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	<title>crisis de partidos politicos &#8211; piensaChile</title>
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	<title>crisis de partidos politicos &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Los avatares de la Convención Constitucional</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Aug 2021 21:15:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[convencion constituyente]]></category>
		<category><![CDATA[crisis de partidos politicos]]></category>
		<category><![CDATA[manuel acuña asenjo]]></category>
		<category><![CDATA[parlamentarismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Y hacía falta padecer aquella peculiar enfermedad que desde 1848 viene haciendo estragos en todo el continente, el cretinismo parlamentario, enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior”.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right; padding-left: 40px;">“Y hacía falta padecer aquella peculiar enfermedad que desde 1848 viene haciendo estragos en todo el continente, el cretinismo parlamentario, enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior”.<br />
<strong>Karl Marx: ‘El 18 Brumario de Luis Bonaparte’.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LEGADOS DEL ESTALLIDO SOCIAL</strong></p>
<p>Si existe un legado que podemos recuperar del gran estallido de 18 de octubre de 2019, ese no es sino aquel que nos enseña la falsedad del siguiente enunciado: los estamentos que componen la ‘escena política’ del país —a saber, ‘izquierda’ y ‘derecha’— representan (la ‘izquierda’) a los sectores dominados y (la ‘derecha’) a quienes dominan.</p>
<p>Un legado de esa naturaleza, sin embargo, nos recuerda que ambos estamentos (‘izquierda’ y ‘derecha’), así considerados, son elementos consubstanciales al modo de producción capitalista y, por ende, deben ser estimados como una sola estructura, una unidad compacta, inseparable la una de la otra, calidad que explica la profunda contradicción que presentan ambos respecto de los movimientos sociales o, si se quiere, de la población que da origen a una formación social. El acuerdo de 15 de noviembre de 2019 es la más elocuente expresión de esa unión espuria entre ‘izquierda’ y ‘derecha’ en contra de la comunidad nacional: hizo descubrir a la población que los partidos no defendían los intereses que alegaban proteger sino, más bien, lo hacían con los propios. Lo cual explica que, tras el estallido haya cobrado tan extraordinaria importancia el vocablo ‘independiente’, e hiciera adoptarlo como propio a los movimientos sociales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL PODER DE LA DOMINACIÓN</strong></p>
<p>Las clases dominantes, sin embargo, —nos recuerda Gramsci— tienen una cultura que es la antítesis de aquella que poseen los sectores dominados: una, típica, homogénea y consciente; además, nada les cuesta navegar exitosamente en las aguas del sistema, tarea que resulta extremadamente difícil a los sectores dominados.</p>
<p>Por eso, no debe extrañarnos que, tras reflexionar acerca de si acaso era o no conveniente realizar un nuevo intento de someter al díscolo a través del uso de ese vocablo, determinara la ‘escena política’ de la nación, dar cupos en sus listas a esos ‘independientes’. E, incluso, creara listas para aquellos, con algunos de sus ex militantes o simpatizantes. Era necesario sacar provecho del vocablo ‘independiente’ que pasaba a ser una especie de título de nobleza al que, incluso, antiguos militantes y simpatizantes de los partidos vigentes se apresuraban a recabar para sí.</p>
<p>La ocasión para que la ‘élite política’ reconquistara sus dominios llegó al momento de fijar la forma de realizar la votación para elegir a quienes redactarían la nueva constitución: el método sería el mismo empleado para la elección de los parlamentarios, es decir, el sistema D’Hondt, cuya imposición aceptarían los movimientos sociales, método que debía resultar ampliamente favorable a la partidocracia.</p>
<p>A nivel nacional, dos listas pudieron organizarse a la manera que exigía la ley; solamente una de ellas pudo alcanzar completo éxito. Fue la Lista del Pueblo. Pero ese nuevo éxito alertó a la ‘escena política’. No podía aceptarse que una lista de ‘aparecidos’ obtuviese semejante triunfo; no podía, igualmente, volverse a repetir la formación de listas de independientes. El proyecto de ley que se tramitaba en el Congreso para aceptar esa posibilidad, repentinamente fue archivado. La idea de una posible amenaza de los ‘independientes’ quedó, de esa manera, por completo conjurada. Al mismo tiempo, la posibilidad de influir al interior de la CC, a pesar de contar con uno de los más altos cupos de convencionales constituyentes, quedó reducida a la ‘negociación’. Y, con ello, a aceptar y practicar el conocido método de la ‘cocina’. En tanto, los partidos, repudiados y desprestigiados, acorralados y rechazados, regresaban en gloria y majestad a decidir el porvenir de la nación.</p>
<p>Nada de lo que ha sucedido, pues, es obra de la casualidad ni de la naturaleza, sino de sectores que saben exactamente lo que quieren y hacia dónde se dirigen. Una circunstancia que necesitamos tener siempre presente en nuestros análisis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS SECTORES DOMINANTES SE RESISTEN</strong></p>
<p>La contradicción está, así, determinada. No hay ‘izquierda’ y ‘derecha’ contrapuestas, como se ha enseñado y se sigue enseñando, sino una ‘élite política’ que se opone a los cambios y que, por ello, es imperioso erradicar. Semejante tarea no es fácil porque una cosa es terminar con determinado adversario; otra es querer hacerlo, premisa que delimita las posibilidades reales de actuar.</p>
<p>Para realizar una acción y hacerla exitosa se requiere voluntad de llevarla a cabo, y contar con los medios para hacerlo. Pero hay otro aspecto a considerar: estimando que tales premisas existen, debe considerarse el poder que tiene ese adversario, y si va o no a aceptar que se le desafíe impunemente. Y ahí radica el nudo del problema. Porque ninguna estructura social tiene vocación suicida. Hay, siempre, una lucha que se libra en defensa de la propia perpetuación. Suponer que un sector social, por repudiado que sea, va a abandonar graciosamente los privilegios de los que ha gozado hasta ese momento sin ofrecer resistencia es negar, simplemente, su conciencia de clase o considerarlo tremendamente ingenuo. Un gran amigo mío acostumbraba a recordarme los dos (que él llamaba) ‘mandamientos de la Ley de Dios’: nunca permitir que te crean estúpido y nunca creer que la persona con quien tratas es estúpida.</p>
<p>Es cierto que los sectores dominantes acostumbran a suponer lo contrario y califican a quien desprecian como ‘perdedor’. Porque saben que las cadenas impuestas son difíciles de sacudir. No debe llamar la atención que este axioma lo expusiera brutalmente Richard Dawkins de la siguiente manera:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Los individuos que se encuentran en un orden más bajo tienden a ceder ante aquellos que se encuentran en un orden superior. No es necesario suponer que los individuos se reconozcan unos a otros. Lo que sucede es que los individuos que están acostumbrados a ganar tienden a tener aún más posibilidades de ganar, mientras que aquellos individuos que están acostumbrados a perder se tornan a la vez más propicios a perder”<a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>.</p>
<p>Así ocurre, fatalmente, dentro del sistema capitalista. Porque las estructuras jurídicas y culturales construidas en su interior han permitido que suceda de ese modo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ESTRATEGIA DE LOS SECTORES DOMINANTES</strong></p>
<p>Los sectores dominantes son tales porque dominan. No les es difícil idear una estrategia para contrarrestar las veleidades del díscolo. Una de ellas es el uso de la estructura jurídico/política. No por otro motivo, premunidos de ese breve compendio, relativo al comportamiento de las clases y fracciones de clase dominadas, los sectores dominantes, ayudados por la representación política de aquellas, impusieron a la comunidad nacional la forma de votar y, en consecuencia, la forma de realizar las elecciones de los convencionales constituyentes. Nada se iba a alterar. Los partidos seguirían mandando. Se habían preparado para gobernar y lo seguirían haciendo en los años sucesivos. Así procederían todos. Incluso, los nuevos. Gabriel Boric lo resumiría con extraordinaria claridad, en 2017:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“<strong>El objetivo es constituir un movimiento político que dispute en todos los espacios”</strong><a href="#_edn2" name="_ednref2"><strong>[2]</strong></a><strong>.</strong></p>
<p> Tampoco Beatríz Sánchez, al expresar, poco tiempo después:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] lo que viene para el futuro es la consolidación, empezamos un trabajo para ir <strong>proyectando el Frente Amplio, para disputar todos los espacios”</strong><a href="#_edn3" name="_ednref3"><strong>[3]</strong></a><strong>.</strong></p>
<p>No era un discurso diferente al de los otros partidos que, en términos muy parecidos, también lo habían formulado en los años anteriores. Todos se preparaban para gobernar. Por ende, el sistema D’Hondt, que había permitido la creación de una ‘casta’ privilegiada, no se alteraría en modo alguno. El triunfo no se entregaría a los independientes. Los dominados se verían obligados a aceptar esa forma de actuar. La contradicción social de ‘izquierda’ contra ‘derecha’, se transformaría en otra dentro de la cual la ‘élite política’ aparecería contrapuesta a los movimientos sociales, como ya se ha indicado. Algo muy diferente a lo que se había creído hasta ese momento. Ese era el primer peldaño a subir en la escala de la estrategia de dominación. El segundo sería desarrollar un verdadero festival de elecciones simultáneas al funcionamiento de la Convención. En el fondo, se trataba de involucrar a ese organismo en el acontecer político de la nación de manera tal que el trabajo de aquella no sería sino la reproducción de lo que sucedería en el exterior de la misma: presidencializar y parlamentarizar su funcionamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA CONCLUSIÓN INCÓMODA</strong></p>
<p>Podemos, entonces, afirmar que los independientes no ganaron las elecciones de mayo, como se supone. Por el contrario: fueron los partidos y, consecuentemente, la ‘élite política’ quien ganó. Fue, así, un milagro que pudiesen organizarse dos listas de independientes a nivel nacional, y una de ellas —la Lista del Pueblo—, lograra romper la constante de la derrota para emerger como un suceso inédito en la historia de la República: los sectores dominados (el pueblo) se organizaban. Pero el triunfo, siempre sería de los dominantes.</p>
<p>El empleo del sistema D’Hondt permitió a los partidos ofrecer a algunos ‘independientes’ ciertos cupos. Así, las condiciones estaban dadas para que, una vez más, la vieja política, de la mano de jóvenes actores, volviera en gloria y majestad a tomar la conducción de la nación. Porque los verdaderos independientes no ganaron. Ganaron los independientes que participaron en listas poco proclives a los cambios y aquellos vinculados a ciertas y determinadas listas, y los independientes que usaron los cupos de las listas de los partidos. Si a ello agregamos los convencionales constituyentes militantes de partidos, entendemos que el triunfo fue de ellos. En consecuencia, el terreno estaba propicio para que se reprodujesen los viejos vicios de la política.</p>
<p>Resumamos, entonces: el primer gran triunfo de la ‘escena política’ nacional, como elemento consustancial al Estado, fue lograr que los sectores dominados aceptaran someterse a un proceso eleccionario regido por el sistema D’Hondt; el segundo, aceptar que el proceso normal de elecciones se realizara en forma paralela al trabajo de la Convención Constitucional, a sabiendas que la nación no vivía un período normal. El tercero iría a ser la negativa del Parlamento a aceptar que los independientes pudiesen organizar listas a la manera que lo hacen los partidos políticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS EFECTOS DE ESA ESTRATEGIA</strong></p>
<p>El primer síntoma fue la elección de la presidencia y vicepresidencia de la Convención Cconstitucional. Si bien era cierto que la candidatura de Elisa surgió de la propia Lista Mapuche, tras ella se instaló una alianza FA y PS que trizó la alianza ‘Apruebo con Dignidad’, organizada antes por el PC y el FA, lo que obligó al primero a seguir un camino propio e intentar la instalación de Isabel Godoy en ese cargo. Otro hecho vino a sembrar más cizaña a las alianzas: los avatares de la política contingente que terminaron, finalmente, por ‘presidencializar’ la elección de la directiva de la Convención Constitucional. Hoy, es posible, incluso, escuchar a algunos representantes de RD ufanarse que fueron ellos quienes levantaron a Jaime Bassa a la vicepresidencia del organismo, lo que no es mentira. Pero plantearlo en esos términos, da a entender que la vieja política no vacila cuando trata de recobrar sus dominios.</p>
<p>Porque gran parte de las actividades que desarrolla el Gobierno y las instituciones del Estado están orientadas a proteger la estructura jurídico/política de la nación o, lo que es igual, el funcionamiento de la ‘escena política’ nacional. En esa dirección se orienta la labor del director de Impuestos Internos Fernando Barraza y su negativa a entablar querellas en contra de quienes han aceptado el soborno y el cohecho como forma de actuar en política, figuras que, eufemísticamente llamadas ‘financiamiento ilegal de la política’, evitan el uso de aquellas otras.</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Desde el mismo momento en que explota el escándalo del financiamiento ilegal de la política hace siete años, comenzó a desarrollarse la Operación Impunidad con el fin de detener las investigaciones contra políticos, empresarios y altos ejecutivos, relacionados con la arista más emblemática: SQM”<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</p>
<p>Gran parte de la ‘élite política’ chilena es corrupta. Decirlo duele. Pero es verdad. Por lo mismo resulta más elegante acusarla de financiarse ilegalmente que imputarle pago de sobornos.</p>
<p>El analista político Marco Moreno ha señalado que la labor de la Fiscalía al abandonar la investigación contra una treintena de imputados no ha sido sino</p>
<p style="padding-left: 80px;">«[…] adelantarse a la presión del ciclo electoral, ya que algunos de los que fueron cuestionados, hoy quieren ser candidatos, y las inscripciones se cierran en 20 días más»<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA REPRODUCCIÓN DE LAS RELACIONES CULTURALES</strong></p>
<p>Marx nos enseña que quien detenta el poder material en una sociedad, detenta igualmente su poder espiritual. Las relaciones culturales se reproducen en todos los estamentos sociales y no es casualidad que la generalidad de la población se enfrasque en discusiones bizantinas a fin de determinar quién es más o menos ‘demócrata’. Y olvide que la democracia, como forma de gobierno propia del modo de producción capitalista, devino en sustantivo intrínseco. Una verdad.</p>
<p>Por eso, no debe sorprender que tales ideas hagan reflexionar, igualmente, a los independientes acerca de si convendría o no participar en las elecciones parlamentarias que se avecinan. Porque también el sistema eleccionario se admite como axioma que no admite prueba en contrario. Así, los sectores dominados dentro de la Convención Constitucional procedan como lo hace todo componente del modo de producción capitalista. No hay alternativa. Por eso, también empiezan a preparar sus fuerzas en función a si acaso sería o no conveniente participar en elecciones parlamentarias y presidenciales e, incluso, convertirse en partido políticos. La LDP, en un comunicado de junio pasado, ya había manifestado intenciones de llevar candidaturas para las próximas elecciones, incluyendo a consejeros regionales, diputados, senadores y, también, para la Presidencia de la República. El sistema busca cooptarla de la manera que sea. Este intento de cooptación se hará cada vez más intensa con la formación de listas de parlamentarios y la consiguiente actualización de los pactos. Porque, seamos francos, a ninguno de los partidos políticos les interesa si acaso la CC va o no a pronunciarse por un sistema bicameral, si reconocerá a la cámara única como el mejor Parlamento y si mantendrá o no los períodos parlamentarios. Solamente quieren los cupos, que el partido obtenga la mayor cantidad de cargos para dominar desde el Parlamento y, si este cambia de forma, para negociar en mejor posición la mantención de los cupos que poseía. En el caso de la Lista del Pueblo, su asesor Erick Palma, ha expresado:</p>
<p style="padding-left: 80px;">[…] creo que lo que tienen que tener claro los candidatos a los distintos cargos parlamentarios y a la presidencia, es que es un dato de la causa que sus cargos deben ponerse a disposición de la decisión que adopte el pueblo de Chile cuando se plebiscite el proyecto de nueva constitución. Si se aprueba la nueva constitución, y se establece un régimen semipresidencial y unicameral, entonces quienes en noviembre resulten electos deberán poner sus cargos a disposición del pueblo de Chile. Eso tienen que tenerlo absolutamente claro, y eso es con prescindencia a que La Lista del Pueblo tenga o no candidato presidencial”<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>.</p>
<p>Esta sentencia, que más parece una <em>conditio sine qua non</em> de toda postulación al interior de la Lista del Pueblo, no ha sido dada a conocer, aún, en el caso de Fabiola Campillai, que sería nominada candidata a senadora por ese movimiento. Por supuesto que eso no lo han dicho (y es casi imposible que lo hagan) las otras colectividades por lo que puede presumirse que las candidaturas pueden transformarse en un fin en sí, como hasta ahora ha ocurrido, y no en un servicio a la comunidad. Y, dado el corto tiempo que queda para tales definiciones, es materia que debería estar ya tratándose si no en la Convención Constitucional, al menos en cada unas de las listas que albergaron a los convencionales constituyentes.</p>
<p>Y, ¿qué decir de la elección presidencial?</p>
<p>Está claro que las elecciones no son intrascendentes. No es lo mismo un presidente (y un parlamento) que va a apoyar y facilitar la adecuación de la estructura jurídico/política de la nación, a la nueva constitución, a uno que no lo va a hacer y que, por el contrario, pondrá toda clase de obstáculos para impedirlo. Pero, una opción como la LDP, no puede entregar una alternativa viable en tan corto plazo. Uno de los convencionales constituyentes de la misma lista llamado Cristóbal Andrade, ha dicho, al respecto:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“<strong>La Lista del Pueblo no está preparada para una candidatura presidencial, se hizo el objetivo de llevar convencionales a la Convención Constitucional,</strong> ahora se está avanzando para las elecciones parlamentarias y está bien, pero yo creo que es mejor ir de a poco”<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>.</p>
<p>Pero no ha sido así. Ya se vislumbran candidaturas. Quienes las representan son personas intachables. Pero nada han dicho acerca de cuál será su comportamiento al momento de empezar a regir la nueva constitución… Cambios habrá. Y las tendencias, que hemos observado, cambien, tal vez, de rumbo. No lo sabemos. Pero podemos creer que así sucederá.</p>
<p>La presidenta ha mostrado brillantemente cómo ha de conducirse una Convención y esperamos que, de las manos suyas no sólo saldrá la carta que anhelamos sino, como dice el poema, hasta ‘puedan brotar rosas perfumadas’. La Convención Constitucional sigue siendo nuestra tarea primordial y a ella han de encaminarse nuestros esfuerzos más que a una elección.</p>
<p>Santiago, agosto de 2021</p>
<h2><strong>Notas:</strong></h2>
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Dawkins, Richard: “El gen egoísta”, Salvat Editores S.A., Barcelona, 2002, págs, 107/108.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Bas, Daniela: “La profecía autocumplida del Frente Amplio: lideran la Convención, municipios, gremios y hasta las RRSS”, ‘El Líbero’ , 26 de julio de 2021. La negrita es del original.</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Bas, Daniela: Art. citado en (2). La negrita es del original.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Redacción: “La Semana Política: Operación Impunidad como mecanismo para favorecer candidaturas”, ‘El Mostrador’, 04 de agosto de 2021.</p>
<p><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Redacción: Id. (4).</p>
<p><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Parrini, Gianluca: “Erick Palma, asesor L. del Pueblo: ‘Un gobierno neoliberal no cabe en nuestro modelo constitucional’”, Radio Biobío, 25 de julio de 2021.</p>
<p><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> Redacción: “Constituyente de LDP, Cristóbal Andrade: ‘La Lista del Pueblo no está preparada para una candidatura presidencial”, ‘El Mostrador’, 03 de agosto de 2021. La negrita es del original.</p>
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		<title>El peligro de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana</title>
		<link>https://piensachile.com/2018/11/03/el-peligro-de-las-iglesias-evangelicas-en-la-politica-latinoamericana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Nov 2018 02:30:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[agenda ultraconservadora]]></category>
		<category><![CDATA[crisis de la iglesia catolica]]></category>
		<category><![CDATA[crisis de partidos politicos]]></category>
		<category><![CDATA[crisis de representatividad]]></category>
		<category><![CDATA[iglesias evangelicas]]></category>
		<category><![CDATA[iglesias neopentecostales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La crisis de representatividad de los partidos y la profunda crisis que atraviesa la iglesia católica, ha ayudado al incremento de las instituciones religiosas neopentecostales y a que estas puedan entrar fácilmente en el tejido social y actuar desde ahí como “salvadores” de la fe, la vida y la política.</p>
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<p class="col-xs-12 col-sm-10 col-md-10">25 octubre, 2018</p>
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<p>Los grupos evangélicos son un nuevo actor en la vida política latinoamericana y se han propagado sagazmente en cada país logrando una inédita influencia, ganando terreno al monopolio que había ostentado el catolicismo desde hace siglos. Su poder crece día a día como contracara al avance de los movimientos feministas, de las minorías sexuales e identidad de género, con un discurso conservador, autoritario y totalizador.</p>
<p>La crisis de representatividad de los partidos ha ayudado al incremento de las instituciones religiosas neopentecostales y a que estas puedan entrar fácilmente en el tejido social y actuar desde ahí como “salvadores” de la fe, la vida y la política.</p>
<p>En una investigación del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), titulada “<i>Iglesias evangélicas y el poder conservador en Latinoamérica</i>”, se establece que el evangelismo explota políticamente su gran despliegue mediático, gracias a sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales, que deja en desventaja a los demás candidatos del sistema político, ayudadas de una «gran capacidad económica ligada al aporte-convicción de sus feligreses» y son fervientes «defensores del neoliberalismo y la sociedad de consumo».</p>
<p>Por ello que la participación de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana crece y alimenta las facciones políticas de la ultraderecha para impulsar su agenda conservadora, a través de candidatos propios o entregando el apoyo a quienes promuevan sus principios, definiendo algunas veces el resultado de elecciones y presionando en la toma de decisiones.</p>
<blockquote><p>En América Latina han crecido de manera peligrosa y este peligro no es abstracto. En Colombia los evangélicos contribuyeron a la victoria del No a los acuerdos de paz en el <i>plebiscito sobre la paz </i>en el 2016. La mención a los derechos LGBT en las negociaciones de paz puso en alerta y movilización a las iglesias y los pastores. En Costa Rica tras un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario, Fabricio Alvarado, periodista y cantante de música cristiana pasó en primer lugar a la segunda vuelta como candidato del partido evangélico Restauración Nacional. Y si bien fue derrotado, pudo aglutinar el 40% de los votos, principalmente de sectores conservadores, contra la ‘ideología de género’.</p></blockquote>
</div>
<p>Karl Marx en su libro <i>Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel</i>señala que “la religión es el opio del pueblo”, utilizando una analogía para entender que esta sustancia provoca un efecto analgésico que ayuda a disminuir el dolor, puede hacer dormir y también puede hacer soñar, lo que permite escaparse y estar fuera del mundo, situación similar a la que la religión produce personal y socialmente.</p>
<p>Por su parte, Clifford Geertz, antropólogo estadounidense, postula que la religión “es un sistema de símbolos que genera ánimos y motivaciones poderosas, persuasivas y persistentes en los seres humanos”. Así, su potencial para formular concepciones no científicas que superan el contexto puramente religioso, dándole sentido a las realidades sociales, neutralizan la lógica de cómo se debería tomar decisiones políticas: la razón científica, el sentido común y la consideración incluyente.</p>
<p>De esto se aprovechan los evangélicos y sus líderes, que tienen a su libre disposición una gran cantidad de creyentes-electores, con quienes fundan un vínculo muy rígido basado en un sistema de símbolos, principios y valores, creando una relación de poder asimétrica y autoritaria.</p>
<p>El éxito que el mundo evangélico está teniendo en la vida política se debe a que es un grupo muy heterogéneo en términos de tipos de iglesias, adscripciones teológicas y posicionamientos políticos, estableciendo una relación directa entre la comunión con Dios y el bienestar material, teniendo como terreno fértil la mayor individualización e identificación por la vía del consumo de los sectores populares, ayudado por el neoliberalismo que, por su parte, propaga los mismos principios.</p>
<p>En América Latina han crecido de manera peligrosa y este peligro no es abstracto. En Colombia los evangélicos contribuyeron a la victoria del No a los acuerdos de paz en el <i>plebiscito sobre la paz </i>en el 2016. La mención a los derechos LGBT en las negociaciones de paz puso en alerta y movilización a las iglesias y los pastores. En Costa Rica tras un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario, Fabricio Alvarado, periodista y cantante de música cristiana pasó en primer lugar a la segunda vuelta como candidato del partido evangélico Restauración Nacional. Y si bien fue derrotado, pudo aglutinar el 40% de los votos, principalmente de sectores conservadores, contra la ‘ideología de género’.</p>
<p>En República Dominicana, Perú y México los evangélicos han organizado marchas en contra del movimiento LGBT. En Guatemala, la religión evangélica prácticamente ha alcanzado al catolicismo, cuyo gobierno es presidido por Jimmy Morales, un humorista y teólogo evangélico, que en sus discursos exhibe aires de predicador.</p>
<p>En Brasil el poder evangélico reside en el Congreso y ha tomado la forma de un frente evangélico que reúne a los parlamentarios que profesan esa religión, quienes todos los miércoles por la mañana se reúnen en una sala plenaria para rezar juntos, entonando cantos y plegarias. Son los mismos que influyeron decisivamente en la caída de Dilma Rousseff mediante un golpe parlamentario y han posicionado a Jair Bolsonaro como un candidato presidencial fuerte, utilizando sus medios para crear una campaña de terror y mentiras contra Fernando Haddad.</p>
<p>En Chile están creciendo de a poco y la débil “bancada evangélica” no ha logrado influir en la toma de decisiones y en las políticas públicas. Sin embargo, hay que mirarlos con recelo y desconfianza, porque al igual que en otros países intentarán penetrar las esferas políticas con el fin de imponer su agenda ultraconservadora, utilizando a sus pastores con un discurso de populismo religioso, más radical y de mayor alcance.</p>
<p>En política es necesaria la diferencia ideológica, sin embargo, cualquier religión con aspiraciones y ambiciones políticas se opone a los ideales y fundamentos de la democracia. Y en este sentido, los evangélicos suponen un riesgo para el desarrollo de una sociedad moderna y pluralista, porque forman parte de una avanzada contra los nuevos tiempos y procesos que se viven en la región, en que se debate sobre el feminismo, el matrimonio igualitario, el aborto, la identidad de género y derechos de minorías LGTBI, coartando libertades e imponiendo su visión conservadora.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2018/10/25/el-peligro-de-las-iglesias-evangelicas-en-la-politica-latinoamericana/">El Mostrador</a></strong></p>
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<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/11/03/el-peligro-de-las-iglesias-evangelicas-en-la-politica-latinoamericana/">El peligro de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>La muerte lenta de la democracia cristiana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 31 Jan 2018 03:20:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[crisis de partidos politicos]]></category>
		<category><![CDATA[democracia cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[nueva mayoría]]></category>
		<category><![CDATA[ocaso de la dc]]></category>
		<category><![CDATA[rafael luis gumucio rivas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El cadáver de la Democracia Cristiana no es el único candidato inscrito para ser enterrado en el campo santo: su muerte lenta tiene su explicación en una profunda crisis de todos los partidos políticos, especialmente, los de centro-izquierda, que conformaron la Concertación y, más recientemente, la Nueva Mayoría.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>30/01/2018<br />
El cadáver de la Democracia Cristiana no es el único candidato inscrito para ser enterrado en el campo santo: su muerte lenta tiene su explicación en una profunda crisis de todos los partidos políticos, especialmente, los de centro-izquierda, que conformaron la Concertación y, más recientemente, la Nueva Mayoría.</p>
<p>La derrota de Alejandro Guillier tiene un significado más profundo que  las ridículas autocríticas de los partidos que lo apoyaron. En general,  asistimos a un quiebre definitivo de los partidos socialdemócratas tanto a nivel mundial, como en Chile. Esta crisis fue precedida por la de las Democracias Cristianas a nivel planetario: el derrumbe de las Democracias Cristianas  &#8211; en Francia, con el Movimiento Republicano popular (MRP), que murió con la IV República, y la  Democracia Cristiana italiana, fenecida  a causa de la corrupción &#8211; ahora le  sigue la crisis de las socialdemocracias &#8211; el PSOE, en España, y del Partido Socialista francés -.</p>
<p>En Chile, no sólo la DC es candidata a ser analizada por los médicos legistas, sino también el Partido por la Democracia, (PPD), nacido como un instrumento para colaborar en el combate a la dictadura de Augusto Pinochet. Hoy, ambos Partidos han perdido todo sentido   e influencia en la política chilena. En al caso del PPD nunca fue más que una combinación al servicio del liderazgo de Ricardo Lagos Escobar y, posteriormente, cuna del caudillismo de los Girardi, y sólo podía subsistir en una democracia clientelista, y se negaron, sistemáticamente, a fusionarse con el Partido Socialista, que era lo más lógico.</p>
<p>La Democracia Cristiana ha podido subsistir hasta hoy gracias a los favores del Estado, sobre todo al exigir cargos en los principales ministerios y en las empresas estatales  &#8211; para vivir del fisco no es necesario tener ideales o una ideología mesiánica que los aglutine -. En el caso de este Partido, el recuerdo del socialcristianismo, construido sobre la base de las encíclicas sociales, como también de escritores y filósofos, entre ellos Charles Péguy, Leon Bloy, Georges Bernanos,  Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, contribuciones todas que le permitían a la DC mostrarse como poseedora de un acervo ideológico, que fue muy importante para detener el avance del comunismo, sobre todo, en la Italia de la posguerra.</p>
<p>Como ocurre con los partidos envejecidos, que sólo pueden sobrevivir sobre la base de los recuerdos, la Democracia Cristiana chilena los tenía, y muy gloriosos por cierto, en su “álbum de fotografías” – estaban Frei Montalva y Frei Ruiz-Tagle, Patricio Aylwin, los  tres Presidentes de Chile;  también, los 80 diputados de 1965 – como también el hecho de que la Democracia Cristiana perteneciera  a una Internacional, que le permitía llenar sus arcas de dinero.</p>
<p>Un Partido tan poderoso como la DC podía darse el lujo de convivir dividido en varias fracciones, desde el progresismo conservador y el camino propio, a un cristianismo de izquierda – no tenía ningún problema de aliarse con los comunistas para intentar el reemplazo del capitalismo por una sociedad socialista comunitaria -.</p>
<p>Esta coexistencia de tendencias tan disímiles no podía durar por mucho tiempo y, por lógica, vinieron los quiebres: en 1969, el MAPU, y en 1971, la Izquierda Cristiana. Ambos sectores rebeldes y terceristas rechazaban el capitalismo y reivindicaban la raíz nacional y popular de la Democracia Cristiana, postulando la unión social y política del pueblo y la lucha de los pobres del campo yla ciudad.</p>
<p>Hoy, el socialcristianismo y el humanismo cristiano tiene muy poca vigencia ideológica – aunque el Papa Francisco se desgañite criticando el capitalismo salvaje e intente revivir la doctrina de las encíclicas papales Rerum Novarum y Cuadragésimo Anno, ya nadie le cree mucho; la  iglesia católica pretende recuperar a sus ovejas en América Latina y, sobre todo, en África, pero se ve que, cada día, más fieles abandonan las iglesias -.</p>
<p>El humanismo cristiano – una contradicción en sí mismo, pues una concepción teocéntrica de la política es contraria a cualquier humanismo – ha sido apropiado por la derecha chilena, (Piñera, en 2009, definió su candidatura como humanista cristiana, pretendiendo ganar los votos de  los democratacristianos) y hoy, el ex candidato derechista, Manuel José Ossandón, se autodefine como socialcristiano.</p>
<p>La Democracia Cristiana puede realizar un congreso ideológico para recuperarse de la sangría electoral, pero estoy seguro de que estos “loables” encuentros serán infecundos, pues el pensamiento socialcristiano ha perdido vigencia y el vuelo “del cóndor” sobre el colectivismo y el individualismo carece de todo sentido: las “terceras vías” no tienen cabida en un mundo dominado por el neoliberalismo y el culto de “mamón” en su expresión más radical.</p>
<p>Las renuncias de los derechistas democratacristianos se están produciendo con cuenta-gota: primero fue Mariana Aylwin, con séquito de los treinta momios; ahora le corresponde al nunca bien ponderado, Gutenberg Martínez – dice que está en un proceso de reflexión -, para luego ver la conveniencia de depositar su renuncia.</p>
<p>El drama de los democratacristianos del camino propio es que, en primer lugar, se niegan a reconocer que el haber adoptado esta vía terminó por matar a la Democracia Cristina, que ya estaba malherida – los cuidados de los sacristanes terminaron por matar al seños cura -; en segundo lugar, el paso de acercarse a la derecha triunfante, luego de las últimas elecciones presidenciales, era oportunistamente rentable, pero le “salió el tiro por la culata”, pues el Presidente electo no tiene ninguna intención de inclinarse al centro, sino por el contrario – como lo demuestra el último gabinete – tiende a derechizarse aún más, y como no son tontos estos ex democratacristianos, saben bien que no tienen cabida en el piñerismo, y más bien “harían el loco” al estilo de los “colorines de PRI; en tercer lugar, no habría ningún espacio en la política chilena para ubicarse en un centro ideológico y, en el caso delas capas medias, responden al arribismo y al miedo a la pobreza, de la cual han salido – hoy, al igual que los ricos, tienen también viernes que defender, es  decir, mucho que perder, de ahí los gritos y consignas al triunfo de Piñera, “nos salvamos”.</p>
<p>Desgraciadamente, con la Democracia no ocurrirá  lo mismo que con liberales y conservadores, (1965), que fallecieron instantáneamente de infarto masivo y, como el Partido Radical, vivirán de tumbo en tumbo, con una larga vejez miserable.</p>
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