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	<title>clotario blest &#8211; piensaChile</title>
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		<title>El concepto de Derechos Humanos y el rol de un ex Almirante en la Convención Constituyente</title>
		<link>https://piensachile.com/2021/08/23/el-concepto-de-derechos-humanos-y-el-rol-de-un-ex-almirante-en-la-convencion-constituyente/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Aug 2021 21:10:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[almirante arancibia]]></category>
		<category><![CDATA[clotario blest]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[manuel acuña asenjo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Habían unos letreros que llamaban a la subversión de la gente, que se pegaban en las calles, etcétera. Era una situación tan tensional que yo dije, mire, si seguimos así yo pesco un fusil, me voy al cerro y voy a ir a matar a comunistas, para decirlo francamente, porque ese era mi objetivo personal”</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/08/23/el-concepto-de-derechos-humanos-y-el-rol-de-un-ex-almirante-en-la-convencion-constituyente/">El concepto de Derechos Humanos y el rol de un ex Almirante en la Convención Constituyente</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>23 de agosto de 2021</p>
<p><strong>PLANTEANDO EL PROBLEMA</strong></p>
<p>Desde que empezara a trabajar, con otros amigos, junto a Clotario Blest en el Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales CODEHS, el concepto mismo de ‘<em>derechos humanos</em>’ atrajo constantemente mi atención. ¿Por qué hablar de semejantes derechos? ¿No bastaba ya con los que existían? ¿Para qué crear semejante tipología? ¿Por qué hablar de ‘<em>derechos humanos</em>’? ¿Es que existían otros derechos cuya naturaleza no era ‘humana’?</p>
<p>Las preguntas no eran antojadizas ni, tampoco, superfluas. Y era que no se necesitaba ser una persona muy perspicaz para darse cuenta que el concepto mismo de ‘derechos humanos’ conlleva implícita una lógica elemental. Nadie le agrega un adjetivo calificativo a un sustantivo por simple casualidad; lo hace porque necesita determinar con precisión la naturaleza de lo que va a definir. Si al vocablo ‘derecho’ se le agrega el de ‘humano’ es porque el primer concepto resulta insuficiente para explicar determinadas situaciones. En consecuencia, el legislador ha entendido que existe una falencia conceptual que es necesario corregir. La cuestión radica en determinar cuál es esa falencia, en qué consiste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN ANTECEDENTE HISTÒRICO</strong></p>
<p>En junio de1982, llegó hasta las manos de quienes éramos partícipes del CODEHS un documento emanado de una organización venezolana, vinculada a la Iglesia Católica. Dicho texto compendiaba las conclusiones de un encuentro realizado en Brasil, durante esas mismas semanas, por aquella organización.</p>
<p>El documento de esa entidad, llamada ‘FUNDALATIN’, abordaba el tema de los derechos humanos bajo el espíritu de las enseñanzas de Dom Hélder Pessoa Cámara, afirmando rotundamente que aquellos no podían sino ser ‘derechos de los oprimidos’, algo que el mismo título del documento ponía de manifiesto: ‘Los derechos humanos son los derechos de los oprimidos’.</p>
<p>Del referido documento se desprende que, para la referida organización, coexisten, dentro de una sociedad, personas que poseen determinados derechos y otras que carecen de ellos. Los primeros se han convertido en detentadores de esos derechos por la simple circunstancia de haberse apropiado de bienes materiales comunes a todos en virtud del ejercicio de una fuerza que, en el transcurso del tiempo, deviene en ‘institucional’; los segundos han sufrido el despojo de esos bienes porque sobre ellos se ha ejercido tal fuerza. En el fondo, se trata de personas que se han apropiado de ciertos bienes materiales indispensables para subsistir y quienes carecen de aquellos o los reciben de manera precaria. Hay, en suma, sujetos que poseen, por tanto, la plenitud de los derechos; y sujetos que necesitan alegar su condición de miembros de la especie humana para que se les reconozcan derechos fundamentales que los separan de la condición en que viven. Estos son los ‘derechos humanos’.</p>
<p>De esa manera, el concepto de derechos humanos, en su más pura esencia, no se manifiesta en forma abstracta o como atributo universal, como muchas personas lo estiman o creen, sino en forma concreta, específica. Son un beneficio al que tienen acceso solamente quienes se encuentran privados de la generalidad de derechos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SECTORES SOCIALES CONTRAPUESTOS ENTRE SÍ</strong></p>
<p>La extrapolación de los conceptos contenidos en el documento de FUNDALATIN permiten deducir que, dentro de una sociedad, existen sectores que detentan la fuerza institucional necesaria para acaparar derechos que deberían ser compartidos con otros, afirmación que nos conduce, ineluctablemente, a establecer diferenciaciones. Y, en consecuencia, a establecer categorías cuya sola mención molesta a muchos, como lo son las clases sociales. Podemos distinguir, así, grupos destinados a mandar y otros obligados a obedecer, grupos humanos orientados a dirigir y otros destinados a ser dirigidos, grupos dueños de determinados bienes materiales y grupos que carecen de ellos. En suma, una sociedad dividida entre los que poseen determinados derechos y quienes carecen de ellos.</p>
<p>Lo más grave, sin embargo, de esa extrapolación, es concluir que la concepción misma de ‘derechos humanos’ tiene una connotación abiertamente clasista: se trata de derechos cuyo ejercicio es absolutamente necesario para considerar a una persona en el carácter no solamente de tal sino de ‘ser humano’ pues las condiciones en las cuales se desenvuelve no permiten hacerlo: está privado de libertad, no tiene con qué alimentarse, carece de habitación, de vestuario y demás condiciones elementales comunes a los seres humanos. Lo que implica formular un juicio en contra de la sociedad en que vive.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CARACTERÍSTICA DE UNA SOCIEDAD ESCINDIDA EN CLASES</strong></p>
<p>La característica esencial de toda sociedad escindida en clases es que uno de aquellos estamentos posee la plenitud de los derechos en tanto el otro reclama la concesión de mayores derechos pues los que ejerce son muy precarios o no le permiten vivir. La generalidad de este estamento reclama condiciones esenciales para ser considerado ser humano. Normalmente, esos reclamos son reprimidos.</p>
<p>Si miramos en detalle estos sucesos, los derechos humanos presentan otra característica: no se presentan como casos particulares. Por el contrario, se trata de condiciones en las que viven grandes contingentes humanos que han sido privados de derechos y que, la mayor parte de las veces, han sido reprimidos por protestar en contra de ello, agregándose a esa circunstancia la aplicación de castigos corporales que pueden consistir en la privación de libertad, la mutilación o lesión corporal e, incluso, la muerte de quienes han participado en protestas.</p>
<p>Los derechos humanos, por consiguiente, adquieren una clara connotación de clase. Se trata de derechos que habilitan al ser humano a recabar su condición de tal. Son derechos mínimos frente a la globalidad de derechos de la cual goza determinado número de habitantes de la sociedad. De lo cual se deduce que no puede reclamar el ejercicio de tales derechos quien posee la plenitud de los mismos y se erige en dominador, sin caer en una suerte de descaro, de desvergüenza que resulta imposible de aceptar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN CASO MEMORABLE </strong></p>
<p>No fue por otro motivo que, en plena dictadura pinochetista, la sola mención a los derechos humanos constituyó, de por sí, una conducta subversiva. Un acto que colocaba, ineluctablemente, a su ejecutor, en el carácter de ‘extremista’, nombre con el que se buscaba desprestigiar a quien mantenía una visión de sociedad distinta de la que tenía el dominador y al que se atribuía voluntad extrema para alcanzar sus aspiraciones. Porque los derechos humanos eran reclamados por los perseguidos, no por los perseguidores. Lo que confirmaba aquella aspiración como una concepción ‘de clase’, sin lugar a dudas: a nadie se le hubiere ocurrido reclamar la existencia de derechos humanos para Pinochet ni para los integrantes de su gobierno.</p>
<p>Por lo mismo, no deja de ser notable que, conjuntamente con el término de ese régimen de excepción, el concepto de ‘derechos humanos’ se universalizara: los ‘cazadores’ de ‘extremistas’ comenzaron a ser cazados por la justicia, lo que exigía a los sectores dominantes ampliar, en beneficio propio, el concepto antes repudiado. Y avanzar en el terreno de la impunidad.</p>
<p>A contar de esa fecha, los ‘derechos humanos’ comenzaron a cambiar de esencia; de carácter eminentemente concreto pasaron a adquirir sentido abstracto. Todos los seres humanos eran sujetos de derechos humanos. Se intentaba imponer un derecho ideal, teórico, que más parecía existir en el aire. Como si la especie humana estuviera al margen de los intereses terrenales de sus propios componentes.</p>
<p>Resulta, así, una falacia, alegar que los derechos humanos son los derechos de todos los seres humanos, sin distinción. Lo son, sí, pero potencialmente; no en forma efectiva sino en la medida que se refiera a sujetos a quienes se les han negado los derechos que los reconocen como miembros de la especie humana: derecho a la habitación, a la vida, a la integridad física, a la educación, a la salud, a la alimentación, a la libertad individual, a la vida, a la integridad física, en fin. No a sujetos particulares sino a contingentes sociales.</p>
<p>Los derechos humanos, así, no son de todos; corresponden a quienes se encuentran en condición de necesidad: repetimos, pertenecen a quienes necesitan recabar de aquellos para recuperar su condición de seres humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN EX UNIFORMADO COMO CONVENCIONAL CONSTITUYENTE</strong></p>
<p>No es raro —ni debería serlo— que un ex uniformado aspire a ser convencional constituyente. En estricta teoría. Cualquier persona podría hacerlo; también un miembro de las Fuerzas Armadas. El problema radica en que la política no es sino el campo en donde se resuelven los conflictos de interés de los diversos sectores sociales. En política no hay lugar para casualidades ni coincidencias; allí hay intereses en juego. Nada de lo que sucede es azaroso; nada es fortuito, nada es imprevisto. Entonces, cuando un uniformado lo hace, es bueno preguntarse por qué, cuál es la razón de su comportamiento. Especialmente si ha sido edecán de un sujeto como Augusto Pinochet. Y si ha sido comandante en jefe de la Marina. Y si lo hace dentro del cupo de la lista de la Unión Demócrata Independiente UDI, partido que mantiene el legado de la dictadura pinochetista.</p>
<p>Este mismo, hoy convencional constituyente, en septiembre de 2013, en una entrevista que le hiciera Santiago Pavlovic, ‘se despachó una brutal afirmación’, recordando el tiempo que se desempeñaba como capitán de corbeta, durante el gobierno de Salvador Allende:</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>“Habían unos letreros que llamaban a la subversión de la gente, que se pegaban en las calles, etcétera. Era una situación tan tensional que yo dije, mire, si seguimos así yo pesco un fusil, me voy al cerro y voy a ir a matar a comunistas, para decirlo francamente, porque ese era mi objetivo personal”</strong><a href="#_edn1" name="_ednref1"><strong>[1]</strong></a>.</p>
<p>&amp;<iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/i14eBkWmnSY" width="720" height="420" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe>nbsp;</p>
<p>La pregunta es, entonces, que hace un sujeto así en la Convención Constitucional. Y, más específicamente, qué va a hacer a la Comisión de Derechos Humanos de esa misma corporación.</p>
<p>Nadie duda que toda persona tiene derecho a incorporarse a la instancia que desee, nadie duda que, para realizar ese cometido, se encuentra amparado por la ley. Eso está fuera de discusión. Porque ese derecho se lo confiere la ley. Desde este punto de vista, coincidimos con Juan Pablo Cárdenas cuando señala, con resignación:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Aunque nos repugne el hecho de que un ex almirante y edecán de Pinochet participe en la Comisión de Derechos Humanos de la Convención Constituyente, lo cierto es que no se le puede negar a Jorge Arancibia su asistencia a las instancias que estime dentro del ámbito para el cual fue elegido y sin que hasta aquí haya juicio o acusación fundada que lo inhabilite para el ejercicio de sus tareas dentro del esfuerzo por redactar una nueva Carta Magna”<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.</p>
<p>Pero lo que está en tela de juicio es otro hecho, un aspecto diametralmente diferente de la legalidad. Ese hecho es su conducta abiertamente inmoral. Su desvergüenza. Pues, en este caso, menester es recordar la distancia sideral que suele existir entre una disposición legal y un precepto ético. Y que existen, por lo mismo, disposiciones jurídicas abiertamente inmorales e inmoralidades absolutamente legales.</p>
<p>La presencia de un sujeto de esa naturaleza en la Convención Constitucional y, más encima, dentro de la Comisión de Derechos Humanos, no es casual; mucho menos, fortuita. Es una presencia política. Tiene un objetivo específico. Obedece a un plan diseñado con el propósito de entorpecer el trabajo de esa instancia. Circunstancia que un político experimentado, como lo es el ex presidente Lagos, es incapaz (¿o escasamente interesado?) de comprender:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] el tema de fondo es que todos los que están allí, es porque fueron elegidos. Sus pares no pueden decirle <em>usted no tiene derecho a estar presente en tal o cual reunión […]</em>”</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] no es propio de un sistema democrático, así de simple<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>”.</p>
<p>Pero no se trata de un problema ‘eleccionario’ como parece entenderlo el señor ex presidente. Se trata de determinar el rol que va a desempeñar un sujeto de esas características a una instancia como lo es la CC. Un rol similar al que cumplen otras dos mujeres, en representación de la misma lista, y un ex subsecretario de salud de Piñera que debió abandonar el cargo que ocupaba, y que hoy está investigado por oscuros manejos dinerarios durante ese desempeño. Son, todos ellos, personajes colocados a fin de cumplir determinadas funciones dentro de la Convención Constitucional. Dice, un diario de Santiago, respecto de ese ex subsecretario y sobre su intempestiva salida:</p>
<p style="padding-left: 80px;">“Gastos sin respaldo, servicios de salud en serios problemas financieros, la sombra de las auditorías al uso de recursos en los hospitales y servicios de salud durante la pandemia, así como en el arriendo de residencias sanitarias y el pago a una constructora en quiebra a cargo del nuevo Barros Luco, fueron los factores que hicieron que la permanencia del subsecretario de Redes Asistenciales se tornara insostenible. Desde septiembre, al menos, que Zúñiga y sus asesores venían preparando una salida «limpia», tal como se trató de hacer esta semana, poniendo el foco público en el cierre de un ciclo y sus aspiraciones de asumir una candidatura en la VI Región”<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</p>
<p>No deja de ser sarcástico que haya sido Zúñiga el encargado de calificar la reasignación de los gastos de los constituyentes como una ´vergüenza’ y lamentara que</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] esa plata sale de los bolsillos de todos los chilenos, porque son más impuestos que se destinan”<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>.</p>
<p>No es descabellado, entonces, poner en tela de juicio la labor — desde el punto de vista ético, naturalmente — que pueda desarrollar en la Comisión de Derechos Humanos de la Convención Constitucional un ex almirante, encargado de propagar la impunidad a las violaciones de los derechos humanos y de hacer apología a la violencia —que tanto critican los sectores gobiernistas— a través de la propia televisión estatal. Y concluir que su labor no es otra que entorpecer el trabajo de los demás convencionales constituyentes. Algo similar a la labor de ese ex subsecretario, cuya</p>
<p style="padding-left: 80px;">“[…] situación colmó la paciencia en La Moneda y rápidamente la línea de crédito política de Zúñiga se agotó”<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>.</p>
<p>No podría terminar, sin embargo, este trabajo soslayando un hecho grave, ejemplo clásico de violación de los derechos humanos que el ex edecán de Pinochet y ex almirante de la Marina pareciera estimar como un hecho normal.</p>
<p>El día 21 de octubre de 2019, el joven Manuel Alejandro Rebolledo Navarrete había terminado de participar en una manifestación en contra del Gobierno, en la Población Libertad, en Talcahuano, y volvía a su hogar, junto a otras personas. Un camión de la Armada, manejado por el cabo Leonardo Medina Caamaño, empezó a seguirlo. El seguimiento se tornó en persecución. Nadie sabe por qué, precisamente, a Manuel Alejandro, quien, de todas maneras, intentó huir, corriendo hacia la berma. El vehículo, no obstante, siguió tras él con la aviesa intención de atropellarlo. Finalmente, lo hizo. Lo embistió en la ladera de una elevación del camino, pasó por encima de su cuerpo y reventó sus entrañas, causándole la muerte<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>. No hemos oído que el ex almirante haya intentado interponer sus buenos oficios ante la Armada; no hemos escuchado intervención suya alguna repudiando los hechos. Y pretende ir a dar clases de derechos humanos a la Comisión de la Convención Constitucional… Inútil sería pedirle que abogara por la salvación de los queules en el sector de Biobío, península de Tumbes, amenazados por la explotación inmisericorde de esas tierras. Quien es incapaz de hacer oír su voz en defensa de la vida de un compatriota menos lo va a hacer en defensa de árboles nativos en peligro de extinción.</p>
<p style="padding-left: 80px;">“El queule es un árbol endémico de Chile catalogado como una especie en peligro de extinción. Es considerado patrimonio natural del país y desde 2012, fue declarado árbol de Talcahuano. Sin embargo, los únicos ejemplares de la comuna se encuentran en terrenos bajo administración de la Armada en la Península de Tumbes, sitios que han sido objeto de una sistemática explotación forestal durante décadas por la institución”<a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a>.</p>
<p>Los negocios de la Armada en torno a la explotación forestal de las tierras entregadas a ella para su cuidado son más importantes. Tal es la ética que prevalece en nuestro país.</p>
<p>Santiago, agosto de 2021</p>
<h2></h2>
<h2>Notas:</h2>
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Redacción: “’Si seguimos así, yo pesco un fusil y voy a matar comunistas’: el brutal relato de Arancibia sobre su posición durante la UP”, La voz de los que sobran, agosto 5 de 2021. Con negrita en el original.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Cárdenas, Juan Pablo: “El pecado original y el almirante Arancibia”, ‘El Clarín’, 15 de agosto de 2021.</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> León, Rodrigo: “Ricardo Lagos sale en defensa de Jorge Arancibia: ‘No es propio de un sistema democrático’”, ‘El Dínamo’, 15 de agosto de 2021.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Saleh, Felipe: “La verdadera trastienda de la salida de Arturo Zúñiga del MINSAL”, ‘El Mostrador’, 05 de noviembre de 2020.</p>
<p><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Redacción: “Arturo Zúñiga y aumento de las asignaciones: ‘Esa plata sale del bolsillo de todos los chilenos’”, 24 horas, TVN, 13 de agosto de 2021.</p>
<p><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Saleh, Felipe: Art. citado en (4).</p>
<p><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> Redacción: “17 de agosto: Fijan audiencia de preparación de juicio oral contra marino imputado por el asesinato de Manuel Rebolledo”, ‘Resumen’, 13 de agosto de 2021.</p>
<p><a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Redacción: “Queule: El árbol en peligro de extinción amenazado por la Armada en la Península de Tumbes”, ‘Resumen’, 22 de agosto de 2021.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/08/23/el-concepto-de-derechos-humanos-y-el-rol-de-un-ex-almirante-en-la-convencion-constituyente/">El concepto de Derechos Humanos y el rol de un ex Almirante en la Convención Constituyente</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>Sindicatos de patrones vs sindicatos de trabajadores</title>
		<link>https://piensachile.com/2016/03/09/27089/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Mar 2016 01:33:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[clotario blest]]></category>
		<category><![CDATA[cut]]></category>
		<category><![CDATA[la hipocresia de los patrones]]></category>
		<category><![CDATA[sindicatos]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad de fomento fabril]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad nacional de agricultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En nuestra historia, los patrones se adelantaron a los trabajadores en la idea de formar sindicatos que defendieran sus intereses de clase: la primera es la aún vigente Sociedad Nacional de Agricultura; posteriormente, la Sociedad de Fomento Fabril; en el período parlamentario, el famoso Sindicato de Obras Públicas presidido, nada menos, que por el hermano mayor de Arturo Alessandri Palma, don José Pedro.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2016/03/09/27089/">Sindicatos de patrones vs sindicatos de trabajadores</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay que ser muy ignorante o derechista chileno para sostener que Carlos Marx inventó la lucha de clases, pues fue una idea desarrollada por historiadores muy antiguos y profundizada por los socialistas utópicos, entre ellos Pierre Proudhon y, especialmente, Henri de Saint Simon.<br />
En nuestra historia, los patrones se adelantaron a los trabajadores en la idea de formar sindicatos que defendieran sus intereses de clase: la primera es la aún vigente Sociedad Nacional de Agricultura; posteriormente, la Sociedad de Fomento Fabril; en el período parlamentario, el famoso Sindicato de Obras Públicas presidido, nada menos, que por el hermano mayor de Arturo Alessandri Palma, don José Pedro – tiene una calle a su nombre, donde está ubicado actualmente la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación – y, más tarde la Confederación del Comercio.<br />
De más está decir que los sindicatos patronales han tenido siempre el camino expedito para defender sus intereses económicos por sobre los derechos de los trabajadores. En algunos casos, sus principales dirigentes empresariales se han transformado en presidentes de la república – Jorge Alessandri Rodríguez y Gustavo Ross Santa María -.<br />
El Sindicato de Obras Públicas, por ejemplo, tenía el privilegio de ganar todas las licitaciones del Ministerio de Obras Públicas por el solo hecho de integrar su directorio por los más prominentes miembros de la oligarquía parlamentaria, por ejemplo, entre otras prebendas, les fue adjudicado el proyecto del ferrocarril de Arica a La Paz.<br />
La construcción de los sindicatos obreros y de trabajadores en general ha sido mucho más difícil: en un comienzo, se agruparon en las Sociedades de Socorros Mutuos, que les permitía, a través de las cotizaciones de sus miembros, mantener un fondo que les asegurara la previsión y un montepío a las viudas de los trabajadores &#8211; posteriormente, las Mutuales se agruparon en mancomunales -.<br />
Hasta 1931, durante la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, en que se dictó el Código del Trabajo, los sindicatos obreros y de trabajadores no eran reconocidos por el Estado de Chile. Las mancomunales e, incluso, la Federación Obrera de Chile (FOCH) se desarrollaron y funcionaron en oposición al Estado oligárquico; como lo resalta muy bien el historiador Gabriel Salazar, la labor educativa en el mundo obrero de Luis Emilio Recabarren, está inspirada en la idea de independencia del mundo del trabajo respecto a los poderes oligárquicos.<br />
El Código del Trabajo, de 1931, concede a los sindicatos el poder de discutir con los patrones, a través del pliego de peticiones, las condiciones contractuales, pero no así los derechos de defender los intereses políticos de clase.<br />
La Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) estuvo adosada al Frente Popular, como rama sindical de los partidos – comunista, socialista y, en menor medida, radical -.<br />
Hubo que esperar muchos años para que pudieran existir centrales sindicales campesinas, pues el pacto del Frente Popular consistía en dejar contentos a los terratenientes sureños del Partido Radical.<br />
Don Clorario Blest, el más importante dirigente y fundador de la Central Única de Trabajadores (CUT), un cristiano revolucionario y consecuente, fue capaz de visualizar una ruptura mancomunada de obreros y trabajadores  con el Estado burgués, a fin de luchar por el poder popular.<br />
Los gobiernos de la Concertación, bajo la idea de que los movimientos populares se mantuvieran calmos y suspendieran sus reivindicaciones en aras de una supuesta consolidación democrática ante el temor de un resurgimiento de grupos militares golpistas, lograron la mantención, casi intacta, del  funesto modelo, impuesto por el pinochetista José Piñera Echeñique.<br />
La CUT, muy debilitada, pasó a manos de dirigentes democratacristianos, entre ellos Manuel Bustos, y la  sindicalización se redujo al mínimo, así como también  la capacidad para negociar sus reivindicaciones. La consecuencia de esta inacción sindical condujo a una inercia tal que estas instituciones ya no tuvieran el mismo poder de convocatoria para poner en cuestión el orden neoliberal, tan bien gestionado por los gobiernos de la Concertación, que sólo rendían cuenta en la Casa Piedra, y el Presidente debía inclinarse ante los gremios empresariales.<br />
En la actualidad se garantiza el derecho a huelga pero, sabemos por experiencia, que no existe, pues los trabajadores pueden ser reemplazados – por trabajadores internos y externos &#8211; sin mayores problemas.<br />
El actual proyecto reforma laboral no tiene nada de revolucionario: sólo se trata de garantizar el desarrollo de los sindicatos de trabajadores y el uso legítimo del derecho a huelga, impidiendo su reemplazo por trabajadores tanto internos, como externos.<br />
Un proyecto tan moderado como el actual, incluso los senadores democratacristianos se dan el lujo de cuestionarlo, demostrando así el poder de algunos miembros de este Partido para proteger sus intereses personales, el de los sindicatos patronales, en desmedro de la mínima modernización del movimiento sindical chileno.<br />
Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)<br />
08/03/2016</p>
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		<title>Principios teóricos en las luchas sociales de Clotario Blest</title>
		<link>https://piensachile.com/2015/05/26/principios-teoricos-en-las-luchas-sociales-de-clotario-blest/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 May 2015 23:04:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Clotario Blest perteneció a esa clase de católicos que se alzó contra el poder. Fue un cristiano que no vaciló, al igual que su ‘Maestro’, en levantar el látigo para arrojar a los mercaderes del templo convencido que la tolerancia tiene límites, sobrepasados los cuales toda acción destinada a revertir la situación se convierte en legítima. No por otra cosa decía, a menudo:<br />
<strong>“Entre un cobarde y un violento, me quedo con el violento”.</strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/05/26/principios-teoricos-en-las-luchas-sociales-de-clotario-blest/">Principios teóricos en las luchas sociales de Clotario Blest</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>I Parte: PRINCIPIOS GENERALES</strong><br />
Al cumplirse 25 años de la muerte de Clotario Blest Riffo, a quien hemos descrito en otro de nuestros trabajos como</p>
<p style="padding-left: 60px;">“[…] uno de los hijos más ilustres que ha producido la tierra chilena[…]”<a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>,</p>
<p>más que traer a la memoria un recuerdo suyo en forma de anécdota o chascarro nos ha parecido mejor hacerlo en torno a los principios que orientaron su vida. En los momentos en que esta nación enfrenta escándalos político/financieros que han hecho poco menos que estremecerse su institucionalidad, en los momentos en que flaquean algunos de los principios que caracterizaron la conducta de antaño de gran parte de la dirigencia nacional, la figura de este hombre ejemplar se alza como un severo juez presto a dictar su dura sentencia sobre quienes, engañando a la comunidad, sólo buscaron disputarse el mejor derecho a administrar la miseria de su sector más desprotegido; de esa manera, buscaban proteger sus interés tanto personales como familiares. Clotario Blest, gústele o no a quien sea, es el símbolo indiscutido de una moral que debería estar orientando permanentemente la vida del chileno.<br />
Existe, sin embargo, un problema que no deja de ser importante: si bien Clotario Blest fue un incansable redactor de documentos, no dejó escrito en forma sistemática los principios que orientaron su pensamiento político ni social; ni siquiera en esa forma explícita habitual, no exenta de repetición, que toda persona emplea para resolver las dudas que puedan generar sus afirmaciones. En ese sentido es que sostenemos nosotros que no fue un ‘ideologo’ en el sentido tradicional de la palabra. No por algo señalábamos sobre el particular en un documento que diéramos a la publicidad en diciembre del pasado año:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Aunque escribió mucho sobre sindicalismo y organización, Blest no fue un ideólogo. De sus obras (dispersas aún en hojas mimeografiadas o mecanografiadas que quedaron en poder de sus más cercanos colaboradores) no puede deducirse una completa teoría social. Sin embargo, quienes tuvimos la suerte y honra de trabajar junto a él en los difíciles años de la dictadura pinochetista, sabemos que defendió siempre el derecho de los trabajadores a construir una nueva sociedad; podemos aseverar, al mismo tiempo, que su vida estuvo regida por principios que defendió como pilares básicos de una organización social verdaderamente participativa. Estos principios, de una u otra manera, los ha hecho suyos la organización que creara en 1970 (el CODEHS) y que supervive aún en el trabajo de muchos de sus colaboradores”<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.</p>
<p>Por eso, acometer la tarea de determinar algunos de los principios teóricos que orientaron los actos en su vida nos impele no sólo a conocer sus discursos, los textos que escribió, sino, además, recurrir a examinar su vida personal, sus lecturas, sus expresiones, sus conversaciones, sus relaciones de amistad y, especialmente, los actos que a diario ejecutaba. Así, aún cuando muchos de nosotros fuimos testigos de sus actos, la exégesis se nos presenta en el carácter de ineludible; pero de todas maneras no impide que podamos realizar nuestro cometido: intentar hacer una especie de compendio de sus ideas es una tarea no exenta de tropiezos. Pero es algo que invita a pensar y a descubrir los ejes centrales que orientaron el sentido de su vida.<br />
<strong>EL CATOLICISMO COMO DOCTRINA</strong><br />
Podemos empezar diciendo que Clotario Blest era un hombre católico, descripción que poco pareciera ayudarnos en nuestro propósito de señalar los principios teóricos que guiaron su acción social; y es que el catolicismo —como rama del cristianismo—presenta, a su vez, un impresionante número de variables, opciones o tendencias. En palabras más simples: no es una corriente doctrinaria que pueda considerarse homogénea, única, sino por el contrario ofrece una impresionante gama de vías a seguir.<br />
En este sentido, quisiéramos sentar aquí, antes de todo, una premisa inicial: constituye un error de proporciones considerar al catolicismo como una simple ‘doctrina de paz’ sin analizar las corrientes que, en su interior, se manifiestan. El simple hecho que el catolicismo acepte la existencia de capellanes militares que, a menudo, acompañan al condenado a muerte al cadalso, muestra un rostro de esa religión muy diferente al que habitualmente se supone. Del mismo modo, la circunstancia que obispos como Eladio Vicuña Aránguiz o Emilio Tagle Covarrubias hayan estrechado filas junto a la dictadura (católica, por cierto) pinochetista evidencia el rol de esa corriente cristiana que privilegia la imposición de una solución militar a las controversias sociales por sobre cualquier otra. Al otro lado, y por el contrario, en las luchas emancipadoras del continente americano, podemos descubrir una cantidad no despreciable de sacerdotes católicos que jugaron un rol de especial relevancia pues, en no pocos casos, tomaron las armas en defensa de la autonomía de los pueblos. Un comportamiento similar puede advertirse en un sector de obispos y sacerdotes de la Iglesia Católica que estrecharon filas en la lucha de los desamparados en contra de la dictadura pinochetista, junto a su Cardenal Raúl Silva Henríquez.<br />
Así, el catolicismo no puede concebirse, simplemente, como una doctrina de paz y de sumisión sino, muy por el contrario, como un credo que también incita a la acción social tanto de quienes desean imponer su voluntad sobre los demás como de los que se rebelan contra el poder estatuido.<br />
<strong>LA OPCIÓN CATÓLICA DE CLOTARIO BLEST<a href="#_edn3" name="_ednref3"><strong>[3]</strong></a></strong><br />
Y puesto que, en el transcurso de la vida, todo ser humano debe no sólo descubrir ciertas claves que van a determinar su destino, sino definirse frente a las alternativas que se le ponen por delante, también Clotario Blest lo hizo. Fue, pues, católico; pero no cualquier católico sino uno de aquellos que prefirió tomar partido en la corriente que optó por luchar a favor de los desamparados, aquella que se sintió heredera del Cristo obrero, el Cristo cuyos amigos eran los pescadores y las prostitutas porque veía en los primeros la laboriosidad del trabajador que crea el sustento para toda una comunidad y, en las segundas, la desgracia de un sector de la humanidad (la mujer) sometido a la voluntad del hombre y condenado a vender su cuerpo para poder subsistir<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.<br />
Asumir una conducta equivale a rechazar, implícitamente, otra. Es una ley de la dialéctica. Si Clotario se definía a favor del Cristo obrero, era porque rechazaba de plano la concepción conservadora del Cristo Rey; si aceptaba al Cristo amigo de los humildes era porque rechazaba al Cristo de los poderosos y de los nobles. Y si aceptaba una Madre de Dios capaz de lavar los pañales de su hijo era porque rechazaba la Reina Madre rodeada de un séquito de sirvientas que criaban a su hijo y lo vestían con ropajes de oro y piedras preciosas. Quienes trabajamos con él en algún momento de su vida, podemos incluso asegurar jamás haberle oído hacer una referencia a un ‘Señor’ (mucho menos a un ‘Señor de los Ejércitos’) sino a Cristo, su maestro y amigo; porque las referencias a un Dios basadas en el trato sumiso del siervo o del vasallo a ‘su señor’ estaban fuera de sus concepciones.<br />
Pero el catolicismo de Blest no se limitaba solamente a estas consideraciones. Tomando como base que el amor cristiano es impaciente, también Clotario era impaciente precisamente por el amor que sentía hacia su prójimo. Entonces, las tendencias conservadoras de ese catolicismo que obligan al creyente a soportar estoicamente los sufrimientos en la tierra esperando una recompensa celestial a recibir en una eventual ‘otra vida’, caían hechas trizas ante a un católico que no esperaba sino, por el contrario, consideraba imperativo exigir por sus derechos, reivindicar el lugar que le correspondía desempeñar en la construcción de la sociedad y resolver de modo colectivo los graves problemas particulares del ciudadano corriente.<br />
Hechas estas consideraciones, podemos entender que el cristianismo de Clotario Blest era muy diferente al enseñado por algunos pastores en el curso de la historia. Y le permitió establecer una serie de principios auténticamente revolucionarios que irían a marcar el curso de su vida. A éstos nos referiremos en las páginas que se siguen.<br />
<strong>PRINCIPIO DEL EJERCICIO DE LA FUERZA</strong><br />
Clotario Blest perteneció a esa clase de católicos que se alzó contra el poder. Fue un cristiano que no vaciló, al igual que su ‘Maestro’, en levantar el látigo para arrojar a los mercaderes del templo convencido que la tolerancia tiene límites, sobrepasados los cuales toda acción destinada a revertir la situación se convierte en legítima. No por otra cosa decía, a menudo:<br />
“Entre un cobarde y un violento, me quedo con el violento”.<br />
Es esa concepción la que lo hace formular un dramático llamado a los trabajadores para alzarse y tomar las armas en contra del Gobierno de Jorge Alessandri, en 1960:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Justo hoy cuando el gobierno del oligarca Alessandri cumple dos años en el poder, nosotros le decimos ¡la paciencia de los trabajadores se acabó! Debemos despertar de este letargo; los obreros, empleados y campesinos deben salir de este sueño soporífero para levantarse en armas y derribar a este gobierno reaccionario […]<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>”</p>
<p>No debe sorprender, en consecuencia, que ese noble sindicalista católico sintiese una profunda admiración por Ernesto ‘Che’ Guevara a quien situaba en un pedestal similar a aquel donde colocaba al Cristo social, sin importarle que se tratara de una persona que se había alzado en armas en contra del poder constituido en Cuba. De hecho, dos de los más grandes cuadros que adornaron las paredes de su casa, en Ricardo Santa Cruz 630, tenían las efigies de Cristo y del Che Guevara.<br />
Blest admiraba la Revolución Cubana y defendía la opción guerrillera de Camilo Torres. Jamás se sorprendió o rasgó vestiduras ante los revolucionarios que optaban por el uso de las armas. Y justificaba ese tipo de conductas cuando ellas sobrepasaban los límites de la paciencia y de tolerancia. Me corresponde referirme a una personal experiencia, al respecto.</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Personalmente, guardo el recuerdo de una conversación —entre muchas— que sostuvimos en una oportunidad, a propósito del dolor de las madres, cónyuges e hijos de los detenidos desaparecidos y ejecutados durante la dictadura militar de Pinochet. Sus palabras, duras, atrevidas, tenían la conmovedora sinceridad que lo caracterizó:</p>
<p style="padding-left: 60px;">«Cuando pienso en el drama de estas personas, cuando pienso que también todo ello pudo sucederme a mí, puede Ud. estar seguro, Manuel, que no hubiere vacilado en salir, a la calle, enloquecido, a matar»”<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>.</p>
<p>Clotario Blest fundó el MIR, que no se caracterizó por ser un partido tradicional que entendía la toma del poder como un simple acto electoral. El MIR se pronunció por el ejercicio legítimo de la fuerza como forma de acceder al control de la nación para organizar una nueva sociedad; el MIR se creó para organizar la insurrección popular, lo que implicaba la toma violenta del poder por parte de la población nacional. Clotario aceptaba esa violencia, con una sola limitación: que esa tarea no condujese a la inmolación de quienes irían a emprender semejante tarea ni que la misma se realizase a espaldas de los sectores sociales en cuyo nombre se actuaba (trabajadores y pobladores). Tal fue una de las causas que lo hicieron reflexionar acerca de su permanencia como militante activo del MIR. Clotario no sólo tenía dudas acerca de la capacidad militar de esa organización sino de su estrecha vinculación con los movimientos sociales, visión muy similar a la que manifestaba Luis Vitale, contenida en el documento presentado al Comité Central del MIR en abril de 1969, donde se puede leer, entre otras cosas:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Una cosa es realizar esporádicamente alguna acción de este tipo, como expropiaciones de bancos, medida con la cual estamos de acuerdo, y otra es concentrar los mejores recursos militantes en esta tarea, decisión táctica que realizada antes de que el partido haya logrado una penetración profunda en el movimiento obrero y campesino, coarta las posibilidades de establecer cordones umbilicales con los oprimidos. Así se retarda en lugar de acelerar el inicio de la insurrección […]”<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a></p>
<p><strong>EL PRINCIPIO DE LA JUSTICIA INMANENTE</strong><br />
Clotario Blest creía en la justicia, pero no en la que aplicaban los tribunales, pues sabía que aquella mostraba un doble carácter: que había justicia tanto para los poderosos como para quienes carecían de poder. El sindicalista defendía la existencia de una justicia inmanente, distinta, una justicia derivada de principios éticos supremos originados en torno al respeto de la persona humana. Difería en este aspecto de la justicia aristotélica (y, por ende, de Ulpiano) para quien ‘justicia era dar a cada uno lo que le corresponde’, sacralizando, de esa manera el dominio de una clase por otra. Por eso, era implacable con aquellos que lucraban o ejercían el derecho a disponer de la vida o la libertad de los demás, típica expresión de una clase o fracción de clase acostumbrada a ejercer el poder material sobre un conjunto social al que supone propiedad suya.<br />
No deja de ser admirable la sentencia que pronunció aquel día 25 de febrero de 1979 cuando un vasto contingente social realizó la romería a los hornos de Lonquén, lugar donde habían sido encontrados los cuerpos semiconsumidos por la cal de la totalidad de los varones que componían las familias Maureira y Recabarren, asesinados por la dictadura pinochetista. Blest, a la cabeza del Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales CODEHS, organización que había fundado en 1970 y aún presidía, subió al cerro que se levantaba contiguo a los hornos. Patricia Matus de la Parra describe de esta manera aquella escena:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“El sol está detrás de él y su cuerpo pequeño no se compara con la potencia de sus palabras y la fuerza de su voz. Llama a los familiares a que no se detengan en su búsqueda de justicia exclamando con profunda emoción ‘no busquen entre los muertos a los que están vivos, levanten la mirada, levanten la mirada hacia el cielo […]’. Mucho rato después, mientras las enfermeras y médicos destinados a auxiliar a .los afectados continuaban su labor, la columna humana inicia su descenso hacia la iglesia de Lonquén”<a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a>.</p>
<p>Sin embargo, aquellas palabras eran solamente una parte de un discurso destinado a sembrar esperanzas en personas que lo habían perdido todo. Por eso, su voz no decayó cuando, desde lo alto del lugar en donde estaban ubicados los hornos de cal, exclamó con rabia:<br />
“Pero eso no significa perdonar; tampoco olvidar. Eso nunca. Lo digo aquí y lo diré siempre: ¡Ni olvido ni perdón!”<br />
El concepto de justicia de Clotario Blest era total. Muy diferente al que mostrarían, más tarde, los líderes de la Concertación, empeñados en ocultar los documentos de la Comisión Valech hasta que hubieren fallecido todos los herederos de las víctimas de la represión, para evitar dar a conocer los nombres de los victimarios.<br />
<strong>PRINCIPIO DE LA IMPACIENCIA : CLOTARIO BLEST Y SU RECHAZO AL ‘CAPITAL DE GRACIA’</strong><br />
La impaciencia del amor cristiano, presente en las ideas de Clotario Blest, le impedía aceptar la permanencia de una vida de sufrimientos para los sectores dominados de la sociedad. El sindicalista no tenía capacidad para entender, siquiera, que alguien pudiese predicar la multiplicación de la resignación jobana en el proletariado como requisito <em>sine qua non</em> del ingreso al reino de los cielos. No aceptaba, en suma, que en vez de acumular riquezas, estuviese el pobre obligado a acumular sufrimientos y privaciones para alcanzar la vida eterna o el tan mentado ‘premio celestial’. Para Blest, hacer el bien para el sólo efecto de recibir un premio era la manifestación más elocuente de concebir la sociedad como un vasto mercado en donde solamente la formación de un ‘capital de gracia’, o la ‘acumulación’ de obras buenas habilitaba para recibir el premio eterno, lo que repugnaba a la conciencia de líder sindical. Para Blest, ciertos sectores de la Iglesia realizaban la acumulación capitalista en espera de la recompensa de una vida eterna, lo que le resultaba francamente inaceptable.<br />
“Prefiero a los ateos que hacen el bien sin esperar recompensa alguna en la vida eterna, a los católicos que sólo actúan de buena manera porque serán premiados. Eso no es cristianismo sino comercio.”<br />
El cristianismo de Clotario Blest era, en consecuencia, una doctrina social. Pero no la misma de Alberto Hurtado; ni siquiera la del Padre Vives, sino una más potente: la que exigía el protagonismo social del conjunto de las clases dominadas, concepto que jamás usó y que nosotros empleamos aquí porque nos parece que define con mayor propiedad lo que el dirigente sindical buscaba para la sociedad chilena. Porque Clotario quería una ‘democracia del proletariado’ o, en palabras más técnicas, una ‘ergocracia’, como la llamaba, empleando la denominación que usara su amigo Víctor Krüger, como lo veremos más adelante.<br />
La impaciencia de Clotario Blest marchaba a parejas con el rigor del cumplimiento del deber y, con mayor razón, de la palabra empeñada. Cuando eso no sucedía, el sindicalista se molestaba profundamente. En no pocas oportunidades, el simple hecho de no asistir a las reuniones o llegar tarde a ellas, de no redactar un documento, de no hacer un contacto sindical, de olvidar una tarea, le hacía exclamar, con visible molestia:<br />
“¡Nuevamente estamos como las ‘virgenes necias’! ¡Esto no puede ser!”<br />
<strong>LA ESTRATEGIA DE LA ‘DEMOCRACIA DEL PROLETARIADO’ O ‘ERGOCRACIA’</strong><br />
Se puede descubrir en Clotario una constante que define su estrategia: la toma del poder por parte de la clase trabajadora lo cual quiere decir, simplemente, que sólo tienen derecho a dirigir un país, una nación o una formación social quienes trabajan y, en consecuencia, los que verdaderamente hacen posible la perpetuación de esa sociedad. Y cuando se habla de ‘trabajar’ no se hace referencia sino a la actividad de quienes no tienen otra mercancía que vender sino tan sólo su fuerza o capacidad de trabajo, llámense éstos ‘productores directos’ o simplemente funcionarios del comercio, de la banca o de la industria. El objetivo debe ser uno: simplemente la construcción de lo que el propio Clotario llamaba ‘democracia del proletariado’, concepto que identificaba a la nueva sociedad que propugnaba y que hoy podemos asimilar a lo que Marx denominaba ‘autogobierno de los productores directos’, con una sutil diferencia: Marx hacía referencia a los obreros ‘productivos’ como fuerza hegemónica de esa organización; Blest comprendía a todas las clases dominadas, sin mención a una fuerza de esa naturaleza. Se puede colegir de todo ello que no fue casualidad en modo alguno la selección de aquella frase que acuñara Karl Marx para la Primera Internacional ‘La liberación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos’ como lema de la Central Única de Trabajadores de Chile CUT.<br />
La ‘democracia del proletariado’ fue denominada, también, por Clotario Blest, ‘ergocracia’, concepto que, como ya lo hemos dicho, tomó de la obra de su amigo Víctor Krüger ‘Ergocracia’, libro que siempre tenía consigo y que consultaba de vez en cuando para fijar algunas de sus ideas. Porque Víctor Krüger había escrito esa obra buscando una denominación alternativa a lo que Friedrich Engel denominara, de manera tan poco felíz, ‘dictadura del proletariado’<a href="#_edn9" name="_ednref9">[9]</a>.<br />
&nbsp;<br />
<strong>II Parte: PRINCIPIOS ESPECIFICOS.</strong><br />
En las ideas de Clotario Blest, la tarea de construir la ‘ergocracia’ estaba condicionada al cumplimiento de cuatro tareas previas, la primera de la cual era obtener la ‘unidad sindical’; la segunda era el empleo de la ‘desobediencia civil’ en las luchas sociales; la tercera, el uso de la ‘no violencia activa’ en el desarrollo de esas mismas luchas, y la cuarta y última era la asunción del modelo guevarista del ‘hombre nuevo’. A estos principios nos referiremos de inmediato.<br />
<strong>1. EL SINDICALISMO Y LA UNIDAD SINDICAL</strong><br />
Para Clotario Blest, el sindicalismo era y debía ser, siempre, el motor de los cambios. No importaba si se trataba de obreros productivos o simplemente ‘empleados’, es decir, vendedores de fuerza o capacidad de trabajo destinados exclusivamente a la prestación de ‘servicios’, a la transferencia del plusvalor y no a la creación del mismo. Como lo señaláramos más arriba, difería el sindicalista en esta materia de la visión de Karl Marx para quien el motor de la revolución y de los cambios debía ser el ‘obrero productivo’, el ‘productor directo’, el verdadero productor de plusvalor.<br />
Entendidas así las cosas, ¿cómo sería posible llevar a cabo la construcción de una ‘democracia del proletariado’ o ese ‘autogobierno de los productores directos’?<br />
Si la ‘democracia del proletariado’ o ‘ergocracia’ solamente era posible construirla con la fuerza social que arranca del sindicalismo, Clotario estimaba que la unidad sindical era el requisito <em>sine qua non</em> de toda acción destinada a poner en tensión la naturaleza misma del sistema.<br />
Sin embargo, esa unidad no había de entenderla en forma restrictiva; si bien, en un principio, debía ser entendida en el carácter de ‘unidad sindical’, sería forzoso extenderla, luego, a todas las organizaciones sociales bajo la conducción de la ‘clase trabajadora’. En este sentido, las diferencias entre las ideas de Karl Marx y Clotario Blest se reducían a la nada, pues ambos le asignaban un rol central a la acción en conjunto de la clase trabajadora. La unidad de los trabajadores fue pues, el norte que guió las acciones de Clotario Blest. Y era tan manifiesta en él esta concepción que, incluso en plena dictadura, como lo señaláramos en una de nuestras obras,</p>
<p style="padding-left: 60px;">“[…] cada vez que […] encontraba a Tucapel Jiménez en las reuniones de la ANEF o en los actos a los cuales ambos concurrían, no vacilaba en repetirle, como una cantinela:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“La unidad sindical, Tucapel, la unidad sindical. Eso es lo primordial”<a href="#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>.</p>
<p>La idea de la unidad sindical fue un norte que persiguió a Clotario hasta su muerte. Hábil, perspicaz, conocedor del alma humana, aquel 1 de mayo de 1952 se dio cuenta de inmediato que si esperaba lograr acuerdos con la dirigencia sindical la unidad jamás plasmaría por más que se agotara en sucesivas conversaciones. Entonces ideó una estratagema. Puesto que en el transcurso del acto deberían hacer uso de la palabras varios dirigentes entre los cuales se contaba él, esperó pacientemente su turno. Cuando le tocó hablar a los trabajadores reunidos en la Plaza de los Artesanos, comenzó destacando el inmenso poder que todos ellos tenían, poder que sólo podría ejercerse si se unían en torno a una sola central sindical. En un momento de su intervención, dirigiéndose a todos ellos, les gritó:<br />
“¡Sólo la unidad sindical hará posible que triunfemos en nuestras demandas! Por eso les pregunto: ¿quieren o no la unidad sindical?”<br />
Un inmenso clamor respondiendo ‘sí’ se escuchó responder a la muchedumbre. Y Clotario insistió:<br />
“¡Entonces, díganselo a todos estos dirigentes! ¡Díganles ustedes mismos que quieren la unidad!”<br />
Entonces, durante minutos que parecieron siglos se escuchó solamente ‘unidad’, ‘unidad’, ‘unidad’. La Central Única de Trabajadores de Chile comenzaba a nacer.<br />
Las ideas de Blest diferían profundamente de las que tenía el Padre Hurtado para quien los católicos deberían unirse en torno a una central sindical católica que llamó Asociación Sindical Chilena ASICH. Convencido que la unidad sindical de todos los trabajadores, sin excepción, era crucial para provocar el encuentro de toda una nación consigo misma y realizar la toma definitiva del poder por parte de la población, era lógico que el sindicalista acusara a Alberto Hurtado de ‘divisionista’, pues la proposición del segundo santo chileno atropellaba los principios de unidad defendidos por él.<br />
La unidad sindical, sin embargo, no podía ser posible sin la concurrencia de otros requisitos entre los cuales era posible señalar los siguientes principios:<br />
a. La independencia;<br />
b. La autonomía;<br />
c. El internacionalismo;<br />
d. La cooperación; y<br />
e La solidaridad.<br />
Intentemos dar una idea general de todos estos principios.<br />
<strong>a.  La independencia</strong><br />
Blest consideraba que las organizaciones de los trabajadores (mutuales, asociaciones, sindicatos, federaciones y confederaciones de sindicatos) debían ser independientes, es decir, estructuras ajenas a toda injerencia partidaria o de alguna organización política; con mayor razón, de los Gobiernos. Lo cual no significaba en modo alguno privar a los miembros de ese sindicato o federación de su derecho a militar en una organización política. La independencia establecía como única condición no someter la organización sindical a la dirección de un partido o estructura política.</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Blest jamás puso en tela de juicio el derecho que cada persona tiene a participar en la organización política que considere más cercana a sus ideas, pero sí mantuvo su más enérgico rechazo al sometimiento absoluto que algunos partidos exigen de su militancia obligándola a poner por encima del interés colectivo, el de la propia organización política.</p>
<p style="padding-left: 60px;">La adopción de este principio no fue casual. Blest sabía que, cuando no se respeta, se deja abierta la puerta al ingreso de la cooptación, con lo que se inicia la corrupción del sujeto y de la institución que dirige. Lo había experimentado en carnes propias”<a href="#_edn11" name="_ednref11">[11]</a>.</p>
<p> Anteponer el interés político-partidario al interés colectivo (social o sindical) constituía uno de los más graves errores que podía cometer un dirigente, a juicio de Blest, pues esa práctica impedía resolver los reales problemas de la clase trabajadora. Y ponía en riesgo la propia unidad de esa clase. Tal situación era tanto o más censurable cuando las organizaciones sindicales adherían a partidos que participaban en la formación de una coalición gubernamental. En ese caso, sus actos perdían toda la imparcialidad que debería caracterizarlos. La independencia era, pues, un requisito indispensable para mantener la unidad sindical y el poder de la clase obrera.<br />
<strong>b. La autonomía</strong><br />
La autonomía de la clase trabajadora implicaba el derecho que tenían las organizaciones sociales a darse la estructura y forma de funcionamiento que deseaban, con prescindencia de lo que podían indicar las leyes o reglamentos.<br />
Al contrario de las ideas autoritarias que se inclinan ante la majestad de la ley, Blest sostenía que las organizaciones sindicales no debían ser reguladas previamente por el legislador sino éste debía sancionar y reconocer como legítimo el entramado jurídico que acostumbran a darse los propios trabajadores. El caso más notable de la defensa de este principio fue protagonizado por la propia Central Única de Trabajadores CUT que, a pesar de haber sido creada en 1952, sólo vino a obtener el reconocimiento jurídico durante el gobierno de Salvador Allende.<br />
La autonomía de la clase trabajadora no se limitaba, sin embargo, a esos actos. Como lo señaláramos en uno de nuestros documentos:<br />
“Esta idea de la autonomía no se limitaba solamente al tipo de organización que cada grupo social estimaba conveniente para sí. Blest sabía que, más allá de esa forma de organización autónoma que los trabajadores y pobladores podían construir para sí, subyacía la concepción según la cual el modelo de sociedad que deben darse los seres humanos ha de depender de ellos mismos y no de un poder situado por encima que los obligue a adoptar determinadas forma de organización reñidas, muchas veces, con sus intereses particulares y generales. Esta nueva sociedad, que debía reemplazar a la actual, fue llamada por él ‘democracia del proletariado’. Correspondía a lo que, en otras instancias, se acostumbraba a llamar ‘poder social organizado’, ‘poder popular’ y, también, ‘autogobierno de los productores directos’”<a href="#_edn12" name="_ednref12">[12]</a>.<br />
<strong>c. El internacionalismo</strong>.<br />
Clotario Blest era un profundo internacionalista. Como veremos más adelante, la propia Central Única de Trabajadores de Chile (primero CUTCH, luego CUT) fue conversada previamente con Juan Lechín, líder de los trabajadores bolivianos; la COB se fundó a fines de 1952; la CUT se fundó a principios de 1953. Y todo ello no fue casualidad. Blest creía que era posible crear una América unida por los intereses de los trabajadores. Un continente autogobernado por la clase laboriosa que, en definitiva, sostiene la existencia de todas las sociedades en el transcurso de la historia.<br />
<strong>d.  La cooperación</strong>.<br />
Jamás creyó Blest en la competencia como forma de poner en movimiento el ingenio y la acción dinámica del ser humano, tesis que sostiene hoy lo que se ha dado en denominar ‘darwinismo social’. Por el contrario: sostenía el sindicalista que los nexos que unen al ser humano entre sí debían ser los de la cooperación, la ayuda mutua, el trabajo conjunto por el bienestar de la comunidad.<br />
Se adelantaba Blest, en esta materia, a las investigaciones que entregan hoy los biólogos acerca del principio de la cooperación como ley fundamental para la convivencia de los seres humanos. Esta forma de relación humana es reconocida hoy como tal, asignándosele a la competencia el rol de ley universal supletoria que rige cuando la primera no está presente o se ha hecho imposible.<br />
La cooperación se funda sobre el principio según el cual la realización particular del individuo sólo es posible lograrla en la realización colectiva, es decir, en comunidad. Es la aplicación práctica del ‘uno para todos, todos para uno’. Implica, en todo caso, permanente reciprocidad.<br />
<strong>e. La solidaridad</strong>.<br />
A diferencia de la cooperación que presume el <em>do ut des, facio ut des, do ut facies et facio et facies</em>, es decir, el principio de la reciprocidad, Clotario sostenía la necesidad de practicar, además, el principio de la solidaridad, que es el dar sin esperar siquiera los agradecimientos de quien recibe la acción solidaria. Podemos suponer que ese principio, expresión de los mecanismos que provocan los actos empáticos del ser humano, lo tomó Clotario de los principios cristianos en donde se le puede descubrir bajo diversas denominaciones; incluso, ‘la alegría de dar’, o el entregar lo que se tiene sin esperar una recompensa o algo a cambio.<br />
<strong>2. LA ‘NO VIOLENCIA ACTIVA’</strong><br />
Estrechamente vinculado al concepto de la ‘unidad sindical’, el principio de ‘la no violencia activa’ constituía otro de los aspectos que era necesario considerar para avanzar en la construcción de la ‘democracia del proletariado’ o ‘nueva sociedad’. Blest arrancó este principio de las luchas sociales libradas por el Mahatma Gandhi para quien la manifestación de disconformidad con las políticas de los poderosos habían de realizarse con apoyo de grandes contingentes sociales que harían presente dicha disconformidad con tenderse en los parques públicos o en las calles y esperar la violenta reacción de la fuerza pública sin importarles lo que pudiera suceder. El objetivo era invertir el uso de la violencia y dejar establecido que los únicos que, en verdad, la emplean en contra una población inerme son los órganos represivos del Estado.<br />
De hecho, Clotario empleó la forma de protesta denominada ‘no violencia activa’ en el acto dentro del cual procedió a encadenarse, junto a los familiares de los detenidos desaparecidos, en las rejas del ex Congreso Nacional, en 1979.<br />
Sin embargo, el principio de la ‘no violencia activa’ permitió a Clotario Blest iniciar lo que se llamaría posteriormente proceso de recuperación de plazas y lugares públicos para los trabajadores. Y esto comenzó a hacerse desde antes, incluso, de la creación de la CUT: Clotario estaba convencido que, tanto plazas como lugares públicos, pertenecían a la comunidad y no al Gobierno de turno; menos a una dictadura como la pinochetista. El proceso de recuperación de las plazas y lugares públicos comenzó, pues, aplicándose otro principio que es al cual nos referiremos de inmediato.<br />
<strong>3. LA DESOBEDIENCIA CIVIL</strong>.<br />
Clotario Blest conocía el pensamiento de Henry David Thoreau y sus obras ‘Los bosques de Conrad’ y ‘La desodediencia civil’, especialmente esta última de la cual poseía un ejemplar<a href="#_edn13" name="_ednref13">[13]</a>. Siempre tuvo presente cómo aquel pensador mostró su profundo rechazo a la guerra que Estados Unidos desató contra México para apoderarse de la provincia de Texas: Thoreau se negó a enrolarse para participar en el conflicto armado, desobedeciendo las órdenes de la autoridad. En esa línea de pensamiento, sostenía Clotario que la verdadera defensa ha de entenderse como la defensa de los civiles frente a las decisiones de la autoridad; agregaba que resistir las malas decisiones de aquella no era simple rebeldía sino un problema eminentemente ético. Como Jeffersson, alegaba el sindicalista que ‘todo ciudadano tiene el derecho a sublevarse contra un gobierno corrupto o asesino’<a href="#_edn14" name="_ednref14">[14]</a>.<br />
La desobediencia civil no es un concepto pasivo; puede, en la generalidad de los casos, llegar a provocar a la autoridad y hacer que ésta desate una respuesta violenta. La fuga de quienes son apresados por las fuerzas policiales durante una protesta, el no pago de los boletos de la locomoción colectiva cuando ésta es deficiente, constituyen ejemplos manifiestos de desobediencia civil, como también lo es el no asistir o participar en los comicios electorales, en fin.<br />
Un caso típico de desobediencia civil fue protagonizado por Rodrigo Ambrosio cuando, en pleno gobierno de Eduardo Frei, llamó al campesinado a marchar por las bermas cuando aquel prohibió las marchas por las calles.<br />
En las ideas de Clotario Blest, la desobediencia civil estaba implícita y formaba parte inherente del principio de la no violencia activa.<br />
<strong>4. EL ‘HOMBRE NUEVO’</strong><br />
La cuarta premisa que Clotario Blest exigía para la construcción de su estrategia política de construir la ‘democracia del proletariado’ era la creación del ‘hombre nuevo’, concepto que Blest lo tomó prestado de las concepciones guevaristas. El hombre nuevo es el sujeto aquel que nacerá con la sociedad del futuro como consecuencia de una nueva forma de concebir las relaciones sociales, y para facilitar su llegada, sostenía Blest que quienes toman en sus manos la tarea de realizar a nombre de la comunidad nacional las transformaciones que van a conducir al establecimiento de una nueva sociedad deberían predicar con el ejemplo de sus vidas, a la manera que lo hiciera Ernesto ‘Che’ Guevara. No podían ser sujetos amantes del poder, del dinero o de las prebendas; se trataba de personas limpias, de alta moralidad, incapaces tomar para sí o para los suyos objetos, bienes o estructuras pertenecientes a otras personas o a la colectividad; estaban fuera de su concepción de ‘hombre nuevo’ los sujetos corruptos, individuos inmorales u hombres de negocios o políticos tradicionales. Los valores éticos eran fundamentales para el desempeño de cargos de representación o de dirección social o sindical. En este sentido las condiciones que puso Blest para el desempeño de labores de conducción social fueron draconianas: nada con la corrupción, nada con los negociados, nada con los sueldos altos, nada con los altos cargos estatales. La aceptación de esas prebendas y privilegios constituyen una traición a la clase trabajadora. Clotario Blest había dado un ejemplo de ello cuando el presidente Carlos Ibáñez lo llamó para ofrecerle el cargo de Tesorero General de la República. Sus palabras fueron elocuentes:<br />
“Ud. no me conoce, Excelencia. Le agradezco su gesto, pero no puedo aceptarlo. Me encuentro impedido de hacerlo. No lo hago por una cuestión de principios. Por lo demás, estaría traicionando a todos los compañeros que han confiado en mí. Ellos no me lo perdonarían. Ni yo tampoco”.<br />
No era aquel un desprecio a los cargos de gobierno ni tampoco un rechazo a desempeñar tales tareas sino su rotundo desprecio al soborno, a la forma abierta o solapada de comprar la conciencia de un ser humano cualquiera fuese su forma, aprovechando su estado de necesidad, en algunos casos, o sus deseos de escalar posiciones dentro de la escala social, en otros.<br />
<strong>LA VIDA EN PAREJA COMO LASTRE PARA LAS LUCHAS SOCIALES</strong><br />
Clotario Blest tenía una concepción muy especial del matrimonio y de la vida en pareja. Jamás se opuso a ese derecho inmanente que ejercen los seres humanos de formar una familia, pero nunca la aceptó para sí pues tenía el firme convencimiento que tal opción constituye un lastre para la realización de las tareas que demandan las luchas sociales. Y era tan profundo su convencimiento al respecto que su negativa a aceptar la vida en pareja hizo a muchos creer —equivocadamente, por cierto—, que el dirigente sindical era un misógino. Clotario Blest jamás lo fue. Sin desconocer el derecho que cada cual tiene para formar hogar y seguir por la senda de la lucha social, tomó (nuevamente) el ejemplo de Cristo y del Che Guevara que continuaron solos en ese empeño, convertido ya en verdadero apostolado. No debe sorprender, así, que cuando debió enfrentar la difícil alternativa de decidir si optar por la lucha social y la formación de un hogar, haya conversado con su prometida de entonces y de siempre, Teresa Ossandón, para acordar una separación ineludible: ella tomaría los hábitos y él dedicaría su vida a las grandes jornadas sindicales.<br />
Esta concepción clotariana no se vio en la vida práctica de la militancia del MIR, el partido en cuya organización participó. Por el contrario, la vida en pareja era uno de los rasgos que parecía constituir un derecho irrenunciable para la dirigencia de esa organización. Miguel Enríquez fue ultimado precisamente cuando se encontraba con su pareja, que era Carmen Castillo, quien esperaba un hijo suyo. Dagoberto Pérez fue muerto cuando se detuvo para proteger la huida de Andrés Pascal y Nelson Gutiérrez que permanecían en una parcela de Malloco junto a sus parejas María Inés Beausire y María Elena Bachmann, respectivamente. Gran parte de los miembros de la llamada ‘Fuerza Central’ fueron detenidos en sus domicilios o en la calle pero, en todo caso, haciendo una normal vida de hogar, junto a sus parejas quienes, en determinados casos, se encontraban embarazadas o habían tenido recientemente un bebé<a href="#_edn15" name="_ednref15">[15]</a>.<br />
<strong>LA CONCEPCIÓN DE PARTIDO<a href="#_edn16" name="_ednref16"><strong>[16]</strong></a></strong><br />
Blest jamás fue una persona que repudió a los partidos políticos. Por el contrario: en las tres oportunidades que participó en la creación de una fuerza política —‘Liga Social de Chile’, primero junto a Fernando Vives; ‘Partido Social Sindical’, PSS, cuyo presidente fue Carlos Vergara Bravo y, finalmente, el ‘Movimiento de Izquierda Revolucionaria’ MIR, junto a Luis Vitale, Humberto Valenzuela, Ernesto Miranda, Waldo Grez, Luciano Cruz, Bautista Van Shouwen y Miguel Enríquez, entre otros— lo hizo pensando en un instrumento que podría impulsar el desarrollo de las organizaciones sociales y no en un ‘partido vanguardia’, como lo concebía Lenin. Su retiro del MIR obedece, en gran medida, a esa concepción que reivindica el poder en manos de una comunidad activa y no de un selecto conjunto de ‘revolucionarios’ como terminó pregonándolo la organización que fundara. No es acertada e induce a error, en consecuencia, la visión rousselliana/sartreiana de Andrés Pascal Allende cuando, consultado sobre las causas que alejaron a Clotario Blest del MIR lo atribuye a un conflicto generacional:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Creo que la verdadera causa, o por lo menos la más profunda de la separación de don Clota y otros compañeros de él, fue que la generación de los viejos como les llamábamos nosotros, correspondía más bien a concepciones generacionales de la práctica política. Don Clota al igual que Salvador Allende, eran de la generación del período de los Frentes Populares, que de manera sucinta tendríamos que decir que los Frentes Populares correspondieron a un gran pacto histórico”<a href="#_edn17" name="_ednref17">[17]</a>.</p>
<p>Tales afirmaciones no son ciertas en modo alguno; por el contrario, son tremendamente tendenciosas y denotan un desconocimiento de la historial misma del MIR o, simplemente, un intento de exculpar la conducta de quienes optaron por una determinada línea política que condujo a esa organización al holocausto. Ninguno de los ilustres ‘viejos’, incluido Clotario Blest, que participaron en la creación del MIR era partidario de los Frentes Populares sino todos ellos participaban de la idea de la insurrección popular; las disputas estaban centradas únicamente en la forma de llevarla a cabo.<br />
En el caso de Clotario Blest, nos atrevemos a afirmar aquí que su concepción de partido lo acercaba, más bien, a imaginar una estructura partidaria que, luego de contribuir al triunfo del proletariado y a la toma del poder por parte de las fuerzas populares, pudiere disolverse una vez alcanzado el objetivo, e integrarse a las labores propias de la nueva sociedad. En otras palabras, sostenemos que Clotario hubiere defendido la existencia del partido que no era partido, del partido que era la negación de sí mismo, la organización política capaz de autodisolverse en beneficio de la comunidad por la liberación de la cual realizó su labor. Pero esta no ha sido la concepción que haya imperado en las organizaciones políticas que, por el contrario, no sólo luchan para perpetuarse y dominar sino se preparan para gobernar y construyen, en consecuencia, una vasta clientela electoral que espera la asunción del mando de la nación para acceder a los cargos gubernamentales y resolver, de esa manera, no los problemas de la sociedad sino los propios y de su núcleo familiar o de relaciones humanas. No sabemos si Clotario Blest conoció las tesis de Rodrigo Ambrosio y del ‘Frente Revolucionario’ que eran similares a las suyas, tesis que fueron derrotadas en el Primer Congreso del MAPU por una dirigencia cuyos integrantes, durante estos años de democracia post dictatorial, se han avocado a la causa de administrar la miseria de la población nacional. Mimetizada con esa mentalidad de partido tradicional que se prepara para gobernar, su militancia ha usado el Estado como botín de contiendas electorales en tanto lucha por acceder a los cargos estatales.<br />
&nbsp;<br />
<strong>LA SOLUCIÓN AL DIFERENDO MARÍTIMO CON BOLIVIA</strong><br />
Uno de los aspectos más interesantes de la vida de Clotario Blest dice relación con un proyecto de solución para el diferendo marítimo que Chile mantiene con Bolivia por más de 130 años. Para explicar este proyecto, menester es que nos remitamos a otros hechos contingentes.<br />
Entre los años 1947 y 1951 se desató una feroz persecución en contra de los trabajadores y dirigentes sindicales de Bolivia muchos de los cuales emigraron a Chile en busca de asilo; uno de ellos fue el dirigente Juan Lechín quien, entre sus muchas actividades en este país, conoció y trabó fuertes lazos de camaradería con Clotario Blest, dirigente en esos años, de los empleados fiscales. Durante los primeros meses de 1952, algunos de esos dirigentes del vecino país, retornaron al mismo y participaron activamente en la revolución de 9 de abril que logró consolidar una especie de cogobierno de los trabajadores; el 17 de ese mismo mes y como expresión de la unidad sindical, surgió la Central Obrera Boliviana COB, acontecimiento que haría decir a Blest que así como 1809 fue el año en que Pedro Domingo Murillo alzó su voz en contra de la corona española, 1952 debía ser el grito de unión de los trabajadores para el mundo latinoamericano.<br />
No fue, por consiguiente, casualidad que el 12 de febrero de 1953, y luego del grito de unidad que pronunciara Blest en una de las últimas manifestaciones del año anterior, se fundara la Central Única de Trabajadores de Chile CUTCH (después, simplemente, CUT), sino consecuencia de las extensas jornadas de conversaciones sostenidas entre el sindicalista chileno y Juan Lechín. Porque también en la nación sureña se buscaba organizar, a la manera boliviana, una especie de cogobierno entre políticos y dirigentes sindicales.<br />
El acercamiento entre los trabajadores de ambos países no iba a eludir el tema de la salida de Bolivia al mar. Una delegación presidida por Ernesto Miranda, Manuel Collao y Juan Vargas Puebla, viajó al primer congreso de la COB en noviembre de 1954 llevando en su agenda de actividades la tarea de iniciar las conversaciones al respecto. Al año siguiente, en 1955 y al realizarse, a su vez, el congreso de la CUT, una delegación boliviana quiso devolver la mano a la visita de sindicalistas chilenos viajando a Chile a fin de retomar una propuesta del diplomático boliviano Alberto Ostria, de 1950, según la cual</p>
<p style="padding-left: 60px;">“[…] Chile hacía secesión de una franja territorio de diez kilómetros al norte de Arica que sería compensada con el uso de las aguas del lago Titicaca con el fin de generar fuerza hidroeléctrica para el norte de Chile”<a href="#_edn18" name="_ednref18">[18]</a>.</p>
<p>Esta brillante proposición que, años más tarde, paradojalmente, haría suya la dictadura pinochetista al firmar los llamados ‘Acuerdos de Charaña’, tuvo una corta vida. Como lo señalara Oscar Ortiz en una entrevista que le hiciera un periódico boliviano,</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Eso dura hasta 1957, cuando los sectores más proclives a una solución son desplazados y la demanda marítima se va diluyendo […] No hay más, desapareció en 1957, después salió del mundo sindical. Lamentablemente esta iniciativa se truncó muy pronto”<a href="#_edn19" name="_ednref19">[19]</a>.</p>
<p><strong>EPÍLOGO</strong><br />
Clotario Blest no fue solamente un dirigente sindical; tampoco únicamente un defensor de los derechos humanos. Fue eso y mucho más. Fue un hombre capaz de aglutinar a todos los trabajadores en una sola organización sindical, desafiar a la autoridad y dejar tras de sí un impresionante legado de principios que no sólo resultan imposibles de ser ignorados por la comunidad sino logran avergonzar a ese sector de la dirigencia de este país que aun no ha perdido la capacidad de ruborizarse ante sus propios actos. Principios que, por su extraordinaria relevancia, constituyen hoy un instrumento indispensable para orientar las luchas sociales de la comunidad y que hemos intentado escuetamente reproducir en este breve análisis.<br />
La figura de Clotario Blest emerge, pues, del pasado y de las sombras para recordar a una población cansada de abusos y exacciones, de picaros y truhanes, de saltimbanquis y charlatanes, que la vía para resolver sus propios problemas sigue siendo aquella que establecieran los trabajadores unidos en la Primera Internacional, a saber, que ´la liberación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos’. Por eso su figura crece día a día y se proyecta sobre la existencia de los sectores más desprotegidos de la sociedad como un modelo a seguir; en ese sentido, y como lo señaláramos en uno de los documentos que hemos citado, fue un hombre verdadero, un hombre en el sentido más sublime de la palabra.<br />
Santiago, mayo de 2015<br />
<strong> Notas:</strong><br />
<a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Acuña, Manuel: “Clotario Blest y su concepción de partido político”, documento publicado en junio de 2012 en las páginas de ‘Piensachile.cl’ y ‘Rebelion.org’, en la Red Internet.<br />
<a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Acuña Manuel: “Un nuevo cumpleaños de Clotario Blest”, documento de diciembre de 2014, publicado en las páginas de ‘Piensachile.com’ y ‘Rebelion.org’, en la Red Internet.<br />
<a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Recomendamos, al respecto, la excelente obra de Mónica Echeverría “Clotario Blest, antihistoria de un luchador”; y, aunque en menor medida, las de Maximiliano Salinas “Clotario Blest” y “La reivindicación de Jesús, Clotario Blest y su tiempo”.<br />
<a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Esta circunstancia —y, a la vez, referencia— no es casual. En el sistema capitalista, la prostituta de la antigüedad es sustituida por el trabajador, que vende su energía corporal o, si se quiere, se arrienda por horas al comprador de fuerza o capacidad de trabajo. Por eso, Marx sostenía que la prostitución dela mujer no es más que ‘un aspecto de la general prostitución del trabajador’.<br />
<a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Ortíz Vásquez, Oscar: “Nuevas crónicas anarquistas de la subversión olvidada”, Editorial La Simiente, Santiago, 2008, pág. 253.<br />
<a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Acuña, Manuel: “In Memoriam”, Editorial Senda/Senda Förlag i Stockholm, Estocolmo, 2010, págs. 98 y 99.<br />
<a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> Documento presentado por Luis Vitale al CC del MIR para la discusión del IV Congreso Nacional, abril de 1969, en Archivo del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales ‘Pedro Vuskovic’.<br />
<a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Matus de la Parra Terán, Patricia: ”Clotario Blest y la lucha obrera”, Editorial Quimantú, Santiago, 2014, pág.68.<br />
<a href="#_ednref9" name="_edn9">[9]</a> La ‘democracia del proletariado’, ‘ergocracia’, ‘el autogobierno de los productores directos’, fue denominado muy inapropiadamente por algunos marxistas, que siguieron a Engels en esta materia, ‘dictadura del proletariado’. Otros prefirieron usar un concepto peor que fue ‘estado proletario’, lo que hizo reaccionar bruscamente al propio Engels quien, finalmente, propuso la palabra ‘gemeinwessen” (‘comunidad’) para indicar cuál sería a su juicio el nombre más adecuado para la sociedad del futuro. En realidad este concepto es más puro pues implica un retorno a lo que Marx denominara ‘unidad originaria’ que es el fenómeno que se da, precisamente, en la ‘comunidad’.<br />
<a href="#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Acuña, Manuel: “Prolegómenos a las grandes protestas del ‘83”, Editorial Senda/Senda Förlag i Stockholm, Estocolmo, 2012, pág.252.<br />
<a href="#_ednref11" name="_edn11">[11]</a> Acuña, Manuel: Obra citada en (2).<br />
<a href="#_ednref12" name="_edn12">[12]</a> Acuña, Manuel: Obra citada en (2).<br />
<a href="#_ednref13" name="_edn13">[13]</a> Henry David Thoreau había sido el maestro de León Tolstoi, a su vez maestro del Mahatma Ghandi, inspirador de la no violencia activa de Martin Luther King y, en Chile, de Clotario Blest.<br />
<a href="#_ednref14" name="_edn14">[14]</a> Thomas Jefferson, junto con Thomas Paine, Henry David Thoreau y Ralph Emerson defendieron el concepto de individuo contra el del colectivo, pero no a la manera neo liberal de hoy sino de modo liberal Por eso se les conoce como representantes del liberalismo. En realidad, poseían pensamientos arrancados de los anarquistas de su época y algunos autores los incluyen como parte de la filosofía anarquista de USA. Jefferson tradujo la Biblia al inglés para su uso personal; sin embargo, quitó de ella toda referencia a la calidad divina de Cristo dejando vigente solamente su enseñanza social.<br />
<a href="#_ednref15" name="_edn15">[15]</a> La vía militar exige el abandono de la familia cuando la lucha se hace presente. En la historia de Chile, solamente el caso de José Miguel Carrera, que huye por la pampa continuamente, en compañía de sus cinco hijos y de su mujer Mercedes Fontecilla, presenta una analogía con esos casos, aunque es aparente. Porque José Miguel no tiene alternativa posible: no tiene lugar alguno en donde dejar a su mujer o a sus hijos y debe llevarlos consigo de un lado a otro. La generalidad de los ‘héroes’ se ve forzado a abandonar su familia e inmolarse por la causa. En contados casos, cuando la insurrección se propaga, las familias enteras salen a combatir; pero eso no siempre sucede sino ocurre cuando la contienda se propaga a toda la sociedad.<br />
<a href="#_ednref16" name="_edn16">[16]</a> Sobre el particular, nos remitimos a nuestro documento que citáramos en la nota 1, intitulado ‘Clotario Blest y su concepción de partido político’.<br />
<a href="#_ednref17" name="_edn17">[17]</a> Pascal, Andrés: “Clotario Blest, la huella de un viejo en los jóvenes del MIR”, contenido en el libro “Clotario Blest: Visiones actuales de un libre pensador”, varios autores, obra financiada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Santiago, 2006, pág.28.<br />
<a href="#_ednref18" name="_edn18">[18]</a> Peralta, Pablo: “Trabajadores de Bolivia y Chile intentaron resolver el tema mar”, entrevista a Oscar Ortiz en ‘Página Siete’, periódico boliviano de 23 de marzo de 2012, pág. 6.<br />
<a href="#_ednref19" name="_edn19">[19]</a> Redacción: “Bolivia tiene derecho de ir a los tribunales”, entrevista a Oscar Ortiz, periódico ‘Cambio’, La Paz (Bolivia), 23 de marzo de 2012, pág. 5.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/05/26/principios-teoricos-en-las-luchas-sociales-de-clotario-blest/">Principios teóricos en las luchas sociales de Clotario Blest</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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		<title>La materialidad se ha impuesto sobre la espiritualidad y es la causa de los crímenes y escándalos que sacuden el país</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 May 2015 15:49:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Declaraciones]]></category>
		<category><![CDATA[asesinato de dos estudiantes]]></category>
		<category><![CDATA[clotario blest]]></category>
		<category><![CDATA[codehs]]></category>
		<category><![CDATA[critica al neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[mateialidad por sobre la espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[necesidad de cambios estructurales]]></category>
		<category><![CDATA[necesidad de un cambio de valores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los hechos se encuadran en un clima de violencia que, como forma de vida, se ha instalado en la sociedad chilena, y son consecuencia de la exacerbada competencia impuesta por el modelo de acumulación. Una persona nada vale; su vida no tiene significación alguna, pero sí lo tiene desinstalar un lienzo, limpiar el rayado de una pared o sacar un afiche. Porque la protección de los bienes materiales tiene un valor superior al de proteger la vida; la materialidad se ha impuesto sobre la espiritualidad. Esta carencia de principios morales afecta a toda la sociedad y es la causa principal de los escándalos que la han remecido en estos últimos meses.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2015/05/15/la-materialidad-se-ha-impuesto-sobre-la-espiritualidad-y-es-la-causa-de-los-crimenes-y-escandalos-que-sacuden-el-pais/">La materialidad se ha impuesto sobre la espiritualidad y es la causa de los crímenes y escándalos que sacuden el país</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>DECLARACION</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>ASESINATO DE DOS ESTUDIANTES</strong></p>
<p>&nbsp;<br />
<strong>El Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales CODEHS</strong>, a la opinión pública nacional e internacional, declara:<br />
El día de hoy, aproximadamente a las 15 horas, y luego de finalizadas las marchas convocadas por las organizaciones de estudiantes en demanda de sus derechos, en la Plaza Victoria de la ciudad de Valparaíso, fueron alevosamente asesinados los jóvenes Exequiel Borvarán Salinas, de 18 años, y Diego Guzmán Farías, de 25 , ambos alumnos de la Universidad de Santo Tomas. El asesinato se produce como resultado de una discusión con el dueño de una propiedad, ubicada en ese sector, donde los jóvenes intentaban colgar un lienzo, hacer un rayado mural o, simplemente, pegar un afiche en el lugar. Las versiones no son claras al respecto. Tras la discusión, el hijo del propietario, luego de amenazarlos, ingresó a su hogar, sacó un revólver y disparó sobre los estudiantes; dos de los balazos dieron en el tórax y el vientre de Diego, y uno en la garganta de Exequiel. Todo intento por reanimarlos fue inútil.<br />
Los hechos se encuadran en un clima de violencia que, como forma de vida, se ha instalado en la sociedad chilena, y son consecuencia de la exacerbada competencia impuesta por el modelo de acumulación. Una persona nada vale; su vida no tiene significación alguna, pero sí lo tiene desinstalar un lienzo, limpiar el rayado de una pared o sacar un afiche. Porque la protección de los bienes materiales tiene un valor superior al de proteger la vida; la materialidad se ha impuesto sobre la espiritualidad. Esta carencia de principios morales afecta a toda la sociedad y es la causa principal de los escándalos que la han remecido en estos últimos meses.<br />
Se encuadran, también, estos hechos en la falta de respuesta de las autoridades a los graves problemas que enfrenta la población nacional como consecuencia de la aplicación de políticas destinadas a beneficiar a unos pocos en detrimento de otros muchos. No son casuales las marchas de los estudiantes por una auténtica reforma educacional, las protestas del profesorado al que jamás se le ha pagado la deuda histórica, los desfiles por la burla a la salud que significa la Ley Ricarte Soto, las gritos en contra de las AFP, en fin. Una sociedad que satisface las necesidades de las grandes mayorías nacionales no experimenta marchas en demanda de derechos conculcados, cosa que no sucede en Chile donde es necesario hacerlo pues los partidos políticos que dicen representar los derechos de aquellas se dedican hacer negocios a costa del Estado o instalan a su dirigencia (que, a su vez, instala a sus propios familiares o amigos) en los cargos de gobierno premiados con las más altas rentas.<br />
No deja de ser irónico el hecho que, en el caso del asesinato de esos jóvenes estudiantes, haya sido Giussepe Briganti Weber, un sujeto con grandes ansias de superación, a quien se le descubrió oculto entre sus pertenencias la suma de $5.000.000 y gran cantidad de droga, y que ya había amenazado con matar a un comerciante de la feria en el mismo lugar, fuese el autor de los disparos. ‘Brigante’, en el idioma italiano, significa ‘bandido’, apellido que ilustra con propiedad la naturaleza del asesino; ‘briganti’ es el plural y equivale a ‘bandidos’.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El CODEHS</strong>, ante estos hechos, manifiesta su más completa solidaridad con el movimiento estudiantil y, a través de esta declaración, solidariza con las familias de ambos jóvenes asesinados y les envía a ellas sus más sinceras condolencias.</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="337">
<p style="text-align: center;">Raúl Elgueta<br />
Presidente</p>
</td>
<td width="337">
<p style="text-align: center;">    Manuel Acuña<br />
Secretario General</p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Santiago, 14 de mayo de 2015<br />
&nbsp;<br />
<strong>codehs chile</strong><strong>_____________________________________<br />
comité defensa derechos humanos y sindicales<br />
(fundado por CLOTARIO BLEST RIFFO en 1970)</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Un nuevo cumpleaños de Clotario Blest</title>
		<link>https://piensachile.com/2014/12/08/un-nuevo-cumpleanos-de-clotario-blest/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Dec 2014 02:24:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[anti estado]]></category>
		<category><![CDATA[antisistema]]></category>
		<category><![CDATA[clotario blest]]></category>
		<category><![CDATA[hombre nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad mas humana]]></category>
		<category><![CDATA[unidad de los trabajadores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fue Blest, por lo mismo, un sujeto anti Estado. Lo cual explica que no haya habido un acto oficial en memoria suya y que su figura sólo pueda destacarse junto a otras que fueron su antithesis en un dudoso Museo de los Trabajadores abierto en la Subsecretaría del Ministerio del Trabajo. Porque, para la historia oficial, los seres humanos se definen a la manera del tango ‘Cambalache’, en donde es frecuente homenajear a las víctimas junto a sus verdugos, a los que buscan la unidad sindical y a quienes la desintegran, a los que defienden los privilegios de los ricos junto a quienes lo hacen en defensa de los pobres. estado</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ha finalizado el mes de noviembre. Y otra vez queda archivado en el pasado el aniversario del nacimiento de uno de los hombres más ilustres que ha producido esta tierra. Me refiero a Clotario Blest Riffo, funcionario público y sindicalista, organizador de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales ANEF, de la Central Única de Trabajadores de Chile CUTCH, del Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales CODEHS, del Movimiento de Izquierda Revolucionario MIR, entre otras muchas agrupaciones sociales.</p>
<p>Blest vino al mundo el 17 de noviembre de 1899, cuando aún la primavera de ese año anunciaba en todo su esplendor la ardiente proximidad del verano; de vivir hasta el día de hoy, hubiere este brillante sindicalista cumplido ciento cinco años. Pero no pudo ser de esa manera: el otoño de 1990 tomó posesión de su cuerpo cuando aún no enteraba los 91 años y se encontraba postrado en cama, enfermo, solo, desnutrido, en el Convento de los Padres Franciscanos. Como sucede con todos los grandes hombres, nadie se preocupó de su suerte. Una publicación de 2006, financiada por el Gobierno de Chile, señala, en una de sus partes:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“Pese a que habría preferido morir en su hogar, ningún organismo sindical cooperó económicamente para que ello sucediera”.</p>
<p>Es verdad que ‘ningún organismo sindical cooperó’ para tales fines, pero tampoco lo hizo el Gobierno de turno dirigido, en ese entonces, por Patricio Aylwin Azócar. Si bien apenas producido el deceso del dirigente, manifestó esa administración la intención de tomar a su cargo la realización del funeral, tal acción no fue motivada por un respeto a su persona o a algún compromiso con sus ideas, sino guiada solamente por bastardas ambiciones políticas. No debe sorprender, entonces, que ex miristas, personas independientes pero tremendamente comprometidas con el interés de las clases dominadas, grupos anarquistas y elementos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quitaran de la tuición de las autoridades el féretro que ocultaba el cuerpo del sindicalista, dispararan salvas en su honor y lo pasearan por algunas de las calles adyacentes a la Iglesia de San Francisco, de Santiago, en donde se realizaba la ceremonia.</p>
<p>Por razones económicas, no pudo cumplir con aquel ferviente deseo su más cercano colaborador, Oscar Ortiz quien, en las escasas oportunidades que pudo verlo recluido en el convento, había recibido de él una desgarradora súplica imposible de realizar:</p>
<p style="padding-left: 60px;">“¡Sáqueme de aquí, Ortíz, por amor de Dios! ¡Sáqueme de aquí!”</p>
<p>Un sencillo acto en uno de los salones de la Universidad Central realizado por esa casa de estudios, en donde se le rindió homenaje en el preciso día de su cumpleaños, y otro, posterior, que se efectuara el 1 de este mes, en el Pedagógico de la Universidad de Chile, organizado por el Comité de Derechos Humanos ‘Clotario Blest’ de La Legua y el Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales CODEHS —agrupación que el mismo homenajeado fundara en 1970—, fueron los únicos actos que recordaron el nacimiento de quien fuera uno de los más extraordinarios hijos de Chile. Porque Blest, a pesar de todos los intentos que han hecho algunos sectores interesados en desvirtuar su figura y su mensaje, inicia su paso apresurado para incorporarse a la galería de los personajes más notables de la historia de Chile. A diferencia, sin embargo, de muchos otros que ingresan allí para consolidar la dominación de una clase por otra, Blest lo hace para marchar de la mano del estamento más glorioso de esa historia, de la mano de los trabajadores, de los movimientos sociales, de la mano de quienes verdaderamente construyeron y siguen construyendo esta nación.</p>
<p>Blest no es un personaje cualquiera; no puede, por lo mismo, analizarse su figura como si se tratara de una simple personalidad, concepto que, por lo demás, aborrecía. Y es que Blest fue la negación de todo aquello. Y, a la vez, negación de muchos otros valores que incitan a la población a rendir culto a personajes de dudosa relevancia a quienes se les atribuye hoy el derecho de desfilar impunemente por las páginas de la historia de la nación. Porque Blest pertenece a una tipología especial de individuos, de esos sujetos que pasan a la posteridad no porque ésta quiera o busque incluirlos en su relato sino porque le es imposible omitir su trascendencia. Dicho de otra manera: porque no ha podido evitar mencionarlos, referirse a ellos, tan destacada ha sido su participación en los hechos más notables de una nación. Son los ‘convidados de piedra’ al banquete de la Historia, personajes que, al estar impedidos de ingresar por la puerta, se ven obligados a hacerlo por la ventana enarbolando en sus manos la bandera de los desposeídos. Clotario Blest fue uno de ellos; antes lo habían sido Fermín Vivaceta y Luis Emilio Recabarren, antihéroes, iconoclastas, constructores de poder social, dignos antecesores de quien organizaría a los trabajadores en torno a un solo organismo: la Central Única de Trabajadores de Chile CUTCH.</p>
<p>Fue Blest, por lo mismo, un sujeto anti Estado. Lo cual explica que no haya habido un acto oficial en memoria suya y que su figura sólo pueda destacarse junto a otras que fueron su antithesis en un dudoso Museo de los Trabajadores abierto en la Subsecretaría del Ministerio del Trabajo. Porque, para la historia oficial, los seres humanos se definen a la manera del tango ‘Cambalache’, en donde es frecuente homenajear a las víctimas junto a sus verdugos, a los que buscan la unidad sindical y a quienes la desintegran, a los que defienden los privilegios de los ricos junto a quienes lo hacen en defensa de los pobres. Y porque, además, el Estado es una creación militar. Lo cual explica que los diferentes Gobiernos conmemoren sólo batallas, combates, guerras, epopeyas gloriosas, expoliaciones, conquistas. Descabellado sería hacerlo con el nacimiento de una persona que privilegió la organización popular y sindical y repudió constantemente el ejercicio irrestricto de la violencia institucional como forma excelsa de mantener la cohesión social.</p>
<p>Aunque escribió mucho sobre sindicalismo y organización, Blest no fue un ideólogo. De sus obras (dispersas aún en hojas mimeografiadas o mecanografiadas que quedaron en poder de sus más cercanos colaboradores) no puede deducirse una completa teoría social. Sin embargo, quienes tuvimos la suerte y honra de trabajar junto a él en los difíciles años de la dictadura pinochetista, sabemos que defendió siempre el derecho de los trabajadores a construir una nueva sociedad; podemos aseverar, al mismo tiempo, que su vida estuvo regida por principios que defendió como pilares básicos de una organización social verdaderamente participativa. Estos principios, de una u otra manera, los ha hecho suyos la organización que creara en 1970 (el CODEHS) y que supervive aún en el trabajo de muchos de sus colaboradores. En la imposibilidad de referirnos a cada uno de ellos por razones de espacio, abordaremos, en esta oportunidad, los principios de independencia y autonomía.</p>
<p>Para Clotario Blest, el principio de independencia era aquel en virtud del cual las organizaciones sociales y sindicales no sólo pueden sino deben ejercer sin impedimentos el inalienable derecho a actuar en defensa de sus propios intereses, con prescindencia de lo que, al respecto, puedan suponer o realizar los organismos e instituciones del Estado, en especial sus partidos y movimientos. No implica, por lo mismo, en modo alguno, la prohibición de militar en partidos; por el contrario, la militancia partidaria es plenamente posible si no es obstáculo para la defensa de los intereses propios de las organizaciones sociales y sindicales.</p>
<p>Blest jamás puso en tela de juicio el derecho que cada persona tiene a participar en la organización política que considere más cercana a sus ideas, pero sí mantuvo su más enérgico rechazo al sometimiento absoluto que algunos partidos exigen de su militancia obligándola a poner por encima del interés colectivo, el de la propia organización política.</p>
<p>La adopción de este principio no fue casual. Blest sabía que, cuando no se respeta, se deja abierta la puerta al ingreso de la cooptación, con lo que se inicia la corrupción del sujeto y de la institución que dirige. Lo había experimentado en carnes propias.</p>
<p>En efecto, cuando se desempeñaba como presidente de la nación el ex general Carlos Ibáñez del Campo, Clotario Blest era la figura sindical más relevante del país con fuerte apoyo y prestigio en las bases. Las demandas de las organizaciones de trabajadores proliferaron. La huelga, el paro, la marcha, la concentración, fueron las armas predilectas para los sindicatos tanto en la defensa de sus derechos como cuando el diálogo se hacía imposible. Poco o nada importaba a ese dirigente laboral que la forma de protesta fuese o no legal; estando amenazados los intereses de la clase trabajadora, tomaba bajo su mando la dirección de las protestas para encabezar su lucha contra la autoridad. Ibáñez, entonces, ideó una forma de neutralizar la acción del sindicalista: el empleo de la cooptación o, lo que es igual, la compra del dirigente. No por otro motivo, lo invitó a conversar con él. En el curso de esa entrevista, le ofreció el mando de la Tesorería General de la República, ofrecimiento que Blest rechazó visiblemente molesto aseverando que, de aceptarlo, estaría traicionando a la clase obrera y a sus compañeros. Y eso no podía ser. No debe extrañar que, en 1970, cuando Luis Figueroa, militante del partido Comunista y presidente en ejercicio de la CUT, fuese llamado por Salvador Allende a desempeñar el cargo de ministro del Trabajo, sostuviese Blest que aquel nombramiento constituiría un error político de proporciones que el movimiento sindical, a la postre, pagaría muy caro.</p>
<p>Paralelo a ese principio de la independencia, fue defendido tenazmente por Clotario Blest el principio de la autonomía. No era este principio para el sindicalista sino el derecho que deben ejercer todas las organizaciones sociales para actuar en la vida pública sin sujeción a ideologías, imposiciones arbitrarias o regulaciones en cuya gestación no hayan intervenido ellas mismas. En realidad, este principio tenía un alcance mayor y se encontraba resumido en una frase que Karl Marx había acuñado como lema para la Primera Internacional y que Blest hizo suya, incorporándola como principio fundamental al momento de constituirse la Central Única de Trabajadores de Chile CUTCH: “La liberación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”.</p>
<p>En ese orden de ideas, Blest sostenía que las formas de organización de las agrupaciones sociales no debían establecerse por ley sino ésta debía aceptar aquellas propuestas por las propias agrupaciones; con mayor razón ese principio debía regir a las organizaciones sindicales. La CUTCH, por lo mismo, siempre fue ‘alegal’ y solamente durante el período de Salvador Allende pudo ser reconocida su organización interna gracias a una ley dictada especialmente para ella.</p>
<p>Esta idea de la autonomía no se limitaba solamente al tipo de organización que cada grupo social estimaba conveniente para sí. Blest sabía que, más allá de esa forma de organización autónoma que los trabajadores y pobladores podían construir para sí, subyacía la concepción según la cual el modelo de sociedad que deben darse los seres humanos ha de depender de ellos mismos y no de un poder situado por encima que los obligue a adoptar determinadas forma de organización reñidas, muchas veces, con sus intereses particulares y generales. Esta nueva sociedad, que debía reemplazar a la actual, fue llamada por él ‘democracia del proletariado’. Correspondía a lo que, en otras instancias, se acostumbraba a llamar ‘poder social organizado’, ‘poder popular’ y, también, ‘gobierno de los productores directos’.</p>
<p>Tuvo Clotario Blest, además, una concepción especial de ser humano: el ‘hombre nuevo’, concepto que creyó ver encarnado en la persona de Ernesto ‘Che’ Guevara, y que correspondía al verdadero sujeto revolucionario, al ser probo, el individuo de conducta y moral intachables, al dirigente capaz de hacer cualquier sacrificio por el bien los demás; incluso, dar la vida por aquellos, como lo hicieran el guerrillero argentino y Cristo, a quienes concebía indeleblemente unidos en torno a ese principio supremo. Blest había renunciado ya, por amor a los demás, a los propios sentimientos que profesaba a quien debió ser su mujer, principio que ella respetó y que también hizo suyos por amor a él.</p>
<p>Fue Blest, pues, un hombre especial; digamos más: fue un hombre antisistema y un hombre completo, en el más exacto sentido de la palabra. De ninguna manera una ‘autoridad’ como las que hoy se instalan en las esferas del poder. Vano sería esperar homenajes, en su nombre, de parte de quienes representan a un sistema que precisamente él buscaba abolir. A pesar de ello, en una comuna alejada del bullicio central y por voluntad de cierto alcalde más comprometido con las luchas sociales, hay una calle que lleva su nombre. ¿Alguna estatua en recuerdo suyo? No, de ninguna manera. Solamente hay lugar para las de otras autoridades como la del Almirante Merino, en la ciudad de Valparaíso, la del ex alcalde Patricio Mekis, ubicada en Santiago, frente al Teatro Municipal, y otras que siguen recordando la obra de la dictadura pinochetista, con el beneplácito de la coalición gobernante.</p>
<p>Nació, como ya lo hemos aseverado, cuando la primavera anunciaba el verano, estación en donde la naturaleza revive y parece estallar en gozo y colores. No deja de ser irónica, a la vez que trágica, la circunstancia que haya elegido morir cuando el otoño, después de despojar a los árboles de sus hojas y abrir las puertas al ingreso del frío y de la lluvia, anunciase la inminencia del invierno. Como si jamás hubiere creído en la manida consigna de ‘La alegría que viene’. Como si hubiese querido apagar la luz de sus ojos para no contemplar los acontecimientos posteriores que tendrían lugar en los próximos años de democracia tutelada.</p>
<p>Santiago, diciembre de 2014</p>
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