Mientras los días transcurren a la velocidad del tiempo, acortando el espacio que se dejará a la organización de los independientes para las elecciones de la Constituyente, el Congreso continúa analizando las reglas bajo las cuales se efectuará dicho proceso electoral.

Llenos de dirigentes altisonantes, convencidos de lo injusta que ha sido la vida política al no entregar en sus manos el destino de la Nación eligiéndolos como presidentes de la República, Se revuelcan en sus bajos sueños de poder buscando las opciones que maximicen su propia presencia en un órgano nacido de la lucha del pueblo en las calles, expropiado luego por las élites políticas y conducido a un callejón legal donde la expresión popular no pueda manifestarse.

¿No entendieron acaso que un 80% de los votantes dijeron NO a un artificio llamado Convención Mixta, diseñado para que los parlamentarios aseguraran un 50% de constituyentes sin despeinarse ni tener que rebajarse a buscar votos?

¿Acaso no han visto las encuestas que muestran su aprobación, efectuadas por gente del sistema?

Mientras los políticos de derecha comienzan a clamar por la intervención del Ejército en la Región de La Araucanía, como piden hoy una senadora y dos diputados del bloque oficialista, urgiendo al gobierno a que “tome la decisión valiente de dejar en manos del Ejército de Chile a La Araucanía”, tal y como se hiciera en el siglo XIX, cuando se generaron las injusticias presentes en el hoy de los descendientes de los pueblos originarios. No soy partidario de la violencia en ningún caso, pero se que esta aparece cuando no se crean opciones viables dentro del sistema.

Es obvio que Carabineros está sobrepasado, es obvio que Carabineros se deslegitimó en La Araucanía al participar en asesinatos y falsificar pruebas, también es evidente que no ha habido, en ningún momento de los últimos treinta años, un intento serio, bien pensado, asertivo, pertinente, para levantar un diálogo entre todas las partes.

Lo que sucede en La Araucanía podría mañana extenderse a todo el país si hoy, ahora ya, los partidos políticos desde el centro hacia la izquierda no son capaces de comprender la necesidad de permitir que los electores, si les parece bien, puedan elegir una Constituyente mayoritariamente independiente.

El malestar ciudadano tiene muchos orígenes, uno de los cuales es la desigualdad en la distribución del ingreso. Las élites gobernantes fueron exitosas en incrementar el tamaño de la economía nacional, y fueron desastrosas en buscar que el progreso llegara a todos por igual.

Creyeron que disminuía la pobreza porque indicadores basados en parámetros de miseria así lo indicaban. La línea de pobreza equivalía a tomar dos cafés al día (entiendo, los pobres no tienen derecho a un café en el Haití, solo es una forma de mostrar la miseria de las líneas de pobreza). Se creó una “nueva clase media” que luchaba por mantener su nuevo estatus por medio del endeudamiento, a medida que se debilitaba el crecimiento del país. Del endeudamiento pasaron a la morosidad y, de pronto, ya los intereses consumían un quinto de sus ingresos, ya no había acceso a nuevos créditos, ya estaban de vuelta en la pobreza.

Esa era la realidad a octubre 2019. Hoy es mucho peor debido a los efectos económicos de la pandemia en el presupuesto de los hogares chilenos, cuyos ingresos han caído muy por sobre la ayuda directa del gobierno a los hogares. Es la realidad, es la verdad, es el hoy de la familia chilena.

¿Cómo puede tener fe un pueblo obligado a consumir sus escasos ahorros previsionales para disminuir la mochila de las deudas, apoyar en algo su presupuesto y resistir unos días más?

En este entorno, ¿hasta cuando los partidos políticos mantendrán cerradas sus puertas al mundo independiente?

La prueba del fastidio ciudadano la tendrán a fines de mes, cuando la gente no vaya a votar a sus elecciones primarias.

Los partidos de derecha tiene claro cuáles son los intereses que deben defender. Desde el centro hacia la izquierda, parece hoy más importante defender sus cuotas de poder que los intereses de quienes creyeron por muchos años en ellos.

El tiempo pasa, el tiempo se acaba. Abran sus cupos de candidaturas al mundo independiente, sin condiciones, defiendan la posibilidad de que organizaciones independientes puedan competir en igualdad de condiciones con los partidos políticos. Está en juego el futuro del país, la propia supervivencia del sistema y, por cierto, la supervivencia de la centro-izquierda chilena.

-El autor, José Luis Valenzuela, es miembro de la Corporación Integración y Futuro