en el Fondo Monetario Internacional. ¿De verdad es el perdedor de la globalización?</strong></p>
<p>No. Eso es lo que dice Trump, pero Trump es famoso por su enorme ignorancia y no entiende absolutamente nada, exceptuando su intuición sobre los lamentos subyacentes, y cómo jugar con las ansiedades de la gente. De modo que decir “los tratados comerciales son injustos” forma parte de ese echar la culpa a los otros. Yo he visto cómo se negociaban todos esos acuerdos y una cosa está clarísima: los Estados Unidos dictan en esencia los términos de esos acuerdos. Son tratados diseñados por EE.UU.</p>
<p><strong>También conecta el ascenso de Trump con una suerte de retroceso global en la influencia de EE.UU., medida con parámetros tan dispares como el poder blando o el equilibrio de poderes económicos. ¿Es Trump un síntoma del declive imperial estadounidense?</strong></p>
<p>Es posible ver la coyuntura actual como nuestro “momento Tucídides”, aquel en el que Persia entró en declive en relación con Grecia en un momento de gran agitación global, de conflicto. Y hay síntomas de eso que estaban presentes ya con Obama. Sin ir más lejos, el Acuerdo Transpacífico (TPP, en sus siglas en inglés), un tratado comercial urdido para contener el poder de China estuvo francamente mal diseñado. No era un buen acuerdo comercial, ni siquiera desde le punto de vista de EE.UU.</p>
<p>La geoeconomía y la geopolítica nos dicen que China ha pasado de ser un país muy pequeño a tener poder adquisitivo que ya es –en términos reales– mayor que el de Estados Unidos. Pero incluso medido en los parámetros de tipo de cambio habituales, en treinta años su economía será mucho más grande que la de EE.UU. De pronto, la gente se despierta ante una realidad nueva: desde la caída del Muro de Berlín hasta la caída de Lehman Brothers, dominamos el mundo. Y ahora el modelo estadounidense no tiene el brillo ni el dominio que tuvo durante ese largo periodo.</p>
<p><strong>Gran parte de su análisis de la globalización hasta la elección de Trump se centraba en los efectos negativos de esta, en especial en el Sur del planeta y en los países en desarrollo. Y en esto irrumpe Trump quien, según usted “lanza una granada de mano al sistema económico global”. Habrá algunos –incluso entre quienes leen y admiran su trabajo—que digan, “¿y qué tiene eso de malo? Que se hunda un sistema que ha creado tantas injusticias” ¿Qué se les escapa a quienes piensan así?</strong></p>
<p>La llegada de Trump ha hecho a mucha gente repensar cuidadosamente qué tiene de bueno y de malo la globalización. Cuando uno ve en peligro un sistema, empieza a valorarlo. Setecientos cuarenta millones de chinos han salido de la pobreza, el movimiento más grande de gente que abandona la pobreza en un periodo tan corto de tiempo probablemente de la historia de la humanidad. Y la globalización ha jugado un papel muy importante en ese proceso. El crecimiento de la clase media en África, India, China… Ahí también ha tenido mucho que ver la globalización. De acuerdo con algunos parámetros, la desigualdad a nivel global ha descendido. Y ahí, de nuevo, la globalización ha jugado un papel importante, pese a que la desigualdad haya aumentado mucho en EE.UU. o en Europa.</p>
<blockquote><p>MEDIDO EN LOS PARÁMETROS DE TIPO DE CAMBIO HABITUALES, EN TREINTA AÑOS LA ECONOMÍA CHINA SERÁ MUCHO MÁS GRANDE QUE LA DE EE.UU.</p></blockquote>
<p>Pero por encima de eso, la manera de pensar en ello es la siguiente: no concebimos la posibilidad de gobernar nuestras economías nacionales sin un Estado de derecho. Si vamos a comerciar, necesitamos reglas. La alternativa a un sistema basado en reglas es la ley de la jungla. Dicho esto, en nuestras democracias, siempre luchamos por conseguir las leyes adecuadas. El feudalismo era un Estado de derecho, pero no era un Estado de derecho demasiado bueno, sino que otorgaba todo el poder a unas pocas personas que tenían una enorme capacidad para abusar de él. Lo mismo sucede en el sector financiero, donde reina el abuso de poder, o con el poder de mercado, que es abuso de poder. Conocemos cómo se redactan leyes que dan ventaja a la minoría a expensas de la mayoría, pero en nuestras democracias, luchamos para tener marcos legales que protegen a los débiles frente a los fuertes y por tener un estado de derecho justo. Y eso es lo que estoy empeñado en lograr a escala global.</p>
<p><strong>¿Quiere decir que la manera en la que Trump, y tantos otros a izquierda y derecha, observan la globalización, enfrentando a unos países con otros, es miope? ¿Propone un análisis más ‘de clase’ para entender la globalización?</strong></p>
<blockquote><p>LA IDEA DE TRUMP DE QUE EL MUNDO ES, EN DEFINITIVA, UN JUEGO DE SUMA CERO ES FUNDAMENTALMENTE ERRÓNEA</p></blockquote>
<p>En primer lugar, digo, sí, es un análisis más ‘de clase’. Se le puede llamar de clase o de intereses corporativos contra intereses de los trabajadores, pero va muy en esa línea. Es esa la división que viene operando a nivel global. Pero también digo que la idea de Trump de que el mundo es, en definitiva, un juego de suma cero es fundamentalmente errónea. Si gestionamos la globalización de la manera adecuada, es un juego de suma positiva. Si China crece comprará más bienes nuestros y nos irá mejor al poder comprar más bienes suyos, así que seremos más prósperos tanto ellos como nosotros.</p>
<div class="cs_img ">
<p><a class="photoViewer" style="margin: 0px; padding: 0px; background-position: left top; background-repeat: no-repeat; box-sizing: border-box; outline: 0px; color: #000000; text-decoration: none; border-bottom: 1px dotted;" title="&lt;p&gt;I.G. &lt;/p&gt;" href="https://ctxt.es/images/cms-image-000017249.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter" title="" src="https://ctxt.es/get_img?ImageRatio=80&amp;ImageWidth=900&amp;ImageHeight=611&amp;ImageId=17249" width="602" height="401" border="0" /></a></p>
<div class="cs_img_caption">
<p>I.G.</p>
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<p><strong>En su crítica a los cuarenta años de globalización y el malestar que genera, ahora desde una perspectiva diferente, escribe sobre cómo la noción hegemónica de ‘libre comercio’ impulsada por derecha e izquierda en todo el mundo es en realidad confusa. Habla, en su lugar, del ‘comercio dirigido’. ¿Dirigido por quién? ¿Para lograr qué?</strong></p>
<p>La manera en la que intento resumirlo es la siguiente: si realmente tuviéramos libre comercio, sería muy sencillo. Se eliminan todas las barreras al comercio, los aranceles, los subsidios. Si se tratara de eso, los acuerdos serían muy cortos. En las recientes negociaciones para revisar el NAFTA, se eliminó directamente la expresión “libre comercio”. Al menos en eso Trump ha sido honesto: este asunto tiene que ver con todo menos con el libre comercio. Por fin reconocen que estamos ante un comercio dirigido para favorecer ciertos intereses particulares.</p>
<p>Ni siquiera está claro que los trabajadores del automóvil vayan a salir beneficiados. Los costes de las empresas automovilísticas van a aumentar. Y esos aumentos en costes van a verse reflejados en los precios, por lo que la demanda de coches estadounidenses descenderá, al ser estos menos competitivos así que no está claro quién saldrá ganando con todo esto. Tampoco lo está en el asunto de los aranceles sobre el acero: los consumidores de acero van a empobrecerse, y hay muchos más trabajadores que utilizan el acero que aquellos que lo producen, así que los trabajadores en su conjunto van a empobrecerse.</p>
<p><strong>Detengámonos por un segundo en esa gente que dice que ha sufrido los daños de la globalización en sus carnes. ¿Cree que Trump cumplirá lo que prometió a esa gente?</strong></p>
<p>No, no. En absoluto. Van a empobrecerse y ya estamos empezando a verlo. Su reforma fiscal va a aumentar los impuestos para la mayoría de gente del segundo, tercer y cuarto quintil cuando se termine de implementar; es decir, para la clase media. Otros trece millones de estadounidenses van a quedarse sin sanidad por culpa de esta reforma fiscal, en un país en el que la esperanza de vida ya está en declive. El déficit comercial está alcanzando nuevas cotas, en parte por culpa de las políticas macroeconómicas que Trump está implementando.</p>
<blockquote><p>¿QUIÉNES SON LOS GANADORES DE LA REFORMA FISCAL? LOS PROMOTORES INMOBILIARIOS. ¿Y QUIÉNES SON LOS GRANDES PERDEDORES? LA EDUCACIÓN Y LOS GOBIERNOS LOCALES.</p></blockquote>
<p>Ahora bien, la parte positiva de todo eso es que estimula la economía, al menos a corto plazo. No es sostenible, pero se ha estimulado la economía, y el desempleo ha bajado. Y quizá, llegados a cierto punto, eso haga que suban los salarios un poco. Es algo que empezamos a ver, pero resulta notable lo mal que están las cosas en lo relativo a los salarios. Y eso se debe a que, incluso con el estímulo que se ha generado, ¿quiénes son los ganadores de la reforma fiscal? Los promotores inmobiliarios. ¿Y quiénes son los grandes perdedores? La educación y los gobiernos locales.</p>
<p><strong>Pero usted también ha dicho que el proyecto de reindustrializar EE.UU. o cualquier otro país del centro desarrollado de Occidente es algo anacrónico.</strong></p>
<p>Exacto. La productividad en la industria ha superado en tanto a los niveles de demanda y el empleo en manufactura a nivel global está descendiendo. Somos víctimas de nuestro propio éxito. Hace sólo 75 o 100 años, era necesaria el 70% de la población para producir la comida necesaria para alimentarnos. Hoy, basta con el 2 o el 3%. Nadie diría: “Para que la economía avance, el 70% de la población debería volver a las granjas”. No podemos hacer eso, ni debemos, y yo veo la manufactura de la misma manera. El desempleo en EE.UU. se reduce hasta el 8 o 9% y puede que aumente algo el nivel de producción industrial, pero la harán los robots. No va a crecer el empleo en ese sector. Esa es la realidad económica, y me gustaría que nos centrásemos en crear una economía para el siglo veintiuno, y no remontarnos a otro momento histórico y empeñarnos en hacer algo que no es posible.</p>
<p><strong>Ha mencionado un par de veces a China, así como los efectos que podría tener un aumento del comercio con una China cada vez más poderosa. China es también la mayor tenedora de la deuda estadounidense. ¿Nos aproximamos a una guerra comercial global con China?</strong></p>
<p>Sí, desgraciadamente. Yo fui muy ingenuo al pensar, como tantos, “¿cómo van a dejar que suceda algo así las grandes empresas, que son las que gobiernan EE.UU. desde hace mucho tiempo?” Esas empresas se cuentan entre las perdedoras de todo esto. Pero en los tiempos que corren hay que dejar a un lado todas las teorías políticas y sí, Trump, parece decidido a llevarnos inexorablemente a una guerra comercial. Y la manera en la que lo está haciendo me lleva a pensar que durará mucho tiempo. Lo digo por lo siguiente: hace demandas a las que China no puede acceder.</p>
<p>Históricamente, EE.UU. ha pedido a China que abra sus mercados de seguros y financieros, y es algo que China podría llegar a aceptar. Hay mucho que negociar, pero se puede transigir y llegar a acuerdos. Pero hoy EE.UU. exige a China que renuncie a sus objetivos de convertirse en un país avanzado para 2025. Ningún país aceptaría esa demanda.</p>
<p><strong>¿Cuáles serían las consecuencias de una guerra comercial entre EE.UU. y China?</strong></p>
<p>Somos países enormemente interdependientes. El motivo por el que compramos tanta ropa y otros artículos de China es porque resulta mucho más barato. Lo que sucederá es que compraremos productos textiles de otros países, no que los fabriquemos en EE.UU. Puede que tengamos robots fabricando productos textiles, pero no demasiados. Simplemente, se los compraremos a Bangladesh, Sri Lanka o Vietnam. Esto no va a resultarles de ayuda a los trabajadores estadounidenses. Simplemente, nuestros consumidores pagarán más caro, de manera que no tendremos más empleo, sino más gastos. Hasta un 10 o 20%.</p>
<p><strong>Ha dicho antes algo sobre que no esperaba que esto sucediera porque las grandes empresas no lo querrían, y estas tienen un poder desmedido en EE.UU. Es cierto que Trump no era el candidato favorito de Wall Street o Silicon Valley, pero resulta difícil imaginárselo gobernando contra la gente que financia a su partido. ¿Estamos ante una ruptura dentro de la clase dominante de EE.UU.?</strong></p>
<p>Bueno, hay un par de aspectos interesantes en este asunto. Las grandes corporaciones estadounidenses han estado bastante más calladas en torno a esto de lo que me hubiera podido imaginar. Y hay dos hipótesis sobre el por qué: una es que le tienen miedo a Trump, a sus <em>tuits</em>. La otra es que, durante veinte años, han visto a China como una mina de oro. Podían producir allí pagando salarios bajos, sin tener que atenerse a ningún estándar medioambiental y con competencia muy limitada. Eso ha cambiado. Los controles medioambientales han aumentado, los sueldos han subido, y la competencia dentro de China se ha acrecentado, de modo que ya no están ante la mina de oro de antaño.</p>
<p>Pero sí que hay una división, una ruptura, en el seno del Partido Republicano. Es algo que vemos de manera más vociferante en lo que atañe a los hermanos Koch, los multimillonarios donantes del Tea Party. Son grandes adalides de salir del acuerdo climático de París, de deshacerse de todo tipo de regulaciones, pero también son decididamente internacionalistas.</p>
<p><strong>¿Cree que Trump está abriendo una camino político nuevo en lo relativo al sistema global? ¿O vivimos un impás entre los últimos cuarenta años de globalización y una nueva etapa?</strong></p>
<p>No. Creo que Trump representa una versión inequívocamente estadounidense de lo que es una tendencia global de nativismo envuelto en sí mismo, antiinmigrante y escéptico para con la globalización, pero nadie quiere vivir sin su iPhone, no pagar un 50% más por su ropa. Así que no creo que nos repleguemos de la globalización tal y como la conocemos. Sin embargo, está claro que ya hemos obtenido la mayoría de los beneficios de la integración global y los próximos pasos muy probablemente no sean tan fructíferos, sino que pueden resultar los más duros.</p>
<p><strong>Este giro neoproteccionista, desde Trump al ‘Brexit’, tiene su faceta comercial, pero también cuenta con un componente de gran hostilidad a la inmigración, que se propone criminalizar y limitar. ¿Qué consecuencias económicas tendrán esas políticas?</strong><strong> </strong></p>
<p>De una manera u otra, esas políticas suponen una vuelta a algo que fue central en el Partido Republicano durante mucho tiempo: el aislacionismo, el hacer que América se repliegue sobre sí misma. Pero estamos hablando del periodo anterior a las dos guerras mundiales, antes de que EE.UU. se convirtiera en el poder global que es hoy en día. EE.UU. ha jugado un papel clave en el intento de coordinar la globalización, de apoyar un sistema basado en las reglas del juego, por mucho que yo no esté de acuerdo con las reglas que se ha tratado de imponer al resto. Y, si, en lugar de hacer eso, EE.UU. se vuelve una potencia aislacionista y enemiga del derecho internacional, eso tendrá consecuencias profundas para el avance del Estado de derecho a nivel mundial. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para bien o para mal, estuvimos en el centro de todo. Y ahora, con Trump, parece que nos retiramos.</p>
<blockquote><p>EE.UU. SE VUELVE UNA POTENCIA AISLACIONISTA Y ENEMIGA DEL DERECHO INTERNACIONAL, ESO TENDRÁ CONSECUENCIAS PROFUNDAS PARA EL AVANCE DEL ESTADO DE DERECHO A NIVEL MUNDIAL</p></blockquote>
<p><strong>Tras escuchar su análisis sobre cómo las grandes empresas se benefician de la globalización a expensas de los trabajadores, o de cómo los hermanos Koch son partidarios del internacionalismo, algunos podrían verse tentados por propuestas que pasen por un programa progresista que incluya ciertos elementos proteccionistas. Entiendo que usted está en contra de esta vía progresista-proteccionista. ¿Por qué?</strong></p>
<p>Lo que necesitamos es protección social sin proteccionismo. Me importan la protección social y mantener una economía dinámica, que se reenfoque hacia sectores más dinámicos. Y eso requiere políticas de empleo activas, políticas industriales y protección social. Los países no pueden quedarse a merced del capital que entra y sale de la noche al día. Cuando decía que las reglas del juego las han diseñado las corporaciones, ese es un buen ejemplo. Creo que debemos gestionar la globalización, incluidos sus riesgos, lo cual implica reconocer que no todo el mundo se va a beneficiar de ella. Debemos asegurarnos de que la manera en que la gestionamos beneficia a la mayoría.</p>
<p><strong>¿Cómo se derrota, pues, no sólo a Trump sino al ‘trumpismo’? ¿Qué hacer?</strong></p>
<p>Para mí, la respuesta es la agenda progresista socialdemócrata. La gente no va a tener confianza si lo que le decimos es: “No se preocupe por el comercio; protegeremos su puesto de trabajo”. Eso ya no resulta creíble. Quizá lo hubiera sido hace cuarenta años; hoy ya no. En cambio, si lo que se presenta es un marco económico de lo que llamamos estado de bienestar y se plantea que, pese a la globalización, pese a los cambios tecnológicos, tendrás que trabajar pero a cambio te garantizamos un alto grado de protección, la gente será mucho más receptiva. Y creo que otra clave pasa por aumentar el grado de apertura y transparencia democrática en nuestros gobiernos, porque demasiados de estos acuerdos se gestan en secreto y sin una discusión pública adecuada.</p>
<p>Lo fundamental es que la gente entienda que el Estado se preocupa por ella y está comprometido con asegurarse de que todo el mundo en nuestro país pueda alcanzar un nivel de vida de clase media, siempre que estén dispuestos a trabajar, y que a cambio les garantizaremos un empleo, una capacitación, les garantizaremos las oportunidades. La protección social le da a la gente la confianza necesaria para estar abierto no solo a la globalización, sino también a los retos que se vienen con los cambios tecnológicos del futuro.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://ctxt.es/es/20181114/Politica/22832/joseph-stiglitz-economista-donald-trump-reindustrializacion-eeuu.htm">CTXT</a></strong></p>
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		<title>La desigualdad, terminará por romper el saco</title>
		<link>https://piensachile.com/2015/04/29/la-desigualdad-terminara-por-romper-el-saco/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2015/04/29/la-desigualdad-terminara-por-romper-el-saco/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2015 23:50:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[burbuja del credito]]></category>
		<category><![CDATA[desindustrializacion de los paises ricos]]></category>
		<category><![CDATA[grandes corporaciones]]></category>
		<category><![CDATA[transnacionales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las revoluciones se desencadenan por sorpresa y arrasan, como la revolución francesa que expulsó un sistema de desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiados (nobleza y clero) no tenían obligación de pagar. Fue una lección que tiene más de 226 años y que puede estar olvidada. Lo que no perdonarán las masas enfurecidas, como aquellas que fueron capaces de hacer rodar la cabeza de un rey y a más de 40.000 ejecutados, que la desigualdad que destrozó a la Francia del siglo XVIII, puede resurgir en el futuro apoyadas por la tecnología y la cibernética, uniendo a los desplazados, los pobres y a los de cuello y corbata, el 90%, dispuestos a cobrar la cuenta de las injusticias.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/04/29/la-desigualdad-terminara-por-romper-el-saco/">La desigualdad, terminará por romper el saco</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Las cifras oficiales y las declaraciones de los directivos de la FED, señalan que la economía norteamericana se ha fortalecido y que avanza lentamente, convencidos de estar saliendo de la crisis. No obstante, los indicadores más recientes, como el indicador del consumidor (The conference Board), uno de los principales indicadores que predicen la disposición al gasto del consumidor, señala una caída en Abril de 95,2 frente al 102,5, esperado.<br />
En ese mismo sentido, el Baltic Dry Index, que monitoriza las tasas del transporte de las principales materias primas a granel por mar, se desplomó a un mínimo histórico en febrero. El SCFI indicador que monitoriza las tarifas de envíos a los puertos del norte de Europa se desplomó a 67% desde hace un año, datos que muestran a Estados Unidos enterrando la nariz y que de no producirse cambios notoriamente positivos en los próximos meses, podríamos estar en presencia de un estancamiento secular, similar a lo experimentado por Japón, caracterizado por una deflación persistente y con un endeudamiento que podría alcanzar el 244% del PIB a finales de 2015 y más de una década de crecimiento acumulado en un PIB sensiblemente inferior al norteamericano.<br />
Es probable que durante el presente año, se defina el camino que seguirá la economía mundial con una FED que está dividida entre los que urgen por subir las tasas y otros que no ven condiciones para hacerlo. Las opciones que están en juego, tienen que ver un soslayado riesgo financiero producto de las burbujas. Los optimistas son funcionales al sector financiero, bancario o de las transnacionales, es decir, el 1% de los más ricos, que creen ya pasamos la crisis del 2008 y que vivimos un proceso normal con algunos altibajos.<br />
Irónicamente los economistas P. Krugman y D. Summers reconocen estas burbujas de activos inducidas por la FED y las ven como nuestra única esperanza. De hecho, Summers argumentó en un discurso pronunciado ante el FMI que el mundo de hoy necesita burbujas sólo para lograr algo cercano al pleno empleo. El columnista del New York Times, Paul Krugman, manifestó un razonamiento engañoso similar en su blog diciendo que las; «Burbujas pueden ser necesarias para compensar la insuficiente demanda, el alto desempleo y lento crecimiento.» Un pecado piadoso.<br />
La competencia se está dando a grandes niveles, entre las grandes corporaciones y transnacionales, que ven una oportunidad para ser más grandes. Al respecto están las conversaciones sobre opciones para un acuerdo entre British Petroleum y Exxon que capitaliza US$ 353.000 millones, a lo que se opone el gobierno Británico. Empresas como Total, BP o ConocoPhillips o como Anadarko, Occidental Petroleum o Tullow, con miles de millones de dólares de capital estudian unificarse, por nombrar algunas del ámbito energético. Las autoridades, los grandes grupos y sus seguidores creen que las razones de la debilidad de Estados Unidos, se debería al crudo invierno en Norteamérica, a Grecia, a los rusos, o al petróleo, etc., factores puntuales que cambiarían en los próximos meses.<br />
Este positivismo que viven los sectores de mayor riqueza, ha contagiado a parte de la población de EE. UU., que ha optado por cambiar sus vehículos más antiguos por grandes camionetas 4&#215;4, pensando que la grandeza de Estados Unidos, las bajas tasas y el petróleo barato, están de regreso para quedarse. Y como todo debe ser en grande, grande es la deuda formada en los bonos de la deuda automotriz. Más del 14 % de los préstamos, de acuerdo a Skopos Financial, de Irving Texas, corresponden a prestatarios sin ninguna calificación que han originado una nueva deuda “Sub Prime automotriz”, que emergerá con fuertes impagos si la FED sube las tasas.<br />
En Europa, los grupos optimistas no dejan de expresar su complacencia frente a la expansión cuantitativa del BCE por la emisión de € 1,1 millón de millones de euros, al considerar que los resultados son mejores a lo esperado. Incluso ven como señal positiva que España esté dentro del “cuadro de honor” de los países que están emitiendo deuda con tasas negativas, es decir, cuando son los inversionistas quienes deben pagan por prestar dinero. La zona euro se desaceleró en abril, aunque sigue creciendo a un mayor ritmo que el año pasado. Los rendimientos de los bonos del gobierno alemán son negativos desde los plazos más cortos hasta el bono a 9 años. Es la misma Alemania que tiene 7,5 millones de trabajadores alemanes, uno de cada cinco, que carecen de un empleo estable a tiempo completo y cuya cifra no para de crecer. Esto significa que poner dinero en Alemania para los próximos 9 años, implica pagar por prestar, un absurdo que corresponde sólo a una especulación contra el BCE, el cual deberá salir al rescate de Europa si se paraliza la economía, si Grecia sale del euro o si se enfría la economía de Estados Unidos.<br />
Los bajistas creen que vendrá un ajuste importante. La especulación en los mercados con tipos negativos son síntomas de una especulación desatada acorde con la intervención de los bancos centrales que produce deflación. El profesor Antal Fékete, fundador de la Nueva Escuela Austríaca de Economía, ha explicado que las operaciones de mercado abierto de la FED ocasionan que se genere una especulación “libre de riesgo” en el mercado de bonos. Los hechos están confirmando la teoría. Cada vez que los precios de los bonos caen, suben sus rendimientos, los especuladores aprovechan para tomar posiciones comprando más bonos con liquidez que reciben prácticamente gratis debido a las bajas tasas, pues saben que para que la fiesta siga, la FED y otros Bancos Centrales no tiene más opción que seguir emitiendo y volver a recomprar después esos bonos más caros, con menor rendimiento. No hay escapatoria, es el círculo vicioso deflacionario que vive Japón, Europa, incluido Gran Bretaña por los bajos resultados del primer semestre 2015, y que podrían sumar a EE. UU, que están dando indicios de una expansión monetaria poco exitosa, excepto para el 1% más rico, que sigue aumentando su riqueza.<br />
La base para estimular la economía en Estados Unidos fue creada con una colosal deuda, la cual permitió financiar el déficit fiscal del gobierno, dos guerras y todo el aparato bélico disperso por el mundo para sostener un modelo que se está agotando y que no puede financiar los gastos federales para sostener la hegemonía, que ahora compite con Rusia y China. Desde los tiempos de R. Reagan, pasando por Bush padre y Bush hijo, se otorgaron grandes ventajas a un modelo que se dedicó a desmantelar el gasto social y a desregular las actividades financieras, hasta formar una burbuja en la construcción, que luego explotó como la crisis de la deuda Sub Prime 2008, con un efecto dominó en los instrumentos de deuda financiera, que detonaron en casi toda la banca mundial, la que debió ser rescatada con fondos públicos, todo dentro de una política pensada y planeada fríamente para que así ocurriera.<br />
El rol de China en dicho período de expansión, fue una gran capitalización de su aparato productivo exportador montado sobre una industria con ventaja en los costos salariales bajos, e incluso sumando empresas estatales muy contaminantes y poco eficientes, que recibieron importantes créditos para financiarlas. El auge en la demanda de materias primas estimuló las exportaciones de los países emergentes hacia China, especialmente de Asia, oportunidad que le permitió a China exportar productos a bajo costo al mercado de Estados Unidos, Europa y a gran parte del mundo, generando enormes excedentes comerciales, con un efecto adicional, de paso produjo la desindustrialización en los países ricos, excepto los centros de mayor tecnología.<br />
China sufre hoy vicios similares a los ocurridos en Estados Unidos o Europa. Tienen una gran burbuja en la construcción, y otra en la deuda. Una gran deuda pública, de empresas y en las familias que a mediados del 2014, sumaba US$ 28 millones de millones, es decir, un 282 % de la producción económica total del país. Datos recientes señalan que algunas fábricas estatales como, Baoding Tianwei Group Co., han dejado de pagar la deuda interna. En el rubro de la construcción, Kaisa Group Holdings Ltd., se convirtió en el primer desarrollador inmobiliario chino en no pagar la deuda en dólares. Es un hecho, la economía China se ha desacelerado, pero creciendo oficialmente a un 7 %, aunque se sospecha sea menor, no obstante, y aun cuando caiga en medio punto o un punto más, la gran diferencia con respecto a las economías occidentales es que el gobierno Chino tiene un gran margen de maniobra para controlar la crisis y posee reservas por US$ 3,73 millones de millones de dólares.<br />
Para manejar la crisis Sub Prime, Estados Unidos emitió cantidades superiores a los US$ 4,5 millones de millones de dólares, con el objetivo de reactivar la economía, excesos que en la base monetaria han amplificado la fortuna del 1% de los más rico a través de las sucesivas expansiones de crédito a costo 0, manteniendo a la mayoría de la población restante estancada o en depresión provocando una desigualdad similar o peor a la existente en 1929, con burbujas como parte de la solución. Lo dice, Paul B. Farrel, “La burbuja de la desigualdad se está acelerando, peor que en 1929, o incluso 1789. La brecha de la desigualdad se encuentra ahora en los niveles de 1929, lo que hace que la apuesta del Partido Republicano con el futuro de Norteamérica sea un verdadero «asalto a la clase media». El Partido Republicano sigue haciendo fuerza para agregar más y más beneficios a los ricos, mientras que recorta incentivos al resto de la población, que en realidad es la base real de la economía de Estados Unidos.<br />
El economista, premio Nóbel de economía, Joseph Stiglitz, no es de los optimistas cuando dice: » A Estados Unidos le gusta pensar de sí mismo como una tierra de oportunidades.»Pero hoy en día los números muestran que el sueño americano es un mito &#8230; ensanchamiento de la brecha &#8230; la tendencia clara es una concentración del ingreso y la riqueza en la parte superior, el vaciamiento de la media, y el aumento de la pobreza en la parte inferior «.<br />
No será posible anticipar el día en que las bolsas se hundan para corregir el desequilibrio financiero que amenaza al mundo globalizado, sólo es posible seguir el camino del crédito, el de la deuda. Como el crédito es artificial, pues está basado en un dinero que no está representado por nada, cuando la burbuja del crédito explota, los inversores van abandonando los activos menos líquidos y tratando de adquirir los activos más líquidos. En tiempos de A. Greenspan y B. Bernanke cometieron el error de no entender que detrás de las deudas hipotecarias de la vivienda, estaba la población que financiaba el consumo, con créditos hipotecarios de sus casas, multiplicando la crisis 2008.<br />
La mayoría de la población no sabe de todo esto, pero si conocen y sienten la dura realidad que les está tocando para sobrevivir. Ahora, el nuevo error puede ser que no crean que puedan ocurrir revoluciones. Las revoluciones se desencadenan por sorpresa y arrasan, como la revolución francesa que expulsó un sistema de desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiados (nobleza y clero) no tenían obligación de pagar. Fue una lección que tiene más de 226 años y que puede estar olvidada. Lo que no perdonarán las masas enfurecidas, como aquellas que fueron capaces de hacer rodar la cabeza de un rey y a más de 40.000 ejecutados, que la desigualdad que destrozó a la Francia del siglo XVIII, puede resurgir en el futuro apoyadas por la tecnología y la cibernética, uniendo a los desplazados, los pobres y a los de cuello y corbata, el 90%, dispuestos a cobrar la cuenta de las injusticias.<br />
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		<title>Hacia una Internet justa y equitativa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Apr 2014 00:39:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Iniciativas]]></category>
		<category><![CDATA[coalicion just net]]></category>
		<category><![CDATA[colonialismo digital]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[grandes corporaciones]]></category>
		<category><![CDATA[hegemonia cultural]]></category>
		<category><![CDATA[internet]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diversas organizaciones y personas han expresado gran incomodidad ante la forma en que el "consenso" artificial para mantener el statu quo en la gobernanza de Internet –es decir, el control de Internet por parte de EE.UU. y las grandes corporaciones, a nombre del modelo multisectorial– ha sustituido cualquier debate significativo sobre este tema. Es en este contexto que un grupo de organizaciones y activistas se reunió en Nueva Delhi, India, el 14 y 15 de febrero de 2014, para formar la Coalición por una Internet Justa y Equitativa – Coalición Just Net.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/04/22/hacia-una-internet-justa-y-equitativa/">Hacia una Internet justa y equitativa</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>ALAI AMLATINA, 21/04/2014.- Diversas organizaciones y personas han expresado gran incomodidad ante la forma en que el «consenso» artificial para mantener el statu quo en la gobernanza de Internet –es decir, el control de Internet por parte de EE.UU. y las grandes corporaciones, a nombre del modelo multisectorial– ha sustituido cualquier debate significativo sobre este tema. Es en este contexto que un grupo de organizaciones y activistas se reunió en Nueva Delhi, India, el 14 y 15 de febrero de 2014, para formar la Coalición por una Internet Justa y Equitativa – Coalición Just Net. Allí abordaron dos cuestiones fundamentales:</p>
<p>(1) Una visión progresista de Internet, y<br />
(2) Una Internet que promueva el bien público y evolucione como «bien común global».</p>
<p>La Coalición, en su presentación para el Encuentro NetMundial que tendrá lugar en São Paulo el 23-24 abril 2014, señaló:</p>
<p>Las oportunidades para que las mayorías puedan participar en los beneficios reales de Internet y materializar plenamente su enorme potencial, se frustran debido al creciente control de Internet por quienes tienen poder: las grandes corporaciones y algunos gobiernos nacionales. Ellos usan sus posiciones centrales de influencia para consolidar el poder y establecer un nuevo régimen global de control y explotación; y bajo el pretexto de favorecer la liberalización, en realidad refuerzan el dominio y la rentabilidad de las grandes empresas en detrimento del interés público, e imponen la posición predominante de ciertos intereses nacionales en detrimento de los intereses y bienestar globales.[1]</p>
<p>La Coalición Just Net también ha precisado en su Declaración de Delhi, así como en su presentación a NetMundial, la necesidad de cambiar radicalmente la forma en que se gobierna Internet, para colocar en el centro los derechos humanos y la justicia social.</p>
<p>Las revelaciones de documentos divulgados por Snowden sobre la vigilancia tipo pesca de arrastre de la NSA, han sacudido al mundo. Mientras que en los noticieros han predominado las preocupaciones por la privacidad, éstas no son la parte más importante de las revelaciones de Snowden. Un asunto mucho más importante es el de la dominación económica y política.</p>
<p><strong>La gobernanza de Internet</strong></p>
<p>La gobernanza de Internet no concierne simplemente a la gestión del sistema de nombres de dominio (DNS) y otros recursos fundamentales de la Red. A medida que Internet se convierte cada vez más en mercado global, acervo de conocimientos, pool mediático mundial y canal primordial para las comunicaciones, su gobernanza adquiere enormes implicaciones económicas, sociales y políticas.</p>
<p>Originalmente, el gobierno de EE.UU. había abogado por una gobernanza de Internet liderada por el sector privado, que luego en algún momento llegó a «transformarse» en el modelo «multisectorial» (o de los múltiples grupos de interés). Lo que tales formulaciones binarias –multisectorial versus multilateral– pasan por alto es que, mientras algunos temas como los protocolos técnicos, etc., pueden ser resueltos (los estándares globales se crean de esta manera) entre varios «grupos de interés», la problemática cambia cuando se trata de políticas públicas. En cuestión de políticas, esencialmente, existen conflictos de interés entre las distintas partes, que necesitan la introducción de un concepto de bien público, aun cuando vaya en contra de los intereses de determinados sectores. Todavía no tenemos ningún instrumento de justicia redistributiva que no sean los Estados nacionales.</p>
<p>La relación del multisectorialismo con el paradigma neoliberal es evidente, ya que subyacente a este modelo está la idea que no debe haber regulaciones ni leyes globales. La suposición fundamental del modelo multisectorial es que todos los actores -operando en igualdad de condiciones y mediante el consenso- puedan tomar decisiones sobre todos los asuntos que sean beneficiosos para todas las partes interesadas. No toma en cuenta que los sectores tienen intereses distintos, por ejemplo, las empresas y los consumidores, los países del Norte global y los países del Sur global, etc. Este modelo, de hecho, da poder de veto a las empresas privadas, protegiendo sus monopolios existentes y el statu quo.</p>
<p><strong>Recursos fundamentales de Internet<br />
</strong><br />
En el sistema de nombres de dominio (DNS), tenemos que entender que se trata de bienes raíces de alto valor, si bien en el mundo virtual. Internet tiene el potencial de crear un número ilimitado de nombres de dominio y direcciones IP, que es parte de los bienes comunes globales ilimitados que han sido o pueden ser creados. El poder del ICANN para controlar estos bienes comunes digitales existe en virtud del hecho que EE.UU. cercó este patrimonio común y lo entregó al ICANN. En la actualidad, no existe un marco que da derechos legales (para g-TLDs, cc-TLDs) a ninguno de los registros regionales o nacionales. Todos los derechos legales se derivan de contratos privados con el ICANN, otros registros, y el contrato IANA existente entre ICANN y el Departamento de Comercio de EE.UU.[2]</p>
<p>EE.UU. ha propuesto ahora que ICANN se haga cargo de esta función y que permitirá que caduque su contrato IANA con la ICANN, siempre y cuando:</p>
<p>• no se cree ningún organismo multilateral para este propósito;<br />
• permanezca en EE.UU., y por lo tanto, bajo la jurisdicción estadounidense (garantías presentadas al Congreso de los EE.UU. por Lawrence Strickling, administrador de NTIA, encargado del contrato con IANA).</p>
<p>Es necesario discutir -sin ningún tipo de condiciones previas- qué tipo de estructura es más adecuada para la gestión de tales recursos fundamentales de Internet. No olvidemos que estamos hablando de cientos de miles de millones de dólares en bienes raíces virtuales, cuando no de billones. No es una casualidad que la mayor parte de estos «bienes raíces» es «propiedad» de los registros en EE.UU. y otros países desarrollados.</p>
<p><strong>Competencia/monopolización<br />
</strong><br />
La combinación de los servicios de inteligencia y de las grandes corporaciones globales contribuye a la concentración del poder económico y a la creación de grandes monopolios globales. La administración estadounidense de las organizaciones clave de Internet (organizaciones I* o I-Star) ha dado lugar a que EE.UU. implemente su visión neoliberal de no tener ninguna regulación y de favorecer el crecimiento sin restricciones de sus empresas de Internet. Ello ha permitido el surgimiento en un corto período de los monopolios globales.</p>
<p>La ausencia de una regulación de Internet ha permitido a las empresas globales de Internet construir plataformas que facultan la agrupación de diversos servicios (monopolios horizontales, como Google o Microsoft), mientras que otras agrupan el acceso con servicios (empresas telefónicas que ofrecen servicios de Internet).</p>
<p>Google hoy goza de un monopolio nunca visto antes; incluso los monopolios de AT&amp;T y Standard Oil aparecen con menor calado comparativamente. A medida que los datos adquieren valor, las empresas que los extraen a través de sus servicios -herramientas de búsqueda, servicios de correo electrónico, etc.-, utilizan los datos de sus abonados para monetizar sus servicios. Los suscriptores se convierten en «productos» a vender a las agencias de publicidad. Cada usuario de Facebook valía US$ 4,84 dólares en anuncios por año (al momento de la oferta pública inicial).</p>
<p>Sin marco regulador, no puede existir igualdad de condiciones en la economía en línea. Esto nos lleva a cuestiones importantes como la neutralidad de la plataforma y neutralidad de la red, sin las cuales el futuro de Internet estará dominado por los monopolios. Para los consumidores, el efecto de los monopolios es obvio.</p>
<p><strong>Hegemonía cultural/colonialismo digital<br />
</strong><br />
Existe una correlación directa entre el desarrollo, el acceso a Internet y los contenidos, que indica que los marginados de la sociedad «global» apenas producen contenidos. Ello significa que la historia de los marginados es escrita en el primer mundo. Los pueblos del Sur global pueden ser usuarios de los servicios de Internet, del conocimiento, del software y hardware, pero no serán sus creadores. No obstante, pagarán por ello, siendo que el modelo financiero de Internet se basa en el principio de que el usuario paga.</p>
<p>Una encuesta realizada en 1999 por la Comisión Económica para África muestra que este continente sólo generaba alrededor del 0,4 por ciento (1:250) de los contenidos globales. Excluyendo Sudáfrica, el resto de África generaba apenas 0,02 por ciento (1:5000)! [3]</p>
<p>El hecho que la mayor parte de los contenidos es generada en el Norte global tendrá efectos negativos a largo plazo sobre las culturas e idiomas locales. Si bien actualmente 6.000 idiomas sobreviven en el mundo, la mayoría de ellos puede desaparecer a medida que Internet, donde predomina el inglés, absorba la mayor parte de los medios de comunicación y contenidos del mundo.</p>
<p><strong>¿Qué tipo de internet queremos?<br />
</strong><br />
Lo que debería haber sido un bien público/servicio público ha sido privatizado por los pudientes, los países ricos y sus corporaciones. Lo que fue concebido originalmente como un bien común global o un servicio público, se está convirtiendo rápidamente en propiedad privada. Actualmente, está fracturado, las personas están bajo vigilancia y nuestros datos se están monetizando para venderlos.</p>
<p>Para poder cambiarlo, necesitamos una forma diferente de Gobernanza de Internet. No se trata sólo de cambios cosméticos en las instituciones existentes, sino de cambios de raíz, que amplíen la democracia y la justicia social y económica; que preserven los derechos de las personas, así como los derechos soberanos de los países; una Internet que se utilice para la paz y no para la guerra.</p>
<p>Internet es demasiado importante para dejarla en manos de especialistas técnicos que administran Internet. Es esta la apuesta de la Coalición Just Net. (Traducción ALAI).</p>
<p><em>&#8211; El autor, Prabir Purkayastha, Knowledge Commons (India), es Co-coordinador de la Coalición Just Net.<br />
</em><br />
*Fuente: <strong><a href="http://www.alainet.org/active/73113">Agencia Latinoamericana de Información</a></strong></p>
<p><strong>Notas:</strong><br />
[1] La Declaración de Principios de Just Net se puede leer aquí: <a href="http://www.alainet.org/active/72842">http://www.alainet.org/active/72842</a><br />
[2] Para la explicación de las siglas ver el glosario en la p. 32.<br />
[3] <a href="http://213.55.79.31/adf/adf99/codipap3.htm">http://213.55.79.31/adf/adf99/codipap3.htm</a></p>
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