<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>ariel dorfman &#8211; piensaChile</title>
	<atom:link href="https://piensachile.com/tag/ariel-dorfman/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://piensachile.com</link>
	<description>Tu ventana libre...</description>
	<lastBuildDate>Fri, 19 Dec 2025 22:47:22 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.8.13</generator>

<image>
	<url>https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/03/cropped-favicon-32x32.png</url>
	<title>ariel dorfman &#8211; piensaChile</title>
	<link>https://piensachile.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Bandazo hacia la derecha y el pasado en Chile</title>
		<link>https://piensachile.com/2025/12/19/bandazo-hacia-la-derecha-y-el-pasado-en-chile/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2025/12/19/bandazo-hacia-la-derecha-y-el-pasado-en-chile/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 22:47:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Fascismo]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[fascismo]]></category>
		<category><![CDATA[katz]]></category>
		<category><![CDATA[miguel krassnoff]]></category>
		<category><![CDATA[Pinochet]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://piensachile.com/?p=99474</guid>

					<description><![CDATA[<p>19 de diciembre de 2025 El general Augusto Pinochet, el hombre fuerte que impuso un régimen de terror en Chile de 1973 a 1990, debe estar sonriendo en su...</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/12/19/bandazo-hacia-la-derecha-y-el-pasado-en-chile/">Bandazo hacia la derecha y el pasado en Chile</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>19 de diciembre de 2025</p>
<p>El general Augusto Pinochet, el hombre fuerte que impuso un régimen de terror en Chile de 1973 a 1990, debe estar sonriendo en su tumba.</p>
<p>Su acérrimo defensor y admirador, José Antonio Kast, acaba de ser elegido presidente de Chile. Kast, un político de derechas que ha elogiado la dictadura militar y que en una ocasión <a href="https://www.latercera.com/reportajes/noticia/manifiesto-presidencial-de-jose-antonio-kast-con-pinochet-nos-habriamos-tomado-un-tecito-en-la-moneda/ZOOFMRD5YFCUHFLZJLRZFU2DUI/"><strong>dijo</strong></a> que si Pinochet estuviera vivo “habría votado por mí”, ganó por un margen abrumador el pasado domingo, superando a su opositora de centroizquierda por unos 16 puntos. Es la primera vez desde la restauración de la democracia en Chile hace 35 años que un partidario de la dictadura alcanza un cargo tan alto.</p>
<p>La victoria de Kast no es necesariamente un respaldo público a su veneración por Pinochet. Sus promesas de campaña apelaron a una población enojada, cansada y confundida, ansiosa por un cambio radical: la promesa de expulsar a cientos de miles de inmigrantes indocumentados, la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico, la promesa de recortar drásticamente el gasto público e impulsar el crecimiento económico. El Sr. Kast, un católico ultraconservador, también se opone al aborto, al matrimonio igualitario, a la protección de la identidad de género y a los derechos de los indígenas.</p>
<p>Algunos podrían considerar su ascenso como un ejemplo más de la alarmante tendencia mundial hacia el autoritarismo nativista, y así es. Pero la consiguiente rehabilitación de uno de los autócratas más infames del continente supone un revés particularmente doloroso en un país donde muchos consideraban ganada la larga lucha por la democracia.</p>
<p>En 1973, los militares, con el Sr. Pinochet al mando, derrocaron al gobierno democráticamente electo de Salvador Allende. El general procedió a cerrar el Congreso, torturar y asesinar a miles de partidarios del Sr. Allende y perseguir y exiliar a muchos más. El poder del Sr. Pinochet comenzó a decaer a finales de la década de 1980, y la democracia en Chile finalmente se restableció en 1990. En 1998, fue arrestado en Londres acusado de abusos contra los derechos humanos. Las posteriores revelaciones de que había acumulado ilícitamente millones de dólares alimentaron una repulsa generalizada que lo convirtió en un paria aún mayor. Cuando murió en 2006, multitudes enardecidas se congregaron en las ciudades de Chile, coreando “¡Adiós, General!”. Para aquellos ciudadanos danzantes y alborotados, esta era la oportunidad de enterrar para siempre, junto con el cadáver del Sr. Pinochet, la influencia que había ejercido sobre Chile durante tantas décadas.</p>
<p>No estaba tan seguro de ello. El control totalitario que ejerció durante tanto tiempo y el temor que había engendrado tan profundamente no parecían poder disiparse fácilmente.</p>
<blockquote><p>Al presenciar el éxtasis carnavalesco en las calles de Santiago, me pregunté en un artículo de opinión si el legado del general había muerto realmente. “¿Dejará alguna vez de contaminar cada espejo esquizofrénico de nuestra vida?”, <a href="https://www.nytimes.com/2006/12/12/opinion/the-halflife-of-a-despot.html">me preguntaba</a>. “¿Dejará Chile alguna vez de ser una nación dividida?”.</p></blockquote>
<p>Casi dos décadas después, la respuesta a ambas preguntas parece ser un rotundo no.</p>
<p>Los partidarios del Sr. Pinochet nunca desaparecieron del todo. El general, dicen, salvó al país del comunismo; impuso la ley y el orden; sus políticas económicas neoliberales hicieron de Chile un país moderno. Pero eran invariablemente una minoría. Desde el fin de la dictadura, el único conservador que ganó la presidencia —Sebastián Piñera, quien gobernó de 2010 a 2014 y de 2018 a 2022— se cuidó bien de distanciarse del terrible legado de Pinochet.</p>
<p>En este sentido, la victoria de Kast es un terremoto político y ético. Por primera vez en la historia contemporánea de Chile, es posible que el hombre más poderoso del país utilice toda la fuerza del poder ejecutivo para higienizar el violento pasado de Chile y así borrar el dolor, las masacres y los exilios, la tortura y los campos de concentración. Aunque ha afirmado que quien haya violado los derechos humanos no va a contar con su apoyo, Kast ha indicado que podría liberar a los 139 altos funcionarios de Pinochet que aún se encuentran en prisión por terribles abusos. Esto <a href="https://www.thetimes.com/world/latin-america/article/chile-general-election-latest-7dg875mp9?gaa_at=eafs&amp;gaa_n=AWEtsqeJ54kUrKT4MIChhyxAMcLboGWX_rejnbXzin4ZWZg8rD3_Avq-2_Frv68o4Ro%3D&amp;gaa_ts=694058b7&amp;gaa_sig=ZCx3HNUn19q4izvsrJK1aIojBlKklfQqOIey4GeYIcReen5DmozXj6rSM2gFl8EhEZrsdiCZF8dgiyodlzFT8Q%3D%3D%5C"><strong>incluye</strong></a> a Miguel Krasnoff, un conocido secuaz del Sr. Pinochet, que fue condenado a más de mil años de prisión por crímenes que incluyen asesinatos, torturas y secuestros.</p>
<p>¿Qué impulsó a millones de chilenos a aceptarlo de esta manera? Al hablar con votantes de todos los estratos sociales y preferencias políticas, la palabra que se escuchaba constantemente era “malestar”, que puede también expresarse como inquietud, desasosiego, zozobra. Hombres y mujeres de todo el país sienten de forma vaga que algo va mal y está desequilibrado, y que esto exige un regreso a los tiempos en que un líder fuerte imponía disciplina y seguridad, sin importar el coste. Esto es lo que la victoria del Sr. Kast indica: la creencia de que la democracia por sí sola es incapaz de resolver los problemas cotidianos de la delincuencia, el coste de la vida y la inmigración desenfrenada.</p>
<p>En su cruzada por reescribir el pasado y reconfigurar el futuro, el Sr. Kast podría no tener un camino fácil. Hay disidentes en su propia coalición conservadora que podrían intentar frenar los peores instintos del nuevo presidente. Chile también puede contar con un poder judicial vigoroso y verdaderamente independiente que no esté dispuesto a tolerar una ofensiva antidemocrática. Tampoco es seguro que las fuerzas armadas, recelosas de verse arrastradas a la política civil y aún dolidas por la vergüenza de haber perpetrado tantos de los horrores del Sr. Pinochet, se conviertan en los perros de la guerra del Sr. Kast.</p>
<p>La principal oposición a los planes del Sr. Kast provendrá de la ciudadanía. Si la gente de este país siente que él no puede aliviar su sufrimiento, si continúa sintiéndose excluida y marginada, sin suficiente control sobre su destino, ese descontento podría estallar. Durante el último siglo en Chile, cada avance de la democracia se ha pagado con las vidas de mineros, obreros, campesinos y estudiantes que murieron en defensa de su dignidad y derechos sociales. Fue esta encarnación de la esperanza y la lucha —este “río de tigres enterrados”, por citar a Pablo Neruda— de la que me enamoré cuando llegué a Chile desde Estados Unidos a los 12 años. La dictadura vengativa que el Sr. Kast venera con nostalgia no logró sofocarla, y no va a desaparecer ahora.</p>
<blockquote><p>Cualquier resistencia que los chilenos emprendan en las calles debe ir acompañada de un intento igualmente valiente de imaginar una salida a esta crisis. El Sr. Kast no habría podido ganar si los partidos de centroizquierda y sus élites no hubieran fracasado en ofrecer una alternativa viable a la crónica infelicidad del país.</p></blockquote>
<p>Lo que Chile necesita ahora es una profunda renovación intelectual de sus fuerzas progresistas, un doloroso reconocimiento de sus deficiencias y fracturas. La respuesta de la oposición chilena a esta aleccionadora derrota determinará si el Sr. Kast representa realmente un giro ominoso hacia el desolador panorama actual de aspirantes a dictadores, o si resulta ser un mero paréntesis en el errático pero perpetuo avance de Chile hacia la libertad y la justicia. La batalla por el alma y la identidad de mi país adoptivo está muy lejos de terminar.</p>
<p><span style="font-size: 12px;"><em>-El autor, <strong>Ariel Dorfman</strong>, es escritor y activista por los derechos humanos chileno-estadounidense. Ha enseñado literatura iberoamericana en las universidades de Chile, Amsterdam, La Sorbona, Berkeley, Maryland y Duke. Es autor de la obra de teatro “Death and the Maiden” y de las novelas “The Suicide Museum” y “Allegro”.</em></span></p>
<p><em>*Originalmente publicado en CounterPunch, traducido del inglés por Sinfo Fernández.</em></p>
<p><strong>Voces del Mundo</strong></p>
<p>*Fuente para <strong>piensaChile</strong>: <a href="https://www.other-news.info/noticias/bandazo-hacia-la-derecha-y-el-pasado-en-chile/">OtherNews</a></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2025/12/19/bandazo-hacia-la-derecha-y-el-pasado-en-chile/">Bandazo hacia la derecha y el pasado en Chile</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2025/12/19/bandazo-hacia-la-derecha-y-el-pasado-en-chile/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Réquiem para un árbol en llamas</title>
		<link>https://piensachile.com/2024/02/29/requiem-para-un-arbol-en-llamas/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2024/02/29/requiem-para-un-arbol-en-llamas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Feb 2024 19:34:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
		<category><![CDATA[arbol]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climatico]]></category>
		<category><![CDATA[exilio]]></category>
		<category><![CDATA[incendio]]></category>
		<category><![CDATA[jardin botanico]]></category>
		<category><![CDATA[nuevas generaciones]]></category>
		<category><![CDATA[viña del mar]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://piensachile.com/?p=88341</guid>

					<description><![CDATA[<p>Ese árbol mítico se me fue transformando en una forma de vencer la distancia impuesta por la dictadura. A menudo me consolaba con la idea de que el árbol que mi yo más joven había puesto en la tierra se estaba elevando desde ese suelo tan chileno, ramificándose mientras daba la bienvenida a pájaros y escarabajos, bendiciendo el Jardín Botánico con un verdor esplendoroso, haciéndome señas desde lejos, murmurando que me esperaba un pedazo de mi pasado, que no todo se había perdido y desarraigado en el cataclismo del golpe.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2024/02/29/requiem-para-un-arbol-en-llamas/">Réquiem para un árbol en llamas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>29 de febrero de 2024</p>
<div class="section-2-col article-header">
<div class="col 2-col">
<div class="author">
<div class="author-inner">
<div class="author-name ff-14px-w800">¿Cómo llorar la muerte de un árbol solitario, cuando bosques enteros se queman a mansalva? ¿Y cómo hacerlo en una nación como Chile, donde cientos de seres humanos acaban de morir y muchos más han quedado heridos en la reciente conflagración abrasadora que ha devorado miles de hectáreas y demolido innumerables viviendas en vastas regiones de mi atribulado país?</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="section-2-col article-main-content">
<div class="col 2-col">
<div class="article-main-content article-text ">
<p>Y, sin embargo, desde el amparo de mi casa en Santiago, a cien kilómetros de los carbonizaciones, por mucho que me horrorizaba la devastación que iba cobrando ingentes vidas y medios de subsistencia, no pude evitar preocuparme por un árbol en particular, una de las tantas víctimas desapercibidas de la catástrofe.</p>
<p>Se trata de un árbol que mis manos habían sembrado hace casi tres cuartos de siglo.</p>
<p>Yo era un niño argentino de siete años, que visitaba Chile por unas semanas, en mi camino de regreso a Nueva York, donde había vivido con mi familia desde la infancia. Mi papá decidió que yo era lo suficientemente grandecito para un ritual que él había llevado a cabo con su propio padre: plantar un árbol. Cumpliendo esa tarea, dijo, me quedaban por delante sólo dos misiones adicionales: escribir un libro y tener un hijo varón (era bastante machista, mi viejo).</p>
<p>Y fue así que me llevó al Jardín Botánico de Viña del Mar, uno de los viveros más grandes del continente, fundado, según mi papá, en 1817, casi junto a la Independencia de América. Una joven cuidadora nos guió a un sitio con condiciones óptimas para el crecimiento de un bosque colosal y me proporcionó una espátula menuda y una semilla aún más diminuta. La cubrí con tierra, me despedí como si fuéramos amigos íntimos y le prometí que volvería en algún futuro a ver si había prosperado.</p>
<p>Nunca logré visitar ese lugar (el tosco mapa que había dibujado en nuestro hotel se extravió rápidamente), pero lo que sí hice cinco años más tarde fue regresar a Chile, que se convirtió en mi patria permanente. Pruebas al canto: me hice ciudadano y me casé y publiqué mi primer libro y engendré, en efecto, un hijo varón. Si no llegué a cumplir esa promesa a mi árbol de saludarlo de nuevo, tampoco lo había olvidado. Y se me tornó más presente, paradójicamente, y más significativo, cuando partí al exilio, después del golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende en 1973.</p>
<p>Ese árbol mítico se me fue transformando en una forma de vencer la distancia impuesta por la dictadura. A menudo me consolaba con la idea de que el árbol que mi yo más joven había puesto en la tierra se estaba elevando desde ese suelo tan chileno, ramificándose mientras daba la bienvenida a pájaros y escarabajos, bendiciendo el Jardín Botánico con un verdor esplendoroso, haciéndome señas desde lejos, murmurando que me esperaba un pedazo de mi pasado, que no todo se había perdido y desarraigado en el cataclismo del golpe. Una promesa que pareció materializarse cuando, después de una larga lucha, la democracia retornó al terruño que había visto madurar ese árbol múltiple.</p>
<p>En estos últimos años, a medida que el cambio climático comenzó a obsesionarme hasta el punto de escribir una novela sobre cómo nuestra especie iba cometiendo un lento suicidio colectivo, ese árbol llegó a representar cada vez más para mí algo así como la esperanza. Lo imaginé resistiendo las aflicciones del tiempo y las depredaciones de los contaminadores, manteniéndose erguido contra el desperdicio y la erosión, ofreciendo sombra y colores junto con sus otros hermanos a lo largo del mundo, un símbolo de resistencia y continuidad.</p>
<p>Con toda probabilidad, ese árbol sembrado por ese niño ha sido ahora reducido a cenizas. De las casi 400 hectáreas del parque, el 90 % de las plantas del Jardín (algunas estimaciones dicen que el 98 %) fue destruido en el último incendio, provocando la pérdida irreparable de 1,300 especies, algunas de ellas ya en peligro de extinción. Junto con otras víctimas: treinta cachorros murieron en una perrera y se quemaron una inconmensurable cantidad de animalitos y pájaros y, por desgracia, cuatro seres humanos. Entre ellos se encontraba Patricia Araya, quien, durante las últimas tres décadas, había estado trabajando como horticultora, preparando nuevas semillas para la germinación. También murieron sus dos pequeños sobrinos. Y la madre de Patricia, de 92 años, que, cuando era más joven, había realizado las mismas labores que su hija. Y me pregunto, con pavor, si esta anciana no habría sido la misma adolescente que, en aquel entonces, proporcionó una semilla y una pala a un ansioso niño de siete años, me pregunto si la guardiana y madrina de mi árbol fue la que pereció.</p>
<p>De aquel árbol únicamente queda la historia de su origen legendario y su desenlace letal. Y de la miríada de otros árboles anónimos que perecieron ese día, ni siquiera permanece una historia como la que estoy mínimamente relatando. Y al igual que esos árboles sin vida, cada hombre, mujer y niño que murió en ese incendio era alguien con una historia propia que yo no tengo cómo contar. Y más allá de la hecatombe chilena se ciernen otras tragedias, una a una, una tras otra, convulsiones de magnitud incalculable en un planeta en llamas, cada vez más amenazado, cada vez más expuesto a medida que calentamos la atmósfera de manera intolerable y caminamos sonámbulos y ciegos hacia el apocalipsis.</p>
<p>¿Puede el árbol que sembré hace tanto tiempo prestarnos un último servicio y ayudar a que nuestra humanidad despierte a lo que le estamos haciendo a la Tierra y a nosotros mismos? ¿Cómo darles esperanza, dárselos de verdad, sin mentir, a los pequeños, un niño o una niña, que, en este mismo momento, colocan una semilla en la tierra y se despiden del árbol que crecerá allí y prometen volver a visitarlo, cómo podemos crear un mundo donde el árbol y los niños crezcan sin temer los incendios infernales que vienen por ellos y nosotros?</p>
<p>*Autor de <i>La Muerte y la Doncella</i> y, más recientemente, de la novela <i>Allende y el Museo del Suicidio</i>.</p>
<p>*Fuente: <a href="https://www.pagina12.com.ar/716291-requiem-para-un-arbol-en-llamas">Página12</a></p>
</div>
</div>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2024/02/29/requiem-para-un-arbol-en-llamas/">Réquiem para un árbol en llamas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2024/02/29/requiem-para-un-arbol-en-llamas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los progresistas ganaron en Chile. Y ganaron en grande</title>
		<link>https://piensachile.com/2021/05/19/los-progresistas-ganaron-en-chile-y-ganaron-en-grande/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2021/05/19/los-progresistas-ganaron-en-chile-y-ganaron-en-grande/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 May 2021 14:03:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[chile]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[nueva constitución]]></category>
		<category><![CDATA[nytimes]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://piensachile.com/?p=70617</guid>

					<description><![CDATA[<p>El fin de semana, el pueblo chileno votó en unas elecciones históricas para elegir a los miembros de un organismo encargado de redactar una nueva Constitución que sustituya a la actual, redactada en 1980 durante la dictadura del general Augusto Pinochet.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/05/19/los-progresistas-ganaron-en-chile-y-ganaron-en-grande/">Los progresistas ganaron en Chile. Y ganaron en grande</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 80px;">Ariel Dorfman es un novelista, dramaturgo y ensayista chileno-estadounidense; desde hace cincuenta años, participa de manera activa en la política chilena, además de haber formado parte del gobierno de Salvador Allende entre 1970 y 1973.</p>
<section class="meteredContent css-1r7ky0e">
<div class="css-1fanzo5 StoryBodyCompanionColumn">
<div class="css-53u6y8">
<p class="css-axufdj evys1bk0">El fin de semana, el pueblo chileno votó en unas elecciones históricas para elegir a los miembros de un organismo encargado de redactar una nueva Constitución que sustituya a la actual, redactada en 1980 durante la dictadura del general Augusto Pinochet.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">El recuento final supuso un golpe duro para los pinochetistas<em class="css-2fg4z9 e1gzwzxm0">, </em>algunos de quienes forman parte de Chile Vamos —la coalición de derecha y centroderecha <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.reuters.com/world/americas/chile-ruling-coalition-heading-disappointment-constitutional-delegates-vote-2021-05-17/__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtUED9bJQ$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">respaldada por el actual presidente, Sebastián Piñera</a>—, que solo obtuvo 37 de los 155 escaños para la Convención Constitucional. Los chilenos, en especial los jóvenes, también rechazaron a los partidos tradicionales de centroizquierda por considerar insuficiente su respuesta al anhelo de la gente de una sociedad más igualitaria, además de estar demasiado comprometidos con el statu quo.</p>
<p>Los vencedores fueron un grupo de partidos de una nueva coalición de izquierda, Apruebo Dignidad, que tendrá a 28 representantes, y numerosos candidatos independientes que habían participado activamente durante años en protestas para exigir reformas a la educación, la salud y las pensiones, así como el fin del modelo económico neoliberal que ha dominado Chile a lo largo de casi medio siglo. Los candidatos independientes, de izquierda y de centroizquierda <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57139669__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtRcV11tq$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">obtuvieron un total de 101 escaños</a>, más de dos tercios de la Convención Constitucional. Tendrán suficiente poder para proponer amplias reformas económicas a los derechos sobre la tierra y el agua, el sistema de pensiones y la recuperación soberana de los recursos naturales. Chile es <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.reuters.com/article/us-chile-protests-explainer-idUSKBN1X22RK__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtXSg-Bps$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">uno de los países más desiguales</a> de las economías avanzadas.</p>
</div>
</div>
<aside class="css-ew4tgv" aria-label="companion column"></aside>
<div class="css-1fanzo5 StoryBodyCompanionColumn">
<div class="css-53u6y8">
<p class="css-axufdj evys1bk0">Todo indica que el documento fundacional que redactarán consagrará principios de participación ciudadana, justicia, igualdad de género y derechos de los pueblos originarios, urgencias que durante mucho tiempo han eludido a esta nación sudamericana.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">Los resultados de las elecciones constituyen un giro sorprendente que nadie podría haber anticipado cuando un movimiento masivo de protesta sacudió al gobierno conservador de Piñera en <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.nytimes.com/es/2020/01/28/espanol/opinion/chile-protesta-constitucion.html__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtaLk38ys$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">octubre de 2019</a>.</p>
<div class="css-16l7vy9" data-testid="inline-message" aria-live="polite">
<div>A medida que el estallido se hacía más gigantesco y obstinado, una demanda principal unía a sus heterogéneos participantes: la necesidad de remplazar la fraudulenta Constitución aprobada durante la letal dictadura de Pinochet, una necesidad que respondía a una crisis existencial más profunda que desde hace décadas se gestaba en la sociedad chilena corroída por una terrible desigualdad.</div>
</div>
<p class="css-axufdj evys1bk0">Incluso después de que Pinochet se vio obligado a dejar la presidencia en 1990, su Constitución siguió funcionando como una camisa de fuerza que permitió a una minoría de legisladores de derecha y a una oligarquía despiadada coartar los intentos radicales de forjar una sociedad más equitativa y menos represiva.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">La revuelta de octubre de 2019 aterró a la coalición gobernante de políticos conservadores, quienes <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/foreignpolicy.com/2019/11/15/chile-protests-constitution-politics-latin-america/__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtaVAkq4W$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">llegaron a un acuerdo con los partidos de centroizquierda</a>, que tenían mayoría en el Congreso, a fin de convocar un plebiscito en el que se preguntara a la nación si deseaba una nueva Constitución. Los líderes derechistas pensaron que sería una manera de salvar las instituciones del país y garantizar una salida pacífica a las demandas populares.</p>
</div>
<aside class="css-ew4tgv" aria-label="companion column">
<div id="c-col-editors-picks" class="css-j64t31">
<div id="pp_edpick-wrapper">Para asegurarse de que tendrían un veto sobre los procedimientos, un grupo de pinochetistas en el Senado y el Congreso exigieron que el documento final de la Convención Constitucional tendría que ser aprobado por una mayoría de dos tercios. Según sus cálculos, iban a poder controlar a más de un tercio de los integrantes de la Convención.</div>
</div>
</aside>
</div>
<div class="css-1fanzo5 StoryBodyCompanionColumn">
<div class="css-53u6y8">
<p class="css-axufdj evys1bk0">Calcularon mal, ya que Chile Vamos, a pesar de una enorme ventaja de financiamiento, perdió de manera abrumadora frente a los candidatos independientes y de la oposición, quedando así al margen de la toma de decisiones en lo que respecta a la nueva Carta Magna. La derrota llama aún más la atención porque la coalición también perdió la mayoría de las elecciones simultáneas para alcaldes y gobernadores.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">La presencia de coaliciones antisistema en el organismo que redactará la nueva Constitución garantiza que habrá una serie de modificaciones drásticas en la manera en que Chile sueña con su futuro. Ya el mismo proceso electoral adelantaba con dos proposiciones cómo serían estas modificaciones.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">Una estipula la paridad de género en el reparto de los 155 constituyentes, de modo que las mujeres no sean excesivamente superadas por los hombres en poderío e influencia. Una mayoría significativa de las 77 mujeres elegidas —con apoyo de aliados hombres— ahora pueden luchar por los derechos reproductivos en un país donde por tradición el aborto se ha restringido y criminalizado.</p>
</div>
</div>
<div class="css-79elbk" data-testid="photoviewer-wrapper">
<div class="css-18mk06d ehw59r12" data-testid="photoviewer-children">
<div class="css-tux0zj ehw59r13" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-1i3umx3 ehw59r14">
<div>
<div class="css-8h527k">
<div data-testid="lazyimage-container">
<picture class="css-1j5kxti"><source srcset="https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-mobileMasterAt3x.jpg?quality=75&amp;auto=webp&amp;disable=upscale&amp;width=600" media="(max-width: 599px) and (min-device-pixel-ratio: 3),(max-width: 599px) and (-webkit-min-device-pixel-ratio: 3),(max-width: 599px) and (min-resolution: 3dppx),(max-width: 599px) and (min-resolution: 288dpi)" /><source srcset="https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-mobileMasterAt3x.jpg?quality=75&amp;auto=webp&amp;disable=upscale&amp;width=1200" media="(max-width: 599px) and (min-device-pixel-ratio: 2),(max-width: 599px) and (-webkit-min-device-pixel-ratio: 2),(max-width: 599px) and (min-resolution: 2dppx),(max-width: 599px) and (min-resolution: 192dpi)" /><source srcset="https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-mobileMasterAt3x.jpg?quality=75&amp;auto=webp&amp;disable=upscale&amp;width=1800" media="(max-width: 599px) and (min-device-pixel-ratio: 1),(max-width: 599px) and (-webkit-min-device-pixel-ratio: 1),(max-width: 599px) and (min-resolution: 1dppx),(max-width: 599px) and (min-resolution: 96dpi)" /></picture>
<figure style="width: 701px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" src="https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-articleLarge.jpg?quality=75&amp;auto=webp&amp;disable=upscale" sizes="((min-width: 600px) and (max-width: 1004px)) 84vw, (min-width: 1005px) 80vw, 100vw" srcset="https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-articleLarge.jpg?quality=90&amp;auto=webp 600w,https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-jumbo.jpg?quality=90&amp;auto=webp 1024w,https://static01.nyt.com/images/2021/05/19/opinion/19Dorfman3-copy-ES/merlin_187810647_a3214954-d0b2-42f2-ae58-e724718dd4c1-superJumbo.jpg?quality=90&amp;auto=webp 2048w" alt="" width="701" height="467" /><figcaption class="wp-caption-text">Una escuela en Santiago funcionó como un centro de votación.Credit&#8230;Alberto Valdés/EPA vía Shutterstock</figcaption></figure>
</div>
<p>La otra disposición reserva 17 de los escaños de la Convención para los pueblos indígenas, que constituyen el nueve por ciento de los 19 millones de habitantes de Chile. A partir de ahora, Chile puede proclamarse una república plurinacional y multilingüe. Es un triunfo histórico para los habitantes originarios de esa tierra, como los mapuches, quienes han sufrido una incesante opresión desde la conquista española en el siglo XVI. <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.nytimes.com/es/2020/08/24/espanol/opinion/mapuches-chile-constituyente.html__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtWadUdRU$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los conflictos con los mapuches</a>, centrados especialmente en disputas en torno a los derechos ancestrales sobre la tierra, han provocando una serie de enfrentamientos, a menudo violentos, en el sur del país.</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="css-1fanzo5 StoryBodyCompanionColumn">
<div class="css-53u6y8">
<p class="css-axufdj evys1bk0"><a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.nytimes.com/2020/10/25/world/americas/chile-constitution-plebiscite.html__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtVe4YdOr$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Otras reformas parecen probables</a>: frenar la violencia policial; una reformulación de los derechos económicos y sociales que reduzca el dominio de una élite obscenamente rica; una feroz protección del medioambiente; la eliminación de la corrupción endémica, y el fin de la discriminación contra las comunidades LGBT.</p>
</div>
<aside class="css-ew4tgv" aria-label="companion column"></aside>
</div>
<div class="css-1fanzo5 StoryBodyCompanionColumn">
<div class="css-53u6y8">
<p class="css-axufdj evys1bk0">Igual de fundamental es el vigoroso diálogo nacional que se avecina, abierto a la ciudadanía y atento a los aportes de aquellos que encabezaron la revuelta. No se aceptará un retorno al Chile en el que las ganancias de unos cuantos importaban más que el bienestar de la mayoría.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">Existen, sin embargo, algunas señales inquietantes. Solo el <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/www.latercera.com/politica/noticia/servel-tras-megaeleccion-de-este-fin-de-semana-sufrago-el-4335-del-padron-electoral-cerca-de-un-millon-de-votantes-menos-que-para-el-plebiscito-de-octubre/TYXO4RGZ2NES5NSUEN2ZUJF4DQ/__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtVYaTtr2$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">43 por ciento de la población votó en esta elección</a>, a diferencia de más del 50 por ciento de los electores que lo hicieron el año pasado para aprobar la creación de una nueva Constitución.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">Este ausentismo puede atribuirse en parte a la pandemia (que también evitó que mi esposa y yo viajáramos a Chile para emitir nuestro voto), y en parte a la apatía generalizada de enormes sectores del electorado, en especial entre las familias más pobres. Encontrar maneras de entusiasmar a quienes no confían en que los cambios los beneficien es un reto que hay que afrontar.</p>
</div>
<aside class="css-ew4tgv" aria-label="companion column"></aside>
</div>
<div class="css-79elbk" data-testid="photoviewer-wrapper">
<div class="css-z3e15g" data-testid="photoviewer-wrapper-hidden"></div>
<div class="css-12z8a3t ehw59r12" data-testid="photoviewer-children">
<div class="css-tux0zj ehw59r13" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-nhss2w ehw59r11" data-testid="photoviewer-captionblock">
<figure id="attachment_70618" aria-describedby="caption-attachment-70618" style="width: 700px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="wp-image-70618" src="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando-300x200.jpg" alt="" width="700" height="466" srcset="https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando-300x200.jpg 300w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando-1024x683.jpg 1024w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando-768x512.jpg 768w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando-1536x1025.jpg 1536w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando-585x390.jpg 585w, https://piensachile.com/wp-content/uploads/2021/05/Electores-esperando.jpg 2048w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /><figcaption id="caption-attachment-70618" class="wp-caption-text">Electores esperan su turno para votar en la elección el sábado.Credit&#8230;Pablo Sanhueza/Reuters</figcaption></figure>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="css-1fanzo5 StoryBodyCompanionColumn">
<div class="css-53u6y8">
<p class="css-axufdj evys1bk0">El otro problema es que, aunque casi el 75 por ciento de los <a class="css-1g7m0tk" title="" href="https://urldefense.com/v3/__https:/peoplesdispatch.org/2021/05/17/progressive-forces-win-majority-of-seats-in-chiles-constitutional-convention/__;!!OToaGQ!6zS02lCFSz98U3Id3nKrNITCRixMMyofL2o0_NDourgRljC4DCSth9ZTtbanbB7U$" target="_blank" rel="noopener noreferrer">constituyentes está a favor de una agenda progresista</a>, están fragmentados y desunidos, descalificándose entre sí, lo que hace difícil llegar a un consenso sobre hasta dónde llevar las reformas que Chile requiere.</p>
<p class="css-axufdj evys1bk0">Nada de esto impide celebrar el mensaje y el ejemplo alentador que Chile envía al mundo en un momento en que la tentación del autoritarismo va creciendo: en estos tiempos en que la humanidad enfrenta su propia terrible crisis existencial, lo que necesitamos no es menos democracia, sino más democracia, más participación, más personas que se atrevan a creer que otro mundo es posible.</p>
<p class="css-pncxxs etfikam0">&#8211;<em>El autor, <strong>Ariel Dorfman</strong>, es un escritor chileno-estadounidense, autor de la obra de teatro La muerte y la doncella y, hace poco, de la novela, Allegro, y del ensayo, Chile: juventud rebelde. Es profesor distinguido emérito de la Universidad de Duke.</em></p>
<p>*Fuente: <em><strong><a href="https://www.nytimes.com/es/2021/05/19/espanol/opinion/chile-constitucion-protestas.html">NYTimes</a></strong></em></p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</section>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2021/05/19/los-progresistas-ganaron-en-chile-y-ganaron-en-grande/">Los progresistas ganaron en Chile. Y ganaron en grande</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2021/05/19/los-progresistas-ganaron-en-chile-y-ganaron-en-grande/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Dorfman, «Sus palabras, cotéjelo, son las mismas del imperio»</title>
		<link>https://piensachile.com/2019/03/05/46990/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2019/03/05/46990/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Mar 2019 02:30:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salvador Allende Gossens]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[nicolas maduro]]></category>
		<category><![CDATA[salvador allende]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=46990</guid>

					<description><![CDATA[<p>Déjeme decirle con mucho respeto que piense en lo que escribió. Con la cabeza y el corazón. O usted no estaba bien ese día, o ud cambió su cabeza. Vuelva a leer su propio Pato Donald, ahí tiene la respuesta y sabe que yo como latinoamericana, bolivariana, fidelista, che guevarista no puedo permitir que no se le diga a usted nada. No sé lo puedo dejar pasar. Ofendió a Allende, y a todos los luchadores como él. Y ofendió al pueblo venezolano.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/03/05/46990/">Dorfman, «Sus palabras, cotéjelo, son las mismas del imperio»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="title-main">
<h3 class="headline">Argentina: En respuesta al intelectual argentino-chileno Ariel Dorfman, por ofender la lucha del pueblo bolivarian0</h3>
</div>
<div id="home-main">
<div id="post-area" class="post-227209 post type-post status-publish format-standard has-post-thumbnail hentry category-sin-categoria">
<div id="content-area">
<div class="post-image"><img loading="lazy" class="attachment-post-thumb size-post-thumb wp-post-image aligncenter" src="http://www.resumenlatinoamericano.org/wp-content/uploads/2019/03/Ariel-Dorfman-Chile-1200x545_c-620x400.jpg" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" srcset="http://www.resumenlatinoamericano.org/wp-content/uploads/2019/03/Ariel-Dorfman-Chile-1200x545_c-620x400.jpg 620w, http://www.resumenlatinoamericano.org/wp-content/uploads/2019/03/Ariel-Dorfman-Chile-1200x545_c-300x194.jpg 300w, http://www.resumenlatinoamericano.org/wp-content/uploads/2019/03/Ariel-Dorfman-Chile-1200x545_c-85x54.jpg 85w" alt="" width="620" height="400" /></div>
<p>San Martín de los Andes 26 de febrero de 2019</p>
<p>Estimado Ariel Dorfman. Soy militante socialista setentista de Argentina. Me nutrí en mí juventud entre otros textos con <strong>“Cómo leer el Pato Donald”.</strong> Y siempre he seguido sus notas a través del tiempo (60 años).Pero me quedé muy alarmada el pasado 21 de febrero al leer “<strong>Palabras de Salvador Allende para Maduro “</strong>. No salgo de mí asombro de que usted hubiera escrito este texto. Hasta tal punto que me atreví a preguntar con mucho respeto si habían chequeado la fuente.</p>
<p>Si tuviera que resumirlo en una palabra lo primero que diría es: inverosímil.</p>
<p>Detallo algunos por qué :</p>
<p>¿Cómo arrogarse palabras que diría un dirigente popular socialista de la altura de Salvador Allende? Podría decir ud. qué un escritor sí puede hacerlo, pero su mensaje no representa para nada el espíritu de Allende . Si pudiera expresarse imagino yo , le contestaría que es usted muy arrogante y que no entiende la evolución y la dialéctica de la historia.</p>
<p>Porque 60 años después la geopolítica mundial sin dudas no es la misma, porque el imperialismo está muy débil y sus estertores guerreristas son justamente porque se resiste a morir.</p>
<p>Porque Venezuela no está sola como usted mismo lo dice, porque la humanidad está harta de unos pocos enfermos que se creen dueños del mundo y fabrican guerras solo para llenarse los bolsillos…</p>
<p>Otro por qué sería que usted parecería demostrar que no hizo el duelo de lo que pasó en Chile, que le permitiría llamar a las cosas por su propio nombre. No es habilitando una imposición de falsa elección como se va acabar con tan miserables intenciones imperialistas. Parecería que usted sigue en pánico de aquella situación, y tiene todo el derecho del mundo, pero pretender que una nación se deje sojuzgar por un poder militar superior por aquel recuerdo personal, flaco favor le hace a Allende que entregó su vida por la liberación peleando contra un enemigo que sabía más poderoso. Y lo venció . Porque las guerras estimado Dorfman no se ganan por ser más malos o tener más poder, las guerras las ganan los pueblos como sabemos por el ejemplo maravilloso, entre otros , de la revolución Cubana.</p>
<p>No es con miedo que vamos a derrotar al Tramposo, es el pueblo Bolivariano, Chavista y Madurista que lo hará, cómo lo está demostrando.</p>
<p>Otro por qué sería, humildemente le digo, que ud. qué tanto sabe de la penetración cultural imperialista se deje llevar por la dominación comunicacional y sea uno más de tantas personas en el mundo que critican las situaciones desde lejos. Desde un lugar de comodidad diría yo, sepa que Chávez dejó al mejor, eso está confirmado y se llama Nicolás Maduro. No es Dios ni un milagroso. Es el: “ pobre” conductor de micros a quien de un día para otro le dijeron que tenía que conducir un país. Y qué país! Todas las problemáticas que usted enumera ya existían cuando Chávez  No es fácil. Nadie hace una revolución en 10 años. El hombre hace más de lo que puede, dado todos los obstáculos internos y externos a lo que lo someten. Pero usted se arroga el derecho de criticarlo como si tal cosa.   Le pregunto: ¿con qué ejemplo propio, moral y ético se anima a acusar a este hombre de permitir la corrupción, de ineficiente, de autoritario ?. Acusarlo de que <em>es tan tirano</em> que los venezolanos se sienten compelidos a huir de su tierra.</p>
<p>Y otro por qué que me surge, estimado Dorfman, es que usted está en el centro intelectual y comunicacional del poder y entonces ya no puede pensar con libertad. Como dice Paulo Freire, no sé si lo recordará: la praxis es hacedora de la realidad. Su praxis en un país centro de la cultura imperialista de dominación parecería que no lo deja ver con claridad. Sus palabras, cotéjelo, son las mismas del imperio.</p>
<p>Déjeme decirle con mucho respeto que piense en lo que escribió. Con la cabeza y el corazón. O usted no estaba bien ese día, o ud cambió su cabeza. Vuelva a leer su propio Pato Donald, ahí tiene la respuesta y sabe que yo como latinoamericana, bolivariana, fidelista, che guevarista no puedo permitir que no se le diga a usted nada. No sé lo puedo dejar pasar. Ofendió a Allende, y a todos los luchadores como él. Y ofendió al pueblo venezolano. Y lo invito, si quiere lo acompaño con gusto a ir a Venezuela para que vea con sus propios ojos que tan autoritarios son, que tanto sojuzgan al pueblo, que tanto impiden la libertad de prensa. Vaya Dorfman y pregunte a ese pueblo, qué piensa de lo que usted puso en su nota. Qué piensan de Maduro, de Trump y de usted mismo. Vaya a verlo por sus propios ojos.</p>
<p>Por último le pregunto estimado Dorfman ¿Qué piensa usted de Duque, de los miles de colombianos, hombres y mujeres asesinados, de los miles y miles que cruzaron la frontera, que viven en Venezuela porque en su país sí hay represión y no tienen para comer. ¿Qué piensa? O también debería ir allí para ver por sus propios ojos.Yo creo Dorfman que usted perdió la mirada con que leyó en su momento el Pato Donald.</p>
<p>Ojalá la vuelva a recuperar y pueda pedir disculpas…</p>
<p>Es mí deseo, respetando lo que una vez fue. Saludos</p>
<p><em>-La autora, <strong>Ana Ambrogi</strong>, es ex concejal, actual asesora legislativa , militante del Frente Neuquino, Argentina.</em></p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/03/01/argentina-en-respuesta-al-intelectual-argentino-chileno-ariel-dorfman-por-ofender-la-lucha-del-pueblo-bolivariano/">ResumenLatinoamericano</a></strong></p>
</div>
</div>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/03/05/46990/">Dorfman, «Sus palabras, cotéjelo, son las mismas del imperio»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2019/03/05/46990/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salvador Allende: «No en mi nombre»</title>
		<link>https://piensachile.com/2019/03/05/salvador-allende-no-en-mi-nombre/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2019/03/05/salvador-allende-no-en-mi-nombre/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Mar 2019 11:24:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salvador Allende Gossens]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[atilio boron]]></category>
		<category><![CDATA[salvador allende]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=46965</guid>

					<description><![CDATA[<p>“Usted sabe muy bien, querido Ariel Dorfman, que soy respetuoso con los demás pero inflexible en la defensa de mi dignidad personal y la integridad de mis creencias y valores. Y usted ha abusado la confianza que le supe otorgar “imaginando” razonamientos y consejos que yo le podría dar al presidente legítimo de Venezuela que no reconozco como propios. Son suyos, y los respeto, pero no los comparto y le solicito, con amabilidad pero con firmeza, que no me los atribuya a mí. Son demasiadas las tergiversaciones que usted hace de mi pensamiento y los olvidos o silencios en que incurre en su carta. Esto <b>me obliga a escribir estas líneas como un aporte para arrojar cierta luz sobre la enorme confusión que, desgraciadamente, hoy se ha instalado en la izquierda de nuestro país y que la induce a adoptar posturas incompatibles con su noble tradición anticapitalista y antiimperialista.</b></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/03/05/salvador-allende-no-en-mi-nombre/">Salvador Allende: «No en mi nombre»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right; padding-left: 90px;"><strong>La respuesta de Atilio Borón a Ariel Dorfman</strong></p>
<p style="text-align: right; padding-left: 90px;">Salvador Allende: “No en mi nombre” se titula texto del sociólogo argentino hecho en contra punto de texto del escritor chileno titulado “Palabras de Salvador Allende para Maduro”.</p>
<p><em>03/2019</em>.<br />
<a href="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2019/03/Allende.jpeg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-46967" src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2019/03/Allende-300x168.jpeg" alt="" width="300" height="168" /></a>Ariel Dorfman publicó en la edición del 21 de Febrero del 2019  de Página/12 (fue publicada en varios medios, como Proceso de México)<strong> </strong>una nota titulada “<strong><a href="https://www.pagina12.com.ar/176296-palabras-de-salvador-allende-para-maduro">Palabras de Salvador Allende para Maduro</a></strong>”  en la cual imaginó los consejos que supuestamente el difunto presidente chileno le ofrecería al líder bolivariano para enfrentar exitosamente los desafíos de la actual coyuntura. A continuación, la imaginaria réplica que Allende le dirigiría a su intérprete.</p>
<p>“Usted sabe muy bien, querido Ariel Dorfman, que soy respetuoso con los demás pero inflexible en la defensa de mi dignidad personal y la integridad de mis creencias y valores. Y usted ha abusado la confianza que le supe otorgar “imaginando” razonamientos y consejos que yo le podría dar al presidente legítimo de Venezuela que no reconozco como propios. Son suyos, y los respeto, pero no los comparto y le solicito, con amabilidad pero con firmeza, que no me los atribuya a mí. Son demasiadas las tergiversaciones que usted hace de mi pensamiento y los olvidos o silencios en que incurre en su carta. Esto me obliga a escribir estas líneas como un aporte para arrojar cierta luz sobre la enorme confusión que, desgraciadamente, hoy se ha instalado en la izquierda de nuestro país y que la induce a adoptar posturas incompatibles con su noble tradición anticapitalista y antiimperialista.</p>
<p>Como usted sabe, yo soy médico, y como tal nunca limité mi conducta profesional al mero estudio de las manifestaciones externas de una enfermedad. Debía, y siempre lo hice, buscar el origen, sus causas. Y lo misma actitud mantuve a lo largo de toda mi vida política. Voy al grano. En su imaginaria carta al presidente Nicolás Maduro usted dice que el “experimento chileno -llegar al socialismo por medios pacíficos- se encontraba asediado, padeciendo formidables problemas económicos, aunque nada en comparación con el desastre humanitario que aqueja a Venezuela.”  Le confieso que me sorprende que un hombre de su talento haya obviado toda mención a las causas que se encuentran en el origen de las innegables dificultades económicas que agobian a Venezuela. Y que, además, haya asumido sin beneficio de inventario la propaganda maliciosa y perversa -como la que sufrí durante mi gobierno-  que le impide preguntarse si es cierto, como lo asegura la prensa dominada por el imperialismo, que ese país sufre un “desastre humanitario.” Esta expresión, cargada de maligna intencionalidad política, evoca las lacerantes imágenes que hemos visto producto de la agresión norteamericana en Irak, Siria, Yemen, Afganistán o, antes, en los Balcanes. Pero nada semejante existe en la tierra de Bolívar. ¿Desequilibrio entre salarios y precios? Seguro. ¿Hiperinflación? También. ¿Especulación, acaparamiento de bienes esenciales, mercado negro como tuvimos en Chile? De acuerdo. Pero también está la ayuda alimentaria que otorga el gobierno a través de las cajas CLAP (por Comité Local de Abastecimiento y Precios) que cada tres semanas entrega a millones de familias. Esas cajas contienen diez rubros básicos de alimentación a un irrisorio costo de unos veinte centavos de dólar.  ¿Salarios bajos? Sí. Pero también precios extravagantemente bajos, de regalo, en alimentos básicos, electricidad, gas, gasolina, transporte. No obstante,  es cierto que esto no alcanza; que subsisten muchos problemas, que se cometieron errores en el manejo macroeconómico, así como que no se procedió –hasta ahora- a combatir con el rigor necesario a la corrupción que infecta tanto a los agentes económicos privados como algunos sectores del aparato estatal.  Pero hablar de “desastre humanitario” es un disparate y convalidar desde la izquierda el discurso sedicioso de la derecha. Además,  ¿cuál es el origen de este desorden?</p>
<p>Su respuesta a esta pregunta es decepcionante y jamás podría serme atribuida en cuanto señala como la causa de todos estos males al gobierno bolivariano al tiempo que ignora por completo el pérfido accionar del imperialismo norteamericano. No es un dato anecdótico que en su fantasiosa reconstrucción de mi pensamiento la palabra “imperialismo”, tantas veces utilizada a lo largo de mi vida política para denunciar la prepotencia yankee en América Latina sobre todo durante mis años como presidente de Chile, brille por su ausencia. Su asimilación del  pensamiento dominante lo impulsa a equiparar la ofensiva que en mi contra desatara aquel perverso dúo conformado por Richard Nixon y Henry Kissinger con la que hoy lanzan Donald Trump, Mike Pence, Mike Pompeo, Elliot Abrams, John Bolton, Juan Cruz y compañía. Se equivoca de medio a medio. La Casa Blanca está hoy poblada por hampones y sicarios, alguno de los cuales son asesinos seriales -Abrams, ex convicto indultado por George Bush padre es el caso más extremo pero está  lejos de ser la excepción- mientras que en mi época tenía que vérmelas con reaccionarios pero no con gangsters. Además, no puede usted desconocer que los métodos de sometimiento del imperialismo, lesivos como fueron en nuestro caso, son hoy incomparablemente más virulentos y brutales. ¿No vio acaso la filmación del linchamiento de Gadafi y la nauseabunda carcajada de Hillary  Clinton al recibir la noticia? ¿Usted cree que en algún momento Nixon hizo un llamado a las fuerzas armadas chilenas para que consumaran un golpe de estado? No. Pero Trump lo hace, y esta diferencia no es una nimiedad que pueda pasar desapercibida para un hombre de su inteligencia. En nuestro gobierno nacionalizamos el cobre, la banca, vastos sectores industriales, regulamos los mercados e hicimos la reforma agraria y jamás tuvimos que enfrentar algo semejante a las tremendas “sanciones económicas” que hoy padece el gobierno de Maduro. Teníamos muchas dificultades pero podíamos importar repuestos, medicamentos, alimentos, insumos esenciales para nuestra economía; nadie confiscaba nuestros activos en el exterior como se ha hecho con total atropello a la legalidad misma de Estados Unidos y del derecho internacional en el caso de PdVSA y sus subsidiarias; pese a las tensiones con Washington comerciábamos libremente con el resto del mundo y Europa no nos cerraba sus puertas. Tampoco compartíamos una larga frontera con un país cuyo gobierno se hubiera  convertido en un “proxy” de Estados Unidos (como desgraciadamente ocurre hoy con Colombia) y desde el cual se fomentara el contrabando de bienes básicos y se destruyera nuestra moneda.  Y ni siquiera un bandido como Nixon se atrevió a emitir una orden ejecutiva como la que, para su eterno deshonor, produjera el presidente Barack Obama el 9 de Marzo del 2015 declarando que Estados Unidos se enfrentaba a una “emergencia nacional” a consecuencia de la “amenaza inusual y extraordinaria” que Venezuela representaba para la “seguridad nacional y la política exterior” de Estados Unidos. Resumiendo: el papel del gobierno de Estados Unidos y sus cómplices europeos (el oro robado por el Banco de Inglaterra es apenas un ejemplo de tantos) ha sido una causa principalísima -por cierto que no la única- para producir la crisis económica que afecta a Venezuela y las penurias de su pueblo. Bajo tales condiciones es casi imposible construir una gobernanza macroeconómica eficiente o políticas estatales adecuadas toda vez que las principales variables no están controladas por el gobierno bolivariano sino por el de Estados Unidos. ¿No le parece que estas diferencias tendría usted que haberlas considerado cuando equiparó, a la ligera, las presiones que el imperialismo aplicó hace medio siglo contra el gobierno de la Unidad Popular con las que ejerce en nuestros días sobre la Venezuela bolivariana, muchísimo más duras y demoledoras?</p>
<p>Habiendo establecido esta distinción pasemos a la política. Es   cierto que en mi gobierno nunca se restringieron “los derechos de asamblea y prensa, ni menos encarceló a opositores.” ¡Pero tampoco lo hizo Maduro! ¿Cómo puede acusar de tal cosa al presidente  bolivariano, cómo puede acusarlo de “dictador” -cosa en la cual desgraciadamente coinciden vastos sectores de la extraviada izquierda  chilena y latinoamericana- cuando en las sangrientas “guarimbas” del 2014 y 2017 debió enfrentarse a una <strong><a href="http://piensachile.com/2017/05/venezuela-opositores-quemaron-vivo-apunalaron-joven-acusado-chavista-disturbios-altamira/">oposición que quemaba vivas a personas</a></strong> por “portación de cara chavista”, atacaba con bombas incendiarias jardines infantiles y hospitales, destruía la propiedad pública y privada, erigía barricadas que restringían totalmente el libre tránsito de las personas, obligadas a permanecer en sus hogares y no concurrir a sus trabajos so pena de ser ajusticiadas en el acto, disparaba con armas de fuego a quienes desobedecían sus órdenes o a las fuerzas encargadas de mantener el orden público? Todo esto, además, con el aplauso de la derecha mundial y la prensa canalla elevando a la categoría de “combatientes por la libertad” a los falsos líderes “democráticos” que promovían abiertamente la violencia sediciosa. Usted que lleva décadas viviendo en Estados Unidos, ¿cuál cree que sería la respuesta de la Casa Blanca ante una situación como la que acabo de describir? ¿Consideraría como “dictador” al presidente que hiciera todo lo posible para restablecer el orden público? No hay presos políticos en Venezuela. Sí hay políticos presos, algo totalmente distinto. Es más, le aseguro que algunos de esos políticos presos, autores intelectuales de disturbios que ocasionaron centenares de muertes en 2014 y 2017, están sufriendo condenas leves en Venezuela mientras en otros países, Estados Unidos por ejemplo, estarían sentenciados a cadena perpetua o condenados a la pena capital.</p>
<p>En cuanto a la libertad de reunión y expresión, el “presidente encargado” Juan Guaidó –un títere sedicioso manejado a voluntad por Washington- mantuvo en la sede de la Asamblea Nacional en Caracas, a pocas cuadras del Palacio de Miraflores donde despacha el supuesto “dictador” Nicolás Maduro, reuniones periódicas con personalidades de la política y la cultura venezolanas que acudían sin ser acosados por las autoridades. Hay fotos en los cuales se testifica esto de manera irrefutable. Este mediocre impostor puede citar a conferencias de prensa, otorgar entrevistas por radio y televisión, entrar y salir del país sin ser molestado ni él ni su familia. Los dirigentes de la oposición circulan por las calles de Caracas sin ser molestados –le consta personalmente a un amigo mío que anduvo por allí estos días y tropezó con varios de sus líderes en las inmediaciones de la Asamblea Nacional- y desarrollan sus actividades políticas sin cortapisas. ¿Podía hacer eso la oposición chilena bajo la dictadura de Pinochet? ¿Se imagina usted lo que le hubiera ocurrido a quien, en medio de una intoxicación alcohólica, se hubiese encaramado a una tarima y autoproclamado “presidente encargado” de Chile? ¿O que hubiera salido al exterior y promovido una invasión de “guarimberos” contra su propio país, como en estos días se hace en el puente internacional Simón Bolívar, para luego iniciar una gira dizque presidencial por Brasil, Paraguay y Argentina en un avión de la Fuerza Aérea Colombiana? La dictadura lo hubiera apresado, torturado y ejecutado sin piedad en cuestión de días. Pero ahí anda Guaidó, jugando a ser el presidente de nada, mandando sobre nadie, ignorado y ridiculizado en su país aún por los opositores de Maduro, y contando para ello con la colaboración del turbio narcogobierno de Iván Duque que pone un avión a su disposición y la lambisconería de personajes del bajo mundo de la política latinoamericana como Mauricio Macri, Jair Bolsonaro y Mario Abdo Benítez.</p>
<p>Mire Ariel, hágase un favor a usted mismo: vaya a Venezuela,  alójese en un hotel de cinco estrellas y examine la grilla de canales de televisión que podrá ver desde su habitación. Allí notará la presencia de casi todos los canales internacionales que satanizan al gobierno de Maduro -CNN, Televisión Española, TV de Chile, etcétera- y la estruendosa ausencia de Telesur, la única señal televisiva que ofrece una visión alternativa a la dominante en la conspiración mediática. Y la feroz “dictadura” de Maduro nada hace para obligar a los cableoperadores a incluir en su grilla a Telesur.  En ese confortable hotel también podrá ver a una mayoría de canales nacionales despotricando permanentemente contra el gobierno? ¿Usted cree que tal cosa puede ocurrir bajo una dictadura? Pero no se quede en el hotel. Salga y camine por las calles de Caracas, o cualquier otra ciudad. Dígame si ve, como en casi toda América Latina, familias enteras durmiendo en la calle o niños pidiendo limosna o sacando comida de la basura. Por mi pasada investidura presidencial me abstendré de nombrar países en los cuales cosas como esas forman parte del paisaje cotidiano, pero usted sabe muy bien a cuáles me estoy refiriendo. Vaya a las barriadas populares de Caracas: a Petare, la 23 de Enero<strong>, </strong>métase en el metro y hable con los pasajeros. Los caribeños son muy extrovertidos y le evacuarán todas sus dudas. Criticarán al gobierno por la carestía, los bajos salarios, se quejarán de la ineficiencia en algunos sectores de la administración pública, de la corrupción en otros, pero no encontrará muchos que le digan que quieren ser gobernados por un presidente impuesto por los gringos como a diario miente la prensa concentrada, o que les vengan a quitar su petróleo y sus riquezas naturales, como explícitamente lo anunciaran Trump y Bolton. Es más, comprobará, como lo hicieron varios amigos míos recientemente, que ante la desfachatez de la agresión de la Casa Blanca el sentimiento antiimperialista y chavista se ha fortalecido considerablemente a pesar de las penurias económicas. Hágame caso: vaya, vea, hable y sobre todo escuche. Escuche a la gente y olvídese de los medios de comunicación hegemónicos, todos comprados o alquilados por el poder corporativo mundial para envenenar a la sociedad con “fake news”, “posverdades” y blindajes mediáticos que ocultan la fenomenal inmoralidad y corrupción de los supuestos salvadores de la democracia venezolana, dentro y fuera de ese país. Y olvídese también del “saber oficial” de la academia, tanto en Estados Unidos como en Europa y América Latina, que en su escandalosa capitulación se ha convertido en una agencia de propaganda al servicio de los peores intereses de las clases dominantes del imperio.</p>
<p>Usted se permitió aconsejarle al presidente Maduro, en mi nombre, que haga lo que yo traté de hacer y no pude: convocar “a un plebiscito para que el pueblo decidiera el rumbo futuro de la patria. Si yo perdía, renunciaría a la Presidencia y se llevarían a cabo nuevas elecciones.” ¿No se enteró usted que entre mediados del 2017 y comienzos del 2018 se intentó llegar a un arreglo institucional en negociaciones sostenidas en Santo Domingo bajo la dirección de José Luis Rodríguez Zapatero y que en el momento de sellar el acuerdo una orden del presidente Trump hizo que los representantes de la MUD, la Mesa de Unidad Democrática de la oposición, abandonaran presurosos el recinto cuando se estaba a punto de firmar el documento final en presencia del ex presidente del gobierno español y de Danilo Medina, el presidente de República Dominicana? ¿Ignora usted que el gobierno de Estados Unidos y sus operadores dentro de Venezuela han dicho hasta el cansancio que no quieren elecciones sino la “salida” de Maduro, el tan anhelado “cambio de régimen”, a quien incluso amenazan con asesinarlo, como lo ha hecho Marco Rubio, un verdadero “malandro oficial” como diría la canción de Chico Buarque, en un infame tuit emitido recientemente. Pero suponiendo que aquel acuerdo de Santo Domingo hubiera prosperado, ¿cree usted sinceramente que la derecha y el imperialismo aceptarían el veredicto de las urnas en el más que probable caso de un nuevo triunfo del chavismo? Recuerde lo que pasó conmigo: el golpe se produjo precisamente para evitar la realización de un plebiscito que hubiera ratificado mi gestión en el palacio de La Moneda. ¿Cree que sería diferente en el caso del presidente Maduro? No se puede ser tan ingenuo.</p>
<p>Otra cosa: siempre fui un demócrata, pero jamás un adorador de la concepción burguesa de la democracia. He sido un marxista a lo largo de toda mi vida y, fiel a esa teoría, sé que la lucha de clases es el motor de la historia, y que sus efectos son tan irresistibles como la ley de la gravedad. Ese es uno de los más notables olvidos de su carta, a los que me refería al inicio. Sé que para la burguesía la democracia es tolerable en la medida en que no afecte sus intereses. Cuando esto ocurre la destruye sin más trámite y sin remordimiento alguno y erige en su lugar regímenes despóticos, fascistas, racistas que restauren el orden amenazado. La historia de mi gobierno comprueba irrefutablemente la omnipresencia y la excepcional gravitación de la lucha de clases. Por eso apoyé desde el principio a la Revolución Cubana, porque ví que allí nacía una nueva forma de democracia con justicia social. También supe que no era ese el modelo que se podía aplicar en Chile porque las historias, instituciones, fuerzas sociales y tradiciones políticas de ambos países eran muy diferentes. Pero rápidamente me convencí que la democracia radical, de base, instituida en la isla rebelde era tan válida como nuestra “vía chilena al socialismo.” Y por las mismas razones acepté, aun ejerciendo la presidencia del Senado chileno, ser presidente de la OLAS, la Organización Latinoamericana de Solidaridad creada por Fidel en 1967  para apoyar las luchas por la liberación nacional que se estaban librando en el Tercer Mundo, y en particular la del Che Guevara en Bolivia. Y por eso colaboré en garantizar la salida, sanos y salvos, de los hombres que acompañaron al Che en la guerrilla de Ñancahuazú así como de los seis jóvenes argentinos fugados de la cárcel de Trelew, donde estaban detenidos por su oposición armada a la dictadura reinante en ese país. Y por esas mismas razones invité a Fidel a realizar una extensa visita a Chile, que despertó los peores odios de la derecha y el imperialismo.  Por eso creo que tiene razón Maduro cuando me considera como el precursor del ciclo de izquierda relanzado en Latinoamérica con la elección de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en diciembre de 1998. Y por la misma razón discrepo radicalmente con usted cuando afirma que haber sacrificado “mi vida por la democracia y una revolución pacífica es un ejemplo leal y luminoso para los pueblos sedientos de libertad y justicia social.” En política no se trata de crear santos o héroes dispuestos a inmolarse sino de construir sociedades más justas y libres, tarea ardua y erizada de peligros bajo el capitalismo y las presiones del imperialismo. Por ningún motivo le recomendaría al presidente Maduro hacer virtud de lo que en mi caso fue una desgraciada necesidad, producto de la debilidad de mi gobierno frente a la coalición reaccionaria  y de la incapacidad de la izquierda para calibrar en sus justos términos la naturaleza perversa y tiránica de los sectores oligárquicos chilenos y sus mentores norteamericanos. Mi muerte en La Moneda, como la del Che en Bolivia, fue una convocatoria a la lucha para abrir las grandes alamedas, no para fomentar el derrotismo y la resignación ante las fuerzas más retardatarias de nuestras sociedades.</p>
<p>Habida cuenta de todo lo anterior es que le exijo no prosiga usted hablando en mi nombre. Si todo lo que he expuesto no le resulta convincente persista en su prédica, pero hágalo a nombre propio y no en el mío. Nadie, ni aún quienes participaron en mi gobierno, incluida la dirección del Partido Socialista, del cual fui fundador, o llevan mi apellido, o participan en este lamentable extravío que afecta a vastos sectores de la izquierda chilena, construida a base de más de cien años de esfuerzos, sacrificios, cárceles y persecuciones de todo tipo, tiene derecho a bastardear el legado político que sellé con mi sangre en La Moneda. Y no puedo ocultarle el profundo dolor que me embarga al ver en esta tremenda coyuntura venezolana, cuando el gobierno bolivariano se enfrenta a un “tránsito histórico” como el que yo aludiera en mi postrero mensaje al pueblo chileno, que usted tome partido junto a los Vargas Llosa (padre e hijo), Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Krauze, Jorge Castañeda y toda la derecha “bienpensante” y complaciente de Latinoamérica amparada, financiada y promovida por la NED, la Open Society Foundation y la enorme red de fundaciones y ONGs que sirven de vehículos para la dominación cultural del imperialismo. O que su nombre figure al lado de Macri, Bolsonaro y Abdo Benítez. Preferiría verlo en el otro bando, donde se agrupan quienes creen que en este momento o se está con un gobierno surgido del voto popular, que acabó con el analfabetismo, extendió como nunca antes la salud pública, entregó más de dos millones y medio de viviendas a su pueblo y recuperó las riquezas naturales de su país, ganó en 23 de las 25 elecciones convocadas desde su llegada al poder (y si tiene dudas acerca de ellas hable con Jimmy Carter que podrá ilustrarlo al respecto);  o se está con Trump y sus lacayos dentro y fuera de Venezuela y cuyo excluyente objetivo es apoderarse del petróleo, del oro y del coltan, entre otros recursos naturales estratégicos, que se c0ncentran en demasía en territorio venezolano. Y espero que no insulte mi inteligencia afirmando que el objetivo del intervencionismo norteamericano es establecer el imperio de la justicia, la libertad, los derechos humanos y la democracia. Muéstreme un país en donde tal cosa haya ocurrido. ¿Honduras, Granada, Panamá, Brasil en 1964, Chile después de 1973? ¿Irak, Afganistán, Yemen? Lo que los mueve a propiciar este tipo de políticas de “cambio de régimen” es su afán por apoderarse de recursos naturales cada vez más escasos y posicionarse más favorablemente en el complejo tablero geopolítico internacional. Todo a costa del sometimiento de nuestros pueblos y al avasallamiento de la soberanía y autodeterminación nacionales.</p>
<p>Confío en que podrá usted abstraerse de las opiniones dominantes en Estados Unidos y, por proyección casi “natural” en sus países satélites de Europa y Latinoamérica y el Caribe, tan fuertemente influidas por la dictadura mediática que nos agobia en todo el mundo, y pueda someter a revisión las ideas que ha expuesto como si fueran mías y no lo son. En el pasado usted escribió algunas páginas notables que enriquecieron el pensamiento crítico latinoamericano. Vuelva a sus orígenes porque ha perdido el norte. Su imaginaria reconstrucción de mi pensamiento es una inadmisible desvirtuación de mis ideas. Por eso le reitero: <strong>diga lo que quiera, pero no en mi nombre. Y esto no es un favor que estoy pidiendo sino una exigencia nacida del respeto que merece mi trayectoria, mi coherencia  política y la vida que ofrendé por ser leal a mis ideas y a mi pueblo.</strong></p>
<p>Espero fervientemente que pueda usted recapacitar y retomar el rumbo que lo llevó a acompañarme en mi proyecto de gobierno.</p>
<p>Atentamente,</p>
<p>Salvador Allende Gossens”.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://www.atilioboron.com.ar/2019/03/salvador-allende-no-en-mi-nombre.html">Atilio Borón</a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p><em>Para información de las y los lectores, el siguiente es el texto escrito por Ariel Dorfman:</em></p>
<p>“Palabras de Salvador Allende para Maduro.</p>
<p>Señor Presidente Nicolás Maduro:</p>
<p>Ud. ha jurado que nunca será derrocado como me sucedió a mí cuando el general Pinochet liquidó la democracia en mi país y estableció una larga dictadura de diecisiete años que dejó tras sí una secuela de sangre, dolor e injusticia.</p>
<p>Entiendo su deseo de enfatizar las similitudes entre su situación y la mía. Aunque hay incómodas y embarazosas diferencias entre nosotros, también existen paralelos alarmantes. Tal como en Venezuela hoy, el Chile revolucionario de 1973 estaba ferozmente dividido en dos campos beligerantes, con los líderes del Congreso clamando sediciosamente para que los militares intervinieran contra el gobierno constitucional, acicateados por los sectores más pudientes de la sociedad que no aceptaban que intentáramos construir una sociedad que beneficiaba a las grandes mayorías ciudadanas de la patria en vez de intereses minoritarios.</p>
<p>El experimento chileno -llegar al socialismo por medios pacíficos- se encontraba asediado, padeciendo formidables problemas económicos, aunque nada en comparación con el desastre humanitario que aqueja a Venezuela hoy. Y tal como Nixon y Kissinger y las multinacionales yanquis conspiraron contra Chile en 1973, Trump, Pence, Pompeo y los consorcios petroleros alientan la campaña contra Venezuela, una arrogante repetición de las innumerables intervenciones de Washington realizadas incesantemente en los asuntos internos de países de todo el mundo. De hecho, Trump acaba de exceder incluso a Nixon (¿quién pensaría que tal cosa fuese posible?), pidiendo desfachatadamente un golpe militar y amenazando a los soldados de Venezuela con “perderlo todo” si no lo llevan a cabo.</p>
<p>Pese a estas semejanzas entre Chile en 1973 y Venezuela en 2019, siento que Ud. le hace un flaco servicio a la causa revolucionaria al equipararse conmigo. Durante toda mi vida fui un ardiente defensor de la democracia: mi gobierno nunca restringió los derechos de asamblea y prensa, ni menos encarceló a opositores, aunque algunos abusaron de esta libertad con atentados terroristas y mentiras descomunales, ayudados por millones de dólares de la CIA. Y acepté el resultado de cada elección durante mi mandato, sin tomar en cuenta si me era favorable. Una disparidad adicional: Ud. cuenta con profuso apoyo de Rusia y China, mientras que a mí, cuando le pedí ayuda a lo que era entonces la Unión Soviética, no me prestaron ni un peso (tal vez una revancha por haber condenado yo las invasiones soviéticas de Hungría en 1956 y de Checoslovaquia en 1968). En cuanto a China, tenía reservas acerca de nuestra revolución libertaria, hasta el punto de que Mao rehusó romper relaciones con el régimen de Pinochet.</p>
<p>Vuestra crisis se ve complicada: si bien se encuentra Ud. amenazado con una revuelta militar financiada y coordinada desde el extranjero, al mismo tiempo despliega tendencias fuertemente autoritarias con las que definitivamente no me identifico. Tiene razón al rechazar la interferencia foránea en Venezuela y razón al denunciar las funestas consecuencias de que las Fuerzas Armadas se alcen contra un gobierno constitucional. Pero se equivoca al socavar, con sus acciones represivas, la democracia que dice estar protegiendo, y se equivoca cuando persigue a ciudadanos cuyo patriotismo y amor por los derechos humanos no pueden ser disputados. Y quien puede dudar de que su gobierno exhibe niveles preocupantes de corrupción e ineficacia. Debo agregar que, para mis compatriotas que sufrieron un exilio masivo bajo Pinochet, es angustioso observar los vastos contingentes de sus propios ciudadanos que se sienten compelidos a huir de su tierra natal.</p>
<p>Como declara que soy su héroe y modelo, permítame ofrecerle un consejo acerca de cómo salvar a Venezuela de una guerra civil y, a la vez, conservar algunas de las reformas bolivarianas que han favorecido a los sectores desaventajados de su país. Cabe observar que muchos de los que ahora azuzan un motín contra vuestro gobierno en nombre del pueblo sufriente mostraron en el pasado escasa preocupación por la situación desmedrada y, en efecto, sufriente, de los venezolanos más desamparados.</p>
<p>Cuando Chile se encontraba paralizado por una oposición dispuesta a todo para derrocarme, tomé la decisión de anunciar el 11 de septiembre de 1973 la convocatoria a un plebiscito para que el pueblo decidiera el rumbo futuro de la patria. Si yo perdía, renunciaría a la Presidencia y se llevarían a cabo nuevas elecciones. Al conocer los golpistas mis propósitos -¡qué sorpresa!-, adelantaron el día de su asonada, probando que, lejos de querer resguardar la democracia, deseaban destruirla.</p>
<p>No sé si Ud. está dispuesto a impulsar un referéndum como el que yo iba a plantear hace más de 45 años en Chile, una consulta que hubiera preservado tanto la democracia como la soberanía nacional.</p>
<p>Este tipo de solución, además de ahorrarle tanto sufrimiento y sangre al pueblo venezolano, tendría un efecto benéfico en el resto de América Latina. Aunque es verdad que muchos de los problemas que acosan a vuestro país se deben a USA, que ha boicoteado y saboteado vuestra economía, como lo hizo con la nuestra, es incontestable que su mal gobierno está dañando a las fuerzas progresistas del continente, donde se lo presenta a Ud. como un cuco, el hombre del saco y del saqueo. Varios movimientos de derecha, incluyendo los de Colombia, Argentina, Brasil y Chile, han tenido éxito al proyectarse como los únicos capaces de salvar a sus patrias de instaurar “otra Venezuela”. En Chile, tal campaña del terror llegó al absurdo de que la derecha de raíces pinochetistas acusó a la centro izquierda -que había terminado con la dictadura- de querer convertir al país en “Chilezuela”. Hasta Trump ha dicho, ridícula y maliciosamente, que solo él podrá impedir que su país caiga en el “socialismo” de Maduro.</p>
<p>Tales insidias han contribuido al auge de un populismo conservador y ultranacionalista que demoniza a quienes batallan por las profundas transformaciones que nuestra América sigue necesitando.</p>
<p>No me extrañaría que me hiciera ver que mi creencia en las negociaciones y una revolución que valoraba los derechos de mis contrincantes llevó a mi muerte y al desmoronamiento de “la vía chilena al socialismo”. Mi respuesta desafiante es que ahora, tantas décadas más tarde, mi decisión de sacrificar mi vida por la democracia y una revolución pacífica es un ejemplo leal y luminoso para los pueblos sedientos de libertad y justicia social.</p>
<p>Me cabe la esperanza de que Usted, al meditar mis palabras, sepa hallar una salida de esta crisis que, junto con prevenir una conflagración fratricida, facilite la lucha de los hombres y mujeres de nuestra Tierra que buscan una existencia digna y decente, libre de miseria, opresión y mentiras, las grandes alamedas de que hablé cuando me despedí de este mundo.</p>
<p>Lo saludo, desde el otro lado de la muerte y de la historia,</p>
<p>Salvador Allende”.</p>
<p>*Fuente: <strong><a href="http://www.atilioboron.com.ar/2019/03/salvador-allende-no-en-mi-nombre.html">Atilio Borón</a></strong></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/03/05/salvador-allende-no-en-mi-nombre/">Salvador Allende: «No en mi nombre»</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2019/03/05/salvador-allende-no-en-mi-nombre/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Es correcto enviar una carta «imaginaria» a Maduro en nombre de Salvador Allende?</title>
		<link>https://piensachile.com/2019/02/26/es-correcto-enviar-una-carta-imaginaria-a-maduro-en-nombre-de-salvador-allende/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2019/02/26/es-correcto-enviar-una-carta-imaginaria-a-maduro-en-nombre-de-salvador-allende/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Feb 2019 02:30:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[no etico]]></category>
		<category><![CDATA[presidente salvador allende]]></category>
		<category><![CDATA[revolucion bolivariana]]></category>
		<category><![CDATA[venezuela]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=46854</guid>

					<description><![CDATA[<p>Ariel Dorfman tiene todo el derecho a escribir su punto de vista sobre el gobierno de Venezuela. Pero ¿por qué presentarlo como si fuera el de Salvador Allende, alineándolo con los que critican el gobierno de Nicolás Maduro? El escritor no puede ignorar que la utilización de la figura del Presidente chileno, incluso bajo la forma de una “Carta imaginaria” es cuestionable en el plano ético.<br />
Allende defendió el derecho de cada país a escoger su vía, sin inmiscuirse en la política interna. Pero sí, su gobierno fue solidario con Vietnam, entonces bajo una lluvia de bombas, y condenó sin ambigüedad el bloqueo a Cuba, entonces bajo los fuegos de una campaña de desinformación y de una guerra económica similar a las que hoy sufre Venezuela.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/02/26/es-correcto-enviar-una-carta-imaginaria-a-maduro-en-nombre-de-salvador-allende/">¿Es correcto enviar una carta «imaginaria» a Maduro en nombre de Salvador Allende?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Lunes 25 de febrero 2019 16:21 hrs.</p>
<p><a href="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2019/02/Salvador-Allende.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-46323" src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2019/02/Salvador-Allende.png" alt="" width="220" height="285" /></a>Utilizando un sorprendente estilo, el escritor Ariel Dorfman tomó hace unos días la iniciativa de redactar una <strong><a href="https://www.pagina12.com.ar/176750-simon-bolivar-tiene-palabras-para-las-ff-aa-de-ee-uu">“carta imaginaria” de Salvador Allende</a> </strong>al Señor Presidente Nicolás Maduro.<a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a> El autor de <em>Para leer al Pato Donald</em>. Comunicación de masas y colonialismo (con Armand Mattelart) y de <em>La muerte y la doncella</em>, afirma sentir la obligación de imaginar los consejos que el Presidente de Chile (1970-1973) habría podido prodigar a su actual colega venezolano, quien considera Allende un héroe y un modelo.</p>
<p>Tal método suscita una interrogante de índole ética. ¿Es aceptable atribuir al Presidente mártir una opinión sobre el actual gobierno de Venezuela, incluso si ésta es presentada como “<em>imaginaria</em>”?</p>
<p>Antes de intentar una respuesta, examinemos su contenido.</p>
<p>A diferencia de los que se ensañan contra Nicolás Maduro negando toda similitud entre Chile de 1973 y Venezuela de 2019, Ariel Dorfman reconoce semejanzas entre la destabilización del gobierno chileno y la que está actualmente en curso contra el gobierno venezolano.</p>
<p>En 1973 –explica– Nixon, Kissinger y las multinacionales estadounidenses conspiraron contra Chile. Hoy, Trump, Pence, Pompeo et Elliot Abrams, dirigen la maniobra. Pero con un objetivo bastante limitado: “<em>expulsarlo a Ud., el Presidente constitucional de Venezuela, por la fuerza de las armas</em>”. La “<em>Carta</em>” no dice que los conspiradores quieren destruir el proyecto redistributivo chavista para permitir que sus multinacionales se apoderen del petróleo (esta palabra no figura).</p>
<p>Enseguida, sin mucha imaginación, la “<em>Carta</em>” restituye las acusaciones habituales, sin argumentos: fuertes tendencias autoritarias; limitación de la libertad de asociación de los opositores y de la libertad de prensa; prisioneros de opinión, torturados, y retoma la afirmación –discutible– que hay una “<em>catástrofe humanitaria</em>” en Venezuela.</p>
<p>Más o menos los mismos anatemas fueron lanzados, hace cuatro décadas, contra Salvador Allende. Salvo el último: las intervenciones “<em>humanitarias</em>” son una creatura del siglo XXI.</p>
<p>En efecto, el 22 de agosto 1973, la oposición chilena, financiada por la CIA y mayoritaria en la Cámara, votó un acuerdo en una sesión express, casi sin debate, afirmando que el gobierno de Allende “<em>desde sus inicios está empeñado en conquistar el poder total</em>” para “<em>instaurar un sistema totalitario</em>”. Para eso ampara “<em>la creación de poderes paralelos, ilegítimos</em>”; ha “<em>usurpado</em>” facultades del Parlamento y de la Justicia; “<em>ha atentado gravemente contra la libertad de expresión</em>”, de reunión, de enseñanza, y la de salir del país. Y en fin, “<em>infiltró</em>” las fuerzas armadas. <strong>Conclusión</strong>: los militares deben “<em>poner inmediato término a todas las situaciones de hecho referidas</em>”.</p>
<p>Hoy tales afirmaciones son consideradas absurdas e incluso vergonzosas. Salvo para los que aún reivindican el golpe de Estado a través de este acuerdo de la Cámara. Pero en 1973 eran difundidas machaconamente por la prensa de oposición, que dominaba el paisaje mediático, sin dejar de gritar que no había libertad de prensa. Para muchos, las falsas acusaciones lanzadas contra Allende se transformaron en “<em>verdades</em>” exentas de demostración. Una parte significativa de la población creyó entonces que Allende era un personaje abyecto que preparaba secretamente una siniestra dictadura. Y aplaudió su derrocamiento.</p>
<p>Como Chile de 1973, la Venezuela de 2019 está cargada de falsas informaciones sobre “<em>exacciones</em>” fabricadas para diabolizar al gobierno y justificar también su derrocamiento. Conviene verificarlas con mucho rigor antes de difundirlas.</p>
<p>El autor de la “<em>Carta</em>” desgraciadamente no verificó las fuentes cuando hace “<em>decir</em>” a Allende que Nicolás Maduro cuenta con el apoyo de Rusia y China, mientras que cuando “<em>yo pedí</em>” ayuda a la Unión Soviética “<em>no recibí un peso</em>”. Las fuentes sobre la visita de Allende a la URSS en diciembre 1972 indican que Moscú acordó un préstamo a Chile por un monto considerable. Cierto, menor a los U$80 millones solicitados por el Gobierno chileno. El ministro de la Planificación, Gonzalo Martner, que formó parte de la delegación, habla de U$45 millones; el consejero de Allende Joan Garcés afirma que la URSS prestó U$27 millones en materias primas y alimentos y añadió U$20 millones a un crédito anterior de U$ 80 millones.</p>
<p>Finalmente, el Allende imaginario reprocha a Nicolás Maduro “<em>la manera irresponsable con la que Ud. ha mal dirigido su país</em>» y le da un consejo: « <em>yo decidí organizar un referéndum que permitiría al pueblo determinar la vía que el país debería tomar</em>”.</p>
<p>No obstante, los referéndums y las elecciones no faltan en Venezuela. Entre 1999 y 2019 el país ha tenido la ocasión de escoger su vía en seis elecciones de gobernadores, seis referéndums, tres elecciones municipales, dos elecciones de asamblea constituyente, cuatro parlamentarias y cinco presidenciales. En todos los casos, salvo dos, el chavismo llegó primero.</p>
<p>Pero lo esencial es que dar ese tipo de consejos a otros países no formaba parte de los métodos utilizados por la Unidad Popular. Su política internacional consistió en remplazar las “<em>fronteras ideológicas”</em> de la Guerra Fría, por el “<em>pluralismo ideológico</em>” y a promover los principios de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención.</p>
<p>Allende defendió el derecho de cada país a escoger su vía, sin inmiscuirse en la política interna. Pero sí, su gobierno fue solidario con Vietnam, entonces bajo una lluvia de bombas, y condenó sin ambigüedad el bloqueo a Cuba, entonces bajo los fuegos de una campaña de desinformación y de una guerra económica similar a las que hoy sufre Venezuela.</p>
<p>Hace unos días, un grupo de intelectuales, algunos de ellos próximos al gobierno de Allende, basándose en sus experiencias, redactaron una carta abierta a la Alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet <a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>. Alarmados por el efecto de las “<em>sanciones económicas</em>” impuestas por Estados Unidos a Venezuela, que han ocasionado pérdidas por U$23 billones, le piden que intervenga.</p>
<p>El objetivo de esas “<em>sanciones</em>” –explican– es impedir la recuperación económica del país y someter al hambre su población para “<em>acelerar el colapso</em>”, como lo dijo el ex embajador de la Casa Blanca ante Venezuela, William Brownfield. Esta agresión contra la población viola la Carta de la ONU, el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos y del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Y también el Derecho Internacional.</p>
<p>Volvamos a nuestra pregunta inicial. ¿Corresponde aceptar que, en nombre de la libertad de creación, alguien atribuya a un personaje palabras que nunca ha pronunciado ?</p>
<p>No es la primera vez que Allende se ve atribuir gestos diferentes a los hechos históricos. En 2015, miembros del gobierno chileno afirmaron que, ante la reivindicación marítima boliviana, la política de Allende se limitó a pregonar el respeto a los tratados, cuando, en 1971 envió un emisario a La Paz para negociar un acceso al mar. <a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a></p>
<p>Recientemente, en un filme de reconstitución “<em>imaginaria</em>” el día del golpe de Estado, el realizador inventa una disputa telefónica –inexistente– entre Allende y el jefe del Partido Socialista, luego pone en escena una desautorización de Allende por los partidos de su coalición –que nunca existió–, y finalmente hace decir al Presidente, en pleno bombardeo de palacio, que su gestión fue un “<em>fracaso</em>”.</p>
<p>El español republicano llegado a Chile como exiliado en 1939, Víctor Pey, estuvo concernido por un asunto similar y, en nuestra opinión, respondió brillantemente. Próximo de Allende y de Pablo Neruda, Pey fue presentado en el film Neruda de Pablo Larraín como el que indicó a la policía como dar con el futuro premio Nobel. Todo esto en clara oposición a los hechos: Pey estuvo entre los que ocultaron a Neruda y le ayudaron a salir del país.</p>
<p>Antes de su muerte en 2018, a los 103 años, Víctor Pey respondió a los que “<em>imaginaron</em>” su comportamiento en 1948: “<em>Si bien la libertad en el arte es y debe ser infinita, no lo es cuando hay datos que permiten vincular los hechos con personajes de carne y hueso</em>”. En efecto, nadie tiene derecho a travestir los hechos históricos ni a hacer decir a los personajes lo que no han dicho.</p>
<p>Ariel Dorfman tiene todo el derecho a escribir su punto de vista sobre el gobierno de Venezuela. Pero ¿por qué presentarlo como si fuera el de Salvador Allende, alineándolo con los que critican el gobierno de Nicolás Maduro? El escritor no puede ignorar que la utilización de la figura del Presidente chileno, incluso bajo la forma de una “<em>Carta imaginaria</em>” es cuestionable en el plano ético.</p>
<p><strong>Este texto ha recibido el apoyo de:</strong></p>
<p>Pablo Sepúlveda Allende, médico en Venezuela, nieto de Salvador Allende</p>
<p>Atilio Borón, politólogo y sociólogo argentino, profesor en la Universidad de Buenos Aires</p>
<p>Hugo Moldiz Mercado, abogado, periodista y director del semanario La Época. Coordinador del capítulo boliviano de la Red en Defensa de la Humanidad (REDH)</p>
<p>Maria Nela Prada Tejada, diputada boliviana, integrante del capítulo boliviano de la REDH</p>
<p>Amzat Boukari, escritor, doctor en Historia y civilizaciones africanas, autor de Africa Unite</p>
<p>Omar González, premio Casas de las Américas</p>
<p>Alicia Jrapko, estadounidense, coeditora de Resumen Latinoamericano</p>
<p>Ángel Guerra Cabrera, profesor y periodista Cuba/México</p>
<p>Paul-Emile Dupret, jurista, Parlemento europeo, grupo GUE/NGL</p>
<p>Jeremy Fox, escritor, periodista, Reino Unido</p>
<p>Paula Polanco, presidenta de INTAL, Bélgica</p>
<p>Ronnie Ramírez, cineasta, Bélgica</p>
<p>Felisa Cereceda, nieta de Violeta Parra</p>
<p>Chilenos de segunda y tercera generación, Lieja, Bélgica</p>
<p><em>-El autor, <strong>Jorge Magasich</strong>, es historiador y Profesor en el Instituto de Altos Estudios de Comunicaciones Sociales (IHECS), Bruselas</em></p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://radio.uchile.cl/2019/02/25/es-correcto-enviar-una-carta-imaginaria-a-nicolas-maduro-en-nombre-de-salvador-allende/">Diario UdeChile</a></strong></p>
<p>*<strong>Notas:</strong></p>
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Publicado en Estados Unidos en The Nation el 2 de febrero: www.thenation.com/article/venezuela-maduro-chile-allende/ y en Bélgica por el sitio Barril.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> https://radio.uchile.cl/2019/02/15/activistas-piden-a-michelle-bachelet-hacer-valer-la-carta-de-naciones-unidas-ante-bloqueo-a-venezuela/</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> https://radio.uchile.cl/2015/03/03/allende-bolivia-el-mar-y-la-historia/</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2019/02/26/es-correcto-enviar-una-carta-imaginaria-a-maduro-en-nombre-de-salvador-allende/">¿Es correcto enviar una carta «imaginaria» a Maduro en nombre de Salvador Allende?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2019/02/26/es-correcto-enviar-una-carta-imaginaria-a-maduro-en-nombre-de-salvador-allende/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Una historia de otro Donald</title>
		<link>https://piensachile.com/2017/09/29/una-historia-donald/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2017/09/29/una-historia-donald/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Sep 2017 00:39:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[destino manifiesto]]></category>
		<category><![CDATA[donald trump]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[golpe de estado]]></category>
		<category><![CDATA[pato donald]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=37195</guid>

					<description><![CDATA[<p><strong>Solo un país que continúa bañándose en la mitología de la inocencia, de una virtud otorgada por Dios, puede haber producido una victoria como la de Trump.</strong><br />
"El espectáculo de ver mi propio libro ardiendo por televisión era particularmente inquietante. Había asumido, equivocadamente y con ingenuidad, que después de las infamantes hogueras nazis de mayo de 1933, en que toneladas de volúmenes que se juzgaban subversivos, decadentes e insuficientemente “alemanes” habían sido consignados al fuego, tales actos serían considerados demasiado reprehensibles para llevarse a cabo en forma pública. Pero los militares chilenos no tenían problemas con difundir flagrantemente su furia y odio."</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2017/09/29/una-historia-donald/">Una historia de otro Donald</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span class="navigation_cadre">Fecha de publicación en Tlaxcala: 28/09/2017 </span><br />
<span class="navigation_cadre">Original: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=21548">How to read Donald Trump<br />
<i>On burning books but not ideas</i></a><br />
Traducciones disponibles: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=21549">Português</a>  <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=21611">Français</a>  </span></p>
<p><span class="texte1">Solo un país que continúa bañándose en la mitología de la inocencia, de una virtud otorgada por Dios, puede haber producido una victoria como la de Trump.</span></p>
<p><a href="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2017/09/Pato-Donald.png"><img loading="lazy" class=" wp-image-37197 aligncenter" src="http://piensachile.com/wp-content/uploads/2017/09/Pato-Donald-300x168.png" alt="" width="462" height="259" /></a></p>
<p>Hace cuarenta y dos aňos, en julio de 1975, un oscuro funcionario del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos ocupado en asegurar el cumplimiento de la ley de importaciones, decidió que un cargamento de libros impresos en Londres podría constituir un acto de piratería intelectual contra los derechos de Walt Disney, y procedió a “detener”, “incautar” y “someter a custodia” los cuatro mil ejemplares respectivos, solicitando que las partes en disputa, los editores británicos y la Disney Corporation, entregaran declaraciones legales sobre el caso antes de que se determinara el destino final de ese envío.</p>
<p>El libro que había suscitado la suspicacia del Departament of the Treasury (Finanzas), del que depende la Aduana norteamericana, era la versión al inglés de <em><a href="http://www.sigloxxieditores.com.ar/fichaLibro.php?libro=978-987-629-073-9">Para leer al Pato Donald</a>,</em> que yo había escrito con el sociólogo belga Armand Mattelart en 1971 durante el gobierno revolucionario de Salvador Allende. Si he citado las palabras exactas con que se anunciaba el secuestro de nuestro libro es para acentuar que tal agresión era una más entre muchas que ya había sufrido nuestra crítica a Disney después del golpe de septiembre de 1973 que derrocó a Allende y su experimento de socialismo democrático.</p>
<p align="justify"><strong>¡Agua y fuego contra nuestro Pato!</strong></p>
<p>Agua: diez mil ejemplares de la tercera tirada del libro fueron lanzados por la Armada chilena a la bahía de Valparaíso. Y fuego: unos días después de la asonada militar, encontrándome en la clandestinidad, vi por televisión cómo un grupo de soldados quemaban, en vivo, centenares de libros, entre los cuales se hallaba <em>Para leer al Pato Donald.</em> No me sorprendió tal pira inquisitorial. Nuestro desmenuzamiento de los valores dominantes que escondían las historietas que Disney propagaba por nuestro país y tantas otras naciones de lo que se denominaba en esa época el Tercer Mundo había tocado un nervio en la burguesía chilena. Un airado automovilista había tratado de atropellarme, gritando “¡Viva el Pato Donald!” Fui rescatado de una turba antisemita por un camarada karateca y la casa en que vivíamos con mi mujer y nuestro hijo Rodrigo fue el objeto de protestas de vecinos del barrio.</p>
<p>Aún así, el espectáculo de ver mi propio libro ardiendo por televisión era particularmente inquietante. Había asumido, equivocadamente y con ingenuidad, que después de las infamantes hogueras nazis de mayo de 1933, en que toneladas de volúmenes que se juzgaban subversivos, decadentes e insuficientemente “alemanes” habían sido consignados al fuego, tales actos serían considerados demasiado reprehensibles para llevarse a cabo en forma pública. Pero los militares chilenos no tenían problemas con difundir flagrantemente su furia y odio. Y me recordó que quienes quemaban mi libro no tendrían problemas con hacer algo idéntico o peor al cuerpo indefenso del autor. Tal experiencia ayudó a convencerme de que aceptara, muy de mala gana, la orden de mi partido político para que abandonara Chile a fin de unirme a la campaña contra el general Pinochet en el exterior.</p>
<p>Esa imagen de mi libro incinerado me acompañó al exilio, incitándome a meditar dilatadamente acerca del sentido profundo y desesperante de aquella hoguera. Había sido nuestra intención asar a lo espiedo a Disney y a su Pato, vacunar al pueblo chileno contra la plaga del American Dream of Life y su ideología competitiva, superindividualista y voraz. En vez de ello, como Chile mismo, el libro había sido consumido por una conflagración sin fin. El hecho de que los conspiradores militares y civiles habían sido financiados y alentados por Washington y la CIA, de que Nixon y Kissinger habían desestabilizado el experimento maravilloso de Allende, le dio una sensación de derrota especialmente amarga a la quema del texto que desnudaba justamente la forma en que Estados Unidos trataba a países como el nuestro. Creíamos con tanto fervor que nuestras palabras –y los obreros en marcha que las estimularon– eran más fuertes que el Imperio y ahora el Imperio había probado su poderío, nosotros éramos los que habíamos sido chamuscados y digeridos y escupidos.</p>
<p>Y, sin embargo, pese a que tantos ejemplares de <em>Para leer al Pato Donald</em> habían sido obliterados, el libro mismo cobraba una segunda vida en otras latitudes. Entre todas las traducciones, la que más nos importaba a Armand y a mí era la que se hizo al inglés. Si aquel “manual de la descolonización” (como la llamó el gran John Berger) no podía circular en la tierra que lo vio nacer, teníamos la esperanza de que podría encontrar nuevos lectores en la tierra que le dio nacimiento a Disney.</p>
<p>No tardamos mucho en darnos cuenta de que el creador del Pato Donald, igual que el gobierno gringo que lo defendía y difundía, era más poderoso de lo que habíamos anticipado. Debido a que no le habíamos pedido autorización a Disney para reproducir algunas imágenes de las historietas que Walt publicaba con tanto desparpajo masivo en nuestras naciones, ningún editor en Estados Unidos estaba dispuesto a arriesgar los juicios y pleitos que una armada de abogados había ya desplegado en tantísimas ocasiones para defender el <em>copyright</em> de la Disney Corporation.</p>
<p>De manera que cuando el Servicio de Aduanas confiscó los ejemplares de <em>How To Read Donald Duck</em>, pensábamos que íbamos a volver a perder la pelea contra Disney. Para nuestra alegría y desconcierto, abogados del Center for Constitutional Rights en Nueva York convencieron al Treasury Department de que no habíamos cometido piratería al reproducir los monitos y permitió la importación del libro. Con la salvedad de que, amparándose en una ley de fines del siglo XIX, decidió que tan solo 1.500 copias podían ingresar. Esta decisión burocrática bloqueó efectivamente a los lectores de ese país de tener acceso al libro, que se convirtió así en un ítem de coleccionista, por el que se pagan hoy centenares de dólares en el mercado virtual.</p>
<p>Ahora, por fin, después de cuatro décadas, <em>How To Read Donald Duck</em> va a circular en la patria de Disney como parte de un catálogo del <a href="http://makcenter.org/programming/how-to-read-el-pato-pascual-book-release/"><strong>museo MAK</strong></a> de Los Ángeles. No puedo negar que me da cierta satisfacción pensar que el libro reaparece tan cerca de Disneylandia y, también, de la tumba donde descansan los restos no tan inmortales de Walt mismo (el que no fue congelado criogénicamente, como murmuran las lenguas). Más importante, sin embargo, es que nuestro texto carbonizado y prohibido ha logrado pasar subrepticiamente la frontera de Estados Unidos en el preciso momento en que sus ciudadanos, animados por el tipo de xenofobia y nacionalismo exacerbado que recuerda mi propio Chile regentado por Pinochet, han elegido a otro Donald (aunque se parezca más al Tío Rico MacPato que a su sobrino más notorio) como presidente en virtud de su promesa de “construir una muralla” y “¡Hacer de nuevo grande a América!”. Nos encontramos, sin duda, en una coyuntura donde reina el deseo nostálgico de retornar a un país que Disney concibió en sus historietas como inmaculado, inocente y eterno.</p>
<p>Me conforta que nuestras ideas, forjadas durante la revolución chilena, hayan arribado a estas orillas precisamente cuando algunos –¡demasiados!– estadounidenses se pasean con antorchas en lugares como Charlottesville, haciéndose eco de las hogueras de Santiago y Berlín, pero también en un momento en el que muchos otros compatriotas suyos se preguntan acerca de las condiciones que llevaron a Donald Trump al poder. Me pregunto si hay algo que podrían extraer quienes hoy son mis conciudadanos estadounidenses de nuestra exploración de la ideología subterránea de este país. ¿Es posible ver la sombra de Donald Trump dentro del libro que desnuda a ese otro Donald, el plumífero?</p>
<p>Por cierto que muchos valores que impugnamos en nuestro libro –la codicia, la ultracompetitividad, la sujeción de las razas más oscuras, la desconfianza y desprecio hacia los extranjeros (mexicanos, árabes, asiáticos), todo ello edulcorado en un himno constante a una felicidad inalcanzable– anima a cantidad de entusiastas de Trump (y no solo a sus seguidores). Pero tales blancos son demasiado evidentes y fáciles. Tal vez más crucial hoy es el pecado cardinal de Estados Unidos que se agita en el corazón de las historietas de Disney: la creencia en una innata inocencia de la patria de Lincoln, la presunción de la excepcionalidad, la singularidad ética y destino manifiesto de este país. Cuando escribimos el libro nos referíamos a la incapacidad –que sigue hoy– de la nación que Walt exportaba como un modelo de perfección a reconocer su propia historia. Si se desmorona la amnesia recurrente de la violencia y trasgresiones pretéritas (la esclavitud, el extermino de nativos, las masacres de obreros en huelga, la persecución y deportación de inmigrantes y rebeldes, tantas aventuras militares en suelo extranjero, tantas invasiones y conquistas de territorio ajeno, y la complicidad con autocracias y dictaduras en todos los continentes), lo que se derrumba es la cosmovisión supuestamente prístina de Disney, abriendo espacio para que otro tipo de país haga su lenta aparición.</p>
<p>Aunque escogimos a Walt Disney como el ejemplo excelso de esta inocencia, ella se encarna hondamente, por cierto, en los prejuicios de la inmensa mayoría de los norteamericanos, aun entre los más ilustrados. Una casi imperceptible muestra de ello es la reciente decisión de Ken Burns, el documentalista más celebre y admirable de las costumbres y trayectoria de su país, de comentar en su nueva serie televisiva sobre Vietnam que esa intervención desastrosa y genocida en una nación lejana fue iniciada “de buena fe y por gente decente” y que se trataba de un “fracaso” y no de una “derrota”.</p>
<p>Es una advertencia de cuán difícil será deshacerse de la idea abismalmente arraigada de que Estados Unidos, pese a sus fallas, es una fuente incuestionable de benevolencia en el mundo. Solo un país que continúa bañándose en la mitología de esta inocencia, de una virtud otorgada por Dios y por lo tanto destinada a imperar en toda la Tierra, puede haber producido una victoria como la de Trump. Solo el reconocimiento de cuán perversa y enceguecedora viene a ser aquella inocencia puede conducir a una comprensión más amplia de las causas de la ascendencia de Trump y su dominio alucinante sobre tantos seguidores suyos, un reconocimiento al que nuestro libro quisiera contribuir, aunque fuera en forma mínima.</p>
<p>Hay, sin embargo, un aspecto de <em>How To Read Donald Duck</em> que tal vez ofrezca una contribución de otro tipo a la búsqueda colectiva en que tantos estadounidenses perplejos están empeñados. Volviendo a leer este texto nuestro, lo que me sigue inspirando hoy es su tono rebelde, la insolencia, el humor, la euforia que fluye por sus páginas. Es un libro que se ríe de sí mismo mientras se burla de Donald y sus sobrinos y sus compinches. Detrás de su deseo de un nuevo lenguaje para la liberación puedo escuchar a un pueblo que no se deja avasallar. Me devuelve al inmenso salto imaginativo que exige toda demanda de un cambio radical. Y captura algo que a menudo falta en esta era de catástrofes y derrotas: la certeza de que múltiples realidades alternativas son posibles, que están a nuestro alcance si tenemos el coraje y la inteligencia y la osadía de enfrentar el futuro sin miedo. <em>Para leer</em> <em>al Pato Donald</em> fue y sigue siendo una celebración de la alegría que acompaña el desborde de la imaginación, una alegría que es su propia recompensa, que no puede ser quemada en Santiago o desaparecer en la bahía de Valparaíso.</p>
<p>Es esa alegría liberadora, ese espíritu de resistencia, lo que me gustaría compartir con lo mejor que tiene Estados Unidos por medio de un libro que no lograron liquidar los soldados de Pinochet ni bloquear del país de Martin Luther King los abogados de Disney. Espero que en este momento confuso y terrible sea un modo modesto de recordar que de veras no tenemos por qué dejar el mundo tal como lo heredamos al nacer. Si pudiera reescribir ese libro hoy, es probable que un mejor título sería, quizás, <em>Para leer a Donald Trump</em>.</p>
<p class="nota_pie">-El autor des este artículo, Ariel Dorfman, es el autor de <em>La muerte y la doncella</em> y, más recientemente, la novela <em>Allegro.</em> Vive con su mujer en Chile y en Carolina del Norte, donde es profesor emérito de literatura de la Universidad de Duke.</p>
<p><span class="texte1"><img class="aligncenter" src="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_16904.jpg" alt="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_16904.jpg" /></span></p>
<table border="5" width="640" cellspacing="1" cellpadding="1" align="center">
<tbody>
<tr>
<td bgcolor="#D3B09A"><em><img loading="lazy" class="shrinkToFit" src="http://tlaxcala-int.org/upload/gal_17056.jpg" alt="" width="635" height="421" /></em></p>
<p><em>How to Read El Pato Pascual: Disney’s Latin America and Latin America’s Disney</em> es una exposición de Pacific Standard Time: LA/LA de más de 150 obras de 48 artistas latinoamericanos que investigan y desafían casi cien años de influencia cultural entre América Latina y Disney. La exposición colectiva explora y cuestiona la idea de que no hay fronteras limpias entre el arte, la cultura y la geografía, y deconstruye cómo se forman tales nociones.</p>
<p>Los curadores de la exposición, el cineasta Jesse Lerner y el artista Rubén Ortiz-Torres, examinaron minuciosamente el largo compromiso de Disney con la cultura latinoamericana, desde el primer papel de Donald Duck en el Don Donald de 1937 con el tema mexicano hasta el intento de la compañía de marcar el día de los muertos. Las investigaciones de Lerner y Ortiz-Torres se basaron en un viaje que Walt Disney realizó con su equipo a Sudamérica en 1941. Junto con un grupo de quince animadores, músicos y guionistas, Disney voló a más de cinco países de América del Sur como parte de un grupo estadounidense dirigido por el gobierno para promover la política de «buen vecino» durante la Segunda Guerra Mundial. Además de la célebre película <em>Los Tres Caballeros</em>, este viaje produjo el largometraje <em>Saludos Amigos</em>; un «making of» documental titulado South of the Border con Disney; y películas de propaganda como The Grain que construyó un hemisferio.</p>
<p>El infame libro chileno de 1971 de los académicos Ariel Dorfman y Armand Mattelart, <em>Para leer al Pato Donald</em>, fue llevado a la atención de Ortiz-Torres mientras estudiaba con el artista Michael Asher en CalArts, financiado por Disney en los años noventa. El libro (anteriormente prohibido en Chile y amenazado por acciones legales en los Estados Unidos) proporciona un análisis estructural que denuncia las maneras en que los cómics de Disney fueron utilizados como vehículos para justificar y promover las políticas estadounidenses y el imperialismo cultural.</p>
<p align="justify">9 de Septiembre de 2017 – 14 de enero de 2018<br />
<a href="http://makcenter.org/sites/schindler-house">Schindler House</a> 835 N Kings Road West Hollywood, CA 90069<br />
<a href="https://goo.gl/maps/X4D4fMMogrk">Luckman Fine Arts Complex</a> 5151 State University Dr., Los Angeles, CA 90032</p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p><span class="envoi"><br />
Gracias a: <a href="https://elpais.com/cultura/2017/09/27/babelia/1506512874_380893.html" target="_blank" rel="noopener">Babelia/El País</a><br />
Fuente: <a href="http://www.tomdispatch.com/post/176326/tomgram%3A_ariel_dorfman%2C_a_tale_of_two_donalds/#more" target="_blank" rel="noopener">http://www.tomdispatch.com/post/176326/tomgram%3A_ariel_dorfman%2C_a_tale_of_two_donalds/#more</a><br />
Fecha de publicación del artículo original: 14/09/2017<br />
URL de esta página en Tlaxcala: <a href="http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=21649">http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=21649</a> </span></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2017/09/29/una-historia-donald/">Una historia de otro Donald</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2017/09/29/una-historia-donald/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Releyendo a Melville en Chile</title>
		<link>https://piensachile.com/2017/04/02/releyendo-melville-chile/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2017/04/02/releyendo-melville-chile/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Apr 2017 12:53:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia - Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[chile]]></category>
		<category><![CDATA[claggart]]></category>
		<category><![CDATA[donald trump]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[esclavos]]></category>
		<category><![CDATA[herman melville]]></category>
		<category><![CDATA[sedicion]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=34171</guid>

					<description><![CDATA[<p>La mirada más profunda de Melville acerca de la relación enmarañada de la inocencia y la violencia se plasmó en la breve novela, Benito Cereno, basada en un hecho real que había acaecido en 1805 en la costa de Chile, no lejos de donde yo me puse a releer esa narración. Un grupo de esclavos se había adueñado de un barco español, masacrando a la mayoría de los blancos a bordo, tanto tripulación como pasajeros, y forzando al capitán Cereno a que los llevase a un país africano. Melville vio en esa historia verdadera una oportunidad para mostrarle a sus compatriotas complacientes el tipo de sangriento desenlace que los atendía si no abolían la lacra de la esclavitud.</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2017/04/02/releyendo-melville-chile/">Releyendo a Melville en Chile</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="article-header diario">
<div id="header-eq" class="row row--full-width" data-equalizer="k8bvf2-equalizer" data-equalize-on="medium" data-resize="k8bvf2-equalizer">
<div class="columns relative medium-7 columns--right-padding" data-equalizer-watch="">
<div class="article-titles">
<div class="article-title">Hace 160 años, el primero de abril de 1857, Herman Melville, el creador de Moby Dick, publicó una novela, El Estafador (The Confidence Man) que, en esa época pasó sin pena ni gloria. Una alegoría sobre la capacidad infinita de los seres humanos de ser engañados por farsantes y simuladores conocidos como Confidence Men, hombres que nos hacen confiar en ellos para aprovecharse de nuestra buena fe, La obra transcurre precisamente el primer día de abril de ese año, coincidiendo así con April Fool’s Day en Estados Unidos, el día de los inocentes desde tiempos inmemoriales, el día en que a uno lo hacen tonto con todo tipo de jugarretas y picardías.</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="container">
<div class="row-sections">
<div class="section">
<div class="row row--full-width">
<div class="article-body diario">
<div class="column large-7 small-12">
<div class="article-text">
<p>Y, en efecto, el libro es la historia de un pícaro que asume muchas identidades a bordo de un barco que surca el Mississippi, embaucando a cuanto pasajero se encuentra a bordo.</p>
<p>En mis años mozos en Santiago había leído yo ese texto, cuando formaba parte de una extensa biblioteca que mi mujer y yo habíamos acumulado, en desmedro de necesidades domésticas más urgentes, una colección que, por cierto, tuvimos que abandonar cuando nos exiliamos del país después del golpe militar de 1973. Aunque se perdieron muchos tomos, todavía el grueso de la biblioteca nos espera cada vez que retornamos a un Chile ya democrático. Y durante una reciente larga estadía, me puse a releer esa novela, presumiendo que The Confidence Man podría hacer más comprensible el ascenso de Trump a la presidencia en base a mentiras y promesas fraudulentas.</p>
<p>Y, por cierto, me asombró cómo Melville pudo anticipar, una por una, cada una de las falacias y artimañas, los trucos retóricos y estrategias rapaces, que desplegó Donald Trump en su campaña presidencial.</p>
<p>Lo que no pudo, sin embargo, pronosticar Melville era la posibilidad insólita de que los embelecos y seducciones del Confidence Man le permitiesen algún día tomar el mando del barco en que navegaba, volverse el hombre más poderoso del mundo. En efecto, ¿qué pasa si el estafador se convierte en el insano, ególatra y apocalíptico Capitán Ahab que, consumido por su odio hacia la Ballena Blanca, termina sumiendo a su tripulación y su nave en un abismo insondable? ¿En ese caso, qué hacemos los desafortunados pasajeros?</p>
<p>Descubrí que Melville tenía una respuesta a estas interrogantes. En tres novelas cortas suyas encontré diversos modelos de cómo se puede resistir las arremetidas de alguien como Trump.</p>
<p>Empecé con Bartleby, El Escriba, donde el protagonista replica, una y otra vez, con las palabras emblemáticas, “Preferiría no hacerlo”, cada vez que su patrón, un abogado de Wall Street, le solicita que realice tareas típicas de cualquier empleado. Esta obstinada negativa a cooperar con el sistema dominante es tan extrema que Bartleby no solo queda cesante y sin hogar, sino que muere de hambre en una prisión para deudores.</p>
<p>La protesta pasiva de ese personaje enigmático, que Melville concibió como un manifiesto contra la literatura comercial de su época, puede servirnos, en la era de Trump, como un posible grito de guerra, un llamado a una rebelión pacífica y a la vez pujante contra el abuso del poder. Basta con imaginarse que las ciudades e iglesias desde San Francisco hasta Nueva York, cuando se les exige que no ofrezcan amparo a los migrantes indocumentados, anuncien que “preferirían no hacerlo”. Y esa misma frase puede ser bandera de lucha de activistas indígenas enfrentados a la violación de sus tierras tribales, de profesores y alumnos ante el asalto a la educación pública, de empleados gubernamentales a los que se les pide que traicionen la Constitución, de ciudadanos que no están dispuestos a que les envenen el aire y el agua, un “no” colectivo que sea firme y decidido, aunque siempre sereno. El hecho de que Bartleby nunca muestra “inquietud, cólera, impaciencia o impertinencia” desarma a su patrón, menoscaba su agresividad.</p>
<p>No puede esperarse una similar reacción dócil de parte de Trump. Sus tendencias autoritarias y personalidad matonesca lo conducirán inevitablemente a coartar en forma violenta los intentos de cuestionar sus políticas. En ese caso, serán los jueces de los Estados Unidos los que tendrán que proteger a la ciudadanía y restringir los embates belicosos de este Presidente tramposo.</p>
<p>Melville examinó, por cierto, en otra de sus novelas cortas, precisamente los dilemas de quienes administran la justicia en tiempos turbulentos e insubordinados. Es Billy Budd, su obra más perturbadora, que algunos lectores recordarán por una película de 1962 en que Terence Stamp hacía su debut cinematográfico en el rol de un marinero tan hermoso que parecía un ángel caído del cielo. La belleza y bondad del joven, cuyo único defecto es una tartamudez paralizante, suscitan la envidia y el encono de Claggart, el maestro en armas encargado de mantener la disciplina en ese buque de su Majestad Británica. Claggart, al que Melville muestra como la encarnación de una perversidad casi metafísica, acusa a Billy de organizar un motín, y éste, frustrado por su mudez, responde con los puños, asestándole a su acusador un golpe mortífero.</p>
<p>Vere, el capitán del navío, que siente un cariño paternal por Billy, sabe que el muchacho no es culpable de querer amotinarse y que deberían tomarse en cuenta circunstancias atenuantes para juzgar el homicidio accidental. Pero necesitando señalar un control total sobre su gente en una época de sedición y revueltas, termina manipulando a sus oficiales para que a Billy Budd lo condenen a muerte. Para conseguir tal dictamen (y Melville se esfuerza por calificar a Vere como un hombre honorable, valiente y culto), el capitán debe traicionar su propia conciencia, sacrificarla para servir lo que él estima es la ley superior de la guerra y la razón de Estado. El ángel ha de morir colgado de un mástil.</p>
<p>Si Melville denuncia la fuerza abusiva de Claggart y le duele el modo en que el Capitán Vere degrada a la humanidad ejerciendo una violencia estatal y judicial (y esperemos que los magistrados de los Estados Unidos sepan defender a las víctimas de esos asaltos del gobierno), lo que más le concierne es el crimen de Billy Budd mismo. ¿Por qué el marino seráfico responde a la injusticia con la virulencia de un golpe, por qué se deja avasallar por aquello de salvaje y bárbaro que también reside en su alma? Podría aventurarse que la creencia misma de Billy en la bondad de sus semejantes lo dejaron indefenso, mal preparado para enfrentar la vileza; es decir, que es demasiado “inocente”, justamente como los pasajeros que terminan burlados por el bribón embustero en The Confidence Man, como los tripulantes del Pequod que, camino a la perdición, no logran detener al enloquecido Ahab en Moby Dick.</p>
<p>La mirada más profunda de Melville acerca de la relación enmarañada de la inocencia y la violencia se plasmó en la breve novela, Benito Cereno, basada en un hecho real que había acaecido en 1805 en la costa de Chile, no lejos de donde yo me puse a releer esa narración. Un grupo de esclavos se había adueñado de un barco español, masacrando a la mayoría de los blancos a bordo, tanto tripulación como pasajeros, y forzando al capitán Cereno a que los llevase a un país africano. Melville vio en esa historia verdadera una oportunidad para mostrarle a sus compatriotas complacientes el tipo de sangriento desenlace que los atendía si no abolían la lacra de la esclavitud.</p>
<p>Tengan cuidado, Melville les advirtió a sus conciudadanos. Cuando los esclavos se alcen, utilizando los únicos medios feroces a su alcance, van a imitar la crueldad de sus propietarios, van a imponer inevitablemente el terror para conseguir sus fines.  Es la amenaza que acecha a toda revolución implacable.</p>
<p>Lo genial es que durante casi toda la novela se le oculta esa revuelta al lector, que presencia la situación a bordo del barco secuestrado a través de los ojos de Assa Delano, un capitán bostoniano que viene a rescatar lo que él cree es una nave a punto de zozobrar, pero donde no parece haberse alterado para nada el eterno orden social de amos y servidores. Sucede que los insurrectos le han armado al capitán norteamericano una mascarada, un espectáculo donde los esclavos simulan ser sumisos y Benito Cereno simula mandar a sus subordinados. Delano, cargado de prejuicios raciales, no puede concebir que las jerarquías se hayan fracturado ni menos que los negros sean tan inteligentes y sutiles como para escenificar una ficción tan elaborada y perfecta. Su ceguera ante la existencia de la maldad deriva, sugiere Melville, de que es cómplice, sin darse cuenta, de aquella maldad.</p>
<p>Assa Delano viene a ser, entonces, un protagonista más de los que pueblan la literatura de Melville, contaminados todos, uno tras otro, por una aterradora inocencia. Los héroes suyos pueden ser engañados porque se engañan a sí mismos. Es lo que ocurre con los pasajeros de El Estafador, con el patrón de Bartleby, con la tripulación del Pequod, con el Capitán Vere y con el desafortunado Billy Budd.</p>
<p>Releyendo estas obras de ficción en los desastrosos tiempos de Trump, lo que me llamó la atención fue cuántos votantes de los Estados Unidos –y me incluyo entre ellos– se cerraron a la posibilidad de que triunfara la malevolencia y la mentira. Suponer que había en ese país suficientes hombres y mujeres decentes que rechazarían ese futuro infame derivó de una ceguera malsana. Tanto optimismo, pensar que la patria de Lincoln es demasiado buena y excepcional y maravillosa para cometer ese error fatal, debería entenderse como una falta grave, casi un pecado.</p>
<p>El hecho de que leía a Melville en Chile, le agrega a este juicio severo una cierta ironía histórica, puesto que los chilenos también nos cegamos a la realidad dolorosa que nos esperaba, tampoco nos despertamos a tiempo. Cuando nos embarcamos en la pacífica revolución de Allende en 1970, proclamamos que nuestro país era diferente del resto de América Latina, que nuestras instituciones democráticas eran tan fuertes y perdurables que ninguna asonada militar podría tener éxito. No imaginamos que alguien como Pinochet existiera en un mundo peligroso.</p>
<p>Claro que, estando en Chile, fue fundamental además leer las obras de Melville desde la resistencia que opusimos a la dictadura, ya que, con la paciencia obcecada de Bartleby y la resolución angelical de Billy Budd y la valentía de los esclavos sublevados, vencimos a los Claggart de Chile.</p>
<p>¿Será capaz el pueblo de los Estados Unidos de hacer algo similar?</p>
<p>Le dejo la última palabra a Melville: “Todo lo intento; logro lo que puedo”.</p>
<p><em>* Ariel Dorfman es el autor de La Muerte y la Doncella y de la novela Allegro.</em></p>
<p>*Fuente: <strong><a href="https://www.pagina12.com.ar/29329-releyendo-a-melville-en-chile">Página 12</a></strong></p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2017/04/02/releyendo-melville-chile/">Releyendo a Melville en Chile</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2017/04/02/releyendo-melville-chile/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Una historia de padres y fantasmas</title>
		<link>https://piensachile.com/2013/11/19/una-historia-de-padres-y-fantasmas/</link>
					<comments>https://piensachile.com/2013/11/19/una-historia-de-padres-y-fantasmas/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción piensaChile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Nov 2013 01:30:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[alberto bachelet]]></category>
		<category><![CDATA[ariel dorfman]]></category>
		<category><![CDATA[evelyn matthei]]></category>
		<category><![CDATA[fernando matthei]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez ominami]]></category>
		<category><![CDATA[michelle bachelet]]></category>
		<category><![CDATA[miguel enríquez]]></category>
		<category><![CDATA[mir]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://piensachile.com/?p=13750</guid>

					<description><![CDATA[<p>Me pregunto qué va a sentir el general Matthei cuando vea en la papeleta electoral el apellido Bachelet junto al suyo. ¿Recordará que hay un chileno, un íntimo amigo suyo, camarada de toda la vida, un general de Aviación que no podrá emitir su voto en estas elecciones? ¿Pensará Fernando Matthei en Alberto Bachelet, padre de Michelle, que no tendrá jamás la posibilidad de votar por su hija, puesto que en marzo de 1974 el general Bachelet murió de un paro cardíaco inducido por las torturas a las que fue sometido durante seis meses por sus propios colegas militares?</p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2013/11/19/una-historia-de-padres-y-fantasmas/">Una historia de padres y fantasmas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" class="alignnone" alt="" src="http://www.pagina12.com.ar/fotos/20131110/notas/na40fo01.jpg" width="450" height="281" /><br />
Martes 12 de noviembre 2013<br />
El general Fernando Matthei, otrora comandante en jefe de la fuerza aérea chilena, habrá de despertarse el domingo 17 de noviembre anticipando un día excepcional, donde tendrá la oportunidad única de votar por su propia hija Evelyn como candidata a la presidencia, un día en que espera que no le ronden resquemores y fantasmas.<br />
Falta que le hace a Evelyn Matthei, que representa la alianza derechista que actualmente gobierna Chile, el sufragio de su padre, ya que no sólo parece asegurada su contundente derrota a manos de la ex presidenta Michelle Bachelet, un resultado desdoroso que puede suscitar una crisis letal en la derecha chilena.<br />
Me pregunto qué va a sentir el general Matthei cuando vea en la papeleta electoral el apellido Bachelet junto al suyo. ¿Recordará que hay un chileno, un íntimo amigo suyo, camarada de toda la vida, un general de Aviación que no podrá emitir su voto en estas elecciones? ¿Pensará Fernando Matthei en Alberto Bachelet, padre de Michelle, que no tendrá jamás la posibilidad de votar por su hija, puesto que en marzo de 1974 el general Bachelet murió de un paro cardíaco inducido por las torturas a las que fue sometido durante seis meses por sus propios colegas militares?<br />
Unicamente por haber sido colaborador del presidente Salvador Allende y mantenerse leal a su causa y su palabra.<br />
Fernando Matthei era agregado aéreo en Londres para el golpe del 11 de septiembre de 1973 y nada pudo hacer para ayudar a su compadre del alma. Su inacción ya es injustificable cuando vuelve a Santiago en enero de 1974 y es nombrado director de la Academia de Guerra de la Aviación, el lugar donde precisamente estaba detenido y fallecería dos meses más tarde el hombre al que su hija Evelyn conocía como el Tío Beto. Aunque en varios procesos posteriores la Justicia chilena determinó que al entonces coronel Matthei no le cabía culpa penal en la muerte del general Alberto Bachelet –debido a que los subterráneos donde apremiaban a su compañero de armas estaban fuera de límites para todo personal que no perteneciera a la fiscalía militar–, otra cosa es la responsabilidad moral. La que, según el mismo Fernando Matthei, todavía le pesa y avergüenza, según confiesa en un libro del 2003: “Primó la prudencia”, dice, “por sobre el coraje”.<br />
Ni el más delirante novelista –y me cuento con orgullo como uno de ellos– podría haber imaginado una historia más inusitada, de dos amigos con destinos tan contrarios. Uno que muere por haber tenido el coraje, pero tal vez no la prudencia, de aceptar, con rango ministerial, un puesto en el gobierno de Salvador Allende. Y el otro que vive con excesiva prudencia y sin coraje para convertirse por dos años en el ministro de Salud de Pinochet y enseguida, durante trece años, integrante de la Junta. La hija de Alberto que llegaría a ser ministro de Salud y después de Defensa en el gobierno de centro-izquierda de Ricardo Lagos y la hija de Fernando que fue senadora y después ministro del Trabajo en el gobierno conservador de Sebastián Piñera. La socialista que fue presidenta de Chile y la derechista que aspira a serlo.<br />
Aunque a estas alturas a lo que de veras aspira es obtener una votación que le permita ocupar por lo menos un honroso segundo lugar en las urnas.<br />
Y es aquí donde la historia de Chile nos ofrece otra sorpresa. Puesto que el general Matthei reconocerá en la papeleta con los aspirantes a la presidencia el apellido de otro candidato cuyo padre tampoco podrá votar en estas elecciones porque fue ultimado por la dictadura.<br />
Se trata de Marco Enríquez, hijo de Miguel Enríquez, líder del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), abatido por la policía secreta en una calle de Santiago el 5 de octubre de 1974. Dejando tras sí a un hijo de un año y medio de edad, que ahora, casi cuarenta años más tarde, le está pisando los talones a Evelyn Matthei. Si Marco puede, en efecto, repetir el 20 por ciento de los votos que consiguió con su candidatura a la presidencia en las elecciones del 2009, logrará desplazar a la hija del general Matthei, para enfrentar a Michelle Bachelet en una posible segunda vuelta, permitiendo que el pueblo de Chile eligiera entre dos candidatos progresistas.<br />
De todos los protagonistas de esta historia, ha sido Miguel al que más conocí. Mi mujer Angélica y yo fuimos amigos suyos, hasta el punto de que, pese a que no estábamos de acuerdo con la vía armada que proponía el MIR, arriesgamos todo para darle amparo en nuestra pequeña casa a él y a otros dirigentes de su partido en 1970, cuando entraron a la clandestinidad durante el gobierno de Frei padre para provocar en Chile una rebelión al estilo de Cuba, una tesis que nunca dejaron de esgrimir, aun durante los tres años del gobierno Allendista.<br />
¿Qué diría Miguel si viera hoy a su hijo defendiendo la necesidad de transformar a Chile por medios pacíficos, si contemplara a su hijo desechando la violencia en que creía con fervor?<br />
Tantos otros revolucionarios latinoamericanos sobrevivieron la represión de las dictaduras y llegaron a entender que la democracia, lejos de ser la camisa de fuerza de los pueblos, es condición esencial de todo cambio profundo, toda justicia duradera. Espero que así hubiera también evolucionado Miguel, que fue tan imprudente en sus ideas y acciones y a la vez tan pleno de coraje en su vida, tan animado por una sed de liberación humana que todavía me emociona.<br />
Me hubiera gustado abrir esa discusión con Miguel. Me hubiera gustado preguntarle si se arrepiente de los errores que cometió durante los años en que Allende fue presidente, cuando el MIR (junto a elementos extremos y díscolos dentro de la Unidad Popular) desestabilizaron al gobierno popular con sus tomas irresponsables de fábricas y terrenos y predios agrícolas, y aceleraron el golpe con su retórica de una revolución armada inminente que nunca se materializó.<br />
Pero, claro, es una conversación que nunca tendremos.<br />
Si hay una insinuación de justicia divina en la derrota que Evelyn va a sufrir incontestablemente a manos de Michelle, un hecho maravillosamente simbólico que la hija de Alberto triunfe sobre la hija del hombre que abandonó a su padre, ¿no sería más que divino y justo que el hijo del guerrillero e insurrecto Miguel Enríquez dejara fuera de juego a la candidata del Pinochetismo? Que el hijo de una de las víctimas le ganara a la hija de uno de los cómplices de esa política de exterminio sería una muestra definitiva de que Chile le ha dado para siempre la espalda al legado de Pinochet.<br />
Pero queda en este cuento inverosímil de fantasmas y padres y linajes, todavía una vuelta más de la tuerca histórica.<br />
Puesto que fue el mismo aborrecible general Matthei el que facilitó que hubieran hoy en Chile elecciones libres, que su propia hija y la hija de su compañero Alberto y el hijo de su enemigo Miguel, pudieran disputar la presidencia, y que fuera el pueblo de Chile, y no sus fuerzas armadas, el que decidiera el porvenir.<br />
Fue para el plebiscito de 1988. Cuando Pinochet quiso desconocer su derrota y fomentar un auto-golpe que lo mantuviera indefinidamente en el poder, fue el general Matthei quien impidió tal maniobra, concediendo públicamente la victoria del “No”, abriendo paso al retorno de la democracia.<br />
Yo quisiera creer que Fernando Matthei, esa noche de octubre de 1988, estaba pagando una deuda con su viejo amigo Alberto, mostrando ante Pinochet la valentía que no mostró catorce años antes cuando ni siquiera fue a visitar ni menos a consolar a un camarada al que estaban torturando a escasos metros de su propia oficina en la Academia de Guerra.<br />
Es una deuda, sin embargo, que no está enteramente saldada. Le queda al general Matthei, a los 88 años de edad, todavía otro gesto de redención con que pudiera señalar silenciosamente su verdadero arrepentimiento, conseguir que los fantasmas finalmente lo dejen en paz.<br />
Sería un gesto simple, aunque arriesgado.<br />
Sólo bastaría que el general, cuando entre al recinto electoral este próximo 17 de noviembre y recorra la lista de los candidatos, sólo bastaría que el general Fernando Matthei decida en forma clara y tajante y deliberada hacer una pequeña marca al lado del nombre de Michelle Bachelet, bastaría solamente entonces que él, su Tío Fernando, vote por ella, puesto que es desafortunadamente imposible que lo haga ahora y siempre su papá.<br />
<i>Fuente: <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-233248-2013-11-10.html">Página 12</a></i></p>
<p>El articulo <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com/2013/11/19/una-historia-de-padres-y-fantasmas/">Una historia de padres y fantasmas</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://piensachile.com">piensaChile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://piensachile.com/2013/11/19/una-historia-de-padres-y-fantasmas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
