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	<title>dilma rouseff &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Hoy Temer admite la verdad: Dilma fue víctima de una jugada política injustificable</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Apr 2017 02:02:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Corrupcion]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
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		<category><![CDATA[michel temer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><strong>Brasil, a un año del principio del golpe.</strong><br />
Los diputados que votaron el juicio político contra Rousseff también votaron el recorte del gasto público por 20 años, reformas en la ley laboral que liquida derechos y la entrega del petróleo a las multinacionales.<br />
En entrevista al canal Bandeirantes de televisión, admitió, no se sabe por ingenuidad, candidez o carencia extrema de inteligencia, confirma que Dilma Rousseff – y, con ella, el país – ha sido víctima de una jugada injustificable, escandalosamente impuesta a los ojos pasivos e cómplices, por omisión, del Supremo Tribunal Federal, supuesto guardián de la Constitución.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2017/04/18/hoy-temer-admite-la-verdad-dilma-fue-victima-una-jugada-politica-injustificable/">Hoy Temer admite la verdad: Dilma fue víctima de una jugada política injustificable</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="article-header diario">
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<div class="breadcrumb"><time datetime="2017-04-18"><a href="https://www.pagina12.com.ar/">18 de abril de 2017</a></time></div>
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<figure style="width: 400px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" class="show-for-large lazyloaded" src="https://images.pagina12.com.ar/styles/focal400x300/public/2017-04/na27fo01_15.jpg?itok=41vapm04" alt="Michel Temer cuenta con solamente cinco por ciento de aprobación popular." width="400" height="300" data-src="https://images.pagina12.com.ar/styles/focal400x300/public/2017-04/na27fo01_15.jpg?itok=41vapm04" /><figcaption class="wp-caption-text">Michel Temer cuenta con solamente cinco por ciento de aprobación popular.  (Imagen: EFE)</figcaption></figure>
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<div class="caret"><strong>Desde Río de Janeiro<br />
</strong>En 2016, el 17 de abril fue un domingo. Y en aquel domingo hubo sesión extraordinaria en el pleno de la Cámara de Diputados. Los diputados votaron, por amplia mayoría (367 votos favorables contra 137), la apertura del juicio contra la entonces presidenta Dilma Rousseff, del PT, que luego el Senado se encargó de destituir el 31 de agosto.</div>
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<div class="article-body diario">
<div class="column large-7 small-12">
<div class="article-text">
<p>Lo que se vio aquel domingo de abril del año pasado ha sido un espectáculo grotesco. Diputados envueltos en banderas del Brasil decían votar por la apertura del juicio político a nombre de la “moralidad”, por oponerse “a la corrupción”, mientras otros dedicaban sus votos “a mis hijos”, “a mi familia” o, como el ahora precandidato a la presidencia en 2018, el militar retirado Jair Bolsonaro, “a la memoria del capitán Carlos Alberto Brillante Ustra”, uno de los más crueles torturadores del tiempo de la dictadura (1964-1985).</p>
<p>Los senadores depusieron a la mandataria (y a sus 54 millones 500 mil votos) por un placar igualmente amplio: 61 contra solamente 20.</p>
<p>Pasado un año de aquella noche de escenas patéticas, el país está inmerso en la más aguda recesión de su historia. Michel Temer, un obscuro y habilidoso político experto en maniobras nebulosas, cuenta con solamente cinco por ciento de aprobación popular. Todos –todos– los diputados que votaron de manera favorable a la apertura del juicio también votaron, bajo el gobierno de Temer, por la imposición de un techo de los gastos públicos por 20 años, que significa recortes drásticos en los presupuestos de salud y educación, por “reformas” en la legislación laboral que liquidan derechos existentes desde hace casi medio siglo, por cambios retroactivos en el currículo de la enseñanza y por la entrega del petróleo del llamado “pre sal”, en aguas ultra-profundas, a las grandes multinacionales.</p>
<p>El desempleo ronda los 14 millones de trabajadores, un 60% de las familias están endeudadas, y la corrupción que los diputados y senadores prometían combatir salpica a ocho de los 27 ministros de Temer, y a más de un tercio del Congreso. Muchos de los más vehementes combatientes de la corrupción están bajo investigación de la Corte Suprema por haber denuncias concretas de que practicaron lo que decían combatir.</p>
<p>Eduardo Cunha, el ejecutor del golpe institucional, entonces presidente de la Cámara de Diputados, perdió su escaño y reside actualmente en un presidio federal. En su primera condena (hay al menos otros seis juicios abiertos) fue sentenciado a 15 años de cárcel.</p>
<p>Michel Temer y los que respaldaron el golpe que lo benefició, como el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, siempre argumentó que se trató de ‘un procedimiento contemplado por la Constitución’. Prometió recuperación rápida de la economía, estabilidad política, pacificación social y retorno de la confianza por parte de los inversionistas.</p>
<p>No cumplió con ninguna de esas promesas. Al contrario: el país está sumergido en un pantano de escándalos de todos los calibres, y el mismo Temer es protagonista de lujo de denuncias tremendas.</p>
<p>En vísperas del primer aniversario del golpe, el actual presidente, cuya ilegitimidad jamás fue puesta en duda, pese a sus esfuerzos para hacer valer una supuesta legitimidad, concedió una entrevista al canal Bandeirantes de televisión. Y lo que admitió, no se sabe por ingenuidad, candidez o carencia extrema de inteligencia, confirma que Dilma Rousseff – y, con ella, el país – ha sido víctima de una jugada injustificable, escandalosamente impuesta a los ojos pasivos e cómplices, por omisión, del Supremo Tribunal Federal, supuesto guardián de la Constitución.</p>
<p>Los argumentos para aceptar la destitución de la presidenta giraban alrededor de un solo tema: ella habría cometido “crimen de responsabilidad” por haber echado mano del “crédito suplementario”, o sea, la transferencia de recursos de un destino a otro dentro del Presupuesto Nacional, además de haber “demorado” en aprobar recursos al Banco do Brasil, para cubrir los préstamos concedidos a agricultores. Cabe recordar que no hay ley que establezca plazo alguno.</p>
<p>Volviendo al domingo 15 de abril de 2017, vísperas del primer aniversario del golpe: en la entrevista concedida a un canal de televisión de escasa audiencia, Michel Temer, finalmente contó la verdad. El entonces todopoderoso Eduardo Cunha, presidente de la Cámara, estaba bajo juicio de una Comisión de Ética formada por sus pares, acusado de cometer corrupción en escala amazónica.</p>
<p>Tenía guardada, como carta decisiva, varios pedidos de “impeachment” contra Dilma Rousseff. Si los tres diputados del mismo PT de la presidenta votaban a su favor en la Comisión de Ética, impidiendo que se elevara al Pleno de la Cámara un juicio que podría costarle el mandato, el pedido de apertura del juicio político tendría como destino la oscuridad de un cajón de su gabinete. En caso contrario, aceptaría llevar el tema a votación.</p>
<p>Los diputados del PT, y la misma presidenta, rechazaron la amenaza de chantaje. El juicio fue abierto, y lo demás ya es historia.</p>
<p>Lo más admirable es que Temer lo confiesa sin mover un milimétrico centímetro de su rostro.</p>
<p>Y esa traición, esa venganza, mereció espacio exiguo en los grandes medios hegemónicos de comunicación, los mismos que han sido uno de los pilares fundamentales del golpe. Y, por lo tanto, cómplices del caos que se instauró sobre todos los brasileños.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://www.pagina12.com.ar/32433-brasil-a-un-ano-del-principio-del-golpe">Página 12</a></strong></p>
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		<title>“El PT funcionó como un prestador de servicios para las elites”</title>
		<link>https://piensachile.com/2017/01/08/pt-funciono-prestador-servicios-las-elites/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Jan 2017 01:55:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion de la politica]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
		<category><![CDATA[lula]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista con la filósofa Isabel Loureiro<br />
<strong>El PT ha funcionado como un prestador de servicios para las elites del país, que tercerizaron el gobierno cuando les fue conveniente</strong>. Cuando vieron que la operación Lava Jato se les acercaba demasiado y Dilma no hacía nada para impedirlo, decidieron que ellos iban a gobernar de nuevo. Brasil es un país profundamente retrógrado en el que las elites nunca dejaron de gobernar. Durante un tiempo permitieron que se mantuviera ese reformismo débil del que habla Singer, pero incluso eso les pareció demasiado.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2017/01/08/pt-funciono-prestador-servicios-las-elites/">“El PT funcionó como un prestador de servicios para las elites”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Entrevista con la filósofa Isabel Loureiro</strong></p>
<figure style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" src="http://brecha.com.uy/wp-content/uploads/2017/01/16-17-Lula-recibe-el-apoyo-de-integrantes-del-PT-en-San-Pablo-marzo-de-2016-AFP-NELSON-ALMEIDA.jpg" width="800" height="532" /><figcaption class="wp-caption-text">Lula recibiendo el apoyo de integrantes del PT en San Pablo, marzo de 2016 / Foto: Afp, Nelson Almeida</figcaption></figure>
<p><strong>Isabel Loureiro.—</strong> Usamos el concepto de lulismo del profesor André Singer, referido a un reformismo débil en el que no se producen transformaciones estructurales sino una integración de las clases populares a través del consumo, lo que no significa un aumento de ciudadanía. Para mí el petismo se diferenciaría del lulismo por ubicarse más a la izquierda que la figura de Lula, pero no todos los autores del libro opinan lo mismo.</p>
<p><strong>A.M.— Ustedes señalan las contradicciones y los puntos fuertes y débiles del lulismo. ¿Podría hablarnos de los esenciales?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Los puntos fuertes del lulismo serían el abanico de políticas sociales volcadas hacia las clases más bajas, como la Bolsa Familia, las cuotas para negros en la universidad, la expansión de la universidad pública, el crédito rural para pequeños agricultores, entre otras. Estas medidas fueron especialmente buenas en el segundo gobierno de Lula y en el primero de Dilma, de eso no hay duda. El punto más débil fue creer en la fórmula mágica de dar a los pobres sin sacar a los ricos. No hubo un enfrentamiento a las elites y mucho menos al capitalismo. También hay que decir que eso no sucedió sólo en Brasil sino en todos los gobiernos llamados progresistas en América Latina. Todos pecan del mismo problema del lulismo, el de apostar a un modelo neodesarrollista, basado en el extractivismo, en el colonialismo interno, en la dilapidación de la naturaleza y en la violencia contra las comunidades tradicionales.</p>
<p><strong>A.M.—</strong> <strong>En su capítulo del libro habla precisamente de la reforma agraria pendiente y asegura que Lula va a ser recordado como “el presidente compañero de los usurpadores de tierra”.</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Esa idea es del profesor Ariovaldo Umbelino de Oliveira y yo estoy completamente de acuerdo. Durante la época de Lula se legalizaron tierras públicas en la Amazonia que habían sido usurpadas por terratenientes del campo, se legalizó algo ilegal. Durante el lulismo no hubo reforma agraria. Todo lo contrario: aumentó la concentración. A su vez, en 2009, Lula liberó el uso de transgénicos y hoy somos el mayor consumidor de agrotóxicos del mundo. Por lo tanto lo que vemos en este gobierno progresista es un apoyo oficial al modelo hegemónico del agronegocio. Entiendo que hubo un contexto internacional proclive a la venta de commodities por el aumento de la demanda de China, pero se podría haber hecho una política que no fuera exclusivamente centrada en el extractivismo de materias primas, pero el problema de fondo es que la izquierda brasileña es desarrollista. En Brasil, al menos el PT no es una izquierda crítica de la modernización capitalista, por eso la nueva lucha de la izquierda es empezar a pensar en otros términos.</p>
<p><strong>A.M.— ¿Cree que la izquierda brasileña necesita independizarse del lulismo para reencontrarse?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> En estos momentos la figura de Lula perjudica a la izquierda a la hora de reformularse. Lula tiene una visión caudillista de la política, es un caudillo del PT. Sólo hay que ver cómo ni él ni su partido permitieron que surgiera otro líder. Aquellos que aparecían como posibles sustitutos están en la cárcel. El PT es un partido burocratizado, con una trayectoria semejante a la de los partidos socialdemócratas europeos. En este sentido no creo que pueda ser una salida de izquierda en América Latina. Pero al mismo tiempo no podemos negar que la derrota del PT se lleva consigo a la izquierda como un todo, y esa es una de las grandes contradicciones, porque este partido simbólicamente sigue siendo el gran aglutinador de la izquierda en Brasil. Cuando se desmorona parece que no hubiera una alternativa real de izquierdas, al menos en términos de ganar elecciones. El reto de izquierda es reformularse sin pensar constantemente en las próximas elecciones y preocuparse por lo que necesita la gente.</p>
<p><strong>A.M.— Además del tema del campo, en el libro hablan mucho de otro de los grandes logros del lulismo relacionado con el aumento de jóvenes con grado universitario. Sin embargo, mencionan que al mismo tiempo fortaleció iniciativas privadas de dudosa calidad.</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Los programas de apoyo al crédito para que los jóvenes pudieran acceder a universidades fueron un arma de doble filo porque fortalecieron facultades privadas de muy mala calidad. Lula siempre se justificó alegando que si no fuera de ese modo la integración de las clases populares en la universidad habría durado una eternidad. A pesar de haber ayudado a este tipo de universidades no se puede dejar de reconocer que para muchos de los alumnos graduados se abrieron nuevas perspectivas de mirar el mundo. Me acuerdo mucho de un artículo de Regina Magalhães, docente en una de esas universidades, que cuenta cómo sus alumnos de Sociología empezaron a percibir que vivían en una cosa que se llamaba sociedad, y que no eran individuos sueltos. Empezaron a establecer nuevas relaciones y crear un pensamiento más crítico que antes tenían vedado.</p>
<p><strong>A.M.— A pesar de la mala calidad de algunas de las universidades, ¿se puede reconocer que han generado una cierta movilidad social?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> De eso no hay dudas. El artículo de Ruy Braga lo explica muy bien cuando habla de las mujeres jóvenes que trabajan media jornada en un call center de telemarketing y por la tarde van a esas universidades privadas. A pesar de que el nivel de esas facultades es horrible, esa joven ya no va a ser empleada doméstica como era su madre. Incluso puede que el salario que gane en telemarketing o en empleos posteriores sea igual o más bajo que el de la empleada, pero simbólicamente el ascenso social es inmenso.</p>
<p><strong>A.M.— En el capítulo que trata sobre la Bolsa Familia señalan que no hubo cambios estructurales y que no ayudó a terminar con la criminalización de la pobreza.</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Para el autor del artículo, Carlos Alberto Bello, uno de los puntos más frágiles de la Bolsa Familia es el hecho de no formar parte de la Constitución, el que no haya sido institucionalizada como un derecho, sino que sea una medida que queda a expensas del gobernante de turno. Por otro lado, critica que la integración de las clases populares fue precaria y despolitizada, sólo a través del consumo y sin ofrecer una idea de ciudadanía y derechos. En ese sentido, insiste en que la sociedad brasileña continúa criminalizando la pobreza, vista como responsabilidad de los propios pobres. Domina la idea de que el pobre es perezoso y que no trabaja porque no quiere. Y lo peor es que al no haber habido una apuesta por la politización, son los propios pobres los que asumen esta idea sobre sí mismos. No creo que podamos esperar que sean las clases populares las que salgan de la pasividad política ante el giro a la derecha por el que pasa el país.</p>
<p><strong>A.M.— Precisamente se ha visto que las clases populares son las que han apoyado a la derecha en ciudades como San Pablo, con un alcalde recién elegido que propaga la idea de meritocracia.</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Eso también tiene que ver con la despolitización. Curiosamente, las personas que se beneficiaron de políticas públicas, como por ejemplo las becas de universidad, creen que el ascenso social que han conseguido se debe a mérito propio y no lo relacionan con las políticas impulsadas por el país. Una vez que sienten que el mérito es de ellas y que a su vez tienen más capacidad de consumo, dejan de sentirse pobres y por lo tanto no quieren votar más al PT, “el” partido asociado a los pobres. Prefieren votar a partidos de derecha, a los que asocian con los ricos o con las clases medias. Esa paradoja a la que ahora se enfrenta el lulismo es justamente por no haber querido apostar por una inserción social más politizada,  como la que hacían junto con la Iglesia católica cuando nació el partido. El PT ha dejado de lado ese tipo de educación y de contacto con las bases y con las realidades sociales.</p>
<p><strong>A.M.— ¿Cuándo cree que el lulismo dejó de tener contacto con sus bases?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Las personas que estudian el PT desde que se formó como partido señalan un cambio ya en los ochenta cuando comenzaron a ganar alcaldías. A partir de entonces y hasta ahora el PT fue abandonando sus bases y el aparato se centró exclusivamente en ganar elecciones, lo que le obligó a hacer cada vez más concesiones hasta que llegan al Ejecutivo. En ese momento el PT se convirtió en lo que es hoy: un partido electoralista, sólo preocupado por ganar elecciones.</p>
<p><strong>A.M.— ¿Cree que el PT está pasando por un proceso de autocrítica?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Ahora todos se llevan las manos a la cabeza con lo que ha pasado en el último año. Las bases del partido quizás se estén planteando posibles errores cometidos, pero el aparato no lo está haciendo. La prueba más clara es que quieren poner a Lula en 2018 como si fuera la solución de todos los problemas y la única forma de salvar al partido.</p>
<p><strong>A.M.— ¿Logrará Lula presentarse en 2018?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Me parece que es lo que quieren tanto él como el aparato del partido, pero va a ser muy difícil, porque las elites brasileñas se van a juntar para impedir que eso suceda, y si fuera necesario lo llevarán a la cárcel. El PT ha funcionado como un prestador de servicios para las elites del país, que tercerizaron el gobierno cuando les fue conveniente. Cuando vieron que la operación Lava Jato se les acercaba demasiado y Dilma no hacía nada para impedirlo, decidieron que ellos iban a gobernar de nuevo. Brasil es un país profundamente retrógrado en el que las elites nunca dejaron de gobernar. Durante un tiempo permitieron que se mantuviera ese reformismo débil del que habla Singer, pero incluso eso les pareció demasiado.</p>
<p><strong>A.M.— En el libro sostienen que el lulismo fomentó la pacificación social.</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Sí, algunas personas situadas más a la izquierda decíamos que se vivía la paz de los cementerios. Mientras las personas consumían celulares y televisiones de plasma se quedaron adormecidas, parecía que todo estaba bien porque tenían acceso a bienes de consumo que pagaban en 20 cuotas, una falsa ilusión. Varias investigaciones demuestran que las desigualdades continuaban, que a pesar de haber mucho más empleo era enormemente precario; la salud también había mejorado algo pero seguía siendo mala. Las personas que estábamos a la izquierda del PT fuimos muy maltratadas, decían que éramos unos agoreros, y parecía que la lucha de clases había desaparecido del horizonte. Pero sabemos que nunca desaparece, era tan sólo una olla a presión a punto de explotar.</p>
<p><strong>A.M.— ¿Las manifestaciones de junio de 2013 fueron esa explosión en la que las contradicciones del lulismo aparecieron de repente?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> Junio de 2013 fue esa transición abrupta: un día parecía que todo estaba bien y al día siguiente nadie estaba satisfecho. Y sí, podríamos decir que fue en ese espacio donde se vieron buena parte de las contradicciones del lulismo y de la despolitización de la que hablábamos antes. Lula y Dilma invirtieron en las universidades públicas y en becas para acceder a la universidad, pero las personas salían a la calle exigiendo calidad en la educación. Lo mismo sucedía con la salud. Muchos de esos jóvenes manifestantes se habían beneficiado de las políticas lulistas. Pero no eran conscientes de ello y pedían más. El gobierno de Dilma y el PT quedaron completamente paralizados, no supieron entender lo que sucedía y creo que hasta ahora no lo han entendido.</p>
<p><strong>A.M.— ¿Pero se puede decir que el lulismo marcó un antes y un después en relación con los anteriores gobiernos?</strong></p>
<p><strong>I.L.—</strong> En lo que se refiere a política económica me parece exagerado pensar que marcó un antes y un después. Sólo hay que recordar la famosa Carta a los Brasileños que escribió Lula cuando llegó al poder, donde dejaba claro que iba a continuar al lado de los mercados financieros. En lo que se refiere a macroeconomía mantuvo una política no muy alejada de la de su antecesor Fernando Henrique Cardoso. Es cierto que llevó a cabo políticas sociales mucho más amplias que los anteriores gobiernos y con un modelo neodesarrollista sustentado en los commodities y el agronegocio, pero consiguió una redistribución de la renta que a su vez provocó un ascenso social importantísimo, sobre todo para aquellos que estaban en la miseria. Si a nivel político no se puede decir que fuera revolucionario, sí creo que hubo un antes y un después en términos simbólicos. La posibilidad de que un metalúrgico llegara a la presidencia de un país tan desigual y elitista como es Brasil fue un hecho importantísimo para las clases populares. Por otro lado, ese hecho crucial también escondió los conflictos reales y la lucha de clases latente, como si ya no hubiera que hacer nada más porque todo había cambiado. Como no hubo cambios estructurales, rápidamente volvimos al pasado. Dimos un paso adelante y dos hacia atrás.</p>
<p><strong>Fuente</strong>: <strong><a href="http://brecha.com.uy/pt-funciono-prestador-servicios-las-elites/">Brecha</a></strong></p>
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		<title>El escenario regional después de Dilma</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/09/05/escenario-regional-despues-dilma/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Sep 2016 02:04:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[argentina]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
		<category><![CDATA[chile]]></category>
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		<category><![CDATA[destruccion de crucifijo]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
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		<category><![CDATA[lucha por la democracia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sería equivocado pensar que estamos volviendo al pasado, por más que algunos analistas crean que se están perdiendo conquistas. La realidad indica que la región camina hacia adelante pero, en lo inmediato, lo que tenemos enfrente no es la sociedad igualitaria y justa con la que soñamos, sino un inminente choque de trenes entre los de arriba y los de abajo, y luchas entre clases, razas, géneros y generaciones. Hacia ese desenlace va la humanidad, y ese es el futuro a mediano plazo que se avizora en la región.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La destitución de Dilma Rousseff por el Senado más conservador desde 1964 (año del golpe de Estado contra João Goulart) cierra el ciclo progresista que se inició con la asunción de Luiz Inacio Lula da Silva el primero de enero de 2003. Siendo Brasil el país más importante de la región y el que marca tendencias, estamos ante una inflexión irreversible en el corto plazo, donde las derechas conservadores imponen su agenda.</p>
<p>El panorama regional sudamericano aparece claramente dominado por la alianza entre el capital financiero, Estados Unidos y las derechas locales, que muestran un dinamismo difícil de acotar a corto plazo. Hay que remontarse a principios de la década de 1990 para encontrar un momento similar, pautado por el triunfo del Consenso de Washington, el auge del neoliberalismo y el derrumbe del bloque socialista.</p>
<p>Sin embargo, sería equivocado pensar que estamos volviendo al pasado, por más que algunos analistas crean que se están perdiendo conquistas. La realidad indica que la región camina hacia adelante pero, en lo inmediato, lo que tenemos enfrente no es la sociedad igualitaria y justa con la que soñamos, sino un inminente choque de trenes entre los de arriba y los de abajo, y luchas entre clases, razas, géneros y generaciones. Hacia ese desenlace va la humanidad, y ese es el futuro a mediano plazo que se avizora en la región.</p>
<p>En rigor, este panorama ya se venía perfilando desde hace varios años, cuando aún gobernaban los progresistas, por la creciente alianza de hecho entre las clases medias (viejas y nuevas) y los más ricos, en gran medida por el triunfo de la cultura consumista, despolitizadora y conservadora que impulsaron esos mismos gobiernos. Pero lo que importa, mirando hacia adelante, es el mentado choque de trenes.</p>
<p>Una nueva derecha se ha impuesto en la región. Una derecha que no tiene escrúpulos legalistas, que no está dispuesta a respetar los modos de las democracias, que pretende arrasar los sistemas educativo y de salud tal como los conocimos. En Brasil la nueva derecha ha puesto en pie el movimiento Escola Sem Partido, que ataca la educación pública, vapulea el legado de Paulo Freire y pretende controlar estrictamente a los docentes.</p>
<p>Habrá que volver con más detalle sobre este movimiento, que promueve la disociación entre educar (responsabilidad de la familia y la Iglesia) e instruir (transmisión de conocimiento, que es la tarea de los profesores). Si los proyectos de ley que ingresaron al parlamento fueran aprobados, una porción de los docentes podría ser sancionada por adoctrinamiento ideológico, por hablar de la realidad del país, ya que en las aulas, pregonan, no debe existir la libertad de expresión. En esa realidad no sólo entra lo político, sino incluso la violencia contra las mujeres. Apenas una muestra de lo que viene.</p>
<p>Para comprender por dónde va la nueva derecha no hay que mirar atrás, o sea, el periodo de las dictaduras, sino a personajes como la primera ministra británica, Theresa May, quien asegura estar dispuesta a usar armas nucleares aunque le cuesten la vida a inocentes (<em>The Guardian,</em> 18/7/16). O como Hillary Clinton, que considera a Vladimir Putin el nuevo Hitler. No son declaraciones aisladas o fuera de contexto, es el estado de ánimo de las nuevas derechas, guerreristas, dispuestas a arrasar naciones enteras, como ya hicieron con media docena de países en Asia y Medio Oriente.</p>
<p>Para que haya choque de trenes tiene haber dos fuerzas antagónicas en disputa. Eso es lo que se viene perfilando en la región. Hemos recorrido las nuevas luchas estudiantiles y populares en Brasil (<a href="http://goo.gl/Bz9OBD">goo.gl/Bz9OBD</a>), los movimientos que ganan protagonismo en Colombia (<a href="http://goo.gl/DfboIk">goo.gl/DfboIk</a>) y las nuevas resistencias negras (<a href="http://goo.gl/GTQPzQ">goo.gl/GTQPzQ</a>), entre otras.</p>
<p>A ellas deben sumarse la renovada fuerza del movimiento campesino en Paraguay; la resistencia al modelo soyero-minero en Argentina, y, en los últimos meses, al ajuste del gobierno de Macri; las importantes movilizaciones de las mujeres contra la violencia machista, como la realizada en Perú en agosto; la persistencia de los movimientos indígenas en Ecuador y Bolivia.</p>
<p>Se abren nuevas e imprevistas resistencias. En agosto hubo enormes movilizaciones en Chile, dos grandes marchas de más de un millón de personas contra el sistema privado de pensiones (Afp), y un <em>cacerolazo,</em> que anuncian el comienzo del fin de un sistema que fue la clave de la acumulación de capital en el régimen pospinochetista. Nueve de cada 10 jubilaciones son menores de 220 dólares, o sea, menos de 60 por ciento del salario mínimo, por lo que la población reclama el fin del sistema privado.</p>
<p>Lentamente se va abriendo paso entre los sectores populares la convicción de que la corrupción es sistémica, como el <em>narco</em> y los feminicidios, y que no importa si gobierna la derecha o la izquierda, porque las cosas seguirán más o menos igual. La prometida reforma educativa en Chile, que el Partido Comunista utilizó como argumento para abandonar la calle e ingresar al gobierno de Michelle Bachelet, se diluyó en las negociaciones con el empresariado y se sigue priorizando la enseñanza privada, como denuncia la nueva ofensiva estudiantil.</p>
<p>En esta etapa, el sistema no puede realizar reformas en favor de los pueblos, porque no tiene margen económico ni político. La economía funciona como una máquina que extrae, expropia y concentra los bienes comunes. La política se reduce a fuegos de artificio y deja paso, cada día con mayor evidencia, a la policía para dirimir los conflictos. La principal diferencia entre los colores que gobiernan es de velocidades en la aplicación de un modelo que no deja otra alternativa que la resistencia.</p>
<p>La destitución de Rousseff por un Senado infestado de corruptos podría ser la ocasión para reflexionar sobre la inconveniencia de seguir confiando en los mal llamados representantes, que están allí para devolver favores al capital, y apostar con mayor energía a la organización. Nadie lo hará por nosotros.</p>
<p>Fuente: <strong><a href="http://www.jornada.unam.mx/2016/09/02/opinion/020a2pol">La Jornada</a></strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/09/05/escenario-regional-despues-dilma/">El escenario regional después de Dilma</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Brasil: “El PT creó un ejército de millones de consumidores desvinculados de la política y de los partidos”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Sep 2016 00:35:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[creacion de consumidores]]></category>
		<category><![CDATA[desvinculados de la politica]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
		<category><![CDATA[impeachment]]></category>
		<category><![CDATA[lula]]></category>
		<category><![CDATA[pt]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"[...] ¿Habría sido posible la canallada con un millón de manifestantes acampando en el Planalto? Si otro millón más tomaba la avenida paulista ¿se habrían atrevido a reprimirlo? Se creó un ejército de millones de consumidores desvinculados de la política y de los partidos y dicha creación debilitó al movimiento popular, facilitando a los conspiradores.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/09/03/brasil-pt-creo-ejercito-millones-consumidores-desvinculados-la-politica-los-partidos/">Brasil: “El PT creó un ejército de millones de consumidores desvinculados de la política y de los partidos”</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>«Las élites pudieron consumar el golpe en su reducto político de la legalidad y las instituciones burguesas. ¡En los &#8217;70 el &#8216;golpe a la uruguaya&#8217; también comenzó en el parlamento con la declaración del estado de guerra interna!&#8230; ¿Habría sido posible la canallada con un millón de manifestantes acampando en el Planalto? Si otro millón más tomaba la avenida paulista ¿se habrían atrevido a reprimirlo? Se creó un ejército de millones de consumidores desvinculados de la política y de los partidos y dicha creación debilitó al movimiento popular, facilitando a los conspiradores. Es como serruchar la rama donde uno está apoyado&#8230; ¡pero ojo! Que los pueblos no se dejan arrebatar sus conquistas aunque los revuelquen contra el suelo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Zabalza: poner las barbas en remojo" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/msnb3eY8e4Y?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
<p><strong>*Fuente: </strong><strong><a href="http://elmuertoquehabla.blogspot.cl/2016/09/zabalza-las-barbas-en-remojo.html">El Muerto que habla</a></strong></p>
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		<title>La tragedia brasileña</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Sep 2016 01:21:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
		<category><![CDATA[concesiones a la derecha]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
		<category><![CDATA[golpe de estado]]></category>
		<category><![CDATA[pt]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesión a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/09/01/la-tragedia-brasilena/">La tragedia brasileña</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff.</p></blockquote>
<p>Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia.</p>
<p>La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto.</p>
<p>Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://caririligado.com.br/wp-content/themes/cariri-ligado/timthumb.php?src=http://caririligado.com.br/wp-content/uploads/2015/12/chargedilmacarta.jpg&amp;w=547&amp;h=398&amp;zc=1" alt="Afficher l'image d'origine" /></p>
<p>No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma.</p>
<p>De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. <strong>Primero</strong>, <em>cualquier concesión a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina</em>. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios.</p>
<p><strong><a href="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2016/09/tragedia-brasileña.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-30390" src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2016/09/tragedia-brasileña.jpg" alt="tragedia brasileña" width="158" height="205" /></a>Segundo</strong>, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo.<em> Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral.</em> Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha.</p>
<p><strong>Tercero</strong>, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://cdn1.bbend.net/media/com_news/story/2016/08/30/723672/main/DILMA-ROUSSEFF.jpg" alt="Afficher l'image d'origine" /></p>
<p><strong>Conclusión</strong>: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter" src="https://2.bp.blogspot.com/-FCA4QVlg4n4/V8dB_YJ5QbI/AAAAAAAAKgU/Qb_N7erSZ4Yhk0e4GGY-emzUQxhBOJVtgCLcB/s1600/Temer%2By%2BCunha.jpg" alt="Afficher l'image d'origine" width="592" height="312" /></p>
<p>Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Brasil en 1964,  en Indonesia y República Dominicana en 1965, en Argentina en 1966 y 1976, en Uruguay en 1973, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954?. La lista sería interminable.</p>
<p><iframe loading="lazy" src="https://www.youtube.com/embed/S9AbY2yStzk?feature=player_detailpage&amp;vq=default" width="640" height="360" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen" data-mce-fragment="1"></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p><span class="envoi"><br />
Gracias a: <a href="http://www.atilioboron.com.ar/" target="_blank" rel="noopener">Atilio Boron</a><br />
Fuente: <a href="http://www.atilioboron.com.ar/2016/08/la-tragedia-brasilena.html" target="_blank" rel="noopener">http://www.atilioboron.com.ar/2016/08/la-tragedia-brasilena.html</a><br />
Fecha de publicación del artículo original: 31/08/2016<br />
URL de esta página en Tlaxcala: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=18782">http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=18782</a> </span></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/09/01/la-tragedia-brasilena/">La tragedia brasileña</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Una nueva derecha apareció en Brasil</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/04/17/una-nueva-derecha-aparecio-brasil/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Apr 2016 23:30:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura militar]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
		<category><![CDATA[lula da silva]]></category>
		<category><![CDATA[nueva derecha]]></category>
		<category><![CDATA[pt]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> Brasil ha cambiado mucho en los últimos 15 años, pero los cambios tienen que ver más con beneficios económicos que con beneficios públicos, más con la distribución social de los recursos económicos y el consumo y menos con la transformación social de unos servicios públicos igualitarios y de calidad. Además de los casos de corrupción, este es el motivo de la gran decepción de los ciudadanos con una administración federal de izquierdas en Brasil desde hace más de una década.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="entry-title">15 April 2016</p>
<p class="entry-title"><em>Este documen</em>t<em>o está también disponible en idioma </em><strong><em><a href="https://opendemocracy.net/democraciaabierta/arthur-ituassu-francesc-badia-i-dalmases/new-right-has-appeared-in-brazilian-polit">English</a></em></strong></p>
<div class="grid-8 alpha omega article-content">
<div id="contentgrid" class="content entry-content grid-6">
<div class="entry-summary">
Para comprender la crisis actual hay que remontarse a los primeros años del siglo XXI. En vísperas del<em> impeachment</em> a Dilma Rousseff, entrevistamos a Arthur Ituassu, colaborador habitual de<em>openDemocracy</em>.
</div>
<div class="entry-content"><figure style="width: 460px" class="wp-caption aligncenter"><a class="lightbox-processed" title="" href="https://cdn.opendemocracy.net/files/imagecache/wysiwyg_imageupload_lightbox_preset/wysiwyg_imageupload/557099/Impeachmentroussef_0.jpg" rel="lightbox[wysiwyg_imageupload_inline]"><img loading="lazy" class="imagecache wysiwyg_imageupload 0 imagecache imagecache-article_xlarge" src="https://cdn.opendemocracy.net/files/imagecache/article_xlarge/wysiwyg_imageupload/557099/Impeachmentroussef_0.jpg" width="460" height="307" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Diputados opositores celebran el voto a favor de iniciar el impeachment a Dilma Rousseff. 11 de Abril 2016. Foto: AP/Eraldo Peres. Todos los derechos reservados.</figcaption></figure>Mucho pueden cambiar las cosas en diez años o, al menos, pueden pasar muchas cosas. Sin lugar a dudas, los 10 años que van de 2005 a 2015 han sido políticamente intensos en Brasil. El profesor Arthur Ituassu acaba de publicar <a href="http://www.editora.vrc.puc-rio.br/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?infoid=346&amp;sid=3" target="_blank" rel="noopener"><em>@openDemocracy (2005-15): fragments of Brazil&#8217;s recent political history</em></a>, un e-libro que reúne una serie de artículos sobre política brasileña escritos para <em>openDemocracy</em> entre los años 2005 y 2015. Como dice el subtítulo del libro, se trata de fragmentos de la historia política reciente de Brasil y, más concretamente,  del restaurado camino democrático de Brasil, que se reanudó a mitad de la década de 1980 después de dos décadas de un régimen militar.<br />
En este contexto, el libro de Ituassu aporta reflexión sobre la compleja dinámica de la democracia brasileña, y refuerza la convicción de que, a pesar de algunos contratiempos, la democracia es un requisito inevitable para que los brasileños puedan hacer frente a las injusticias históricas de su país. En vísperas del juicio político a Dilma Rousseff, Francesc Badia i Dalmases entrevista al autor.<br />
<strong>DemocraciaAbierta (Francesc Badia) – <em>Su e-libro</em><em> coincide con una importante crisis en Brasil. ¿Ha sido esta crisis lo que motiva su aparición? ¿Qué puede aportar un libro como el suyo al debate actual?</em></strong><br />
Arthur Ituassu – No es fácil definir la actual crisis política en Brasil. Mucho de lo que sucede puede remontarse a 2005, cuando José Dirceu, el jefe de gabinete del presidente Lula, tuvo que dimitir acusado de corrupción en relación con el escándalo del <em>mensalão .</em> Fue este el primero de una serie de grandes escándalos de corrupción en el seno de la administración del Partido de los Trabajadores (PT), relacionado con una trama de compra de votos de congresistas a beneficio del gobierno. José Dirceu, que anda todavía en tratos con la Justicia, es una figura histórica y un líder del PT. Luchó contra el régimen militar. Como preso político, fue uno de los 15 presos que fueron canjeados por el embajador de Estados Unidos en Brasil, que había sido secuestrado por la resistencia en septiembre de 1969. Por su importancia como personaje político, su acusación por corrupción a los tres años de la primera administración de Lula, fue ya un signo precursor de la actual situación política. Esto es algo que espero que mi libro ayude a comprender: la crisis actual es un proceso político y social que se remonta a los primeros años del siglo XXI. Dentro de este proceso, han pasado y surgido muchas cosas. Tuvimos no sólo <em>mensalão</em>, <em>petrolão</em> (el escándalo de corrupción a nivel nacional de la petrolera Petrobras) y <em>lava-jato</em> (la operación de la Policía Federal de Brasil contra un esquema de lavado de dinero que se sospecha que movió más de 10.000 millones de reales en sobornos, ampliación de empresas, políticos y partidos).<br />
También tuvimos prosperidad económica (la estatua del Cristo de Río en la portada del <em>Economist</em>), las grandes protestas populares de 2013 y el Mundial de la FIFA. Por no hablar de la reelección de Lula en 2006, la elección de Dilma Rousseff en 2010 y su reelección en 2014. Hay que recordar que después del régimen militar, Lula y el PT intentaron tres veces llegar a la Presidencia de Brasil sin éxito (en 1989, 1994 y 1998). En este sentido, es imposible, al menos hoy, comprender realmente las consecuencias de estos sucesivos acontecimientos políticos y sociales. Sin embargo, algunos nuevos elementos parecen relativamente claros.<br />
Uno de estos elementos es que ha aparecido una «nueva derecha» en el espectro político brasileño. En marzo de 2010, escribí en <em>openDemocracy</em> que, tras dos mandatos de Lula, lo que se dirimía en las elecciones de aquel año era una «disputa entre izquierda e izquierda», entre el PT y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). De hecho, el PT y el PSDB han competido ferozmente en las últimas cuatro elecciones presidenciales (en 2002, 2006, 2010 y 2014), aportando cierta estabilidad de pesos y contrapesos a la dinámica política de Brasil. No creo, sin embargo, que esta «disputa entre izquierda e izquierda» se dé todavía. En la última década, ha surgido y crecido una nueva derecha conservadora. Hasta el PSDB, presionado por la incorporación de nuevos miembros jóvenes conservadores, ya no se parece a aquel viejo partido socialdemócrata de antes. Impulsado por su actividad en Facebook, el ultraconservador Jair Bolsonaro cosechó 400.000 votos en las elecciones de 2014, y fue el diputado al Congreso más votado en Río de Janeiro, un estado de tradición liberal.<br />
Como telón de fondo, están los sucesivos y muy mediatizados escándalos de corrupción, la instalación de un sentimiento apolítico entre la población y el surgimiento de los evangélicos como importante fuerza política conservadora en la política y la cultura brasileñas. El Frente Parlamentario Evangélico tiene hoy no menos de 39 representantes en el Congreso, procedentes de todos los partidos. Los efectos de este estado de ánimo conservador ya se observan en cuestiones relativas al aborto, las drogas, los derechos homosexuales, y puede dejarse sentir en el futuro en la economía, con una interpretación muy tecnocrática y reduccionista del liberalismo.<br />
Otro elemento nuevo de la actual crisis es la «judicialización» de la política y la sociedad brasileñas. No sólo Sérgio Moro (el juez que investiga a Lula y lleva el caso <em>lava-jato</em>), sino también el Tribunal Supremo y el Tribunal Federal de Cuentas han sido protagonistas en las recientes disputas políticas. Además, el encarcelamiento y la persecución legal de los directores de Petrobras, de los directores generales de poderosas empresas constructoras y de políticos de alto nivel, como el propio ex presidente Luís Inácio Lula da Silva, han causado un auténtico terremoto en un país acostumbrado a la impunidad de sus élites. Pero se hace muy difícil creer que el PT de Lula se ha inventado la corrupción política en Brasil y, por ello, el sistema judicial debe probar todavía que trata a todos los partidos políticos por igual y que no es un instrumento de las élites para dañar sólo a los izquierdistas.<br />
<strong>DemocraciaAbierta &#8211; <em>La última década, o los últimos 15 años, han sido unos «años de oro» para Brasil. ¿Cuáles son los principales cambios que ha observado?</em></strong><br />
Arthur Ituassu &#8211; Brasil ha cambiado mucho en los últimos 15 años, pero los cambios tienen que ver más con beneficios económicos que con beneficios públicos, más con la distribución social de los recursos económicos y el consumo y menos con la transformación social de unos servicios públicos igualitarios y de calidad. Además de los casos de corrupción, este es el motivo de la gran decepción de los ciudadanos con una administración federal de izquierdas en Brasil desde hace más de una década. La combinación de estabilidad monetaria, crecimiento de China y de su demanda de materias primas, incentivos industriales federales, políticas sociales de ingresos directos (como la famosa <em>Bolsa Família</em>), grandes proyectos de infraestructura y un gran mercado interno potencial muy cerrado impulsaron el auge económico de la última década, lo que ha beneficiado directamente a cerca de 40 millones de pobres y ha generado una entera nueva clase social (la llamada Clase C). Sin embargo, cuando todo esto es ya parte de un pasado reciente, cuando impera el desempleo y la recesión, lo que queda es un país fiscalmente roto, en el que no se provee un solo beneficio público adecuadamente. Las escuelas y los maestros del sistema de educación pública brasileño padecen todavía unas condiciones y unos salarios terribles. Los hospitales públicos son, como de costumbre, una verdadera tragedia. En todas las grandes ciudades de Brasil &#8211; y ahora también en las más pequeñas – hay violencia, crimen y armas. El transporte público de muy baja calidad es también algo común. A pesar de algunos avances, la justicia sigue funcionando mucho más para la gente rica que para los pobres. Encantados con el consumismo, nos hemos olvidado de continuar las reformas iniciadas en la década de 1990 como parte del proceso de redemocratización: la reforma política, de la policía y del sistema de pensiones. No todo está podrido, sin embargo, «en el estado de Dinamarca»: millones de brasileños han experimentado los beneficios de la inclusión económica, y es seguro que van a ejercer presión para mantenerlos.<br />
<strong>DemocraciaAbierta – <em>El liderazgo de Brasil en América Latina ha sido muy activo durante el período que cubre su libro. El rol de Brasil como actor del Sur Global, en los BRICS, en la integración de América Latina, se caracterizó por la presencia de una personalidad fuerte en la Presidencia: Lula da Silva. ¿Hasta qué punto el liderazgo de Dilma es la causa del derrumbe de Brasil?</em></strong><br />
Arthur Ituassu – El derrumbe no se debe tanto a una diferencia de personalidad, sino más bien a las recientes transformaciones geopolíticas globales. Se impulsaron acciones más efectivas en relación con América del Sur ya desde antes que Lula fuese elegido presidente. De hecho, las condiciones globales durante su administración abrieron el espacio para desarrollar una diplomacia y una estrategia más firmes y amplias, con el ascenso de nuevos polos estratégicos y el contexto comercial y financiero Sur-Sur. Los IBAS (India, Brasil y Sudáfrica) y los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) han intentado manejar este nuevo espacio diplomático. Por supuesto, a la política exterior de Brasil le influenció el cambio en la Presidencia. Lula es una estrella política mundial a la que el presidente de los Estados Unidos Barack Obama elogió fervientemente ante las cámaras en una reunión de la ONU en abril de 2009. La presidenta Dilma Rousseff, sin embargo, se ha mostrado siempre muy incómoda ante cuestiones de política internacional y con los mandatarios extranjeros, incluso con su propio ministerio de Asuntos Exteriores, el Itamaraty. Pero se da el caso también que la crisis estadounidense de 2008 está relativamente resuelta, China no está creciendo tan rápidamente pero su presencia económica en Latinoamérica ha aumentado exponencialmente, los regímenes de izquierda en América del Sur &#8211; sobre todo en Argentina, Bolivia y Venezuela – se han debilitado por crisis internas, y México y la Alianza del Pacífico han dividido al subcontinente. Con todo esto y una grave crisis política y económica interna, el colapso de Brasil era inevitable.<br />
<strong>DemocraciaAbierta <em>&#8211; La publicación de sus ensayos para openDemocracy se produce en un momento en que la hegemonía de los grandes medios de comunicación y de Globo en particular es abrumadora y está jugando un papel clave en la crisis actual. ¿Qué pasa con los medios independientes? ¿Qué tan grande es el nicho para iniciativas como DemocraciaAbierta?</em></strong><br />
Arthur Ituassu &#8211; Los debates acerca del papel de los medios de comunicación en la política brasileña están en el centro de la actual crisis política. Esto puede verse como otro elemento nuevo de la situación actual: la legitimidad de un <em>establishment</em> mediático muy concentrado. Una encuesta reciente (Endelman, 2016) muestra que mientras el 76% de los ricos en Brasil dicen confiar en los medios de comunicación, sólo el 52% de los pobres confiesa lo mismo. En estos  momentos, la idea de que los grandes conglomerados mediáticos trabajan siempre para las élites y en contra de los políticos y los partidos de izquierda &#8211; incluyendo el caso de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff &#8211; es ampliamente compartida y coloca un gran signo de interrogación sobre la legitimidad del rol del sistema de medios del país. En este sentido, los medios de comunicación independientes, sobre todo en Internet, están creciendo rápidamente y crean un contexto muy propicio para iniciativas como Democracia Abierta.<br />
*Fuente: <strong><a href="https://opendemocracy.net/democraciaabierta/arthur-ituassu-francesc-badia-i-dalmases/una-nueva-derecha-apareci-en-brasil">OpenDemocracy</a></strong>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/04/17/una-nueva-derecha-aparecio-brasil/">Una nueva derecha apareció en Brasil</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Brasil: ¿Por qué el juicio político es un golpe?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Apr 2016 01:52:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
		<category><![CDATA[golpe blando]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los acusadores de la presidente Dilma Rousseff no pudieron comprobar su asociación con los delitos de corrupción, cuya investigación ella siempre ha apoyado. Por el contrario, la crisis de legitimidad del Congreso Nacional es resultado precisamente de la acumulación de acusaciones de corrupción hasta el punto máximo de haber descubierto la relación entre los representantes políticos y los mecanismos ilegales de financiación de la política.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/04/16/brasil-juicio-politico-golpe/">Brasil: ¿Por qué el juicio político es un golpe?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>La clave para entender el golpe es el hecho de que la presidenta perdió popularidad en el Congreso cuando, desde 2011, efectuó &#8216;limpiezas&#8217; en organismos públicos.</em><br />
ALAI AMLATINA, 15/04/2016.- No hay duda alguna de que la práctica de la corrupción es  un delito de responsabilidad que constituye un impedimento  para  ser presidente. Es por eso que Fernando Collor fue destituido en 1992. En ese momento, la Cámara de Representantes no estaba involucrada en gran escala en los escándalos de corrupción en que se sumió el presidente y su pequeñísima base de apoyo.  Además de tener el derecho de juzgar a un presidente corrupto, la Cámara contaba con el apoyo de un amplio consenso en la sociedad respecto a la legitimidad del proceso.<br />
Nada de esto sucede hoy: los acusadores de la presidente Dilma Rousseff no pudieron comprobar su asociación con los delitos de corrupción, cuya investigación ella siempre ha apoyado. Por el contrario, la crisis de legitimidad del Congreso Nacional es resultado precisamente de la acumulación de acusaciones de corrupción hasta el punto máximo de haber descubierto la relación entre los representantes políticos y los mecanismos ilegales de financiación de la política.<br />
Existen abundantes evidencias de que los empresarios que se apropian de contratos públicos sobrefacturados y que financian campañas políticas, tienen relaciones turbias con parlamentarios que, a cambio, patrocinan obras sobrefacturadas a través de enmiendas parlamentarias y recomiendan directores de organismos públicos y empresas estatales responsables de la contratación. Si alguien puede ser acusado de corrupción, no es la presidente Dilma Rousseff, sino sus acusadores en el Congreso Nacional.<br />
Una clave para entender el golpe es el hecho de que la presidenta comenzó a perder popularidad en el Congreso cuando, a partir de 2011, se comprometió a realizar acciones de «limpieza» en los organismos públicos. Por supuesto, la acusación de Delcídio Amaral no es de lo más creíble, pero sacó a luz un punto de discordia entre Dilma y Eduardo Cunha que se comenta desde hace años: <a href="http://www.brasilpost.com.br/2016/03/15/delacao-dilma-cunha_n_9472384.html">en 2011, ella puso fin al control corrupto que él tenía sobre directorios de la empresa Furnas</a> y así se creó un enemigo vengativo. Lo mismo ocurrió con el Partido de la República (PR) después de la <a href="http://congressoemfoco.uol.com.br/noticias/assessor-os-transportes-sai-e-faxina-chega-a-18-demissoes/">limpieza de la casa que tuvo lugar en el Ministerio de Transporte</a> que involucró el propio ministro, el senador Alfredo Nascimento.<br />
<strong>La búsqueda de un delito de responsabilidad y la hipocresía de los acusadores</strong><br />
Hasta las piedras saben que el principal aliado de Temer es el diputado Eduardo Cunha. <a href="http://www2.camara.leg.br/camaranoticias/noticias/POLITICA/501108-DEPUTADOS-REPERCUTEM-DECISAO-DE-CUNHA-DE-ACEITAR-PEDIDO-DE-IMPEACHMENT-DE-DILMA.html">Fue él quien acogió el proceso de impeachment</a>, el 2 de diciembre de 2015, poco después de que los diputados del PT (Partido de los Trabajadores) decidieron votar por la apertura del juicio contra él por corrupción explícita, en el Comité de Ética de la Cámara de Representantes.<br />
Recordemos que <a href="http://politica.estadao.com.br/noticias/geral,cunha-cira-cpi-do-bndes-apos-romper-com-governo,1727327">Cunha rompió con el gobierno de Dilma el 17 de julio de 2015</a>, cuando el Procurador General de la República, Rodrigo Janot, presentó una denuncia contra él ante pruebas firmes de corrupción. La cortina de humo de la acusación hecha por Cunha a Dilma Rousseff es que ella habría influido en la actuación de Janot, aun cuando ella había dado autonomía a la Policía Federal y al Procurador General para proceder con la operación Lava Jato y para presentar acusaciones a políticos de la base de apoyo político del gobierno y del mismo PT. Para Cunha, el único pecado de Dilma, en el fondo, era que no detuvo las investigaciones <a href="http://www.cartacapital.com.br/politica/nos-tempos-do-engavetador-geral-refrescando-henrique-cardoso">como lo hizo el “archivador”-general designado por Fernando Henrique Cardoso</a>, o sea el Procurador Geraldo Brindeiro.<br />
El chantaje promovido por Eduardo Cunha claramente implicaba el apoyo a la presidenta a cambio del cese de las investigaciones. Ella y su ex ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, sin embargo, nunca trataron de limitar  la Operación Lava Jata, ni siquiera para contener las evidentes arbitrariedades del juez Sergio Moro, como de fiscales y miembros de la policía federal. En este contexto, el chantaje banal en las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo se ha convertido en una cuestión de vida o de muerte para numerosos congresistas corruptos.<br />
Si Dilma Rousseff no puede ser acusada de corrupción, mas debe ser apartada de manera que las verificaciones sobre la corrupción se detengan, es necesario crear un pretexto para apartarla de cualquier forma. La acusación del proceso de juicio político se refiere a cuestiones relacionadas con el presupuesto de 2015 y no tiene nada que ver con el <a href="http://www.cartacapital.com.br/politica/perguntas-e-respostas-pedaladas-fiscais-e-o-julgamento-do-tcu-5162.html">«pedaleo fiscal» de 2014, condenado por el Tribunal Federal de Auditoría (TCU)</a> a pesar de ser rutina en la administración pública desde siempre.<br />
Vale recordar que el Ministro del TCU que condenó el supuesto «pedaleo» de 2014, Augusto Nardes, ex miembro del Partido Progresista (PP) entre 2003 y 2005, es citado en el proceso en el Tribunal Supremo Federal (STF) en la <a href="http://www.cartacapital.com.br/tags/Opera%C3%A7%C3%A3o%20Zelotes">Operación Zelotes</a>, bajo <a href="http://www1.folha.uol.com.br/poder/2015/10/1691012-ministro-do-tcu-se-torna-alvo-de-investigacao-sobre-fraudes-fiscais.shtml">cargos de haber recibido dinero de una empresa de consultoría</a> que compraría decisiones para reducir impuestos a las empresas juzgadas por el Consejo Administrativo de Recursos Fiscales (CARF).<br />
Además de ser acusado en la Operación Zelotes, Nardes fue implicado hace unos días (24/03/2016) en la misma Operación Lava-Jato: <a href="http://www1.folha.uol.com.br/poder/2016/03/1754000-ex-presidente-do-pp-cita-ministro-do-tcu-e-politicos-em-delacao-premiada.shtml">la denuncia premiada del ex congresista federal Pedro Correa (PE), ex presidente del PP</a>, afirma que Nardes era uno de los diputados del PP que recibía recursos desviados de Petrobras, hasta que fue nombrado Ministro del TCU en 2005.<br />
Michel Temer, Aécio Neves, Agripino Maia, Romero Jucá, Antonio Anastasia y muchos otros opositores están citados en la Operación Lava-Jato, al igual que Cunha y ahora Nardes. La lista de Odebrecht, que Sergio Moro convenientemente se negó a investigar, implica a casi la mitad del Congreso en las operaciones (legales o ilegales) con la empresa. ¿Será exagerado decir que el primer objetivo de los políticos que apoyan el golpe contra Dilma es anular las investigaciones?  ¿Será casualidad que, ante el inminente voto de impeachment, <a href="http://politica.estadao.com.br/blogs/fausto-macedo/moro-sonha-com-fim-da-lava-jato-ate-dezembro/">Moro afirma que anhela concluir con la Operación Lava-Jato para diciembre de 2016</a>?<br />
<strong>El pretexto pueril del juicio político</strong><br />
No es sólo la venganza de Eduardo Cunha y de políticos amenazados por la lucha contra la corrupción, lo que hace ilegítimo el pedido de impeachment. Su base legal es el argumento de que había la “previsión” de que no se iba a alcanzar la meta de ahorro del gobierno (resultado primario) en 2015, y que sin embargo el gobierno habría autorizado «nuevos gastos» durante todo el año, a través de «créditos adicionales» que significaban redistribuir recursos entre líneas presupuestarias <em>ya autorizadas</em>. Irónicamente, ¡esto se hizo incluso a petición de los órganos judiciales y la propia TCU!<br />
En cuanto al supuesto «pedaleo» de 2015, el retraso (no eliminación) de la transferencia de 3,5 millones de reales al Banco de Brasil para el pago del Plan Cosecha está totalmente en línea con el patrón histórico para cualquier gobierno desde la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF). Esto quedó más que compensado por el pago de $ 72 mil millones de dólares de «pedaleos» de años anteriores.<br />
La reinterpretación de la LRF es tan arbitraria, y la acusación tan pueril, que en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=DCwqsReYkEs">la bella imagen de Juca Kfouri</a>, se lo compara con el castigo con tarjeta roja, en un partido de fútbol, de un lateral cobrado con un pie en la línea. Esto demandaría cuanto más una advertencia para la corrección de la conducta, como mucho. Además, 16 gobernadores más deberían ser acusados por el mismo delito, sólo en 2015, así como el propio vicepresidente Michel Temer. Ni Lula, ni Cardoso hubieran terminado sus mandatos.<br />
La selectividad de la acusación no es su principal falla. Lo peor es que las cuentas fiscales de 2015 cerraron dentro del objetivo aprobado por el Congreso el 31 de diciembre; ¡pero la solicitud de juicio político es del 2 diciembre! Como ya he señalado, es el mismo día que el PT declaró su apoyo a la apertura de la investigación sobre las cuentas en el extranjero de Eduardo Cunha. Las cuentas del gobierno de 2015 ni siquiera habían sido analizadas y juzgadas por el TCU, mucho menos por el Congreso. Con este pretexto absurdo, el juicio político es, sencillamente, un golpe.<br />
<em>(Traducción ALAI)</em><br />
<em>&#8211; El autor, Pedro Paulo Bastos Zahluth, es Profesor Titular del Instituto de Economía de la UNICAMP.</em><br />
&nbsp;<br />
Fuente original: <a href="http://cartamaior.com.br/?/Editoria/Politica/Por-que-o-impeachment-e-um-golpe-/4/35965">http://cartamaior.com.br/?/Editoria/Politica/Por-que-o-impeachment-e-um-golpe-/4/35965</a><br />
*Fuente: <strong><a href="http://www.alainet.org/es/articulo/176780">Agencia Latinoamericana de Información</a></strong><br />
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		<title>Domingo clave en Brasil. Diputados deciden la suerte de Rousseff</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Apr 2016 00:53:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff se encuentra a un paso de comenzar su tránsito por el Senado brasilero. No solo por la cercanía de la votación en Diputados que se realizará este domingo, sino también por el número de congresales que apoyarían la continuidad del trámite en el Senado Federal. Las cartas parecen estar echadas y resulta difícil imaginar que la base parlamentaria que aún apoya a Rousseff logre alcanzar el número mágico de 172 diputados, que le posibilite archivar el proceso de impeachment.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff se encuentra a un paso de comenzar su tránsito por el Senado brasilero. No solo por la cercanía de la votación en Diputados que se realizará este domingo, sino también por el número de congresales que apoyarían la continuidad del trámite en el Senado Federal. Las cartas parecen estar echadas y resulta difícil imaginar que la base parlamentaria que aún apoya a Rousseff logre alcanzar el número mágico de 172 diputados, que le posibilite archivar el proceso de impeachment. Y si lo lograra, sería una victoria pírrica. No solo porque se sumarían nuevos procesos en su contra, sino porque le sería imposible gobernar con un apoyo parlamentario tan reducido. Por tal motivo y en caso de lograr el archivo del juicio por responsabilidades, la presidente anunció el llamado a un pacto con todas las fuerzas políticas y la posibilidad de discutir más seriamente la realización de elecciones anticipadas.<br />
Brasil tiene un presidencialismo de coalición -lo que no es intrínsecamente malo- pero que se combina con un sistema de partidos excesivamente atomizado. En consecuencia, el Ejecutivo no cuenta con musculatura suficiente para marcar el ritmo político y debe recurrir coaliciones diversas, contradictorias e inestables para llevar adelante la gestión. Los avales parlamentarios tienen como contrapartida el loteo de ministerios y oficinas públicas, que se convierte en uno de los rasgos característicos del Brasil actual y -por cierto- no solo hace imprevisible la acción futura de los representantes, sino que tiende un manto de opacidad a la toda gestión pública.<br />
El discurso del vicepresidente Temer -supuestamente filtrado a los medios en forma accidental- es una muestra clara de por dónde transita el proceso de impeachment. El loteo de espacios políticos en un posible gobierno encabezado por él ya comenzó. La situación se parece al “concurso de belleza”, metáfora utilizada por Keynes para ilustrar sobre el funcionamiento de los mercados. La retirada formal del PMDB habilitó a que otras chapas hagan lo propio, atentos a no quedar del “lado equivocado”. Esto es, del lado de los perdedores.  Este análisis pesa entre los diputados brasileros que aún no se han expedido en torno a su voto del próximo domingo. Votarán más atentos a cómo lo harán los otros, antes que considerando las pruebas -por cierto algo endebles- que se sustancian contra la actual mandataria. Por las dudas y para colaborar en la toma de decisión de estos legisladores, el presidente de la Cámara de Diputados E. Cunha, desechó realizar la votación por orden alfabético. La misma se llevará a cabo por regiones y empezando por el sur, donde las posturas a favor del impeachment están más consolidadas. La votación en el Palacio estará en las pantallas de los grandes medios, aumentando la presión hacia los Diputados. Y también estará en la calle, donde el clima de tensión y polarización ha llegado a niveles impensados para el Brasil contemporáneo.<br />
Si el próximo domingo los diputados le dan curso al impeachment con 342 votos favorables, comenzará a actuar el Senado Federal. Esa cámara deberá resolver en primera instancia si toma -o no- lo actuado por la Cámara Baja. La votación se realizará probablemente durante la segunda semana de mayo. Si la mitad del cuerpo opta por continuar con el juicio por responsabilidades, Dilma Rousseff será apartada de la presidencia por 180 días, quedando a cargo del Ejecutivo M. Temer. Sin embargo, el vicepresidente no tiene el camino allanado. El Supremo Tribunal Federal ordenó a la Cámara de Diputados que inicie también un enjuiciamiento contra el vicepresidente. Así las cosas, podría darse la paradoja que todo este proceso termine ubicando temporalmente a E.Cunha al mando de la presidencia. Un diputado que ostenta el record de estar imputado en el Lava Jato, tener cuatro cuentas secretas en Suiza y estar salpicado por los Panama Papers.<br />
<em><strong>Guillermo Rodríguez Conte </strong><a href="https://ar.linkedin.com/in/guillermorodriguezconte">https://ar.linkedin.com/in/guillermorodriguezconte</a></em><br />
<em>Licenciado en Ciencias Politicas (universidad de Buenos Aires) y con estudios de posgrado en Relaciones Internacionales (universidad Di Tella). Analista regional con más de quince años de desempeño en consultoras de Brasil y Argentina. Actúa en las áreas de política, economía, relaciones externas y asuntos estratégicos de países sudamericanos. Docente de grado en la Universidad de Buenos Aires y de maestría en la Procuración del Tesoro de la Nacion (Argentina).</em></p>
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		<title>Brasil:  Rol de la prensa en  la gestación del golpe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Apr 2016 02:09:48 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[prensa amarilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“No se fortalece la democracia irrespetando las reglas democráticas”, añadió el llamado de la FENAJ. “No se hace justicia con ajusticiamiento. No se avanza en las conquistas sociales irrespetando las garantías individuales previstas por el Estado de Derecho. No se supera la crisis económica arracimándola con una crisis política forjada por los derrotados en las urnas. No se construye ciudadanía con manipulación de información y linchamientos mediáticos”.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/03/31/brasil-rol-la-prensa-la-gestacion-del-golpe/">Brasil:  Rol de la prensa en  la gestación del golpe</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>31-03-2019<br />
<span style="line-height: 1.5;">Los medios de comunicación de Brasil están desempeñando el mismo papel quecumplieron en 1964 cuando un golpe cívico militar reaccionario derrocó a Joao Goulart con el beneplácito y apoyo de Estados Unidos. Aunque décadas después algunos grandes medios (O Globo) pidieron disculpas ante la Historia, hoy están dispuestos a repetir, según alerta la principal organización de los periodistas brasileños, FENAJ.</span><br />
El Consejo de la Federación Nacional de Periodistas Brasileños (FENAJ, por su sigla en portugués), exhortó a los periodistas y a todos los ciudadanos brasileños a resistir y luchar por la democracia, la justicia y la libertad. Asimismo, llamó a todos a salir hoy a las calles para decir ¡No vamos a aceptar golpes!, con un lúcido análisis político sobre el papel de los grandes medios y otros poderes ilegítimos en la crítica situación política del país.<br />
“Un inminente golpe de Estado travestido de <em>impeachment</em> (juicio político) comprometerá de manera grave la todavía frágil democracia brasileira. Por eso, la FENAJ llama a la sociedad, en particular a los periodistas brasileiros, para concitar a todos a defender la democracia, la justicia, el Estado de Derecho”, señalan los periodistas de Brasil.<br />
“No se fortalece la democracia irrespetando las reglas democráticas”, añadió el llamado de la FENAJ. “No se hace justicia con ajusticiamiento. No se avanza en las conquistas sociales irrespetando las garantías individuales previstas por el Estado de Derecho. No se supera la crisis económica arracimándola con una crisis política forjada por los derrotados en las urnas. No se construye ciudadanía con manipulación de información y linchamientos mediáticos”.<br />
La FENAJ reafirmó su posición en defensa de las libertades de expresión y de imprenta y, como lo hizo más de una vez, condenó a “los medios de información que dejan de lado su importante misión de informar a la sociedad brasileira, para asumir claramente un papel de opositores al gobierno federal y de defensores del golpe. Ésa fue la misma posición de la prensa brasileira en el golpe de 1964. Algunas empresas llegaron a pedir disculpas por el error cometido, pero vuelven a cometerlo. Ciertamente tendrán que volver a explicarse ante la historia”.<br />
Para los periodistas, “la democracia exige que las instituciones nacionales (federales) cumplan el papel que les corresponde. Por tanto, es inadmisible que la prensa renuncie a llevar información de calidad a la sociedad, investigando y reportando datos. La prensa no puede servir de instrumento político a nadie y mucho menos repetir acríticamente las versiones, filtraciones selectivas y pronunciamientos favorables al propósito golpista”.<br />
Los periodistas también estiman que para fortalecer la democracia, el poder judicial no puede renunciar a los principios de la justicia. El carácter mediático de la “Operación Lava Jato” y los excesos cometidos por el juez Sergio Moro (siempre con el apoyo de ciertos grandes medios informativos [locales e internacionales]) muestran que el poder judicial está siendo utilizado como instrumento golpista. El Tribunal Supremo Federal, como la más alta instancia de la Justicia de Brasil, debe asumir la función de salvaguardar la imparcialidad que requiere la justicia. Los jueces deben actuar como tales, y no como agentes políticos; debe hablar como magistrados, y no para incitar al pueblo contra cualquier persona.<br />
La FENAJ recuerda que el actor central en el golpe de estado en curso es un grupo parlamentario que si llegará a tener éxito persistirá la corrupción en la democracia brasileña. Su llamamiento clama: “No podemos entregar el país en manos de conspiradores o políticos acusados ​​de diversos delitos. La sociedad brasileña no puede aceptar la injusticia de la condena de la Presidenta por los políticos que practicaban y practican los actos que presuntamente cometió la Presidenta de la República. No hay ninguna prueba del supuesto crimen de la Presidenta Dilma y el <em>impeachment</em> (juicio político) es un golpe, sin base legal, motivado por razones oportunistas y revanchistas.<br />
Fuente: <a href="http://www.fenaj.org.br/materia.php?id=4503">http://www.fenaj.org.br/materia.php?id=4503</a><br />
Enviada a <strong><em>piensaChile</em></strong> por <em><strong>MapochoPress</strong></em></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/03/31/brasil-rol-la-prensa-la-gestacion-del-golpe/">Brasil:  Rol de la prensa en  la gestación del golpe</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Brasil: la democracia al borde del caos y los peligros del desorden jurídico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 01:23:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[berlusconi]]></category>
		<category><![CDATA[brasil]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[dilma rouseff]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con el orden jurídico transformado en desorden jurídico, con la democracia secuestrada por el órgano soberano que no es elegido, la vida política y social se convierte en un potencial campo de despojos a merced de aventureros y buitres políticos. Llegados hasta aquí, se imponen varias preguntas. ¿Cómo se ha llegado a este punto? ¿Quién se aprovecha de esta situación? ¿Qué debe hacerse para salvar la democracia brasileña y las instituciones que la sostienen, incluyendo en particular a los tribunales?</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/03/30/brasil-la-democracia-al-borde-del-caos-los-peligros-del-desorden-juridico/">Brasil: la democracia al borde del caos y los peligros del desorden jurídico</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Versión en idioma inglés el final de esta traducción</strong>  </em><br />
<em>Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez</em><br />
Cuando, hace casi treinta años, empecé los estudios sobre el sistema judicial en diferentes países, la administración de justicia era la dimensión institucional del Estado con menos visibilidad pública. La gran excepción era Estados Unidos debido al papel crucial del Tribunal Supremo en la definición de las políticas públicas más decisivas. Siendo el único órgano de soberanía no electo, con un carácter reactivo (no pudiendo, en general, movilizarse por propia iniciativa) y dependiendo de otras instituciones del Estado para hacer cumplir sus decisiones (servicios penitenciarios, administración pública), los tribunales tenían una función relativamente modesta en la vida orgánica de la separación de poderes instaurada por el liberalismo político moderno, y tanto es así que la función judicial se consideraba apolítica. A ello también contribuía el hecho de que los tribunales sólo atendían conflictos individuales y no colectivos y estaban diseñados para no interferir en las élites y las clases dirigentes, protegidas por inmunidades y otros privilegios. Poco se sabía sobre cómo funcionaba el sistema judicial, las características de los ciudadanos que recurrían a él y con qué objetivos.<br />
Todo ha cambiado desde entonces hasta nuestros días debido, entre otros factores, a la crisis de representación política que afectó a los órganos de la soberanía electos, a una mayor conciencia de los derechos por parte de los ciudadanos y al hecho de que las élites políticas, desafiadas por algunos <em>impasses </em>políticos sobre temas controvertidos, han comenzado a ver el recurso selectivo a los tribunales como una forma de descargar el peso político de ciertas decisiones. También fue importante el hecho de que el neoconstitucionalismo emergente de la Segunda Guerra Mundial otorgara un peso muy fuerte al control de constitucionalidad por parte de los tribunales constitucionales. Esta innovación tuvo dos lecturas opuestas. Según una de ellas, se trataba de someter la legislación ordinaria a un control que impidiese su fácil instrumentalización por fuerzas políticas interesadas en hacer <em>tabula rasa</em> de los preceptos constitucionales, como sucedió, de manera extrema, en los regímenes dictatoriales nazis y fascistas. Según la otra lectura, el control de constitucionalidad era el instrumento del que se servían las clases políticas dominantes para defenderse de posibles amenazas a sus intereses resultantes de las vicisitudes de la política democrática y de la “tiranía de la mayoría”. Sea como sea, por todas estas razones surgió un nuevo tipo de activismo judicial que se conoció como judicialización de la política y que inevitablemente condujo a la politización de la justicia.<br />
La gran visibilidad pública de los tribunales en las últimas décadas resultó, en buena medida, de los casos judiciales que involucraron a miembros de las élites políticas y económicas. El gran punto de inflexión fue el conjunto de procesos criminales que alcanzó a casi toda la clase política y a gran parte de la élite económica de Italia conocido como operación Manos Limpias. Iniciada en Milán en abril de 1992, consistió en investigaciones y detenciones de ministros, dirigentes partidarios, miembros del Parlamento (en un momento dado estaban siendo investigados alrededor de un tercio de los diputados), empresarios, funcionarios públicos, periodistas, miembros de los servicios secretos acusados de delitos de soborno, corrupción, abuso de poder, fraude, quiebra fraudulenta, contabilidad falsa y financiación política ilegal. Dos años más tarde, 633 personas habían sido detenidas en Nápoles, 623 en Milán y 444 en Roma. Por haber alcanzado a toda la clase política con responsabilidades de gobierno en el pasado reciente, el proceso Manos Limpias sacudió los cimientos del régimen político italiano y estuvo en el origen de la emergencia, años más tarde, del “fenómeno” Berlusconi. Con los años, por estas y otras razones, los tribunales han adquirido gran notoriedad pública en muchos países. El caso más reciente, y quizá el más dramático de todos los que conozco, es la operación Lava Jato en Brasil.<br />
Iniciada en marzo de 2014, esta operación judicial y policial de lucha contra la corrupción, en la que están involucrados más de un centenar de políticos, empresarios y administradores, ha venido convirtiéndose poco a poco en el centro de la vida política brasileña. Al entrar en su 24ª fase, con la implicación del expresidente Lula da Silva y la forma en que fue ejecutada, está provocando una crisis política de dimensiones similares a la que precedió el golpe de Estado que en 1964 instauró una odiosa dictadura militar que duraría hasta 1985. El sistema judicial, que tiene a su cargo la defensa y garantía del orden jurídico, se transforma en un peligroso factor de desorden jurídico. Medidas judiciales flagrantemente ilegales e inconstitucionales, la selectividad grosera del celo persecutorio, la promiscuidad aberrante con los medios de comunicación al servicio de las élites políticas conservadores, el hiperactivismo judicial aparentemente anárquico, traducido, por ejemplo, en 27 medidas cautelares que buscan el mismo acto político (impedir la nominación ministerial de Lula da Silva), todo esto conforma una situación de caos judicial que resalta la inseguridad jurídica, profundiza la polarización social y política y pone la propia democracia brasileña al borde del caos.<br />
Con el orden jurídico transformado en desorden jurídico, con la democracia secuestrada por el órgano soberano que no es elegido, la vida política y social se convierte en un potencial campo de despojos a merced de aventureros y buitres políticos. Llegados hasta aquí, se imponen varias preguntas. ¿Cómo se ha llegado a este punto? ¿Quién se aprovecha de esta situación? ¿Qué debe hacerse para salvar la democracia brasileña y las instituciones que la sostienen, incluyendo en particular a los tribunales? ¿Cómo atacar esta hidra de muchas cabezas de modo que a cada cabeza cortada no crezcan más cabezas? Trato de identificar en este texto algunas pistas de respuesta.<br />
<strong> </strong><br />
<strong>¿Cómo hemos llegado a este punto?</strong><br />
¿Por qué razón la operación Lava Jato está sobrepasando todos los límites de la polémica que normalmente suscita cualquier caso destacado de activismo judicial? Téngase en cuenta que a menudo se ha invocado la similitud con el proceso de Manos Limpias en Italia para justificar la notoriedad y agitación públicas causadas por el activismo judicial. Sin embargo, las similitudes son más aparentes que reales. Hay, por el contrario, dos diferencias decisivas entre ambas operaciones. Por un lado, los magistrados italianos mantuvieron un escrupuloso respeto por el proceso penal y, a lo sumo, se limitaron a aplicar normas estratégicamente olvidadas por un sistema judicial conformista y connivente con los privilegios de las elites políticas dominantes en la vida política italiana de posguerra. Por otro, procuraron investigar con el mismo celo los delitos de dirigentes políticos de diferentes partidos políticos con responsabilidades gubernamentales. Asumieron una posición políticamente neutral precisamente para defender el sistema judicial de los ataques que sin duda recibiría por parte de los afectados de sus investigaciones y acusaciones. Todo esto está en las antípodas del triste espectáculo que un sector del sistema judicial brasileño está dando al mundo. El impacto del activismo de los magistrados italianos llegó a ser designado como República de los Jueces. En el caso del activismo del sector judicial “lavajatista”, podemos hablar, como mucho, de República judicial bananera. ¿Por qué? Por el impulso externo que con toda evidencia está detrás de esta instancia específica de activismo judicial brasileño y que estuvo en gran medida ausente en el caso italiano. Este impulso dicta la selectividad flagrante de celo investigador y acusador. A pesar de estar involucrados responsables de varios partidos, la operación Lava Jato, con la complicidad de los medios de comunicación, se ha esmerado en la implicación de líderes del PT con el objetivo, hoy indisimulable, de suscitar el asesinato político de la presidenta Dilma Rousseff y del expresidente Lula da Silva.<br />
Por la importancia del impulso externo y la selectividad de la acción judicial que tiende a provocar, la operación Lava Jato tiene más similitudes con otra operación judicial llevada cabo en Alemania, durante la República de Weimar, tras el fracaso de la revolución alemana de 1918. A partir de ese año, y en un contexto de violencia política proveniente tanto de la extrema izquierda como de la extrema derecha, los tribunales alemanes revelaron una dualidad chocante de criterios: castigar severamente la violencia de la extrema izquierda y tratar con gran benevolencia la violencia de la extrema derecha, la misma que años más tarde llevaría a Hitler al poder.<br />
En el caso brasileño, el impulso externo son las élites económicas y las fuerzas políticas a su servicio que no se conforman con la pérdida de las elecciones en 2014 y que, en un contexto global de crisis de acumulación del capital, se sintieron fuertemente amenazadas por cuatro años más sin controlar la parte de los recursos del país directamente vinculada al Estado en el que siempre se basó su poder. Esta amenaza ha llegado al paroxismo con la perspectiva de que Lula da Silva, considerado el mejor presidente de Brasil desde 1988 y que dejó el gobierno con un índice de aprobación del 80%, se postule como candidato presidencial en 2018. A partir de ese momento, la democracia brasileña dejó de ser funcional para este bloque político conservador y comenzó la desestabilización política.<br />
La señal más evidente de la pulsión antidemocrática fue el movimiento por el <em>impeachment</em> [proceso de destitución] de la presidenta Dilma pocos meses después de su toma de posesión, algo si no insólito, al menos muy poco común en la historia democrática de las últimas tres décadas. Bloqueados en su lucha por el poder a través de la regla democrática de las mayorías (la “tiranía de las mayorías”), trataron de poner a su servicio el órgano de soberanía menos dependiente del juego democrático y específicamente diseñado para proteger a las minorías, es decir, los tribunales. La operación Lava Jato, en sí misma extremamente meritoria, fue el instrumento utilizado. Contando con la cultura jurídica conservadora dominante en el sistema judicial, en las facultades de derecho y en el país en general, y con un arma mediática de alta potencia y precisión, el bloque conservador ha hecho todo lo posible para desvirtuar la operación Lava Jato, desviándola de sus objetivos judiciales, en sí mismos fundamentales para la profundización democrática, y convirtiéndola en una operación de exterminio político. Esta alteración consistió en mantener la fachada institucional de la operación Lava Jato, pero adulterando profundamente la estructura funcional que la animaba mediante la sobreposición de la lógica política a la lógica judicial. En tanto la lógica judicial se asienta en la coherencia entre medios y fines dictada por las reglas procesales y las garantías constitucionales, la lógica política, cuando es animada por la pulsión antidemocrática, subordina los fines a los medios y define su eficacia por el grado de esa subordinación.<br />
En todo este proceso, tres grandes factores juegan a favor de los designios del bloque conservador. El primero resultó de la dramática descaracterización del PT como partido democrático de izquierda. Una vez en el poder, el PT decidió gobernar a la antigua usanza (es decir, oligárquica) para fines nuevos e innovadores. Ignorante de la lección de la República de Weimar, creyó que las “irregularidades” que cometiese serían tratadas con la misma benevolencia con que eran tradicionalmente tratadas las irregularidades de las élites y clases políticas conservadoras que habían dominado el país desde la independencia. Ignorante también de la lección marxista que decía haber asumido, no fue capaz de ver que el capital solo confía en los suyos para gobernar y que nunca es grato con quien, no siendo suyo, le hace favores. Aprovechando un contexto internacional de excepcional valorización de los productos primarios, provocado por el desarrollo de China, incentivó a los ricos a enriquecerse como condición para disponer de los recursos necesarios para llevar a cabo las extraordinarias políticas de redistribución social que hicieron de Brasil un país sustancialmente menos injusto al liberar a más de 45 millones de brasileños del yugo endémico de la pobreza. Terminado el contexto internacional favorable, solo una política «a la nueva moda» podría dar sustento a la redistribución social, o sea, una política que, entre muchas otras vertientes, se asentase en la reforma política para neutralizar la promiscuidad entre el poder político y el poder económico, en la reforma  fiscal para que tributen los ricos a fin de financiar la redistribución social después del fin del <em>boom</em> de las <em>commodities</em>, y en la reforma de los medios de comunicación, no para censurar sino para garantizar la diversidad de la opinión publicada. Era, sin embargo, demasiado tarde para tanta cosa que solo podría haber sido hecha a su tiempo y fuera del contexto de crisis.<br />
El segundo factor, relacionado con éste, es la crisis económica global y el férreo control que tiene sobre ella quien la causa, el capital financiero, entregado a su vorágine autodestructiva, destruyendo riqueza bajo el pretexto de crear riqueza,  transformando el dinero de medio de intercambio en mercancía por excelencia del negocio de la especulación. La hipertrofia de los mercados financieros no permite el crecimiento económico y, por el contrario, exige políticas de austeridad mediante las cuales los pobres son conferidos al deber de ayudar a los ricos a mantener su riqueza y, si es posible, a ser más ricos. En estas condiciones, las precarias clases medias creadas en el período anterior quedan al borde del abismo de la pobreza abrupta. Intoxicadas por los media conservadores, convierten fácilmente a los gobiernos responsables de lo que son hoy en responsables de lo que les puede suceder mañana. Esto es tanto más probable en cuanto que su viaje desde la <em>senzala</em> hacia los patios exteriores de la Casa Grande fue realizado con el billete del consumo y no con el de la ciudadanía [1].<br />
El tercer factor a favor del bloque conservador es el hecho de que el imperialismo norteamericano está de regreso en el continente después de sus aventuras en Oriente Medio. Hace cincuenta años, los intereses imperialistas no conocían otro medio sino las dictaduras militares para alinear a los países del continente con sus intereses. Hoy disponen de otros medios que consisten básicamente en financiar proyectos de desarrollo local y organizaciones no gubernamentales en las que la defensa de la democracia es la fachada para atacar de forma agresiva y provocadora a los gobiernos progresistas («fuera el comunismo», «fuera el marxismo», «fuera Paulo Freire», «no somos Venezuela», etcétera). En tiempos en que la dictadura puede ser dispensada si la democracia sirve a los intereses económicos dominantes, y en que los militares, todavía traumatizados por las experiencias anteriores, parecen no estar disponibles para nuevas aventuras autoritarias, estas formas de desestabilización son consideradas más eficaces porque permiten sustituir gobiernos progresistas por gobiernos conservadores manteniendo la fachada democrática. Los financiamientos que hoy circulan abundantemente en Brasil provienen de una multiplicidad de fondos (la nueva naturaleza de un imperialismo más difuso), desde las tradicionales organizaciones vinculadas a la CIA hasta los hermanos Koch, que en los Estados Unidos financian la política más conservadora y tienen intereses sobre todo en el sector del petróleo, y las organizaciones evangélicas norteamericanas.<br />
<strong>¿Cómo salvar la democracia brasileña?</strong><br />
La primera y más urgente tarea es salvar el órgano judicial brasileño del abismo en que está entrando. Para eso, el sector íntegro del sistema judicial, que ciertamente es mayoritario, debe asumir la tarea de reponer el orden, la serenidad y la contención en el interior del sistema. El principio orientador es simple de formular: la independencia de los tribunales en el Estado de derecho busca permitir a los tribunales cumplir con su cuota de responsabilidad en la consolidación del orden y la convivencia democráticas. Para ello no pueden poner su independencia al servicio de intereses corporativos, ni de intereses políticos sectoriales, por muy poderosos que sean. El principio es fácil de formular pero muy difícil de aplicar. La responsabilidad mayor en su aplicación reside ahora en dos instancias. El STF (Supremo Tribunal Federal) debe asumir su papel de máximo garante del orden jurídico y poner término a la anarquía jurídica que se está instaurando. Muchas decisiones importantes recaerán sobre el STF en los próximos tiempos y ellas deben ser acatadas por todos, cualquiera sea su tenor. El STF es en este momento la única institución que puede trabar la dinámica de estado de excepción que está instalada. Por su parte, el CNJ (Consejo Nacional de Justicia), al que compete el poder disciplinario sobre los magistrados, debe instaurar de inmediato procesos disciplinarios por reiterada prevaricación y abuso procesal, no solo al juez Sérgio Moro sino también a todos los otros que siguieron el mismo tipo de actuación. Sin medidas disciplinarias ejemplares, el órgano judicial brasileño corre el riesgo de perder todo el peso institucional que cimentó en las últimas décadas, un peso que, como sabemos, no fue siquiera usado para favorecer fuerzas o políticas de izquierda. Solo fue conquistado manteniendo la coherencia y la <em>isonomía </em>entre medios y fines.<br />
Si esta primera tarea fuese realizada con éxito, la separación de poderes estará garantizada y el proceso político democrático seguirá su curso. El gobierno de Dilma decidió acoger a Lula da Silva entre sus ministros. Está en su derecho de hacerlo y no compete a ninguna institución, y mucho menos al órgano judicial, impedirlo. No se trata de huir de la justicia por parte de un político que nunca huyó de la lucha, dado que será juzgado (si ese fuera el caso) por quien siempre lo juzgaría en última instancia: el STF. Sería una aberración jurídica aplicar en este caso la teoría del “juez natural de la causa”. Puede, eso sí, discordarse del acierto de la decisión política tomada. Lula da Silva y Dilma Rousseff saben que hacen una jugada arriesgada. Tanto más arriesgada si la presencia de Lula no significa un cambio de rumbo que arrebate a las fuerzas conservadoras el control sobre el grado y el ritmo de desgaste que ejercen sobre el gobierno. En el fondo, solo elecciones presidenciales anticipadas permitirían reponer la normalidad. Si la decisión de Lula-Dilma saliera mal, la carrera de ambos habrá llegado a su fin, un fin indigno y particularmente indigno para un político que tanta dignidad devolvió a tantos millones de brasileños. Además, el PT necesitará muchos años hasta volver a ganar credibilidad entre la mayoría de la población brasileña, y para eso tendrá que pasar por un proceso de profunda transformación. Si todo sale bien, el nuevo gobierno tendrá que cambiar urgentemente de política para no frustrar la confianza de los millones de brasileños que están saliendo a las calles contra los golpistas. Si el gobierno brasileño quiere ser ayudado por tantos manifestantes, tiene que ayudarlos a tener razones para  ayudarlo. Es decir, sea en la oposición, sea en el gobierno, el PT está condenado a reinventarse. Y sabemos que en el gobierno esta tarea será mucho más difícil.<br />
La tercera tarea es todavía más compleja porque en los próximos tiempos la democracia brasileña tendrá que ser defendida tanto en las instituciones como en las calles. Como en las calles no se hace formulación política, las instituciones tendrán la prioridad debida incluso en tiempos de pulsión autoritaria y de excepción antidemocrática  Las maniobras de desestabilización van a continuar y serán tanto más agresivas cuanto más visible sea la debilidad del gobierno y de las fuerzas que lo apoyan. Habrá infiltración de provocadores tanto en las organizaciones y movimientos populares como en las protestas pacíficas que realicen. La vigilancia tendrá que ser total ya que este tipo de provocación está hoy siendo utilizado en muchos contextos para criminalizar la protesta social, fortalecer la represión estatal y crear estados de excepción, utilizando para ello la fachada de normalidad democrática. De algún modo, como ha sostenido Tarso Genro, el estado de excepción ya está instalado, por lo que la bandera «No habrá golpe» tiene que ser entendida como denuncia del golpe político-judicial que ya está en curso, un golpe de nuevo tipo que es necesario neutralizar.<br />
Finalmente, la democracia brasileña puede beneficiarse de la experiencia reciente de algunos países vecinos. El modo en que las políticas progresistas fueron realizadas en el continente no permitió dislocar hacia la izquierda el centro político a partir del cual se definen las posiciones de izquierda y de derecha. Por eso, cuando los gobiernos progresistas son derrotados, la derecha llega al poder poseída por una virulencia inaudita orientada a destruir en poco tiempo todo lo que fue construido a favor de las clases populares en el período anterior. La derecha viene entonces con un ánimo revanchista destinado a cortar de raíz la posibilidad de que vuelva a surgir un gobierno progresista en el futuro. Y logra la complicidad del capital financiero internacional para inculcar en las clases populares y en los excluidos la idea de que la austeridad no es una política con la que se puedan enfrentar, sino un destino al que se deben acomodar. El gobierno de Macri en Argentina es un caso ejemplar al respecto.<br />
La guerra no está perdida, pero tampoco se ganará si solamente se acumulan batallas perdidas, lo que sucederá si se insiste en los errores del pasado.<br />
<em>Notas</em><br />
[1] <em>Casa-Grande e Senzala</em> (1933), traducido al castellano como <em>Los maestros y los esclavos</em>, es una obra del antropólogo Gilberto Freyre que trata sobre la formación de la moderna sociedad brasileña bajo el régimen del monocultivo colonial de la caña de azúcar. La Casa Grande alude al lugar donde vivían los señores explotadores de esclavos que cultivaban el azúcar y la <em>senzala </em>se refiere a las habitaciones de los esclavos negros [N. del T.].</p>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="288"><b>BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS</b><br />
<i>Janeiro-Julho (January-July)</i><br />
Centro de Estudos Sociais<br />
Colégio de S. Jerónimo<br />
Apartado 3087<br />
3000-995 Coimbra, PORTUGAL<br />
Tel.: (351 &#8211; 239) 855582<br />
Fax: (351 &#8211; 239) 855589</td>
<td valign="top" width="288"><i><span lang="EN-US"> </span></i><br />
<i><span lang="EN-US">Agosto-Dezembro (August-December)</span></i><br />
<span lang="EN-US">University of Wisconsin-Madison</span><br />
<span lang="EN-US">Law School, 975 Bascom Mall</span><br />
<span lang="EN-US">Madison, WI 53706</span><br />
<span lang="EN-US">E.U.A</span><br />
<span lang="EN-US">Phone: (1- <a href="tel:608%29%20263%207414" target="_blank" rel="noopener">608) 263 7414</a></span><br />
<span lang="EN-US">Fax: (1 &#8211; 608) 262 5485</span></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><span lang="EN-US"> </span><br />
<b><span lang="FR">EMAIL:</span></b><span lang="FR"> <a href="mailto:bsantos@ces.uc.pt" target="_blank" rel="noopener">bsantos@ces.uc.pt</a></span><br />
<a href="http://www.boaventuradesousasantos.pt/" target="_blank" rel="noopener">http://www.<wbr />boaventuradesousasantos.pt</a><br />
<b><i><span lang="EN-US">Alice project</span></i></b><span lang="EN-US">: </span><a href="http://alice.ces.uc.pt/" target="_blank" rel="noopener"><span lang="EN-US">http://alice.ces.uc.pt</span></a><br />
<a href="http://www.ces.uc.pt/" target="_blank" rel="noopener">http://www.ces.uc.pt</a></p>
<hr />
<p>&nbsp;<br />
&nbsp;</p>
<div><strong>Brazil: democracy on the edge of chaos and the dangers of legal disorder</strong></div>
<div></div>
<div><strong><em>Boaventura de Sousa Santos*</em></strong></div>
<div></div>
<div>When I began studying the judicial system of various countries, almost thirty years ago, the administration of justice had the least public visibility among the state’s institutional dimensions. The big exception was the US, because of the central role played by the Supreme Court in defining the truly decisive public policies. Being part of the sole non-elected sovereign body and given their reactive nature (for as a rule they cannot be mobilized of their own initiative) as well as the fact that they depend on other state institutions (correctional services, public administration) to have their decisions enforced, the courts tended to play a relatively modest role within the organic life of the separation of powers introduced by modern political liberalism, so much so that the judicial function was viewed as apolitical.</div>
<div></div>
<div>The reason for that had also to do with the fact that the courts dealt exclusively with individual rather than collective disputes and were designed not to interfere with the ruling classes and elites, which were protected by immunity and other privileges. Little was known about how the judicial system worked, the citizens who typically used it and their purpose in doing so. Since then everything has changed. This was caused, among other things, by the crisis of political representation that hit elected sovereign bodies, by the citizens’ growing awareness of their rights, and by the fact that, when faced with political deadlocks in the midst of controversial issues, the political elites began to regard the selective use of the courts as a way of lifting the political weight off certain decisions. Equally important was the fact that the neoconstitutionalism that came out of the second world war assigned a considerable weight to the control of constitutionality by constitutional courts. This novel development lent itself to two opposite readings. According to one reading, ordinary legislation had to be subjected to control in order to prevent it from being instrumentalized by political forces bent on scrapping all constitutional requirements – as had been the case, in the most extreme fashion, with the Nazi and fascist dictatorships. According to the other interpretation, the control of constitutionality was the tool used by the ruling political classes to defend themselves against potential threats to their interests, as a result of the vicissitudes of democratic politics and of “majority tyranny”. Be it as it may, these developments all led to a new kind of judicial activism that came to be known as the judicialization of politics and inevitably led to the politicization of justice.</div>
<div></div>
<div>The high public visibility of the courts over the last decades was largely caused by court cases involving members of the political and economic elites. The major watershed was the series of criminal proceedings known as Operation Clean Hands (Mani Pulite), which struck virtually all of Italy’s political class and much of its economic elite. Starting in Milan in April 1992, the operation comprised the investigation and arrest of cabinet ministers, party leaders, members of parliament (with about one third of all members being investigated at one point), businessmen, civil servants, journalists and members of the secret services, variously accused of such crimes as bribery, corruption, abuse of power, fraud, fraudulent bankruptcy, false accounting, and illegal political funding. Two years later, 633 people had been arrested in Naples, 623 in Milan and 444 in Rome. As a result of its having hit the entire political class under whose leadership the country had been governed in the recent past, the Clean Hands investigation shook the foundations of the Italian political system and led to the emergence, years later, of the Berlusconi “phenomenon”. Given these and other reasons, the courts of many countries have gained much public notoriety ever since. The most recent, and perhaps the most dramatic of all, to my knowledge, is Brazil’s Operation Lava Jato (“Car Wash” – or rather, and literally, “speed laundering”).</div>
<div></div>
<div>This anti-corruption operation mounted by the judiciary and the police was first launched in March 2014. Targeting more than a hundred politicians, businessmen and managers, it has gradually come to occupy centre stage in Brazil’s political life. As it enters its 24th phase, and in view of the criminal charges brought against former President Lula da Silva and the way this was effected, it is generating a political crisis similar to that which led to the 1964 coup whereby a vile military dictatorship was established that was to last until 1985. The judicial system – supposedly the ultimate defendor and guarantor of the legal order – has become a dangerous source of legal disorder. Blatantly illegal and unconstitutional judicial measures, a crassly selective persecutory zeal, an aberrant promiscuity in which media outlets are at the service of the conservative political elites, and a seemingly anarchic judicial hyper-activism – resulting, for instance, in 27 injunctions relating to a single political act (President Dilma&#8217;s invitation to Lula da Silva to join the government) –, all these bespeak a situation of legal chaos that tends to foster uncertainty, deepen social and political polarization and push Brazilian democracy to the edge of chaos. With legal order thus turned into legal disorder and democracy being highjacked by the non-elected sovereign body, political and social life has become a potential field of spoils at the mercy of political adventurers and vultures. At this point, several questions have to be addressed.</div>
<div></div>
<div><strong>How did it come to this?</strong></div>
<div></div>
<div>Who benefits from the present situation? What should be done to save Brazilian democracy and the institutions on which it stands, including its courts? How is one to attack this many-headed hydra, so that new heads do not grow for each severed head? In the present text I suggest a few answers.</div>
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<div>How did it come to this? Why has Operation Lava Jato gone well beyond the limits of the controversies that habitually arise in the wake of any prominent case of judicial activism? Let me point out that the similarity with Italy’s Clean Hands probe has often been invoked to justify the public display and the public unrest caused by this judicial activism. But the similarities are more apparent than real and there are indeed two very definite differences between the two investigations. On the one hand, the Italian magistrates always kept a scrupulous respect for the criminal proceedings and, at most, did nothing but apply rules that had been strategically ignored by a judicial system that was not only conformist but also complicit with the privileges of the ruling political elites in Italy’s post-war politics.</div>
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<div>On the other hand, they sought to apply the same unvarying zeal in investigating the crimes  committed by the leaders of the various governing political parties. They assumed a politically neutral position precisely to defend the judicial system from the attacks it would surely be subjected to by those targeted by their investigations and prosecutions. This is the very antithesis of the sad spectacle currently offered to the world by a sector of the Brazilian judicial system. The impact caused by the activism of Italy’s magistrates came to be called the Republic of Judges. In the case of the activism displayed by the sector associated with Lava Jato, it would perhaps be more accurate to speak of a judicial Banana Republic. Why? Because of the external push that clearly lies behind this particular instance of Brazilian judicial activism, but which was largely absent in the Italian case. That push is what is dictating the glaring selectivity of such investigative and accusatory zeal. For although it involves the leaders of various parties, the fact is that Operation Lava Jato – and its media accomplices – have shown to be majorly inclined towards implicating the leaders of PT (the Workers’s Party), with the by now unmistakable purpose of bringing about the political assassination of President Dilma Rousseff and former President Lula da Silva.</div>
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<div>In view of the importance of this external push and of the selective nature of the legal action it tends to generate, Operation Lava Jato shares more similarities with another judicial investigation, one that took place in the Weimar Republic after the failure of the German revolution of 1918. Starting that year, and in a context of political violence originating both in the extreme left and the extreme right, Germany’s courts showed a shocking display of double standards, punishing with severity the kind of violence committed by the far left and showing great leniency towards the violence of the far right – the same right that in only a few years was to put Hitler in power.</div>
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<div>In Brazil, the external push comes in the shape of the economic elites and the political forces at their service, which did not accept the fact that they lost the 2014 elections and, in the midst of the current global crisis of capital accumulation, felt seriously threatened by the prospect of another four years with no control over that government-dependent portion of the country&#8217;s resources on which their power has always rested. The height of that threat was reached when Lula da Silva – viewed as the best Brazilian president since 1988, with an 80% approval rate at the end of his term – began being regarded as a potential presidential candidate for 2018. At that moment Brazilian democracy ceased to be functional for this conservative political bloc, and political destabilization ensued.</div>
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<div>The most obvious sign of the anti-democratic drive was the movement to impeach President Dilma Rousseff within a few months of her inauguration – a fact that was, if not totally unheard of, at least highly unusual in the democratic history of the last three decades. Realizing that their struggle for power was blocked by democracy’s majority rule (“majority tyranny”), they sought to make use of that sovereign body which is the least dependent on the rules of democracy and specifically designed to protect minorities, i.e., the courts. Operation Lava Jato – an otherwise highly worthy investigation – was the tool to which they resorted. Backed by the conservative legal culture that is widely predominant in Brazil’s judicial system, its Law Schools and the country at large, as well as by a full arsenal of high-powered, high-precision media weapons, the conservative bloc did everything it could to distort Operation Lava Jato. It thus diverted it from its judicial goals, which in themselves were crucial for the consolidation of democracy, and turned it into an operation of political extermination. The distortion consisted in keeping the institutional façade of Operation Lava Jato while profoundly changing its underlying functional structure, which was accomplished by seeing to it that the political took precedence over the judicial. Whereas the judicial logic is based on the fit between means and ends, as dictated by procedural rules and constitutional guarantees, the political logic, if propelled by the anti-democratic drive, subordinates ends to means and defines its own efficacy according to the degree of that subordination.</div>
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<div>In this process, the intents of the conservative bloc had three major factors in their favor. The first was the dramatic change in character undergone by the PT as a democratic party of the left. Once in power, the PT decided to rule according to the «old style» (i.e., oligarchic style) to attain its new, innovative goals. Ignorant of the Weimar lesson, it believed that any “irregularities” it might commit would be met with the same leniency traditionally reserved for the irregularities committed by the elites and the conservative political classes that had ruled the country since its independence. Ignorant of the Marxist lesson it claimed to have absorbed, it failed to see that capital will allow no one to govern it but its own and is never grateful to any outsiders who happen to do it favors. Taking advantage of an international context in which, as a consequence of China’s development, the value of primary products had an exceptional increase, the PT government encouraged the rich to get richer. This was seen as a precondition for raising the resources it needed to carry out the extraordinary measures of social redistribution that made Brazil a substantially less unjust country, thanks to which more than 45 million Brazilians were freed from the yoke of endemic poverty. When the international context was no longer favorable, nothing short of a “new style” type of politics would do to ensure social redistribution. In other words, a new policy was required that, among other things, might use political reform to end the promiscuous relationship between political and economic power, tax reform to tax the rich as a way of financing social redistribution in the post-commodity boom period, and finally media reform, not to impose censorship, but rather to ensure diversity in published opinion. As it turned out, however, it was too late for all those things that should have been done in their own time and not in a context of crisis.</div>
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<div>The second factor is linked to the first. It is the global economic crisis and the iron grip in which it is held by that which causes it – finance capital and its relentless self-destructiveness, which also destroys wealth under the pretext of creating wealth and turns money from a medium of exchange into a prime commodity of the speculation business. The hypertrophy of financial markets is an impediment to economic growth. Instead, it calls for austerity policies under which the poor are invested with the duty of helping the rich to stay rich and, if possible, to get richer. Under these conditions, the frail middle classes created in the previous period find themselves on the brink of sudden poverty. With their minds poisoned by the conservative media, they are quick to hold the very governments that turned them into what they are now responsible for what may befall them in the future. This is all the more likely to happen since a consumption ticket rather than a citizenship ticket was the fare they paid to travel from the slave quarters to the Manor’s outside patios.</div>
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<div>The third factor working in favor of the conservative bloc is the fact that, after its adventures in the Middle East, US imperialism has returned to the continent. Fifty years ago, imperialism knew no means other than military dictatorship to submit the countries of the continent to its own interests. Today, imperialist interests have other means at their disposal, namely the financing of local development projects run by nongovernmental organizations whose gestures in defence of democracy are just a front for covert, aggressive attacks and provocations directed at progressive governments (“down with communism”, “down with Marxism” “down with Paulo Freire”, “we are not Venezuela,” etc.). In such times as these, when the establishment of dictatorships can be avoided because democracy sees to it that the dominant economic interests are served, and when the military, still traumatized by past experiences, seem unwilling to embark on new authoritarian adventures, these forms of destabilization are viewed as more effective in that they allow replacing progressive governments with conservative governments while maintaining the democratic façade. All the financing currently abounding in Brazil comes from a wide variety of funds (the novel nature of a more pervasive imperialism), from the proverbial CIA-related organizations to the Koch brothers – who fund the most conservative policies in the US, their money coming mostly from the oil sector – to North-American evangelical organizations.</div>
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<div><strong>How can Brazilian democracy be saved?</strong></div>
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<div>The first and most pressing task is to save the Brazilian judiciary from the abyss into which it is sinking. In order to achieve that, its wholesome sector – surely the majority of the judicial system – must take upon itself the task of reestablishing order, serenity and restraint among its members. The guiding principle is simple enough to state: the independence of the courts under the rule of law is intended to allow them to fulfill their share of responsibility in consolidating democratic order and democratic coexistence. For that to happen, they are barred from putting their own independence at the service of any corporate or sectorial political interests, no matter how powerful. Although easy to state, the principle is very difficult to enforce. The top responsibility for enforcing it, at this point, lies with two different bodies. The STF (Federal Supreme Court) must assume its role as the ultimate guarantor of the legal order and put an end to the spreading legal anarchy. The STF will be faced with many important decisions in the near future, which must be obeyed by all, irrespective of what it decides.</div>
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<div>At present, the Supreme Court is the only institution capable of halting the plunge towards the state of emergency. As to the CNJ (National Council of Justice), which has disciplinary power over the magistrates, it should initiate immediate disciplinary proceedings by reason of reiterated prevarication and procedural abuse, not only against judge Sérgio Moro, who is directing the investigation in a blatantly biased manner, but against all those who have conducted themselves in similar fashion. If no exemplary disciplinary action is taken, the Brazilian judiciary runs the risk of squandering the institutional sway it has earned in recent decades, which, as we know, has not even been used to benefit left-wing forces or policies. It was earned simply by ensuring sustained consistency and the right balance between means and ends.</div>
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<div>If the first task is successfully carried out, the separation of powers shall be preserved and the democratic political process shall resume its course. President Dilma Rousseff’s cabinet has decided to include Lula da Silva among its ministers. It is its right to do so and no institution, least of all the judiciary, has the power to prevent it. We are not talking about dodging justice on the part of a politician who never backed away from a fight, for he will eventually be tried (if that be the case) by that entity – the Supreme Court – which in the last analysis would try him anyway.</div>
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<div>From the legal point of view, it would be an aberration to apply here the principle of the “natural court”. One may, of course, disagree with the political decision in question. Lula da Silva and Dilma Rousseff know they are making a risky move, all the more risky in case Lula’s joining the cabinet does not translate into a change of course to wrest from the hands of the conservative forces the control over the extent and the pace of the erosion they have caused in the government. In fact, only early presidential elections could bring normalcy back. If the Lula-Dilma decision goes wrong, their careers will have come to an end,  and a very undignified end it shall be, especially in the case of a man who restored dignity to so many millions of Brazilians. Besides, it will take PT many years to restore its credibility among the majority of the Brazilian people, not to mention that it will have to undergo a process of radical change. If all goes well, the new government will have to effect a change in policy, starting immediately, so as not to let down the trust of  the millions of Brazilians who are taking to the street to protest against the putschists. If the Brazilian government has any desire to find help on the part of so many demonstrators, it will have to help them find reasons to help. Which is to say that, whether as opposition or as government, the PT will be forced to reinvent itself. And we know, this will be a lot more difficult to do when in government.</div>
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<div>The third task is even more complex, because in the near future Brazilian democracy will have to be defended both in the country’s institutions and in the streets. And since policy-making is not conducted in the streets, institutions will be given due priority even in these times of authoritarian drive and antidemocratic emergency. The attempts at destabilization will continue and become more aggressive as the weakness of the government and the forces that support it become more visible. Popular organizations and movements, as well as peaceful demonstrations, will be infiltrated by provocateurs. Constant watchfulness is in order, as this type of provocation is currently being used in many contexts to criminalize social protest, reinforce state repression and declare states of emergency, albeit behind a façade of democratic normalcy. As Tarso Genro has argued, the state of emergency is somehow in place, which is why the “There will be no coup” flag has to be understood as a denunciation of the political-judicial coup that is already underway. A new type of coup, that needs to be neutralized.</div>
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<div>Finally, Brazilian democracy can benefit from the recent experience of some neighbor countries. The way in which the progressive policies were implemented on the continent made it impossible to shift towards the left the political centre from which the positions of both the left and the right get to be defined. That is why, when progressive governments are defeated, the right comes to power possessed with an unprecedented virulence and bent on destroying, in no time, all that was built in favor of the popular classes during the previous period. Then along comes the right in its vindictiveness, to nip in the bud the possibility of a progressive government reemerging in the future. For that, it counts on the complicity of international finance capital to instill in the popular classes and in the excluded the notion that austerity is not a policy that can be challenged but rather a fate to which they must resign themselves. Macri’s government, in Argentina, is a case in point.</div>
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<div>The war is not lost, but it will not be won if one battle after another is lost, which is what will happen if one keeps repeating past mistakes.</div>
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<div><strong><em>*Boaventura de Sousa Santos is portuguese professor of Sociology at the School of Economics, University of Coimbra (Portugal), distinguished legal scholar at the University of Wisconsin-Madison Law School, and global legal scholar at the University of Warwick. Co-founder and one of the main leaders of the World Social Forum. Article provided to Other News by the author</em></strong></div>
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