Saludamos y agradecemos el discurso de Greta en la ONU. El impacto de su discurso ayuda a despertar a millones que comienzan a entender que la humanidad está al borde de su extinción, pero sólo queremos hacer ver que el movimiento por salvar la especie humana no comienza con Greta. Así por ejemplo en la Conferencia en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en el año 1992 Severn Cullis-Suzuki, una niña, bautizada por los medios como “la niña que hizo callar al mundo durante cinco minutos” tomó la palabra. Severn era una niña canadiense de 12 años que llevaba a Río una carrera de activismo medioambiental más impresionante y precoz que el de la mediática Greta: a los diez años fundó una organización ecologista (Environmental Children’s Organization, ECO) junto con dos amigos del colegio.
Es necesario, que la humanidad entienda que la catástrofe a la que nos acercamos -extinción de nuestra especie- tiene un solo responsable: El Capitalismo. Mientras este gobierne el mundo y rija nuestras sociedades, no hay solución al calentamiento global y la humanidad no tendrá futuro. La eterna búsqueda de elevar las utilidades, liquidará la humanidad para siempre.
La Redacción de piensaChile

 

27 de septiembre de 2019
“Soy una niña de 12 años y estoy aquí para luchar por mi futuro. Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones venideras. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo, cuyos llantos son ignorados por todo el mundo. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta, porque no les queda ningún lugar a donde ir. No podemos soportar no ser oídos”.

Podrían ser palabras de Greta Thunberg, la joven sueca que está sacudiendo la conciencia ecológica del mundo, pero no: son de otra niña -hoy ya mujer de 39 años- y fueron pronunciadas en un foro muy parecido al que ahora habla Greta: la Cumbre de la Tierra (Earth Summit) que organizó la ONU en Río de Janeiro en 1992, la primera en su género.

Allí tomó la palabra Severn Cullis-Suzuki, bautizada por los medios como “la niña que hizo callar al mundo durante cinco minutos”. Severn era una niña canadiense de 12 años que llevaba a Río una carrera de activismo medioambiental más impresionante y precoz que el de la mediática Greta: a los diez años fundó una organización ecologista (Environmental Children’s Organization, ECO) junto con dos amigos del colegio.

La agenda medioambientalista de aquella época era algo distinta a la actual. El calentamiento global apenas estaba en la agenda política, pero sí existía una honda preocupación por el agujero de ozono, el deterioro de la selva amazónica (que solo ha ido a peor) y la contaminación del entorno:

“Aún soy sólo una niña, y sé que todos somos parte de una gran familia formada por seis mil millones de personas. De hecho, una familia de treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso”.

¿Qué hubiera pasado si el mundo hubiera escuchado entonces a Severn? “Tal vez hubiésemos evitado la desaparición del 60% de las especies que se han extinguido desde los años 70. Puede que no hubiésemos acuñado nunca el término “eco-ansiedad” (…), la gente joven nunca hubiese tenido que tomar las calles para suplicar por una esperanzada de futuro”, escribe Lousie Fitzgerald en Irish Times.

¿Qué fue de Severn?
A sus casi 40 años, Severn Cullis-Suzuki sigue vinculada al movimiento ecologista. En 2017, Cullis-Suzuki y sus amigos de ECO, ahora con sus propias familias, conmemoraron el 25° aniversario de su viaje a la Cumbre de la Tierra en Río, y el discurso que “silenció al mundo durante cinco minutos”, al invitar a los jóvenes de hoy a participar en un nuevo video.

Blog Strambotic, Blog  difundido cotidianamente por el diario publico.es, creado hace cinco años por Iñaki Berazaluce y Daniel Civantos.

 

Más sobre el tema:

Texto del discurso, en castellano, de Severn Cullis-Suzuki en Rio de Janeiro, 1992:

Hola, soy una niña de 12 años, hablando en nombre de ECO, una Organización de niños de 12 y 13 años, a favor del ambiente que intentamos marcar una diferencia. Hemos reunido todo el dinero para venir aquí nosotras mismas, recorriendo 5 mil millas, para deciros a los adultos que debéis cambiar. Viniendo aquí, hoy, no voy a ocultar mi objetivo: Estoy luchando por mi futuro.

Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones venideras. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo, cuyos llantos son ignorados por todo el mundo. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta, porque no les queda ningún lugar a donde ir. No podemos soportar no ser oídos.

Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar en Vancouver, mi hogar, con mi padre, hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de tumores. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día y desaparecen para siempre.

Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques tropicales repletos de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si todavía existirán para que mis hijos los vean también.

¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?

Todo ésto está ocurriendo ante nuestros ojos, y aún seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy sólo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.

No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo devolver los salmones a aguas no contaminadas. No saben cómo resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques,que un día talaron y que antes crecían donde ahora hay desiertos.

Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de estropearlo.

Aquí, ustedes son seguramente Delegados de Gobiernos, empresarios, organizadores, periodistas y políticos, pero en realidad son madres y padres, hermanas y hermanos, tías y tíos, y todos ustedes son hijos de alguien.

Aún soy sólo una niña, y sé que todos somos parte de una gran familia formada por seis mil millones de personas. De hecho, una familia de treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.

Aún soy sólo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto, y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.

Aunque estoy llena de rabia, no estoy ciega, y, aunque tengo miedo, no me asusta decirle al mundo cómo me siento.

En mi país derrochamos tanto… Compramos y desechamos, compramos y desechamos, y aun así, los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder nuestras riquezas si las compartimos.

En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.

Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de ellos nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle: comida, ropa, medicinas, un hogar, amor y afecto”.

Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué nosotros, que lo tenemos todo, somos tan egoístas?

No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda. Yo podría ser uno de esos niños que viven en las favelas de Río; podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; un niño víctima de la guerra en Oriente Medio, o un mendigo en la India.

Aún soy sólo una niña, y sé que si todo el dinero que se gasta en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, la Tierra sería un lugar maravilloso.

En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos bien en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y a no ser egoístas.

Entonces, ¿por qué fuera de casa se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias: lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.

Pero no creo que puedan decirnos eso nunca más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.

Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Los desafío: por favor, hagan que sus acciones reflejen sus palabras.

Gracias.

El discurso de Greta Thunberg en la ONU 2019

 

 

El discurso de Fidel Castro en Río de Janeiro 1992