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	<title>banqueros &#8211; piensaChile</title>
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		<title>Ecuador: “¡Prohibido olvidar!”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Mar 2017 02:53:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos en lucha]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ad portas ya del 2 de abril, fecha del balotaje en Ecuador donde el gobierno de Alianza País pretende continuar con su legado social, político y económico, y donde además se juega la chance de continuismo el socialismo del siglo XXI. Sebastián Piñera, que en 1982 se benefició de la quiebra del Banco de Talca y que estuvo prófugo de la justicia, viajó a Ecuador a entregarle su respaldo al banquero Lasso, artífice de la gran catástrofe bancaria de 1999, que lo llevó a convertirse en el millonario que es hoy.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ad portas ya del 2 de abril, fecha del balotaje en Ecuador donde el gobierno de Alianza País pretende continuar con su legado social, político y económico, y donde además se juega la chance de continuismo el socialismo del siglo XXI; elección que por lo demás ha sido denominada desde la primera vuelta, por el escritor Atilio Borón, como la Batalla de Stalingrado, es menester que los chilenos sepamos de qué trata el período más oscuro de la historia reciente de este país y quién fue uno de sus principales responsables (Guillermo Lasso), y refrescarles la memoria a  los ciudadanos ecuatorianos afincados en Chile para que nunca olviden estos luctuosos momentos y acudan a las urnas a votar.</p>
<p>El feriado bancario en 1999 fue la mayor crisis económica, financiera y social del Ecuador de las últimas décadas. Se inició un 8 de marzo de 1999 cuando el gobierno del entonces presidente Jamil Mahuad (1998-2000) decretó el congelamiento de los depósitos de miles de clientes de entidades financieras, que más tarde desaparecieron.</p>
<p>El gobierno anunció que el feriado bancario debía durar 24 horas, pero se extendió al punto de que los ecuatorianos tuvieron congelados sus ahorros con consecuencias que permanecen hasta la actualidad.</p>
<p>Los efectos del feriado bancario se vieron reflejados en la reducción del poder adquisitivo de las familias con el sucre, la moneda nacional que desapareció poco después para ser reemplazada por el dólar, con un cambio de un dólar por 25.000 sucres.</p>
<p>Además, unos 17 bancos fueron cerrados por malos manejos, créditos vinculados y otras irregularidades. El Estado salió a su rescate con un «salvataje» que se hizo con bonos AGD por unos 1.400 millones de sucres que luego los bancos no pagaron.</p>
<p>Los clientes de las entidades bancarias perdieron su dinero, otros vieron sus deudas crecer al punto de ser impagables y muy pocos de los responsables de esa crisis pagaron sus acciones. Por ejemplo, 16 años después, los dueños del Filanbanco, William y Roberto Isaías, prófugos en Estados Unidos, no han podido ser extraditados a pesar de que fueron condenados a ocho años de prisión por peculado.</p>
<p>El feriado bancario también marcó lo que vendría después: una migración nunca antes vista. Más de dos millones de ecuatorianos se vieron obligados a salir hacia Estados Unidos y España.</p>
<p>Tras el congelamiento de depósitos, en enero de 2000, se decretaría la dolarización de la economía.</p>
<p>Es aquí donde debemos recordar la figura de un personaje que aspira a obtener la primera magistratura el 2 de abril, Guillermo Lasso, dueño del Banco Guayaquil. Él fue superministro de Economía en el gobierno de Mahuad y ha negado su vinculación al feriado bancario argumentando que en ese gobierno solo firmó su nombramiento y su renuncia.</p>
<p>Sin embargo, hay varios factores que confirman su responsabilidad y vinculación en este suceso que marcó negativamente la historia del país.</p>
<p>En 1993 asumió como presidente del Banco de Guayaquil y fue nombrado presidente de la Asociación de Bancos. Como tal en 1994 fue vocal de la Junta Bancaria e hizo aprobar que el Banco Central entregue un crédito de salvataje al Banco Continental que quebró en 1996.</p>
<p>En 1994 lideró (junto con Alberto Dahik) la aprobación de la Ley General de Instituciones Financieras que permitió la liberalización de los mercados financieros.</p>
<p>El 10 de agosto de 1998 asumió como Gobernador del Guayas del Gobierno de Jamil Mahuad, cargo que ejerció hasta el 17 de agosto de 1999. Durante ese año ocurrió en marzo el feriado bancario y la quiebra del Banco del Progreso, siendo Lasso Gobernador del Guayas y al mismo tiempo Vicepresidente de la Asociación de Bancos.</p>
<p>Luego del Feriado Bancario, en agosto de 1999, asumió como superministro de Economía. Lasso deja el cargo de Superministro en septiembre de ese año (37 días después de asumir el cargo) porque fracasó en hacer que el Congreso Nacional aprobara (sin déficit) el Presupuesto del Estado para el añol 2000, condición que había puesto el FMI para concederle al gobierno de Mahuad un crédito externo.</p>
<p>Es aquí donde debemos recalcar que con el congelamiento de depósitos, los cuenta ahorristas recibían Certificados de Depósito Reprogramados (CDRs) a cambio de su dinero que estaba congelado. Pero, la gente que necesitaba su dinero y no podía esperar durante un año, tenía la opción de canjear sus CDR en los bancos, con una penalización de entre el 40 y 50% del valor real, es decir que por cada 100 dólares un ciudadano recibía apenas 50 o 60 dólares. Pero, los bancos que hacían esta transacción podían canjear los CDR posteriormente en la Corporación Financiera Nacional (CFN) al valor real, es decir que el banco se quedaba con los 40 o 50 dólares que le pertenecían al cuenta ahorrista.</p>
<p>El Banco de Guayaquil, propiedad de Guillermo Lasso, fue uno de los bancos que mayor cantidad de CDR canjeó, esto quiere decir que se aprovechó de las necesidades de la gente para incrementar su fortuna. Esto convierte a Lasso en cómplice de la peor crisis económica del país, pues se benefició del salvataje bancario.</p>
<p>Las cifras que dejó el Feriado Bancario fueron: la inflación alcanzó hasta el 60 por ciento, el desempleo se ubicó en 14,7 por ciento, la depreciación del sucre aumentó un 190 por ciento y la fuga neta de capitales fue de 422 millones de dólares en 1998 y de 891 millones en 1999.</p>
<p>Los efectos del Feriado Bancario fueron: reducción del poder adquisitivo de las familias con el sucre, la moneda nacional que desapareció tras reemplazarse por el dólar (un dólar por 25.000 sucres al cambio); unas 17 entidades bancarias fueron cerradas debido a malos manejos crediticios; el Estado realizó bonos AGD por 1.400 millones de sucres que los bancos no pagaron después; luego del congelamiento de los depósitos, se decretó la dolarización de la economía en el año 2000 y dos millones de personas debieron emigrar de su país para volver a empezar desde cero sus vidas en otros países y continentes.</p>
<p>Finalmente hay que señalar que el expresidente chileno de talante neoliberal, Sebastián Piñera, que en 1982 se benefició de la quiebra del Banco de Talca y que estuvo prófugo de la justicia, en septiembre del pretérito año viajó a Ecuador a entregarle su respaldo al banquero Lasso… En lugar del dicho popular que reza que la sangre llama, en este caso el dinero llama. Como dicen en Ecuador, y espero que en Chile también se invoque: ¡Prohibido olvidar!</p>
<hr />
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		<title>Dilma: capitulación y después</title>
		<link>https://piensachile.com/2014/12/01/dilma-capitulacion-y-despues/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Dec 2014 11:12:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[banqueros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante la decisión de designar como Ministro de Hacienda a un "Chicago boy"<br />
¡Dilma se entregó sin luchar! Con su lamentable decisión de entregar a los banqueros los resortes fundamentales del estado se vino abajo toda la mistificación del “posneoliberalismo” construida a lo largo de estos años por los publicistas del PT. ¿Tenía opciones Dilma? ¡Claro que sí!</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¡Dilma se entregó sin luchar! Con su lamentable decisión de entregar a los banqueros los resortes fundamentales del estado se vino abajo toda la mistificación del “posneoliberalismo” construida a lo largo de estos años por los publicistas del PT. ¿Tenía opciones Dilma? ¡Claro que sí! En momentos como éste es más que nunca necesario no ceder ante el chantaje tecnocrático y antipolítico de los resignados del PT y sus partidos aliados que, parafraseando lo que decía Margaret Thatcher, aseguran que “no había alternativas”, que esto es doloroso pero “era lo único que podíamos hacer”.</p>
<p>Si en vísperas del balotaje propuse, en contra de quienes propiciaban el voto en blanco o nulo, votar por Dilma era por dos razones: primero, porque era imprescindible cerrarle el paso a Aecio, representante de la derecha neoliberal dura, neocolonial hasta la médula y sin el menor compromiso con ninguna causa o estructura popular, cosa que el PT tuvo y decidió arrojar por la borda; segundo, porque me parecía razonable apostar a que, ante el horror del abismo, Dilma y los petistas tendrían todavía una mínima capacidad de reacción y lucidez para, por lo menos, tratar de pasar a los anales de la historia con algo de dignidad. Reconozco haber sobreestimado la capacidad de Dilma y los petistas para conservar ese reflejo elemental sin el cual la vida política se convierte en un interminable calvario. Pero aún así sigo sosteniendo que la apuesta era válida; que el desperdicio de una oportunidad única no significa que ésta no existiera; y que de haber triunfado Aecio estaríamos ante una situación todavía peor que la que hoy debemos enfrentar.</p>
<p>Mi planteamiento se sustentaba, desde el punto de vista tanto epistemológico como práctico, en la tesis que afirma que los procesos históricos no obedecen a un patrón determinista. Si así fuera el sólo desarrollo de las fuerzas productivas conduciría ineluctablemente a la revolución y a la abolición del capitalismo, cosa que todos los marxistas -desde Marx y Engels hasta nuestros días, pasando por supuesto por Lenin, Gramsci y Fidel- se encargaron de refutar por ser una creencia equivocada que alentaba la desmovilización y el quietismo de las clases y capas explotadas y desembocaba, en el mejor de los casos, en el tibio reformismo socialdemócrata. Como lo señaló cientos de veces Lenin, el capitalismo no caerá si no se lo hace caer, y para se requiere de un componente esencial: la voluntad política. Esto es, la firme decisión de combatir en todos los frentes de la lucha de clases, organizar al campo popular, promover la concientización y la batalla de ideas y, por supuesto, adoptar la estrategia general y la táctica puntual más apropiada para intervenir en la coyuntura sorteando los riesgos siempre presentes y simétricos del voluntarismo, que ignora los condicionamientos histórico-estructurales, y el triunfalismo fatalista que confía en que las ciegas fuerzas de la historia nos conducirán a la victoria final. Quienes adhieren al determinismo histórico no son los marxistas sino los economistas y gobernantes burgueses, siempre prestos a disimular sus opciones políticas como resultado de inexorables imperativos técnicos. Si para abatir la inflación se congelan los salarios, y no se controla la formación de los precios, es por un razonamiento despojado de todo vestigio de política e ideología, tan puro en su abstracción como un teorema de la geometría. Si para mejorar las cuentas fiscales se recortan los presupuestos de salud, educación y cultura en lugar de hacer una reforma tributaria para que las empresas y las grandes fortunas paguen lo que les corresponde, se dice que aquella alternativa es la que brota de un análisis puramente técnico de los ingresos y egresos del estado. ¡Otra impostura!</p>
<p>Fue producto del rechazo a cualquier concepción fatalista o determinista que llegué a la conclusión, que ratifico el día de hoy, de que pese al fortalecimiento de la derecha Dilma y el PT aún tenían una oportunidad; que les quedaba una bala en la recámara y que si tenían la lucidez y la voluntad de avanzar por izquierda todavía podrían salvar algo del proceso iniciado con la fundación del PT (y que tantas esperanzas había suscitado) y evitar un retroceso brutal que significara, para el movimiento popular brasileño, tener que subir una difícil cuesta para relanzar su proyecto emancipatorio. Por eso me permito reproducir lo que escribí después de la pírrica victoria de Dilma (y ahora sí se entiende porque fue pírrica, porque el triunfo hizo más daño al vencedor que al vencido, a Dilma y al PT que a Aecio). Decía en esa nota lo siguiente:</p>
<p>“Para no sucumbir ante estos grandes factores de poder se requiere, en primer lugar, la urgente reconstrucción del movimiento popular desmovilizado, desorganizado y desmoralizado por el PT, algo que no podrá hacerlo sin una reorientación del rumbo gubernamental que redefina el modelo económico, recorte los irritantes privilegios del capital y haga que las clases y capas populares sientan que el gobierno quiere ir más allá de un programa asistencialista y se propone modificar de raíz la injusta estructura económica y social del Brasil. En segundo término, luchar para llevar a cabo una auténtica reforma política que empodere de verdad a las masas populares y abra el camino largamente demorado de una profunda democratización. … Pero para que el pueblo asuma su protagonismo y florezcan los movimientos sociales y las fuerzas políticas que motoricen el cambio –que ciertamente no vendrá ‘desde arriba’- se requerirá tomar decisiones que efectivamente los empoderen. Ergo, una reforma política es una necesidad vital para la gobernabilidad del nuevo período, introduciendo institutos tales como la iniciativa popular y el referendo revocatorio que permitirán, si es que el pueblo se organiza y concientiza, poner coto a la dictadura de caciques y coroneles que hacen del Congreso un baluarte de la reacción. ¿Será este el curso de acción en que se embarcará Dilma? Parece poco probable, salvo que la irrupción de una renovada dinámica de masas precipitada por el agravamiento de la crisis general del capitalismo y como respuesta ante la recargada ofensiva de la derecha (discreta pero resueltamente apoyada por Washington) altere profundamente la propensión del estado brasileño a gestionar los asuntos públicos de espalda a su pueblo. … Nada podría ser más necesario para garantizar la gobernabilidad de este nuevo turno del PT que el vigoroso surgimiento de lo que Álvaro García Linera denominara como ‘la potencia plebeya’, aletargada por décadas sin que el petismo se atreviera a despertarla. Sin ese macizo protagonismo de las masas en el estado éste quedará prisionero de los poderes fácticos tradicionales que han venido rigiendo los destinos de Brasil desde tiempos inmemoriales.”</p>
<p>Al anunciar la designación de Joaquim Levy como Ministro de Hacienda, un ‘Chicago boy’ y hombre de la banca brasileña e internacional, Dilma y el PT capitulan cobardemente de su responsabilidad histórica. En los <strong><em>Cuadernos de la Cárcel</em></strong> hay una nota titulada “La fábula del castor” en la cual Gramsci dice lo siguiente a propósito de la incapacidad de las fuerzas de izquierda para resistir eficazmente al ascenso del fascismo: “El castor, perseguido por los cazadores que quieren arrancarle los testículos de los cuales se extraen sustancias medicinales, para salvar su vida se arranca por sí mismo los testículos. ¿Por qué no ha habido defensa? ¿Poco sentido de la dignidad humana y de la dignidad política de los partidos? Pero estos elementos no son dones naturales … son ‘hechos históricos’ que se explican con la historia pasada y con las condiciones sociales presentes.” Al invitar a Levy y sus tenebrosos doctores de la ‘terapia del shock’ -Naomi Klein <em>dixit</em>&#8211; a tomar por asalto al estado (y especular con la posibilidad de que se le ofrezca a la senadora Katia Abreu, acérrima enemiga del Movimiento Sin Tierra y líder de la Confederación Nacional de la Agricultura, el lobby del agronegocios, el Ministerio de Agricultura) el gobierno petista obró como el castor de la fábula: se castró a sí mismo y traicionó el mandato popular, que había repudiado la propuesta de Aecio, al servirle el poder en bandeja a sus declarados enemigos perpetrando una gigantesca estafa postelectoral sin precedentes en la historia del Brasil. Esto explica el júbilo de los grandes capitalistas y sus representantes políticos y mediáticos, que celebraron este gesto de ‘sensatez’ de Dilma como una extraordinaria victoria. En efecto, perdieron en las elecciones porque el voto popular no los favoreció, pero la burguesía no sólo mide sus fuerzas y disputa el poder en el terreno electoral. Sería un alarde de cretinismo electoralista pensar de esa manera. Para corregir las erróneas decisiones del electorado están los ‘golpes de mercado’ y su fiel escudero: el ‘terrorismo mediático’ ejercido impunemente en Brasil en la reciente coyuntura electoral. Triunfadora en las urnas y derrotada y humillada fuera de ellas, Dilma asume como propio el paquete económico de sus enemigos, que ha hundido a Europa en su peor crisis desde la Gran Depresión y que tantos estragos ocasionó en América Latina. ¿Había alternativas? Claro: en línea con lo que observaba Gramsci, ¿por qué Dilma (y Lula) no denunciaron la maniobra de la burguesía y le dijeron al pueblo que se estaba a punto de cometer un verdadero desfalco de la voluntad popular?, ¿por qué no se convocó a los sectores populares a ocupar fábricas, parar los transportes, bloquear bancos, comercios, oficinas públicas y los medios de comunicación para detener el “golpe blando” en ciernes? En una palabra, ¿por qué tanta pasividad, tanta resignación? ¿Cómo explicar una derrota ideológica y política de esta magnitud?</p>
<p>Lo que se viene ahora es la vieja receta para seducir a los mercados: ajuste fiscal ortodoxo; estímulos para acrecentar la rentabilidad empresarial, sobre todo del sector financiero; recorte de la inversión social (peyorativamente considerada como un ‘gasto’), todo para restaurar la confianza de los mercados lo que equivale a una imposible tarea de Sísifo porque estos jamás confían en otra cosa que no sea el crecimiento de sus ganancias. Pruebas al canto: jamás en la historia brasileña los bancos ganaron tanto dinero como durante la gestión de los gobiernos del PT. ¿Se apaciguaron por ello? Todo lo contrario. Se cebaron aún más, quieren más, quieren gobernar directamente sin el estorbo de una mediación política. Su adicción a la ganancia es incontrolable, y se comportan como adictos. La medicina que sin contrapeso alguno en el sistema político aplicaran estos hechiceros de las finanzas es un cocktail explosivo que no servirá para promover el crecimiento económico de Brasil pero que, sin dudas, potenciará el conflicto social hasta niveles pocas veces visto en ese país. La feroz respuesta represiva que tuvo lugar cuando las grandes movilizaciones desencadenadas por el aumento de la tarifa del transporte público en junio del 2013 puede ser un juego de niños por comparación a lo que podría suceder en el futuro inmediato una vez que Levy y los banqueros comiencen a aplicar sus políticas.</p>
<p><a href="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2014/12/Dilma-y-la-economía-de-Brasil.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-19695 " src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2014/12/Dilma-y-la-economía-de-Brasil-300x249.jpg" alt="Dilma y la economía de Brasil" width="582" height="483" /></a></p>
<p>Si miramos el gráfico precedente veremos que al sector financiero no le basta con apropiarse nada menos que del 42.04 % del presupuesto federal de Brasil del año 2014 en concepto de intereses y amortizaciones de la deuda pública, contra el 4.11 % en salud, 3.49 % en educación y poco más del 1 % en Bolsa Familia. Para mejorar aún más su rentabilidad Levy trabajará con tesón para perpetuar la dependencia del estado de los préstamos de los banqueros, subir aún más las exorbitantes tasas de interés percibidas por éstos y aumentar su participación leonina en el presupuesto, todo esto dejando intacta la regresiva estructura tributaria y los privilegios y prerrogativas que el capital ha gozado en los últimos tiempos. Pero sería un error suponer que las andanzas de Levy y los suyos tienen como único objetivo acrecentar la riqueza de los capitalistas. El objetivo que se han impuesto las clases dominantes en Brasil -y que no encontró resistencia en el gobierno del PT- es fortalecer la posición del gran capital no sólo en el seno de los mercados sino también en la sociedad y la política, consolidando una correlación de fuerzas en la cual los movimientos populares queden definitivamente supeditados al dominio de aquel. Se trata, en suma, de un proyecto refundacional del capitalismo brasileño montado sobre el fracaso del reformismo <em>light</em> del PT y en donde, como en el Chile refundado por la dictadura pinochetista, la alianza burguesa ejercerá el dominio político directo, sin la molesta intermediación de la vocinglera partidocracia que sólo produce ruidos que perturban la paz y la serenidad que necesitan los mercados. Con esta medida adoptada por el gobierno del PT, Brasil culmina un penoso tránsito desde una democracia de baja intensidad hacia una desvergonzada plutocracia que nada bueno podrá ofrecerle a su pueblo y, por extensión, a América Latina, acongojada y entristecida al ver a su ‘hermano mayor’ rendirse ante los capitalistas sin ofrecer la menor resistencia. Confiamos en que las fuerzas populares brasileñas más temprano que tarde iniciarán un proceso de recomposición para aventar la barbarie que se cierne sobre ellas.</p>
<p><strong>Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/">licencia de Creative Commons</a>, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.</strong></p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://rebelion.org/noticia.php?id=192633">Rebelión</a></strong></p>
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