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	<title>corrupcion de la iglesia &#8211; piensaChile</title>
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	<title>corrupcion de la iglesia &#8211; piensaChile</title>
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		<title>¿Cómo ser Iglesia en la post-cristiandad?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Jul 2018 11:35:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Teología de la Liberación]]></category>
		<category><![CDATA[autentico cristianismo]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion de la iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia en la post-cristiandad]]></category>
		<category><![CDATA[marcos velasquez uribe]]></category>
		<category><![CDATA[primeros siglos del cristianismo]]></category>
		<category><![CDATA[puebla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como dice esa maravillosa carta:<b><em> “Para decirlo con brevedad, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo.”</b> (Carta a Diogneto, de autor anónimo).</em><br />
Aquella misiva es una verdadera apología del auténtico cristianismo, y por contraste se convierte en una prueba contundente del fracaso de la cristiandad. Surge así la evidencia de la fecundidad apostólica que produce la radicalidad evangélica, sentando el precedente histórico que los tres primeros siglos del cristianismo dieron frutos más visibles y abundantes en la historia de la humanidad, que los últimos diecisiete siglos de cristiandad.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2018/07/08/como-ser-iglesia-en-la-post-cristiandad/">¿Cómo ser Iglesia en la post-cristiandad?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="itemHeader">
<p class="itemTitle">Es una pregunta que no puede ser rehuida, más allá de las resistencias para aceptar el término de ese extenso ciclo histórico de la cristiandad. Sí, porque antes que los escándalos de la pederastia y su encubrimiento hiciera estragos, hay abundante evidencia que las sociedades han tomado un rumbo ajeno al anhelo eclesial. Y sí, porque la indiferencia religiosa, la increencia y el abandono de la fe de los padres es un hecho irrefutable y un signo de los tiempos.</p>
</div>
<div class="itemBody">
<div class="itemFullText">
<p>Si bien se trata de un fenómeno universal, en una Iglesia en crisis como la de Chile, las decisiones y acciones que se emprendan desde Roma, así como su evolución, pueden dar luces para encontrar caminos de salida. En tal sentido, todo indica que la Iglesia chilena, con su particular debacle institucional y por su pequeño tamaño en el contexto universal, resulta propicia para probar decisiones <em>ad experimentum</em>.</p>
<p>Las búsquedas son confusas, mientras la feligresía experimenta esa suerte de enajenación bipolar, que trata de encontrar arraigos para una fe quebrantada. Sí, porque, en pleno caos eclesial, los fieles aun buscan referentes humanos inexistentes. En efecto, en un momento esa esperanza se depositó en los emisarios del Papa, pero con el pasar de los días aquello se ha esfumado. Y ahora, porfiadamente, vuelve a ponerse la esperanza del futuro de la Iglesia en los obispos.</p>
<p>La cristiandad acondicionó a la feligresía a esa dependencia humana, en circunstancias que el verdadero Salvador resulta esquivo para quienes necesitan experimentar la fe desde lo concreto, donde lo único sensible son la perplejidad y el hastío.</p>
<p>En ese mundo de lo concreto, las antípodas de la realidad jerárquica aparecen graficadas por Iglesia chilena y la Iglesia de Roma. Mientras una ha sido convertida en el chivo expiatorio de la maldad eclesial universal, la otra aparece ocupada de los grandes problemas de la humanidad. Mientras una encarna el anti testimonio cristiano, la otra la coherencia evangélica. Así, pareciera haber dos Iglesia, una desvirtuada y otra servidora. Sin embargo, ambas son parte de una misma realidad, la cristiandad.</p>
<p><strong>Atisbando respuestas</strong></p>
<p>Las respuestas espontáneas intentan hacer un control de daños para emprender la reconstrucción ficticia de un anhelo superado e imposible de revertir. Otros, aprovechando los espacios que deja una jerarquía cuestionada, tratan de llenarlos con propuestas que permitan ganar posiciones. Al final, pareciera que no se dimensiona la gravedad de los efectos estructurales de la debacle pastoral, porque aún persiste esa reminiscencia de la cristiandad, donde algunos intentan reafirmar el poder jerárquico, y otros compensarlo con alguna cuota de poder laical.</p>
<p>Entonces sigue sin respuesta esa pregunta fundamental: ¿cómo ser Iglesia en la post-cristiandad?</p>
<p>Para intentar una respuesta seria habría que comenzar por abandonar esa introspección eclesial que conduce a diagnósticos y miradas autorreferentes de la realidad. En las actuales circunstancias habría que ser audaces y dejarse auscultar por los pulsos de la sociedad, particularmente por la mirada de quienes no comparten la propia fe, más específicamente por el juicio crítico de quienes no son cristianos, que en última instancia son los destinatarios de la misión esencial de la Iglesia.</p>
<p>Esto tiene particular importancia en la crisis de la Iglesia chilena, donde los escándalos conocidos han derribado todo tipo de expectativas sociales respecto de la jerarquía, ello porque ésta se ha vuelto irrelevante en el amplio espectro de los problemas de interés social. En esto, hay que reconocer que el interés local de los escándalos eclesiales tiene más importancia mediática que una auténtica preocupación por el bien común comprometido en tal crisis.</p>
<p>En el presente, el juicio social aparece graficado abundantemente en los medios de comunicación social, que se expresan en todas las formas existentes y en todos los idiomas, con realismo y también con aversión. Ahí están la prensa, la televisión, la radio, las redes sociales y los más variados foros de análisis de la realidad. Ahí, la conclusión es lapidaria e incuestionable: la cristiandad ha defraudado todas las expectativas de servir al bien común de los pueblos.</p>
<p>Sin embargo, en la historia, la mejor crónica de la influencia de los cristianos en la sociedad la ofrece la carta de un pagano escrita a un amigo suyo, llamado Diogneto. Con una data histórica, muy probablemente del segundo siglo de la era cristiana, reproduce la admiración del mundo pagano por la coherencia que los cristianos expresan en su modo de vida. Como crónica, la Carta a Diogneto tiene un valor histórico, en cuanto resume cómo la fe de los cristianos es percibida en la cultura, y cómo ello afecta la conciencia pagana.</p>
<p>Dicha carta hace un extenso y pormenorizado relato de las conductas privadas y públicas de los cristianos, destacando su coherencia y contrastándolas con la cultura imperante. Destaca que los cristianos no imponen sus costumbres, sino que al practicar sus convicciones provocan el cuestionamiento de la conciencia ajena y de las tradiciones paganas. Y con solemne admiración describe cómo los seguidores de Jesucristo respetan la ley vigente para todos, pese a tener una ley interior no escrita, que los mueve hasta el límite del martirio cuando son puestos ante el dilema de claudicar a sus principios.</p>
<p>Como dice esa maravillosa carta: “<em>Para decirlo con brevedad, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo.</em>” (Carta a Diogneto, de autor anónimo).</p>
<p>Aquella misiva es una verdadera apología del auténtico cristianismo, y por contraste se convierte en una prueba contundente del fracaso de la cristiandad. Surge así la evidencia de la fecundidad apostólica que produce la radicalidad evangélica, sentando el precedente histórico que los tres primeros siglos del cristianismo dieron frutos más visibles y abundantes en la historia de la humanidad, que los últimos diecisiete siglos de cristiandad.</p>
<p>Junto a la coherencia y sencillez de los primeros cristianos, revelada en la Carta a Diogneto, aparece implícito un elemento clave que hoy, más que nunca, es necesario explicitar. Sólo así podrá será posible reencontrar el camino que ponga a la Iglesia en la senda del Evangelio, para servir a la cultura y a la sociedad.</p>
<p><strong>Dualismo entre lo imperial y lo servicial</strong></p>
<p>La cristiandad, fiel heredera de su alcurnia imperial, desplegó sus mejores esfuerzos y fatigas tras el objetivo de imperializar la fe cristiana en el extenso concierto universal. Se expresa así la catolicidad, en cuanto ha perseguido el objetivo de cristianizar a todos los pueblos, universalizando el cristianismo. Así, la Iglesia de la cristiandad se orientó tras la lógica de los grandes números, con lo que el éxito pastoral se mide con el criterio proselitista de la cantidad.</p>
<p>Con esa lógica, la cristiandad actualmente parece exitosa, al cobijar la pretenciosa cantidad de mil trescientos millones de católicos en el mundo, que representan el 18% de la población mundial.</p>
<p>Sin embargo, la realidad cualitativa demuestra que la incoherencia es la característica de esa cristiandad, que por defecto perdió un rasgo esencial de la virtud cristiana original, su fecundidad. De esta manera, los éxitos cuantitativos quedan frustrados por los resultados empíricos, que dejan al descubierto una flagrante esterilidad apostólica.</p>
<p>El germen de corrupción de la Iglesia de la cristiandad está precisamente en esa lógica de los grandes números, porque para conseguir tales resultados, la Iglesia institución ha debido fortalecer su estructura de poder, quedando expuesta a graves contradicciones evangélicas, donde la credibilidad resulta seriamente comprometida.</p>
<p>Cuando la Iglesia se imperializó, la cristiandad asumió una opción fundamental que terminó siendo nefasta. Optó porque ser cristiano fuera una opción de mayorías; en circunstancias que desde sus orígenes, ser cristiano ha sido siempre una opción de minorías. En esto, no deja de ser interesante el aporte de la Iglesia latinoamericana, que en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Puebla le dio a esa opción preferencial un contenido específico, como fue el de ese foco estratégico de los pobres y sufrientes.</p>
<p>Ahí está el núcleo de la contradicción fundamental de la cristiandad, porque la lógica de las numerosas feligresías no es ni puede ser un objetivo del ámbito religioso, ésa es tarea esencial, propia y necesaria del quehacer político, completamente ajeno a la religión. Ese es el gran pecado de la cristiandad.</p>
<p>No hay que olvidar que en los orígenes del cristianismo, Dios puso su mirada en ese “resto de Israel”, representado por los “<em>anawim</em>”, los pobres de Yahveh, cuya única riqueza era que tenían a Dios en su corazón. Hay ahí una clave escatológica en la decisión divina de elegir a María como la madre virginal del Hijo de Dios. Una mujer vaciada de sí, pero llena de Dios, proveniente de esa condición de los pobres de Yahveh, fue el instrumento escogido para realizar su plan de salvación universal.</p>
<p>Es en esa realidad, presente en muchos ámbitos silenciosos de la Iglesia actual, donde la fecundidad apostólica es elocuente, donde existe esa esperanza que no defrauda y donde las Bienaventuranzas son una realidad cotidiana entre quienes todo lo esperan de Dios.</p>
<p>Es ahí donde esos sencillos signos evangélicos de la sal, de la levadura y de la luz, adquieren consistencia apostólica, porque actuando en lo poco consiguen dar sabor, esponjar la cultura e iluminar las más oscuras realidades ensombrecidas por el pecado. Es ahí donde los cristianos actúan, no por saturación, sino osmóticamente por su poquedad, consiguiendo alentar la esperanza de otros que no necesariamente comparte la misma fe.</p>
<p>Sólo así, los caprichos cederán a los fundamentos, la vanidad a la esencia, lo superficial a lo intrínseco, lo exterior al fuero interno, los privilegios a los peligros, la comodidad a la audacia, la pasividad a la acción, la imposición al servicio, el dogma a la convicción, la rutina a la celebración, los cálculos a la parresía, la certeza a los riesgos, los fieles a los necesitados, la jerarquía al pueblo, la desconfianza al amor, la obligación a la misericordia, el secretismo a la justicia, la oscuridad a la verdad, la conquista a la paz y el dinero a Dios.</p>
<p>Asumiendo esta dinámica como un imperativo moral propio del ser cristiano, recién ahí tendrá sentido lucubrar en “dilemas pastorales en tiempo de crisis eclesial”.</p>
<p><em>-El autor, <strong>Marcos Velásquez</strong>,  publica en el sitio</em> <strong><a href="http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/9871-como-ser-iglesia-en-la-post-cristiandad.html">www.FeAdulta.com</a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Amnesia chilensis</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/01/10/amnesia-chilensis/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Jan 2016 02:47:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[amnesia]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion de la iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion empresarias]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion politica]]></category>
		<category><![CDATA[nadie sabe nada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>- El directorio de la ANFP no sabía qué hacía Jadue.<br />
- Bachelet no sabía lo que hacía su hijo y no sabía lo que hacía Jorrat.<br />
- El hijo tampoco  sabía lo que hacía su señora.<br />
- Su señora no sabía lo que hacía su socio.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>El directorio de la ANFP no sabía qué hacía Jadue.</li>
</ul>
<ul>
<li>Bachelet no sabía lo que hacía su hijo y no sabía lo que hacía Jorrat.</li>
</ul>
<ul>
<li>El hijo tampoco  sabía lo que hacía su señora.</li>
</ul>
<ul>
<li>Su señora no sabía lo que hacía su socio.</li>
</ul>
<ul>
<li>Lagos no sabía lo que hacía Carlos Cruz.</li>
</ul>
<ul>
<li>Eliodoro Matte no sabía lo que hacía Morel. Nunca supo de la colusión del papel higiénico.</li>
</ul>
<ul>
<li>Los directorios de las farmacias no sabían lo que hacían sus ejecutivos bien pagados.</li>
</ul>
<ul>
<li>Gonzalo Vial no sabía lo que hacían en la asociación de productores avícolas a la que pertenecía su empresa.</li>
</ul>
<ul>
<li>MEO no sabía lo que hacía su goma recaudador.</li>
</ul>
<ul>
<li>Piñera tampoco sabía lo que hacía su goma recaudador.</li>
</ul>
<ul>
<li>Pizarro no sabía lo que hacían sus hijos, que al parecer también fueron sus recaudadores.</li>
</ul>
<ul>
<li>Los curas no sabían que otros curas son pedófilos.</li>
</ul>
<ul>
<li>Los políticos no sabían que otros políticos son ladrones.<br />
Y así nadie sabe nada&#8230;</li>
</ul>
<p>¡¡¡Parece que NO saben que NO somos todos tan h&#8230;&#8230;.!!!</p>
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			</item>
		<item>
		<title>“La esperanza es la parafina del pobre” (Ernst Bloch)</title>
		<link>https://piensachile.com/2015/09/17/la-esperanza-es-la-parafina-del-pobre-ernst-bloch/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Sep 2015 01:39:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cardenal ezzati]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion de la iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[crisis del sistema]]></category>
		<category><![CDATA[francisco javier errazuriz]]></category>
		<category><![CDATA[juan carlos cruz]]></category>
		<category><![CDATA[karadima]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Que el cardenal Ezzati presida o no el Te Deum de Acción de Gracias con motivo la conmemoración del aniversario de la instalación de la primera Junta de Gobierno – no tiene nada que ver con la independencia, menos con la república - no me parece lo principal, pues al fin y al cabo se dirige a la jerarquía y castas políticas, que demuestran un bajo nivel moral y que son, en la actualidad, rechazadas por la ciudadanía.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/09/17/la-esperanza-es-la-parafina-del-pobre-ernst-bloch/">“La esperanza es la parafina del pobre” (Ernst Bloch)</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>14/09/2015<br />
Este filósofo alemán, autor  de <em>El espíritu de la utopía, vestigios y el  principio de la esperanza, </em>(1959) y de muchas otras obras maestras, que sería largo de citar en esta columna, fue uno de mis autores predilectos cuando orientaba mi búsqueda en el “diálogo entre marxistas y cristianos bajo la idea de los horizontes de utopía”. Hoy, de solo pensar en los sueños despiertos viene a convertirse en una verdadera herejía: de inmediato, eres clasificado de marxista, anarquista y hasta iluso y soñador.<br />
Nada ganamos con probar que la crisis institucional ha llegado a su culmen, que la élite está moralmente putrefacta, que más del 80% de los ciudadanos rechaza a los Cardenales Errázuriz y Ezzati y que un porcentaje similar opina que encubre actos reñidos con la moral y que la jerarquía eclesiástica es un “nido de víboras”, donde se tejen las más miserables e inimaginables intrigas, en fin, donde “el poder absoluto (de la Iglesia)  corrompe  absolutamente”. Sería iluso pensar que el poder monárquico presidencial y su corte parlamentaria, los jueces y  magistrados del poder judicial y las iglesias, mucho menos el ejército y las fuerzas armadas hagan un mea culpa ante la ciudadanía por los abusos cometidos. Las instituciones, de por sí, son conservadoras e, incluso, pretenden ser eternas.<br />
Se han dado casos en la historia, sin embargo, que después de una gran catástrofe, por ejemplo,  la peste bubónica, (1346-1361),  diezmó a una población de 80 millones  de europeos, equivalente al 60% de la población pero, según algunos historiadores,  esta epidemia y la reducción de la población dieron paso  al  Renacimiento – como si la muerte engendrara la vida y la grandeza &#8211;  de una época que  legó a la humanidad el humanismo, los grandes descubrimientos científicos y el pensamiento político moderno con Maquiavelo. (Me permito sugerir la lectura de <em>El Decamerón</em>, de Giovanni Boccaccio a quien le interese la literatura de la época de la peste en Florencia).<br />
En el artículo anterior me propuse resaltar el aporte que el Concilio Vaticano II hizo a la Iglesia y sobre todo, el de los auténticos pastores con “olor a oveja”; en el de hoy me voy a referir al valor de algunas de las  víctimas de los abusadores de los repugnantes curas pedófilos que, como en el caso de Fernando Karadima, se ufanaba de ser amigo del Padre Alberto Hurtado cuando este santo ni siquiera lo conocía. Es muy triste constatar que un buen número de obispos no sólo fueron discípulos de esta bestia abusadora, sino que también sus cómplices. Las cartas “filtradas” a los medios de comunicación, donde el mismo Cardenal emérito, Francisco Javier Errázuriz trata, con mucho cariño al abusador Karadima, incluso, intenta convencerlo de que es un premio su reemplazo en el cargo de párroco de la iglesia de El Bosque y, muchos de los términos de estas lindan en el encubrimiento de graves delitos de abuso sexual.<br />
A estos cardenales les va a llover sobre mojado: luego de la película <em>El bosque de Karadima</em>, ahora se exhibirá una teleserie que permitirá que más público conozca los verdaderos alcances de los abusos de este “santito”, sus discípulos  cómplices  y  encubridores.<br />
Los dichos de una de las víctimas, Juan Carlos Cruz, en el último programa de <em>Tolerancia 0,</em> lograron emocionarme hasta las lágrimas: es impresionante el valor, el testimonio y el amor a la verdad de las víctimas que, a pesar de todas las presiones constantemente siguen denunciando los abusos de poder de la jerarquía eclesiástica, son los testigos de aquel dicho evangélico de “la verdad os hará libres”.<br />
Sin ambages ni temores, Cruz acusa a Ricardo Ezzati y a Francisco Javier Errázuriz de encubridores de “crímenes”, en casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, dice que “creo que el cardenal Ezzati tiene ropa tendida. Cuando era inspector general de los Salesianos encubrió a tres sacerdotes abusadores. Los cambiaba de diócesis para que abusaran de otra gente”. Cruz también denunció el suicidio de varias personas abusadas por sacerdotes, por ejemplo, el caso de Rimsky Rojas. “Rojas, cuando se vio contra la espada y la pared, se suicidó porque no pudo más y los testigos claves han ido muriendo misteriosamente”. Las acusaciones de Cruz son muy graves y deben ser investigadas.<br />
Que el cardenal Ezzati presida o no el Te Deum de Acción de Gracias con motivo la conmemoración del aniversario de la instalación de la primera Junta de Gobierno – no tiene nada que ver con la independencia, menos con la república &#8211; no me parece lo principal, pues al fin y al cabo se dirige a la jerarquía y castas políticas, que demuestran un bajo nivel moral y que son, en la actualidad, rechazadas por la ciudadanía. Mucho más grave es el viraje de la iglesia hacia la protección corporativa de delincuentes, a la mentira, al secretismo, a la intriga y, sobre todo, al abuso de poder y al servilismo frente a los ricos, dueños de Chile.<br />
Ante el desastre moral de las élites, están siempre los pobres que apenas logran sobrevivir en un mundo inequitativo y sin corazón, sólo con la fuerza energética de los sueños de vigilia y de la esperanza que, según Bloch, “es la parafina de la vida del pobre”.<br />
(Me permito remitir al lector, si está interesado en profundizar en estos temas, a las siguientes obras: <em>El espíritu de la utopía, Thomas Münzer como teólogo de la revolución; Vestigios; Herencias de esta época; El Principio de la Esperanza, Derecho natural y dignidad humana, </em>todas obras de Ernst Bloch)<br />
Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El Bosque de Chile (a propósito de &#034;El Bosque de Karadima&#034;)</title>
		<link>https://piensachile.com/2015/07/05/el-bosque-de-chile-a-proposito-de-el-bosque-de-karadima/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jul 2015 20:52:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion de la iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[corrupcion de la politica]]></category>
		<category><![CDATA[financiamiento de la politica]]></category>
		<category><![CDATA[karadima]]></category>
		<category><![CDATA[relacion politica negocios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tal como en los dramas generados por Karadima, hemos ido sabiendo con dolor que, a nombre de nosotros y de la construcción de nuestro futuro como nación, se pagaban grandes sumas de dinero, se hacían acuerdos sobre y bajo la mesa, se creaban negocios millonarios, se autorizaban cuotas de pesca, usos de agua, explotación de suelo minero, etc. y siempre con la sonrisa y la palmadita en las nalgas a lo Karadima, siempre con la promesa del ansiado futuro en que todos estaremos donde queríamos estar, pero también con la amenaza de no cometer el pecado de “desear”, de aspirar a la “lujuria”, de no “tocarnos”.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>5 julio 2015<br />
Pocas veces una película chilena ha sido tan oportuna y rápida para dar cuenta de un acontecimiento reciente de impacto mediático y nacional, como el largometraje de Matías Lira “El Bosque de Karadima”. El filme relata los hechos que condujeron a la sanción vaticana al cura Fernando Karadima, que lo priva de algunos de sus derechos sacerdotales por abusos sexuales reiterados en contra de menores de edad que estaban a su cargo en la Parroquia El Bosque y de quienes era su jefe espiritual.<br />
Pero la película, que tiene grandes méritos cinematográficos y actorales, se erige además en una suerte de metáfora del trauma que ha sufrido nuestra sociedad en las últimas décadas y del sufrimiento desgarrador que provoca la desconcertante toma de conciencia (no sin recaídas y negaciones) de lo dañados que estamos y de la ceguera e indefensión en que hemos transitado todos estos años como país. Tiempo en que nos entregamos a las manos y a la voluntad de quienes siempre dijeron que serían nuestros protectores, que velarían día y noche por nosotros y que se sacrificarían por nuestro bienestar, futuro y felicidad.<br />
El Fernando Karadima que nos muestra el largometraje (con certeza representando fielmente al verdadero) es un sacerdote que no duda un segundo en presentarse ante los jóvenes aspirantes a curas como el guía espiritual más indicado para conducir a cada una de estas almas hasta su ansiado fin. En una enredada telaraña, que va tejiendo paso a paso, se muestra como un hombre que comprende a cabalidad cuál es el sentido de la búsqueda de cada muchacho y que puede transformarse, además, en su soporte afectivo cuando la inevitable fragilidad emocional de sus víctimas les hace sentirse ajenos al mundo pecaminoso del que proceden. Los insta a no pecar sexualmente y para ello los “prueba” de manera insistente y repugnante haciendo él mismo con sus discípulos lo que estos deben autocontrolar y negar para sí. Todo esto mientras crece la “culpa” en cada una de los jóvenes, quienes -lejos de romper las ataduras con que los envuelve su pastor- se entregan, cada vez más asqueados de sí mismos, a un nuevo encuentro con ese ser a quien aman y por quien se sienten amados, protegidos y guiados en sus pobres y miserables vidas.<br />
Hemos ido sabiendo con dolor que, a nombre de nosotros y de la construcción de nuestro futuro como nación, se pagaban grandes sumas de dinero, se hacían acuerdos sobre y bajo la mesa, se creaban negocios millonarios, se autorizaban cuotas de pesca, usos de agua, explotación de suelo minero, etc. y siempre con la sonrisa y la palmadita en las nalgas a lo Karadima, siempre con la promesa del ansiado futuro en que todos estaremos donde queríamos estar, pero también con la amenaza de no cometer el pecado de “desear”, de aspirar a la “lujuria”, de no “tocarnos”.<br />
Aquí, “El Bosque de Karadima” adquiere su carácter más claramente metafórico, cuando comienzan a caer los velos, a quedar al descubierto que quien prometió protegerte no construía sino una mascarada para seguir satisfaciendo, esta vez a tu costa, sus deseos e instintos. Hemos observado con dolor que esto ha estado ocurriendo también a nivel de la política, del empresariado, de las iglesias; es decir, a nivel de los grandes lideres y guías de nuestro país. Hemos ido sabiendo con dolor que, a nombre de nosotros y de la construcción de nuestro futuro como nación, se pagaban grandes sumas de dinero, se hacían acuerdos sobre y bajo la mesa, se creaban negocios millonarios, se autorizaban cuotas de pesca, usos de agua, explotación de suelo minero, etc. y siempre con la sonrisa y la palmadita en las nalgas a lo Karadima, siempre con la promesa del ansiado futuro en que todos estaremos donde queríamos estar, pero también con la amenaza de no cometer el pecado de “desear”, de aspirar a la “lujuria”, de no “tocarnos”. Eso está reservado para quienes tienen sus convicciones sólidas, pues en esos casos no se trata de la actitud pecaminosa dictada por el demonio, sino de derechos adquiridos por el guía espiritual, por ese mentor que nos enseña y nos cuida, y que -de tanto en tanto- nos tira boca abajo para enseñarnos con su santiguado falo de leyes y normas económicas y de buena crianza social cómo y por dónde es que realmente se ejerce el poder.<br />
*Fuente: <strong><a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2015/07/05/el-bosque-de-chile-a-proposito-de-el-bosque-de-karadima/">El Mostrador</a></strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/07/05/el-bosque-de-chile-a-proposito-de-el-bosque-de-karadima/">El Bosque de Chile (a propósito de &quot;El Bosque de Karadima&quot;)</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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