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	<title>exilio &#8211; piensaChile</title>
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	<title>exilio &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Partió «Palomo», un chileno grande de la caricatura latinoamericana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Mar 2026 12:12:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>29 de marzo de 2023<br />
El caricaturista chileno José Palomo Fuentes falleció este 28 de marzo en México, donde vivió tras el exilio impuesto por la dictadura. Referente del humor político latinoamericano, su obra se caracterizó por una crítica frontal al poder, marcada por la memoria histórica y la experiencia del desarraigo.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2026/03/29/partio-palomo-un-chileno-grande-de-la-caricatura-latinoamericana/">Partió «Palomo», un chileno grande de la caricatura latinoamericana</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>29 de marzo de 2026</p>
<header class="entry-header hentry-wrapper th-stack--md th-w-single-view md:th-px-4xl sm:th-px-lg sm:th-py-2xl th-px-base th-py-md th-rounded">
<h3 class="entry-title sm:th-text-7xl th-text-4xl">«Palomo» y la caricatura con sentido</h3>
<div class="entry-meta sm:th-text-sm th-text-xs th-text-secondary-base">
<p><span class="byline th-flex">por <a class="th-uppercase" href="https://prensaopal.cl/author/prensaopal/" rel="author">prensaopal</a> </span><span class="posted-on th-block"><time class="entry-date published" datetime="2026-03-28T22:18:25-03:00">28 marzo, 2026</time></span></p>
<div class="comments-link th-flex th-items-center sm:th-mt-0 th-mt-auto">El caricaturista chileno José Palomo Fuentes falleció este 28 de marzo en México, donde vivió tras el exilio impuesto por la dictadura. Referente del humor político latinoamericano, su obra se caracterizó por una crítica frontal al poder, marcada por la memoria histórica y la experiencia del desarraigo.</div>
</div>
</header>
<div class="entry-content hentry-wrapper th-content th-w-single-view md:th-px-4xl sm:th-px-lg th-px-base">
<p class="wp-block-paragraph">El caricaturista chileno José Palomo Fuentes falleció este 28 de marzo de 2026 en Ciudad de México, país donde vivió gran parte de su vida tras el exilio forzado luego del golpe de Estado de 1973 en Chile.</p>
<p class="wp-block-paragraph">Con su muerte se va mucho más que un dibujante: se extingue una forma de entender la caricatura como herramienta política, como lenguaje de denuncia y como memoria activa frente al poder.</p>
<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><figcaption class="wp-element-caption">
<figure id="attachment_101479" aria-describedby="caption-attachment-101479" style="width: 702px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-101479" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/palomo3-300x221.jpg" alt="" width="702" height="517" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/palomo3-300x221.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/palomo3-585x431.jpg 585w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/palomo3.jpg 678w" sizes="(max-width: 702px) 100vw, 702px" /><figcaption id="caption-attachment-101479" class="wp-caption-text"><span style="font-size: 12px;">Joaquín Salvador Lavado Quino, Sergio Aragonés, Roberto Fontanarrosa, Eduardo del Río Rius y José Palomo. Una foto histórica para la historia de la caricatura en Latinoamérica</span></figcaption></figure>
</figcaption></figure>
</div>
<p class="wp-block-paragraph">Palomo no dibujaba para agradar. Su trazo, directo y sin concesiones, se inscribió en una tradición latinoamericana donde el humor gráfico no es evasión, sino confrontación. Desde el exilio, convirtió cada viñeta en un espacio de resistencia, donde la ironía desnudaba las contradicciones de las dictaduras, los abusos del poder y las hipocresías de los discursos oficiales.</p>
<p class="wp-block-paragraph">Como tantos otros artistas e intelectuales, su vida quedó marcada por la violencia política desatada tras el derrocamiento de Salvador Allende y la instalación de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet. El exilio no fue solo un desarraigo geográfico, sino también una condición desde la cual construyó su obra: una mirada siempre alerta, siempre incómoda.</p>
<p>*Fuente: <a href="https://prensaopal.cl/2026/03/28/palomo-y-la-caricatura-con-sentido/">PrensaOPAL</a></p>
</div>
<hr />
<p><strong>Entrevista realizada en México, el 29 de septiembre de  2018</strong></p>
<p><iframe loading="lazy" title="HOMENAJE A JOSE PALOMO" src="https://www.youtube.com/embed/5KEeR2wor_s" width="750" height="450" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<div class="logosuple top12">
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<p class="volanta piefecha">Viernes, 13 de julio de 2012</p>
</div>
<div class="nota">
<p class="volantasuple"><strong>Página 12</strong> &gt; HISTORIETA  ›<strong> ENTREVISTA A JOSE PALOMO</strong></p>
<h3><span class="cespectaculos">“El humor nunca miente”</span></h3>
<p class="intro">El número 69 de la revista Fierro, que sale mañana con Página/12, tiene muchos autores e historietas para celebrar, pero es el momento de escuchar la palabra del gran dibujante y humorista chileno, que firma sus tiras como “Pluma de Palomo”.</p>
<div class="botones"></div>
<p class="autor"><img src="https://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif" alt="" /> Por Lautaro Ortiz</p>
<div id="cuerpo">
<div class="centro">
<div class="foto borde0">
<figure id="attachment_101472" aria-describedby="caption-attachment-101472" style="width: 599px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-101472" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/Palomo-para-Pagina12-300x240.jpg" alt="" width="599" height="479" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/Palomo-para-Pagina12-300x240.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/Palomo-para-Pagina12.jpg 450w" sizes="(max-width: 599px) 100vw, 599px" /><figcaption id="caption-attachment-101472" class="wp-caption-text"><span style="font-size: 12px;">La educación chilena según Palomo, en un dibujo realizado especialmente para Página/12.</span></figcaption></figure>
</div>
<div class="foto borde0">Ante una nueva edición de la revista Fierro, uno se siente tentado de festejar los esperados regresos de, por ejemplo, Diego Parés en el arte de tapa (con ese poderoso collage digital hecho con líneas, sombras y colores tomados de otros dibujantes, para que, entre todos, nos hicieran tener a un Parés auténtico e irrepetible); Tristeza de Mosquito-Reggiani, para saber cómo se sobrevive cuando la peste lo arrasó todo; la grata aparición de Alejandra Lunik en su doble rol de dibujante y editora, para ponerse al frente del suplemento especial dedicado a las mujeres, o la vuelta al oscuro mundo de Barrio Gris que iluminan Maicas-Spósito. Sin embargo, hoy uno tiene ganas de escuchar a ese gran dibujante que, bajo el seudónimo “<strong>Pluma de Palomo</strong>”, desde hace rato dijo presente en las páginas de Fierro. Ese que siempre está, no es otro que <strong>José Palomo</strong> (1943), dibujante y humorista chileno que desde mucho –dictadura pinochetista de por medio– se tuvo que ir vivir a México. El autor de El cuarto Reih y del maravillo Literatos (Fondo de Cultura Económica) cuenta algo de su vida, de sus secretos y del oficio de hacer reír.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<p><strong>–¿Quién fue su maestro?</strong></p>
<p>–Varios, pero de ese ramillete entrañable elijo un representante indiscutido: Oski, a quien conocí cuando vivía en Chile. El siempre me sugirió, a fines de los ’60, migrar a Buenos Aires, porque había una industria editorial más desarrollada. En esa época él estaba ilustrando para El Quillet de los Niños, y yo alguna vez, le hice de rotulista. De él aprendí a querer aún más nuestro oficio y entender que lo sabio está en meterse en los temas que a nadie le interesan, por sabidos, en rascarle a los usos y costumbres el misterio que esconden bajo la espesura de la rutina. Oski veía los grandes personajes de la historia siempre a escala humana, y quizá ésa sea la clave de su humor.</p>
<p><strong>–Y en aquella época conoció a Oesterheld&#8230;</strong></p>
<p>–Con Oski coincidimos en la revista El Pingüino, y allí llegó acompañado de Oesterheld. Un superhéroe de la historieta de carne y hueso, una persona entrañable. Con Hervi, un grande del humor gráfico chileno, casi nos caímos de culo cuando el director de la revista, Alberto Vivanco, nos entregó guiones –en clave de humor– del director de Hora Cero. (Por cierto, acabo de leer la nota sobre la condena a Videla y lo hago con el recuerdo de la sonrisa bonachona del querido Oesterheld, echando puteadas contra la mediocridad armada de ignorante intolerancia.) Aquellas fueron jornadas memorables que empezaban en la redacción y terminaban en el privilegio de una enriquecedora sobremesa.</p>
<p><strong>–Usted habló alguna vez de la relación entre “humor” y “democracia”; decía que una democracia que no sepa entender, respetar y aceptar el humor no es aún democracia&#8230;</strong></p>
<p>–Para averiguar lo que pasa hay varios parámetros: las estadísticas, las encuestas, la mercadotecnia, los índices de popularidad o el IPC (ingreso per cápita) que a veces, en nuestros países, es el más mentiroso porque esas cifras chocan contra la realidad de la concentración de la riqueza y la democratización de la precariedad. Yo prefiero preguntar, si es que veo a gente sonriendo, de qué se ríe. Al contrario de los índices y promedios, el humor es un democrático catalizador de contenidos, que permea la sociedad de arriba a abajo y por los cuatro costados. Trabaja con datos reales, palpables, asumibles por todos. El humor no miente, da información confiable, siempre. En Chile, por ejemplo, no se puede hacer humor sobre la valentía y la honestidad de Pinochet, así como tampoco ironizar sobre la cobardía o la deshonestidad del presidente Allende. No funciona. La realidad y la historia no bancan esa posibilidad. Como dijo Casimiro Casipienso, filósofo amigo: “El humor es el sentido común en plan de joda”. Y Mordillo agrega: “El humor es el oxígeno de la democracia”. Por ejemplo, el Carnaval es esencialmente democrático, deroga por unos días todas las leyes, escritas o no, menos una: el derecho a ser felices. Derecho consignado en la constitución norteamericana. Chile es el único país latinoamericano que no tiene Carnaval. Los estudiantes invitan todos los días, poniendo a la sociedad patas arriba si es necesario, a cursar la asignatura democrática pendiente.</p>
<p><strong>–Y, entonces, ¿de qué se lo puede culpar al humorista?</strong></p>
<p>–Quizá de esa habilidad de mezclar asuntos aparentemente inconexos. Hemos arribado a un modelo de sociedad en que la forma es más importante que el fondo, la apariencia es más importante que lo sustancial. Pero el humor se cuela aludiendo al fondo y la apariencia cae, como de nuestra piel se caen las células muertas. Caen los disfraces y la complicidad humorística e involuntaria, entre el emisor y el receptor, pone en evidencia al gato que nos estaban vendiendo como liebre. En todas partes el humor funciona así. Yo convoco a los políticos –esos encuestadependientes– a mirar el humor como un espejo que nos muestra lo que tratamos de ocultar, que evidencia nuestras falencias y nuestros errores. Ojalá ellos examinen el chiste que los incomoda y lo lean tal como analizan los sondeos de opinión.</p>
<p><strong>–¿Cuáles son para usted las claves del humor gráfico?</strong></p>
<p>–El humor gráfico se ha disparado hacia diferentes formatos y formas de contar o describir algo. Hay tanto humor como música, buena o mala, la que nos permea y motiva o la que nos resbala. Hay formatos diferentes que exigen una coda, una clave y un modo de resolver distinto. Pienso que hay que leer mucho, informarse, sobre todo para el dibujo de opinión, el que va en las páginas editoriales, ese tipo de dibujo debe ser irreprochable. Un profesor una vez nos dijo en la academia que nosotros no estábamos allí para aprender a dibujar sino para aprender a ver. Eso lo uno a Samuel Beckett cuando dijo “Mal visto, mal dicho”.  Quizá el humor, que es inteligencia pura, resulte del revoltijo del azar, de lo impensado, de lo irracional, pero partiendo de un pie forzado que exige un sentido.</p>
<p><strong>–¿Y usted cómo trabaja?</strong></p>
<p>–A veces tomo apuntes, bocetos, hago dibujos a mano suelta o en línea lenta buscando lo arbitrario, lo no estructurado conceptualmente, lo absurdo. Esos dibujos quedan, dan vueltas y aparecen y desaparecen de mi escritorio. De pronto encuentro la posibilidad de buscarle una salida, una variante lógica que lo explique. Hasta llegar a concretar una metáfora graficada. Este proceso puede, a veces, tomar años. Es como cuando competíamos en la escuela haciendo variantes de chistes de náufragos. Insistíamos hasta llegar a uno que faltaba.</p>
<p>*Fuente: <a href="https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/18-25821-2012-07-13.html">Página12</a></p>
<a href="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2026/03/Cuarto-Reich_Palomo.pdf" class="pdfemb-viewer" style="" data-width="max" data-height="max" data-mobile-width="200"  data-scrollbar="both" data-download="on" data-tracking="on" data-newwindow="on" data-pagetextbox="off" data-scrolltotop="on" data-startzoom="100" data-startfpzoom="100" data-toolbar="both" data-toolbar-fixed="on">Cuarto Reich_Palomo<br/></a>
</div>
</div>
</div>
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		<item>
		<title>«Raíces y Horizontes &#8211; Un viaje creativo»</title>
		<link>https://piensachile.com/2025/08/29/raices-y-horizontes-un-viaje-creativo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Aug 2025 20:58:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
		<category><![CDATA[montreal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>29 de agosto de 2025<br />
Exposición Intergeneracional en Montreal<br />
Entre la memoria y el futuro, entre la tierra natal y la nueva tierra, nace un exposición única que entrelaza la creación, el conocimiento y la transmisión familiar.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/08/29/raices-y-horizontes-un-viaje-creativo/">«Raíces y Horizontes &#8211; Un viaje creativo»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>29 de agosto de 2025</p>
<h3 style="text-align: center;">Arte, ciencia y memoria dialogan entre generaciones.</h3>
<p>Exposición Intergeneracional en Montreal</p>
<p>Entre la memoria y el futuro, entre la tierra natal y la nueva tierra, nace un exposición única que entrelaza la creación, el conocimiento y la transmisión familiar.</p>
<p style="text-align: center;">Del 28 de agosto al 13 de septiembre de 2025 en CACI-Montreal</p>
<p><img loading="lazy" class=" wp-image-97366 aligncenter" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-300x218.jpg" alt="" width="700" height="509" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-300x218.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-1024x745.jpg 1024w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-768x559.jpg 768w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-1536x1117.jpg 1536w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-2048x1489.jpg 2048w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/convocatoriaESPANOLoffhorarioCESAR-585x425.jpg 585w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<a href="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/08/3G-des-Activites-Quotidiennes.pdf" class="pdfemb-viewer" style="" data-width="max" data-height="max" data-mobile-width="200"  data-scrollbar="both" data-download="on" data-tracking="on" data-newwindow="on" data-pagetextbox="off" data-scrolltotop="on" data-startzoom="100" data-startfpzoom="100" data-toolbar="both" data-toolbar-fixed="on">3G des Activités Quotidiennes<br/></a>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Curriculum expositores:</strong></p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Juan Schneider, CV</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Artista multidisciplinario, mi obra se sitúa en la intersección de las artes visuales, la física aplicada y el arte marcial japonés del kendo. Me dedico a la pintura y las instalaciones, con exposiciones individuales en Montreal, Buenos Aires, Toronto, Santiago de Chile y Laval, así como a la participación en numerosas exposiciones colectivas en Canadá, México y Argentina. También he creado varios murales e instalaciones en centros culturales e instituciones públicas de Chile, México y Quebec. Mis obras forman parte de prestigiosas colecciones como las del Banco Nacional, el Museo Carrillo Gil (México), el Centro de Arte Recoleta (Argentina), la Maison des Arts de Laval y la Oficina del Gobernador General de Quebec. Ganador del Premio Laurentian Life, mi enfoque artístico refleja una visión única que forja vínculos entre la ciencia, el arte y la disciplina física. A continuación, un resumen de sus principales actividades artísticas:</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Exposiciones individuales:</strong></p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">2022 Yulex, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1996 Centro de Arte Recoleta, Buenos Aires, Argentina</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1993 Galería Art et Arte, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1992 Galería Art et Arte, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1991 S.A.C. Galería, Universidad de Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1989 Galerie 203 Contemporary Art, Toronto</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1987 Galería Alfred D’Allaire, Laval</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1985 Galería Facultad de Ingeniería, Universidad de Chile, Chile</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Exposiciones colectivas:</strong></p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1998 The Alternator Centre for Contemporary Art, Kelowna, BC</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1993 ELAAC 93, Place Bonaventure, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">Simposio de Pintura Joven en Canadá, Baie-St-Paul, Quebec</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1992 ELAAC 92, Place Bonaventure, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">Arte Contemporáneo de Latinoamérica, Centro Ottawa-Carleton, Ottawa</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">Papyrus Mania, Art et Art, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">Galería Papeete, Tahití</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">Galería Observatorio 4, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1991 Bienal del Descubrimiento, Museo de Quebec, Ciudad de Quebec</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">El Resplandor de un Eco, Maison des arts de Laval, Laval</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">Galería Observatorio 4, Montreal</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Murales e instalaciones:</strong></p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">2000 Youth Centro, Laval</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1998 Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil, Ciudad de México, México</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1992 El Nuevo Mundo, Maison de la culture Villeray, Montreal. 1986 Colegio del Verbo Divino, Santiago, Chile</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1985 Centro Cultural, Hospital Barros Luco, Santiago, Chile</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1984 Centro de Estudiantes, Facultad de Ingeniería, Universidad de Chile, Santiago, Chile</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Colecciones y Premios:</strong></p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">1- Colección del Banco Nacional</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">2- Colección del Museo Carrillo Gil, México</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">3- Colección del Centro de Arte Recoleta, Buenos Aires, Argentina</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">4- Colección de la Maison des Arts de Laval</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">5- Colección Yulex Abogados y Estrategas</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">6- Oficina del Gobernador General de Quebec</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">7- Premio Laurentian Life</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">8- Colección del Centro de Arte Baie-Saint-Paul</p>
<p style="font-weight: 400; padding-left: 80px;">9- Colección de Arte de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, U. Sherbrooke</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong> </strong></p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>CÉSAR CARRASCO, ARTISTA MULTIDISCIPLINARIO Y ACTIVISTA SOCIOCULTURAL</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">César Carrasco Caviedes se vio obligado a abandonar su país natal en 1975, tras el establecimiento de la cruel dictadura en Chile en la década de 1970. Gracias a gestiones diplomáticas internacionales, logró escapar de las garras de esta sangrienta dictadura con la ayuda de la Cruz Roja Internacional, que lo envió a Venezuela, el primer país en otorgarle asilo. Allí, impartió clases de Televisión Educativa en la Universidad de Maracaibo.</p>
<p style="font-weight: 400;">Poco más de un año después, recibió una oferta para emigrar a Canadá. Fue enviado a la ciudad de Red Deer, Alberta, donde vivió aproximadamente un año antes de decidir establecerse definitivamente en Montreal con su esposa Iris y su hijo menor, Pablo. Posteriormente, el hijo mayor de Iris, Juan Schneider, también se unió a ellos. Habiéndose establecido en Laval en la década de 1980, se distinguió por su integración en la vida social, comercial, artística y cultural de la ciudad. Tras una breve etapa como freelance en Radio-Canada International, fundó Graphothèque César, un estudio de servicios gráficos publicitarios, lo que le granjeó cierta reputación en el sector comercial. En aquella época, numerosos inmigrantes latinos acudían a él en busca de asesoramiento e información. Así, junto con su esposa y una decena de latinoamericanos, fundó la Asociación Hispana de Laval, que, bajo su liderazgo, fue reconocida por la ciudad de Laval como la mejor organización de integración sociocultural. La asociación ha crecido hasta contar con más de 450 miembros latinos, de los cuales aproximadamente el 60% provienen de Quebec y otros orígenes. Su objetivo era ser una asociación multiétnica, no un gueto latino. Esta organización celebra su 31.º aniversario este año. César Carrasco es licenciado en Publicidad por la Universidad de Santiago de Chile y profesor de Publicidad, Diseño y Audiovisual. También cursó un año de estudios en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, antes de cursar Sociología de la Comunicación Social en Montreal. Paralelamente a sus actividades profesionales, se unió al Atelier de Sculpture 213, del cual llegó a ser vicepresidente. Expone en numerosos espacios y realiza actividades de difusión cultural en varias ciudades de Quebec (Maison des arts de Laval, Loto-Québec, Maison Benjamin Papineau, Maisons des arts outside Laval y Montreal). También se especializa en serigrafía, fotografía, fotomecánica, infografía e impresión offset.</p>
<p style="font-weight: 400;">Su exposición individual más reciente se celebró en la Galería 3440 de Montreal Norte. Formó parte del Mes de la Cultura municipal y duró 15 días, presentando cada tarde artistas invitados de diversos ámbitos de la cultura latinoamericana y quebequense.</p>
<p style="font-weight: 400;">En el ámbito social, participa en diversas organizaciones comunitarias de solidaridad y actúa como referente para la orientación y motivación de nuevos inmigrantes.</p>
<p style="font-weight: 400;">Numerosos artículos han destacado la trayectoria de César Carrasco y su participación en los cimientos de la sociedad quebequense, especialmente en Radio-Canadá Internacional. Ya jubilado, tras apoyar y cuidar a su esposa, quien padeció Alzheimer hasta su fallecimiento, ha redescubierto con pasión su vocación artística, principalmente en la pintura, pero también ocasionalmente en la escultura.</p>
<p style="font-weight: 400;">Su familia ha crecido: sus hijos Juan y Pablo le han dado cinco nietos, tres de los cuales ya son profesionales, todos residentes en la ciudad de Laval. César Carrasco participa con pasión y creatividad en diversos proyectos artísticos y sociales en Laval, una ciudad acogedora y solidaria.</p>
<p style="font-weight: 400;">Este año, el Ayuntamiento de Laval lo invitó a firmar el Libro de Visitas de Laval por su contribución a la cultura, la economía y la integración de los inmigrantes en la sociedad.</p>
<p style="font-weight: 400;">Actualmente es miembro de la organización creativa R.A.P.P.E.L. Parole-Créations de Laval, de la Asociación Hispana de Laval, así como de diversas organizaciones y asociaciones comunitarias.</p>
<p style="font-weight: 400;">CESAR CARRASCO CAVIEDES<br />
info@artcesar<br />
514-814-8845</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Soy Adriana.</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Pinto, dibujo y creo desde que tengo uso de razón.</p>
<p style="font-weight: 400;">Creo, ante todo, para mí. Para dar forma a emociones, a veces inmensas, a veces diminutas, a menudo ignoradas, rara vez comentadas. Estados de ánimo que pasan desapercibidos, pero que moldean nuestras vidas silenciosamente.</p>
<p style="font-weight: 400;">Seguí los pasos de mi abuelo. Su pasión, su autenticidad, su forma de compartir sus creencias y su historia me han guiado. Me enseñó a crear, a afirmarme, a compartir la vida y el arte.</p>
<p style="font-weight: 400;">Me encanta la idea de que el arte puede unir a las personas, inspirar y hacer el bien. Con esta filosofía, imparto talleres de acrílico líquido para compartir lo que me apasiona e invitar a otros a expresarse a su manera.</p>
<p style="font-weight: 400;">Al mismo tiempo, trabajo en diseño gráfico, otro espacio donde puedo dar rienda suelta a mi creatividad, navegando entre estos dos mundos, el artístico y el visual.</p>
<p style="font-weight: 400;">Todos somos seres curiosos, en constante búsqueda de respuestas, de la razón. Pero es en estos momentos de claridad que nos damos cuenta de la simplicidad de la existencia.</p>
<p style="font-weight: 400;">Entre los mayores logros y los eventos más trágicos se encuentra un lugar agridulce donde la gratitud vive libremente, sin ataduras.</p>
<p style="font-weight: 400;">De estas emociones volátiles y frágiles, nace lentamente mi inspiración.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/08/29/raices-y-horizontes-un-viaje-creativo/">«Raíces y Horizontes &#8211; Un viaje creativo»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Roberto, tío Lobo, ahora que partiste, ¿quién me va a invitar?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Feb 2025 21:45:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derechos de los niños]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Fascismo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Migrantes]]></category>
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		<category><![CDATA[sergio maureira]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>17 de febrero de 2025<br />
Hoy por la mañana, luego de despertar y como siempre, con el eterno deseo de recibir una buena noticia, miré los correos electrónicos y los mensajes en las redes sociales. Y así es como me he enterado de tu partida, a través de mensajes de Rosa, tu compañera de toda la vida y de tu hija Panchi.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/02/17/roberto-tio-lobo-ahora-que-partiste-quien-me-va-a-invitar/">Roberto, tío Lobo, ahora que partiste, ¿quién me va a invitar?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>17 de febrero de 2025</p>
<p>Estimado Roberto,</p>
<p>hoy por la mañana, luego de despertar y como siempre, con el eterno deseo de recibir una buena noticia, miré los correos electrónicos y los mensajes en las redes sociales. Y así es como me he enterado de tu partida, a través de mensajes de Rosa, tu compañera de toda la vida y de tu hija Panchi. Me dicen que has partido desde tu casa en Linares, la que recuerdo en medio de la naturaleza, bajo grandes árboles y piedras del cerro, rodeado del cariño de tu familia.</p>
<p>Leer esa noticia ha desatado una avalancha de recuerdos en mi cabeza. Ni tú ni yo somos de muchas palabras para hablar de lo privado. Somos de la generación que hablaba en primera persona plural, lo que hoy está totalmente pasado de moda. Pero, así crecimos, lejos de la gran ciudad, compartiendo pan y penas, frutas y alegrías, cultivando la generosidad de la gente de campo.</p>
<p>Recuerdo cuando nos conocimos en Cottbus, en ese país que hoy ya no existe, iniciando la vida de exilio. Quizás es tarde para decirlo, pero quiero que sepas que tu generosidad, tu alma campesina, el calor de hogar que me brindaste con tu familia, me ayudó a sentirme menos solo, acompañado, permitiéndome generar fuerzas para salir del hoyo profundo en que había caído, debido al exilio que me forzaba a permanecer lejos del terruño. Todavía hoy, cuando me baja la pena, la nostalgia, me acuerdo cuando llegabas hasta mi puerta para invitarme a “<em>ir a hacer el mojón</em>” (para quienes no conocen la expresión, les cuento que Roberto la usaba para invitarme a almorzar o a comer en su casa), y sigo sin poder aguantar la risa, cada vez que me acuerdo de ella. Ahora que partiste, ¿quién me va a invitar?</p>
<p>¿Cómo olvidar a Roberto, Tío Lobo, el hombre de los “Chispigramas” <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> en la “Chispita”? Si, claro, por supuesto, estuviste en ese equipo que se formó con absoluta naturalidad, pensando en que había que buscar formas de hacerle más fácil a los niños la asimilación de la nueva cultura, la del país que nos había recibido, sin que por ello olvidaran sus raíces, su idioma y así nació «Chispita». Allí fuiste «Tío Lobo», con tu cariño y tu ternura con los niños.</p>
<p><img loading="lazy" class=" wp-image-95034 alignleft" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-208x300.png" alt="" width="250" height="361" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-208x300.png 208w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-710x1024.png 710w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-768x1108.png 768w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-1065x1536.png 1065w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-1419x2048.png 1419w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita-585x844.png 585w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Chispita.png 1468w" sizes="(max-width: 250px) 100vw, 250px" />Si, el exilio era duro para todos. La nostalgia del terruño, lo extraño del clima, del idioma, de las comidas, pero lo más duro quizá, era el sentirse ausente, ajeno a la lucha que se libraba contra la dictadura, pero para ti era especialmente duro. Tu cabeza, tu lealtad, te impedía olvidar a quienes habías tenido junto a ti. Lo sé y por esa razón, guardé siempre conmigo, llevándolo entre las “cosas sagradas” en mis mudanzas, incluso en los cambios de continente, un pequeño librillo, un folleto que tú redactaste narrando tu trabajo en la construcción de partido durante los años del gobierno de la Unidad Popular y el terrible drama de aquella familia campesina de la Isla de Maipo, que tú y tu gente ganaron para ese partido que era nuestra esperanza. Ese texto lo debes haber escrito hacia fines del año 1977, cuando seguía la incertidumbre del destino y la suerte corrida por la Familia Maureira y un grupo grande de detenidos después del golpe en esa localidad. Los detalles de esa brutal historia, de lo ocurrido en los hornos de Lonquén, sería conocida más tarde</p>
<p>Hasta hoy, a pesar de los años, la narración que haces de tus conversaciones con el “Compañero Maureira”, me hacen revivir los sueños y la realidad que construíamos en esos años. Por cierto, esperábamos un final diferente, pero ya a llegar ese día. Que el esfuerzo, los aciertos y los errores, cometidos por nuestra generación sirva de enseñanza a quienes nos están reemplazando.</p>
<p>Hoy, después de leer los mensajes de Rosa y de Panchi, he revuelto un par de cajas con documentos que sigo arrastrando, buscando lo tuyo, hasta encontrarlo. Debo confesarte que mientras lo hacía, pensaba que debería buscar ya un destino para todo lo que arrastro conmigo, por nostalgia, por lealtad, por cariño. Los años pasan y el ciclo se cierra. El día de la partida se acerca y nadie puede hacer nada contra ello. Y nos volveremos a encontrar, estoy seguro de eso.</p>
<p>Te mando un fuerte abrazo y un «<em>Hasta que nos volvamos a encontrar</em>«.</p>
<p>Angel</p>
<p>PD.: Creo y siento que este texto tuyo resume muy bien lo que fue tu vida, tu lealtad con los sueños de los postergados:</p>
<p><img loading="lazy" class=" wp-image-95037 aligncenter" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1-300x207.png" alt="" width="500" height="345" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1-300x207.png 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1-1024x706.png 1024w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1-768x530.png 768w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1-1536x1059.png 1536w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1-585x403.png 585w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2025/02/Salvemos-a-Sergio-Maureira-1.png 1656w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Seguramente Usted no lo conoce. Él es un campesino corpulento, de hombros anchos. Andaba trayendo siempre una risa grande. Sus propias manos eran amplias amigas y generosas. Sabía echar la talla, silbar canciones mejicanas, armarle “huachis” a los conejos y cultivar la tierra como todos los campesinos. Quería mucho a su mujer y a sus 8 hijos y a pesar de haber sufrido siempre muchas pellejerías era un hombre contento que sabía amar y que sabía vivir.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Recuerdo cuando llegó a Talagante y pidió hablar con el responsable de nuestra Dirección Local. Conversamos y fue derecho al grano:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Yo me llamo Sergio Maureira y soy de la Isla de Maipo y quiero saber como hay que hacer p’a trabajar por el Partido de ustedes”.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Llegó rompiendo un poco los esquemas.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Su aspecto bonachón entregaba confianza, pero ninguno de nosotros lo conocía y las más elementales normas de seguridad aconsejaban andarse con cuidado.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Le pregunté por qué quería trabajar por nuestro Partido.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Güeno, yo no me he metío nunca en política, pero ahora la cosa se está poniendo medio hedionda y uno no puee quedarse al medio: o se va pal lao de los ricos o se va pal lao del Presidente que está haciendo cosas por la gente como uno”.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Su respuesta me pareció bien, pero no respondía la pregunta. Insistí:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Por qué quiere trabajar por nuestro Partido compañero Maureira?”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Güeno, la cosa empezó porque ustedes me pintaron el portón con letras colorás y verdes hace unos meses. Yo dije altiro, estos no son ná de la Isla. Güeno, la pintá ahí queó y toavía está”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Tiempo atrás -agregó- juí a ver a un compadre a Lonquén y venía de güelta como a las 12 de la noche y había una patota pintando una muralla al lao de la Iglesia. Andaban en una camioneta blanca y usté también andaba. Güeno, pensé, a estos les pagarán por andar güeviando y me juí y seguí pensando en la cosa de los políticos. Y como 2 domingos después, tábamos almorzando con la radio prendía y dijeron que iba a hablar el jefe del MAPU, Rodrigo Ambrosio. Aí los cabros saltaron altiro: »Ese es de los mismos que pintaron el portón« y cuando iban a cambiar la radio, yo les dije que escucháramos a ver si nos iba a dar plata pá la pintura. Güeno, él no habló ná de la pintura, pero las cosas que dijo eran harto ciertas y a mi me gustó lo que él dijo. Poco después oí una concentración  de la CUT y habló un compañero Rojas, que también es del MAPU y también me gustó lo que él habló: que los trabajadores teníamos que unirnos má, organizarnos má y trabajar cada día má, pá defender a este gobierno y a la UP. Güeno y yo quería trabajar por el Partío del compañero Rojas, si se puée, total el portón tovía tá pintao…”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Así lo conocimos. Así llegó al Partido: de una manera simple y pura, como el agua con la cual regara durante tanto tiempo los maizales del patrón.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Apenas iniciado en el trabajo comenzó a destacarse. Pedía estar en todas las tareas, como queriendo recuperar en breve plazo el tiempo perdido. Le apuraba la causa y le dolía no haber comenzado antes a luchar por sus hermanos. Trabajó duro en su comuna en la campaña por los compañeros Eduardo Rojas y Carmen Gloria Aguayo. Nuestros candidatos no triunfaron, pero en ese lugar nuestro Partido obtuvo el porcentaje más alto de votos  del Segundo Distrito. “P’a otra será -dijo- pero tenimos que ponerle más pino”. Y siguió con renovados bríos aportando y aprendiendo. No perdía oportunidad y a todos preguntaba por todo, como un día, por ejemplo, cuándo estábamos comiendo sandías debajo de los sauces y pedía que le aclaráramos la “custión de las clases”, porque se sentía ofendido cuando decíamos que el campesino pertenecía a la pequeña burguesía.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Pero quien inventó esa guevá, iñor… yo he sío obrero toa la vida y lo único que he tenío han sío 8 chiquillos! Y de que clase son el cura? Y el doctor? Y los Olaves?. Esto tenimos que cambiarlo.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Acompáñeme a porcar las papas -decía otra vez- y hablamos del centralismo democrático” o bien “mientras azufro las parras, cuénteme del pelaíto Lenin”. Y yo contaba lo que podía , aunque siempre me gustó mucho más escucharlo a él.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Recuerdo la primera vez que participó en una marcha en Santiago. Aquel día fue de los primeros en llegar a la sede central de nuestro Partido y que orgulloso se sentía llevando la bandera roja y verde y como le gustaba gritar “con toda el alma mieeerda”.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Luego vinieron otras marchas y otras concentraciones y la lucha política se iba intensificando paulatinamente. Ya no había tiempo para largas conversaciones debajo de los sauces. Habíamos crecido en la zona y eso no le gustaba a los facistas. Un día atacaron a su hijo Mario y otro día yo recibí algo de parte de los camioneros de El Monte.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">La reacción de Sergio frente a esos hechos fue muy suya: “Es como hacer callar un chancho a palos -dijo- mientras más nos den, más firme tenimos que ponernos”. Y nos poníamos más firmes, cada uno en su frente, cada cual en sus tareas, hasta que vino el Golpe.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">No volví a saber de él hasta principios de noviembre. Yo estaba preso en Investigaciones de Santiago. Estábamos siendo hacinados en la Parrilla, junto a un grupo de dirigentes de la UP de Talagante y cientos de compañeros de la provincia de Santiago. Me llaman a un interrogatorio; me ponen un capuchón, me golpean y esta vez una sola pregunta: “vos, huevón, ¿conocís a los Maureira?”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-¿Los Maureira? -respondí, tratando de hacerme merecedor del calificativo que me daban- Si, conozco a unos Maureira que tiene una farmacia en Linares”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Nuevos golpes, insultos, patadas.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Así que nos querís agarrar p’al gueveo o vos soi más huevón de lo que parecis. Los Maureira que nos interesan son de la Isla de Maipo. ¿Los conocís o no los conocis ná?</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Dije que de Isla de Maipo no conocía a ningún Maureira.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Tai seguro?, gritó el discípulo de Pinochet.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">-“Si, estoy seguro” contesté, esperando la reacción en la oscuridad y ahogo que me producía el capuchón.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Con extrañeza sentí que me quitaban el capuchón y me decían “ya huevón, güelve p’a bajo.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Durante una semana continuaron llamando al grupo del Departamento de Talagante con el mismo objetivo, el mismo procedimiento y la misma pregunta:</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“¿Vos güevon, conocís a los Maureira?”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Ninguno de nosotros declaró conocerlos.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">En el grupo había un dirigente del Partido Radical en la Isla de Maipo. Lo llamé aparte y le pregunté: “Compañero, ¿qué pasa con los Maureira?</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“No sé -me respondió- pero lo encuentro raro”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Quise saber por qué</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Bueno, porque a los Maureira hace como un mes que los agarraron”, me informó.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Cómo fue”, le pregunté</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Fue el 7 de octubre. Llegó un montón de pacos de la Isla de Maipo, comandados por un Teniente. Rodearon la casa y entraron golpeando a todos, insultando y rompiendo a patadas todo lo que podían. Cuando le pegaron a una de las hijas chicas, el compañero Maureira se les fue en collera y le pegó una patá al Teniente y un combo a un paco. Ahí se metieron los 4 hijos mayores y a patá y combos hicieron lo que pudieron, pero los pacos eran muchos y los agarraron a a culatazos hasta que los dejaron sin conocimiento. Despues los echaron en un furgón, uno arriba del otro y se los llevaron a la comisaría de la Isla. Eso es todo lo que supe yo antes de caer preso.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“¿Le dijo algo de esto a los “tiras”?”, le pregunté.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“No compañero, nada. A mi me pueden revantar los cocos, pero después de saber cómo se portaron los Maureira… a mi, sobre ellos, no me sacan ná”, me respondió.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Gracias compañero -le dije- Hay que tirar p’arriba”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“Si compañero -me confirmó- hay que tirar p’arriba”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Y eso fue todo. Los días siguieron transcurriendo en la “pesca”, lentos, tediosos y terroríficos, entre quejidos, miembros quemados y huesos rotos, producto de las “hazañas” de esos seres de apariencia humana, brutos como un jabalí y de mentes estrechas como las lagartijas. En los nuevos interrogatorios no se volvió a mencionar a los Maureira.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Más tarde, cuando salí en “libertad” pude confirmar la versión que me habían dado sobre la detención de los Maureira, pero continuaba el misterio: ¿Qué había pasado con los compañeros después de la detención?</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Su compañera, con una de las hijas, fueron el mismo día a la Comisaría de la Isla de Maipo para saber de sus familiares. Sólo recibieron amenazas e insultos. Siguieron preguntando los días siguientes y nada. No había respuesta, sólo amenazas y más insultos, hasta que un día, en un paréntesis de humanitarismo, les dijo. “Esos 5 extremistas fueron llevados a Talagante”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">La compañera se fue a Talagante, preguntó a Carabineros, no hubo respuesta. Preguntó en Investigaciones y nada. Preguntó en un recinto militar y tampoco hubo respuesta. La compañera siguió viajando todos los días, durante semanas, y nadie sabía nada, o bien, cada una de esas instituciones culpaba a la otras. Si preguntaba en Carabineros le respondían: “Aquí no están… deben tenerlos los milicos. Preguntaba entonces a los militares y estos le decían: “Acá no los tenemos, deben estar en Investigaciones”. La compañera iba a Investigaciones y allí le decían: “Tienen que tenerlos los pacos, si ellos los detuvieron”. Asi, durante un mes, hasta que alguien les dijo: “Esos 5extremistas fueron llevados a Santiago”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“¿A Santiago? ¿Y a qué lugar?” preguntó la compañera.</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“No, eso no sabemos”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“¿Quién los llevó?”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">“No, eso tampoco lo sabemos, tiene que preguntar en Santiago”</span></p>
<p style="padding-left: 80px;"><span style="color: #0000ff;">Y entonces la compañera se fue a preguntar a Santiago: Preguntó en todos los regimientos, en todos los cuarteles y en todos los centros de represión y tortura, donde pudo hacerlo, Nadie sabía nada. Como únicas respuestas recibía nuevas amenazas, insultos, groserías y vejaciones. Y su compañero y 4 de sus hijos desaparecidos.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Notas:</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Los chilenos y uruguayos que vivíamos el exilio en Cottbus (ciudad en República Democrática Alemana) confeccionábamos la revista “Chispita” dedicada a los niños para ayudarles a mantener el dominio del  idioma castellano. Roberto, participaba allí, entre otras tareas, preparando los “Chispigramas” (Crucigramas). Su pseudónimo era “Tío Lobo”</span></p>
<h3></h3>
<h3>Más sobre el tema:</h3>
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="6BM6OoyTWh"><p><a href="https://piensachile.com/2010/03/27/hornos-de-lonquen-los-35-campesinos-fueron-muertos-a-golpes/">Hornos de Lonquén: Los 15 campesinos fueron muertos a golpes</a></p></blockquote>
<p><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" title="«Hornos de Lonquén: Los 15 campesinos fueron muertos a golpes» — piensaChile" src="https://piensachile.com/2010/03/27/hornos-de-lonquen-los-35-campesinos-fueron-muertos-a-golpes/embed/#?secret=6BM6OoyTWh" data-secret="6BM6OoyTWh" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe></p>
<h3>Lonquén: La masacre de Carabineros a 15 campesinos</h3>
<p>Fuente :<b>prensaopal.cl, 7 de Octubre 2020</b></p>
<div class="wp_parrafo_content">
<p>El 7 de octubre de 1973, a las 21.45 horas, un grupo de once campesinos de la localidad de Isla de Maipo fue detenido por funcionarios de Carabineros. Los policías no portaban órdenes de detención ni allanamiento de los domicilios de esas personas. Numerosos testigos vieron cómo se los golpeaba y subía a una camioneta blanca de propiedad del dueño del Fundo Naguayán -donde se encontraban las casas de las tres familias-, se los amarraba y tendía boca abajo en el piso del vehículo.</p>
<p>Se trataba de los obreros agrícolas: Enrique Astudillo Álvarez (51 años), Omar Astudillo Rojas (20), Ramón Astudillo Rojas (27), Carlos Hernández Flores (39), Nelson Hernández Flores (32), Oscar Hernández Flores (30), Sergio Maureira Lillo (46), José Maureira Muñoz (26), Rodolfo Maureira Muñoz (22), Segundo Maureira Muñoz (24) y Sergio Maureira Muñoz (27). Sobre sus espaldas iban parados los funcionarios de Carabineros. Se pasearon por las calles del pueblo, para intimidar a toda la población. Finalmente, se los trasladó al retén.</p>
<p>La misma suerte corrieron cuatro jóvenes que ese mismo día habían sido detenidos en la plaza del pueblo: Miguel Brant Bustamante (22 años), Manuel Navarro Salinas (20), Iván Ordóñez Lama (17) y José Herrera Villegas (17).</p>
<p>Los familiares fueron engañados por las autoridades del gobierno. Se les informó que los detenidos habían sido trasladados al Estadio Nacional, en la capital. Los parientes interpusieron, en 1974, un recurso de amparo. Requeridas las autoridades de la localidad, por los tribunales, se limitaron a señalar que «todos habían sido trasladados con fecha 8 de octubre de 1973 al Estadio Nacional». Lo que era completamente falso.</p>
<p>El SENDET (Servicio Nacional de Detenidos), indicó contradictoriamente que «no tenía, ni había tenido nunca, información sobre ellos».</p>
<p>Sergio Diez -hoy senador de Renovación Nacional-, y en ese entonces delegado de la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte en la OEA, mintió en 1975 ante todo el mundo, diciendo que: «estas personas no tenían existencia legal», mientras otros «detenidos de Lonquén habían sido ingresados al Instituto Médico Legal en octubre de 1973».</p>
<p>El 29 de noviembre de 1978, un informante entregó a la Iglesia Católica los datos del lugar exacto donde se encontraban los malogrados restos de los campesinos y jóvenes: Unos hornos de cal en la localidad de Lonquén, a 14 kilómetros del pueblo de Talagante.</p>
<p>El Vicario de la Solidaridad, Cristián Precht, y el Obispo de Santiago, Enrique Alvear, decidieron verificar la información concurriendo al lugar junto a periodistas -Jaime Martínez (Qué Pasa) y Abraham Santibáñez (Revista Hoy)- y los abogados Máximo Pacheco (PDC) y Alejandro González.</p>
<p>La prensa informó: «En una antigua construcción de piedra, de unos doce metros de alto, adosada a la falda de un cerro, en cuyo interior existen dos silos de dos metros y medio, estaban los cadáveres (…) En el otro, tapado con piedras desde arriba y con una salida en su parte inferior, también tapiada, se encontraban restos humanos, un cráneo, ropas destrozadas (…)».</p>
<p>Fue un golpe certero y doloroso a la conciencia de miles de chilenos. Una herida abierta hasta hoy, indecible. Una imagen de dolor y miseria humana, de horror sin límite y brutalidad que la historia de la humanidad recordará para siempre. Nada pudo hacer Pinochet y sus lacayos para esconder el horrendo crimen. El obispo informó a Israel Bórquez, presidente de la Corte Suprema y colaborador del régimen, quien remitió los antecedentes al Juzgado de Talagante. Se designó a la jueza Juana Godoy para iniciar la investigación.</p>
<p>En diciembre de 1978 se remitieron los restos al Instituto Médico Legal. El pleno de la Corte Suprema designó como ministro en Visita al juez Adolfo Bañados, quien ordenó se hicieran autopsias, exámenes balísticos y reunió los procesos en que se había denunciado desaparecimiento de personas o presunta desgracia. Interrogó a los familiares de los campesinos «desaparecidos».</p>
<p>Los efectivos policiales involucrados: Lautaro Castro Mendoza -jefe de la Tenencia de Isla de Maipo- y los carabineros Juan Villegas Navarro, Félix Sagredo Aravena, Manuel Muñoz Rencoret, Jacinto Torres González, David Coliqueo Fuentealba, José Belmar Sepúlveda y Justo Romo Peralta, entregaron ante los tribunales la versión de que habían «llevado a los detenidos, de alta peligrosidad, a los hornos de Lonquén, con el objeto de desenterrar el armamento que tenían oculto, y que luego -en el lugar-, habían sufrido un ataque armado de desconocidos, siendo los campesinos muertos por la balacera. Ante el temor a represalias, habían decidido ocultar los cuerpos en los hornos abandonados».</p>
<p>En abril de 1979 el ministro Bañados debió declararse incompetente debido a la legislación imperante que otorga fuero a los uniformados y entrega los casos criminales en los que se encuentran nvolucrados a manos de la Justicia Militar. Estableció sí -antes de dejar el caso- la responsabilidad de éstos policías en los hechos. Su resolución dice: «La versión (…) para tratar de explicar la muerte de sus prisioneros, no sólo se contrapone al mérito de autos en múltiples aspectos y detalles, en particular, desde luego, por lo que concierne al número de las víctimas, sino que resulta intrínsicamente inverosímil (…) en ninguno de los restos se comprobó señales de perforaciones, fracturas u otros tipos de vestigios que pudieran relacionarse con proyectiles de armas de fuego, impactando un organismo vivo, por lo que la muerte de las quince personas hay que atribuirla a otras causas».</p>
<p>El proceso pasó entonces a manos del «Segundo Juzgado Militar», que encargó reo a los funcionarios de Carabineros en calidad de «autores del delito de violencia innecesaria causando la muerte». Luego de un corto trámite, el caso se sobreseyó definitivamente por medio de la Ley de Amnistía dictada por Pinochet, legislación a la cual los ocho carabineros habían solicitado acogerse. Posteriormente la «Corte Marcial» confirmó esa resolución.</p>
<p>El asesino Lautaro Castro fue ascendido al grado de Capitán.</p>
<p>A un año de haber sido encontrados los cuerpos de los campesinos y jóvenes, se procedió a la entrega de los restos a sus familiares. Los cuerpos fueron trasladados por funcionarios del Instituto Médico Legal a Isla de Maipo y sepultados en forma inmediata -salvo Sergio Maureira Lillo- para eludir la presencia de sus familiares, depositándolos en una fosa común. Los familiares, agraviados una vez más por las autoridades militares, interpusieron un recurso de queja ante la Corte Marcial -que se vio en la obligación de acogerlo-, en contra del fiscal militar Gonzalo Salazar Sweet, por «falta y abuso cometidos al no cumplir la orden de entrega de los cadáveres». Se le aplicó una censura por escrito. En enero de 1980 la Corte Suprema decidió dejarla sin efecto, al considerar que el fiscal «no incurrió en ninguna falta. Fueron los propios jueces que se la impusieron los que le señalaron el procedimiento que empleó».</p>
<p>Se presentó nuevamente una denuncia a la justicia por la muerte de los campesinos de Isla de Maipo. Esta causa fue llevada por el ministro en visita Héctor Solís, quien no pudo continuar con su investigación. La ministra de la Corte de Apelaciones de San Miguel Marianela Cifuentes, continuó la investigación finalizándola el 12 de septiembre de 2016 cuando dictó sentencia de primera instancia. La ministra condenó a los 7 carabineros que detuvieron a los quince campesinos, se condenó por el delito de secuestro calificado a los ex carabineros: Lautaro Castro Mendoza, jefe de la patrulla, a la pena de 20 años de presión por su responsabilidad como autor. David Coliqueo Fuentealba, Justo Ignacio Romo Peralta, Félix Héctor Sagredo Aravena, Jacinto Torres González, Juan José Villegas Navarro condenados a la pena de 15 años de prisión. Pablo Ñancupil Raguileo fue condenado a 900 días de prisión. El caso pasó a segunda instancia, la Corte de Apelaciones de San Miguel, el 16 de mayo del 2017, confirmó la sentencia. El 16 de junio del 2018 la Corte Suprema confirmó la sentencia que condenó a 6 ex carabineros dado que el jefe de los carabineros Lautaro Castro falleció antes de la condena.</p>
<p>El 18 de febrero de 2010, el Ministro de fuero (s) de la Corte de Apelaciones de San Miguel, Héctor Solís, dio a conocer la identificación de 13 de los 15 cuerpos, cuyos restos fueron encontrados en 1978, permitiendo que finalmente se pudiera realizar la sepultura, siendo el 26 de marzo el retiro de osamentas desde el Servicio Médico Legal. El 27 de marzo se realizó un velatorio público en el Patio Cívico de la Municipalidad de Isla de Maipo y el domingo 28, la sepultación solemne de las víctimas en el Cementerio Parroquial de Isla de Maipo.</p>
<p>Los Hornos de Lonquén fueron demolidos para borrar todo vestigio y huellas de memoria, para imponer definitivamente el olvido.</p>
<p><em>Por Arnaldo Pérez Guerra</em></p>
<p>*Fuente: <a href="https://memoriaviva.com/nuevaweb/detenidos-desaparecidos/desaparecidos-m/maureira-lillo-sergio-adrian/">MemoriaViva</a></p>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/02/17/roberto-tio-lobo-ahora-que-partiste-quien-me-va-a-invitar/">Roberto, tío Lobo, ahora que partiste, ¿quién me va a invitar?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Réquiem para un árbol en llamas</title>
		<link>https://piensachile.com/2024/02/29/requiem-para-un-arbol-en-llamas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Feb 2024 19:34:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ese árbol mítico se me fue transformando en una forma de vencer la distancia impuesta por la dictadura. A menudo me consolaba con la idea de que el árbol que mi yo más joven había puesto en la tierra se estaba elevando desde ese suelo tan chileno, ramificándose mientras daba la bienvenida a pájaros y escarabajos, bendiciendo el Jardín Botánico con un verdor esplendoroso, haciéndome señas desde lejos, murmurando que me esperaba un pedazo de mi pasado, que no todo se había perdido y desarraigado en el cataclismo del golpe.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>29 de febrero de 2024</p>
<div class="section-2-col article-header">
<div class="col 2-col">
<div class="author">
<div class="author-inner">
<div class="author-name ff-14px-w800">¿Cómo llorar la muerte de un árbol solitario, cuando bosques enteros se queman a mansalva? ¿Y cómo hacerlo en una nación como Chile, donde cientos de seres humanos acaban de morir y muchos más han quedado heridos en la reciente conflagración abrasadora que ha devorado miles de hectáreas y demolido innumerables viviendas en vastas regiones de mi atribulado país?</div>
</div>
</div>
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</div>
<div class="section-2-col article-main-content">
<div class="col 2-col">
<div class="article-main-content article-text ">
<p>Y, sin embargo, desde el amparo de mi casa en Santiago, a cien kilómetros de los carbonizaciones, por mucho que me horrorizaba la devastación que iba cobrando ingentes vidas y medios de subsistencia, no pude evitar preocuparme por un árbol en particular, una de las tantas víctimas desapercibidas de la catástrofe.</p>
<p>Se trata de un árbol que mis manos habían sembrado hace casi tres cuartos de siglo.</p>
<p>Yo era un niño argentino de siete años, que visitaba Chile por unas semanas, en mi camino de regreso a Nueva York, donde había vivido con mi familia desde la infancia. Mi papá decidió que yo era lo suficientemente grandecito para un ritual que él había llevado a cabo con su propio padre: plantar un árbol. Cumpliendo esa tarea, dijo, me quedaban por delante sólo dos misiones adicionales: escribir un libro y tener un hijo varón (era bastante machista, mi viejo).</p>
<p>Y fue así que me llevó al Jardín Botánico de Viña del Mar, uno de los viveros más grandes del continente, fundado, según mi papá, en 1817, casi junto a la Independencia de América. Una joven cuidadora nos guió a un sitio con condiciones óptimas para el crecimiento de un bosque colosal y me proporcionó una espátula menuda y una semilla aún más diminuta. La cubrí con tierra, me despedí como si fuéramos amigos íntimos y le prometí que volvería en algún futuro a ver si había prosperado.</p>
<p>Nunca logré visitar ese lugar (el tosco mapa que había dibujado en nuestro hotel se extravió rápidamente), pero lo que sí hice cinco años más tarde fue regresar a Chile, que se convirtió en mi patria permanente. Pruebas al canto: me hice ciudadano y me casé y publiqué mi primer libro y engendré, en efecto, un hijo varón. Si no llegué a cumplir esa promesa a mi árbol de saludarlo de nuevo, tampoco lo había olvidado. Y se me tornó más presente, paradójicamente, y más significativo, cuando partí al exilio, después del golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende en 1973.</p>
<p>Ese árbol mítico se me fue transformando en una forma de vencer la distancia impuesta por la dictadura. A menudo me consolaba con la idea de que el árbol que mi yo más joven había puesto en la tierra se estaba elevando desde ese suelo tan chileno, ramificándose mientras daba la bienvenida a pájaros y escarabajos, bendiciendo el Jardín Botánico con un verdor esplendoroso, haciéndome señas desde lejos, murmurando que me esperaba un pedazo de mi pasado, que no todo se había perdido y desarraigado en el cataclismo del golpe. Una promesa que pareció materializarse cuando, después de una larga lucha, la democracia retornó al terruño que había visto madurar ese árbol múltiple.</p>
<p>En estos últimos años, a medida que el cambio climático comenzó a obsesionarme hasta el punto de escribir una novela sobre cómo nuestra especie iba cometiendo un lento suicidio colectivo, ese árbol llegó a representar cada vez más para mí algo así como la esperanza. Lo imaginé resistiendo las aflicciones del tiempo y las depredaciones de los contaminadores, manteniéndose erguido contra el desperdicio y la erosión, ofreciendo sombra y colores junto con sus otros hermanos a lo largo del mundo, un símbolo de resistencia y continuidad.</p>
<p>Con toda probabilidad, ese árbol sembrado por ese niño ha sido ahora reducido a cenizas. De las casi 400 hectáreas del parque, el 90 % de las plantas del Jardín (algunas estimaciones dicen que el 98 %) fue destruido en el último incendio, provocando la pérdida irreparable de 1,300 especies, algunas de ellas ya en peligro de extinción. Junto con otras víctimas: treinta cachorros murieron en una perrera y se quemaron una inconmensurable cantidad de animalitos y pájaros y, por desgracia, cuatro seres humanos. Entre ellos se encontraba Patricia Araya, quien, durante las últimas tres décadas, había estado trabajando como horticultora, preparando nuevas semillas para la germinación. También murieron sus dos pequeños sobrinos. Y la madre de Patricia, de 92 años, que, cuando era más joven, había realizado las mismas labores que su hija. Y me pregunto, con pavor, si esta anciana no habría sido la misma adolescente que, en aquel entonces, proporcionó una semilla y una pala a un ansioso niño de siete años, me pregunto si la guardiana y madrina de mi árbol fue la que pereció.</p>
<p>De aquel árbol únicamente queda la historia de su origen legendario y su desenlace letal. Y de la miríada de otros árboles anónimos que perecieron ese día, ni siquiera permanece una historia como la que estoy mínimamente relatando. Y al igual que esos árboles sin vida, cada hombre, mujer y niño que murió en ese incendio era alguien con una historia propia que yo no tengo cómo contar. Y más allá de la hecatombe chilena se ciernen otras tragedias, una a una, una tras otra, convulsiones de magnitud incalculable en un planeta en llamas, cada vez más amenazado, cada vez más expuesto a medida que calentamos la atmósfera de manera intolerable y caminamos sonámbulos y ciegos hacia el apocalipsis.</p>
<p>¿Puede el árbol que sembré hace tanto tiempo prestarnos un último servicio y ayudar a que nuestra humanidad despierte a lo que le estamos haciendo a la Tierra y a nosotros mismos? ¿Cómo darles esperanza, dárselos de verdad, sin mentir, a los pequeños, un niño o una niña, que, en este mismo momento, colocan una semilla en la tierra y se despiden del árbol que crecerá allí y prometen volver a visitarlo, cómo podemos crear un mundo donde el árbol y los niños crezcan sin temer los incendios infernales que vienen por ellos y nosotros?</p>
<p>*Autor de <i>La Muerte y la Doncella</i> y, más recientemente, de la novela <i>Allende y el Museo del Suicidio</i>.</p>
<p>*Fuente: <a href="https://www.pagina12.com.ar/716291-requiem-para-un-arbol-en-llamas">Página12</a></p>
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		<title>«El grone»</title>
		<link>https://piensachile.com/2024/02/19/el-grone/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Feb 2024 22:51:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Solidaridad]]></category>
		<category><![CDATA[elliot roy]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
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		<category><![CDATA[grone]]></category>
		<category><![CDATA[haiti]]></category>
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		<category><![CDATA[solidaridad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nunca es tarde para reconocer que estuvimos rodeados de gente buena, digna, humana... y que les debemos mucho. Mucho. El grone es uno de ellos.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2024/02/19/el-grone/">«El grone»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p align="left">19 de febrero de 2024</p>
<p align="left">Como decía el otro <em>la situación era grave pero no desesperada</em>.</p>
<p align="left">Gracias a un hada madrina de las Naciones Unidas, que vino a verme en La Habana, supe que mi padre y mi hermano Alan estaban vivos.</p>
<p align="left">De algún modo salieron de los campos de concentración, -mi viejo del Estadio Nacional y Alan de Quiriquinas-, se reunieron al resto de la familia en Santiago y la Embajada de Francia les protegió y les ofreció refugio (*). He ahí porqué, dos años después del golpe de Estado llegué a París con el sano propósito de estrechar en mis brazos a mis progenitores y a mis tres hermanos.</p>
<p align="left">Cómo llegué a La Habana es otro cuento -difícil de creer- que algún día te contaré.</p>
<p align="left">Baste con saber que de algún modo aparecí en Tacna (dejando a N atrás, en la cárcel de Arica) en donde fui objeto de la delicada atención de la policía peruana. Lo de <em>delicada</em> va en serio. Me trataron como a un ser humano. Y me trasladaron a Lima, en donde permanecí bajo la protección de la policía civil que se comportó con una exquisita cortesía.</p>
<p align="left">Antes de ayer recibí en París a un pata limeño, dirigente sindical, y fue la primera oportunidad en 50 años de devolverle a un peruano el calor humano, la fraternidad y el respeto del que me hicieron objeto en octubre-noviembre de 1973. <em>Kusisqa kay wayqe&#8230;</em></p>
<p align="left">De modo que a fines de 1975 <em>la situación era grave pero no desesperada</em>. Había que ganarse los fifiles, trabajar en cualquier cosa, aprender el idioma, integrarse. Comencé sacando mierda, cargando y descargando camiones, limpiando fábricas, cagado de frío o de calor&#8230; como muchos chilenos.</p>
<p align="left">Los servicios municipales ofrecían lecciones de francés, y la AFPA (asociación francesa por la formación profesional de los adultos) puso a disposición unos veinte cupos para estudiar contabilidad. Nótese -lo digo a la intención del movimiento sindical chileno- que todos los cursos eran gratuitos y considerados como <em>tiempo trabajado</em>: te pagaban un salario modesto y cotizaciones a la Seguridad Social y al sistema público de pensiones.</p>
<p align="left">Al comenzar el primer día de clases, Elliott Roy, el profe, nos aclaró el panorama:</p>
<p style="padding-left: 80px;" align="left"><em>“Este curso es de nivel de Asistente de Contador. Pero todos Uds. tienen una formación de base bastante sólida, de modo que el curso que recibirán será el de Contador&#8230;”</em></p>
<p align="left">Poco después de terminar el curso obtuve un laburo en una curiosa empresa: la SENAM. Sociedad senegalesa de navegación marítima. De senegalesa tenía el nombre y la secretaria. Su actividad consistía en el transporte de productos entre la costa occidental africana y los puertos de la Europa atlántica. El gerente general, un <em>british</em>, amanecía empapado en whisky y ponía un encomiable empeño en mantener su grado de saturación alcohólica durante las 24 horas del día. El director comercial era danés y el director contable belga. Tíos simpáticos que se pasaban lo mejor de la jornada escogiendo el restaurante en el que se ofrecerían un pantagruélico almuerzo de alto nivel gastronómico.</p>
<p align="left">Como había que laburar, pronto pude traer tres chilenos más con los que -la necesidad tiene cara de hereje- trabajamos semanas enteras, sábados y domingos incluidos, hasta poner al día las cuentas de la empresa. <em>Chilean people: good workers</em>, decía Johnny Walker, apodo que le dimos al gerente general.</p>
<p align="left">Descubrimos que había agentes marítimos africanos (o sea europeos basados en África) que debían millones de dólares que nadie se ocupaba de cobrar. La plana mayor estimó urgente enviarnos a Dakar y a Duala con la crítica misión de recuperar ese billete, lo que.</p>
<p align="left">Tú dirás lo que te salga de los cojones, pero nuestra chamba difería un puñao de sacar mierda o cargar camiones: correctamente sentados en un bello escritorio, con calefacción en el invierno y climatizador en el verano, un cafecito esperando pacientemente que vinieses a conversarlo, almuerzo de tres platos-postre y café al medio día, un salario que comenzaba a llegar a fin de mes, acompañado cada quince días de un sobre con un billete variable que venía a recompensar la calidad de nuestros loables esfuerzos.</p>
<p align="left">Si te hago el cuento es porque ayer, regresando de una caminata en París, Ольга me hizo una pregunta en forma de reproche. <em>Este barrio</em>, había dicho este pechito, <em>ha cambiado de piel y de idioma</em>&#8230; ¿Qué quieres decir? inquirió ella&#8230; ¿Que no te gustan los negros?</p>
<p align="left">No. No era esa mi intención, sino señalar que de verdad la población africana ha aumentado porque aún ahora <em>hay que laburar</em>. Y nuestros vecinos llegan cada día como llegué yo&#8230; buscando sobrevivir como fuese.</p>
<p align="left">En cuanto a los árabes, sólo puedo decir que hace ya mucho tiempo que mi pana Taïeb Bellaïd Ben Hassine me sorprendió diciéndome <em>Ya no eres mi amigo</em>.</p>
<p align="left">Mi sorpresa fue mayúscula: durante años yo le había ayudado a comerciar con empresas francesas. ¿Qué te pasa? le pregunté. Y Taïeb me dijo con una espléndida sonrisa llena de luz: <em>“De ahora en adelante somos أَشْقاء&#8230;”</em> (hermanos).</p>
<p align="left">La razón era muy sencilla: yo había tenido la ocasión de acoger a su hijo en Francia.</p>
<p align="left">Pasa que cuando -en medio de la tragedia que te tocó vivir- fuiste el objeto de la humanidad, del afecto y de la solidaridad de tantas gentes de orígenes diversos&#8230; si no pagas con la misma moneda no eres sino un hijo de la chingada.</p>
<p align="left">El tipo que nos abrió una puerta, Elliott Roy, ese que se pasó por el forro la definición del curso que debíamos recibir, y lo elevó <em>motu proprio</em> al más alto nivel, había sido, como nosotros, un refugiado político.</p>
<p align="left">Oficial del ejército haitiano, Elliott llegó a ser miembro de la Guardia Presidencial. Allí se le ocurrió una idea luminosa: asesinar a François Duvalier, más conocido como <em>Papá Doc</em>, el sanguinario tirano que mangoneó en Haití con el concurso de sus <em>tontons macoutes</em>.</p>
<p align="left">Elliott participó pues en un complot que, desafortunadamente para él y sus compañeros, fracasó. Y terminó refugiado en París. Ese patriota, que apodamos afectuosamente <em>El grone</em>, fue quién nos tendió una mano cuando hacía tanta falta.</p>
<p align="left">¿Cómo podría yo detestar a los negros?</p>
<p align="left">Al comenzar a escribir esta parida una idea se me cruzó en el magín: ¿Y si 48 años más tarde <em>El grone</em> estuviese vivo aún?</p>
<p align="left">Vía Internet encontré a uno de sus hijos, que me proporcionó sus datos.</p>
<p align="left">La semana entrante, por primera vez en décadas, espero juntarme con <em>El grone</em>.</p>
<p align="left">*Fuente: <a href="https://madmimi.com/p/b12fd81?pact=9045631-179574864-3859050425-b3de4ff2115734da82d83f54cdf73f0a838446c5">Politika</a></p>
<p align="left"><strong>Nota:</strong></p>
<p align="left">(*) Hace unos días la comunidad chilena se reunió en Francia para rendirle homenaje al entonces embajador M. Pierre de Menthon y a Françoise, su señora esposa (ambos QEPD) que en el año 1973 interpusieron su alto rango y su inconmensurable solidaridad para salvar a cientos de compatriotas.</p>
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		<title>Desarraigo: Un Testimonio del Exilio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Sep 2023 08:21:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 Años del Golpe de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[comunicacion]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
		<category><![CDATA[gloria clavero aranda]]></category>
		<category><![CDATA[raices]]></category>
		<category><![CDATA[retorno]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los dramas del exilio no caben en tres páginas. Cada familia despedazada vivió el suyo, y hay quienes aun lo viven, y lo vivirán para siempre. Gloria Clavero describe su experiencia, variopinta porque fue un exilio errante...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>01 de septiembre de 2023<br />
Las gentes que padecimos el exilio, por causa de la Dictadura del Terror en Chile, somos como un personaje de la Odisea, siempre intentando volver a Ítaca después de una larga guerra, sin encontrar el camino de vuelta a casa, marcados por un cruel destino decidido por los “dioses”.</p>
<p>Con el embargo de mi identidad de mestiza chilena, lo real de mi Verdad, es que mi destino lo marcó la maldita “Lista”, dejando la huella del destierro y el desarraigo en mi psiquis, hasta el día de hoy…</p>
<p>La L me llevó en 1976 a Colchester, Londres, donde tuve la fortuna de conocer a una familia chilena, que cargaba la cruz de la tortura y el destierro Pinochetista. La solidaridad de esas personas me permitió permanecer 3 meses en su casa, hasta que el Home Office me mandó cambiar.</p>
<p>Sin embargo, ese destino marcado por la Dictadura, nos volvió a reunir en Limache, donde pudimos abrazarnos, con una de esas personas, después de 40 años. Puedo decir con emoción, que el exilio, con su carga de desarraigo, nos reunió en Londres, y nos volvió a reunir (a unir de nuevo), con el regalo de la Esperanza y la Ternura, en la Quinta Región, en Limache, Valparaíso Cordillera.</p>
<p>Después de Londres, La “Lista”, me llevó a Louvain La Neuve, donde encontré asilo y acogida, incluso hasta de la policía belga. Allí, permanecí 3 años.</p>
<p>Regresé a Chile en 1979, deseando quedarme con mi gente; pero no fue posible. El año 80, recrudeció la represión, y la persecución de quienes estábamos marcados.</p>
<p>Al año cumplido, regresé a Europa, esta vez a Catalunya. En esa tierra de raíces fenicias, escuché voces encantadoras (viene de encanto), que nos dieron otras señas, otra lengua, para situarnos en otras tierras, con otras gentes.</p>
<p>Desgraciadamente (viene de desgracia) cuando, al fin, pudimos volver a nuestra tierra de origen, ni el suelo, ni la gente que dejamos, eran las mismas; habíamos perdido los códigos esenciales de comunicación con nuestras raíces.</p>
<p>Hace 50 años que no lloro, por eso escribo y canto, porque es la manera que encontró mi corazón y mi alma para deambular por el Desarraigo, en mi propia cuna nativa, sin perderme del todo…</p>
<p style="padding-left: 80px;"><em><strong>De Mapuche vengo y a Fenicios fui</strong></em></p>
<p style="padding-left: 80px;">Me arrancaron de raíz<br />
De mi cultura y mi gente<br />
De mi Chile enmarañado<br />
Recóndito y enredado<br />
De mis sueños ancestrales<br />
Me despojaron.<br />
Me quitaron mi atavío<br />
De las Dunas de Atacama<br />
Del Pacífico bravío<br />
Del esplendor de Los Andes.<br />
Me obligaron a partir<br />
Sin nada<br />
¡Soy hija de los volcanes<br />
De su mar y su montaña<br />
Nadie me quita mi tierra<br />
Llevo su marca en mi sino!<br />
Aún no se cierra la herida<br />
Que me sacó del camino</p>
<p style="padding-left: 80px;">Herido mi corazón<br />
Sangró de muerte</p>
<p style="padding-left: 80px;">Perdida en el desarraigo<br />
Mis lágrimas se secaron<br />
Las flores de mi jardín<br />
Crecieron en otra tierra<br />
Que acogió mi desconsuelo<br />
Y allí se hicieron raíz</p>
<p style="padding-left: 80px;">Cogollo de amor dolido<br />
Mi corazón floreció</p>
<p style="padding-left: 80px;">Gracias al Mediterráneo<br />
Que en sus aguas me acunó<br />
Recuperé la fuerza<br />
Que el Pacífico me dio<br />
Soy hija del Fin del Mundo<br />
Pero también catalana<br />
Soy mestiza entreverada<br />
Y también mediterránea.</p>
<p style="padding-left: 80px;">Cogollo de amor partido<br />
Mi corazón siempre en duelo<br />
Buscando los imposibles<br />
Se dividió sin remedio;<br />
De mapuches vengo y a fenicios fui</p>
<p><em>-La autora, <strong>Gloria Clavero Aranda,</strong> es Profesora</em></p>
<p>*Fuente: <a href="https://madmimi.com/p/1cfa271?pact=6447986-175535719-4473064015-0f1e87668e65c009c2a4a24da524efb671cb8e8f">Politika</a></p>
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="BM0FOoLxeG"><p><a href="https://piensachile.com/2009/09/16/qnosotros-los-sobrevivientes-acusamosq/">&#8220;Nosotros, los sobrevivientes acusamos&#8221;</a></p></blockquote>
<p><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" title="«&#8220;Nosotros, los sobrevivientes acusamos&#8221;» — piensaChile" src="https://piensachile.com/2009/09/16/qnosotros-los-sobrevivientes-acusamosq/embed/#?secret=BM0FOoLxeG" data-secret="BM0FOoLxeG" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe></p>
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		<title>Nos apodaron «sudakas»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Feb 2023 23:33:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Migrantes]]></category>
		<category><![CDATA[españa]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
		<category><![CDATA[golpe de estado]]></category>
		<category><![CDATA[guacolda salas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En las últimas décadas del siglo veinte, esa potencia maligna que es el azar hizo que los españoles conocieran de cerca y de verdad a muchos sudamericanos. “Latinoamericanos” como nos gusta auto designarnos, quizá en el afán de convencernos y convencer a los demás de nuestra semi pertenencia a Europa.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>17 de febrero de 2023</p>
<p style="text-align: right;"><em>“Más de una vez me siento expulsado y con ganas de volver al exilio que me expulsa</em><br />
<em>y entonces me parece que ya no pertenezco a ningún sitio, a nadie.</em><br />
<em>¿Será un indicio de que nunca más podré no ser un exiliado?</em><br />
<em>¿Qué aquí o allá o en cualquier parte siempre habrá alguien que vigile y piense, éste a qué viene?</em><br />
<em>Y vengo sin embargo tal vez a compartir cansancio y vértigo desamparo y querencia</em><br />
<em>también a recibir mi cuota de rencores mi reflexiva comisión de amor</em><br />
<em>en verdad a qué vengo no lo sé con certeza pero vengo”.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Mario Benedetti</em></p>
<h3><strong>A MODO DE EXPLICACIÓN</strong></h3>
<p>El filósofo y escritor rumano Emil Cioran (1911-1995), autor de Las cimas de la desesperación, vivió un largo exilio en París repudiando por igual a Francia y a su Rumania natal; escribió que todo exiliado se siente llamado a contar sus memorias que constituyen “…una acumulación de zozobras, una inflación de horrores y de estremecimientos que avejentan”. Con este temor he redactado las páginas que siguen.</p>
<p>Sin embargo, el exilio de Cioran &#8211; a juzgar por su declarada admiración al estatus de apátrida &#8211; se asemeja más al del lobo estepario que deja la manada para esperar la muerte en soledad. En tanto, la diáspora procedente del Cono Sur de América Latina fue eminentemente colectiva; generada por la trágica derrota que el fascismo infligió a los movimientos socio-políticos de nuestros países.</p>
<p>Por esta razón evocar los años de ausencia, en alta voz o por escrito, obedece a la necesidad de restablecer el diálogo social con nuestros compañeros del interior. Para ello es una suerte de requisito previo restaurar plenamente las señas de identidad, a mal traer, a causa de la separación espacial y temporal que duró casi dos décadas.</p>
<p>En definitiva, no dejamos Chile en búsqueda de la piedra filosofal. Nuestro exilio fue determinado por la Historia. Empezó a larvarse con el inicio del ascenso del movimiento político social cuyo cenit fue el triunfo de la Unidad Popular, y la sima, la derrota representada por el “golpe de Estado”. Ambos hitos perfilaron los destinos individuales de al menos dos generaciones. Hoy, detrás de la primera línea y con paso cansado, vamos “a por la cima”.</p>
<p style="text-align: center;">oooOooo</p>
<h3><strong>NOS APODARON “SUDACAS”</strong></h3>
<p>En las últimas décadas del siglo veinte, esa potencia maligna que es el azar hizo que los españoles conocieran de cerca y de verdad a muchos sudamericanos. “Latinoamericanos” como nos gusta auto designarnos, quizá en el afán de convencernos y convencer a los demás de nuestra semi pertenencia a Europa.</p>
<p>La argamasa de las dos palabras, “latino” y “americano” resulta molesta para los estudiosos que han demostrado con rigor, y hasta más allá de la saciedad, su equívoco. Pero el apelativo campea por sus fueros. El “latino” llena la exigencia de generalidad o mínimo común con la casi totalidad del viejo continente y el “americano” aporta la necesaria especificidad que origina la barrera salada del Atlántico. Queda en el tintero reconocer que al omitir toda referencia a la península, tácitamente estamos confesando rencores y veleidades históricas que arrastramos como asignaturas pendientes.</p>
<p>La España de la gente de a pie no acusó recibo del agravio hasta cuando, de manera súbita, vio inundada su geografía de unos cuantos cientos de representantes anónimos de nuestro “cono sur” americano. Llegábamos, de allende los mares, desplazados por ese ramalazo vital de fascismo que agitó parte importante del continente, transformando nuestro clásico y nativo gorilaje de “guante blanco” en dictaduras militares y militantes.</p>
<p>Olas de damnificados entregados al capricho del viento huimos del espanto con espanto, y más de alguno de nosotros con el horror convertido en miedo al presente y en incertidumbre frente al futuro, llegamos sin ser invitados. Y, aunque en España el momento no era precisamente para dispendios, ¡pasamos! y ¡seguimos pasando!</p>
<p>A los políticos nos sucedieron filas de paupérrimos de fisonomías oscuras que llegaban de cualquier manera trayendo, si bien ninguna moneda dura, un cargamento de críos y de cacharros de cocina aportillados, porque “cada hijo es una bendición de dios” y porque el pobre – afirma el poeta chileno Fernando Alegría – muere por la olla como el pez por la boca.</p>
<p>Y seguimos ¡pasando! ¡a más y mejor ! Incrementando el censo hasta con el aporte inquietante de nuestros “cacos” criollos que cansados, al parecer, de hurgar en bolsillos vacíos, ahuecaron el ala rumbo al mundo del consumo…</p>
<p>Los unos, los otros y los demás, hemos dado a la España de todos los días, la oportunidad de castigar la soberbia que encubre el impropio “latinoamericano” y como la venganza es placer de dioses, sobre todo si es servida en bandeja, a los unos, a los otros y a los demás se ha dado en llamarnos “sudaca”, apelativo sin otro sello que no sea el del ingenio popular.</p>
<p>Al “sudaca” cada una de las colonias ha opuesto, según su peculiar idiosincrasia, una táctica específica pero dentro de una estrategia común: la primera fue reconvertirla en palabra cariñosa, la siguiente, pasar agresivas facturas históricas y la tercera, semi aceptarla.</p>
<p>En esta última parece haberse asentado el contencioso, pero los chilenos, paradigma del mestizaje y la contradicción, decidieron sumarse a la celebración del quinto centenario, proponiendo que la palabra “sudaca” sea incorporada al léxico, mediante el reconocimiento oficial de la Real Academia. Explican el inesperado espaldarazo a la palabreja con el argumento de que tres sílabas han bastado para derrumbar fronteras, para acortar mezquinas distancias, para unir a los latinoamericanos… España, dicen, a fin de cuentas, sin ser la “mamadre nerudiana” pero con el talento de su genio lingüístico, acuñó el término y consiguió en esta orilla oceánica el milagro de hacer realidad el sueño bolivariano.</p>
<p>Mis compatriotas juran y ¡quizá perjuran! que aún sin mediar reconocimiento oficial y sin torpes distingos entre nacionalidades y entre exiliados políticos, emigrantes, cacos y aventureros, han incorporado la palabra “sudaca” al acervo de sinónimos que les son aplicables pero, ¡eso sí! sin renunciar a la loca esperanza de oírla alguna vez sin acento peyorativo, sin xenofobia agazapada y sin esa altiva soberbia con que se la carga hoy… porque cuando ello suceda relucirá el acierto del calificativo: la partícula “sud” que, como el Río Grande, separa a nuestra América de la que nos ha escamoteado hasta el nombre.</p>
<h3><strong>MARCELO</strong></h3>
<p>Llevaba ya un buen rato esperando en aquella callecita. Cansada de estar de pie, me senté sobre el baúl y acomodé en el hueco de mi falda al gato que pataleaba y chillaba como si lo estuviera atormentando, lo que me dificultaba controlar a la perra “Pituca. El collar, improvisado, uniendo dos corbatas, que Doña Conchi me había proporcionado, amenazaba con romperse con los tirones que daba el animal. El nudo se enquistaba cada vez más entre su sucio pelaje. Hacerse cargo de un gato y una perra que no me conocían, sacarlos a la calle y tratar de mantenerlos tranquilos era un desafío imposible. No recordaba que alguna vez me hubiera tocado ser víctima de las circunstancias. Y justo cuando me parecía que ¡por fin! perra y gato empezaban a tranquilizarse, volvían a iniciar una redoblada serie de maullidos, tironeos y ladridos más lastimeros que quejas humanas. Exasperante, porque si bien la tentación de apurar una asfixia doble se me presentaba como una solución definitiva, tenía perfectamente claro que aquel lujo está vedado en una ciudad como Barcelona, Roma o París. Nadie que quiera mantenerse indemne comete en público semejante salvajada, y menos a las diez de la mañana, cuando las calles empiezan a llenarse de gente. Compartiendo la postura de los moralistas que anatemizan el amor desmesurado que algunos humanos prodigan a la bestia en lugar de amar a los semejantes. Aún contando que los semejantes puedan pertenecer a esa especie que se solaza en hacerte volver diez mil veces antes de entregarte el permiso o la autorización que llevas meses tramitando. Mejor era resignarse y cambiar de táctica. Interrumpí la batalla de tirones y traté de calmar a Pituca con cariñosas palmadas en el lomo. ¡Qué lío Dios mío! Decididamente, no era mi día. Y como no era mi día, agucé el oído y empecé a prepararme para escuchar a algún paseante motejarme entre dientes ¡sudaca, ya se sabe! con lo que me habría dado la oportunidad de descargar la agresividad que había ido acumulando, y putear a alguien como está mandado. Pero nadie lo hizo y seguí esperando acompañada de ambos animales y sin separarme del baúl que incomodaba el paso de los transeúntes. De pronto supe que los dos animales me ayudaban a no entregarme a la pena que me tenía al límite del colapso. En lo más profundo y aún cuando no quisiera reconocerlo, mi preocupación principal era tratar de no pensar en Marcelo. Con su especial sentido del humor habría encontrado mi situación la mar de divertida, y más aún que sucediera a pasos de Ramblas. Cuando nos imaginábamos las grandes alamedas del retorno, declaraba que se sentiría feliz pero no sabría como vivir sin las Ramblas y cuando había empinado el codo un poco más de lo necesario y saludable, se explayaba en argumentos, como lo hizo aquella lejana noche de viernes en que estuvimos de copas, celebrando su cumpleaños:</p>
<p>Con un gesto amplio que pretendía abarcar todo el paseo, dijo más para sí mismo que para mí: “Por aquí circularon anarquistas, trotskistas, socialistas, comunistas, en fin, los republicanos. La Pasionaria y muchas gargantas vocearon con ella: ¡NO PASARÁN!</p>
<p>Y ¡PASARON! Igual que nosotros: EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO… y ya ves lo que sucedió…</p>
<p>A ver ¿qué pasa? ¿quieres aportillarme la celebración? Te equivocas. No olvido a toda la canalla fascista, ni tampoco a la quinta columna. Además, si bien es cierto que ganaron la guerra civil, la historia la conquistaron los republicanos como lo demuestra que nosotros podamos vivir en este país.</p>
<p>En fin, negra; volvamos a las Ramblas. En las noches las recorren aquellos que son marginales “de verdad”. No se portan bien ni quieren hacerlo, no aceptan las reglas del juego, pero no tienen interés en cambiarlas… respetan al otro y no adoctrinan a nadie…</p>
<p>Y continuó elogiando los paisajes urbanos venidos a menos y ensalzando a todos los ácratas de su repertorio. Y después de parlotear un par de horas sobre la futilidad del statu-quo y sobre los hipócritas que lo mantienen, se bebió el par de tragos que le faltaban para completar la carga. Los codos empezaron a resbalársele de la mesa y la voz – de frase en frase &#8211; se le volvió cada vez, más pastosa. Tuvo que aceptar a regañadientes; dar por terminada la velada. Con esfuerzo conseguí que se pusiera en pie y encontró la puerta de salida, luego de haber intentado hacerlo por la puerta del lavabo y negándose a que lo acompañara hasta su domicilio – cuyas señas nunca me había dado – tambaleante cogió rumbo en dirección al puerto y lo vi perderse en la noche oscura y sin estrellas.</p>
<h3>“Marcelo, muerto…”</h3>
<p>Seguía pasando el tiempo, y la gente caminaba, cada cual a lo suyo, acusando recibo apenas de mi presencia, como si el entorpecimiento de la circulación peatonal que causaba fuera normal, aunque en realidad, obstaculizaba completamente la acera. Algunos se bajaban de ella y me miraban brevemente por el rabillo del ojo, con una sonrisa, más leve que disimulada, de quien se ha visto en situación parecida. Otros se las arreglaban para pasar equilibrándose por la orilla de la vereda que dejábamos libre. De nosotros tres, el más tranquilo era el baúl y el que se lo pasaba mejor el gato. Que más podía desear. Estaba en brazos y, ya tranquilizado, ronroneaba para declarar conformidad con su situación personal. Y sin pensarlo y menos aún decidirlo. Me acordé del profesor de historia que nos contaba que desde Casio y Nerón, pasando por Poncio Pilatos, Calígula, y hasta llegar a Stalin, habían tenido un gato regalón ¿y que tenían en común todos estos personajes que he nombrado? ¡Piensen! Todos fueron unos grandes tiranos. Pero el gato que tenía en los brazo había pertenecido a un hombre bueno. Tampoco habría podido ser el gato de algún famoso tirano o de un torturador chileno. Era un gato callejero como lo delataba el caprichoso colorido de su pelaje. La cola atrofiada sugería mil cruces bastardos ocurridos en la nocturna y bulliciosa promiscuidad de disputados apareamientos.</p>
<p>Pituca insistía en escaparse y acaso la habría soltado, pero no pude hacerlo ya, que en ese momento divisé a la persona que esperaba y que había conocido ese mismo día, a muy temprana hora en la casa de pensión donde había vivido Marcelo. El momentáneo alivio se esfumó al constatar que venía a pie, o sea, sin la furgoneta que había dicho que iba a buscar. Con un fuerte acento argentino y de manera inesperada me dijo: “¡Escuchá! Si Marcelo murió, habrá que enterrarlo”. Ante verdad tan lapidaria y conclusión tan exacta, mi primer impulso fue negarme a la realidad mediante el expediente de poner distancia y correr a perderme. El argentino adivinó mis intenciones y me propuso que desayunáramos en la cafetería que había cerca del lugar. Allí podríamos decidir “qué hacer”. Sin saber cómo, llegué hasta el bareto y entré con la perra y el gato. Con el baúl a cuestas me siguió el argentino que resultó ser uruguayo, pelirrojo, y llamarse Lauro. En la mañana cuando -sin conocernos- llegamos juntos a la pensión, le adjudiqué nacionalidad argentina. Mi daltonismo me hizo verlo rubio y por prejuicio le adjudiqué el nombre de Carlos Alberto. Todo ello a causa del caos en que doña Conchi &#8211; la dueña de la pensión &#8211; nos sumió al anunciarnos el suicidio de Marcelo para, a renglón seguido, urgirnos a desocupar la que había sido su habitación. Categórica en sus argumentos, no valía la pena planear estrategia dilatoria alguna. Cuántas veces la pobre mujer habría sido engañada que, sin disimulos, nos aplicó la regla de oro: “aquí te pillo, aquí te mato”. Y así, con prisas y sin asimilar que mi amigo de siempre se había suicidado, sofocando sollozos bajé con una perra y un gato las mismas tétricas escaleras que diez minutos antes, preocupada, pero “ligera de equipaje”, había subido (frase del poema RETRATO de Antonio Machado ).</p>
<p>Sin creérselo, el camarero del bareto que nos vio entrar giró ostentosamente la cabeza hacia el cartel que advertía “Reservado el derecho de admisión” y luego de una segunda mirada ¡vaya a saberse por qué! nos aceptó. Necesitamos una primera taza de café para romper el silencio. Le conté a Lauro cómo la noche antes, después del campanillazo del teléfono, una voz de mujer mayor, baja y persuasiva, me había insistido en que al siguiente día fuera, sí o sí, al carrer Conde del Asalto 90, en la misma calle del Palacio Güell a unas calles del Raval y que se trataba de Marcelo. No quiso darme más información y con ese sebo me hizo acudir a la cita. Fue ahí donde me encontré contigo. Nuestras señas eran las únicas que doña Conchi había encontrado en una libreta que estaba en el cajón de la mesita de noche. Nos dijo que había querido mucho a Marcelo. Prueba de ello es que nunca lo había puesto en la calle a pesar de que no le pagaba el alquiler desde tiempos inmemoriales. “Conmigo lo podía todo el muy gamberro” dijo con voz triste. Metió aquí al Mimoso y como si fuera poco, dos semanas después trajo a esa perra loca “ la Pituca” que, haga lo que haga, siempre mea en el descanso de la escalera.” Aturdida por la noticia no me opuse a los deseos de doña Conchi . En esos momentos, más que la desaparición de Marcelo que aún no asumía y menos aún procesaba, lamenté sus excentricidades. A mi lado, Lauro, en quien, a decir verdad apenas había reparado, descendía la escalera con un arcón destartalado a cuestas, ante las recomendaciones de doña Conchi de no arrastrarlo por la escalera, lo que fue una de esas ironías que ponen una sonrisa condescendiente. Lauro, por su parte, además de presentarse, contó que antes de salir de su apartamento, había tenido una discusión acalorada con su mujer. Ella se negaba a creer que la voz del teléfono de la noche anterior fuera la de una desconocida. “…Ya me dirás ¿desde cuándo repartes el número de teléfono entre desconocidas para que llamen de noche?…” . Todavía acalorado subió al Metro y allí reparé en ti &#8211; me dijo &#8211; es que ¿sabes?, aunque parezca mentira, todavía me siento vigilado, sobre todo cuando hago un camino distinto al de todos los días. Todos los pasajeros del Metro me parecieron normales, pero tu distracción ¡tan bien lograda¡ me pareció sospechosa y de prisa me bajé en la Estación Liceo y busqué la dirección, pero al llegar al rellano de la escalera reconocí los bordados incásicos de tu abrigo y me controlé para no devolverme. Me contuve cuando oí la misma voz del teléfono y aunque no registré todo lo que ustedes hablaron, entendí cuando la señora Conchi dijo que Marcelo se había quitado la vida y quedé paralizado. Por contemporizar, simulando atención, escuché a Lauro decirme que le habían recomendado tratarse el “delirio de persecución” que sufría. Pero, según él, la curación dependía de la capacidad de olvidar y él se proponía no hacerlo jamás. Sin poder alargar más los preámbulos y ya en la tercera taza de café, hubo que ir al grano. Con una amarga sensación de agravios comparativos y luego del inevitable tira y afloja, nos repartimos las pertenencias de Marcelo. Lauro accedió a llevarse el baúl y la perra. “El problema &#8211; dijo &#8211; será entrar este cacharro en la bodega del restaurant; una vez dentro será “coser y cantar” y ¡a vivir que son cuatro días!, ya que el jefe nunca mete sus narices por allí…, pero la perrita ésta&#8230; ya me dirás, yo no sé si Marta Elena la aceptará o me echara a la calle junto con la perra.</p>
<p>Por mi parte, prefería quedarme con el gato, seguramente la falta de una bella cola garantizaba que sus celos y apareamientos fueran moderados. Además su comportamiento había sido bastante más civilizado que el de la perra.</p>
<p>Ningún argumento me sirvió, sin embargo, para inhibirme de lo que me esperaba al siguiente día: ir al Consulado de Chile. Lauro iría por información al Depósito Municipal, ya que según la patrona de la pensión allí habían trasladado los restos de Marcelo. Lo demás… lo demás… ya se vería.</p>
<h3><strong>El CONSULADO</strong></h3>
<p>Me pasé la noche en vela, intentando aceptar y asumir la realidad. Los años que habían transcurrido desde el golpe de Estado me habían devuelto a la cómoda idea de que la muerte es eso que le ocurre a uno cuando ya es muy viejo. En la lentitud de mi existencia de exiliada había ido olvidando aquellos días vertiginosos, cuando el morir se transformó en lugar común y aquéllos, a quienes no nos tocó desaparecer, pagábamos el delito de sobrevivir con esa suerte de mala conciencia que nos ha acompañado como parte de nosotros mismos. ¡Marcelo, muerto! me parecía inconcebible. Y como el suicidio es muerte y la muerte por ser misterio lo hacía inalcanzable, me pasé horas dándome vueltas y más vueltas, tratando de repasar mentalmente todo lo que Marcelo había dicho la última vez que lo vi. Por fortuna no pude encontrar en esa recapitulación ningún indicio, ni el más mínimo signo de algo que pudiera haberme llevado a presentir que incubaba la decisión de quitarse la vida… ¿Cuánto tiempo requiere un suicidio desde el primer impulso hasta su consumación? A pesar de mis esfuerzos no pude recordar con exactitud cuándo había sido aquella última vez. En todo caso no podía haber transcurrido más de una semana. El acostumbraba a pasar por mi timbiriche de Ramblas a recoger su correspondencia. Lo hacía desde que volvimos a encontrarnos en Barcelona. Entonces me pidió ese único favor: que recibiera en mi dirección las cartas de su madre. La vida misma y el exilio nos habían cambiado. “Los de entonces -como poéticamente dijo Neruda- ya no éramos los mismos”, pero Marcelo continuó siendo tremendamente parecido a sí mismo, aunque ya dejara de llevar los trajes de estudiante pobre que le apañaba su madre. El que llevaba el día de la despedida tenía un costurón inoportuno en la solapa que nos permitió sonreír y llorar a la vez. En aquellos días los adioses exigían urgencia y clandestinidad y ese primer adiós provocado por un decreto de expulsión que aseguraba que seguiría con vida, pero en otro país, marcó nuestro debut en despedidas. Muchas se han sucedido, al extremo de no poder situarlas en el tiempo ni en la emoción.</p>
<p>Al siguiente día, insomne, dolida y malhumorada llegué al consulado chileno, blindado desde septiembre de mil novecientos setenta y tres para contener la solidaridad activa y militante de los estudiantes catalanes con el pueblo chileno. Fuera del cónsul &#8211; destituido ipso-facto- el personal de esa oficina parecía seguir siendo el mismo, pero era obvio que los funcionarios, en aras de la estabilidad laboral, adecuaban el estilo a las instrucciones del nuevo gobierno, sobre todo acerca de tratar a los exiliados como a perro sarnoso. Por supuesto con buenas palabras y sin desterrar de los labios la sonrisa del que se siente y se sabe poderoso y quiere que sus interlocutores sean conscientes de esa superioridad. No era difícil entender que tenían orden de seguir hablando con la voz almibarada de siempre, pero ahora acompañada del gesto seguro y definitivo del vencedor.</p>
<p>¿De modo que eso es lo que quiere? – Lo siento mucho, pero va a tener que esperar; y yo, iniciando el diálogo de cínicos, contesté: No importa, tengo tiempo y de manera providencial encontré una silla desocupada. La moví para atrás y para adelante para asegurarme de que no tuviera una pata quebrada o los tarugos sueltos, y recién cuando me senté entendí porqué los demás parroquianos la habían despreciado en aquella atestada sala de espera. En frente, la foto del gorila, enjaulado en un marco dorado, me miraba fijamente a los ojos como si me estuviera interrogando personalmente.</p>
<p>Tras una larga y agobiante espera conseguí entrevistarme con el encargado de relaciones públicas que resultó ser un hombre de una suavidad extrema. Por un momento dudé de su masculinidad, pero recapacité a tiempo. La distancia espacial y temporal me había hecho olvidar la cursilería de mis compatriotas que reconocen pertenencia a la reputada “clase media alta”. Escogí con mesura mis palabras, expuse el problema y sin soberbia solicité ayuda. Mi interlocutor abandonó el despacho con el nombre de Marcelo garabateado en una hoja de papel. Volvió al cabo de algunos minutos, los mismos que bastaron para desestimar mi petición, cambiar el tono de voz y masculinizar sus modales. Áspero, arrogante y a todas luces asombrado de mi abuso de confianza me dejó en claro, deletreándolo con cuidada pronunciación ¡Aquí no se presta ayuda a los enemigos de la patria! Sostuve su mirada sin pestañear. Hice como si eso de “enemigos de la patria” no me afectase en lo más mínimo. No moví, pues, un solo músculo de la cara. Sin decirlo, mi actitud correspondió a un encogimiento de hombros. El hombre bajó el tono y, como si quisiera hacerme una confidencia del corazón, me dijo: personalmente no podía comprender cómo era posible que en el último tercio del siglo veinte, aún hubiera gente empecinada en mantener idealismos hueros y utopías trasnochadas y que, en consecuencia, aún reconociendo que ser imbécil puede ser una circunstancia atenuante, no sentía un átomo de conmiseración por los comunistas y sus adláteres, pero que, en fin, tratándose de un fallecimiento haría algo y ese algo fue alargarme la tarjeta de visita de un abogado. Mientras yo, asombrada de haber escuchado ese parlamento, sin perder la pose de dama, reconocí en mi fuero interno que la cobardía me había vencido y que mi caída había empezado con las concesiones que inútilmente le hice al relamido. No cabía duda! me había clasificado en las filas de la derrotada generación del 73.</p>
<p>Me despedí del burócrata, simulando no haber visto su mano extendida y desbordando ira e impotencia y preguntándome ¿adónde fue a dar mi alto sentido de la dignidad que se le supone a todo exiliado? Cargada de vergüenza propia, caminé hacia Ramblas conteniendo las lágrimas que amenazaban brotar. Caminaba totalmente ajena a lo que ocurría o no ocurría en mi entorno. De pronto alguien me adelantó rozándome el hombro derecho. Instintivamente protegí mi cartera y volví al mundo contingente. Los alborotados transeúntes se quedaron mirando la zigzagueante carrera de un hombre que huía con la cartera de una mujer que, a unos trescientos metros más atrás, gritaba ¡mi cartera, mi cartera! Como los demás, miré en la dirección que la mujer señalaba, cuando escuché una voz grave y un dedo acusador que me indicaba: ¡Esta mujer es su cómplice! ¡Sudacas , ya se sabe!</p>
<p>Lo único que me faltaba, pero a pesar de la amplitud de sus ademanes el individuo no consiguió el efecto esperado y, con más o menos prisa, la gente reanudó su marcha y yo, que aquel día no estaba para ejercitar la tolerancia, en lugar de recurrir al gesto universal -cuyo significado en cualquier latitud del mundo obvia respuestas- fui en búsqueda del hombre que me había encolomado el robo de la cartera. El propósito que me guiaba era explicarle que solo esa potencia maligna que es el azar (Schopenhauer) me había hecho coincidir en aquella calle y en aquella hora con el carterista y que mi presencia allí tenía que ver con la decisión inesperada y lamentable de un hombre joven -sudaca- pero tan igual como cualquiera de cualquier latitud del mundo, que había sido expulsado de su país por un tirano como Franco y que, tras algunos años de exilio, no había podido soportar más y acababa de quitarse la vida. Concluyendo en la inutilidad de toda explicación logré darle alcance y en lugar de declarar el parlamento que había preparado, le espeté el contundente “hijo de puta” que se merecía y como colofón el corte de mangas que bien se había ganado.</p>
<p>Creo que en ese momento empecé a resignarme a las reglas del juego: acepté la palabra “sudaca” y acepté el suicidio de Marcelo como una decisión respetable, aunque nunca pudiera ser consoladora. Acompañada de su fantasma seguí Ramblas abajo, hacia mi cotidianidad y allí, en mi cotidianidad estaba mi lugar. Tendría que aumentar sustancialmente las ventas para poder afrontar los gastos del funeral que, aunque Lauro cooperara, serían muy gravosos. A pesar de mi descalabro anímico las trompetas tocaron a ofensiva capitalista: ¡Ahora sí que sí! no podrá marcharse ningún turista sin que yo consiga venderle una de mis baratijas de hojalata dorada, haciéndolas pasar por auténticas joyas incásicas, por unas de esas deslumbrantes lágrimas del sol que incitaron la codicia de Pizarro. Llamaría a Lauro y esa misma noche me sentaría a escribir la carta necesaria e impostergable a doña Marcelina, la madre de mi amigo. Acaso, con algo de suerte, podría pasar por ahí un sudaca que me diera el dato de un teléfono público averiado en el cobro, pero en funcionamiento en las comunicaciones. Así podría sostener con doña Marcelina una larga conversación que me permitiera intentar suavizar la funesta noticia que debía comunicarle.</p>
<h3><strong>¡AY LA JUSTICIA… ESA UTOPÍA!</strong></h3>
<p>Después de mi triste actuación en el consulado de Chile decidí que pagando o no pagando debía informar a la señora Marcelina, su madre, el suicidio de su hijo y mediante una llamada telefónica en lo que sería la única decisión sensata que adopté en aquellos días ¡tan aciagos!</p>
<p>Imaginar a la señora Marcelina abrir el sobre y romper en llanto me dolió como una herida. ¡No! mil veces ¡NO! nada de cartas. Me metí en una cabina y hablé con ella. A pesar de mis titubeos pude darle la noticia de un modo más o menos humano y hasta me pareció que, de cualquier modo, ella consiguió asimilar el golpe. “Lo único que le pido, m’hijita, es que me lo manden de vuelta” -dijo- “Cuando estaba vivo y quiso volver, le cerraron las puertas a causa de la expulsión y de tener una “L” en el pasaporte. Debes saber que la letra “L” significaba la prohibición absoluta de entrar a territorio chileno. Ahora que está muerto, tendrán que dejar que descanse en paz en su tierra. ¡Su hijo, su único hijo! Y, como el deseo de muchas madres chilenas devino en irrealizable ¡tanto como asir una estrella del firmamento!</p>
<p>No soy clarividente, pero un mal presentimiento me llevó a pensar que había que apurarse en realizar las diligencias para cumplir el deseo de doña Marcelina. Nuestras primeras gestiones fueron un fiasco total. Lauro volvió del Depósito Municipal con los ojos desorbitados y el aliento corto, clamando por un abogado. Los de la morgue lo dirigieron a los juzgados: los datos del suicida no correspondían a los del formulario de ingreso del cadáver, y eso siempre es cosa seria. De acuerdo a los datos aportados por quienes habían encontrado su cuerpo y a los papeles que tenía entre sus documentos, él podía ser dos personas diferentes. Antes de que le repitieran que era una ilegalidad gravísima y que debía arreglarse de manera inmediata, Lauro salió a escape con el miedo metido en el cuerpo. Creyó enterarse que su amigo Marcelo, buscado por la policía con malas intenciones, habíase pirado de Chile completamente a la mala y que, pasando quizás qué penurias, había llegado a Europa con cuerpo y alma pero sin pasaporte, aunque acá circulaba últimamente con uno de dudosísima autenticidad extendido a nombre de Saturnino Toroco Menares, ciudadano boliviano. ¡Ay! Marcelo era un fugado, y eso lo explicaba todo.</p>
<p>Un poco más tranquilo bajó por Vía Layetana hacia el mar. Al llegar a los tribunales su voluntad sufrió un nuevo quebranto. Vio que en el portal del edificio los policías cacheaban a cuantos querían entrar. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, reunió nuevamente los cuatro átomos de valor que le quedaban y se animó pensando que en España no se fusila a nadie con o sin juicio. Trémulo y sudoroso se puso a la cola y pasó la revisión sin problemas. Subió las escaleras con la boca seca y las manos aún empapadas en sudor frío. Después de dar un gran número de vueltas, &#8211; ¡Créeme! ya me conozco casi todo el edificio-, y de preguntar en muchas oficinas, llenas de señoritas que le escuchaban repetir por enésima vez su insólito relato y lo remitían a otra ventanilla aún más lejana hasta que logró saber algo. Se enteró de que Marcelo estaba allí registrado como NN, presumiblemente Marcelo Alvarez Alvarez, ciudadano chileno con prohibición de entrar a su país de origen, estando descartado que fuera Saturnino Toroco Menares, ciudadano boliviano ya que se trataba de una burda falsificación que ¡vaya a saberse por qué! llevaba encima semejante esperpento y que su deceso había sido provocado por ingestión de cianuro de potasio. Esto último terminó de desmoronar al pobre Lauro. Años antes había pedido a Marcelo que le guardara una cápsula de cianuro. Él la llevaba consigo desde que la organización en que militaba comenzó a desmoronarse y la había recibido para el supuesto caso de ser detenido y torturado. A Lauro la posibilidad de que le detuvieran -justamente a él- le pareció en su momento más que teórica y absolutamente increíble. “Si yo no he hecho nada”, dijo tratando de rechazar el veneno, argumentando “el que nada hace, nada teme” que en Chile, después del golpe, causó más muertes que una epidemia de meningitis.</p>
<p>Y cualquiera que le conociera y pensara con un cerebro normal le habría dado toda la razón. Él, acusado de guerrillero, ¡Dios querido!&#8230; Lauro era física y espiritualmente el anti-héroe por antonomasia. Pero la situación era seria y sus camaradas le dieron a la fuerza la cápsula de cianuro para que no contara lo que no debía si caía en manos de la policía secreta. En lugar de llevarla bien escondida en su ropa, la guardó en un cajón del escritorio, bien camuflada en una caja de cápsulas de vi-syneral que se veían iguales y que él tampoco pensaba tomarlas jamás. Creyó que nunca tendría que usarla y que sus compañeros exageraban. Cuando lo apresaron, no la tenía consigo y soportó como pudo. Los de inteligencia lo pasaron por todo el repertorio, lo torturaron y pudo salir por obra y gracia del azar. Entre tanto, la cajita de vi-syneral sobrevivió incólume a cuatro allanamientos, pero lo más increíble es que cuando salió del país, en lugar de tirarla a la basura puso la caja que la contenía en un rincón de la maleta. ¿Por qué? se preguntó él mismo. Era el destino de Marcelo, del cual Lauro en ese tiempo no sabía ni siquiera de su existencia y así, en el avión la cápsula de cianuro llegó a Barcelona y quedó en el cajón de un mueble del pequeño apartamento amoblado que alquiló con Marta Elena, su compañera. Pasó el tiempo y cuando el hijo de ambos -nacido en Barcelona- aprendió a caminar, empezó a abrir cuanto cajón encontraba a su paso. Lauro, en lugar de arrojar el peligro al mar, a la basura o a cualquier otro lugar donde no pudiere dañar a nadie, tuvo la insólita ocurrencia de dársela a guardar a Marcelo que aceptó el encargo: “No hay problema. Para que sepas, pondré la caja dentro de mi baúl”.</p>
<p>En la bolsa de plástico que contenía los objetos encontrados junto al cadáver de Marcelo, Lauro alcanzó a distinguir su caja de vi-syneral. Estaba vacía, era de presumir que antes de dar con la cápsula premiada, hubo de tomarse todas las otras píldoras que había en la caja.</p>
<ul>
<li>¿Entiendes?, ¿entiendes?, que si ahora investigan más, voy a parar a la cárcel: y esta vez ¡con razón!</li>
</ul>
<p>Consciente de que para repatriar sus restos habría que hacer aún más gestiones dado que debíamos despejar toda duda sobre la razón de que Marcelo tuviera dos pasaportes; además contagiada por las aprensiones de Lauro, cedí a su insistencia de consultar a un abogado. Juntos fuimos a hablar con el que me había recomendado el relamido del consulado. El estudio estaba en pleno corazón del Ensanche y ocupaba completamente la planta principal del edificio, una de esas acojonantes mansiones con columnata que habitaron los grandes burgueses de fines del siglo decimonono. Hasta la madera de la puerta infundía respeto hacia la propiedad ajena y avalaba el prestigio de su ocupante. Era evidente que los honorarios serían un poco menos elevados que la deuda externa de nuestros dos países juntos.</p>
<p>En la antesala intentamos aplacar nuestros temores preparándonos para conmover al profesional. Hablábamos cuchicheándonos al oído. Trataríamos de ablandar su corazón. Bajo el influjo de nuestras palabras afloraría quizá un recuerdo&#8230; Con suerte, hasta sería posible que hubiese sido uno de esos escasos profesionales brillantes de pobre cuna&#8230;, tal vez consiguiéramos reactivar en él algún sentimiento olvidado&#8230;, o en fin&#8230;, a lo mejor lograríamos explotar de algún modo ese halo de misterio que suele rodear a los extranjeros que no andan, o que fingen no andar muertos de hambre por esos caminos de dios y a los que se suele mencionar con el nombre exquisito de “exóticos”. Algo de eso tendríamos que poner en juego para moverle a encargarse del asunto sin reparar en la banalidad insignificante de los honorarios. Las esperanzas -que, según algún existencialista, son hijas de “mala madre”- vuelan muy alto y en más del noventa y nueve por ciento de los casos se esfuman a causa de una caída o de un aterrizaje forzoso.</p>
<p>Unos veinte minutos más tarde la secretaria interrumpió nuestras divagaciones y nos hizo saber que había llegado la hora de hablar en alta voz. Lauro se hizo cargo de la situación con inusitado desplante y desde el principio llevó el peso de la entrevista. Detrás de un escritorio inesperadamente bajo estaba sentado un hombre de unos cincuenta años. Su exigua estatura explicaba la ominosa adecuación que habían sufrido las patas del finísimo mueble: alguien le había amputado alevosamente las cuatro patas a media altura para que, sentado en la silla, su propietario alcanzara a rozar el suelo con los pies.</p>
<p>Por encima del borde de sus gafas de lectura nos dirigió una mirada tranquila y neutra, y escuchó con paciencia la exposición de Lauro. Cuando éste hubo finalizado, y sin perder tiempo en aclararse la garganta, recapituló los hechos:</p>
<ul>
<li>Obra en vuestro poder o esperáis recibir en los próximos días, una carta de puño y letra de la señora Doña Marcelina Alvarez, de nacionalidad chilena y con domicilio en Santiago de Chile, la cual, informada telefónicamente del siniestro, manifiesta expresis verbis su deseo de que sean repatriados los restos mortales del que en vida fuera su único hijo, Don Marcelo Alvarez Alvarez, de nacionalidad también chilena y hasta el momento de su deceso, residente en Barcelona. La misma persona física ha sido identificada, sin embargo, por los funcionarios del servicio médico legal como otra persona; pero hay que descartar que se trate de don Saturnino Toroco Menares, nacido en Cochabamba el seis de agosto de mil novecientos cuarenta y tres, como lo establece el pasaporte boliviano que portaba entre sus efectos en el momento de suicidarse. La situación de hecho, a la cual vosotros estáis abocados, es la siguiente: acreditar que se actúa en representación de Doña Marcelina Alvarez es sencillo. Bastará para ello con un poder notarial apostillado y con un certificado literal de nacimiento del occiso legalizado en debida forma por el Consulado Español en Santiago de Chile. Pero desde ahí hasta la resolución judicial que deje definitivamente establecido que NN, presuntamente llamado Saturnino Toroco Menares, ciudadano boliviano, no es tal, sino más bien Marcelo Alvarez Alvarez, nacional chileno, hay un camino de tránsito intrincadísimo, casi imposible de seguir para quien no tenga la dilatada experiencia mía en asuntos legales internacionales. Una vez salvado ese escollo, será necesario instar ante el Registro Civil la inscripción marginal correspondiente en la partida de defunción. A continuación hay que efectuar una serie de gestiones ante la Dirección de Sanidad, la cual, sobre la base de determinar la ausencia de enfermedades infectocontagiosas o de contaminación por agentes etiológicos no convencionales, emita su declaración de conformidad con el traslado del cadáver. Por su parte, el Consulado de Chile, tomando como base la documentación generada durante este proceso debe expedir la autorización correspondiente. El último paso será, recién entonces, contratar los servicios de una compañía especializada que se haga cargo de transportar el féretro a Chile. En dos palabras, yo podría acometer y encargarme de llevar a feliz término esta complicada empresa y si bien no puedo de momento calcular con exactitud la minuta de gastos, suplidos y derechos, estoy en condiciones de decirles que, por ahora, para empezar, bastará con una provisión de fondos del orden de doscientas mil pesetas.</li>
</ul>
<p>Aunque lo de las doscientas mil pesetas lo dijo con suavidad, sus palabras nos petrificaron. Cogido por una tartamudez súbita, Lauro dijo que entendíamos en su totalidad las razones que acababa de exponernos y le aseguró que nos pondríamos de inmediato en campaña para que Doña Marcelina nos enviase el poder, el certificado de nacimiento y&#8230; el dinero. Me atraganté de sólo pensarlo. Por cierto que nunca volvimos a aparecernos en aquel lugar. Con todo, nos había quedado perfectamente claro que sin abogado el traslado de los restos de Marcelo no marcharía. Pero no tenía por qué ser con la ayuda de uno tan caro. Había, pues, que buscar un precio accesible. No faltó quien nos recomendara a unos abogados jóvenes que podrían ayudarnos a salir airosos del berenjenal. Nos fuimos para allá. En la sala de espera, además de unos diplomas con el título de abogado otorgado por diferentes universidades del cono sur de América, colgaba en la pared un texto copiado de la novela Yo, Claudio, que en aquel momento convertida en culebrón por la BBC, triunfaba cada tarde en la televisión. El cartelito decía más o menos lo siguiente: “Como Telegonio, ayudamos y aconsejamos a todos aquéllos que se vean o que se han visto envueltos en dificultades personales o financieras que hagan necesaria su comparecencia ante un tribunal civil o criminal”. La farsantada terminaba prometiendo honorarios razonables, profesionalidad y cortesía.</p>
<p>Al cabo de casi una hora de espera que soportamos sentados en unas sillas de dudosa estabilidad, llegó al estudio uno de los abogados, un hombre de unos treinta años largos, con cara y apellido de galán italiano que entró muy sonriente y que después de saludar, de besos, a la secretaria, suspiró teatralmente. Verlo y saltar del asiento fue para Lauro, una sola cosa. Por lo visto, parecía crecerse en la adversidad y abordó al abogado de inmediato, tratándolo de doctor. Lo cogió de una manga, dispuesto a no soltarlo nunca más. Detrás de ellos, entré a la oficina. La sonrisa y el gesto de la mano derecha invitándonos a sentarnos frente a él ya nos eran conocidos. Lauro, que a esas alturas ya estaba harto de esperar inició la consulta. El abogado, en silencio y mirándonos casi sin pestañear escuchó el relato. Poco a poco fue desapareciendo su semisonrisa, desplazada por una seriedad creciente que me hizo temer que declinara hacerse cargo del caso o que nos pusiera unos honorarios tan altos como el abogado del Ensanche. Por fin llegó la respuesta. A su “manera de ver, el único camino viable y sobre todo financiable sería cremar el cadáver de Marcelo y remitir sus cenizas a su país de origen. De hacerlo oficialmente habría una larguísima espera y tras una multitud de trámites binacionales lo conseguiríamos. Inoficialmente podría ser más rápido ya que una vez cremado, nos entregarían las cenizas en una cineraria y podríamos enviarlas a Santiago de Chile, como un paquete postal cualquiera, dirigido directamente a la interesada, a su domicilio”.</p>
<p>En ese momento, Lauro lo interrumpió para contarnos que, por la mañana de ese mismo día, el encargado del depósito municipal le había comunicado que, debido a una avería de la alimentación eléctrica del sistema de refrigeradores, la jefatura había tenido que adoptar la urgente resolución de autorizar la sepultación anónima del cadáver sin esperar por más tiempo que el tribunal comunicara el esclarecimiento definitivo de su identidad.</p>
<p>Y como yo, hasta ese momento, ignoraba esa circunstancia, tuve que contenerme. A través de sus gafas pude ver cómo la mirada del abogado pugnaba por abrirse paso a través de un complicado proceso judicial que tendríamos que enfrentar para conseguir la exhumación y luego el traslado a Chile, ya sea de su cadáver o de sus cenizas. Una montaña de trámites. De pronto rompí mi mutismo y le hice la pregunta que me inquietaba desde el momento mismo en que él soltó aquello de hacer cremar el cadáver.</p>
<p>¿Podría decirme usted cómo son las cenizas de una persona? Liberado de la telaraña de trámites futuros y con un gesto teatral indicó el cenicero: “como éstas” y aprovechó la oportunidad para ponerse rápidamente de pie, dar por terminada la entrevista y acompañarnos hasta la puerta antes de que se nos ocurriera plantearle otra alternativa imposible.</p>
<p>Cuando salimos de la oficina, caía la noche y Lauro me advirtió que él, para decidir, tenía que sacarse la angustia de encima; es decir, tenía que “papear” o sea calmar el hambre que le hacía sonar la tripa. Lo primero es lo primero y en el caso, lo primero era cenar y que él conocía un bareto en el que guisaban bien y a precios muy económicos y que dividiríamos la cuenta.</p>
<p>Acompañamos la cena con un vino de la casa, negro, espeso, de buen sabor y aroma que se dejaba tomar, y Lauro empezó a abogar por la solución de las cenizas, pero obviando la exhumación y la subsiguiente cremación. Juntamos cenizas de cigarrillo y apañamos. Solo se requiere mantener el secreto. Así la señora Marcelina tendrá las cenizas de su hijo en casa .</p>
<p>Me sentí llamada a parar las ínfulas de Lauro y lo interrumpí:</p>
<ul>
<li>¿Y que te parece si la señora Marcelina quiera llevar las cenizas al Cementerio ¿¡Vale!?</li>
<li>En ese caso, tú que la conoces, tendrás que convencerla de no hacerlo.</li>
<li>A ver Lauro, pero no puedo prestarme para un engaño tan vil, tan diabólico. Decididamente, en eso yo no participaré.</li>
<li>En la vida hay oportunidades en que uno debe hacer cosas incorrectas para darles satisfacción a nuestros semejantes&#8230; Cenizas de cigarrillo es mejor que nada. Y lo peor sería que ella sepa que el traslado no resultó.</li>
<li>Cuando los sentimientos son los que están en cuestión no cabe hablar de corrección o incorrección. En mi fuero interno me parecía ver la fisonomía de doña Marcelina, su mirada cargada de afecto y comprensión, pero ni su bonhomía le permitiría aceptar semejante vileza si llegara a descubrirla</li>
<li>Por cada argumento, llamábamos al mozo : ¡tráiganos dos copas más y ¡venga! mejor otras dos, Oh, espere… ¡mejor tráiganos otra botella!</li>
</ul>
<p>Finalmente, después de muchas botellas, el alcohol terminó con mis escrúpulos y me comprometí a comprar al siguiente día una “cineraria” hermética y honorable, pero, aún así, desde el fondo de la borrachera pensé que era la primera vez, desde que había conocido a Lauro, que nos poníamos de acuerdo sin discutir demasiado y, precisamente, para realizar una siniestra bellaquería.</p>
<ul>
<li>Viste ¡qué bien!, dejamos en paz a tres seres humanos: nosotros dos y a doña Marcelina y sin tinterillo mediante.</li>
<li>No sé si nosotros dos, después de esto, podremos auto-calificarnos de seres humanos.</li>
</ul>
<p>Por fin concluimos que solo se trataba de quitarle el aire de tragedia al hecho simple y natural de morir; olvidando que en el caso se trataba de un suicidio y que traicionar la buena fe de una mujer como doña Marcelina era un acto de imposible perdón.</p>
<p>Desde luego, no hubo día siguiente. La señora Marcelina me conocía desde siempre. Mis padres siempre le tuvieron un especial afecto y ninguno de mis dos hermanos me lo perdonaría. Para el menor de ellos doña Marcelina fue su Santa Rita propia. Con su serenidad afectuosa conseguía defenderlo de los castigos que le correspondían por las tantas perrerías que junto a Marcelo hicieron en su inquieta infancia de niños inteligentes.</p>
<p>Opté por no llamar a Lauro. Alguna vez lo divisé y huí antes que me viera. En lugar de enviar cenizas adulteradas, escribí una carta a mi hermano -exiliado en Alemania- comunicándole la triste noticia que, para ahorrarle penas y disgustos, no le había dado en su momento. Él me comunicó que al mes siguiente enviaría los marcos equivalentes a las doscientas mil pesetas para que trasladásemos a Chile los restos de Marcelo.</p>
<p>Antes de cumplirse el mes de plazo que pidió mi hermano me llamó mi madre para comunicarme que doña Marcelina, nunca recuperada de la noticia del suicidio de su único hijo, había fallecido. Los dos, perdidos para siempre. Marcelo primero y ahora, su madre, doña Marcelina.</p>
<p align="left">No tenía para qué preguntar la causa de su deceso. En el certificado de defunción pudieron haber puesto lo que se les hubiese ocurrido y seguro que así fue. El hecho es que a doña Marcelina la mató la tristeza y la soledad y la cadena de penurias que llenaron su vida de pobre, agravadas al final por la ausencia, y luego por la muerte de su único hijo. Ella fue pobre en toda la línea: nunca tuvo nada. Por no tener nada, ni siquiera tuvo marido. Lo que sí tuvo y a raudales fue esa dignidad que no se adquiere, que no se vende, no se presta ni se compra y que es la que fluye desde la profundidad de la esencia del ser humano.</p>
<p align="left">Sin mandarla al estadio ni a los centros de detención y tortura, sin meterle una bala en el pecho, y sin ahogarla en una bañera llena de mierda, también la ultimó Pinochet: el mejor amigo de quienes lo tienen todo y el peor enemigo de los que en Chile no tienen nada.</p>
<p align="left">Esa mañana fui a mirar el mar de Barcelona, tan distinto y tan igual al de Antofagasta y que era el paseo que solíamos hacer con Marcelo en nuestros ataques nostalgiosos. Volví a preguntarme si tendría que haberle mandado a doña Marcelina las cenizas falsas y, por fin y sin importarme que me miraran, lloré por todo y por todos. Un viejo catalán con facciones de estatua griega que pasaba por allí con sus aperos de pesca, se acercó y me dijo “No sufras. Todos los hombres somos malos”.</p>
<p align="left">*Fuente: <a href="https://madmimi.com/p/2da5a51?pact=4061189-171882939-4473064015-ca2ae599e1538c9549a84524023d7312c8a5c9b8">Politika</a></p>
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		<title>Libro: «Carcel, cuentos cortos»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Aug 2022 05:39:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[arnaldo perez guerra]]></category>
		<category><![CDATA[carcel]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De la mano de <b>Editorial Arttegrama</b>, se presenta este libro el <b>viernes 19 de agosto a las 20.00 hrs. </b>en el salón principal de la Sociedad de escritores de Chile, ubicado en Almirante Simpson 7, Providencia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p align="LEFT"><span style="color: #000000;">14 de agosto de 2022<br />
“<span style="font-family: Arial, serif;"><span style="font-size: medium;">Carcel, cuentos cortos” es la primera publicación del escritor capitalino Fedor Sanchez. Un libro lleno de libertad, la misma que mantuvo firme al autor durante sus dieciocho años de presidio, una ópera prima que levanta una voz nueva y necesaria en la literatura nacional, de este autor rupturista de la técnica, y dueño de un talento admirable.</span></span></span></p>
<p align="LEFT"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, serif;"><span style="font-size: medium;">De la mano de <strong>Editorial Arttegrama</strong>, se presenta este libro el viernes 19 de agosto a las 20.00 hrs. en el salón principal de la Sociedad de escritores de Chile, ubicado en Almirante Simpson 7, Providencia.</span></span></span></p>
<p align="LEFT"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, serif;"><span style="font-size: medium;">Fedor Sánchez Piderit nacido en 1958, Potrerillos, Lugar donde experimenta y toma conciencia de las diferencias sociales y las precarias condiciones de los trabajadores mineros y sus hijos.</span></span></span></p>
<p align="LEFT"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, serif;"><span style="font-size: medium;">Su vida: una aventura de cambios permanentes, a los 15 años se va exiliado a Hungría, con sus padres. A los 19 se va solo a Cuba, a los 26 años, participa en la Guerrilla de Nicaragua, a los 27 regresa clandestino a Chile, a los 33 cae detenido y es condenado, recorre varias cárceles de Chile, a los 51 años sale con beneficio de libertad condicional, a los 64 años publica este, su primer libro. </span></span></span></p>
<p style="padding-left: 80px;" align="LEFT"><span style="color: #000000;">“</span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, serif;"><span style="font-size: medium;"><i>Es para nosotras, un orgullo publicar este libro, tuvimos el honor de editar un libro que nos hizo viajar, soñar, reir, llorar y repensar lo que entendemos por libertad. Tenemos absoluta convicción de que es un libro necesario de leer, y sin ninguna duda, un gran aporte que refresca la literatura chilena”.<br />
(Editorial Arttegrama)</i></span></span></span></p>
<p align="LEFT"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, serif;"><span style="font-size: medium;">Fedor, hace justicia y revolución en cada cuento, en cada recorrido imaginario que capturará a quien lea este libro, que seguramente no podrá parar de leer hasta haber consumido hasta la última página.</span></span></span></p>
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		<title>El auge del nazismo en Ucrania</title>
		<link>https://piensachile.com/2022/02/24/el-auge-del-nazismo-en-ucrania/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Feb 2022 19:26:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fascismo]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[europa]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
		<category><![CDATA[facismo]]></category>
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		<category><![CDATA[ucrania]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevistamos al periodista Andriy Movchan, quien nos habla sobre el auge de los grupos nazis en Ucrania especialmente a raíz del rol central que jugaron durante el movimiento golpista del Euromaidán (2013) y como estos fueron alimentados por la Unión Europea y EEUU.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Entrevistamos al periodista Andriy Movchan, quien nos habla sobre el auge de los grupos nazis en Ucrania especialmente a raíz del rol central que jugaron durante el movimiento golpista del Euromaidán (2013) y como estos fueron alimentados por la Unión Europea y EEUU.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/fQ3ztY4PC3g" width="730" height="430" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
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		<title>Carta respuesta de una exalumna chilena al profesor venezolano Earle Herrera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Oct 2021 20:03:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[NuestrAmérica]]></category>
		<category><![CDATA[amor entre pueblos]]></category>
		<category><![CDATA[chile]]></category>
		<category><![CDATA[estudiantes]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
		<category><![CDATA[iquique]]></category>
		<category><![CDATA[profesor]]></category>
		<category><![CDATA[venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La carta de un profesor venezolano a sus alumnos chilenos caló muy hondo. Aun no desaparece en nuestras almas la vergüenza provocada por la acción cobarde e infame de quienes le quemaron sus pocas pertenencias a migrantes venezolanos, y los ex alumnos chilenos de la Universidad Central de Venezuela sacan la cara para tender una mano fraternal y solidaria. Chile no es el lumpen, ni el de abajo, ni el de arriba. Chile es su pueblo cálido y fraternal con todos los latinoamericanos...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="L1WZpU85vj"><p><a href="https://piensachile.com/2021/10/02/desde-venezuela-carta-a-mi-ex-alumna-chilena/">Desde Venezuela: «Carta a mi ex alumna chilena»</a></p></blockquote>
<p><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" title="«Desde Venezuela: «Carta a mi ex alumna chilena»» — piensaChile" src="https://piensachile.com/2021/10/02/desde-venezuela-carta-a-mi-ex-alumna-chilena/embed/#?secret=L1WZpU85vj" data-secret="L1WZpU85vj" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe></p>
<p align="left">Querido Profesor, no soy esa Bea a la que escribes, pero fui tu alumna en no sé cuántos semestres de mi carrera de Comunicación Social en la gloriosa Universidad Central de Venezuela, cuyo título de Periodista me precio de ostentar hoy.</p>
<p align="left">Pero también soy Bea, y soy Verónica, Angélica, Valeria, cualquiera de esas alumnas chilenas, que despojadas del derecho de vivir en nuestro país, llegamos al tuyo… Soy cualquiera de ellas que te miramos sin poder contener las lágrimas y sin atrevernos a verte a los ojos, avergonzadas, tristes, acongojadas, enfurecidas… por lo que hicieron compatriotas nuestros a familias venezolanas que no corrieron la misma suerte de nosotras que pudimos trabajar, estudiar, ¡vivir¡ en ese maravilloso país, donde fuimos recibidas con nuestras familias, nuestros dolores y nuestras propias tragedias.</p>
<p align="left">Estuve cientos de veces compartiendo ese café del que hablas en el pasillo de la Facultad de Derecho; arreglando el mundo, salpicados por los modismos de los integrantes de esa especie de hermandad latinoamericana que éramos, cruzados por el “chévere”, la “vaina”, el “no joda” que aprendimos a decir con la misma graciosa entonación venezolana… hasta el día de hoy incorporados a nuestro léxico donde quiera que estemos.</p>
<p align="left">Las lágrimas corren por mis mejillas mientras te escribo, profe querido. Mi dolor de ahora es como el de aquel entonces, cuando pensábamos ilusamente que podríamos regresar pronto y derrotar esa feroz dictadura. Es así de grande, porque no puedo convencerme de que los chilenos, esos que entonan a todo pulmón una canción que yo también canté: “…<em>y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero</em>”, la hayan convertido en una farsante y cursi mentira, palabras vacías que me nublan la razón y me impulsan a clamarte perdón, a ti porque me escribiste, y a todos los hermanos y amigos venezolanos que dejé en esas tierras luego de 19 años, lees bien, ¡19 años!, viviendo en ese amado país donde nació mi hijo pequeño. Pero sobre todo, pedir perdón a esas familias, a esos jóvenes, a esos niños, a quienes un grupo de desalmados les quemaron lo poco y nada que tenían.</p>
<p align="left">Y además, creo como tú, que ellos saldrán de ésta con la frente en alto, y se recuperarán con la sonrisa en los labios, porque tienen en la piel, en el cuerpo entero, la fortaleza y la dignidad del ser venezolano.</p>
<p align="left">No tengo más que sentimientos de agradecimiento y amor para con ese pueblo hermano. Y cuando recorro mi país no puedo evitar recordar el tuyo, porque Venezuela es mar, sabana, montaña y selva… y porque tal como dice la canción, “llevo su luz y su aroma en mi piel, el cuatro en el corazón… y su horizonte en mis ojos”. Pero por sobre todo, llevo el calor fraterno de mi familia y de los cientos de amigos que ahí dejé.</p>
<p align="left"><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/N0tjGG84Dww" width="730" height="430" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<p align="left"><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/gd3efIrJrEo" width="730" height="430" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<p align="left">Profe querido, me comprometo a comprar una bicicleta plata y roja para dársela a un chico venezolano…</p>
<p align="left">¡Hasta siempre!</p>
<p align="left"><strong>Soledad Araya M.</strong><br />
<strong>Licenciada en Comunicación Social</strong><br />
<strong>Universidad Central de Venezuela</strong></p>
<p align="left">*Fuente: <em><strong><a href="https://madmimi.com/p/aefff21?pact=319234-165120312-3859076350-f25ceb6ef1be507f14bda069fcee0b54088c29cb">Politika</a></strong></em></p>
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="A1ZJQ7WgSV"><p><a href="https://piensachile.com/2018/03/25/legado-jorge-pena-hen-ias-orquestas-sinfonicas-infantiles-juveniles-chile-america-latina/">El legado de Jorge Peña Hen: Ias orquestas sinfónicas infantiles y juveniles en Chile y en América Latina</a></p></blockquote>
<p><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" title="«El legado de Jorge Peña Hen: Ias orquestas sinfónicas infantiles y juveniles en Chile y en América Latina» — piensaChile" src="https://piensachile.com/2018/03/25/legado-jorge-pena-hen-ias-orquestas-sinfonicas-infantiles-juveniles-chile-america-latina/embed/#?secret=A1ZJQ7WgSV" data-secret="A1ZJQ7WgSV" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/10/14/carta-respuesta-de-una-exalumna-chilena-al-profesor-venezolano-earle-herrera/">Carta respuesta de una exalumna chilena al profesor venezolano Earle Herrera</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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