<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>cien años de soledad &#8211; piensaChile</title>
	<atom:link href="https://piensachile.com/tag/cien-anos-de-soledad/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://piensachile.com</link>
	<description>Tu ventana libre...</description>
	<lastBuildDate>Thu, 06 Jun 2019 02:30:43 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.8.18</generator>

<image>
	<url>https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/03/cropped-favicon-32x32.png</url>
	<title>cien años de soledad &#8211; piensaChile</title>
	<link>https://piensachile.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Gabriel García Márquez cuenta la historia de su obra maestra «Cien años de soledad»</title>
		<link>https://piensachile.com/2019/06/05/gabriel-garcia-marquez-cuenta-la-historia-de-su-obra-maestra-cien-anos-de-soledad/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2019/06/05/gabriel-garcia-marquez-cuenta-la-historia-de-su-obra-maestra-cien-anos-de-soledad/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Jun 2019 02:30:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[cien años de soledad]]></category>
		<category><![CDATA[gabriel garcia marquez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=49138</guid>

					<description><![CDATA[<p>Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, cuenta la historia de como inició y como llevó adelante la escritura de esa obra maestra de la lengua castellana, que comienza con la frase: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo" y que llegó a nosotros bajo el título "Cien años de soledad".</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/06/05/gabriel-garcia-marquez-cuenta-la-historia-de-su-obra-maestra-cien-anos-de-soledad/">Gabriel García Márquez cuenta la historia de su obra maestra «Cien años de soledad»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Gabriel García Marquez, Premio Nobel de Literatura, cuenta la historia de como inició y como llevó adelante la escritura de esa obra maestra de la lengua castellana, que comienza con la frase: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo» y que llegó a nosotros bajo el título «Cien años de soledad».</p>
<iframe  id="_ytid_23081"  width="480" height="270"  data-origwidth="480" data-origheight="270" src="https://www.youtube.com/embed/BWKQxvf3hgw?enablejsapi=1&autoplay=0&cc_load_policy=0&cc_lang_pref=&iv_load_policy=1&loop=0&modestbranding=0&rel=1&fs=1&playsinline=0&autohide=2&theme=dark&color=red&controls=1&" class="__youtube_prefs__  no-lazyload" title="YouTube player"  allow="fullscreen; accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen data-no-lazy="1" data-skipgform_ajax_framebjll=""></iframe>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/06/05/gabriel-garcia-marquez-cuenta-la-historia-de-su-obra-maestra-cien-anos-de-soledad/">Gabriel García Márquez cuenta la historia de su obra maestra «Cien años de soledad»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2019/06/05/gabriel-garcia-marquez-cuenta-la-historia-de-su-obra-maestra-cien-anos-de-soledad/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Entre el río de aguas claras y la isla de las salamandras azules</title>
		<link>https://piensachile.com/2014/05/01/entre-el-rio-de-aguas-claras-y-la-isla-de-las-salamandras-azules/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2014/05/01/entre-el-rio-de-aguas-claras-y-la-isla-de-las-salamandras-azules/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 May 2014 02:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[aracataca]]></category>
		<category><![CDATA[cien años de soledad]]></category>
		<category><![CDATA[gabriel garcia marquez]]></category>
		<category><![CDATA[macondo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=16712</guid>

					<description><![CDATA[<p>La palabra más linda del castellano pudo haber sido Aracataca, la cual al descomponerse en «Ara», significa río en chimila, y «cataca» agua clara [1]. La vida literaria de Gabriel García Márquez fué un Aracataca, un río de aguas claras. No en vano nació en ese pueblo costeño, pueblo que inspiró en él el universo imaginario llamado Macondo. Él ahora se fué para allá, no para dejarnos, sino para encontrarse con los personajes de sus relatos, acabando así con los cien años de soledad.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/05/01/entre-el-rio-de-aguas-claras-y-la-isla-de-las-salamandras-azules/">Entre el río de aguas claras y la isla de las salamandras azules</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Gabriel García Márquez (1927-2014)<br />
La palabra más linda del castellano pudo haber sido Aracataca, la cual al descomponerse en «Ara», significa río en chimila, y «cataca» agua clara [1]. La vida literaria de Gabriel García Márquez fué un Aracataca, un río de aguas claras. No en vano nació en ese pueblo costeño, pueblo que inspiró en él el universo imaginario llamado Macondo. Él ahora se fué para allá, no para dejarnos, sino para encontrarse con los personajes de sus relatos, acabando así con los <em>cien años de soledad</em>.</p>
<p>Esos años no fueron más que una metafora del abandono, ese que padeció siendo pequeñito, cuando sus padres, Luisa Santiaga y Gabriel Eligio, a los pocos meses de nacido, lo abandonaron en casa de sus abuelos. Gabo, como lo apodaron desde niño, fue criado por ellos, por el coronel Nicolas Márquez y su esposa Tranquilina Iguaran, y en compañía de su hermana Margarita, que se le unió cuando tenía tres años y medio.</p>
<p>Sus padres volvieron por él definitivamente, cuando tenía siete años. No obstante, sería el abuelo quien dejaría los recuerdos más indelebles de su vida. En sus obras más destacadas : Los funerales de la Mamá grande, El coronel no tiene quien le escriba, Cien años de soledad, El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera, etc., está la impronta de sus años de infancia.</p>
<p>Su gran mérito, creo yo, fue utilizar los fantasmas y las fantasías de la infancia, como recurso explicativo de la realidad. De esta forma, Gabo descubrió en la tragedia en que se debatía su entorno social, magia. Una magia asociada a la perseverancia y arraigada al debate de la existencia humana; de ahí construyó ese mundo llamado Macondo. Este último, no es sino una metáfora ordenada y maravillosa de nuestro país; una república endémicamente descuadernada y políticamente espantosa.</p>
<p>En mi opinión, es el recurso a la visión precoz del mundo como instrumento explicativo de la debacle humana, su verdadero aporte y su novedosa invención. Es eso mismo que los especialistas en literatura y en la obra de García Márquez llaman, realismo mágico, sin explicar a cabalidad sus orígenes.</p>
<p>No resulta raro, que esa pluma de magia y subversión generara las suspicacias de unas élités acostumbradas a sus propios relatos hegemónicos. La rebelíon semántica de éste costeño de agua dulce, pronto se vio amenazada por el estado alterno e invisible, que en la Colombia de Macondo denominan <em>fuerzas oscuras</em>. Desde entonces, México se convirtió en refugio y morada de Gabo, y ahora, en su destino final.</p>
<p>Hace un par de años, sin que la coincidencia quepa en el relato, se escogió la palabra más linda del castellano; fue una palabra mejicana: Querétaro, que significa: «isla de las salamandras azules».</p>
<p>La vida de Gabo parece haberse desarrollado entonces, en espacios que no parecen de este mundo, sino del mundo simbólico de las connotaciones semánticas. Su existencia marca una constante de ires y venires, entre el viejo y el nuevo continente, entre los Andes y el Caribe, entre los ríos de aguas claras y las islas de las salamandras azules.</p>
<p>Esos ires y venires parecen la constante de los hombres grandes, así como Bolívar, que un día se fue, para quedarse siempre.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://rebelion.org/noticia.php?id=183931">Rebelión</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Nota:</strong></p>
<p>[1] Los datos biográficos , así como la definición de Aracataca, son tomados de: Gerald Martin (2009). <strong>Gabriel García Márquez. Una vida</strong>. Traduccion de Eugenia Vásquez Nacarino, Buenos Aires: Debate.</p>
<p><strong>Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una </strong><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/"><strong>licencia de Creative Commons</strong></a><strong>, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.</strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/05/01/entre-el-rio-de-aguas-claras-y-la-isla-de-las-salamandras-azules/">Entre el río de aguas claras y la isla de las salamandras azules</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2014/05/01/entre-el-rio-de-aguas-claras-y-la-isla-de-las-salamandras-azules/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Todos lloran a Gabo… menos uno</title>
		<link>https://piensachile.com/2014/04/24/todos-lloran-gabo-menos-uno/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2014/04/24/todos-lloran-gabo-menos-uno/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Apr 2014 11:45:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[cien años de soledad]]></category>
		<category><![CDATA[gabriel garcia marquez]]></category>
		<category><![CDATA[mercedes barcha]]></category>
		<category><![CDATA[vargas llosa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=16575</guid>

					<description><![CDATA[<p>A fines de la década del 60´, cuando iba de fin de semana a la playa, llegó a él la voz de cómo debía contarla. Cuenta su mujer, Mercedes Barcha, que no tocaron ni la arena ni sus cálidas aguas, sino que regresaron de inmediato a su modesto departamento en el DF, vendieron algunos enseres, y “Gabo”, se encerró a escribir durante meses. De esa convicción y arduo trabajo saldría la primera y mítica frase con la que arranca Cien años de soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/04/24/todos-lloran-gabo-menos-uno/">Todos lloran a Gabo… menos uno</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Sábado 19 de abril 2014<br />
Para quien la escritura es tan natural como respirar, comer o dormir, no resultó ni incómodo ni ofensivo que su madre nunca hubiera leído, al menos completa, alguna de sus novelas. Aunque esas obras sean de las más altas cumbres de la literatura universal, a Luisa Santiaga Márquez Iguarán le resultaba fácil identificar a los personajes que su hijo describía en sus libros en el propio álbum familiar, y quizás por el temor de encontrarse ella misma retratada, que no leyó ni <em>Cien años de soledad</em> ni <em>El amor en los tiempos del cólera</em> ni ningún otro de la veintena que escribió su hijo. Luisa Santiaga, dice su hija Aída Rosa, se sentía más orgullosa que ella fuera monja que Gabriel José, el mayor de sus 11 hijos, hubiera obtenido el Premio Nobel de Literatura. Y fue en ese mundo, donde la lógica se retuerce frente a una realidad que parece mágica, donde se fue fraguando el imaginario de Gabriel José García Márquez. Un escenario que rezuma tierra prometida y Caribe, siesta y calor, ensoñación y fiesta, y que este escritor colombiano decidió contar.</p>
<p>Como casi todo en la vida y obra de García Márquez, hay una historia detrás, una pequeña historia que va explicándolo todo. Como cuando aún era un periodista y discreto escritor, y trabajaba en una novela costumbrista al estilo de su autor favorito, William Faulkner, que pensaba llamar <em>La casa</em>, y que en un viaje desde Ciudad de México a Acapulco, a fines de la década del 60´, cuando iba de fin de semana a la playa, llegó a él la voz de cómo debía contarla. Cuenta su mujer, Mercedes Barcha, que no tocaron ni la arena ni sus cálidas aguas, sino que regresaron de inmediato a su modesto departamento en el DF, vendieron algunos enseres, y “Gabo”, se encerró a escribir durante meses. De esa convicción y arduo trabajo saldría la primera y mítica frase con la que arranca <em>Cien años de soledad</em>: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”, y con ella, el destino de lo que sería parte importante de la literatura latinoamericana y la corriente que a partir de entonces conoceríamos como <em>realismo mágico</em>. Lo que comenzó siendo un rapto escritural y algunos sintieron cómo una suave brisa que venía a renovar la literatura latinoamericana, luego se fue transformando en un gran viento huracanado que derrumbó ciudades literarias e hizo caer a escribanos desde sus torres de marfil, un cálido y envolvente tornado que fue transformándolo todo, aireándolo todo, para contarlo todo de nuevo…nacía el Boom latinoamericano con Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Donoso…</p>
<p><em>Cien años de soledad</em> es uno de los libros más importantes de la literatura universal, pero no para su autor. Para él, su obra más trascendente era <em>El amor en los tiempos del cólera</em>, porque era algo real aunque la fantasía se colara en cada una de sus líneas. Porque ese amor que era capaz de esperar años, era el que el telegrafista Gabriel Eligio García Márquez sintió por su madre, Luisa Santiaga. Un amor que debió desafiar el rechazo del padre de la novia, el fiero coronel Márquez, que hasta mandó, de manera poco discreta, a drogar a su hija el día del casamiento. La novia llegaría con más de dos horas de retraso a la cita en la Iglesia, donde aún estaría esperándola Gabriel Eligio, rojo de calor, rojo de furia y rojo de vergüenza, pero cuya gran venganza sería formar esa amplia familia de los García Márquez, cuyas aventuras y desventuras serían universales y de las que Luisa Santiaga prefería no enterarse en la pluma de su hijo.</p>
<p>Cuando se produce un coro de lamento universal por la partida del escritor colombiano, alguien falta. De todas las voces que hoy lamentan la muerte de Gabriel García Márquez no se escucha la de quien fuera uno de sus más grandes amigos: Mario Vargas Llosa. Quien escribiera <em>García Márquez: historia de un deicidio</em>, un libro académico pero laudatorio al fin, de la obra de García Márquez, permanece en el silencio. Una confusa ruptura por cuestiones amorosas, dicen, con puñete en el mentón de por medio, terminó la amistad entre el escritor peruano y también Premio Nobel de Literatura y García Márquez en 1976.</p>
<p>Cuenta el periodista del diario <em>El Espectador</em>, Fernando Aráujo Vélez, que un colega peruano que asistiera a uno de los talleres que ofrece la Fundación Nuevo Periodismo, que fundara el mismo García Márquez, con la idea de encontrarse con el Nobel llegó hasta Cartagena de Indias con una edición del polémico libro bajo el brazo. Como una bayoneta, la edición tenía una dedicatoria que le arrancara al mismo Vargas Llosa, que decía algo así como “…por una amistad que nunca más será”. Cuenta Araújo que cuando el joven reportero pudo llegar hasta García Márquez y pedirle le respondiera la dedicatoria, éste se limitó a garabatear en la asesina página: “totalmente de acuerdo”.</p>
<h4>*Fuente: <strong><a href="http://radio.uchile.cl/2014/04/19/todos-lloran-a-gabo-menos-uno">Diario U de Chile</a></strong></h4>
<p class="entry-title"><strong>Recomendamos leer:</strong></p>
<h4 class="entry-title"><a href="http://piensachile.com/2014/04/la-soledad-de-america-latina-1982/" rel="bookmark">La soledad de América Latina (1982)</a></h4>
<h4 class="entry-title"><a href="http://piensachile.com/2014/04/operacion-carlota-llegada-de-las-tropas-cubanas-angola/" rel="bookmark">Operación Carlota. Llegada de las tropas cubanas a Angola</a></h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/04/24/todos-lloran-gabo-menos-uno/">Todos lloran a Gabo… menos uno</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2014/04/24/todos-lloran-gabo-menos-uno/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>No recuerdo&#8230;</title>
		<link>https://piensachile.com/2014/04/24/recuerdo/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2014/04/24/recuerdo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Apr 2014 02:28:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[cien años de soledad]]></category>
		<category><![CDATA[cuba]]></category>
		<category><![CDATA[fidel cas]]></category>
		<category><![CDATA[gabriel garcia marquez]]></category>
		<category><![CDATA[silvio rodriguez]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=16557</guid>

					<description><![CDATA[<p>No recuerdo dónde lo conocí.  Puede haber sido gracias a Haydee Santamaría. Acaso coincidimos en alguna comida en casa de la amiga común, quizá en aquella en que fui embromado con una tortilla de plátanos maduros. Lo que sí tengo claro es que en septiembre de 1969, entre la treintena de libros que embarqué en el Playa Girón, había un Cien años de soledad que ya había leído un par veces.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/04/24/recuerdo/">No recuerdo&#8230;</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>sábado, 19 de abril de 2014<br />
No recuerdo dónde lo conocí.  Puede haber sido gracias a Haydee Santamaría. Acaso coincidimos en alguna comida en casa de la amiga común, quizá en aquella en que fui embromado con una tortilla de plátanos maduros. Lo que sí tengo claro es que en septiembre de 1969, entre la treintena de libros que embarqué en el Playa Girón, había un <em>Cien años de soledad</em> que ya había leído un par veces.</p>
<p>Lo veo a flashazos, en distintos momentos. Un 31 de diciembre me invitó a una fiesta en la que estaban su amigo Fidel Castro y el actor norteamericano Gregory Peck. Hubo un momento, cercano a las 12 de la noche, en que me vi conversando con aquellos gigantes y me sentí desubicado.</p>
<p>La primera vez que estuve en su casa de México fui con Raúl Roa Kourí y mi hermana María, casados por entonces. Estaban de tránsito, camino a New York, donde estarían 6 años sirviendo a Cuba ante las Naciones Unidas. Fuimos por la mañana y pasamos algunas horas en el despacho del escritor, donde estaban algunos de sus libros, su máquina de escribir. Allí constaté que, tal y como se decía, sobre su mesa de trabajo había un florero con una rosa amarilla. Creo que fue la primera vez que vi una rosa que parecía un sol. O la primera que reparaba en ella, iluminada por la mitología en torno al genio literario.</p>
<p>Hablamos de música. Uno de sus hijos estudiaba flauta. En algún lugar yo había leído que él escribía escuchando a Bach; pero aquella mañana nos dijo que entre sus partituras preferidas estaba el concierto para violín y orquesta de Sibelius. Revisó sus discos (con la ayuda de Mercedes) y me regaló una versión, que tenía repetida, dirigida por Von Karajan e interpretada por Christian Ferras. Antes de dármelo rotuló su nombre en la carátula, con plumón azul Prusia. Después me obsequió su novela más famosa, que yo casi me sabía de memoria. Hablamos también de cumbias y vallenatos, tema del que era experto. Concluyó la clase magistral con ejemplos en los que su nombre era mentado y, con cierta ternura, nos hizo escuchar una cumbia que lo increpaba por algo que no recuerdo. Finalmente me obsequió dos casetes, con selecciones personales. Aquellas cintas no me duraron mucho, porque le comenté a una periodista que las tenía y se las llevó, jurando muchas veces que sólo las quería para copiarlas y que enseguida me las devolvería. Ojos que te vieron. O más bien: oídos que te escucharon…</p>
<p>No recuerdo por qué un día me tocó llevarlo al centro campestre de Río Cristal, donde se iba a celebrar un almuerzo relacionado con el premio literario Casa de las Américas. Por el camino traté de hablar lo menos posible, para no meter la pata, pero acabamos comentando la separación de un matrimonio. Yo, sagitario imprudente, sentencié que era una desavenencia pasajera. Él me miró de una forma en la que pude reconocer, en el breve vistazo que le dirigí puesto que iba manejando, que sentía más congoja por mi optimismo que por la pareja distanciada. Puede que en el fondo yo pensara como él, y que sólo siguiera la costumbre totémica de expresar mis deseos y no lo que realmente sucedía. A veces me he equivocado, de diente para afuera, aunque de diente para adentro sepa que ejecuto un ritual que significa lo contrario. En aquel caso, en pocos días comprobé que su mirada de piedad tenía más peso que todas mis palabras. Y, además, comprendí que él no era adicto a mis ceremonias primitivas y que conocía mucho mejor que yo a personas que yo veía más a menudo.</p>
<p>Hace poco conté, a propósito de una canción de mi ultimo disco, la especial circunstancia de haber tomado un vuelo en el que sólo iba otro pasajero.  Era hasta México, con escala en Cancún. Aquella tarde los cielos estaban cargados de oscuridades y nuestra soledad compartida, entre tantos asientos vacíos, propició el acercamiento. En aquel avión, que daba tumbos y bajones, el escritor me iba explicando –con una serenidad inconcebible– que a veces se le ocurrían ideas que no daban para novelas o cuentos, y que posiblemente eran canciones. En todo momento fui consciente de la fatalidad de que aquel encuentro ocurriera en circunstancias tan adversas, porque los incesantes sobresaltos no me permitían estar todo lo atento que deseaba. Luego, en Cancún, se llenó el avión, los cielos se aplacaron y el viaje dejó el misterio atrás, siendo menos propicio, aunque yo me despedí diciendo que iba a tratar de darle taller a algunas de las ideas –a veces relampagueantes– que tuve la suerte de escuchar. En un terrible hotel de Panamá hice un primer acercamiento que se perdió en la bruma, y sólo hace muy poco logré organizar algo cantable.</p>
<p>Cierta vez estuve una noche en su casa del DF y, a la hora de irnos, comprobamos que faltaba el carro en que habíamos llegado. Buena parte de aquella madrugada la pasó con nosotros en la comisaría, prestando declaraciones y tratando de ayudarnos. Otra noche, hace no mucho, fuimos al bar de una señora llamada Margarita, lleno de caricaturas, donde Sabina hacía gala de los tantos corridos y rancheras que se sabe. La última vez que fuimos a su casa cargó a Malva en la puerta de despedida.</p>
<p>Dejo constancia que la única vez que visité la hermosa Cartagena de Indias fue gracias a él, que me recomendó al Festival de Cine como jurado. Ni antes ni después he vuelto a entrar a un Casino. Aquel era propiedad de un amigo, señor que amablemente nos regaló unas fichas para que probáramos suerte en la ruleta. Yo le seguía las manos al <em>dealer</em>, a ver si las ocultaba bajo la mesa para apretar algún botón. Pero el hombre, quizá leyéndome la mente, daba un respetuoso paso atrás cada vez que la rueda de la fortuna empezaba a detenerse. Viendo lo rápido que dilapidé mi capital, el escritor, de un blanco impecable, se partía de la risa.</p>
<p>Voy a conservarlo así, sonriente, gozando de la vida, a lo mejor en la voluta de una idea que la insondable alquimia de su talento dejará en una ínfima reseña, algo que ni siquiera llegará a ser canción: acaso un insecto posado en un mantel, la pintura vahída de un bote surcando el río Magdalena, la nota disonante de un triste amolador de tijeras. Seguro así me sentiré alguito menos huérfano.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2014/04/24/recuerdo/">No recuerdo&#8230;</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2014/04/24/recuerdo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
