Los ciudadanos de Tarapacá saben que se vienen tiempos difíciles. Se siente ya en su ánimo y en su bolsillo.  Especialmente en sus sectores populares donde la cesantía, la delincuencia  y la inseguridad se palpan.

Durante casi una década escuchamos que la minería y la ZOFRI serían la palanca del desarrollo de la región, mientras veíamos la llegada de inmigrantes del “sur” y países vecinos, ávidos de participar del festín. En ese escenario la existencia de un gobierno regional estable, calificado y orientado al bien de todos parecía superfluo, ya que el verdadero gobierno, el que afectaba la vida de las personas,  era la “economía”, dirigida por los ejecutivos de las grandes empresas mineras y los exitosos empresarios de Zona Franca y las inmobiliarias.

Cuando despertamos de la ilusión de que la economía se haría cargo de las personas y sus necesidades, hace ya un par de años, nos encontramos con que la violencia, el crimen y la delincuencia asociada al narcotráfico se habían adueñado de nuestras principales ciudades, que nuestra universidad estatal era la peor del país, que nuestros hijos eran los de menor rendimiento escolar nacional, que nuestra salud pública era paupérrima, mientras transitábamos por una ciudad llena de hoyos, con mal olor y donde todo el mundo se siente con licencia para ensuciar y hacer ruido. De tal forma que nuestra competitividad en la minería y los negocios se desploman, la actividad inmobiliaria se frena y el turismo se hace sólo estacional.

Entonces descubrimos que los gobiernos regional y municipal si importan. Que es imprescindible tener buenos líderes, los mejores, que posean la calificación, voluntad y  orientación al bien común que los desafíos de Tarapacá demandan. ¿Y qué hemos tenido y tenemos?

Senadores enjuiciados y ausentes, un ex Intendente que llega y se va con escándalos y problemas judiciales, un Consejo Regional (CORE) de muy baja calificación, idoneidad y donde pocos se escapan de la critica ciudadana. En suma, como diría el Chapulín Colorado: ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Porque hay que tener mucha incompetencia para que siendo región estratégica en medio de un conflicto con Bolivia y con una crisis económica que se avizora a la vuelta de la esquina, las autoridades regionales no hayan sido capaces de catalizar un acuerdo favorable con el gobierno central (como lo supo hacer Arica) y peor aún, sea la región del país donde más se recortó el FNDR en 2016 (casi 10%), lo que es una forma clara de castigar la ineficiencia del gasto de asignación regional.

En suma, Tarapacá enfrentará las olas huracanadas de la crisis económica y geopolítica como un barco a la deriva y con escasas provisiones y agua. ¿No es como para indignarse de una vez? Antes que reclamar cuestiones puntuales, muy necesarias todas, es el momento de exigir al gobierno nacional el reemplazo de las autoridades regionales (comenzando por la Intendenta), a los partidos políticos que formen y coloquen a sus mejores hombres para la elección municipal 2016 y del Intendente Regional en 2017 y la renuncia de los senadores regionales, los que con su “modelo” de conducta inmoral e ilegal han avalado la descomposición de las demás esferas de nuestra sociedad regional, dando espacio para que la criminalidad y las transgresiones sean una banalidad.

Pero, por sobre todo, es el momento de organizarse para ejercer la presión necesaria para este cambio político. Con las armas de la democracia deliberativa, ya que la democracia representativa fue usurpada y denigrada en Tarapacá. ¡ Demostremos que aún existe vida inteligente y consciente del progreso compartido en Tarapacá.   

-El autor, Eduardo Montecinos, es Antropólogo de la Universidad de Chile